jueves, 26 de marzo de 2026

Fragmento. Novela. Inédita. Opereta del ciego o los 9 círculos de Eros.

 



¿Sileno asesinás por el simple deseo desbocado? ¿Cuál es tu memoria lenguaraz y fragmentada cada vez que empuñás la daga? Canta triste Sileno en tu animalidad consciente, en ese deseo impuro y anormal, canta tus tristezas, canta en esa memoria del deseo. Pobre Sileno abusador de sí mismo, buscando placeres como experiencia corporal intensa para afirmar su propia existencia inmediata.

¿A dónde vas con la ruta enferma de tus placeres, cuál es tu precio por el instante del goce? Quizá la pérdida y continuidad personal, tu aniquilamiento en tu propia memoria, en tus vínculos personales, en tu pobreza de lenguaje y de inquietud.

Eres la erosión moral y social en donde vos sos el único humillado en tu apetito carnal.  

Canta y danza en medio de tus regodeos obscenos de tu crimen… danza en medio del placer homicida, en el deseo y la frustración.

Danza en medio del poder y del dominio… danza Sileno maldito en medio de tu impotencia feroz. ¿Qué mirás de la joven? ¿Qué mirás de su piel y de sus pechos? Fundes en tu cuerpo el erotismo, el éxtasis sensorial y que tratás de amalgamar para apaciguar el jineteo del horror.

 

Eres un pobre fauno maloliente que tratás de disimular tu horror con vos mismo en la intensidad corporal del desfogue, reinterpretando tus maldades  piel con piel en la cima del monte. Eres el viejo fauno que nadie desea en los bosques.

Y sin embargo, cuando la posees sentís el alivio de un dios retirado, sentís que las fuerzas de la Naturaleza danzan alrededor tuyo y que entonces vos te adormecés en las fugas secretas de eros, y justificás el acto impúdico como la plenitud del dios ante la muerte.

Más, todas las criaturas del bosque te odian, te reprenden por tu juego impúdico y macabro. Y sabés que en el fondo sos inarmónico y defectuoso como todo monstruo. Eres un monstruo doliente y dolido que mirás a las ninfas en su corretear desnudas, incapaz de reconocerlas al otro lado del río como pequeñas diosas.

Demonio malicioso y menor del bosque deja de tocar tu flauta impúdica. Calla tu paso ante el paso de la Ninfa. Viejo Sátiro: eres el sátiro horroroso, no sos el fauno de orejas puntiagudas y con su cabeza llena de rizos dorados, de rostro juvenil y ojos brillantes. En vos no existe ninguna sonrisa pícara, en vos existe la agresión constante y el deseo del engaño.

Mírate viejo Sileno,  hoy estás adornado de hojas y bayas de un bosque negro, en donde tu uva no es dulce al paladar, sino amarga. En vos no se mira la fiesta del fauno, sino la fiesta del  horror. Toca tu flauta de madera e hipnotiza a ninfas y mujeres.

Y sin embargo, no existe gratificación en tu maldad porque todo es un espejismo construido por vos mismo, viejo sátiro, viejo sileno maldito, porque en tu maldad de posesión solo hay ficción de un triunfo o de una unión nunca deseada por la ninfa.

          En vos está la paradoja de lo vulgar porque cuanto más recorrés el bosque de la ninfa, más es tu dolor y tu deseo que nunca se sacia, ni se saciará jamás.

Viejo Sátiro, viejo Sileno, mírate del cómo te desintegrás ante la mirada de los demás, sucio, tambaleante y borracho en el bosque hasta caer dormido cerca de una fuente.

En vos el acto homicida y la posesión -junto al acto erótico- funcionan como transacciones en un cosmos perverso, en donde solo vos habitás y oh paradoja, al final sufrís, ¿verdad?

 

Mírate viejo Sileno, ahora en los parques públicos del siglo XXI. No, no has cambiado en el transcurso de los tiempos, ahora te camuflás como un hombre moderno, convertIdo en un humano que siempre asecha porque la transfiguración la tenés en la sombra de cada noche de humano a Sileno… allá en los bosques, en el parque Braulio Carrillo, en Charrara, en el jardín Botánico de la Universidad de Costa Rica. No, no escondás las marcas en la piel que te ha dejado cada herida secreta de las jóvenes asesinadas.

