Mostrando entradas con la etiqueta CRITICA LITERARIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CRITICA LITERARIA. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de marzo de 2026

Comentario crítico objetivo del Canto III de La Divina Comedia. DR. ENRICO GIOVANNI PUGLIATTI Y J. MÉNDEZ-LIMBRICK

 


Comentario crítico objetivo del Canto III de La Divina Comedia

Resumen breve

Canto III abre el Infierno con la famosa inscripción sobre la puerta y la primera visión de las almas condenadas: los neutrales, el tumulto de los que vivieron sin decisión, la llegada de Caronte y la orilla del Aqueronte. El canto establece de inmediato el tono moral y cosmológico del poema: justicia divina, orden jerárquico del castigo y la experiencia sensorial del sufrimiento.

Temas principales

  • Justicia y castigo: el letrero inicial y la explicación del maestro subrayan que el castigo es consecuencia de una justicia ordenada; la condena no es caprichosa sino proporcional.

  • Cobardía y neutralidad moral: la primera categoría de condenados son los que no tomaron partido; Dante los presenta como peores que los rebeldes porque su inacción no merece ni el recuerdo humano.

  • Memoria y anonimato: la pérdida de memoria social y la invisibilidad de estas almas funcionan como castigo simbólico: la vida sin decisión conduce al olvido.

  • Ritual y tránsito: la figura de Caronte y la travesía del río introducen la idea del paso ritual hacia el castigo definitivo.

Estructura y técnica poética

  • Verso y ritmo: el canto mantiene el terceto encadenado (terza rima) que organiza la progresión argumental y crea un impulso rítmico que empuja al lector hacia adelante, reflejando el movimiento inexorable hacia el castigo.

  • Economía narrativa: Dante combina descripción, diálogo y comentario moral con gran concisión; la escena avanza por imágenes acumulativas (suspiros, blasfemias, moscones) que construyen la atmósfera.

  • Voz y perspectiva: la alternancia entre la mirada del peregrino y la autoridad del maestro permite simultáneamente empatía y distancia crítica; el narrador se muestra impresionable pero guiado por la razón teológica de Virgilio.

Imágenes y símbolos destacados

  • La inscripción sobre la puerta: funciona como programa temático y advertencia ética; su tono imperativo marca la seriedad del tránsito.

  • El torbellino de voces: metáfora del desorden moral; el movimiento circular sugiere estancamiento y repetición sin sentido.

  • Moscones y gusanos: imágenes sensoriales que traducen la degradación física y moral; la mezcla de llanto y sangre intensifica la repulsión.

  • Caronte: figura arquetípica del barquero que, además de su función mitológica, encarna la justicia impersonal y la violencia administrativa del castigo.

Función narrativa y teológica

  • Introducción del sistema ético: el canto no solo muestra castigo sino que explica su lógica: ni el cielo ni el infierno aceptan a los tibios porque perturbarían el orden moral.

  • Preparación del viaje: establece reglas y símbolos que se repetirán (marcas, ríos, guardianes), creando una gramática del más allá que permite lecturas alegóricas y políticas.

  • Dimensión pedagógica: Virgilio actúa como guía racional; el canto enseña al lector a leer el castigo como lección moral y a reconocer la gravedad de la inacción.

Relevancia crítica e interpretaciones

  • Lectura moralista: tradicionalmente se ha leído como condena de la mediocridad ética y elogio de la decisión virtuosa.

  • Lectura política: el rechazo a los neutrales puede leerse como crítica a quienes no se comprometen en la vida pública; el canto tiene resonancias cívicas.

  • Lectura literaria: la eficacia de las imágenes y la economía del terceto hacen del canto un modelo de cómo la forma poética puede encarnar doctrina sin didactismo pesado.

  • Ambigüedad interpretativa: la dureza hacia los neutrales plantea preguntas éticas modernas sobre tolerancia y juicio, lo que mantiene el canto vivo para la crítica contemporánea.

