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jueves, 25 de junio de 2026

CLAUS PRIESNER y KARIN FIGALA (editores) ALQUIMIA Enciclopedia de una ciencia hermética Traducción: CARLOTA RUBIES



PREFACIO

La alquimia con sus leyes y concepciones, que van mucho más allá del intento de fabricar oro artificial, despierta un vivo interés en muchas personas a pesar de que muchos (o quizás la mayoría) saben perfectamente que jamás se hizo realidad - n i puede hacerse- el sueño de la «piedra filosofal». La devoción por la alquimia tiene menos que ver con la fascinación por el oro -entendida en sentido literal y existente desde tiempos inmemoriales (desde que el hombre es hombre)— que con el velo de misterio que la envuelve. 

No hay duda de que contribuye a ello el escepticismo con el que se contemplan las ciencias naturales racionales y el llamado progreso tecnológico, una actitud que se empieza a manifestar en la sociedad a partir de los años 19 70: en consecuencia, la alquimia encarna ese modo «integral» (para utilizar un adjetivo que está de moda) de entender la Naturaleza y de conocerse a sí mismo además del modelo opuesto a unas ciencias naturales y una técnica consideradas peligrosas y destructivas. De hecho, la alquimia parte en lo referente al cosmos, a Dios y al hombre en su relación con el cosmos y Dios de un punto de vista radicalmente distinto al de la Ilustración. 

Mientras que el científico moderno establece relaciones de causalidad y el técnico modifica y reinventa el entorno e intenta adaptarlo a las supuestas o verdaderas necesidades del hombre, el alquimista optaba por el camino de la adaptación interior a la Naturaleza, buscando comprender aquello que une al creador con la creación. La alquimia distaba de ser una religión aunque se fundamentaba en concepciones religiosas. En nuestro mundo actual, determinado por categorías y fuertemente fragmentado, no resulta del todo fácil ubicar la alquimia. Por esta razón todavía se hace difícil desenmarañar la estructura interna de la misma. Advertim os ante la tendencia de considerar la alquimia fácilmente accesible e inteligible, impresión que suelen transmitir algunas publicaciones de tipo «esotérico». Asimismo hay algunos autores o sectas pretendidamente secretas, que pretenden convencer al público de que sí es posible fabricar oro y que los sabios de antaño poseían el secreto que ellos (los autores o sectas) han heredado o guardado a través de los tiempos. Se perpetúa así una desafortunada tradición que ya en el pasado había contribuido a la mala reputación de la alquimia y por la que «alquimista» y «farsante» pasaron a significar lo mismo. Los editores y autores de esta enciclopedia se apartan explícitamente de esta pseudoalquimia y de sus portavoces. Evitamos de propósito abordar esta «moderna alquimia» pues consideramos que pertenece más bien al ámbito de la psicología social. La sorprendente facilidad con la cual, a nuestro entender, los fabricantes de oro fraudulentos engañaron a sus víctimas subraya la fascinación que ejerció el objetivo alquímico de la transformación del metal -la transmutación- incluso en aquellas personas de tendencia por lo demás más bien profana. Aunque a menudo el móvil era la codicia, las esperanzas se acrecentaban con la idea del alquimista como un conocedor de los misterios ocultos de la Naturaleza y con el aura de mago que lo rodeaba. La alquimia jamás tuvo un constructo teórico único y unitario. El aunar la teoría aristotélica de los elementos «fuego», «agua», «aire» y «tierra» con la doctrina de los principios opuestos «azufre» y «mercurio», cuya unión llevaba a la materia «perfecta» de la piedra filosofal, nunca dio buen resultado. Las discusiones en torno a las pautas teóricas a adoptar fueron objeto de múltiples tratados. 

Así se convirtió en una costumbre el citar a autoridades que apoyasen la opinión del respectivo autor y que al mismo tiempo subrayasen los errores de otros. Es tarea del lector suplir por medio de la interpretación unas insuficientes descripciones de substancias y unas prescripciones intencionadamente ambiguas, tarea que además requiere el estudio de los «antiguos» para aclararse. La importancia del experimento como criterio decisivo se fue imponiendo lentamente en el marco de un ambiente intelectual que se iba decantando a favor de una concepción racional del mundo. En el Medioevo y a principios de la Edad Moderna, todavía predominaba la exégesis de los escritos antiguos. La verdad que estos contenían era proporcional a la —a veces simplemente atribuida— antigüedad del texto. Esta idea arranca de la convicción de que la pérdida de conocimiento es progresiva: cuanto más lejos se encuentra el hombre de la Edad de Oro, tanto más conocimiento pierde acerca de los secretos de la Natura­leza. Este modo de pensar se halla diametralmente opuesto a la creencia actual en el poder del hombre para modificar «sui generis» el mundo. Unicamente existe consenso en el objetivo: la fabricación de la piedra filosofal como culminación y prueba material del conocimiento del alquimista acerca de la esencia íntima y oculta de la Creación. En posesión del «lapis philosophorum», el alquimista se convierte en «redentor de la materia» o incluso en demiurgo. En apariencia el objetivo está al alcance y algunos informes supuestamente incontestables sobre transmutaciones realizadas con éxito motivan el continuar por este camino, a pesar de los fracasos. El trabajo de laboratorio aporta unos conocimientos prácticos inestimables y constituye la base de la ciencia natural llamada química. La teoría del flogisto de Georg Ernst Stahl marca el límite entre un modo de ver alquímico y uno científico (de las ciencias naturales). Por la estructura, se podría decir que esta teoría es moderna, pero el contenido remite a los tradicionales conceptos de los elementos y principios aristotélicos. Con Antoine Laurent Lavoisier se consuma el verdadero cambio y será el concepto moderno de los elementos, que aparece con el sistema de períodos, lo que demostrará científicamente la inviabilidad de la transformación de metales.

 Aun así, la alquimia no giraba exclusivamente alrededor del trabajo práctico de laboratorio; también suponía una imagen del mundo en el que el hombre y la Naturaleza, el espíritu y la materia estaban íntimamente entrelazados. A diferencia de una aproximación analítica y reduccionista de las ciencias racionales, la alquimia representa un concepto sintético, es decir, omniabarcador y de índole metafísica, del estudio de la Naturaleza. Si bien la alquimia no es una ciencia natural, sí es una ciencia acerca de la Naturaleza. El «ars hermetica», como una posibilidad de vivencia espiritual personal y de la Creación, perdura incluso después de haberse constituido la química científica. En los escritos más antiguos de la alquimia grecoalej andrina ya encontramos descripciones técnicas sobre reacciones de distintas materias además de símbolos y visiones de origen mítico, que revelan más sobre la psique humana que sobre las cualidades de la materia. En la actualidad y gracias a las herramientas que ofrece la psicología, podemos interpretar mejor este ámbito de la alquimia como ciencia oculta. Las ilustraciones —algunas impresionantes- que se han realizado a través de los siglos reflejan esta tendencia de la alquimia. A las tremendas escenas de muerte y descuartizamiento que simbolizan la muerte de la materia, sucede la resurrección de un rey o redentor purificado, a saber, la piedra filosofal que transforma metales comunes en oro y que cura las enfermedades del cuerpo humano. La purificación y maduración gradual de la materia durante la Gran Obra también refleja el «proceso de individuación» en el que el adepto se encuentra y reconoce a sí mismo. 

El intrincado tejido de vivencias personales, experiencias con experimentos, entendimiento metafísico y conocimiento intuitivo conforma el amplio espectro de la alquimia y permite varias aproximaciones. Toda persona que se interese por la historia de la química tendrá la posibilidad de estudiar la alquimia como un filón de recetas y procesos por el que se puede determinar el momento de su surgimiento y el origen de ideas y tecnologías todavía vigentes. Otros quedarán encantados con la múltiples relaciones que establece la alquimia entre el hombre y la Naturaleza. Fuera del ámbito cultural occidental (cuyas raíces están no sólo en Europa sino también en Egipto, Asia Menor y en la zona sirio-árabe) la alquimia también se desarrolló en India y en China. Esta enciclopedia no aborda estas alquimias, ante todo por dos razones: primero porque excedería la extensión del libro y, segundo, porque resultó arduo encontrar autores que tuviesen unos conocimientos de alquimia india y china equiparables a los que ofrecemos aquí respecto a la alquimia occidental y europea. Por lo tanto rogamos al lector que comprenda esta limitación, cuya intención está lejos de significar un juicio de valor. Hemos tratado de dar a cada entrada el nombre adecuando para que fuese de fácil comprensión, sin menoscabar por ello la precisión pertinente. La literatura que acompaña cada artículo está destinada a facilitar el acceso a los textos alquímicos originales y a la bibliografía especializada y, por decisión de los editores y autores, se omitió toda publicación considerada poco seria. 

