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lunes, 23 de marzo de 2026

Comentario crítico objetivo del Canto V del Infierno (La Divina Comedia) Dr. Enrico Pugliatti y J.Méndez- Limbrick

 


Comentario crítico objetivo del Canto V del Infierno (La Divina Comedia)

Introducción

Contexto y función del canto El Canto V sitúa al lector en el segundo círculo del Infierno, dedicado a los lujuriosos. Cumple una función doble: avanzar la trama del descenso de Dante y ofrecer una reflexión moral y estética sobre la pasión desordenada. Aquí se articula con claridad la doctrina del contrapasso y se presenta la escena más célebre y emotiva de todo el poema: el encuentro con Francesca da Rimini y la narración de su amor trágico.

Estructura y técnica narrativa

Organización y ritmo El canto sigue una progresión clara: entrada y juicio ante Minos, descripción del tormento, aparición de las almas, diálogo con Francesca y el colapso emocional de Dante. La alternancia entre descripción panorámica y monólogo íntimo crea un crescendo emotivo que culmina en la caída del poeta. La voz narrativa combina distancia moral (la doctrina) con empatía personal, lo que genera tensión entre juicio y compasión.

Temas y simbolismo

Pasión, culpa y justicia poética La lujuria se presenta como subordinación de la razón al deseo; el castigo —viento incesante— simboliza la inestabilidad y la falta de control. El contrapasso es ejemplar: el movimiento perpetuo reproduce la movilidad de los deseos que dominaron a los condenados. Además, el canto explora la memoria dolorosa y la nostalgia: el recuerdo de lo dichoso intensifica el tormento, como dice Francesca.

Personajes y caracterización

Minos, las almas y Francesca

  • Minos funciona como figura judicial arcaica: su gesto de enroscar la cola codifica la condena y aporta un tono mítico-ritual.

  • Las almas aparecen en masa, pero Dante selecciona nombres emblemáticos (Semíramis, Cleopatra, Helena, Paris, Tristán, Aquiles) para mostrar la universalidad del vicio y su presencia en la historia y la leyenda.

  • Francesca es el centro emotivo: su relato es sencillo, íntimo y persuasivo; su voz humaniza el castigo y provoca la reacción física del poeta. La escena establece a Francesca como símbolo de la víctima y del agente moral ambiguo.

Recursos estilísticos y poéticos

Imágenes, ritmo y tono Dante usa imágenes naturales (tormenta, bandadas de aves) para traducir estados pasionales en fenómenos físicos. La enumeración de nombres funciona como catálogo cultural que legitima la ambición enciclopédica del poema. El tono oscila entre la severidad doctrinal y la ternura lírica; la lengua se vuelve particularmente musical en el monólogo de Francesca, lo que explica su poder conmovedor.

Interpretación crítica y relevancia

Lectura ética y estética El Canto V es paradigmático por su capacidad de combinar teología, psicología y literatura. Desde una perspectiva ética, reafirma la visión medieval de la desmesura como vicio; desde la estética, muestra la maestría de Dante para transformar un episodio íntimo en alegoría universal. Críticamente, la escena de Francesca ha suscitado debates sobre la compasión del autor y la ambigüedad moral del poema: Dante condena el acto pero se conmueve ante la pasión, lo que abre lecturas feministas, psicoanalíticas y políticas sobre la voz de la mujer y la representación del deseo.

Conclusión El Canto V combina eficacia narrativa, riqueza simbólica y carga emotiva. Es un ejemplo paradigmático de cómo la Divina Comedia articula doctrina y experiencia humana, y por ello sigue siendo uno de los pasajes más estudiados y representativos de la obra. 

CANTO V

 

Así bajé del círculo primero

al segundo que menos lugar ciñe,                                         2[L1] 

y tanto más dolor, que al llanto mueve.                                3

 

Allí el horrible Minos rechinaba.                                          4[L2] 

A la entrada examina los pecados;

juzga y ordena según se relíe.                                                          6

 

 

Digo que cuando un alma mal nacida

llega delante, todo lo confiesa;

y aquel conocedor de los pecados                                         9

 

ve el lugar del infierno que merece:

tantas veces se ciñe con la cola,

cuantos grados él quiere que sea echada.                             12

 

Siempre delante de él se encuentran muchos;

van esperando cada uno su juicio,

hablan y escuchan, después las arrojan.                                15

 

«Oh tú que vienes al doloso albergue

‑me dijo Minos en cuanto me vio,

dejando el acto de tan alto oficio‑;                                       18

 

mira cómo entras y de quién te fías:

no te engañe la anchura de la entrada.»