Conclusión breve

El Canto III funciona como puerta de entrada conceptual y estética al Infierno: fija la lógica de la justicia dantesca, presenta imágenes poderosas que traducen castigo en sensación y establece la tensión moral central del poema —la exigencia de decisión—. Su fuerza radica en la unión de forma poética, economía narrativa y carga simbólica, que convierten una escena inaugural en un manifiesto ético y estético.

CANTO III

 

POR MÍ SE VA HASTA LA CIUDAD DOLIENTE,

POR MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO,

POR MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA.                     3

                       

LA JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO.

HÍZOME LA DIVINA POTESTAD,

EL SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO.                        6[L1] 

 

ANTES DE MÍ NO FUE COSA CREADA

SINO LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE.

DEJAD, LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA. 9

 

Estas palabras de color oscuro

vi escritas en lo alto de una puerta;

y yo: «Maestro, es grave su sentido.»                                              12

 

Y, cual persona cauta, él me repuso:

«Debes aquí dejar todo recelo;

debes dar muerte aquí a tu cobardía.                                    15

 

Hemos llegado al sitio que te he dicho

en que verás las gentes doloridas,

que perdieron el bien del intelecto.»                                    18

 

Luego tomó mi mano con la suya

con gesto alegre, que me confortó,

y en las cosas secretas me introdujo.                                    21

 

Allí suspiros, llantos y altos ayes

resonaban al aiire sin estrellas,

y yo me eché a llorar al escucharlo.                                      24

 

Diversas lenguas, hórridas blasfemias,

palabras de dolor, acentos de ira,

roncos gritos al son de manotazos,                                        27

 

un tumulto formaban, el cual gira

siempre en el aiire eternamente oscuro,

como arena al soplar el torbellino.                                        30

 

Con el terror ciñendo mi cabeza

dije: «Maestro, qué es lo que yo escucho,

y quién son éstos que el dolor abate?»                                  33

 

Y él me repuso: «Esta mísera suerte

tienen las tristes almas de esas gentes

que vivieron sin gloria y sin infamia.                                              36[L2] 

 

Están mezcladas con el coro infame

de ángeles que no se rebelaron,

no por lealtad a Dios, sino a ellos mismos.                           39

 

Los echa el cielo, porque menos bello

no sea, y el infierno los rechaza,

pues podrían dar gloria a los caídos.»                                              42

 

Y yo: «Maestro, ¿qué les pesa tanto

y provoca lamentos tan amargos?»

Respondió: «Brevemente he de decirlo.                               45

 

No tienen éstos de muerte esperanza,

y su vida obcecada es tan rastrera,

que envidiosos están de cualquier suerte.                             48

 

Ya no tiene memoria el mundo de ellos,

compasión y justicia les desdeña;

de ellos no hablemos, sino mira y pasa.»                              51

 

Y entonces pude ver un estandarte,

que corría girando tan ligero,

que parecía indigno de reposo.                                             54

 

Y venía detrás tan larga fila

de gente, que creído nunca hubiera

que hubiese a tantos la muerte deshecho.                             57

 

Y tras haber reconocido a alguno,

vi y conocí la sombra del que hizo

por cobardía aquella gran renuncia.                                      60[L3] 

 

Al punto comprendí, y estuve cierto,

que ésta era la secta de los reos

a Dios y a sus contrarios displacientes.                                 63[L4] 

 

Los desgraciados, que nunca vivieron,

iban desnudos y azuzados siempre

de moscones y avispas que allí había.                                   66

 

Éstos de sangre el rostro les bañaban,

que, mezclada con llanto, repugnantes

gusanos a sus pies la recogían.                                              69

 

Y luego que a mirar me puse a otros,

vi gentes en la orilla de un gran río

y yo dije: «Maestro, te suplico                                              72

 

que me digas quién son, y qué designio

les hace tan ansiosos de cruzar

como discierno entre la luz escasa.»                                                75

 

Y él repuso: «La cosa he de contarte

cuando hayamos parado nuestros pasos

en la triste ribera de Aqueronte.»                                          78[L5] 

 

Con los ojos ya bajos de vergüenza,

temiendo molestarle con preguntas

dejé de hablar hasta llegar al río.                                          81

 

Y he aquí que viene en bote hacia nosotros

un viejo cano de cabello antiguo,                                         83[L6] 

gritando: «¡Ay de vosotras, almas pravas!                            84

 

No esperéis nunca contemplar el cielo;

vengo a llevaros hasta la otra orilla,

a la eterna tiniebla, al hielo, al fuego.                                  87

 

Y tú que aquí te encuentras, alma viva,

aparta de éstos otros ya difuntos.»