Con esta obra se procuró llegar tanto al profano interesado en la alquimia como al especialista conocedor de la esencia de la alquimia que dispone aquí de una mina de información fiable y al que se le abren las puertas al vasto universo de textos alquímicos y bibliografía sobre historia de la alquimia. Los editores agradecen a los autores de esta obra por su colaboración como especialistas y por haber estado siempre dispuestos a cooperar pues sin ello no hubiese sido posible esta enciclopedia. La aportación de la señora Heike Hild a este libro es inestimable, puesto que no sólo es autora de varios artículos sino que participó desinteresadamente en las correcciones y la selección de las imágenes. Nuestros agradecimientos también al señor Stephan Meyer, lector de la editorial Beck, cuya paciencia, comprensión y buenos consejos a lo largo de todo el proceso de creación supusieron una gran ayuda. C l a u s P r i e s n e r , K a r i n F i g a l a M unich, prim avera d e 1998

jueves, 12 de marzo de 2026

CHARLES E. KANY SINTAXIS HISPANOAMERICANA VERSIÓN ESPAÑOLA DE MARTÍN BLANCO ÁLVAREZ


 

INTRODUCCIÓN 

Es propósito de este libro agrupar las tendencias más destaca das de la sintaxis hispanoamericana, haciendo especial hincapié en su expresión popular, o sea ofrecer un compendio de las prin cipales peculiaridades o fenómenos sintácticos que difieren del uso actualmente reconocido como consagrado * en España (en donde muchos de ellos, sin duda, no son desconocidos localmente o en el habla popular). La primera en aparecer entre las obras de su género, quiere ésta constituir para los estudiantes y jóvenes maes tros, ejercitados sólo en la práctica castellana y súbitamente en frentados a la variada y nueva riqueza de la fraseología hispano americana, un punto de referencia o un libro de texto que les sirva de guía en las dudas, por lo general no explicadas en otros lugares, ya que los problemas relativos a las variaciones sintácticas han sido hasta el presente muy descuidados. Esta tarea, que por mucho tiempo constituyó un desiderátum, hoy es una necesidad, debido sobre todo al rumbo definido de las letras hispanoamericanas en las tres o cuatro últimas décadas, el nacionalismo americano (criollismo o nativismo) fue brotando es porádicamente ya a mediados del siglo xix, mas sólo a comienzos del xx abandonaron del todo los novelistas y dramaturgos el pre * El autor de la presente obra hace uso frecuente del término standard aplicado al castellano que se habla en España como español tipo, sancio nado y consagrado por el uso. En esta traducción, diversas expresiones tra tan de transmitir el contenido de aquella palabra. He aquí las mas comunes, español tipo, peninsular, consagrado, normal, castizo, culto. A veces, cuando el texto lo permite, eliminamos su traducción. (N. del T.).

 8 Sintaxis hispanoamericana juicio escolástico de la lengua, encaminando su observación realis ta a su propio medio local y liberando su propia perspectiva e idiomas de la primitiva y servil adhesión a los modelos extranje- r°s franceses ideológicamente, lingüísticamente españoles—. La primera guerra mundial engendró una nueva conciencia colectiva portadora de valores nacionales positivos, sentimiento que fructificó de manera exuberante a partir de los años veinte. En un esfuerzo por reproducir fielmente todas las diferencias, los problemas so ciales y los ideales de cada región, incluso a costa de una evidente crudeza y de valores estéticos negativos, los novelistas dieron forma literaria a la expresión vemacula. Fue entonces cuando aparecieron las importantes novelas típicas de Güiraldes, Gallegos, Rivera, Lynch, Azuela, Icaza, etc. 

Actualmente existe otro movimiento que. en beneficio de una concepción más alta de la realidad y de un acceso a ella más elevado y universal, trata de descartar los aspectos menos agradables de un realismo estricto, pero la verdad es que gran parte de la literatura hispanoamericana significativa que los estudiantes deben manejar contiene un lenguaje regional, que desconcierta a la generalidad de los mismos, cuyo conocimiento abarca únicamente el idioma consagrado o castizo (limitado éste, por cierto, aun en España, a grupos selectos). Las explicaciones de numerosas ediciones escolares recientes de novelas hispanoamerica nas y cuentos cortos publicados en América demuestran con elo cuente evidencia la limitación y, por tanto, la imperfección de dicho conocimiento. Innecesario decir que aún no es posible ofrecer una exposición científica completa de la práctica lingüística hispanoamericana. Algo se ha hecho con el mejor método moderno, pero mucho más es lo que queda por hacer. Para llegar al éxito final hay que esperar la realización de un esmerado estudio de la geografía lingüística a lo largo de los veinte países afectados, trabajo que llevará tal vez varias décadas, pues implica una exploración local de cada una de las ciudades y de cada uno de los pueblos por medio de cuestio narios apropiados y bien detallados (tales como el Cuestionario lingüístico hispanoamericano [Buenos Aires, 1945] de Navarro To más) y, basada sobre este estudio, la elaboración de miles de mapas o cartas, cada uno de los cuales habrá de limitarse a un solo fenó Introducción 9 meno —fonético, morfológico o sintáctico, según sea el caso—. 

Este procedimiento es sumamente lento, difícil y costoso, pero con pa ciencia, decisión y entusiasmo, puede llevarse a cabo. Así lo hicie ron en Francia, por ejemplo, Guilliéron y Edmont (Atlas linguis- tique de la France [1902-10]) tras quince años de tenaz trabajo. Verdadero monumento de gran alcance, que comprende 639 loca lidades en 35 fascículos in folio y 1920 mapas, fue el punto de partida del método geográfico, seguido por cierto número de estu dios regionales en Francia, Bélgica, Suiza, Italia (Jaberg y Jud especialmente) y España x. Al presente se están realizando estudios aislados de ciertas regiones de Hispanoamérica2, la cual ofrece un excelente campo de exploración lingüística en lo referente a la estructura, al proceso histórico de la actividad de los substratos y a la migración de los préstamos de una lengua a otra. Además de un examen geográfico completo, se necesita un estudio exhaustivo del español, tanto en la época preclásica como en la clásica, in cluyendo los documentos coloniales coetáneos, así como una des cripción a fondo de los dialectos españoles. 

Esperamos que la presente obra llene su propósito hasta el mo mento en que aquella tarea llegue a feliz término. Las conclusiones que aquí presentamos se basan en el material recogido por el autor en sus frecuentes viajes a los respectivos países, en disponi bles tratados impresos, en monografías y diccionarios locales, am pliado todo ello con ejemplos ilustrativos sacados de la moderna novela regional y del cuento corto moderno, publicados en su ma yoría a partir de 1920, y en ocasiones con ejemplos de importantes obras anteriores. 

