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sábado, 22 de noviembre de 2025

Luis Arturo Guichard Asclepiades de Samos Epigramas y fragmentos Estudio introductorio, revisión del texto, traducción y comentario





Prólogo 

 Este libro es un estudio de conjunto, con revisión del texto, traducción y comentario, de toda la obra conservada bajo el nombre de Asclepía- des de Samos, poeta del siglo III a. C. al que se cuenta entre los más importantes epigramatistas de una época, la helenística, en la que pro bablemente se hayan escrito los mejores epigramas de la literatura grie ga Se incluyen aquí tanto aquellos epigramas cuya autoría es segura (I- XXXIII) como aquellos en que se encuentra sujeta a duda (*XXXIV- ♦XXXIX: Asclepiades o Posidipo; *XL-*XLVII: Asclepiades u otros autores). Aunque tomo partido en cada caso a favor de una u otra atri bución y creo que varios de ellos definitivamente no son obra suya, no he considerado conveniente excluirlos, sobre todo cuando la reciente publicación por parte de G. Bastianini, C. Gallazzi & C.

 Austin de los epigramas de Posidipo conservados en P. Mil. Vogl. VIII 309 me ha permitido enriquecer en varios casos la discusión de autoría. Se inclu yen también los seis fragmentos atribuidos con mayor o menor segu ridad a Asclepiades, y que pueden haber pertenecido a epigramas o a poemas de otro tipo.1 Los problemas textuales que presentan los epigramas de Asclepiades aconsejaban una revisión completa del texto. Para ello he consultado directamente los manuscritos que se encuentran en Paris y Londres,2 he utilizado el facsímil de P publicado por Preisendanz (1911) y he mane 1 2 En el presente comentario, la numeración de los epigramas cuya autoría no se encuentra sujeta a discusión (I-XXXIII) es la misma de HE y EG, no porque esté de acuerdo con ella - desde mi punto de vista el orden de IX y X debería inver tirse, XIII debería aparecer como XI, etc. sino porque creo que no tiene sentido alterar una y otra vez el orden de corpora escasos como éste (véase las concor dancias en p. 487). 

La numeración de los epigramas de autoría discutible (*XXX1V-*XXXIX y *XL-*XLVI) es también igual a la de HE, pero difiere de EG al haber trasladado Page algunos de los epigramas a la sección dedicada a Po sidipo; el epigrama * XLVII del presente comentario corresponde a Nicéneto 5 HE; el fragmento 1, a Asclepiades *47 HE; para la numeración de las ediciones anteriores y de los fragmentos 2-6, no incluidos en HE ni EG, véase igualmente las concordancias y pp. 76-77. Véase la descripción de los manuscritos en pp. 85-97 y las siglas en p. 137. jado reproducciones microfilmadas de los manuscritos restantes, sea de los existentes en el Institut de Recherche et d'Histoire des Textes, Sec- tion Grecque (París), sea adquiridos para tal efecto. He tenido oportu nidad de incluir en el aparato crítico cuatro manuscritos (los apógrafos BGLR) que no fueron consultados directamente por Gow & Page, auto res del comentario de referencia más reciente, y otros dos (Q y el apó grafo V) que no fueron utilizados por ellos ni directa ni indirectamente. Los apógrafos tienen una gran importancia para el establecimiento del texto ya que contienen conjeturas de filólogos importantes, a menudo atribuidas de manera azarosa; su estudio, no obstante, fue apenas co menzado por Aubreton, cuyos trabajos revelaron una masa enorme y compleja de manuscritos a los que nadie se ha enfrentado después de él. En mi caso, me he limitado a intentar poner un poco de orden en las siglas y en el aparato crítico, registrando los manuscritos que utilizo y señalando los epigramas que se encuentran en cada apógrafo.3 Debido a la importancia que las conjeturas tienen para el establecimiento del texto de la Antología, discuto la mayoría de ellas en el comentario, pero en el aparato crítico sólo incluyo aquella que he adoptado o, en el caso de haber preferido la lectura de otro manuscrito, la que ha merecido mejor consideración por parte de los filólogos: alii alia equivale por lo tanto a un perentorio véase el comentario, donde registro el resto de las conjeturas;4 de esta manera he tratado de evitar una engañosa apariencia de abundancia de variantes en la transmisión del texto. La revisión de 3 4 Véase pp. 92-97. 

