"—Escudero, ¿qué sucedió con la captura del tecolote?
—Señor, ya lo tenemos en jaulas. No es un tecolote, son dos.
CARTILLA ELECTRÓNICA DEL ESCRITOR J MÉNDEZ-LIMBRICK. Premio Nacional de Narrativa Alberto Cañas 2020. Premio Nacional Aquileo j. Echeverría novela 2010. Premio Editorial Costa Rica 2009. Premio UNA-Palabra 2004.
"—Escudero, ¿qué sucedió con la captura del tecolote?
—Señor, ya lo tenemos en jaulas. No es un tecolote, son dos.
"Manzano y él quedaban muy por debajo del rating de acercamiento con el Fauno Negro. ¿La razón? Solo podía especular. El Absoluto de la Maldad: una energía que está allí y no se puede atrapar. O quizá sería, la negación absoluta del bien. Alguien que construye Maldad, que busca aniquilar al otro física y mentalmente, porque su ética va más allá de la maldad misma. ¿Se puede atrapar? ¡No! El Ente de la Maldad no se puede atrapar porque pasa de persona a persona, es como un contagio, como una epidemia, o quizá es como un principio que atraviesa culturas y sujetos. Sería entonces la raíz amarga de todo lo que corrompe y disuelve, en donde no existe el diálogo con el otro. Peor aún, él, el psiquiatra Raffo se convertía en un gesto inútil frente al vacío que representaba al Fauno Negro".
Fragmento. Novela. En proceso. Opereta del ciego o los 9 círculos de Eros.
"Vos te inclinás, ¿qué podés hacer? Es un aroma de flor y magnolia oculta, es el olor de unas márgenes que siempre se precipitan por la yema de tus dedos olorosos a ella, a s
Novela en producción: Opereta del Ciego o los 9 círculos de Eros.
Ninfa de la muerte, ninfa del deseo, ninfa del adios, mírate junto al sileno en abandono y embriaguéz. Ninfa de la muerte, ninfa de la serena mirada, ninfa de lo eterno. Eres la ninfa de todas las medidas del tiempo, en tí descansa el deseo y el límite de los placeres, en tu falda se esconde la voz de lo absoluto, lo inevitable y lo sublime. Apóyate en tu voz y canta, sopla la ceniza de tu mirada; eres el enigma de los otros, avanzas en el silencio de la ciudad. ¿Qué o quién eres en verdad? ¿Eres el sueño del invierno en tu pecho, el canto de la nieve que todo lo cubre a tu paso? Mírate ante ella, Sileno: hay un pulso de avaricia y deseo... Eres el destino de todo hombre, de toda carne, ninfa de la muerte, eres la voz de lo absoluto. A ti, no te importa ni la belleza, ni la juventud de los otros, tampoco el viejo que desconsolado llora en un rincón. Ninfa de la muerte, mírate con los vestidos del viento y del bosque, apresúrate a recoger las flores marchitas y mustias de ceniza.
Sileno, mírate en el espejo donde las identidades
pierden su "yo" y do
nde nada es... Ninfa de la Muerte, mírate en el
Espejo Escarlata en donde todo se distorsiona y los cuerpos son y no son.
Sileno, no eleves tu canto hacia lo vanal y profano en tu borrachera erótica.
Mira las jóvenes desnudas que bailan y cantan. Observa a la joven con su
máscara risible y enamorada del enano. Mírala con el duende de tu soledad, mira
el orgasmo de la muerte a tu lado. Sileno, eres el insaciable de tu propio
placer, baila y flagélate ante ella.