Pero viendo que yo no me marchaba,                                   90

 

dijo: «Por otra via y otros puertos

a la playa has de ir, no por aquí;

más leve leño tendrá que llevarte».                                      93[L7] 

 

Y el guía a él: «Caronte, no te irrites:

así se quiere allí donde se puede

lo que se quiere, y más no me preguntes.»                            96

 

Las peludas mejillas del barquero

del lívido pantano, cuyos ojos

rodeaban las llamas, se calmaron.                                         99

 

Mas las almas desnudas y contritas,

cambiaron el color y rechinaban,

cuando escucharon las palabras crudas.                                102

 

Blasfemaban de Dios y de sus padres,

del hombre, el sitio, el tiempo y la simiente

que los sembrara, y de su nacimiento.                                  105

 

Luego se recogieron todas juntas,

llorando fuerte en la orilla malvada

que aguarda a todos los que a Dios no temen.                         108

 

Carón, demonio, con ojos de fuego,

llamándolos a todos recogía;

da con el remo si alguno se atrasa.                                        111

 

Como en otoño se vuelan las hojas

unas tras otras, hasta que la rama

ve ya en la tierra todos sus despojos,                                               114

 

de este modo de Adán las malas siembras

se arrojan de la orilla de una en una,

a la señal, cual pájaro al reclamo.                                         117

 

Así se fueron por el agua oscura,

y aún antes de que hubieran descendido

ya un nuevo grupo se había formado.                                   120

 

«Hijo mío ‑cortés dijo el maestro­

los que en ira de Dios hallan la muerte

llegan aquí de todos los países:                                             123

 

y están ansiosos de cruzar el río,

pues la justicia santa les empuja,

y así el temor se transforma en deseo.                                  126

 

Aquí no cruza nunca un alma justa,

por lo cual si Carón de ti se enoja,

comprenderás qué cosa significa.»                                       129

 

Y dicho esto, la región oscura

tembló con fuerza tal, que del espanto

la frente de sudor aún se me baña.                                        132

 

La tierra lagrimosa lanzó un viento

que hizo brillar un relámpago rojo

y, venciéndome todos los sentidos,                                       135

me caí como el hombre que se duerme.                               

 


 [L1]El poder, la sabiduría y el amor, son las tres personas de la Trinidad cris­tiana.

 [L2]Se trata de los indiferentes, y de los ángeles que en la lucha suscitada por Lucifer, permanecieron neutrales. Se comprende que Dante que vivió toda su vida en la necesidad de tomar partido en una Italia desgarrada, condene en el Infierno a los que no se comprometen con causa alguna. ¿Qué pensaría, por ejemplo, de los florentinos que intentaron permanecer ajenos a la lucha entre gi­belinos y güelfos, o entre güelfos negros y blancos, corno única manera de en­contrarla paz?

 [L3]Es posible que se trate del papa Celestino V, llamado en la vida Pietro da Morrone. Fue este un eremita con gran fama de santo, que fue elegido papa a los setenta y nueve años de edad y que abdicó seis meses más tarde por consi­derarse indigno de la tarea, dando así lugar a la elección del cardenal Caetani ‑a quien las malas lenguas hacían culpable de haber provocado la renuncia del anciano, asustándole con voces nocturnas‑ que tomaría el nombre de Bonifa­cio VIII, y que tan fatal había de ser para el poeta.

Un fragmento del verso original «Chi fece... il gran rifiutto» sirve de título a un célebre poema de Cavafis.

 [L4]Más que la de los indiferentes se trata ahora de los pusilánimes.

 [L5]El Aqueronte es el primero y más grande de los rios infernales; nace, como el resto de ellos, en la estatua del viejo de Creta (Infíerno, XIV) y desem­boca en la Estigia (Infierno, VII).