Resulta un tanto sorprendente que, habiendo tantas copias y siendo tan complicada la relación que existe entre ellas, los editores nunca men cionen la catalogación de los apógrafos que utilizan; Gow & Page de hecho no los consultaron y prefirieron seguir a Stadtmüller, que sólo colacionó dos, el Lip- siense y el Buherianum; el resultado es que se atribuye a los apógrafos conjeturas que no se encuentran en ellos y se ignoran otras que no han sido tomadas en cuen ta por editores anteriores. Particularmente difícil es el problema de las conjeturas que tradicionalmente se atribuyen a Saumaise; a partir de los estudios de Aubreton, yo en lo persona] dudo de que alguna vez haya existido un apographon Salmasianum del que deriven los demás; el hecho es que Jacobs, Beckby y Gow & Page atribuyen a Saumaise las conjeturas de los apógrafos como si en efecto proviniesen de él. Como explico en el apartado correspondiente (pp. 87-92), yo prefiero indicar simplemente el apó grafo en el que aparecen las conjeturas y sólo atribuyo a Saumaise las que se en cuentran en su obra publicada (véase por ejemplo XXIV) o aquellas que no he podido localizar pero no se encuentran en los apógrafos. estos puntos permite aclarar algunas inconsistencias en el aparato de HE.5 El texto que presento es conservador, aunque no tanto como el de Gow & Page. Si ésta fuera una edición sin comentario, en la que no hubiera otra manera de matizar las elecciones editoriales que el aparato crítico, o más aún, una edición bilingüe centrada en el castellano, acaso me hubiera permitido adoptar conjeturas o lecciones de manuscritos que hicieran los textos más fluidos y legibles: tal es el objetivo de la mayoría de las conjeturas en pasajes conflictivos.

 No es así. El texto que presento forma una unidad con el comentario y pretende ser un punto de partida para éste; las alternativas posibles están a la vista en el comentario, matizadas y a salvo, de modo que no es necesario incorpo rarlas en el texto más que en casos de relativa seguridad. Mi texto, si se me permite decirlo así, pretende ser un texto lo más abierto posible, en el que puedan reflejarse los problemas de transmisión e interpretación de los epigramas. Quiero señalar aquí que no me ha sido posible consultar manuscritos de la transmisión indirecta, representada fundamentalmente por Plu tarco, Ateneo, la Suda y algunos escolios de Tzetzes, obras de las cua les existen ediciones recientes y en general fiables.6 En cuanto a los papiros, he trabajado sobre fotografías, incluyendo P. Oxy. 3724, publi cado por Parsons en 1987 y que tampoco estuvo por lo tanto al alcance de Gow & Page. He manejado asimismo las veinte ediciones de la An tología Palatina y la Antología Planudea que describo en el apartado 5 6 Destaco las siguientes en el texto de Asclepiades: 1) uno pensaría que en XI1. 4 no hay ningún problema textual aparte de aÜTrp C; en verdad el texto que impri men Gow & Page (dXX’ otqv oiyopéurií) es una corrección de Jacobs a dXX’ ot áv oi-yon^ur|9 C; tampoco se sabría que Pi tiene otra lectura (dXV o t’ ái'OL-yo- tiéuTi?). 2) En XXVI. 3 no es del todo claro cuál es la lección de la Suda. 3) en XXVII. 1 uno creería que PPl transmiten la misma lección ’Hpíwris, lo cual es incorrecto: P transmite ’Hpími?. 4) Como no hay ninguna aclaración acerca de este punto, uno no sabría por qué en XXVII. 1 se acepta ’Hpíio'Tis mientras en 2 se acepta napOeviicás. Siendo coherente habría que aceptar desinancias áticas en ambos términos (como hizo Estienne) o bien dorias en ambas (Neri); algo similar ocuiTe con las formas dialectales de XXXIU y XLV. 5) En XL. 3 no se sabría que la lectura aceptada por Gow & Page (¿v’) es una corrección de ed. vet. 1566 (Es tienne) del traditusiv (P^Pl), ni que transmite ei\ Véase p. 84 y la tabla de fuentes en p. 489. correspondiente.7

 Cualquiera que haya trabajado en un texto tan com plejo como el de la Antología Griega comprenderá que haya preferido el término revisión del texto en lugar de edición critica para calificar mi trabajo. Para el comentario he aprovechado una larga tradición filológica a la que he intentado dar forma y contenidos acordes a nuestra comprensión actual del epigrama griego. Mi deuda hacia obras mayores en este cam po (Jacobs, Meineke, Gow & Page, Pfeiffer, etc.), patente a lo largo de mi trabajo, es tan grande como la que puede tener cualquiera que con conocimiento de causa vuelva sobre temas tratados por los grandes maestros de la Filología. El comentario de los epigramas *XXXIV- * XXXIX es sensiblemente más breve ya que se cuenta con el comen tario reciente de E. Femández-Galiano; puesto que el doblete es inevi table mientras no se solucionen definitivamente los problemas de auto ría que afectan a estos epigramas, he intentado incidir en puntos a los que Femández-Galiano prestó menor atención; mi tratamiento de estos epigramas es en todo caso complementario del suyo, en el que me he basado en muchos aspectos, al igual que en otros trabajos que me pare cen especialmente útiles, como el de Sider sobre los epigramas de Fi- lodemo. 

