Sigmund Freud
Obras
completas
Sigmund
Freud, 2001
Traducción:
Luis López Ballesteros y de Torres
Editor
digital: Titivillus
ePub
base r1.2
PRÓLOGO
A LA PRESENTE EDICIÓN
Al
cumplirse el cincuentenario de nuestra primera edición de las Obras Completas
de Sigmund Freud, y con motivo de haberse publicado, a título póstumo, muchos
trabajos del profesor vienés todavía inéditos, Biblioteca Nueva inicia con este
primer volumen una nueva edición definitiva de la magna labor científica
desarrollada por el creador del psicoanálisis.
Esta
nueva edición se ha orientado a ordenar cronológicamente toda la obra de Freud,
de acuerdo con el criterio sustentado por la edición inglesa a cargo del doctor
James Strachey y de la doctora Ana Freud, hija y continuadora de su padre en la
investigación psicoanalítica. Esta tarea ha sido encomendada al médico
psicoanalista chileno Jacobo Numhauser Tognola, que ha efectuado las correcciones,
modificaciones y agregados que las nuevas investigaciones sobre la obra
freudiana aconsejan.
Al
propio tiempo, el doctor Numhauser ha redactado, junto a los centenares de
notas, de diverso género, contenidas en nuestras precedentes ediciones, para la
presente, otras no menos expresivas, que figuran en el texto señaladas con
asteriscos.
En
esta edición, inexcusablemente figura el prólogo que a la primera de 1922
suscribió el filósofo español José Ortega y Gasset, quien fue, precisamente, el
que propuso a Biblioteca Nueva la magna empresa de enriquecer la bibliografía
en lengua española con la magistral versión del traductor Luis López
Ballesteros y de Torres, y que tan elogiosos comentarios críticos motivó por
parte de Sigmund Freud en la carta que insertamos en el presente volumen.
También
hemos de expresar, una vez más, nuestro reconocimiento a los doctores José
Germain y Ramón Rey Ardid por su respectiva aportación a las anteriores
ediciones de las Obras de Freud.
Para
un mejor estudio y valoración del acervo científico freudiano, el ilustre
doctor Juan Rof Carballo aporta un estudio de orientación general y particular
para este volumen primero, que será complementado en volúmenes sucesivos.
En
este tomo primero hemos incluido todos los escritos psicológicos de Freud hasta
la aparición, en 1905, de El Chiste y su
relación con lo inconsciente.
Además,
en la presente edición figura una selección iconográfica del autor y varias
ilustraciones más, directas o marginales, relacionadas con su obra y procedentes
de la historia del arte universal.
PRÓLOGO
A LA PRIMERA EDICIÓN
1922
La
BIBLIOTECA NUEVA se propone publicar, vertidas al castellano, las obras
completas del gran psiquiatra vienés Sigmund Freud. La empresa me parece sobre
manera acertada y contribuirá enérgicamente a atraer la atención de un público
amplio sobre los asuntos psicológicos. Han sido, en efecto, las ideas de Freud
la creación más original y sugestiva que en los últimos veinte años ha cruzado
el horizonte de la Psiquiatría. Su aparición motivó ardientes y dilatadas
polémicas. En torno a Freud se fue formando un tropel cuantioso de discípulos y
fieles, que propagaron por todo el mundo la nueva fe, fundaron revistas,
anuarios y bibliotecas. La claridad, no exenta de elegancia con que Freud
expone su pensamiento, proporciona a su obra un círculo de expansión
indefinido. Todo el mundo —no sólo el médico o el psicólogo— puede entender a
Freud y, cuando no convencerse, recibir de sus libros fecundas sugestiones.
Como
en el orden de la funcionalidad corporal o fisiológica casi todos los grandes
progresos durante el siglo XIX han sido debidos a los médicos, esto es, a la
necesidad inaplazable de curar al enfermo, así estas teorías psicológicas se
han originado en la urgencia clínica del psiquiatra. Los laboratorios aportaban
escasísimos recursos al médico para actuar sobre las enfermedades propiamente
mentales, a las que no se ha logrado descubrir una base de perturbación
somática. Muy cuidadosa la investigación de la exactitud en los métodos que empleaba,
prefería ser fiel a ellos, que ensayar audazmente procedimientos empíricamente
eficaces. Así quedaba demorado todo avance clínico hasta las calendas griegas.