El sileno avanza en melancolía, en furia, en aventura. Le cae la lluvia contaminada y contaminante como el festín ante la Cornucopia. El agua le corroe la piel y el alma. Al sileno el paisaje urbanístico le produce vértigo y una excitación de un no sé qué… que lo embriaga, lo emborracha. Paisaje gris y melancólico de colores naranjas y ámbares, ciudad desolada cuando camina. El sileno mira el cielo ámbar donde no cruza ni un ave; solo observa esqueletos de árboles en los parques. El aire diurno y nocturno es un aire enfermo por siempre… ¿A dónde camina el sileno con sus manos metidas en las bolsas de unos vaqueros desteñidos? ¿Cuál es la historia a contar? ¿Quién juega en los parques de noche? El parque es gris y desolado de día y paisaje triste y frío por la noche. ¿Quién te corroe por dentro? ¿Quién te corroe por dentro como la larva el corazón de la fruta? ¿Quién escucha tu flauta cuando cae la tarde en el campus universitario? El sileno vuelve a observar los ámbares y naranjas de un sol cayendo… y delante los edificios deshabitados. El sileno atisba otras luces que titilan muy lejos y repara en los detalles: siente una gran soledad, la oscuridad de la noche que amenaza tragarlo como el ojo del cíclope. Tampoco nadie sabe cuántos años tiene el Sileno porque es una gruta enferma. Aunque tampoco tiene importancia la edad del Sileno porque sus metamorfosis en el bosque son continuas. Sileno, ¿quién escucha tu flauta en el ruido y tráfico de la ciudad?
¿A dónde vas con la ruta enferma de tus placeres, cuál es tu precio por
el instante del goce? Quizá la pérdida y continuidad personal, tu
aniquilamiento en tu propia memoria, en tus vínculos personales, en tu pobreza
de lenguaje y de inquietud.
Eres la erosión moral y social en donde vos sos el único humillado en tu apetito carnal.
Canta y danza en medio de tus regodeos obscenos de tu crimen… danza en medio del placer homicida, en el deseo y la frustración.
Danza en medio del
poder y del dominio… danza Sileno maldito en medio de tu impotencia feroz. ¿Qué
mirás de la joven? ¿Qué mirás de su piel y de sus pechos? Fundes en tu cuerpo
el erotismo, el éxtasis sensorial y que tratás de amalgamar para apaciguar el
jineteo del horror.
Eres un pobre fauno maloliente que tratás de disimular tu horror con vos
mismo en la intensidad corporal del desfogue, reinterpretando tus maldades piel con piel en la cima del monte. Eres el
viejo fauno que nadie desea en los bosques.
Y sin embargo, cuando la posees sentís el alivio de un dios retirado,
sentís que las fuerzas de la Naturaleza danzan alrededor tuyo y que entonces
vos te adormecés en las fugas secretas de eros, y justificás el acto impúdico
como la plenitud del dios ante la muerte.
Más, todas las
criaturas del bosque te odian, te reprenden por tu juego impúdico y macabro. Y
sabés que en el fondo sos inarmónico y defectuoso como todo monstruo. Eres un
monstruo doliente y dolido que mirás a las ninfas en su corretear desnudas,
incapaz de reconocerlas al otro lado del río como pequeñas diosas.
Demonio
malicioso y menor del bosque deja de tocar tu flauta impúdica. Calla tu paso ante
el paso de la Ninfa. Viejo Sátiro: eres el sátiro horroroso, no sos el fauno de
orejas puntiagudas y con su cabeza llena de rizos dorados, de rostro juvenil y
ojos brillantes. En vos no existe ninguna sonrisa pícara, en vos existe la
agresión constante y el deseo del engaño.
Mírate viejo Sileno, hoy estás
adornado de hojas y bayas de un bosque negro, en donde tu uva no es dulce al
paladar, sino amarga. En vos no se mira la fiesta del fauno, sino la fiesta
del horror. Toca tu flauta de madera e
hipnotiza a ninfas y mujeres.
Y sin embargo, no existe gratificación en tu maldad porque todo es un
espejismo construido por vos mismo, viejo sátiro, viejo sileno maldito, porque
en tu maldad de posesión solo hay ficción de un triunfo o de una unión nunca
deseada por la ninfa.
En
vos está la paradoja de lo vulgar porque cuanto más recorrés el bosque de la
ninfa, más es tu dolor y tu deseo que nunca se sacia, ni se saciará jamás.
Viejo Sátiro, viejo Sileno, mírate del cómo te desintegrás ante la
mirada de los demás, sucio, tambaleante y borracho en el bosque hasta caer
dormido cerca de una fuente.