Bajo el aparato crítico de cada texto estudiado señalo los poe mas de otros autores con los que éste tiene una relación de imitatio o variatio importante, una relación, podríamos decir, genética, pero no se persigue de ninguna manera un aparato de loe i símiles; éstos se discuten en el comentario. Se incluye también al incio del comentario de cada epigrama una síntesis bibliográfica para facilitar la consulta a quien desee profundizar en las diferentes interpretaciones o conjeturas; evi dentemente no recojo todas las opiniones de los filólogos anteriores, a menos que se trate de pasajes especialmente discutidos, que los hay (véase por ejemplo V. 1, XVI. 7, XXV. 1 o *XXXVI. 1-2); en esos ca sos, la discusión va en letra más pequeña. En general, la bibliografía recogida sistemáticamente en este trabajo llega hasta 2002, incluyéndo se sólo algunos libros o artículos publicados en 2003 y 2004. Respecto a la traducción, me gustaría señalar que, en virtud de que existe una excelente traducción rítmica completa y otras parciales,8 he 7 8 Véase pp. 97-102. Todos los epigramas de Asclepiades figuran en la versión rítmica de M. Fernán dez-Galiano (1978), excelente versión con presentaciones que a veces constituyen optado por una versión que, sin tener como objeto la literalidad, sirva como instrumento del comentario al tiempo que sea agradable - espero - en español; contraviniendo un tanto mi formación mexicana, mis tra ducciones no tienen, pues, ninguna intención métrica ni rítmica. Lo mismo vale para la traducción de los testimonios y los textos citados en la introducción. No traduzco los textos citados como paralelos en el comentario, aunque en ocasiones se trate de epigramas completos. En el estudio introductorio se reúnen y estudian los testimonios acerca de la vida y obra de Asclepíades, así como su relación con otros poetas (cap. 1); se analiza su aportación al desarrollo del epigrama lite rario, haciendo hincapié en la incorporación de elementos de otras tra diciones poéticas (fundamentalmente la elegía, la monodia y la come dia) como una de las claves para la conformación del epigrama como género dominante de la poesía helenística (cap. 2); se traza una historia de la transmisión del texto que permita revisarlo en profundidad (cap. 3); se estudian las características lingüísticas de los epigramas, en es pecial la problemática mezcla de dialectos (cap. 4), y se describen las características prosódicas y métricas de los epigramas transmitidos bajo el nombre de Asclepíades, comparando sus usos con los de otros auto res (cap. 5). Es casi una norma de las ediciones y comentarios que el capítulo dedicado a la transmisión del texto figure inmediatamente an tes de los sigla y de la edición del texto propiamente dicha. En el pre sente trabajo, el capítulo acerca de la transmisión del texto aparece an tes del estudio lingüístico y métrico en virtud de que éste supone el conocimiento de los problemas de autoría causados por la transmisión manuscrita y la correspondiente división de los epigramas estudiados en tres grupos.

9 El trabajo que he descrito aquí muy sumariamente pretende contri buir a cubrir un hueco llamativo en los estudios especializados acerca del epigrama helenístico, que avanzaron en la segunda mitad del siglo un pequeño comentario. Los epigramas eróticos aparecen en las traducciones es pañolas de los libros 5 y 12 de AP: de Villena (1980); Rodríguez Alonso & Gon zález (1999); Galán Vioque & Márquez Guerrero (2001). Veintiuno de ellos apa recen en Brioso (1993) y cinco en Maruri (1991); la antología de Brioso aporta en muchas ocasiones una interpretación del sentido de los textos por medio de los tí tulos añadidos por el traductor. 9 Véase en particular pp. 76-77. XX en la dirección sugerida sucesivamente por Pfeiffer y Lloyd-Jo- nes:

10 la preparación de ediciones que separasen cronológicamente los textos y la elaboración de comentarios que, restituyendo a los prin cipales autores su individualidad, profundizara en la obra de cada uno de ellos. La primera de estas sugerencias se ha visto cumplida en parte con las ediciones comentadas de Gow & Page de las Coronas de Me leagro y de Filipo (1965 y 1967)11 y con los Further Greek Epigrams de Page (1981), aunque hasta el momento nadie haya editado el Ciclo de Agatias; la segunda, con los comentarios realizados acerca de varios epigramatistas helenísticos.12 Sobre Asclepiades de Samos, sin embargo, no se cuenta hasta la fe cha con ningún trabajo de conjunto de este tipo, a pesar de la impor tancia que su obra tiene en la conformación del epigrama como uno de los géneros dominantes de la poesía helenística.13 Aparte del monumen tal comentario de Jacobs14 y de las selecciones de Meineke, GefTcken y 10 Pfeiffer (1955); Lloyd-Jones (1984). 