Y mi guta: «¿Por qué le gritas tanto?                                               21

 

No le entorpezcas su fatal camino;

así se quiso allí donde se puede

lo que se quiere, y más no me preguntes.»                            24

 

Ahora comienzan las dolientes notas

a hacérseme sentir; y llego entonces

allí donde un gran llanto me golpea.                                     27

 

Llegué a un lugar de todas luces mudo,

que mugía cual mar en la tormenta,

si los vientos contrarios le combaten.                                              30

 

La borrasca infernal, que nunca cesa,

en su rapiña lleva a los espíritus;

volviendo y golpeando les acosa.                                         33

 

Cuando llegan delante de la ruina,

allí los gritos, el llanto, el lamento;

allí blasfeman del poder divino.                                            36

 

Comprendí que a tal clase de martirio

los lujuriosos eran condenados,

que la razón someten al deseo.                                              39

 

Y cual los estorninos forman de alas

en invierno bandada larga y prieta,

así aquel viento a los malos espiritus:                                              42

 

arriba, abajo, acá y allí les lleva;

y ninguna esperanza les conforta,

no de descanso, mas de menor pena.                                     45

 

Y cual las grullas cantando sus lays

largas hileras hacen en el aire,

así las vi venir lanzando ayes,                                                          48

 

a las sombras llevadas por el viento.

Y yo dije: «Maestro, quién son esas

gentes que el aire negro así castiga?»                                               51

 

«La primera de la que las noticias

quieres saber ‑‑me dijo aquel entonces­-

fue emperatriz sobre muchos idiomas.                                  54

 

Se inclinó tanto al vicio de lujuria,

que la lascivia licitó en sus leyes,

para ocultar el asco al que era dada:                                     57

 

Semíramis es ella, de quien dicen                                         58[L3] 

que sucediera a Nino y fue su esposa:

mandó en la tierra que el sultán gobierna.                            60

 

Se mató aquella otra, enamorada,                                         61[L4] 

traicionando el recuerdo de Siqueo;

la que sigue es Cleopatra lujuriosa.                                      63[L5] 

 

A Elena ve, por la que tanta víctima                                                64[L6] 

el tiempo se llevó, y ve al gran Aquiles                                65[L7] 

que por Amor al cabo combatiera;                                        66

 

ve a Paris, a Tristán.» Y a más de mil                                   67[L8] 

sombras me señaló, y me nombró, a dedo,

que Amor de nuestra vida les privara.                                  69

 

Y después de escuchar a mi maestro

nombrar a antiguas damas y caudillos,

les tuve pena, y casi me desmayo.                                        72

 

Yo comencé: «Poeta, muy gustoso                                       73[L9] 

hablaría a esos dos que vienen juntos

y parecen al viento tan ligeros.»                                           75

 

Y él a mí: «Los verás cuando ya estén

más cerca de nosotros; si les ruegas

en nombre de su amor, ellos vendrán.»                                 78

 

Tan pronto como el viento allí los trajo

alcé la voz: «Oh almas afanadas,

hablad, si no os lo impiden, con nosotros.»                          81

 

Tal palomas llamadas del deseo,

al dulce nido con el ala alzada,

van por el viento del querer llevadas,                                              84

 

ambos dejaron el grupo de Dido                                           85[L10] 

y en el aire malsano se acercaron,

tan fuerte fue mi grito afectuoso:                                          87

 

«Oh criatura graciosa y compasiva

que nos visitas por el aire perso                                            89[L11] 

a nosotras que el mundo ensangrentamos;                            90

 

si el Rey del Mundo fuese nuestro amigo

rogaríamos de él tu salvación,

ya que te apiada nuestro mal perverso.                                 93

 

De lo que oír o lo que hablar os guste,

nosotros oiremos y hablaremos

mientras que el viento, como ahora, calle.                           96

 

La tierra en que nací está situada

en la Marina donde el Po desciende

y con sus afluentes se reúne.                                                 99

 

Amor, que al noble corazón se agarra,

a éste prendió de la bella persona

que me quitaron; aún me ofende el modo.                            102

 

Amor, que a todo amado a amar le obliga,                           103[L12] 

prendió por éste en mí pasión tan fuerte                               104[L13] 

que, como ves, aún no me abandona.                                               105

 

El Amor nos condujo a morir juntos,

y a aquel que nos mató Caína espera.»                                 107[L14] 

Estas palabras ellos nos dijeron.                                           108

 