En vos el acto homicida y la posesión -junto al acto erótico- funcionan
como transacciones en un cosmos perverso, en donde solo vos habitás y oh
paradoja, al final sufrís, ¿verdad?
Mírate viejo Sileno, ahora en los parques públicos del siglo XXI. No, no
has cambiado en el transcurso de los tiempos, ahora te camuflás como un hombre
moderno, convertIdo en un humano que siempre asecha porque la transfiguración
la tenés en la sombra de cada noche de humano a Sileno… allá en los bosques, en
el parque Braulio Carrillo, en Charrara, en el jardín Botánico de la
Universidad de Costa Rica. No, no escondás las marcas en la piel que te ha
dejado cada herida secreta de las jóvenes asesinadas.
Vos pensás que el placer es moneda de cambio pero, no es cierto. No
existe al final comercio, solo humillación de una venta simulada o de robar lo
que nunca ha sido tuyo porque solo lo arrancás con violencia…
¿Qué sentís viejo Sileno después de la cópula, después del acto
homicida? Quizá una excitación vulgar y un temblor agónico, sentís un poder
ficticio de dominación temporal.
¿Sentis la adrenalina como un torrente o una catarata fluyendo dentro de
tu cuerpo al primer contacto con su piel, cuando tocás las fronteras de lo
prohibido? Y luego, el alivio de lo temporal, y el vacío y quizá la culpa o la
indiferencia. ¿Remordimiento? No, no existe en vos el arrepentimiento, por el
contrario, a los diez minutos estás pensando en tu nuevo coto de caza. Repasás
el acto y las imágenes se contraponen y entonces, no recordás porque todo se
fragmenta en tu memoria.
Es el “rush”, la euforia
inmediata, el deseo contenido que explota como un volcán enfurecido al primer
contacto de ella. ¿Sonreís acaso buscando el nombre de la joven en una
servilleta que ya no existe en tu bolsillo?
¿Qué sentís
viejo y maloliente Sileno en la cama del bosque, ahora vacía y que sin embargo,
conserva el olor y el sudor de ella y que, no podés asociar con una joven?
Cuando te has inclinado a la caja de tus placeres solo mirás horror,
humillación, frustración, y soledad.
¿Quién escucha la música de tu flauta en los parques? ¿Quién avanza
hacia vos sostenido en penumbras? Recuéstate por un momento y cuenta tus
llagas.
Ayer y hoy, en el bosque y en los parques a medianoche buscás una
solución inmediata a tu lujuria y que sin embargo contiene la semilla de tu
ruina y la continuidad de tus placeres te vuelven más bestia y animal, más el
sileno de la antigüedad.
Pobre viejo Sileno, eres lo ambiguo: el canto y la danza del placer y la
pérdida. Glorificás la violencia en donde en vos jamás habrá redención. ¿Escuchás
el arroyuelo muy cerca de tu oído? La vida fluye en el agua pero, vos sos
sombra, orilla sin nadie, orilla sin tiempo, orilla en soledad, la consumación
trágica de tu propia identidad.
¿Qué es para vos el rito, viejo Sileno? Pulsión, transgresión, erotismo…
son las palabras que ahora llegan a tu mente como dardos envenenados.
Afila la daga, afila el filo del cuchillo que por momentos
introducirás en el bajo vientre de la
ninfa.
Fluye tu sangre como un río de venenos. Recordás inclinado oliendo su
sexo, besando sus muslos internos, recogiendo su lencería como el trofeo de la degradación
y de tu droga.
Fragmento. Novela. En producción.
OPERETA DEL CIEGO O LOS 9 CÍRCULOS DE EROS.