 11 Es importante recordar que en los Hellenistic Epigrams de Gow & Page, el co mentario de Meleagro es sobre todo obra de Page y el del resto de los epigrama tistas, entre ellos Asclepiades, lo es sobre todo de Gow, que tenía ya avanzado el trabajo cuando Page comenzó a colaborar con él; teniendo esto en cuenta se com prenden mejor ciertas diferencias, como el señalar influencia sobre Asclepiades I de un pasaje de Esquilo que Page había considerado espurio al editar el Agame nón (Denniston & Page [1957]) o que los epigramas de Asclepiades en los Epi- grammata Graeca de Page (1975) sean sólo treinta y siete, cuando en HE eran treinta y tres de atribución segura y catorce de atribución dudosa. 12 13 14 Una útil relación de la mayoría de los comentarios se encuentra en Sider (1997), 236-238 y Galán-Vioque (2001), 11-12. Me gustaría mencionar que durante el Quinto Coloquio de Groningen acerca de la Poesía Helenística (septiembre de 2000), el Profesor A. Sens, autor de útiles co mentarios de Teócrito, Arquéstrato y Matrón, me comentó su interés en preparar un comentario de Asclepiades e incluso intercambiamos amistosamente una breve muestra de nuestros avances (le entregué mi comentario de XXV en una versión aún poco desarrollada y él me dió los suyos de III, XXX11I y *XXXV). Al tra tarse de material provisional, he preferido no hacer uso de él, aunque sí incluyo sus aportaciones publicadas (Sens 2002,2002a, 2003, 2004). Véase mi descripción de las ediciones en pp. 97-102. Los trece tomos (unas 6000 páginas) de esta obra - la edición de Brunck en los cuatro primeros y los comen tarios de Jacobs en los restantes - siguen siendo el mejor y más completo comen tario de muchos epigramas ajuicio de Page y de otros editores; pese a estar ya an ticuado en muchos aspectos - fue publicado entre 1794 y 1814 - resultaría difícil. Veniero,15 sólo se contaba con dos monografías. 

La Tesis Doctoral de Peters, una investigación bastante completa para su momento y bri llante en el comentario de algunos textos, quedó inédita y actualmente es tan difícil acceder a ella - además de incómoda su consulta por tra tarse de un ejemplar manuscrito - que la mayoría de los críticos y edito res no la utilizan.16 De hecho, no la conocía Knauer cuando escribió su Tesis Doctoral en la Universidad de Tiibingen,17 el único comentario que suele citarse en la bibliografía especializada, a pesar de que no in cluye todos los poemas y de que resulta ya un tanto difícil de manejar, pues las ediciones que utiliza han sido sustituidas y carece de índices. El libro de los Wallace (1941) no es propiamente un comentario, sino una recopilación de traducciones inglesas, por lo demás interesantes de leer. El comentario de Clack (1999), como otros del autor, es estricta mente divulgativo. Este libro es una versión revisada de mi Tesis Doctoral, leída en la Uni versidad de Salamanca en junio de 2002 y con la que obtuve el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad y el Premio a la mejor Tesis Doctoral de Filología Griega de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (2003). Como todo trabajo de Tesis, éste debe mucho a perso nas e instituciones que me apoyaron de una u otra manera durante su realización. 

La Universidad Nacional Autónoma de México me conce dió una beca completa de doctorado entre enero de 1997 y diciembre de 2001, gracias a la cual me fue posible llevar a cabo mis estudios en la Universidad de Salamanca y la investigación de Tesis, así como realizar si no es que imposible, que un solo autor pudiera poner al día el conjunto sobre el que trabajó Jacobs. 15 16 Meineke (1842) se ocupa de treinta y seis epigramas; Veniero (1905) incluye cuarenta; Geffcken (1916) comenta brevemente trece epigramas. Cfr. Peters (1922). «Non é mai citata e tanto meno presa in considerazione nep- pure dagli studiosi tedeschi» observa Stella (1949), 75; de hecho, sólo la utiliza con frecuencia Galli (1982) en su excelente trabajo acerca de los epigramas con problemas de autoría. 17 Knauer (1935), reimpreso junto con Radinger (1895) y Mattsson (1942) por Taran (1987), I. estancias en Berlín, París y Londres. Los Proyectos de Investigación PB 97-1311, BFF 2001-1957 (Ministerio de Educación y Cultura de Espa ña), SA 67/99 y SA 016/02 (Consejería de Educación, Junta de Castilla y León), coordinados en la Universidad de Salamanca por el Profesor José Antonio Fernández Delgado, me proporcionaron fondos para la adquisición de material bibliográfico y reproducciones de manuscritos. El Warburg Institute de la Universidad de Londres, por último, me con cedió la Albin Saltón Fellowship 2001, gracias a la cual pude desarro llar este y otros proyectos. 