En la medida de lo hasta ahora descubierto, para cada fenómeno indicamos sus límites geográficos y sociales, aspec to en el que dedicamos especial atención a los casos de uso apa rentemente restringido. Para los casos generales, empero, no nos 1 Tras muchos años de trabajo, el profesor Navarro Tomás y sus cola boradores acaban de terminar el atlas lingüístico de España (comenzado ya en 1925, con exploraciones directas sobre el terreno en 1931-36). No se publicará hasta que Portugal pueda ser incluido. 2 Disponemos ahora de El español en Puerto Rico: Contribución a Ia geografía lingüística hispanoamericana (1948). Las áreas estudiadas incluyen Guatemala, El Salvador y Colombia. 10 Sintaxis hispanoamericana ha parecido necesario hacer mayores subdivisiones dentro de una zona más amplia. Recordaremos que la referencia a un país deter minado no significa que la locución en estudio sea corriente en todo el país o entre todas las clases sociales. Además, así como existe la probabilidad de que ciertas formas corrientes en la fron tera de un país sean idénticas a las de la frontera limítrofe de un país contiguo, de igual manera es posible que tales formas sean totalmente diferentes de las corrientes en el interior de entrambos. Por ejemplo, el habla de Mendoza (Argentina) se parece más a la de Chile que a la de Buenos Aires; es posible igualmente hallar formas idénticas, por ejemplo, en el sur del Perú y en el norte de Bolivia, en el sur de Colombia y en Ecuador, en el este de Co lombia y en Venezuela, en el norte de Panamá y en Costa Rica. En el estado actual de nuestros conocimientos es muchas veces arriesgado calificar de argentinismo, pongamos por caso, una ex presión dada por el hecho de hallarse en una determinada novela argentina. Bien puede estar restringida a una sola área, siendo desconocida en el resto. Con el fin de evitar este peligro latente, cuando la locución parezca dudosa indicaremos la región particu lar de que se trate. No obstante, si la locución es corriente en Bue nos Aires (o en la capital de otro país cualquiera en estudio), o, al menos, no desconocida allí, semejante locución puede, para nuestros propósitos, calificarse de argentinismo, aun cuando al pre sente es posible que sea muy poco usada. La fuente de los ejemplos citados se indica lo más brevemente que permite la claridad, incluyéndose su título completo en la bi bliografía. Cuando un autor se halla representado por una sola obra, generalmente nos referimos a él simplemente por su apellido seguido por la página (si se trata de una obra teatral, a veces se indica acto y escena) de dicha obra. Cuando se citan dos o más obras de un mismo autor, no se repite el título completo, a menos que sea muy corto, sino únicamente lo indispensable del mismo para identificar la obra (Arguedas, Raza, etc.). Si la claridad lo permite, se indica un solo apellido (Benvenutto, Batres, etc.); si no, se usan los dos apellidos (Herrera García, Núñez Guzmán). Se añade el nombre propio en el caso de los autores que sólo tienen un apellido (Flavio Herrera, Ciro Alegría, Femando Alegría, etc.). Introducción 11 Los ejemplos que llevan la etiqueta “(C)” están tomados de la conversación del autor con hispanoamericanos; los que llevan “(L)” están tomados de cartas dirigidas al autor por corresponsa les hispanoamericanos. Las obras citadas una sola vez, cuyo títu lo completo damos en esa ocasión, así como ciertos clásicos muy conocidos, no se incluyen en la bibliografía. La distribución de los ejemplos se ha hecho por países, empe zando por el más meridional (Argentina) y continuando hacia el norte en secuencia geográfica, distribución que muestra a la pri mera mirada la situación de una forma determinada en los países contiguos. Alguien se preguntará: “¿Por qué empezar por el sur y no por el norte?”. Fue ésta una decisión tomada tras madura deliberación. En una posible distribución alfabética, la lista habría sido encabezada por la Argentina, pero semejante sucesión sena imposible. Sin embargo, por una serie de motivos, aparte su nota ble progreso y su importancia en el conjunto de las repúblicas his panoamericanas, la Argentina parecía pujar por el primer puesto. Su lengua hablada (al igual que la de otras repúblicas meridio nales) se aleja del castellano normal más que en otras partes, ofreciendo, por tanto, más rica base de estudio y exigiendo trata miento más extenso. Además, parece probable que la influencia de la Argentina en el aspecto futuro del idioma español en general será superior a la de la mayoría de las repúblicas hermanas, ya que actualmente Buenos Aires se ha convertido en el centro edi torial más importante tal vez para el español. Amado Alonso (La Nación, 4, 11 y 18 de agosto de 1940) opina que los escritores que deseen publicar sus obras en Buenos Aires adaptarán su len guaje, en la medida de lo posible, al lenguaje general de la Ar gentina. Empezar por el norte habría ayudado, indudablemente, a seguir de manera más estricta una pauta histórica y cronologica y habría encuadrado en forma más adecuada en el sistema de zonas lin güísticas desarrollado por Henríquez Ureña (RFE, VIII [1921], 358 61; BDH, IV [1938], 334-35; V, 29). Este erudito, como se sabe, divide Hispanoamérica en cinco zonas lingüísticas de acuerdo con los substratos, la influencia histórica y política, el ambiente geo 12 Sintaxis hispanoamericana gráfico, los núcleos de la cultura española y las características de los conquistadores y colonizadores3. En un principio traté de agrupar los fenómenos sintácticos en concordancia con las cinco zonas, pero luego renuncié a seme jante distribución, pues habría provocado numerosas y desconcer tantes subdivisiones. Además, la delimitación exacta de las propias zonas aún no ha sido definitivamente establecida ni universalmente aceptada4. Navarro Tomás sugiere una división algo distinta, su jeta a ulteriores cambios conforme a los futuros hallazgos, pues considera la proposición de Henríquez Ureña “más bien como hi pótesis inteligentemente concebida que como realidad concreta y verificada” 5. Además, las cinco zonas son distintas principalmente en el vocabulario, en los préstamos de las lenguas del substrato. Henríquez Ureña admite (RFE, VIII, 360) que en el aspecto foné tico ninguna de las zonas es totalmente uniforme, juicio que se podría aplicar a la morfología y, en medida mucho mayor, a la sin taxis. No se debe olvidar que, mientras la lengua literaria general es relativamente uniforme en todo el ámbito hispanohablante, el es pañol peninsular hablado difiere en muchos aspectos de la lengua hablada en América, aunque tampoco existe uniformidad en ésta.

 Además, el español modélico está limitado, incluso en España, a 3 Breve y parcialmente bosquejadas por Juan Ignacio de Armas (Oríjenes del lenguaje criollo [2‘ ed.; La Habana, 1882], págs. 5-6), las zonas son estudiadas y elaboradas cuidadosamente por Henríquez Ureña (omitimos aquí las numerosas subdivisiones): 1) la zona caribe (desde 1492 en ade lante) incluye las Antillas, un amplio sector de Venezuela y la costa atlán tica de Colombia, con un substrato del aravvak y del caribe; 2) la zona mejicana (desde 1519 en adelante) comprende el suroeste de los Estados Unidos, Méjico y América Central, con un substrato del náhuatl y del maya- quiché; 3) la zona andina (desde 1527 en adelante) abarca una parte de Venezuela, la gran mayoría de Colombia, todo Ecuador, Perú, Bolivia y el noroeste de la Argentina, con un substrato del quichua y del aimará; 4) la zona del Río de la Plata (desde 1536 en adelante) comprende Argentina, ruguay y Paraguay, con un substrato del tupí-guaraní y del mapuche; y ' ^ zona chilena (desde 1541 en adelante), con un substrato del mapuche. Cf. Malaret, “Geografía lingüística”, BAAL, V, 213-25. 5 Ünguistic atlas of Spain and the Spanish of America”, Bulletin of the American Council of Learned Societies, núm. 34 (1942), págs. 68-74. Introducción 13 los grupos cultos, y existen en él prácticas corrientes asimismo en el español de América, si bien algunas expresiones consideradas en la Península como populares o vulgares han encontrado aceptación en círculos americanos socialmente más altos. 

Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que el salto existente entre la lengua hablada y el lenguaje literario es considerablemente mayor en América. El autor hispanoamericano se hurta mucho más a la realidad lingüís tica en su obra escrita que el autor español. Existe cierta emancipación del lenguaje literario hispanoameri cano con respecto al modelo peninsular, y en muchos casos el len guaje literario se ha aproximado a la lengua hablada, tendencia cuya continuidad en el futuro es impredictible. Es posible que la tentación de un público lector más amplio y de un atractivo más universal conduzca a los escritores a caminos más corrientes. Inclu so entre los regionalistas se notan ciertas vacilaciones a la hora de elegir una expresión. 

Antes, por ejemplo, un buen estilista adap taba estrictamente su pauta literaria al modo castellano, lo cual naturalmente le llevaba a violar por completo muchos de sus há bitos lingüísticos ordinarios. Tratándose, por ejemplo, de un argen tino o de un chileno, para designar una “acera”, en su conversa ción diría vereda “sendero” (supervivencia de una época en que eran muchos más los senderos que las aceras), pero, sentado en su escritorio, cambiaría vereda por acera. Tratándose de un me jicano, diría banqueta, pero por escrito pondría únicamente acera. El conocido estilista chileno Pedro Prado, por ejemplo, de miras más universales que locales, emplea acera a lo largo de Un juez rural, y no emplea ni una sola vez la palabra vereda. Por su parte, su compatriota Luis Durand evita la palabra acera en su obra Mercedes Urízar, manteniéndose fiel a la palabra vereda, que es la forma corriente en la conversación chilena. Los autores de segun da, tercera o cuarta categoría generalmente tienen poco interés en los antecedentes literarios y en la cultura que les podrían suminis trar palabras tales como acera. 