Cuando escuché a las almas doloridas

bajé el rostro y tan bajo lo tenía,

que el poeta me dijo al fin: «tQué piensas?»                                   111

 

Al responderle comencé: «Qué pena,

cuánto dulce pensar, cuánto deseo,

a éstos condujo a paso tan dañoso.»                                      114

 

Después me volví a ellos y les dije,

y comencé: «Francesca, tus pesares

llorar me hacen triste y compasivo;                                      117

 

dime, en la edad de los dulces suspiros

¿cómo o por qué el Amor os concedió

que conocieses tan turbios deseos?»                                     120

 

Y repuso: «Ningún dolor más grande

que el de acordarse del tiempo dichoso

en la desgracia; y tu guía lo sabe.                                         123[L15] 

 

Mas si saber la primera raíz

de nuestro amor deseas de tal modo,

hablaré como aquel que llora y habla:                                  126

 

Leíamos un día por deleite,

cómo hería el amor a Lanzarote;                                           128[L16] 

solos los dos y sin recelo alguno.                                          129

 

Muchas veces los ojos suspendieron

la lectura, y el rostro emblanquecía,

pero tan sólo nos venció un pasaje.                                       132

 

Al leer que la risa deseada                                                    133[L17] 

era besada por tan gran amante,

éste, que de mí nunca ha de apartarse,                                  135

 

la boca me besó, todo él temblando.

Galeotto fue el libro y quien lo hizo;

no seguimos leyendo ya ese día.»                                         138

 

Y mientras un espiritu así hablaba,

lloraba el otro, tal que de piedad

desfallecí como si me muriese;                                             141

y caí como un cuerpo muerto cae.                                       

 


 [L1]Al círculo donde se castiga el pecado de la lujuria.

 [L2]Minos, según la antigua mitología, después de haber reinado prudentemente en Creta, fue considerado como uno de los jueces infernales, junto con Radamante y Eaco (Eneida, VI, 432‑3), pero aquí Dante lo transforma en una fiera un tanto grotesca.

 [L3]Semíramis, nombre griego de una reina asiria famoso entre los medieva­les por su vida licenciosa y violenta. Para algunos representa en la Comedia el amor vicioso.

 [L4]Dido, reina de Cartago, rompió por su amor hacia Eneas la fidelidad de­bida a su antiguo marido Siqueo. Representaría el amor apasionado.

 [L5]Cleopatra, reina de Egipto (69‑30 a.C.), representaría el amor interesado, dadas sus relaciones con César y Marco Antonio.

 [L6]Elena, hija de Júpiter y Leda, causante de la guerra de Troya, representa­ría el amor ambicioso.

 [L7]Aquiles, el más célebre griego de la guerra de Troya, cuyo sitio en el In­fiemo, como amante de Polixena, no es tal vez el que más convendría a su figu­ra heroica.

 [L8]Paris, príncipe troyano, hijo de Príamo y raptor de Elena. Tristán, sobri­no del rey Marcos de Comualles y amante de Iseo, la mujer de éste último. Su historia fue celebérrima en la Edad Media.

 [L9]Francesca, hija de Guido da Polenta, señor de Rávena, y amigo de Dante; y Paolo Malatesta, hermano del marido de ésta, el feroz Gianciotto Malatesta, señor de Rímini, con quien Francesca había sido casada por motivos políticos alrededor de 1275. Como veremos, la propia Francesca narrará a Dante el amor desdichado que les ha condenado, en uno de los pasajes más bellos y co­nocidos de toda la Comedia. Toda la historia parece ser un ejemplo vivo de la teoría amorosa del «Dolce stil novo».

 [L10]Es decir, como apuntamos antes, del grupo de pecadores arrastrados por la pasión amorosa, no por la sensualidad a otras razones.

 [L11]El perso es un color mezcla de púrpura y negro (Convivixm, IV, XX, 2).

 [L12]Eco del verso de Guido Guinizzelfi: «Al cor gentil rimpaira sempre amore.»

 [L13]A Paolo.

 [L14]Descubierta, en efecto, su pasión amorosa, los amantes fueron muertos alrededor de 1285 por el marido burlado, que será condenado en la Caína, zona del círculo noveno donde se castiga a los asesinos de consanguíneos (Infier­no, XXXII).

 [L15]Pues fue un famosísimo poeta en el mundo, y ahora una sombra más en el Limbo, sin esperanza de salvación.

 [L16]Se trata de una de las novelas escritas en francés que tan famosas fueron en toda Europa a partir del siglo XII.