 La publicación de este libro ha sido parcialmente subvencionada con fondos del Proyecto de Investigación BFF 2001-1957 del Ministerio de Educación y Ciencia de España. Hago constar mi agradecimiento al Decanato de la Facultad de Filo logía, Universidad de Leipzig, por haber accedido a enviarme una foto copia de la Tesis manuscrita de O.I. Peters. Agradezco a Francisco Cortés Gabaudán su ayuda en la solución de los problemas informáticos que el griego trae a los helenistas y a Tomás Silva Sánchez y Máximo Brioso la oportunidad de utilizar la valiosa Tesis Doctoral inédita del primero, que me ha sido de utilidad para el capítulo sobre métrica. Agradezco a Henry Kim, conservador asistente de monedas griegas del Heberden Coin Room, Ashmolean Museum (Oxford), sus informes acerca de la moneda que presento como testimonio 3. Por su ayuda durante mis estancias en Berlin y Londres agradezco a Tilman Krischer y Jill Kraye. Agradezco las observaciones y sugerencias, tanto de forma como de contenido, de los integrantes de mi tribunal de Tesis, Profesores Carlos García Gual, Antonio López Eire, Máximo Brioso, Emilio Femández- Galiano y José Guillermo Montes Cala. Ya en su versión como libro, este trabajo tuvo su mejor lector en Enrico Magnelli, que me hizo valio sas sugerencias. 

A los editores de Sapheneia, Margarethe Billerbeck y Bruce Karl Braswell debo agradecer no sólo el haber aceptado el libro en la serie sino también las observaciones que me hicieron llegar a tra vés de la editorial. Hago constar mi agradecimiento al equipo de la editorial Peter Lang y en particular a Katherine Tschopp, que condujo todo el proceso de publicación y me asesoró en el difícil trabajo de composición del texto, que he llevado a cabo yo mismo. Deseo reiterar mi agradecimiento a mis Directores de Tesis de la Universidad de Salamanca, Profesores José Antonio Fernández Delga do y Francisca Pordomingo Pardo, por su revisión minuciosa de las diferentes versiones del trabajo y sus eruditas sugerencias, y a la profe sora Lourdes Rojas Álvarez, de la Universidad Nacional Autónoma de México, por su apoyo desde el inicio de mi carrera académica. De las deficiencias que sin duda quedan en las páginas que siguen somos exclusivos responsables mi circunstancia y yo. 

 Este libro está dedicado a mi familia y a mis amigos en México, de quienes este y otros puñados de sílabas me han mantenido alejado mu chos años, y a mi esposa y a mis amigos en España, a quienes en cierto modo me han llevado a conocer. Salamanca, junio de 2004.

martes, 4 de noviembre de 2025

ISÓCRATES CARTAS PRÓLOGO

 



Traducción de Juan Manuel Guzmán Hermida ΕΠΙΣΤΟΛΑΙ CARTAS INTRODUCCIÓN

 Se han conservado nueve cartas escritas por Isócrates. Su transmisión varía según los MSS.1 y la autenticidad de algunas de ellas es todavía motivo de discusión2. Todas están dirigidas a personajes políticos de primera fila. Con excepción de la IV y de la VIII, que son cartas de recomendación, las demás son consejos políticos, destacando sobre todo la idea panhelénica constante en la producción de Isócrates. 

 Carta I.— Dirigida a Dionisio el Viejo3, tirano de Siracusa entre los años 405 a 367 a. C. Es el primer intento de Isócrates porque sea un príncipe y no Atenas la cabeza de una confederación panhelénica. El progresivo acercamiento entre Dionisio y Atenas, sellado con un tratado de alianza el año 367, hace situar en este año la redacción de la carta. La muerte de Dionisio en la primavera del 367 explicaría que Isócrates no la terminara4. 

 Carta VI.— Los destinatarios son los hijos de Jasón, tirano de Feras en Tesalia, asesinado el año 370 a. C. Isócrates les aconseja renunciar a la tiranía y establecer un gobierno aceptado por sus conciudadanos, así como reanudar con Atenas las buenas relaciones que tuvo Jasón. La carta está incompleta5 y es la que presenta más graves problemas de autenticidad6. Carta IX.— Isócrates escribe esta carta a Arquidamo III, rey de Esparta, a quien ya había dedicado el discurso VI. La intención es la misma de la carta a Dionisio de Siracusa: animar a Arquidamo a emprender una campaña panhelénica contra Persia, que se encuentra ahora con graves problemas internos. La fecha de la carta es segura, porque Isócrates dice (§ 16) que tiene 80 años (356 a. C.). Como las anteriores, la carta está inconclusa7. Carta VIII.— Destinada a los magistrados de Mitilene, en demanda de amnistía para Agenor, profesor de música de los nietos de Isócrates. La fecha de la carta puede situarse hacia el año 350 a. C. (se habla de Timoteo ya muerto, hecho ocurrido el 354 y sabemos por Demóstenes que la tiranía se establece en Mitilene el 347).