Freud
tuvo la osadía de querer curar, cualquiera que fuese la castidad lógica de los
procedimientos. Para ello se resolvió a tomar en serio el carácter de
«mentales» y no somáticos, que se atribuye a ciertos trastornos. Pensó que, en
verdad, la psique, como tal, podía hallarse valetudinaria, sufrir heridas
psíquicas, padecer como hernias espirituales, a que sólo podía aplicarse una
cirugía psicológica. De aquí nació la PSICOANÁLISIS, terapéutica de sesgo
extraño y dramático, que en tomos sucesivos hallará expuesta el lector.
De
tal propósito surgió para Freud la necesidad de elaborar todo un sistema
psicológico, construido con observaciones auténticas y arriesgadas hipótesis.
No hay duda de que algunas de estas invenciones —como la «represión»— quedarán
afincadas en la ciencia. Otras parecen un poco excesivas y, sobre todo, un
bastante caprichosas. Pero todas son de sin par agudeza y originalidad.
Lo
más problemático en la obra de Freud es, a la vez, lo más provechoso. Me
refiero a la atención central que dedica a los fenómenos de la sexualidad. Para
Freud, neurosis y psicosis son perturbaciones engendradas por conflictos
sexuales de la infancia. Freud amplía notablemente el concepto de la sexualidad
que suele llamar «libido», pero aun así, ¿no deja su obra siempre la inquietud
de que se nos invita a aceptar una hipótesis desmesurada? Sin embargo,
cualquiera que sea la medida dentro de la cual este sexualismo psiquiátrico de
Freud puede considerarse verídico, ha servido para que, al cabo, entre la
ciencia a ocuparse seriamente del erotismo, tradicionalmente cerrado a la
investigación. Lo que hasta ahora podría decirse de la LIBIDO era tan poco, que
contrastaba absurdamente con la innegable importancia de esta función biológica
dentro de la vida psíquica.
La
necesidad de descubrir los escondrijos del «alma» donde vienen a ocultarse esos
tumores afectivos, generadores, según Freud, de las enfermedades mentales, le
llevó a penetrar en el territorio de los sueños. Su libro sobre la vida de los
sueños es una de las producciones más interesantes del pensamiento
contemporáneo. En él desarrolla Freud la idea de que nuestra conciencia fabrica
constantemente símbolos de la sexualidad, a veces de una pureza sublime y de
una inmaterialidad platónica inefable.
El
descubrimiento de este símbolo permitió al médico de hoy extender su clínica a
los tiempos pasados y aplicar la psicoanálisis a los genios del pretérito, a
las mitologías, religiones y formas sociológicas.
El
libro presente es el más adecuado para introducir en el pensamiento freudiano a
las gentes curiosas que hasta ahora lo desconocían. Poco a poco se va viendo en
él aparecer el ingenioso edificio de observaciones y supuestos con que Freud
pone cerco al secreto palpitante de nuestra intimidad psíquica.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET
1922
PRÓLOGO
A LAS EDICIONES PRECEDENTES
La
finalidad de una edición de obras completas puede ser considerada desde
diversos puntos de vista. No sólo han de incluirse en estas colecciones los
clásicos, sino también autores modernos cuya producción, aún en plena madurez y
desarrollo, ha alcanzado tal amplitud y dispersión que exige una reunión en
volumen para ser mejor conocida y estudiada. De este tipo son muchas de las
obras completas últimamente publicadas. Por primera vez dan posibilidad al
lector para recorrer cuanto ha escrito un autor y leer muchos trozos inéditos y
obras agotadas, imposibles de encontrar.
Entre
aquellas obras completas de clásicos —que constituyen un homenaje a su memoria—
y éstas de autores modernos, que son, en gran parte, un instrumento más vivo,
una ayuda que se presta al estudioso, cabe situar otro tipo de edición: la que
se refiere a la producción total de un autor recientemente fallecido, con
objeto de reunir en ella su aportación original y de presentar así, en forma
cómoda y práctica, el legado histórico de su pensamiento.
A
esta categoría pertenece la serie de volúmenes que iniciamos hoy para presentar
en castellano las obras completas del profesor Sigmund Freud, fallecido en
Londres a los ochenta y dos años, aún en plena actividad intelectual.
Este
empeño se justifica primeramente por la importancia histórica que tiene el
pensamiento de Freud y por la necesidad de seguirlo en su desenvolvimiento a
través de sus publicaciones sucesivas. En este caso, una edición de conjunto
constituye una necesidad y representa verdaderamente una aportación de ineludible
valor. Como documentos científicos, donde se expone y desarrolla esta teoría
tan discutida, presentamos unidos los diversos tomos de la obra de Freud,
dándoles de esta suerte el rango y categoría que científica e históricamente le
pertenecen.