Y los hombres, cuánto más licor bebían, empezaron a mirar lo que en verdad eran mis acompañantes: demonios… Pero, como suele suceder, nadie lo comentaba con sus interlocutores, por miedo a quedar en ridículo o que se les dijera que se trataba de alta traición por comparar, a los emisarios políticos moscovitas con espíritus infernales. Esfria se pavoneaba de extremo a extremo por el salón. De impecable frac, con los gemelos de oro y su camisa de puño francés, hacía contraste con los obreros de Vorkuta. Adremelech, alias lord Ruthven, de chaqué, secundaba a Esfria, a quien interrumpía el paseillo por entre las mesas de ajedrez. “Ilustrísima, una noche fría, pero delirante acá en Vorkuta, no aguanto, no aguanto... Los deseos se desbordan, son inminentes... ¿Será posible mostrarnos para algunos obreros en nuestras representaciones pictóricas?”, pensé escuchar decir a Adremelech. Y los demás del séquito infernal estuvieron de acuerdo, por ser Adremelech quien presidía el senado demoníaco. Así que el primero en mostrarse tal cual era fue Bel fegor, con su ojo flamígero, quien, detrás de mí, no le quitaba la mirada a Taimanov y este se negaba a aceptar lo que veía: un ojo flamígero con un monóculo, un Arimán de smoking. Y entonces, Belfegor se retiró para mirar a 60 los jugadores de ajedrez, pero, cuanto más se empeñaban los jugadores en concentrarse en presencia de Belfegor, más la modorra los envolvía. Y Taimanov me dijo: —Camarada, ¿ha visto usted bien a su amigo, el camarada que está observando a un grupo de jugadores? ¿Lo ve? —¿A quién, camarada? ¿Acaso me pregunta usted por el camarada Belfegueroviech, el que está contemplando las partidas de ajedrez? —repuse, apresurándome a poner un nombre a Belfegor. —Sí, exacto. ¿No le observa algo extraño? —¿Extraño? Pues, ¡no! —repliqué. Andrei Taimanov no dijo más. Belfegor volvió a tomar su figura de ciudadano y camarada, pues, al preguntar lo mismo Taimanov a sus compañeros Bagirov y Maizelis, Belfegor regresó como el burócrata sencillo que representaba y me guiñó un ojo... Malfas, a mi lado derecho, conversaba con Elzbieta y ambos en retaguardia miraban de soslayo a Taimanov y a Bagirov. Y como todos estaban bebiendo licores en la barra y la cocina del bar se ponía un poco lenta con los pedidos, Malfas formuló la siguiente solicitud a Taimanov: —Señor y camarada Taimanov, solicito permiso para ir a preparar unos bocadillos y continuar con nuestra noche que recién empieza. —No tiene que pedir permiso, camarada. Y no se apresure, que Elzbieta queda a buen recaudo —baboseó Taimanov, en una presunción del buen trato a nosotros, los visitantes moscovitas, mientras le pasaba la mano por la espalda a la joven polaca, sopesando lascivia en el acto y olvidándose de la imagen demoníaca de Belfegor. Yo me alejé también de Taimanov, Elzbieta, Bagirov y Maizelis, a pocos metros de donde se encontraba Belfe gor. La música del fonógrafo se confundía con las risas y 61 el olor a tabaco se mezclaba con los olores de las viandas que minutos antes preparaba Malfas, en una especie de rito sacro. Escuchaba los ruidos de las piezas de ajedrez que, terminada alguna partida, eran acomodadas por los jugadores en los tableros para iniciar otro juego y así hasta el cansancio. Otros, en un rincón, hablaban y otros, ya con las bebidas, bailaban con la música escasamente percepti ble del fonógrafo. Regresé al bar improvisado: Taimanov ahora jugueteaba con las manos de Elzbieta y le hablaba al oído. Malfas salió de la cocina al barcillo, presentó a Bagirov y Maizelis unos canapés acompañados con unas sopas de pescado, y agregó: —Camaradas, estamos de acuerdo que no es hora para probar unas sopas, pero, vean, observen, observen… ¿Acaso no las apetecen? Vi a Malfas como lo había visto en muchas oportuni dades en el propio scriptorium: de levita, con un aspecto que tenía muy poco del camarada que se presentó al inicio de la noche. Taimanov no observó a Malfas, que estaba de espaldas a él, y los únicos que se daban por enterados de la transformación eran Maizelis y Bagirov. Luego de servir los platos soperos para el pescado, Malfas, con cara de cerdo, se me acercó y me dijo: —Su señor, su señor, no se preocupe; solo las personas que nosotros queremos nos miran como somos, digo, tal como somos en nuestras iconografías clásicas. Así que ahora, solo Taimanov, Maizelis y Bagirov nos observan como demonios; de los demás camaradas que se encuentran en el recinto, algunos tendrán esa posibilidad, pero nadie dirá nada, nada, nada, jejejeje.