 No existen dudas serias sobre su autenticidad. 1Véase Introducción al tomo I. 2Aparte de los capítulos dedicados a esta cuestión en las obras generales de DRERUP, BEKKER, BLASS, etc., véase WILAMOWITZ-MOELLENDORF, «Unechte Briefe», Hermes 33 (1898), G. WEISS, Zur Echtheit der Briefe des Isokrates: syntaktische Beiträge, Schwabach, 1914, y la disertación de L. F. SMITH, The Genuineness of the ninth and third Letters of Isocrates, Lancaster, Pennsylvania, 1940. 3Según el manuscrito Φ, el destinatario sería Licofrón de Feras; sin embargo, que la carta se dirigía a Dionisio lo atestigua el propio Isócrates en Filipo 81. 4Así piensa MATHIEU, Isocrate…, IV, pág. 168. 5MATHIEU, Isocrate…, IV, pág. 169, cree que esta circunstancia se debería al cambio de la situación política. 6MIKKOLA, Isokrates…, págs. 290-292, se inclina por la inautenticidad siguiendo a C. WOYTE, De Isocratis quae feruntur epistulis quaestiones selectae, págs. 41-52, Disertación, Leipzig, 1907. A favor, en cambio, prácticamente todos los editores de Isócrates. 7MATHIEU, Isocrate…, IV, págs. 172-173, piensa que la lentitud de Isócrates hizo que los acontecimientos se adelantaran a su propósito. Las ideas expresadas en la carta a Arquidamo las volverá a exponer en el discurso Filipo. Carta VII.— Clearco, tirano de Heraclea en el Ponto, había sido discípulo de Isócrates. A Timoteo, su hijo, le escribe ahora Isócrates para felicitarle por su buen gobierno y recomendarle al portador de la misiva, un tal Autocrator del que no sabemos nada8. Como Timoteo comienza a gobernar entre 346 y 345, la carta puede fecharse en esos años9. No existen tampoco problemas de autenticidad. Carta II.— Dirigida al rey Filipo de Macedonia, dos años después de haberle dedicado su discurso V. En la primavera del año 344, el rey macedonio había sido herido durante su campaña contra los ilirios; Isócrates le aconseja que refrene su temeridad y no se exponga a peligros innecesarios. Las relaciones entre Filipo y Atenas son bastante tensas en estos momentos; a pesar de ello, Isócrates vuelve a intentar la reconciliación entre su ciudad y el rey, y parece que sus consejos tuvieron eco10. La fecha oscila entre el año 344 y el 342 a. C.11.