 [L17]Junto con la de Tristán e Iseo, la de Lancelot y la reina Ginebra, es la historia de amor más conocida del ciclo artúrico popularizada por la novela. El pasaje aquí aludido es aquel en que el caballero Gallehault, o Galeotto, sin saber su secreto amor, condujo a uno a la presencia del otro, e indujo a la reina a que besara al caballero.

domingo, 1 de febrero de 2026

Problemas filosóficos de la modernidad fragmento



Agradecimientos 

Este libro ha sido posible por medio del apoyo de muchas personas e instituciones. Los coordinadores agradece mos el apoyo de los autores para realizar sus artículos bajo las limitaciones de espacio y de tiempo con que contamos, así como a su paciencia ante el tiempo que tomó la publicación de la obra. Agradecemos a la Coordinación de Publicaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y, en particular, a Juan Car los Cruz Elorza, por su apoyo en incluir esta obra como parte de la colección de libros de Filosofía Moderna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. También agradecemos a Antonio Rocha Buendía por su apoyo en la revisión del manuscrito original, así como a Manuel Tapia Cruz y a Ricardo Sánchez Uribe por la elaboración de los índices de autores y de conceptos. 

Por su parte, sea esta obra un homenaje al trabajo ininterrumpido del Seminario de Historia de la Filosofía creado por José Antonio Robles García (q. e. p. d.) y Laura Benítez Grobet en 1985. Actualmente dirigido por Laura Benítez Grobet y Luis Ramos-Alarcón Marcín, el Seminario reúne tanto en sesiones semanales como en Coloquios anuales, a importantes especialistas nacionales y extranjeros, con vistas a entablar un diálogo en beneficio de una mejor comprensión de la filosofía moderna, uno de los fundamentos de nuestro presente. Por último, agradecemos a la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la Universidad Na cional Autónoma de México que, por medio del Proyecto PAPIIT IN402614, “El problema de la sustancia en la filosofía moderna y sus antecedentes”, ha dado los fondos para la publicación de este libro. Laura Benítez Grobet y Luis Ramos-Alarcón Marcín

***

I ntroducción Laura Benítez Grobet Luis Ramos-Alarcón Marcín 

La historia de la filosofía es una actividad intelectual que nuestro contexto académico latinoamericano debe valorar por su carácter hermenéutico no sólo acerca del pensamiento de individuos y sociedades, en ciertos tiempo y espacio, sino sobre todo por su capacidad de aclarar los presupuestos incluidos o excluidos en nuestro pensamiento actual. Por una parte, hoy en día no podemos pensar in genuamente que los historiadores pueden “reconstruir” el pasado tal y como fue. 

Los historiadores no son máquinas del tiempo que nos lleven a experimentar el pasado como si fuera un presente en toda su realidad. Tampoco son ar queólogos que saquen a la luz aquello que quedó sepultado por los sucesivos presentes. No son ocasionales ni gratuitas las discusiones entre los arqueólogos acerca de la destruc ción debajo de su pretendido descubrimiento del pasado. Si los historiadores reconstruyen el pasado, será sólo en cuanto que lo construyen tanto a partir de aquellas hue llas y vestigios con que cuentan, así como bajo la guía de las preguntas formuladas desde su presente. 

En cuanto a lo primero, los textos publicados, las cartas, los testimonios y las discusiones, entre otros, son huellas y vestigios que forman parte de una sociedad localizable en un tiempo y en un espacio, y, a la vez, muestran las crisis dentro de esa sociedad, las diferencias e incluso oposiciones entre indivi duos y grupos.

 No son meros grupos monolíticos que pien san al unísono. En cuanto a lo segundo, no es extraño que las preguntas que los historiadores formulan hacia el pa sado sean las mismas que se formulan en su presente, pre guntas compartidas por su propia sociedad o en las que se da esa misma crisis que mencionamos antes. 

Así, cuando preguntamos por los presupuestos metafísicos de los filó sofos racionalistas al apostar por pocos principios que den homogeneidad conceptual a la realidad, o por aquellos pre supuestos metafísicos de los filósofos empiristas al apostar por la experiencia como índice de todo conocimiento, o si los principios de fundamentar la moral competen sólo a la vo luntad o a otras instancias, estamos haciendo preguntas que pertenecen a nuestro propio presente. 

