Letanía del enfermo
El Maestro-pintor se sabe artista... en la taberna
Está en la barra del bar... abre el ojo perezoso...
está cansado… EL Maestro-Pintor está melancólico, hace un esfuerzo por
vigilar... toma en silencio un trago de whisky y observa unas monedas húmedas
en la barra del bar que nadie desea. Una música de fondo se escucha...
colores...visión en oros, fugas mortecinas...
A la taberna han llegado unos hombres de mediana edad, poseen lo erótico
en su caminado y en sus risas, los hombres se sientan a varios metros del
artista. De nuevo observa las monedas en la barra del bar... el cantinero las
mira y en vez de tomarlas las hace a un lado, las empuja a una esquina del
mostrador, a la sombra del olvido...
Sigue ingresando gente, unos hombres mayores con unas jóvenes beben
whisky. Rueda Cupido estúpido en cataratas, da saltos mortales, hace piruetas
pero, nadie lo observa, ni pone atención a sus razonamientos acerca del Amor. Cupido
se desliza por entre copas y botellas de licor, como un pequeño duende bordea
los vasos de whisky y de vino. El Maestro-Pintor le da un bofetón y lo lanza a
varios metros (Cupido desaparece como apareció). ¡ A nadie le importa lo que
sucede con el pequeño hacedor del Amor! El
Artista por momentos desea volver a su estudio y recordar su encuentro con
Verónica pero, algo lo conmina a estar allí de pie en el mostrador del bar, su
ojo de artista todo lo capta... siguen los cuchicheos en el ambiente, en esta hora
mefítica como el polvo de morfina: aletargante y de modorra.
El Artista escucha unas voces femeninas, un murmullo cerca de su oído,
¿es Verónica?... ¿escucha?... Se esparcen sedas por los cuerpos... Es fin de
semana... Y proliferan las jovenzuelas que ahora danzan en la pista de baile y
eso lo enerva de un sentimiento oscuro: tic tac... él ama a las Ninfas como el
Sileno que es… El Maestro-Pintor es un ninfo pero, él no lo sabe.
El hombre se acerca... se perfilan brillos y las penumbras están por
allí merodeando como un veneno... se escuchan las noticias. El Pintor observa,
todos observan en las grandes pantallas... se explica y se habla acerca del
último homicidio, un homicidio en el parque nacional de Charrara, ¡pero vos ya
todo lo sabés!
El pintor es envuelto en la penumbra y en luces estroboscópicas: siempre
lo envuelven, siempre lo motivan, el artista es una gruta enferma, un latido
entre dos mundos.
En el ambiente se escuchan las últimas noticias: existe una tormenta que
avanza hacia la República Confederada de Centroamérica. El Pintor se hace con
más modorra, no le importa la tormenta, ni los filtros de luz artificial en los
vitrales. Ahora se abandona con el pinchazo de morfina que su sangre ha
recibido como el beso de un vampiro.
Sigue ingresando gente al recinto... ¿qué miran sus ojos? Más
jovenzuelas... y un olor a manzana lo adormece... sabe que el spleen es efecto de la droga... Pero,
tampoco le importa saber si su sangre es embebida por la morfina: él se deja
arrullar, se deja ir en un balanceo delicioso y en un coro musical que golpea
los oídos.
El Pintor hace unos momentos pensó en retirarse pero, algo lo conmina,
lo doblega a quedarse, es maniatado; pide otro trago de whisky... ya no sabe ni
le importa cuántos tragos ha consumido.
Una jovenzuela pasa a su lado, otra jovenzuela le roza su enorme culo
por la bragueta, es un flash de deseo diminuto que por momentos se agiganta...
el pintor se asume una bestia mítica.
Aumenta la brisa fuera de la Torre: es el aliento del Gigante... él lo
percibe porque el viento se escucha silbar fino, delgado por entre los vitrales
como cien cuchillos rondando el aire.
Todos en la taberna observan las grandes pantallas, dan la noticia que
un temporal continúa su avance y amenaza el territorio centroamericano...
Unas jóvenes le miran a varios metros: sentadas toman cerveza... el
Pintor se recuerda de Verónica en el estudio arqueando su cuerpo y el jugueteo
con la pantaleta en sus manos... pero, también rondan otras imágenes: una mujer
maquillada en una cama, - la perfección y la ira- ... cierra los ojos... y en
una montaña rusa y de placer se abandona.
Ahora
escucha a las jóvenes dialogar... la joven le mira... ríe con las amigas... el
Pintor observa en flash... la joven se levanta y llega hasta él... ¿bailan? Ella
deja caer el peso de su cuerpo en su pecho y él siente una tibieza en su sueño
invernal. Él la aprieta contra su pecho y la noche es una llaga, es una lámina
insensible de placer rodando por el horizonte infinito. El artista siente la
piel de la joven, siente su poro, el Universo estalla,... él desea decir “algo”
pero, no atina a decir palabra; ella es una fina imagen pegada a su cuerpo,
algo que se desliza tibio y perfumado. El siente los poderosos muslos al ritmo
de la música... ella aprieta su mano... una sudoración como un fino deseo de
memorias antiguas los envuelve. A cada giro, ritmo y movimiento puede sentir su
pelo lacio en su cara como una cortina de alientos fríos, siente la respiración
de ella, sus movimientos firmes y acompasados con la música pero, es un
contoneo triste y malsano. Él se sabe en abandono como una daga tirada en la oscuridad!