Por esta razón, dichos escritores son más valiosos que los de primera fila para el estudio del idioma popular. Asimismo, aunque la mayoría de los hispanoamericanos emplean lo por “le” en la conversación ordinaria, muchos escriben le, forma preferida por el castellano, pues, siendo menos común, le 14 Sintaxis hispanoamericana parece más elegante y literario. Otros tienden a usar en los pasa jes narrativos el lenguaje consagrado, empleando en el diálogo las formas locales. El novelista Pedro Joaquín Chamorro emplea el vuelto “cambio en dinero” en el diálogo, pero prefiere la forma peninsular la vuelta en los pasajes narrativos de Entre dos filos: Don Robustiano sacó de la cartera un billete de veinte córdobas. —¿Tienes vuelto para veinte córdobas? Pasaron horas, pasaron días, pasaron años y Riverita no volvía con la vuelta ni menos con el pago [pág. 190]. Tales casos de formas dobles son muy numerosos en la literatura hispanoamericana. En la determinación del uso local se requiere, pues, la mayor precaución. Las especulaciones en tomo a la futura unidad lingüística o al futuro caos en Hispanoamérica pueden ser ociosas en parte. 

 Han existido dos escuelas de pensamiento opuestas: la de los pu ristas unitarios, a menudo seguidores obstinados de los preceptos de la Academia, pasados de moda o conservadores y procedentes de España, y la de los separatistas, deseosos de romper todo lazo con la minoría peninsular (en un caso concreto —Argentina—, los extremistas han tratado, aunque sin éxito, de establecer una len gua nacional local). Actualmente, como era de esperar, la mayoría de los eruditos se encuentra en un término medio. Si es cierto que aborrecen la anarquía y la ausencia de las normas, también lo es que no rechazan las necesarias formas nuevas, ya que la lengua se está renovando continuamente, y los nuevos términos, más que adulterarla, lo que hacen es enriquecerla, no debiéndose confundir la unidad con una pureza exagerada, carente de vida. Cierto que el lenguaje literario puede obrar como lazo unificador que man tenga el ideal lingüístico básico, pero también puede y debe existir amplio campo para la inevitable evolución. Es lógico que muchas de las diferencias locales se debieron desarrollar desde un principio, sobre todo en la lengua hablada, en la cual florecen aún vigorosamente. 

En el momento de descu brirse América, el español se encontraba aún muy inestable y sus formas fluctuantes se combatían entre sí agresivamente por la su pervivencia y por la preferencia. Sólo un siglo o siglo y medio Introducción 15 más tarde se alcanzó cierta estabilidad parcial. Aquella confusión primitiva fue heredada por América. Además, el origen y carácter de los primeros colonizadores y colonos fueron distintos en cada región. En Méjico y Perú, por ejemplo, se constituyó un régimen aristocrático no progresista, una especie de continuación del feu dalismo peninsular, en el cual los aventureros pudieron vivir en el lujo y en la indolencia. En Argentina y Chile, en cambio, no exis tía al alcance de la mano riqueza alguna aprovechable, fuera de los pocos productos de un suelo que debía ser arrancado palmo a palmo a las bandas errantes de indios salvajes. La hegemonía de Madrid sobre Méjico capital y sobre Lima, centros de la cultura colonial, fue naturalmente mucho mayor que sobre regiones como Argentina y Chile, que se hallaban fuera de la esfera de semejan te influencia cultural. 

Estos países, carentes de corte virreinal, ex perimentaron una solución de continuidad mucho más rápida con la tradición lingüística. El equilibrio de valores sociales y lingüís ticos gradualmente establecido en España no se produjo allí donde el impenetrable tejido social del Viejo Mundo no fue mantenido por las cortes virreinales. Habiéndose relajado aquí las conven ciones sociales y la disciplina, las formas rurales se convirtieron en urbanas, y rasgos considerados en España como vulgares o dia lectales fueron a menudo levantados aquí a la dignidad de forma aprobada. Cuanto mayor era la cultura de cada grupo, más estre cha fue la adhesión a las normas peninsulares, pero al mismo tiem po que se fue hundiendo la tradición del hablar culto, se fue tam bién produciendo la decadencia y el empobrecimiento de la expre sión: cada cual hablaba como le parecía, perdiéndose toda medida disciplinaria. Así, pues, los hábitos lingüísticos de los primeros colonizadores provocaron generalmente la creación de una prácti ca local que bien puede haber sido alterada hasta cierto punto por el substrato y más tarde por los inmigrantes (italianos en la Ar gentina, negros en las Antillas, vascos y catalanes en Venezuela, españoles del norte en Chile, Cuba, etc.). Las diferencias locales, sin embargo, no son tan grandes como muchos lexicógrafos quisieran hacernos creer. El desconocimiento de los dialectos españoles y del lenguaje de las repúblicas vecinas ha hecho incurrir a menudo en grandes despropósitos a investiga 16 Sintaxis hispanoamericana dores y compiladores hispanoamericanos. Ocurre repetidas veces que tal o cual compilador tiene por estrictamente locales voces o giros que no sólo son corrientes en parte de España, sino asimismo en la mayor parte de Hispanoamérica. Juan de Arona, por ejem- ! pío, en su Diccionario de peruanismos (uno de los primeros en su género) confiesa que en un principio había creído exclusivamente peruana la locución donde fulano (= a casa de fulano), hasta des cubrir que se trataba de un americanismo, y su sorpresa fue ma yúscula al descubrir que incluso en Castilla se usaba. La presente obra apunta hacia la unidad en cuanto demuestra que muchas de las locuciones que primero se consideraron como limitadas a una o dos regiones gozan de una extensión geográfica mucho mayor y a menudo forman parte del acervo tradicional español. Nuevos estudios vendrán a confirmar sin duda que los usos lingüísticos de los diversos países tienden a la unidad más bien que al caos. La unificación de la conciencia lingüística puede con el tiempo llegar a borrar las peculiaridades locales 6. 6 Debo un agradecimiento especial al profesor Robert K. Spaulding y a Miss E. Hortense White por su ayuda en la lectura de pruebas de este libro y por sus valiosos consejos. 

NOTA A LA SEGUNDA EDICIÓN ORIGINAL La primera edición (1945) ha sido revisada y puesta al día. Se han eliminado ciertas repeticiones y datos menos pertinentes con el fin de introducir aquí y allá numerosas adiciones y enmiendas. En general se ha mantenido la misma paginación. En lo relativo a las novedades estamos en deuda no sólo con las publicaciones recientes, sino también con numerosos corresponsales nuevos, entre ellos Luis Cifuentes García (Chile), Antonio Díaz Villamil (Boli- via), Marcos A. Morínigo (Paraguay), Alfredo F. Padrón (Cuba) y Ángel Rosenblat (Argentina y Venezuela). A ellos y a muchos otros, entre los cuales incluimos a nuestros consultores originales, demasiado numerosos para mencionarlos, vaya dirigida nuestra ex presión de gratitud. Permítasenos insistir sobre el hecho de que los fenómenos aquí estudiados no se deben considerar ipso jacto de uso local genera lizado. En muchos casos se trata de variantes ocasionales y hasta rarísimas, pero su divergencia del castellano modélico les asegura aquí un lugar. 1950

jueves, 20 de febrero de 2025

SEXO Y PODER EN ROMA

 