En efecto, las categorías de “racionalista” y de “empirista” son categorías historiográ- ficas que funcionan sólo desde la epistemología, una disci plina que, como tal, es bastante reciente en una historia de la filosofía que cuenta con más de dos mil quinientos años. La epistemología surge como disciplina a partir del siglo XVIII bajo el interés de aclarar las mejores vías para adquirir conocimientos claros y distintos, útiles y efectivos, a la vez que para separarlos de aquellas ideas falsas, inadecuadas, equívocas. Con esto no pretendemos simplemente ser escépticos so bre el mismo quehacer de los historiadores de la filosofía, sino mostrar que es un quehacer filosófico que exige aclarar los supuestos desde los cuales hace sus preguntas y cons truye sus categorías.

 Los historiadores de la filosofía tene mos que hacer un trabajo triple: desde una primera arista, debemos conocer al pensamiento de las filósofas y filósofos para aclarar sus propias creencias, inquietudes, certezas, incertidumbres, razonamientos, argumentos, conclusiones y exclusiones. Desde una segunda arista, debemos evaluar la adecuación o inadecuación de lo primero, pues el his toriador de la filosofía no debe de hacer hagiografía, sino partir de que estudia a personas que, como seres finitos de carne y hueso, pudieran ser geniales en ciertas tareas, pero en otras se equivocaron, tuvieron errores, prejuicios, etcétera. Finalmente, desde una tercera arista, debemos entablar diálogos, entre las filósofas y los filósofos y, sobre todo, entre nosotros y ellos.

 Para realizar esta triple tarea de modo continuo, ayuda plantear una pregunta que res ponda a distintas filósofas y filósofos que abra la compren sión a sus obras y periodos. En este libro el lector encontrará nueve estudios espe cializados en los principales problemas filosóficos de la Filosofía Moderna y sus antecedentes, a modo de aquella pregunta que planteamos que guíe el triple trabajo de los historiadores de la filosofía. En cada artículo el lector en contrará una pregunta que articula parte de los intereses y problemas que se plantean distintas filósofas y filósofos, de modo que sirva de hilo conductor en una discusión real o hipotética entre ellos. 

Así, el lector podrá acceder a una mejor comprensión de las filósofas y los filósofos modernos desde dentro y en relación con sus contextos, ya sea recono ciendo las particularidades históricas de la lengua en que se expresa; las del contexto político y social en que se desenvuel ve, así como algunos de los problemas filosóficos perennes. En el primer artículo de este libro, titulado “Libertad y conato de la multitud en Spinoza y Maquiavelo”, Luis Ra- mos-Alarcón Marcín realiza una lectura de Maquiavelo en clave spinoziana y estudia la interpretación republicana que el holandés hace de El príncipe y de los Discursos a partir de su realismo político, del rechazo de las utopías y de la enseñanza de Maquiavelo sobre la libertad. 

El au tor parte de la tesis maquiaveliana de que el conato de la multitud no debe depender de un príncipe sino de los fun damentos del Estado que forman, de modo que la vuelta a esos fundamentos es indispensable para conservarse. El segundo artículo, realizado por Ernesto Schettino, lleva por título “La categoría de ‘tinieblas’ en la filosofía natural de Giordano Bruno”. Aquí se estudia de qué modo, ante la ruptura con la física aristotélica y sus derivados es colásticos, Giordano Bruno tenía que cuestionar y susti tuir coherentemente la teoría consolidada por Aristóteles de los cuatro elementos sublunares (tierra-agua-aire-fue- go) y del supralunar (éter). 

El autor muestra cómo Bruno alcanza una solución teórica general para el tránsito de la Unidad absoluta hacia el despliegue pleno de la multipli cidad y el cambio, que es una adecuación de la tesis cusana de la complicatio-explicatio, la cual le permite establecer los diversos grados y escalas de la materia, del ser, de la naturaleza, de la realidad. ¿Hay consecuencias prácticas sobre las respuestas que demos a las discusiones acerca de la sustancialidad de Dios o de las almas? En el artículo “Vivir en consonancia con la sustancia única e infinita: propuesta práctica de Giorda- no Bruno”, Astrid Martín del Campo estudia la relevancia del aspecto práctico a lo largo de la obra de este filósofo. Se trata de lo que el nolano considera la máxima aspira ción humana, a saber, la unión con lo Uno. 

Bruno propone que esta unión es posible mediante la comprensión de la sustancia única e infinita, comprensión que implica teoría y práctica, razón y acción, donde el deseo desempeña un papel fundamental para que el ser humano se dirija hacia tal objetivo. Pero este acceso no se da sin relación con el mundo, sino por medio del apoyo en referentes sensibles concretos que simbolicen e impulsen el deseo hacia la Uni dad; es decir, considera los sucesos concretos y los seres particulares como representaciones de dicha Unidad. 