Vos pensás que el placer es moneda de cambio pero, no es cierto. No existe al final comercio, solo humillación de una venta simulada o de robar lo que nunca ha sido tuyo porque solo lo arrancás con violencia…

 

¿Qué sentís viejo Sileno después de la cópula, después del acto homicida? Quizá una excitación vulgar y un temblor agónico, sentís un poder ficticio de dominación temporal.

¿Sentis la adrenalina como un torrente o una catarata fluyendo dentro de tu cuerpo al primer contacto con su piel, cuando tocás las fronteras de lo prohibido? Y luego, el alivio de lo temporal, y el vacío y quizá la culpa o la indiferencia. ¿Remordimiento? No, no existe en vos el arrepentimiento, por el contrario, a los diez minutos estás pensando en tu nuevo coto de caza. Repasás el acto y las imágenes se contraponen y entonces, no recordás porque todo se fragmenta en tu memoria.

 Es el “rush”, la euforia inmediata, el deseo contenido que explota como un volcán enfurecido al primer contacto de ella. ¿Sonreís acaso buscando el nombre de la joven en una servilleta que ya no existe en tu bolsillo?

¿Qué sentís viejo y maloliente Sileno en la cama del bosque, ahora vacía y que sin embargo, conserva el olor y el sudor de ella y que, no podés asociar con una joven? Cuando te has inclinado a la caja de tus placeres solo mirás horror, humillación, frustración, y soledad.

¿Quién escucha la música de tu flauta en los parques? ¿Quién avanza hacia vos sostenido en penumbras? Recuéstate por un momento y cuenta tus llagas.

 

Ayer y hoy, en el bosque y en los parques a medianoche buscás una solución inmediata a tu lujuria y que sin embargo contiene la semilla de tu ruina y la continuidad de tus placeres te vuelven más bestia y animal, más el sileno de la antigüedad.

Pobre viejo Sileno, eres lo ambiguo: el canto y la danza del placer y la pérdida. Glorificás la violencia en donde en vos jamás habrá redención. ¿Escuchás el arroyuelo muy cerca de tu oído? La vida fluye en el agua pero, vos sos sombra, orilla sin nadie, orilla sin tiempo, orilla en soledad, la consumación trágica de tu propia identidad.

¿Qué es para vos el rito, viejo Sileno? Pulsión, transgresión, erotismo… son las palabras que ahora llegan a tu mente como dardos envenenados.

Afila la daga, afila el filo del cuchillo que por momentos introducirás  en el bajo vientre de la ninfa.

Fluye tu sangre como un río de venenos. Recordás inclinado oliendo su sexo, besando sus muslos internos, recogiendo su lencería como el trofeo de la degradación y de tu droga.

Fragmento. Novela. En producción. 

OPERETA DEL CIEGO O LOS 9 CÍRCULOS DE EROS.


lunes, 23 de marzo de 2026

Comentario crítico objetivo del Canto V del Infierno (La Divina Comedia) Dr. Enrico Pugliatti y J.Méndez- Limbrick

 


Comentario crítico objetivo del Canto V del Infierno (La Divina Comedia)

Introducción

Contexto y función del canto El Canto V sitúa al lector en el segundo círculo del Infierno, dedicado a los lujuriosos. Cumple una función doble: avanzar la trama del descenso de Dante y ofrecer una reflexión moral y estética sobre la pasión desordenada. Aquí se articula con claridad la doctrina del contrapasso y se presenta la escena más célebre y emotiva de todo el poema: el encuentro con Francesca da Rimini y la narración de su amor trágico.

Estructura y técnica narrativa

Organización y ritmo El canto sigue una progresión clara: entrada y juicio ante Minos, descripción del tormento, aparición de las almas, diálogo con Francesca y el colapso emocional de Dante. La alternancia entre descripción panorámica y monólogo íntimo crea un crescendo emotivo que culmina en la caída del poeta. La voz narrativa combina distancia moral (la doctrina) con empatía personal, lo que genera tensión entre juicio y compasión.