CUNNUS La sexualidad puede parecer algo natural, como el comer, y, sin embargo, más allá de la biología, comporta una enorme carga social -como también lo hacen la gastronomía y los modales en la mesa-. Así, el elemento natural se va cubriendo de capas y más capas de normas, tabúes, prejuicios, deseos y miedos, en una convivencia difícil de ternura y violencia, de amor y de odio, de lo tópico y de lo transgresor. Por supuesto, la antigua Roma no fue una excepción en su tratamiento del sexo, y conocer mejor cómo los romanos concebían el cuerpo y el deseo, cómo entendían la reproducción y el matrimonio, cómo usaban el sexo en la política o cómo se impregnaba de sacralidad, nos ayuda a entender mejor su sociedad -y la nuestra-. ¿Podemos fiarnos de las maledicencias sobre la lasciva Mesalina o sobre el ambiguo Heliogábalo? Mejor, cuestionemos las fuentes, intentemos adivinar cuánto hay de real en sus exageraciones o acudamos a la iconografía, aunque sea problemática y no siempre bien conservada. Si con Soror. Mujeres en Roma Patricia González nos hizo ver el mundo clásico a través de los ojos de esa mitad de la población tan a menudo ocultada, en Cunnus. Sexo y poder en Roma recorre los diferentes aspectos del sexo y las distintas sexualidades que existieron en Roma: desde cómo se nombraba el sexo y el cuerpo hasta la pornografía y los juguetes sexuales, desde el matrimonio a la violencia sexual y desde las castas vestales hasta las insaciables brujas capaces de corromper a los hombres. Comprender cómo se naturalizaban ciertas prácticas, se rechazaban otras o cómo se crearon algunos prejuicios, nos ayuda a deconstruir nuestras propias ideas preconcebidas y nuestras, aparentes, esencias. Nos ayuda, en suma, a cuestionarnos, que es algo a lo que toda buena mirada al pasado debe empujarnos.

jueves, 19 de febrero de 2015

Manias-escritores.



Manias-escritores

1. F. Scott Fitzgerald trasnochaba la mayoría de las veces para escribir, cuando no recorría los cafés de Paris. Su verdadera escritura tenía lugar en breves raptos de actividad concentrada, hasta el punto de llegar a escribir 8.000 palabras del tirón. También utilizaba la ginebra como estímulo creativo.

2. Arthur Miller confesó no tener rutina para escribir. Después de escribir en su estudio cada mañana, se dedicaba a romperlo todo. Lo que sobrevivía a la destrucción era el material que él usaba para sus obras.

3. Haruki Murakami se despierta a las cuatro de la mañana y trabaja de cinco a seis horas seguidas cuando está escribiendo un libro. Durante el resto del día se dedica a leer, nadar, correr y escuchar música. El único problema es que para ello debe renunciar a la vida social. Todo un ejemplo de disciplina.

4. Henry James tuvo que dejar su pluma en los últimos años debido a un dolor de muñeca. A partir de entonces, un secretario escribía sus textos dictados diariamente.

5. James Joyce solía levantarse entrada la mañana y escribía por la tarde, ya que según él era cuando la mente está en su mejor momento. Pasaba las noches en cafés o restaurantes y con frecuencia amanecía cantando viejas canciones irlandesas en el bar. Calculó haber pasado casi 20.000 horas escribiendo Ulises.

6. Martin Amis cumple con horario de oficina para escribir, incluso escribe en una oficina, aunque solo dedica una parte de ese tiempo a escribir.

7. Truman Capote escribía cuatro horas al día y hacía dos versiones manuscritas a lápiz antes de mecanografiar una copia definitiva, pues era muy supersticioso. Otras supersticiones eran: escribir en la cama, no dejar más de tres colillas en el mismo cenicero (llenando sus bolsillos con las colillas de más) y sumaba números en su cabeza de forma compulsiva.

8. Philip Roth confesaba en 1987 escribir no es un trabajo duro, es una pesadilla. En 1972 se mudó a una casa del s. XVIII en una parcela rural en Connecticut. Usaba como estudio una antigua cabaña de huéspedes.

9. Alice Munro, premio Nobel de Literatura, en los años 50 era madre y ama de casa, y aprovechaba los ratos libres para escribir en su habitación.

10. Jonathan Franzen se encerraba en su estudio de Harlem con las luces apagadas y las persianas bajadas, sentado frente al ordenador, con orejeras y tapones para los oídos y los ojos vendados, mientras trabajaba en Las correcciones en 2001. Tardó cuatro años en terminar la novela.

http://www.iberlibro.com/blog/index.php/2014/08/28/las-manias-de-los-grandes-escritores/

viernes, 14 de noviembre de 2014

Así me gusta escribir: las manías de los escritores más famosos Letras por Mapi Pamplona-.


Así me gusta escribir: las manías de los escritores más famosos
Letras por Mapi Pamplona-.


 Así me gusta escribir: las manías de los escritores más famosos
Hemingway en posición vertical, Graham Greene con lápiz y Faulkner sobre papel azul. Para Günter Grass una inseparable Montblanc y para Goethe un caballito de madera. Dostoievski caminaba por su habitación...cosas de genios.
A todos los que hemos leído Rayuela no nos resulta imaginar a Cortázar sorbiendo mate del poro y devorando decenas y decenas de libros, o corrigiendo manuscritos con un bolígrafo, señalando cada renglón de forma compulsiva. Las manías de los escritores pueden contarserpor decenas, o por miles. Cada cuál con sus manías, todos tienen un genio y un ingenio especial. Algunos responden a un extraño ritual en el que nada queda al azar. Un claro ejemplo de esta planificación es García Márquez, quién sólo escribe si tiene en su despacho una flor amarilla que dice, le trae buena suerte para escribir. Parece que el de Aracataca es supersticioso pues siempre utilizaba (antes del ordenador a sus letras) una máquina de escribir de la misma marca para que tuviera la misma letra, un papel blanco de 36 gramos y una hoja de tamaño carta.

Muy organizados con los horarios, los tiempos y las palabras son, por ejemplo, Anthony Burgess, quien escribía aproximadamente 300 palabras al día. Nada que ver con Isaac Asimov, quien trabajaba 8 horas al día 7 días a la semana sin festivos y con un horario totalmente inflexible. Algo parecidísimo a la rutina que se ha autoimpuesto Stephen King, quien se levanta a las 8 y media y sigue un ritual que incluye vitaminas, música y mucho orden con los papeles. También metódico es Haruki Murakami. Se levanta a las 4 de la mañana, trabaja 6 horas y practica todos los días deporte. Se va a la cama a las nueve. Viendo las rutinas de los tres, ¿a alguien le extraña que sean algunos de . A la tarde corre 10 kilómetros o nada dos kilómetros, lee, escucha música y se va a la cama a las 9. Viendo estas rutinas, ¿a alguien le extraña que que sean tan prolíficos? Aunque tanto trabajo también tiene sus desventajas: Michael Chrichton, el padre de Parque Jurásico (y también de la serie Urgencias) era un auténtico adicto al trabajo que únicamente escribía o pensaba en escribir. Se casó cinco veces y se divorció cuatro.



Si ,los horarios son algunas de las manías de los escritores también lo es su atuendo. Alejandro Dumas vestía una especie de sotana roja, de amplias mangas, y sandalias para poder inspirarse para escribir y el conde Buffon sólo vestida vestido de etiqueta y con la espada en el cinturón. Balzac se acostaba por la tarde y se despertaba a media noche, se vestía ropas de monje y se ponía a escribir ininterrumpidamente durante horas y horas seguidas en las que el café era su único alimento. John Milton escribía envuelto en una vieja capa y Pierre Loti con trajes orientales a juego con su despacho turco.



Jean-Jaques Rousseau y Montaigne necesitaban auténtico silencio para trabajar. El primero, se marchaba al campo, donde incluso el ruido de los pájaros le molestaba y el segundo pasaba épocas encerrado en una torre, cual princesa de cuento, para poder escribir. Hay quién prefería extrañas compañías, como Lord Byron, quien siempre llevaba trufas en el bolsillo, pues su olor le resultaba inspirativo. Mucho peor olor pero igual inspiración la de Ernest Hemingway, de quien dicen escribía con una pata de conejo raída en el bolsillo. El compañero de preferido de Marguerite Duras era una botella de whisky, que le daba sensación de estar escribiendo en un bar, lo mismo que le ocurría a Sartre para quien ruido, tabaco y alcohol daban tranquilidad y sosiego.