 Carta V.— A Alejandro de Macedonia. Es un breve mensaje que acompañaba a una carta destinada a Filipo, probablemente perdida12. Contiene algunos consejos sobre la educación del joven príncipe, entonces bajo la tutela de Aristóteles. La curiosidad de la carta está en que en ella Isócrates trasluce la rivalidad existente entre las escuelas cuando se trató de designar un preceptor a Alejandro13. La fecha, insegura, entre los años 342 y 340, en el que estalló la guerra entre Atenas y Filipo. Carta IV.— A Antípatro, regente de Macedonia14. Se trata de una carta de recomendación a favor de Diodoto, personaje desconocido. Sabemos que Antípatro fue como embajador de Macedonia a Atenas en el año 346 y probablemente en 344 y 342. Ello explicaría el tono amistoso que tiene la carta, pues sin duda Isócrates, claro partidario de Filipo, mantendría buenas relaciones con su embajador. El carácter familiar de la carta, inhabitual en Isócrates, así como cuestiones de carácter lingüístico15, han heho muy debatida su autenticidad16. En cuanto a la fecha, como al comienzo de la carta Isócrates menciona la situación de beligerancia entre Atenas y Macedonia, puede situarse a finales del año 340 o comienzos del 339 a. C. Carta III.— En el mismo año de su muerte 338 a. C., Isócrates escribe su última obra, una carta a Filipo. Por lo que dice al comienzo sobre el «combate recientemente librado», éste no puede ser otro que la batalla de Queronea17, sostenida en el otoño del 338. Isócrates vuelve a aconsejar a Filipo la expedición contra Persia; como él mismo dice no ha hecho otra cosa desde su discurso Panegírico. La autenticidad ha sido discutida en base a dos hipótesis: la pretendida muerte de Isócrates a los pocos días de la batalla 8Aunque se cree que este Autocrator se dedicaba también a la retórica, BLASS, Die attische…, II, pág. 330, ha supuesto por las palabras de Isócrates al hablar de su téchne, que sería además médico o adivino. 9BLASS y JEBB dan como seguro el año 345 a. C.; MIKKOLA también, pero con interrogación. 10 MATHIEU, Isocrate…, IV, pág. 176, señala un acercamiento de Filipo a Atenas mediante una política de concesiones, así como la respuesta poco favorable a una embajada del rey persa enviada a Atenas el año 343, a pesar de los intentos de Demóstenes y sus partidarios. 11 MATHIEU y MIKKOLA son partidarios del año 344; L. VAN HOOK, siguiendo a BLASS y JEBB, se inclina por el 342. 12 VAN HOOK, Isócrates, III, pág. 425, cree que este mensaje a Alejandro acompañaba a la carta II. Sin embargo, aludiendo a la edad que entonces podía tener el príncipe, MATHIEU la sitúa entre las dos cartas enviadas a Filipo que se conservan. 13 Rivalizaron para obtener el puesto de preceptor de Alejandro los alumnos de Isócrates Teopompo e Isócrates frente a Antípatro de Magnesia, recomendado por Espeusipo. Como sabemos, al final fue designado Aristóteles. 14 Así lo indican los MSS. Γ y Δ; los demás destinan la carta a Filipo. 15 Presentan dificultades las palabras del parágrafo 11 atta síne (= algo achacosa), así como el término ligyrótaton (parágrafo 4), (= el más agudo en el trato), único en toda la literatura griega. 16 A favor BLASS, JEBB, DRERUP y MATHIEU; en contra WILAMOWITZ y MÜNSCHER. 17 Así se dice en la Vida de los diez oradores del PSEUDO-PLUTARCO (cf. tomo I). de Queronea y el poco patriotismo de un ateniense que escribe al vencedor de su patria en términos tan elogiosos18. Además de estas nueve cartas tenemos noticias de una más, no conservada, destinada a Alejandro de Feras19. Alguna pretendida carta de Isócrates, incorporada en las ediciones modernas, no debe ser tenida en consideración20. Señalaremos, por último, que, al igual que hicimos en los discursos, mantenemos el mismo orden de la edición de MATHIEU-BRÉMOND; en cuanto al número romano que acompaña a cada carta, es el correspondiente a la clasificación de WOLF.

domingo, 1 de junio de 2025

ANTOLOGÍA PALATINA II LA GUIRNALDA DE FILIPO INTRODUCCIÓN, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE GUILLERMO GALÁN VIOQUE

 



NOTA EDITORIAL 

 Este segundo volumen de la versión castellana de la Antología Palatina se publica veinticinco años después del primero, que fue traducido y prologado admirablemente por Manuel Fernández Galiano (BCG 7, 1978). Si esa Antología Palatina I ofrecía los poemas helenísticos antologizados en la llamada Guirnalda de Melea gro (y unos pocos más), la Antología Palatina II recoge los de la posterior Guirnalda de Filipo. Tanto uno como otro tomo presentan un rico conjunto de breves poemas que corresponden a una época precisa de la lírica griega. Uno y otro tienen, en este aspecto, una unidad propia, aunque resulta evidente, por otro lado, la relación y continuidad entre ambos, en su variada temática y sus reiterados tópicos epigramáticos. 

 El lector advertirá algunas divergencias en la presentación de esta versión frente a la de la Antología Palatina I. Mientras allí los epigramas están ordenados por la cronología de sus autores, según el criterio adoptado por Fernández Galiano, aquí se ha preferido la ordenación alfabética, por nombres de autor, más tradicional en las ediciones modernas. En este tomo los poemas figuran numerados consecutivamente, y no se recoge al lado, entre paréntesis, la numeración del antólogo anónimo del manuscrito palatino.

 A cambio, el traductor ha situado, al final del volumen, una tabla útil y precisa de correspondencias entre una y otra lista. Mientras que en el tomo primero se ofrecía después del nombre de cada poeta una 8 ANTOLOGÍA PALATINA escueta semblanza, aquí se ha preferido proporcionar esos datos en nota a pie de página y añadirle una selecta bibliografía. Las abundantísimas notas y referencias bibliográficas de este volumen se justifican por tratarse de una primera versión en nuestra lengua de textos de múltiples alusiones y ecos literarios.