Y todos mis mefistofélicos sirvientes se hicieron visibles y las penumbras cayeron de nuevo. E igual que en la habitación, en el espacio exterior, en el universo, en donde es el verdadero infierno: oscuridad sobre oscuridad y no existe arriba, ni abajo, el tiempo se detuvo... Las perspectivas morían y se reavivaron a la vez. Y mirar hacia arriba era mirar hacia abajo y viceversa. Y los siete demonios iniciaron el cónclave.
¡Aamón se quedó pensativo! Sus hermanos esperaron que Aamón el Soberbio opinara de primero acerca de los oficios religiosos y del cómo harían para no entrar a la iglesia y obviar ceremonias y ritos cristianos. Más, al reunirse en cónclave, se oyeron por el zaguán los paparazzi que instalaban cámaras de televisión. Las cámaras de televisión, cíclopes electrónicos, miraban el largo zaguán que conducía a la recámara.
Aamón abrió la puerta de la habitación; lentes fotográficas, cámaras de vídeos y cámaras de televisión captaron la imagen: el señor de la Soberbia lucía un impecable traje negro de casimir inglés, porque mis mefistofélicos fámulos, cada vez que se presentaban en público como simples mortales, lo hacían con trajes enteros y no así en privado, cuando satisfacían sus personalidades con los atavíos clásicos de sus representaciones medievales.
Aamón, señor de la Soberbia, se mostró en público frotándose con delicadeza las manos y de tanto en tanto se tocaba su anillo de hierro en el dedo anular. Irguió su cuello como un ganso. Más atrás, estaban el embajador itinerante Esfria y, detrás de este, Goodfellow.
DEL INFORME DE CUACTÉMOC SALAZAR A FAUSTINO DOMÍNGUEZ ECHENOVE EN CIUDAD DE MÉXICO. (Continuación).
Cuactémoc Salazar regresó a México y se entrevistó con su jefe no pudo expresar con palabras lo vivido en la Zona Fantasma y, por más que Faustino lo interrogó y le sugirió lo tomara con calma para atestiguar con palabras sencillas aquel cosmos alucinante y perturbador obtuvo un mundo fraccionado con imágenes de lo visto y escuchado.
Salazar no aclaró de qué se trataba la Zona Fantasma, ni explicó con sencillez la ubicación de las Torres: ni quiénes trabajaban, ni quiénes vivían allí.
Imposible explicar la actividad realizada en la Torre de los Desechos, mucho menos, narrar el universo alucinante del Gran Archivero de la Noche y, su universo personal limitado a su existencia dentro de la Torre del Pacífico y, los laberintos que la formaban.
Salazar no pudo exponer con palabras la esencia de la Zona del Vampiro ni el misterio de la Calle del Kilómetro en la que sucedían fenómenos paranormales y vinculados con los asesinatos de prostitutas y de travestis.
EL LABERINTO DEL VERDUGO. PREMIO NOVELA EDITORIAL COSTA RICA 2009 Y PREMIO NACIONAL DE NOVELA AQUILEO J ECHEVERRÍA 2010.
Crítica de La ruta de su evasión
Conclusión
: La ruta de su evasión es más bien la ruta de la paciencia del
lector. Una obra que quiso ser pionera, pero que a ratos parece un borrador
interminable de quejas existenciales.
Vamos a
despojar La ruta de su evasión desde la pura calidad literaria,
comparándola con sus contemporáneas.
Comparación con su época
Calidad literaria
¿Mito y leyenda más que calidad?
Conclusión:
La ruta de su evasión es más ruta hacia el mito que hacia la literatura
mayor. Un texto que se recuerda más por la aura de su autora que por su
estructura narrativa.