A Neruda le gustaba escribir siempre con tinta verde y John Steinbeck trabajaba siempre con lápices redondos, para que sus aristas no se le clavaran, pero tenían que ser lápices redondos para que las aristas no se le clavaran en los dedos. Incómodo eran para él los lápices estándar, pero no todos huyen de la incomodidad. Por ejemplo, Henry Miller tenía manía a la comodidad y decía que sólo lo incómodo hacía volar su imaginación. Nada que ver con Proust, que se pasó media vida en la cama y que convirtió ésta en una gran algarabía de folios y retazos de papel a medio escribir. Lo de estar en la cama era casi normal: Marcel Proust era un auténtico hipocondríaco que tenía miedo a la asfixia y que escribía sin cesar tumbado para evitar, pensaba él, un ataque de asma.



Entre mis preferidos, Dostoievsky: tenía miedo a la oscuridad y sufría manía persecutoria, por lo que escribía(o dictaba sus textos) de forma compulsiva, prácticamente sin dormir y andando de un lado a otro de la habitación.

jueves, 8 de mayo de 2014

William Blake.

 

William Blake: el protohippy

Por: Andrea Navazo. 

William Blake, fue un personaje excéntrico. Adelantado a su tiempo, liberal, contrario a la esclavitud y defensor de la liberación de la mujer, pero impredecible. Le asaltaban visiones terribles de ángeles y demonios, que le sirvieron de constante fuente de inspiración, razón por la cual su propia mujer llegó a decir “no disfruto mucho de la compañía del señor Blake, él siempre se encuentra en el paraíso”
Blake nunca gozó de un auténtico prestigio entre sus contemporáneos, y en general, se movió entre la pobreza y la discreción. Fue uno de esos genios incomprendidos que no sería asimilado ni alabado hasta los años 70. Quizá porque el propio Blake era un protohippy, solo que a él las alucinaciones le venían de serie. En su obra El matrimonio entre el cielo y el infierno, escribió una frase que pasaría a la posteridad: “Si las puertas de la percepción se purificasen, todas las cosas se le aparecerían al hombre tal cual son, infinitas. “
De esta recurrente frase, saldría el ensayo de Aldouls Huxley sobre los efectos de la mescalina, y posteriormente, por obsesión psicotrópica de Jim Morrison, también el nombre de su grupo, The Doors. Y de aquí han bebido todos aquellos que han querido explorar y experimentar más allá de las puertas de la percepción, locos naturales y drogadictos, que han sabido encontrar en la obra de Blake, algo que sus contemporáneos no vieron.
Por: Andrea Navazo.

lunes, 27 de mayo de 2013

CURIOSIDADES Y ALGUNAS PUBLICACIONES EN EL AÑO 1900.

REPASANDO LA HISTORIA LITERARIA:
AÑO 1900.

En el año 1900 en  Costa Rica se publican las obras:
"Las hijas del campo (1900)" y "El Moto (1900)" de Joaquín García Monge.
"El árbol enfermo" y "La caída del águila" de Carlos Gagini.

EN EL MUNDO:
Almas de violeta de Juan Ramón Jiménez 1900.
 Ariel de José Enrique Rodó 1900.
 Aventuras entre los pieles rojas de Emilio Salgari 1900.
Bodas reales de Benito Pérez Galdós 1900.
 Cosas vistas II de Victor Hugo 1900.
 Cuentos de medianoche de Bram Stoker 1900.
 El alma castellana de Azorín 1900.
El alumno de Henry James 1900.  
El Amor y Mr. Lewisham de H. G. Wells 1900.
 El hijo del lobo de Jack London 1900 .
 El hombre que corrompió a una ciudad de Mark Twain 1900 .
Entre naranjos de Vicente Blasco Ibáñez 1900.
Historias del buen Dios de Rainer Maria Rilke.
 La casa de Aitzgorri de Pío Baroja.
 La danza de la muerte de August Strindberg 1900.
 La risa de Henri Bergson 1900.
 Las aguas sombrías de William Butler Yeats 1900.
 Lord Jim de Joseph Conrad 1900 .
 Los tres de Máximo Gorki 1900.

martes, 14 de mayo de 2013

Los 100 mejores libros de todos los tiempos, según el Club de Libros de Noruega.



Anexo:Los 100 mejores libros de todos los tiempos, según el Club de Libros de Noruega
La Biblioteca Mundial es una lista de los 100 mejores libros de la historia, según lo propuesto por 100 escritores de 54 países diferentes, recopiladas y organizadas en el año 2002 por el Club del Libro Noruego. Esta lista trata de reflejar la literatura mundial, con los libros de todos los países, culturas y períodos de tiempo. Once de los libros incluidos en la lista están escritos por mujeres, ochenta y cinco están escritos por hombres y cuatro no tienen autor conocido.
Cada escritor tuvo que seleccionar su lista propia de diez libros.
Los 100 libros seleccionados por este proceso en la lista no están clasificados o categorizados de alguna manera, los organizadores han declarado que "todos están en igualdad de condiciones", con la excepción de Don Quijote que se le dio la distinción de "mejor obra literaria jamás escrita". La siguiente lista organiza las obras en orden alfabético por autor.1
Índice.
1 Lista de los 100 mejores libros de todos los tiempos
2 Lista de los autores encuestados
3 Véase también
4 Referencias
5 Enlaces externos
Lista de los 100 mejores libros de todos los tiempos.