Por
otro lado, juzgamos oportuno presentar esta obra al público español y de habla
castellana, por considerar que ha llegado ya el tiempo en que, después de los
entusiasmos y de las críticas del primer momento, se hace posible y necesaria
una posición más serena y objetiva ante la extensa producción del profesor
Freud.
Ha
transcurrido tiempo suficiente para que sea lógica esa postura; pero, además,
son tantas las escuelas y disidencias que han ido surgiendo del primitivo
tronco psicoanalítico, y tan variadas las críticas que se han hecho a la
doctrina, que bien vale la pena presentar todos los documentos originales
reunidos para estudiarlos con serenidad en cada caso. De este modo podremos
saber cuándo debemos dar la razón a la crítica, cuándo a la propia teoría primitiva,
cuándo, en fin, a alguna de las escuelas disidentes.
No
intentamos sentar posición; únicamente aspiramos a que la pulcritud de nuestro
trabajo y la buena intención de nuestro esfuerzo sean reconocidas y apreciadas
por todos.
Conviene
hacer resaltar que el término «psicoanálisis» se aplica, en realidad, a tres
cosas diferentes:
1.a
A un método de investigación mediante
el cual las regiones más íntimas y ocultas del espíritu pueden ser puestas en
evidencia y estudiadas. Esto puede considerarse —según Moodie— como la
disección de la mente y el estudio de su anatomía.
2.a
Una teoría que se elabora con los
resultados de este análisis, llevado a cabo en muchos casos semejantes que se
estudian comparativamente para poner en evidencia rasgos y reacciones características
en cada uno. De esta suerte se elabora una verdadera fisiología de la mente y se señalan las normas de su
funcionamiento. Es la teoría psicodinámica del desarrollo de la personalidad.
3.a
Una técnica de aplicación que tiene
por finalidad adoptar el método analítico —conocida la estructura de la mente y
su funcionamiento— al tratamiento de los desequilibrios del espíritu. Esta
acción terapéutica a través del
inconsciente es la que verdaderamente ha de llevar el nombre de técnica
analítica o de psicoanálisis.
En
un principio, como es natural, la investigación y la teoría estaban
forzosamente entremezcladas con la aplicación; esto es, con la actividad
práctica curativa que de la teoría se desprendía. Cada enfermo era entonces
sujeto en tratamiento y objeto de estudio.
Con
el tiempo, sin embargo, la separación se ha establecido, y hoy día estamos en
el momento histórico en que ambos caminos, al deslindarse, permiten ser
recorridos con cierta independencia.
Por
ello es conveniente que la posición primitiva de Freud sea exactamente conocida
y estudiada, y por eso juzgamos conveniente esta contribución que hacemos a la
información bibliográfica nacional.
Tanto
si se es ortodoxo en estas cuestiones como si se sigue un camino opuesto o
diferente, dentro del cauce de alguna de las escuelas disidentes, el poseer
reunida en un volumen la obra completa de Freud resultará, más que una ventaja,
una verdadera necesidad.
El
ortodoxo precisará de esta fuente para no apartarse de la línea trazada por el
maestro; el disidente, para fundamentar mejor las razones de su disidencia, y
el que no acepta la doctrina, para estudiar en ella la causa de su posición.
Este
mejor conocimiento de unos y de otros servirá para separar aún más claramente
la teoría psicoanalítica —que para evitar confusiones debemos denominar teoría
psicodinámica del espíritu— de las aplicaciones prácticas; esto es, del
análisis o psicoanálisis propiamente dicho.
Ello
contribuirá grandemente a hacer desaparecer muchos prejuicios que alrededor de
estas cuestiones se han ido elaborando al correr de los años.
Estos
prejuicios son de dos órdenes. De un lado existe la repulsa que el contenido
mismo del psicoanálisis ha suscitado en el mundo en general, y que se explica
como reacción subconsciente del individuo ante la penetración de su vida
íntima, que le molesta y le desconcierta. De otro, la no aceptación desde un
plano más elevado y por razones fundamentalmente morales de una teoría y de una
técnica que no encajan exactamente dentro de la trayectoria cristiana de
nuestro pensamiento.
Respecto
al primer punto, podemos contestar con los mismos psicoanalistas, sean o no
ortodoxos, diciendo que se trata de un mecanismo de defensa primitiva que es
precisamente necesario analizar para aclararlo y hacerlo desaparecer. Hasta qué
punto esto es cierto, es asunto que no intentamos puntualizar, ya que nuestra
postura hoy es fundamentalmente expositiva.