***
Cuadro comparativo de calidad literaria
(años 40–50)
|
Autor / Obra |
País |
Año |
Rasgos principales |
Calidad literaria comparada |
|
Yolanda
Oreamuno – La ruta de su evasión |
Costa Rica |
1948 |
Narrativa
introspectiva, experimental, centrada en la agonía y recuerdos de Teresa. |
Innovadora
en Costa Rica, pero dispersa y recargada; más mito cultural que obra sólida. |
|
Carlos
Luis Fallas – Mamita Yunai |
Costa Rica |
1941 |
Realismo
social, denuncia de la explotación bananera, lenguaje directo y vigor
narrativo. |
Alta
calidad literaria y política; canon nacional por su fuerza testimonial. |
|
Fabián
Dobles – Ese que llaman pueblo |
Costa Rica |
1943 |
Novela
social, personajes colectivos, crítica a la desigualdad. |
Mejor
estructurada y con mayor impacto social que Oreamuno. |
|
Miguel
Ángel Asturias – El Señor Presidente |
Guatemala |
1946 |
Novela de dictadura,
lenguaje poético, simbolismo, precursor del realismo mágico. |
Obra mayor
de la literatura latinoamericana; supera ampliamente a Oreamuno en estilo y
alcance. |
|
Juan Rulfo
– El Llano en llamas |
México |
1953 |
Cuentos
breves, sobriedad, intensidad, atmósfera rural y existencial. |
Calidad
literaria excepcional; economía expresiva que contrasta con la densidad de
Oreamuno. |
|
Virginia
Woolf – Las olas (referencia europea) |
Inglaterra |
1931 |
Narrativa
experimental, flujo de conciencia, innovación formal. |
Modelo de
introspección bien lograda; Oreamuno intenta algo similar pero sin la misma
maestría. |
Conclusión
En oportunidades, me la imaginé paseando por el centro de San José con su indumentaria de chica gótica. En mi pensamiento la veía con otro grupo de jóvenes en el parque San Gregorio fumando hierba o me la figuré en una de las terminales del metro Periférico esperando al tren para escabullirse en medio de las sombras y de la noche. ¿Por qué de las ideas recurrentes de una Florina desconocida?
***
¡Acá, es donde suceden y aparecen las cosas extrañas! Una noche no quedamos de vernos y, por azar la miré en una de las galerías de la Torre de los Desechos... ¿Qué hice? Pues, la seguí. Florina andaba en compañía de tres hombres. ¿Conocía yo a los hombres? No. Sigo… pues… Bajaron a un subnivel del primer piso y apresuraron el paso... no lo entendía, ¿apresurar el paso? ¿Para qué y por qué? Sospeché, me descubrían y no enfrentarme, formaría parte de la estrategia, bastaba huir en medio de los claroscuros. O, ¿existía otro argumento de Florina más fuerte para no presentarme a los hombres?
Y al apretar el paso, me acordé de un detalle, el subnivel en que estábamos -para desviar mi atención y con suerte burlar mi persecución- es un pasillo ciego, no posee otra salida.
Error: ellos corrían sin importarles en cuál galería ingresaban. Más, la sorpresa me la llevé yo: llegué al final de la galería y estaba vacía, sin rastro de los perseguidos, a pesar de que el zaguán se iluminaba con farolas. ¿Adónde se escondían? ¿Acaso en la persecución doblé por una galería equivocada? Insisto: una lámpara de metal colgada a varios metros de altura me daba la suficiente claridad para poder percibir el lugar: nada, no existía nada. Lo confieso: al principio la cólera me ganó, ese sentimiento burdo me revolvía las tripas, me sentí humillado, me sentí burlado, un niño al que sus amigos se le esconden para darle una broma pesada o huyen por no querer su compañía.
Cesando la cólera empecé a sentir temor, esa sensación de temor mezclado con abandono. Y el temor se transformó en pánico, transgredía el razonamiento lógico, desafiaba las leyes de la física. ¡La materia no puede desaparecer, en este caso: cuatro personas!