Flash!
Las brumas de los dorados mojan el lugar... nadie lo entiende, solo el
Pintor que mira por los grandes vitrales la noche caer en más noche. Un murmullo
a modorra envuelve el lugar. El Pintor es un Sileno y un Ninfo, pero también es
un ogro; y él lo sabe.
El Artista es un Hombre y sueña... él las mira pero, no dice nada, está
con su boira y obsesiones... más allá está el cantinero quien habla con otro
grupo de jóvenes, las luces parpadean, los corpúsculos de luz se hacen
presentes en una convocatoria de malicias y de espejos fingidos... Continúan
los diálogos... continúa el monólogo del Pintor...
El Pintor desea pronunciar unas cuantas palabras zalameras a las
adolescentes pero, la lengua se le entume y un sabor de venenos agridulces le
impide que las vocales salgan de su garganta... no se contiene, esa no es su
voluntad, él se revela: ¡Sin embargo, las palabras se le amontonan en el cerco
de sus dientes: no saltan al vacío!
Adentro de la Torre y del bar giran sedas y dorados y, un gusto a carnes
frágiles y perfumes cree tocar y percibir con la yema de sus dedos ahora que ha
dejado de bailar con la joven. ¡Todo es posible con el pensamiento!
Afuera se inicia una danza de la llovizna! ¡Nadie desea salir del bar
Unicornio! ... llueve en mini partículas... la lluvia ácida contamina todo. Es una perspectiva única desde el piso 54: son
volutas que en vez de ascender... caen, se precipitan en serpentinas de plata,
en mini partículas de agua, es una cortina de argento que cae y que en su caída
envuelve a los demás edificios... y más abajo: la ciudad de la gente, la ciudad
de las prisas y de las confusiones, la ciudad babélica.
El Pintor camina hasta el gran ventanal, los dorados están ahora junto a
él, estallan frágiles en su rostro. Unas jóvenes observan al hombre y no al
Artista. Una muchacha muy cerca del pintor atisba – al igual que él - del cómo
allá abajo la noche muere precipitando más noche. La muchacha mira una fila de
vehículos, un serpentear luminoso que por momentos se hace borroso con los
vientos traídos y las lluvias contaminadas.
Quizá no hace frío pero, el Pintor cree tener un airecillo fresco que le
sube por la espalda... la joven deja el gran ventanal... Cupido ya no está...
los hombres mayores continúan conversando con las mujeres y el grupo que está
con el cantinero observa al Pintor... el Pintor piensa en las monedas de la
barra del bar...
La joven habla con las demás muchachas, son el grupo que está con el
cantinero. Ella les habla de las nubes de monóxido de carbono y de azufre que
por momentos se retiran hacia las montañas y que siempre rodean la ciudad como
una corona de aliento tóxico.
Son las 9 pm y la lluvia continúa ahora más leve: ahora la lluvia se
precipita en alfileres de plata que caen perpendiculares allá abajo en donde
todo es caos, en donde todo es inarmónico, violento y malicioso como acá arriba
en la Torre pero, acá en la Torre la violencia adquiere un hálito sutil. Un
descenso – ascenso que embrutece todo sin que nadie pueda evitarlo...
El Pintor piensa en los asesinatos... el Pintor piensa en la joven que
llega a su estudio… ¿cómo es ella en realidad?
El Pintor piensa en las últimas imágenes proyectadas por medio de la
Deep Web del campus universitario y la joven colocada como la naturaleza muerta
que es y... él ama lo que hace y lo que pinta... él es un ogro afable y también
un asesino que todo lo puebla.
El Artista cierra los ojos ahora que empina el vaso con una bebida
alcohólica, siente quemante el líquido descender por su garganta, los fluidos,
el fluido... ¿Quién es Verónica?
Ahora todo se cumple en azules metálicos, en una luz que violenta los
cristales porque allá en el horizonte se escapa un Luna mediocre y de plata,
torpe, debilucha que llega hasta él, que llega hasta la piel de las
adolescentes en el bar...
Desde la gran torre Morpheus se puede percibir la ciudad de San José con
sus neblinas e igual desde otras torres, la Torre Morpheus se ve envuelta en el
velo fino y oscuro de la contaminación. Los otros, observan la lluvia cómo
golpea los grandes vitrales del bar. El Sol hace varias horas inició perezoso
su ocultamiento, se presume que fue el Sol porque, su luz era mínima en los
dorados que proyectó ahora en la pared. Es una bola color naranja pálida, de
brillos ocres que ingresó con dificultad al piso 54 en donde está la discoteca
y el bar Unicornio.