 [L6]Caronte, hijo de Erebo y de la Noche, estaba según la mitologla encargado de cruzar las almas de los muertos a través de la laguna Estigia, que separaba la vida de la muerte.

 [L7]Cuando muera Dante no vendrá a montar en la barca de Caronte que le lleve al Infierno, sino en otra que le llevará desde la desembocadura del Tiber hasta el Purgatorio (Purgatorio, II).

miércoles, 11 de marzo de 2026

Teorías del cuento III Poéticas de la brevedad PRÓLOGO



 PRESENTACIÓN 

Todo lector de cuentos sabe que los escritores consideran la opinión de un crítico como materia para polemizar, di sentir u olvidar, Pero lo dicho por otros escritores acerca de su proceso personal de escritura puede convertirse en un poderoso estímulo para la propia creación. Este volumen se inicia con la selección de tres textos que, en conjunto, ofrecen una perspectiva panorámica de los principales cambios ocurridos en la escritura del cuen to a lo largo de este siglo. El primero de estos textos es el breve pasaje de la novela Stephen Hero de James Joyce —escrita en 1906 y publicada muchos años después—, don de el protagonista expone su idea de la epifanía literaria como revelación personal, idea que ha sido considerada en la teoría narrativa como tm elemento esencial del cuento clásico. A continuación se presenta un fragmento de la entrevista realizada en 1953 a Ernest Hemingway, donde éste expone lo que en la tradición cuentística moderna se conoce como el Principio del Iceberg, según el cual lo más importante de un cuento se encuentra fuera del texto, y el arte de escribir consiste precisamente en saber qué dejar fuera. Cierra esta sección inicial el artículo de Robert Coover donde éste señala algunas de las posibilidades lúdicas que ofrecen las nuevas tecnologías para la escri tura del cuento. Cada uno de estos textos es representati vo, respectivamente, de las poéticas del cuento clásico, moderno y posmoderno. Al confrontar estos textos con los que he incluido en la sección inicial del primer volumen de esta serie, resulta interesante observar la recurrencia de ciertas ciclos en la evolución del género. El cuento literario clásico tiene como referente los textos escritos por Poe en 1842; Chéjov escri be alrededor de cincuenta años después algunas cartas a sus contemporáneos acerca de lo que ahora conocemos como cuento moderno; cien años después de la publica ción del texto seminal de Poe, en 1942, se publica el libro de Borges que inaugura un nuevo género cuentístico, las llamadas “ficciones”; y en 1992 Coover da a conocer sus experiencias con la escritura electrónica. Como puede observarse desde su título, Poéticas de la brevedad es una extensión del primer volumen de esta serie, Teorías de los cuentistas. Retomando la lógica de aquel volumen, aquí he incluido una sección de textos bre ves (la segunda). Y también aquí la mayor parte de estos materiales muy breves han sido escritos por cuentistas hispanoamericanos, quienes al escribir sobre la brevedad producen textos concisos y casi aforísticos. Hay que seña lar, además, que en este volumen más de la mitad de los materiales provienen del contexto hispanoamericano. Por otra parte, quiero señalar que aún resulta relativamente difícil encontrar poéticas del cuento escritas por mujeres. Sin embargo, de manera similar a lo ocurrido al elaborar el segundo volumen, aquí he reunido más de media doce na de estos testimonios. Y aunque también es casi imposible para un inves tigador mexicano encontrar testimonios de escritores orientales o africanos, debo señalar que las antologías si