Temas y simbolismo

Pasión, culpa y justicia poética La lujuria se presenta como subordinación de la razón al deseo; el castigo —viento incesante— simboliza la inestabilidad y la falta de control. El contrapasso es ejemplar: el movimiento perpetuo reproduce la movilidad de los deseos que dominaron a los condenados. Además, el canto explora la memoria dolorosa y la nostalgia: el recuerdo de lo dichoso intensifica el tormento, como dice Francesca.

Personajes y caracterización

Minos, las almas y Francesca

  • Minos funciona como figura judicial arcaica: su gesto de enroscar la cola codifica la condena y aporta un tono mítico-ritual.

  • Las almas aparecen en masa, pero Dante selecciona nombres emblemáticos (Semíramis, Cleopatra, Helena, Paris, Tristán, Aquiles) para mostrar la universalidad del vicio y su presencia en la historia y la leyenda.

  • Francesca es el centro emotivo: su relato es sencillo, íntimo y persuasivo; su voz humaniza el castigo y provoca la reacción física del poeta. La escena establece a Francesca como símbolo de la víctima y del agente moral ambiguo.

Recursos estilísticos y poéticos

Imágenes, ritmo y tono Dante usa imágenes naturales (tormenta, bandadas de aves) para traducir estados pasionales en fenómenos físicos. La enumeración de nombres funciona como catálogo cultural que legitima la ambición enciclopédica del poema. El tono oscila entre la severidad doctrinal y la ternura lírica; la lengua se vuelve particularmente musical en el monólogo de Francesca, lo que explica su poder conmovedor.

Interpretación crítica y relevancia

Lectura ética y estética El Canto V es paradigmático por su capacidad de combinar teología, psicología y literatura. Desde una perspectiva ética, reafirma la visión medieval de la desmesura como vicio; desde la estética, muestra la maestría de Dante para transformar un episodio íntimo en alegoría universal. Críticamente, la escena de Francesca ha suscitado debates sobre la compasión del autor y la ambigüedad moral del poema: Dante condena el acto pero se conmueve ante la pasión, lo que abre lecturas feministas, psicoanalíticas y políticas sobre la voz de la mujer y la representación del deseo.

Conclusión El Canto V combina eficacia narrativa, riqueza simbólica y carga emotiva. Es un ejemplo paradigmático de cómo la Divina Comedia articula doctrina y experiencia humana, y por ello sigue siendo uno de los pasajes más estudiados y representativos de la obra. 

CANTO V

 

Así bajé del círculo primero

al segundo que menos lugar ciñe,                                         2[L1] 

y tanto más dolor, que al llanto mueve.                                3

 

Allí el horrible Minos rechinaba.                                          4[L2] 

A la entrada examina los pecados;

juzga y ordena según se relíe.                                                          6

 

 

Digo que cuando un alma mal nacida

llega delante, todo lo confiesa;

y aquel conocedor de los pecados                                         9

 

ve el lugar del infierno que merece:

tantas veces se ciñe con la cola,

cuantos grados él quiere que sea echada.                             12

 

Siempre delante de él se encuentran muchos;

van esperando cada uno su juicio,

hablan y escuchan, después las arrojan.                                15

 

«Oh tú que vienes al doloso albergue

‑me dijo Minos en cuanto me vio,

dejando el acto de tan alto oficio‑;                                       18

 

mira cómo entras y de quién te fías:

no te engañe la anchura de la entrada.»

Y mi guta: «¿Por qué le gritas tanto?                                               21

 

No le entorpezcas su fatal camino;

así se quiso allí donde se puede

lo que se quiere, y más no me preguntes.»                            24

 

Ahora comienzan las dolientes notas

a hacérseme sentir; y llego entonces

allí donde un gran llanto me golpea.                                     27

 

Llegué a un lugar de todas luces mudo,

que mugía cual mar en la tormenta,

si los vientos contrarios le combaten.                                              30

 

La borrasca infernal, que nunca cesa,

en su rapiña lleva a los espíritus;

volviendo y golpeando les acosa.                                         33

 

Cuando llegan delante de la ruina,

allí los gritos, el llanto, el lamento;

allí blasfeman del poder divino.                                            36

 

Comprendí que a tal clase de martirio

los lujuriosos eran condenados,

que la razón someten al deseo.                                              39

 

Y cual los estorninos forman de alas

en invierno bandada larga y prieta,

así aquel viento a los malos espiritus:                                              42

 

arriba, abajo, acá y allí les lleva;

y ninguna esperanza les conforta,

no de descanso, mas de menor pena.                                     45

 

Y cual las grullas cantando sus lays

largas hileras hacen en el aire,

así las vi venir lanzando ayes,                                                          48

 

a las sombras llevadas por el viento.