Título Autor Año País Idioma
Poema de Gilgamesh Anónimo Siglo XVII a. C. Sumeria e Imperio acadio Acadio
Libro de Job (de la Biblia) Anónimo Siglo VI a. C. - IV a. C. Imperio aqueménida Hebreo
Las mil y una noches Anónimo 700–1500 India/Irán/Irak/Egipto Árabe
Saga de Njál Anónimo Siglo XIII Islandia Nórdico antiguo
Todo se desmorona Chinua Achebe 1958 Nigeria Inglés
Cuentos infantiles Hans Christian Andersen 1835–37 Dinamarca Danés
Divina Comedia Dante Alighieri 1265–1321 Florencia Italiano
Orgullo y prejuicio Jane Austen 1813 Reino Unido Inglés
Papá Goriot Honoré de Balzac 1835 Francia Francés
Molloy, Malone muere, El Innombrable, una trilogía Samuel Beckett 1951–53 Irlanda Francés, Inglés
Decamerón Giovanni Boccaccio 1349–53 Rávena Italiano
Ficciones Jorge Luis Borges 1944–86 Argentina Español
Cumbres Borrascosas Emily Brontë 1847 Reino Unido Inglés
El extranjero Albert Camus 1942 Argelia, Imperio francés Francés
Poemas Paul Celan 1952 Rumanía, Francia Alemán
Viaje al fin de la noche Louis-Ferdinand Céline 1932 Francia Francés
Don Quijote de la Mancha Miguel de Cervantes 1605 (1ª parte), 1615 (2ª parte) España Español
Los cuentos de Canterbury Geoffrey Chaucer siglo XIV Inglaterra Inglés
Relatos cortos Antón Chéjov 1886 Rusia Ruso
Nostromo Joseph Conrad 1904 Reino Unido Inglés
Grandes Esperanzas Charles Dickens 1861 Reino Unido Inglés
Jacques el fatalista Denis Diderot 1796 Francia Francés
Berlin Alexanderplatz Alfred Döblin 1929 Alemania Alemán
Crimen y castigo Fiódor Dostoievski 1866 Rusia Ruso
El idiota Fiódor Dostoievski 1869 Rusia Ruso
Los endemoniados Fiódor Dostoievski 1872 Rusia Ruso
Los hermanos Karamazov Fiódor Dostoievski 1880 Rusia Ruso
Middlemarch George Eliot 1871 Reino Unido Inglés
El hombre invisible Ralph Ellison 1952 Estados Unidos Inglés
Medea Eurípides 431 a. C. Imperio ateniense Griego clásico
¡Absalom, Absalom! William Faulkner 1936 Estados Unidos Inglés
El ruido y la furia William Faulkner 1929 Estados Unidos Inglés
Madame Bovary Gustave Flaubert 1857 Francia Francés
La educación sentimental Gustave Flaubert 1869 Francia Francés
Romancero gitano Federico García Lorca 1928 España Español
Cien años de soledad Gabriel García Márquez 1967 Colombia Español
El amor en los tiempos del cólera Gabriel García Márquez 1985 Colombia Español
Fausto Johann Wolfgang von Goethe 1832 Ducado de Sajonia-Weimar, Alemania Alemán
Almas muertas Nikolai Gogol 1842 Ucrania Ruso
El tambor de hojalata Günter Grass 1959 Alemania Occidental Alemán
Gran Sertón: Veredas João Guimarães Rosa 1956 Brasil Portugués
Hambre Knut Hamsun 1890 Noruega Noruego
El viejo y el mar Ernest Hemingway 1952 Estados Unidos Inglés
Ilíada Homero 850–750 a. C. Probablemente Esmirna Griego antiguo
Odisea Homero siglo VIII a. C. Problablemente Esmirna Griego antiguo
Casa de muñecas Henrik Ibsen 1879 Noruega Noruego
Ulises James Joyce 1922 Estado Libre Irlandés Inglés
Relatos cortos Franz Kafka 1924 Austria Alemán
El proceso Franz Kafka 1925 Austria Alemán
El castillo Franz Kafka 1926 Austria Alemán
Shakuntala Kālidāsa siglo I a. C.-IV d. C. India Sánscrito
El sonido de la montaña Yasunari Kawabata 1954 Japón japonés
Zorba, el griego Nikos Kazantzakis 1946 Grecia Griego moderno
Hijos y amantes D. H. Lawrence 1913 Reino Unido Inglés
Gente independiente Halldór Laxness 1934–35 Islandia Islandés
Poemas Giacomo Leopardi 1818 Italia Italiano
El cuaderno dorado Doris Lessing 1962 Reino Unido Inglés
Pippi Calzaslargas Astrid Lindgren 1945 Suecia sueco
Diario de un loco Lu Xun 1918 China Chino
Hijos de nuestro barrio Naguib Mahfuz 1959 Egipto Árabe
Los Buddenbrook Thomas Mann 1901 Alemania Alemán
La montaña mágica Thomas Mann 1924 Alemania Alemán
Moby-Dick Herman Melville 1851 Estados Unidos Inglés
Ensayos Michel de Montaigne 1595 Francia Francés
La historia Elsa Morante 1974 Italia Italiano
Beloved Toni Morrison 1987 Estados Unidos Inglés
Genji Monogatari Murasaki Shikibu siglo XI Japón Japonés
El hombre sin atributos Robert Musil 1930–32 Austria Alemán
Lolita Vladimir Nabokov 1955 Estados Unidos Inglés
1984 George Orwell 1949 Reino Unido Inglés
Las metamorfosis Ovidio siglo I dC Imperio romano Latín clásico
Libro del desasosiego Fernando Pessoa 1928 Portugal Portugués
Cuentos Edgar Allan Poe siglo XIX Estados Unidos Inglés
En busca del tiempo perdido Marcel Proust 1913–27 Francia Francés
Gargantúa y Pantagruel François Rabelais 1532–34 Francia Francés
Pedro Páramo Juan Rulfo 1955 México Español
Masnavi Rumi 1258–73 Persia, Imperio mongol persa
Hijos de la medianoche Salman Rushdie 1981 India Inglés
Bostan Saadi 1257 Persia, Imperio mongol persa
Tiempo de migrar al norte Tayeb Salih 1966 Sudán Arabic
Ensayo sobre la ceguera José Saramago 1995 Portugal Portugués
Hamlet William Shakespeare 1603 Inglaterra Inglés
El rey Lear William Shakespeare 1608 Inglaterra Inglés
Otelo William Shakespeare 1609 Inglaterra Inglés
Edipo rey Sófocles 430 a. C. Imperio ateniense Griego clásico
Rojo y negro Stendhal 1830 Francia Francés
Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy Laurence Sterne 1760 Inglaterra Inglés
La conciencia de Zeno Italo Svevo 1923 Italia Italiano
Los viajes de Gulliver Jonathan Swift 1726 Irlanda Inglés
Guerra y paz Lev Tolstói 1865–1869 Rusia Ruso
Ana Karenina Lev Tolstói 1877 Rusia Ruso
La muerte de Iván Ilich Lev Tolstói 1886 Rusia Ruso
Las aventuras de Huckleberry Finn Mark Twain 1884 Estados Unidos Inglés
Ramayana Valmiki siglo III a. C.-siglo III d. C. India Sánscrito
Eneida Virgilio 29–19 a. C. Imperio romano Latín clásico
Mahábharata Viasa siglo IV a.C. India Sánscrito
Hojas de hierba Walt Whitman 1855 Estados Unidos Inglés
La señora Dalloway Virginia Woolf 1925 Reino Unido Inglés
Al faro Virginia Woolf 1927 Reino Unido Inglés
Memorias de Adriano Marguerite Yourcenar 1951 Francia Francés
(Esta lista no es un ránking)
Lista de los autores encuestados [editar]

Nombre País
Chinghiz Aitmatov Kirguistán
Ahmet Altan Turquía
Aharon Appelfeld Israel
Paul Auster Estados Unidos
Félix de Azúa España
Julian Barnes Reino Unido
Simin Behbahani Irán
Robert Bly Estados Unidos
André Brink Sudáfrica
Suzanne Brøgger Dinamarca
A. S. Byatt Reino Unido
Peter Carey Australia
Martha Cerda México
Jung Chang China/Reino Unido
Maryse Condé Guadalupe (Francia)
Mia Couto Mozambique
Jim Crace Reino Unido
Edwidge Danticat Haití
Bei Dao China
Assia Djebar Argelia
Mahmoud Dowlatabadi Irán
Jean Echenoz Francia
Kerstin Ekman Suecia
Nathan Englander Estados Unidos
Hans Magnus Enzensberger Alemania
Emilio Estévez Cuba
Nuruddin Farah Somalia
Kjartan Fløgstad Noruega
Jon Fosse Noruega
Janet Frame Nueva Zelanda
Marilyn French Estados Unidos
Carlos Fuentes México
Izzat Ghazzawi Palestina
Amitav Ghosh India
Pere Gimferrer España
Nadine Gordimer Sudáfrica
David Grossman Israel
Einar Már Guðmundsson Islandia
Seamus Heaney Irlanda
Christoph Hein Alemania
Aleksandar Hemon Bosnia-Herzegovina
Alice Hoffman Estados Unidos
Chenjerai Hove Zimbabue
Sonallah Ibrahim Egipto
John Irving Estados Unidos
P. C. Jersild Suecia
Yasar Kemal Turquía (Kurdistán)
Jan Kjærstad Noruega
Milan Kundera República Checa/Francia
Leena Lander Finlandia
John le Carré Reino Unido
Siegfried Lenz Alemania
Doris Lessing Reino Unido
Astrid Lindgren Suecia
Viivi Luik Estonia
Amin Maalouf Líbano/Francia
Claudio Magris Italia
Norman Mailer Estados Unidos
Tomás Eloy Martínez Argentina
Frank McCourt Irlanda/Estados Unidos
Gita Mehta India
Ana Miranda Brasil
Rohinton Mistry India/Canadá
Abdel Rahman Munif Arabia Saudí
Herta Müller Rumanía
V. S. Naipaul Trinidad y Tobago/Reino Unido
Cees Nooteboom Países Bajos
Ben Okri Nigeria/Reino Unido
Orhan Pamuk Turquía
Sara Paretsky Estados Unidos
Jayne Anne Phillips Estados Unidos
Valentin Rasputin Rusia
João Ubaldo Ribeiro Brasil
Alain Robbe-Grillet Francia
Salman Rushdie India/Reino Unido
Nawal El Saadawi Egipto
Hanan al-Shaykh Líbano
Nihad Sirees Siria
Göran Sonnevi Suecia
Susan Sontag Estados Unidos
Wole Soyinka Nigeria
Gerold Späth Suiza
Graham Swift Reino Unido
Antonio Tabucchi Italia
Fouad al-Tikerly Irak
D. M. Thomas Reino Unido
Adam Thorpe Reino Unido
Kirsten Thorup Dinamarca
Alexander Tkachenko Rusia
Pramoedya Ananta Toer Indonesia
Olga Tokarczuk Polonia
Michel Tournier Francia
Jean-Philippe Toussaint Bélgica
Mehmed Uzun Turquía (Kurdistán)
Nils-Aslak Valkeapää Sápmi
Vassilis Vassilikos Grecia
Yvonne Vera Zimbabue
Fay Weldon Reino Unido
Christa Wolf Alemania
A. B. Yehoshua Israel
Spôjmaï Zariâb Afganistán
Fuente: wikipedia.

domingo, 28 de octubre de 2012

KAFKA FRANZ.