milares publicadas en otras lenguas (una relación de las cuales fue publicada al final del primer volumen de esta serie) tampoco incluyen a autores de esas regiones. De hecho, tampoco suelen incluir a cuentistas hispanoame ricanos, tal vez por ignorancia o por problemas de traduc ción. Esta serie antológica es la primera que se publica en nuestro país en la que no sólo se han incluido testimonios de cuentistas mexicanos, sino también del resto de His panoamérica, y de Europa y Estados Unidos. En la segunda sección he incluido las declaraciones de 24 cuentistas mexicanos, reunidos en 1988 en un En cuentro Internacional de Creadores y Críticos del Cuen to, y el trabajo de Silvina Bullrich en. el que se formula una refutación a cada uno de los puntos del “Decálogo del perfecto cuentista” de Horacio Quiroga, 40 años después de su publicación original. El resto de esta sección está constituido por las poéticas personales de Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Cristina Peri-Rossi y Adolfo Bioy Casares. El resto de los materiales de este volumen difícilmen te requiere mayor presentación, pues sus autores son am pliamente conocidos por los lectores de cuentos. Entre és tos hay algunos textos ya canónicos para el género, como los de Juan Rulfo y Julio Cortázar, además de los norte americanos Truman Capote y John Updike. Esta última sección se inicia y concluye con un par de textos acerca del humor en el cuento, escritos respectivamente con un in tervalo de cien años por Mark Twain y Alejandro Rossi. Al presentar su concepción personal del género, en al gunos de estos trabajos se comenta la importancia que pueden tener para la escritura del cuento las convencio nes genéricas (Jorge Ibargüengoitia), los sueños (Joyce Carol Oates) y la tradición oral (William Trevor), o bien se enfatiza el peso decisivo de la intuición (Nadine Gordimer), la imaginación (Fernando Savater) y el amor por las pala bras (Juan José Arreóla). Sin embargo, la complejidad de estos trabajos difícilmente puede ser reducida a unas cuan tas ideas, particularmente en trabajos como el de Sergio Pitol (donde se reflexiona sobre la escritura y la vida coti diana) y el de Mempo Giardinelli (donde se propone un programa para el futuro de los estudios sobre el cuento). Este volumen se cierra con una lista de otras recopilacio nes sobre la escritura del cuento. El trabajo de investigación genera sus propias redes de interacción personal, y por ello, desde la aparición del primer volumen de la serie T eorías del cuento (Teorías de los cuentistas), en noviembre de 1993, he recibido el apoyo de varios colegas, escritores y amigos. Desde aquí quiero agradecer su generosidad al apoyar este proyecto edito rial en distintas etapas de su elaboración (en estricto orden alfabético) aAriel Castillo, Ari Cazés, Óscar de la Borbolla, Juan Armando Epple, Irenne García, Laura González Durán, Margarita Magaña, Carlos Pacheco, Luis Arturo Ramos, Ernesto Román, Judith Sabines, Edmundo Valadés y, por supuesto, quiero manifestar mi agradecimiento especial al escritor Hernán Lara Zavala, quien apoyó el proyecto editorial desde que lo conoció, en octubre de 1990. Quien se aproxime a este volumen podrá comprobar cómo la escritura acerca del cuento literario, a lo largo de su evolución histórica, ha generado una enorme diversi dad de voces, tonos y estilos. Tal vez por ello la lectura de estos materiales podrá producir en quienes se sumeijan en su interior un efecto similar al que produce la lectura de los cuentos memorables: un efecto polifónico y estimulante. 