Y yo dije: «Maestro, quién son esas

gentes que el aire negro así castiga?»                                               51

 

«La primera de la que las noticias

quieres saber ‑‑me dijo aquel entonces­-

fue emperatriz sobre muchos idiomas.                                  54

 

Se inclinó tanto al vicio de lujuria,

que la lascivia licitó en sus leyes,

para ocultar el asco al que era dada:                                     57

 

Semíramis es ella, de quien dicen                                         58[L3] 

que sucediera a Nino y fue su esposa:

mandó en la tierra que el sultán gobierna.                            60

 

Se mató aquella otra, enamorada,                                         61[L4] 

traicionando el recuerdo de Siqueo;

la que sigue es Cleopatra lujuriosa.                                      63[L5] 

 

A Elena ve, por la que tanta víctima                                                64[L6] 

el tiempo se llevó, y ve al gran Aquiles                                65[L7] 

que por Amor al cabo combatiera;                                        66

 

ve a Paris, a Tristán.» Y a más de mil                                   67[L8] 

sombras me señaló, y me nombró, a dedo,

que Amor de nuestra vida les privara.                                  69

 

Y después de escuchar a mi maestro

nombrar a antiguas damas y caudillos,

les tuve pena, y casi me desmayo.                                        72

 

Yo comencé: «Poeta, muy gustoso                                       73[L9] 

hablaría a esos dos que vienen juntos

y parecen al viento tan ligeros.»                                           75

 

Y él a mí: «Los verás cuando ya estén

más cerca de nosotros; si les ruegas

en nombre de su amor, ellos vendrán.»                                 78

 

Tan pronto como el viento allí los trajo

alcé la voz: «Oh almas afanadas,

hablad, si no os lo impiden, con nosotros.»                          81

 

Tal palomas llamadas del deseo,

al dulce nido con el ala alzada,

van por el viento del querer llevadas,                                              84

 

ambos dejaron el grupo de Dido                                           85[L10] 

y en el aire malsano se acercaron,

tan fuerte fue mi grito afectuoso:                                          87

 

«Oh criatura graciosa y compasiva

que nos visitas por el aire perso                                            89[L11] 

a nosotras que el mundo ensangrentamos;                            90

 

si el Rey del Mundo fuese nuestro amigo

rogaríamos de él tu salvación,

ya que te apiada nuestro mal perverso.                                 93

 

De lo que oír o lo que hablar os guste,

nosotros oiremos y hablaremos

mientras que el viento, como ahora, calle.                           96

 

La tierra en que nací está situada

en la Marina donde el Po desciende

y con sus afluentes se reúne.                                                 99

 

Amor, que al noble corazón se agarra,

a éste prendió de la bella persona

que me quitaron; aún me ofende el modo.                            102

 

Amor, que a todo amado a amar le obliga,                           103[L12] 

prendió por éste en mí pasión tan fuerte                               104[L13] 

que, como ves, aún no me abandona.                                               105

 

El Amor nos condujo a morir juntos,

y a aquel que nos mató Caína espera.»                                 107[L14] 

Estas palabras ellos nos dijeron.                                           108

 

Cuando escuché a las almas doloridas

bajé el rostro y tan bajo lo tenía,

que el poeta me dijo al fin: «tQué piensas?»                                   111

 

Al responderle comencé: «Qué pena,

cuánto dulce pensar, cuánto deseo,

a éstos condujo a paso tan dañoso.»                                      114

 

Después me volví a ellos y les dije,

y comencé: «Francesca, tus pesares

llorar me hacen triste y compasivo;                                      117

 

dime, en la edad de los dulces suspiros

¿cómo o por qué el Amor os concedió

que conocieses tan turbios deseos?»                                     120

 

Y repuso: «Ningún dolor más grande

que el de acordarse del tiempo dichoso

en la desgracia; y tu guía lo sabe.                                         123[L15] 

 

Mas si saber la primera raíz

de nuestro amor deseas de tal modo,

hablaré como aquel que llora y habla:                                  126

 

Leíamos un día por deleite,

cómo hería el amor a Lanzarote;                                           128[L16] 

solos los dos y sin recelo alguno.                                          129

 

Muchas veces los ojos suspendieron

la lectura, y el rostro emblanquecía,

pero tan sólo nos venció un pasaje.                                       132

 

Al leer que la risa deseada                                                    133[L17] 

era besada por tan gran amante,

éste, que de mí nunca ha de apartarse,                                  135

 

la boca me besó, todo él temblando.