Los talentos / Hoy, Franz Kafka
Los manuscritos perdidos del señor Kafka
Por Marcos Aguinis | LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/1521377-los-manuscritos-perdidos-del-senor-kafka

Cinco minutos antes de que los nazis cerrasen las fronteras de Checoslovaquia, en el último tren que salía de Praga, pudieron fugar los principales manuscritos de uno de los referentes máximos de la literatura moderna, hasta entonces poco conocido. El épico salvataje fue realizado por Max Brod. Los papeles pertenecían a Franz Kafka, su mejor amigo.

Ambos habían deseado instalarse en Tierra Santa. A Kafka lo detuvieron las cadenas de su tuberculosis. Brod recién decidió dar el gran paso cuando se tornó fulminante el avance del nazismo. Antes de morir, en un gesto coherente con la asfixia y el estupor de sus personajes, Kafka imploró que todos sus cuentos, novelas, cartas, ensayos, borradores, diarios y dibujos fuesen quemados. Era una prueba de autoodio, o de escepticismo, o de venganza. Pero también podía haber funcionado una visión profética que le permitió ver las hogueras que transformarían en cenizas los libros judíos y él habría optado -con la valentía de los lejanos héroes de Massada que conoció en sus estudios de historia-, en no darles ese placer a los verdugos. En Massada habían resistido varios centenares de judíos a la demolición que los romanos aplicaban a su país y, ante la derrota inminente, prefirieron darse la muerte entre sí mismos que ser degollados por los invasores.

Son conocidos los méritos de Max Brod. No sólo desobedeció a su amigo para salvarle la herencia y convertirlo en un punto cardinal de la literatura planetaria, sino que escribió mucho sobre él y se esmeró por difundirlo con pasión. Aún no apareció el libro que describa con suficiente fuerza el conflicto que ardió en el corazón de este hombre, conminado a decidir entre dos voluntades: la de su amigo y la de su conciencia de escritor. Gran parte de los manuscritos fueron a resguardarse en la Bodleian Library de Oxford. Pero un considerable remanente continuó en manos de Max Brod hasta su fallecimiento en 1968. Era un tesoro inquietante y, también, el recuerdo de la traición con que inmortalizó a su admirado amigo. La secretaria de Brod, Eva Hoffe, se ocupó de conservarlo, desobedeciendo a su jefe, que ya deseaba ponerlo al alcance del público. Esta desobediencia no fue tan altruista como la de Brod en su momento, porque en lugar de poner ese material precioso al alcance de lectores e investigadores, lo guardó en seguras bóvedas de bancos suizos e israelíes. Una porción fue vendida al Archivo de Literatura Germánica de Marbach por una considerable suma de dinero. Las hijas de Eva pretendieron seguir ese ejemplo egoísta.

Lo notable de semejante e infrecuente historia es que reproduce el clima creado por el mismo Kafka en casi todas sus obras. El adjetivo "kafkiano" -del que se hace uso y abuso- calza perfectamente. Hubo un juicio. El juicio fue tan largo como en El Proceso, porque se dilató por décadas. El final parecía haberse acercado cuando la justicia israelí falló en favor de la Biblioteca Nacional con sede en Jerusalén. Iba a ser un final glorioso. Pero como se trata de un asunto "kafkiano", la única hija sobreviviente de Eva Hoffe anunció su voluntad de apelar. Es decir, aún queda abierta la cuestión. Sigue el clima de incertidumbre. Y angustia.

Dora Diamant fue una periodista que conoció Kafka en una colonia de vacaciones judía. Provenía de una familia ultraortodoxa, de la que huyó en busca de oxígeno. Pero mantenía su entusiasmo por la cultura judía, que compartió con Kafka durante años. Se instalaron en Berlín. La paz no duró mucho tiempo, ya que los pulmones afectados del escritor lo obligaron a regresar al detestado hogar paterno de Praga. Dora, sin embargo, se convirtió en el custodio de veinte cuadernos y treinta y cinco cartas que finalmente le confiscó la Gestapo en 1933 en uno de sus asaltos iniciales. Aún sigue la búsqueda de este material, cuyo destino da lugar a especulaciones fantásticas, como no podía ser de otra forma.

Franz Kafka fue un joven idealista interesado por el socialismo, el anarquismo y el sionismo. Estudió hebreo y asistía con fervor al revolucionario teatro en idish de Praga. Como si hubiese desplazado a su literatura la prohibición de pronunciar el nombre de Dios, jamás incluyó la palabra judío en sus obras. La excluyó obstinadamente. Constituye otro de los misterios sobre los que no se han podido poner de acuerdo los exégetas. Es su sanctasantorum personal al que no tienen acceso los demás hombres. Igual que varios otros sanctasantorum que pueblan sus perplejizantes ficciones, donde el asombro reemplaza a la razón.

Antes de descubrir su vocación literaria, creyó estar destinado para las ciencias naturales, la historia del arte y la filología alemana. Terminó cursando Derecho, donde tuvo como maestro a Alfred Weber, hermano de Max Weber. Fue quien lo introdujo en los claroscuros de deshumanización que aparecían en la sociedad industrial, le dirigió la tesis doctoral y ejerció un importante influjo al hacerle percibir las contradicciones entre el progreso y la dicha.

La personalidad compleja de Franz Kafka desalienta cualquier intento de abarcarlo en su totalidad. Temía ser percibido de forma repulsiva pese a su aspecto pulcro y austero, su veloz inteligencia y un frecuente sentido del humor. Tenía los ojos potentes para ingresar en el mundo oscuro y percibir los desconciertos humanos. Pero cuando leía algunos de sus capítulos a los íntimos, les hacía soltar carcajadas. Alternaba los encuentros sociales con espacios compactos de soledad, como los que vivió en un pequeño cuarto del imponente castillo de Praga, en la callejuela de los alquimistas, donde aún hoy pareciera venir a nuestro encuentro con el peinado de su abundante cabello oscuro con raya al medio, mirada triste, pómulos enflaquecidos por su enfermedad, orejas abiertas a todos los sonidos y labios soñadores que guardan muchos secretos.

Su primera novela, Beschreibung eines Kampfes (Descripción de una lucha), habla de los conflictos internos que el narrador despliega en primera persona ante otro personaje. Expresa la inseguridad vital permanente por la intromisión de lo improbable en lo probable, de lo fantástico en lo real. Fue un milagroso anticipo de toda su obra, como si ella ya hubiese sido escrita antes de su propio nacimiento. Borges lo admiró tempranamente y fue uno de sus primeros traductores. Lo comparó con Zenón de Elea, cuyas paradojas y aporías trataban de demostrar que las sensaciones del mundo son ilusorias. Uno de las más populares relatos de aquel sofista fue la carrera entre Aquiles ("el de los pies ligeros") con una tortuga. Los sofismas pueden ser finalmente destruidos, pero nunca cesan de provocar la inquietud de que mucho se nos escapa del claro entendimiento. Y ahí reside el más grande yacimiento de la literatura que no cesa de explotarse, desde los cuentos infantiles hasta las creaciones del realismo mágico.

No es casual la sorpresa que produjo la transformación en un escarabajo gigante del aburrido viajante de comercio Gregor Samsa en La metamorfosis. Allí se trenzan la realidad cotidiana con una insondable distorsión de los sentidos. Pero también nace una desembozada forma de expresar los abismos de la imaginación. Por eso, Franz Kafka no sólo quedó instalado en la galería de los genios, sino que voló hacia la galaxia de los mitos.

Ahora, el mejor homenaje que se puede rendir a este autor universal es que buena parte de los escritos dibujados por su mano residan en Jerusalén. Es como llevar a Jerusalén a los inolvidables héroes de Massada..

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ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA GRIEGA (ss. vni a.C.-τν d.C.)SELECCIÓN E INTRODUCCIÓN DE CARLOS GARCÍA CUAL Y ANTONIO GUZMÁN GUERRA

  INTRODUCCIÓN  Pervivenda de la literatura griega «Una misma ola desde Troya ondula su grupa hasta noso tros» escribió Saint-John Perse Una...

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