Lauro Zavala

domingo, 8 de marzo de 2026

MANIFIESTO DE LO ERÓTICO EN LA LITERATURA EN 5 PUNTOS. ENRICO GIOVANNI PUGLIATTI Y MÉNDEZ LIMBRICK


 

 

Manifiesto de la insinuación

Principio:
1-"No mostrar, sino sugerir.
2-No exponer, sino velar.
3-La insinuación es la máscara que preserva el misterio,
el velo que convierte la transgresión en ceremonia.
4-La literatura no necesita desnudar:
basta con encender la tensión entre lo prohibido y lo sagrado.
5-Así, cada gesto, cada vestido, cada aparición,
se convierte en símbolo y no en mercancía."

miércoles, 25 de febrero de 2026

GISÉLE SAPIRO LA SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA INTRODUCCIÓN



  Introducción

La sociología de la literatura tiene por objeto de estudio el hecho literario en tanto hecho social. Esto implica una doble interrogación: sobre la literatura como fenómeno social, del que participan muchas instituciones e individuos que producen, consumen, juzgan las obras; y sobre la inscripción en los textos literarios de las representaciones de una época y de las cuestiones sociales. Esta proposición aparentemente simple genera muchas preguntas. ¿Qué entendemos por texto de referencia? ¿Una obra tal como la publicó su autor? En ese caso, ¿qué sucede con las obras de Kafka dadas a conocer por Max Brod tras su muerte? ¿O con las diferentes versiones publicadas por un autor? ¿O incluso con las variantes que hallamos en los manuscritos? ¿Debemos preguntarnos por la génesis de la obra e inscribirla, como lo hace Sartre, en un “proyecto creador”? ¿O acaso por su interpretación, que puede variar según los lectores y las épocas? En efecto, la significación de una “obra” o de toda una producción cultural no es reductible a la intención de su autor. Más allá de que el autor no siempre es consciente de lo que hace, la significación de la obra depende de dos factores que escapan al productor. 

En primer lugar, el sentido de una obra no solo reside en su construcción interna, como pretenden los hermeneutas, sino también en un espacio de posibles nacional o internacional, delimitado por el conjunto de las producciones simbólicas presentes y pasadas en el que se sitúa la obra en cuestión en el momento de su primera publicación o las subsiguientes. En ese ► 13 sentido, la obra singular se define por su relación con otras producciones a partir del tema, el género, la composición, los procedimientos. Esta transmite representaciones del mundo social, que pueden compartir en mayor o menor medida sus contemporáneos (en función del grupo social: clase, género, nación, etnia...) y que también pueden encontrarse en textos no literarios. 

 Lo que nos conduce a la pregunta que aquí más nos interesa: ¿cuál es el contexto pertinente? ¿La biografía singular del autor, que Sartre destaca en su estudio sobre Flaubert, su grupo social de origen o de pertenencia (su clase), en el que se centran los teóricos marxistas, o acaso las características sociales de su público? ¿La literatura nacional, que fundó la historia literaria, o la literatura universal (la Weltliteratur de Goethe)? ¿Las condiciones sociales de producción y de circulación de las obras, según la proposición de los fundadores de los cultural studies, o las categorías de percepción de la cultura a la que la obra pertenece, siguiendo la tradición neokantiana que va de Cassirer a Panofsky?

 El segundo factor concierne a las apropiaciones y usos que se hacen de una obra, el sentido que se le confiere y las tentativas de anexión de las que es objeto. Estos procesos de recepción no son ajenos a la historia de la producción literaria. En primer lugar, la recepción de una obra incide no solo en su significación social, sino también en su posición en la jerarquía de los bienes simbólicos, ya sea tanto por su recepción crítica como por su difusión en librerías (ubicación en las mesas de librerías, listas de los libros más vendidos, etc.). En segundo lugar, estando en vida el autor o la autora, la recepción suele afectarles, y probablemente tenderán a modificar o ajustar su “proyecto creador” en función de las reacciones y de las expectativas generadas. 

En tercer lugar, las (re)apropiaciones de obras del pasado, o provenientes de otras culturas, se hallan en el corazón de los mecanismos de reproducción o de renovación del espacio de posibles literarios: Lautréamont exhumado por los surrealistas contra los escritores de su tiempo, Dos Passos o Faullkner honrados en Francia por Sartre contra las formas novelescas clásicas del siglo xix, Flaubert reivindicado por el nouveau román contra la 14 < LA SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA literatura comprometida; estos pocos ejemplos bastan para de mostrar el papel que desempeñan las apropiaciones en la historia de la literatura. Como muchos ámbitos especializados (por ejemplo, la so ciología del derecho), la sociología de la literatura se debate entre la sociología y los estudios literarios, pero también padece la larga historia de tensiones y fricciones entre ambas disciplinas: la primera se constituyó en tal como un desprendimiento de la cultura humanista que prevalecía a fines del siglo xix, mientras que los segundos rechazan hasta ahora cualquier enfoque “de terminista” de la literatura (sobre los “malentendidos” entre am bas disciplinas, véase Meizoz, 2004: 17). 

En efecto, la sociología de la literatura ha tenido que vencer la resistencia a la objetivación basada en la creencia en la naturaleza indeterminada y singular de las obras literarias. Demasiado “sociológica” para los literatos y demasiado “literaria” para los sociólogos, afiliada en algunos países a la literatura y, en otros, a la sociología, sufre de una ausencia de institucionalización que contrasta con la riqueza de los trabajos producidos en su ámbito desde hace medio siglo. 

