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El pegma o pedestal era maravilloso: de anchura, al
tura y longitud adecuadas para sostener la máquina que
tenía encima, estaba hecho de un sólo bloque de mármol
con vetas de distintos colores y manchas sueltas, gratas a
la vista, dispuestas confusamente en infinitas mezclas.
En el frente de dicha piedra que daba a la puerta, vi so
brepuesta una corona de mármol verde, de hojas del
amargo apio mezcladas con otras de hinojo. Dentro de
ella había un círculo de piedra blanca incrustado, que
tenía grabada esta inscripción en mayúsculas latinas:
igualmente, en la cara opuesta, había una corona de ho
jas del mortal acónito, con esta inscripción:
En el lado derecho estaban cinceladas algunas figuras
de hombres y muchachas danzando, cada uno con dos ros
tros: el de delante risueño y el posterior llorando. Y bai
laban en corro, cogiéndose de la mano, hombre con hom
bre y mujer con mujer, un brazo de cada hombre pasando
por debajo del de la mujer y el otro por encima. Y así enla
zados, marchaban uno tras otro, de modo que siempre un
rostro alegre estaba vuelto hacia el triste de la persona pre
cedente. Eran siete hombres y siete mujeres, tan perfecta
mente esculpidos, con sus vivaces movimientos y el re
vuelo de sus ropas, que no acusaban a su hábil artífice
de otro defecto que el de no haber dado la voz
a unos y las lágrimas a otros. Este corro
estaba egregiamente tallado dentro
de una figura delimitada por
dos semicírculos.30
Bajo esta figura oval vi escrita la siguiente palabra:
t e m pv s. Vi luego que en otro lado había muchos adoles
centes que se dedicaban a coger flores entre diversas
hierbas y arbustos, y con ellos muchas hermosas ninfas
que bromeaban con alegría y se las arrebataban cariño
samente. Era obra perfecta del mismo artífice que la an
terior y enmarcada en la misma figura, bellísimamente
moldurada, y las molduras de ambas estaban revestidas
de exquisita hojarasca. Debajo de ella, de la manera que
ya dije, había algunas mayúsculas grabadas que forma
ban esta sola palabra: a m issio . Eran letras eximias, cuya
anchura estaba sacada de la novena parte y un poco más
del diámetro del cuadrado.
No poco estupefacto, meditaba y miraba con curiosi
dad y sumo placer aquella máquina ingente, fundida en
forma de animal por el ingenio humano, dignísima inven
ción en la que cada miembro participaba perfectamente
en la egregia armonía y compaginación del conjunto. Mi
rándola, me vino a la memoria el funesto caballo Sejano.3'
Luego, estando ofuscado por tan artificioso misterio,
se ofreció a mis ojos el espectáculo no menos admirable de
un enorme elefante y sentí un gran deseo de dirigirme ha
cia él. Pero he aquí que entonces oí en otra parte un gemi
do humano como el de un enfermo y me detuve, con los
cabellos erizados. Apresurando mis pasos hacia el gemido
sin otro pensamiento, subí por un montón de ruinas y de
grandes fragmentos de mármol. Al acercarme, vi un enor
me y admirable coloso con los pies descalzos y horadados
y las piernas agujereadas y vacías, y yendo a su cabeza con
horror para inspeccionarla, conjeturé que la brisa que se
introducía en sus abiertas plantas, divina invención, pro
vocaba el gemido que lanzaba.
Fragmentos. Novela. Sueño de Polífilo. Francesco Colonna
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