¿Qué hice? En situaciones extrañas y de riesgo, pánico, temor o de confusión la persona reacciona de diferentes maneras... usted lo sabe muy bien y... terminé pegando la cara con el final de la pared del pasillo: ¡Centímetro a centímetro el pasadizo lo inspeccioné! Tantee y escudriñé las paredes... nada... nada, el pasillo literalmente se los tragaba: lo único presente en derredor mío era una veintena de cajas de cartón apiladas en torres cerca de las paredes del zaguán y las que me cercioré estuvieran vacías. Nunca he estado tan confundido... hasta que ... tuve una explicación satisfactoria.
¿Cuál? El arte de esconder objetos delante de nuestros ojos, a un palmo de nuestras narices: el hombre engañaba al ojo. Estaban en el lugar Florina y los hombres, no obstante, mis ojos no los visualizó. ¿Usted ha oído hablar del punto ciego? Si no lo ha oído mencionar se lo digo: “el punto ciego es una zona de percepción que no podemos notar, el ojo es burlado”.
Lo anterior es un viejo truco utilizado por los ingleses en la Segunda Guerra Mundial para desaparecer ciudades enteras y los nazis no las bombardearan.
Es la única explicación. Mi teoría estaba sustentada en averiguaciones posteriores. ¿Cómo lo supe? El hombre realizaba un espectáculo de ilusionismo en el night club. Digo ilusionismo, la palabra es más justa al acto de aparecer y desaparecer objetos y otras cosas más. El ilusionismo es un engaño óptico, el ojo es burlado, o la persona es inducida a valorar una situación en forma equivocada. ¡Magia es otra cosa! Magia es servirse de poderes sobrenaturales para transformar algo. ! ! Son cosas totalmente diferentes!
Todo iba armándose en mi mente: el Zandunga, el hombre de la chivilla con los bigotes a lo Salvador Dalí e ilusionista; Florina, stripper en el night club. Sí, me juraron en el Zandunga que de vez en vez ella hacía de stripper. Nunca lo mencionó, no obstante, yo lo supe, lo averigüé. ¿Por qué lo hacía? Placer, la sensación del estar semidesnuda en la penumbra, saberse objeto erótico eso a ella también la erotizaba. ¿Qué le parece don Henry?
***
(Horas después de la primera entrevista de Lázarus).
En el bufete: sueños y en busca de pistas en la Morgue Judicial.
Las luces del Valle de las Muñecas permanecían allí, sentí un enorme deseo de volver a aquel mundo, también – no lo niego - con los sucesos violentos en el Mall Vellavista y la muerte de don Julián Casasola Brown, no regresaba ni al Bellavista cerca del campus universitario ni al Valle de las Muñecas.
¿Mi pasatiempo por las noches? Lo ocupaba para ir a ver a mi viejo amigo el Gran Archivero... ¿acaso volvería a visitar la Torre Báquica? ¿Acaso el dique de contención y de una falsa moral – del deber ser lo correcto- se rompía de nuevo dejando libre el cauce de tanto vicio oculto que yo Henry de Quincey no domesticaba?
Y, me recosté en el sillón de cuero negro y me quedé dormido.
***
Al Mamulón Zúñiga ya verán lo sucedido con él. Los incidentes o las historias del Mamulón Zúñiga se entrelazan con mi historia. Ejemplo: (ya estoy adelantando) fueron los acontecimientos en tierras mexicanas y, la cuestión con los narcotraficantes allá y acá en Costa Rica. ¿Lo ven? Todo se relaciona. No deseo adelantar más de los eventos de México y Costa Rica y lo sucedido con el Mamulón Zúñiga y, con Ernesto Miranda Rojas, ni mucho menos la historia con los narcos mexicanos acá en territorio nacional. ¿O les adelanto la historia? Ustedes por otros medios se pueden enterar, si me tienen paciencia yo les contaré... y si no me tienen paciencia pues, ¡qué carajo, ustedes se lo pierden!
¡Ahhh también ustedes se van a enterar de la historia de Florina y sus amigos Reinita y Lázarus! !Créanlo, se relaciona con los otros relatos que les acabo de señalar! ¡Lo juro!