El diálogo comprometido entre literatos y sociólogos, que tiende a ampliarse más allá de las crispaciones disciplinares, abre vías de colaboraciones prometedoras, que este libro busca alentar (véase Desan, Parkhurst Ferguson y Griswold, 1988; Baudorre, Rabaté yViart, 2007). En relación con las valiosas síntesis que la han precedido (Dirkx, 2000; Aron y Viala, 2006), la presente obra se propone describir los avances más recientes de investigaciones en este área en plena expansión, haciendo hincapié en el ángulo socio lógico y en la metodología (que incluye métodos cuantitativos como el análisis de las correspondencias múltiples y el análisis de redes), así como también en las intersecciones con proble máticas propias de la sociología del arte, la cultura, los medios de comunicación, la edición, la traducción, las profesiones, las relaciones sociales (de clase, género y raza), la globalización, etc., a las que aportará un enfoque inédito. En constante diálogo con los historiadores de la literatura (Lyon-Caen y Ribard, 2010), INTRODUCCIÓN ► 15 este balance también señala perspectivas de crecimiento a través del camino abierto por los gender studies y los postcolonial studies (Write Back, 2013), sin limitarse al espacio francófono (si bien ahí es donde la sociología de la literatura se muestra más viva). 

El primer capítulo traza la historia de esta especialidad y las teorías que más la han marcado, en particular, aquellas que intentaron superar la división entre análisis interno y análisis externo de las obras. Desde esta óptica, el enfoque sociológico del hecho literario es concebido como el estudio de: las mediaciones entre las obras y las condiciones sociales de su producción. Estas mediaciones se sitúan en tres niveles, que plantean distintos ejes de investigación, examinados en los capítulos siguientes: en pri mer lugar, las condiciones materiales de producción de las obras así como el modo de funcionamiento del mundo de las letras; en segundo lugar, la sociología de las obras, que va de las represen taciones que transmiten a las modalidades de su producción por parte de sus autores; en tercer lugar, las condiciones de su recep ción y apropiación, así como sus usos. 

Cada uno de los tres capítulos, ilustrados con ejemplos extraídos de investigaciones empíricas, abordará también los métodos empleados para tratar las problemáticas señaladas. A los métodos cualitativos tradicionalmente usados para aprehender el hecho literario (análisis de documentos, estudio del contenido de las obras y/o de las críticas), el enfoque sociológico añade el estudio de las trayectorias individuales — que no equivalen a la biografía— , las entrevistas y la observación etnográfica en el caso de que se trate de un objeto contemporáneo. Pero, sobre todo, los métodos cuantitativos son los que diferencian este enfoque de las aproximaciones propiamente literarias. 

En efecto, a pesar de la representación común del acto creador como singular, el proceso de producción y de recepción de la literatura no está exento de aspectos cuantificables o mensurables: propiedades sociales de los autores y de los públicos, tipos de publicaciones, soportes, géneros, redes de relaciones, etc. Ya sea a través de la prosopografía (biografía colectiva) de un grupo de escritores, el análisis de redes, el análisis lexicométrico o las encuestas 16 < LA SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA sobre la lectura, los enfoques cuantitativos echan luz sobre algunas particularidades, en apariencia irreductibles, de las trayectorias literarias, de las obras o de las experiencias de lectura en una configuración social dada, siempre que se los articule con análisis cualitativos más precisos. Por último, nos preguntaremos sobre las perspectivas abiertas por la desnacionalización de la historia literaria, gracias a los estudios sobre la circulación transnacional de las obras (especialmente por medio de la traducción, pero también de la imitación) y sobre las trayectorias migratorias (los efectos de las situaciones de exilio sobre la creación).

Archivo del blog

OPERETA DEL CIEGO O LOS 9 CÍRCULOS DE EROS FRAGMENTO

  El sileno avanza en melancolía, en furia, en aventura. Le cae la lluvia contaminada y contaminante como el festín ante la Cornucopia. El a...

Páginas