La transformación de la idea de espacio realizada du rante la revolución copernicana se basa en la refutación del concepto de topos y en la postulación positiva de una entidad que pudiera soportar la expresión de fuerzas inma teriales y el tránsito de los cuerpos materiales. El artículo de Francisco Javier Luna Leal, titulado “Espacio geomé trico, materia y sustancia en Johannes Kepler”, estudia el caso particular de Johannes Kepler que, a las exigencias anteriores, suma la necesidad de que el espacio permitiera una medición precisa de los fenómenos celestes. Entre las palabras que Kepler usó para tratar de describir el espacio como una entidad diferente de los cuerpos materiales y las fuerzas residentes en él, estaban: aer, anima, auram aethe- ream y oxéoig, las cuales denotan la dificultad conceptual para describir una idea nueva que fuera consecuente con el resto de su cosmología. Sin embargo, la visión de conjunto es la de cuerpo o continente inmaterial, relacionado de for ma directa con la noción de espíritu divino. 

En su artículo “Un diálogo sostenido entre Descartes y Poincaré. (Consideraciones en torno al concepto de método y sus implicaciones en el desarrollo del conocimiento filo- sófico-científico)”, Verónica Díaz de León Bermúdez realiza un discurso análogo en torno a dos personajes tan prolijos en la historia de la ciencia que genera la exigencia de cono cer profundamente la obra de ambos autores. No obstante, la claridad y precisión expositiva que caracterizan el discu rrir científico-filosófico de los pensadores que se enuncian en el título de este artículo nos da la posibilidad de realizar un conversatorio entre ambos genios, aún basándonos úni camente en algunos de sus escritos. 

Continúa el artículo de Rogelio Laguna, titulado “Las objeciones de Hobbes a las Meditaciones cartesianas. Una discusión sobre la sustancialidad del pensamiento”, en don de el autor presenta un estudio de los argumentos y con- trargumentos entre Hobbes y Descartes respecto a la sus tancialidad del pensamiento. Se trata de un intercambio que se realizó en 1641 con motivo de la publicación de las Meditaciones metafísicas. El debate sobre el dualismo alma-cuerpo y la nueva ciencia mecánica de su tiempo no se reduce a la filosofía cartesiana. En el artículo “El materialismo organicista de Margaret Cavendish”, Viridiana Platas Benítez presenta y discute el concepto de sustancia en la filosofía natural de la Duquesa de Newcastle. Para ello, considera el diálogo en tre el vitalismo y el materialismo organicista que Caven dish desarrolla para cuestionar y refrendar su teoría. 

El materialismo organicista estratifica la materia en grados y tipos de movimiento, determinados por la velocidad, el grosor y sutileza de las partes. Asimismo, la propuesta vitalista de la materia evita confundir materia animada e inanimada. Por su parte, el artículo titulado “Apuntes sobre la no ción de scientia intuitiva en Spinoza”, de Antonio Rocha Buendía, muestra que la ciencia intuitiva no está limitada a un tipo de objetos. Más bien, un mismo objeto puede ser conocido de manera muy distinta por la imaginación, por la razón o por la ciencia intuitiva, esto es, los tres grados de conocimiento que Spinoza acepta. El artículo “Inmanencia y sustancialización de la natu raleza en la filosofía de Spinoza”, de José Ezcurdia, continúa con el estudio de las consecuencias éticas de la inmanencia de la única sustancia. Este artículo defiende que, para Spinoza, la naturaleza se vertebra en una causalidad inmanen te, que le otorga una densidad ontológica efectiva, que hace de ella el fundamento de la determinación tanto de los pla nos del ser y el conocer, como de la génesis y la forma del valor moral. 

En este sentido, el artículo busca dar cuenta de las implicaciones metafísicas, epistemológicas y éticas de la noción de inmanencia, en el marco del spinoziano pro yecto de la sustancialización de la naturaleza. Por último, el lector encontrará al final del volumen tres herramientas de trabajo muy útiles: una amplia bibliogra fía especializada sobre los autores y temas tratados en el libro; un índice de los autores mencionados en el libro y un índice de los principales conceptos también tratados en el li bro, de manera que el lector podrá ubicar fácilmente libros, artículos, autores y conceptos de su interés. Agradecemos nuevamente a la Dirección General de Asun tos del Personal Académico de la Universidad Nacional Autó noma de México por su apoyo a la publicación de este libro.

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