Galeotto fue el libro y quien lo hizo;

no seguimos leyendo ya ese día.»                                         138

 

Y mientras un espiritu así hablaba,

lloraba el otro, tal que de piedad

desfallecí como si me muriese;                                             141

y caí como un cuerpo muerto cae.                                       

 


 [L1]Al círculo donde se castiga el pecado de la lujuria.

 [L2]Minos, según la antigua mitología, después de haber reinado prudentemente en Creta, fue considerado como uno de los jueces infernales, junto con Radamante y Eaco (Eneida, VI, 432‑3), pero aquí Dante lo transforma en una fiera un tanto grotesca.

 [L3]Semíramis, nombre griego de una reina asiria famoso entre los medieva­les por su vida licenciosa y violenta. Para algunos representa en la Comedia el amor vicioso.

 [L4]Dido, reina de Cartago, rompió por su amor hacia Eneas la fidelidad de­bida a su antiguo marido Siqueo. Representaría el amor apasionado.

 [L5]Cleopatra, reina de Egipto (69‑30 a.C.), representaría el amor interesado, dadas sus relaciones con César y Marco Antonio.

 [L6]Elena, hija de Júpiter y Leda, causante de la guerra de Troya, representa­ría el amor ambicioso.

 [L7]Aquiles, el más célebre griego de la guerra de Troya, cuyo sitio en el In­fiemo, como amante de Polixena, no es tal vez el que más convendría a su figu­ra heroica.

 [L8]Paris, príncipe troyano, hijo de Príamo y raptor de Elena. Tristán, sobri­no del rey Marcos de Comualles y amante de Iseo, la mujer de éste último. Su historia fue celebérrima en la Edad Media.

 [L9]Francesca, hija de Guido da Polenta, señor de Rávena, y amigo de Dante; y Paolo Malatesta, hermano del marido de ésta, el feroz Gianciotto Malatesta, señor de Rímini, con quien Francesca había sido casada por motivos políticos alrededor de 1275. Como veremos, la propia Francesca narrará a Dante el amor desdichado que les ha condenado, en uno de los pasajes más bellos y co­nocidos de toda la Comedia. Toda la historia parece ser un ejemplo vivo de la teoría amorosa del «Dolce stil novo».

 [L10]Es decir, como apuntamos antes, del grupo de pecadores arrastrados por la pasión amorosa, no por la sensualidad a otras razones.

 [L11]El perso es un color mezcla de púrpura y negro (Convivixm, IV, XX, 2).

 [L12]Eco del verso de Guido Guinizzelfi: «Al cor gentil rimpaira sempre amore.»

 [L13]A Paolo.

 [L14]Descubierta, en efecto, su pasión amorosa, los amantes fueron muertos alrededor de 1285 por el marido burlado, que será condenado en la Caína, zona del círculo noveno donde se castiga a los asesinos de consanguíneos (Infier­no, XXXII).

 [L15]Pues fue un famosísimo poeta en el mundo, y ahora una sombra más en el Limbo, sin esperanza de salvación.

 [L16]Se trata de una de las novelas escritas en francés que tan famosas fueron en toda Europa a partir del siglo XII.

 [L17]Junto con la de Tristán e Iseo, la de Lancelot y la reina Ginebra, es la historia de amor más conocida del ciclo artúrico popularizada por la novela. El pasaje aquí aludido es aquel en que el caballero Gallehault, o Galeotto, sin saber su secreto amor, condujo a uno a la presencia del otro, e indujo a la reina a que besara al caballero.

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Fragmento. Novela. Inédita. Opereta del ciego o los 9 círculos de Eros.

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