Ahora el Pintor está obsesionado con unas
adolescentes quienes danzan en la pista de baile... juntan sus cuerpos... el
Pintor las mira y resopla adormilado... desearía llevarlas al estudio para
captar en el lienzo las imágenes: los arcos y curvas de sus caderas, el color
pálido de sus carnes, las cataratas lisas de sus cabellos, el iris de sus ojos recogidos
en un haz de luz ... atragantarse de sus carnes y miradas, saborear sus salivas
en su lengua como el néctar de Eros.
El Pintor tiene sed pero, no es una sed corpórea... mira acá y acullá...
todo es una fuga o una piel que se desliza en un delirio constante, en un
murmullo, en un éxtasis doloroso y satisfactorio. El Pintor mira formas, ahora
se sabe que es un enano y un gigante a la vez... y también es un minotauro que
busca la caverna. ¡Todo es fuga de un deseo oscuro e irrefrenable!
Al Pintor le gusta tocar la piel de la mujer: deslizar la yema del dedo
por la curvatura de sus nalgas. El Pintor observa... es un voyeur y un
asesino... introduce sus manos en el gabán y siente el estilete de plata: fino,
delgado... ¿Qué hacen las jóvenes? ¡Danzan! No bailan... ¡Danzan! Es la unión
perfecta de dos cuerpos... el Artista lo sabe y siente envidia y una leve
erección anuncia a Eros arrodillado.
El Artista tamborilea los dedos y uno de sus ojos rueda por el claroscuro
buscando el rayo de luna que ahora se desliza por entre las mesas golpeando
vasos, botellas, espejos, vajilla de plata... buscando a las adolescentes...
¿Huele sus carnes dulces, sus cuerpos tibios? ¿A qué huelen sus cuerpos? ¿A qué
huelen sus sexos? ¡Narcósis!
No hay ocultamientos: Eros de nuevo trae a
escena a Cupido... ¿lo trae? Las jóvenes danzan y mientras bailan más aprietan
los cuerpos en su danza y deseo... Para el Pintor todo es memoria en colores,
luz opaca en formas... éxtasis...
El Pintor suspira melancólico mientras la lluvia en alfileres llega al
suelo... A un parpadeo del ojo el Pintor escucha la música, mira a las jóvenes danzar
en el claroscuro, juntar sus bocas y sus lenguas. La elipsis del Tiempo se
desliza sobre sus dedos y junta aún más los cuerpos de las jóvenes.
El Artista se derrumba en venenos, y su semilla rueda en tierra
estéril... En el bar Unicornio el aire posee un olor a sexo en fuga pero, nadie
lo percibe, solo el artista... y quizá las mismas jóvenes que en su bamboleo se
aprietan las cinturas y juntan sus bocas y sus salivas de nuevo...
La gente observa la lluvia desde la
Torre y... un relámpago sacude el cielo, rasga el horizonte de plata y de un
azul enfermizo. La gente deja hacer a la pareja, la ignora por unos
instantes... Unos rayos azules en el bar Unicornio son más débiles, comienzan a
desaparecer detrás de unas cucharas y servilletas, a nadie le importa su huida
–menos a las jóvenes que bailan en un solo cuerpo, en una piel única en donde
el poro se abre a un sudor de Cupido... todos ignoran... solo el Pintor observa
a la pareja... observa la Belleza de formas y siluetas y del cómo ahora toma
otras tonalidades y colores el espacio de los cuerpos...
El Pintor no sabe qué pensar... lo agobia el spleen... ¿Dónde están sus pinceles? El Artista se sabe un único
ojo... ha bebido, paga con un billete los tragos de whisky que ha consumido, el
cantinero no dice nada, no comenta sobre la prisa que posee el hombre... el
artista es un único ojo que todo lo recreará apenas pise el estudio. Sigue
lloviendo, sigue la modorra haciéndose un spleen
que todo lo abarca y consume. La morfina continúa en su cuerpo como el
vampiro en la noche.
El Pintor de nuevo observa la pantalla, otra imagen: un informe del
Servicio de Meteorología: la tormenta XJK-32 avanza sin prisas.
En la pantalla se filtran otras noticias como por ejemplo: una tormenta
en el norte de África pero, allí no es una tormenta de lluvia sino de arena, en
los últimos siglos arde la arena del desierto de Marrakech se ha convertido en
el polvo demasiado fino y ardiente.
El Pintor observa una fotografía de una mujer de hace mucho tiempo atrás
en el desierto de Marrakesh: camellos, un horizonte de colores pasteles en
donde la tarde se derrumba en ocres... ¿quién es ella? Una turista desde
luego... otras imágenes en fuga... la enorme pantalla filtra más noticias... se
habla de más crímenes... el Pintor se siente insatisfecho y meditabundo...