Para
contestar al segundo punto recurrimos a la autoridad del padre Gemeli, rector y
profesor de la Universidad Católica de Milán y presidente de la Academia
Scientiorum del Vaticano. Este ilustre profesor y hombre de ciencia considera
que el psicoanálisis debe ser estudiado con espíritu claro y ecuánime por el
psicólogo e interpretado con un sentido cristiano. Lo mismo que los
escolásticos hicieron de Aristóteles un filósofo cristiano, así, hoy día,
podemos hacer que cuanto hay de útil en la doctrina de Freud sea aplicado con
equilibrada mesura al mejor conocimiento de la mente humana. Con ello habremos
ayudado al progreso de la ciencia y beneficiado al enfermo.
En
estos momentos existe una razón más que explique y justifique esta publicación,
y es la boga que están adquiriendo en los laboratorios de psicología y en las
clínicas psiquiátricas las llamadas técnicas o test proyectivos. Estos test
se basan en la interpretación psicodinámica de la mente humana. Manejarlos sin
haber estudiado previamente la teoría psicoanalítica es, indudablemente,
cometer un grave error. Muchos de estos test
han llegado a nuestros laboratorios y clínicas. Entre ellos podemos citar el
Rorschach, el «Thematic Apperception Test», el «Picture Frustration Test», el
«Minnesota Multiphasic Personality Inventory» y tantos otros. Creemos rendir un
serio y señalado servicio a los psicólogos y psiquiatras españoles dándoles
ocasión para documentarse debidamente antes de abordar este tipo de exploración
psicodinámica de la personalidad.
Esto
por sí solo justifica la necesidad práctica de esta edición.
En
cuanto al aspecto más general de la doctrina —el que se refiere al contenido
del pensamiento freudiano—, no cabe duda de que el poseer reunidos en tres
volúmenes y ordenados cronológicamente todos los trabajos de Freud facilitará
grandemente su estudio y permitirá abarcar debidamente el alcance de esa
doctrina, sus limitaciones y también sus errores. Pues si «en gran parte
debemos a Freud y a sus discípulos —como ha escrito el padre T. Moore— el que
la psiquiatría comience a reconocer la importancia que tiene, desde un punto de
vista psicológico, el comprender al paciente»,
también hemos de reconocer que, «desgraciadamente, Freud y su escuela no han
intentado desarrollar una psicología empírica sana».
Al
clínico le corresponderá resolver con tacto y habilidad el problema en cada
caso, ya que, como ha dicho también el padre Moore, siempre es posible infundir
una moral cristiana dentro de cualquier sistema psicoterápico, puesto que
—volvemos a insistir— una cosa es la teoría y otra la aplicación práctica.
Finalmente,
podemos decir que también ha llegado el momento de separar la doctrina del
hombre. Muerto éste, puede ya trazarse su trayectoria como hombre, como
científico, sin que los juicios que merezca —apasionados en uno y otro sentido,
como han sido hasta ahora— influyan en modo alguno sobre la doctrina por él elaborada.
Depurada de prejuicios y aislada de la aplicación práctica o psicoanálisis,
debe ser estudiada con serenidad y objetividad por psicólogos y psiquiatras.
«La
importancia de Freud no está en haber creado y enseñado el psicoanálisis con su
completa y discutible técnica y, sobre todo, con esa fanática superestructura
teórica —dice el padre Gemeli—, sino en ser el primero que ha dicho que para
conseguir una psicología verdadera se precisa comprender las acciones humanas
en su génesis y en su desenvolvimiento».
Freud
ha estado durante cuarenta años trabajando ocho y diez horas diarias,
analizando caso tras caso y elaborando al mismo tiempo sus teorías. Antes de
criticar debemos considerar cuál es la propia experiencia de los expertos y
pensar si la postura honesta no es la de acercarse sin prejuicios a la obra y
considerarla con claro espíritu científico. Después, libre está cada cual de
fijar su posición.
Aún
es pronto para decir cuántos elementos de su doctrina se incorporarán a la
psicología del futuro; pero lo que no podemos menos de admitir es que Freud ha
abierto un nuevo camino a la investigación psicológica y elaborado una
interpretación dinámica del psiquismo que es de un alto valor práctico en la
clínica. «Las interesantes especulaciones y observaciones de Freud y de sus
discípulos —ha dicho Th. V. Moore— constituyen la escuela de psicopatología más
importante de nuestra época».
EL EDITOR.