***
Allí está la imagen: la mirás tomando el agua, inclinando el rostro hasta el grifo, lamiendo con su lengua el agua fresca, saciando su sed infinita. Elizabeth-Ninfa
a la sombra de los grandes árboles dormidos y vos, espiando sin poder detener el círculo de la muerte, de la angustia. Desesperación de caer al vacío.
Es tuya en aquel instante por siempre.
Hacés una señal, sin embargo, sos un murmullo, un discurso ficticio cerca de
su oído, una frase de amor nunca escuchada.
Y entonces, repetirás la imagen una eternidad: Elizabeth en lo furtivo cotidiano. Elizabeth inclinada abriendo el grifo
y dejando escapar el agua hasta su boca, hasta su lengua.
¿La mirás? Cerrás los ojos. Hace calor, no sabés qué sucede porque también el frío congela.
El apartado “El pacto. Inglaterra, Ciudad de México, 1939-1987” en Principios nocturnos se entiende como el núcleo narrativo que articula toda la obra.
Encuentro con Astaroth (Lord Rutland): Byron Deford, joven escritor frustrado, conoce en Inglaterra a un misterioso personaje que se revela como emisario del Diablo Mayor. Este le ofrece un trato: éxito literario a cambio de su alma.
La propuesta:
Ser el mejor escritor de su generación.
Recibir como asistentes a los siete demonios de los pecados capitales.
A cambio, entregar un alma por cada pecado capital, asegurando que esas almas mueran en el pecado.
La prebenda: Si logra reunir esas siete almas, quedará libre del infierno; si fracasa, se convertirá en demonio menor.
El signo del pacto: Un absceso en la nuca que, al quinto día, se transforma en un ojo de vidrio que Byron debe colocarse en la frente para escribir. Ese “tercer ojo” lo convierte en un cíclope literario, símbolo de vigilancia y condena.
Los siete demonios: Astaroth le presenta a sus nuevos secretarios (Aamón, Adremelech, Esfria, Goodfellow, Malfas, Nergal y Belfegor), cada uno con su alias humano y su función.
Espacios narrativos: Tras el pacto, vuelan juntos a una mansión en la campiña inglesa, donde se organiza la vida literaria del escritor bajo reglas infernales.
Este capítulo dramatiza la alianza entre creación y condena:
El pacto es metáfora del precio de la genialidad: la perfección literaria no se alcanza sin un costo espiritual.
Inglaterra y Ciudad de México marcan los dos polos de su vida: el inicio del pacto en Europa y su desenlace en América.
El ojo infernal simboliza la vigilancia constante del pacto y la transformación del escritor en un ser híbrido.
Los demonios representan tanto los vicios humanos como las fuerzas que sostienen la escritura: soberbia, avaricia, lujuria, envidia, ira, gula y pereza se convierten en motores creativos.
En síntesis: “El pacto” es el fundamento de Principios nocturnos: un contrato sobrenatural que convierte la literatura en ceremonia nocturna, donde la genialidad se paga con servidumbre demoníaca y riesgo de condena eterna.
En colaboración: Dr. Enrico Pugliatti y Méndez-Limbrick
https://editorial.uned.ac.cr/gpd-principios-nocturnos-2da-edicion-9789968040853.html
Entonces, el gigante descansó por 3 días en la cima de un monte, y el TIRANO sintió miedo en el sueño de ser abandonado en medio de la oscuridad y en la cima del monte, y el TIRANO murmuró, no me dejes, no me abandones, y de nuevo escuchó la voz del gigante: no, no te abandonaré.
***
Y entonces, el tirano oyó látigos que zumbaron por encima de su cabeza. Avanzó sosteniendo el espejo con su mano y más allá de una taberna improvisada de una ciudad improvisada miró a unos demonios y unos hombres que hacían trueques de cartas en una mesa y los demonios eran custodiados por otros demonios.
INTRODUCCIÓN Pervivenda de la literatura griega «Una misma ola desde Troya ondula su grupa hasta noso tros» escribió Saint-John Perse Una...