 Ésta es la razón de que presente una amplia y erudita introducción, muy útil para la mejor comprensión de este género poético y sus reflejos en la tradición anterior y posterior. Por otra parte, ésta no es una versión rítmica, según un fijo, es quema acentual, como lo era la de Fernández Galiano, sino una traducción en prosa, muy fiel y muy bien anotada; pero aquí se ha conservado, en su presentación gráfica, la disposición de los versos originales. Hemos tardado mucho, por más de un motivo, en editar esta continuación de la Antología Palatina. Pero la calidad del presente volumen acredita, pensamos, que la demora ha valido la pena. Carlos García Gijal

sábado, 31 de mayo de 2025

FILÓSTRATO CARTAS DE AMOR FRAGMENTOS

 



FILÓSTRATO CARTAS DE AMOR 

1 [A un jovencito]

1 Las rosas, dejándose llevar por sus hojas como si fueran alas, se han dado prisa por llegar hasta ti. Acógelas con cariño, ya por ser el recuerdo de Adonis, ya la tintura de Afrodita2, ya los ojos de la tierra3. Cierto es que al atleta le corresponde el acebuche, al Gran Rey la recta tiara4 y al soldado el yelmo, pero 1 Ep. 29 en la edición de Olearius. 2 El episodio de la muerte de Adonis herido por un jabalí y el sufrimiento de la diosa Afrodita están Intimamente ligados al nacimiento y al color de la rosa, pero las versiones literarias de este detalle etiológico son múltiples. En el Canto fúnebre por Adonis de Bión (frg. 1.64-66) las rosas brotan de la sangre de Adonis y, a su vez, Nicandro (frg. 65 Schn. = Escolio a Teócrito V 92) re lata que la diosa, mientras corría para encontrarse con su amado malherido, se pinchó con las espinas de la rosa y la flor, que hasta entonces había sido blan ca, quedó teñida con su sangre (cf. Ep. 4). 3 Los ojos empleados como metáfora por la parte más hermosa. En la no vela de Aquiles Tacio (II 1) se reproduce la letrilla de una canción dedicada a la rosa en la que se la llama entre otras cosas «ornato de la tierra» y «ojos de las flores». 4 La «recta tiara» es conjetura de Boissonade a partir de una intuición de Wesseling basada, a su vez, en Jenofonte, Anábasis II5, 23, pasaje en el que se recoge que éste era atributo exclusivo del Gran Rey de los persas. 120 FILÓSTRATO a un jovencito hermoso las rosas, por la afinidad en el aroma y por la familiaridad en el color; sin embargo, no serás tú quien se ciña con las rosas, sino ellas contigo5.

 2 [A una mujer]6 Te he enviado una corona de rosas, no tanto para honrarte —aunque en verdad también para esto—, como para hacer un favor a las propias rosas, para que no se marchiten7. 5 Nótese cómo con este ocurrente final Filóstrato no sólo invierte el géne ro del anathematikón (genus dedicatorium) al privar al regalo de su condición excepcional, sino que al mismo tiempo se está invirtiendo o anulando la estruc tura priamélica, pues el aserto de que la rosa compete a los jovencitos (resalta do sobre el de que el olivo, la tiara o el yelmo corresponden al atleta, el rey o el soldado respectivamente) es invalidado en el momento en que se afirma que es realmente el joven el ornato de la flor. Este tipo de construcción antitética se puede leer en Ep. 2 y 9 y es corriente en los epigramas de la Antología Palati na (cf. V 90, 91 y 142 anónimos y V 143 de M eleagro). 6 Ep. 30 en la edición de Olearius. Algunos manuscritos de la familia 1 in titulan «Al mismo» o «A un jovencito». 7 Sobre este tipo de anathematikón invertido en el que el regalo no benefi cia al destinatario, sino que aquél se ve favorecido por éste, véase la nota 5. Re mitimos también a las páginas de nuestra «Introducción» donde se reproduce el poema de Ben Jonson «A Celia», en el que el poeta inglés se expresa en térmi nos idénticos a los del sofista. Bibliografía sobre la influencia del epistolario de Filóstrato sobre la obra de Ben Jonson puede consultarse en A. R. Benner, F. H. Fobes, The Letters of Alciphron, Aelian and Philostratus, Cambridge (Mass.)-Londres, 1949, pag. 417. CARTAS DE AMOR 

 3 [A un jovencito]8 121 Los lacedemonios se vestían con corazas teñidas de púrpu ra, bien para impactar a sus enemigos por el sobrecogimiento que produce su color, bien para no distinguir la sangre por la si militud del tinte9. Vosotros, en cambio, hermosuras, tenéis que pertrecharos sólo con rosas y aceptar de los amantes esta arma dura10. Así, el jacinto11 le corresponde al mozalbete blanqueci no, el narciso al moreno, pero la rosa a todos, porque también fue mozalbete hace tiempo12, y flor, y medicamento y ungüen to13. Ellas persuadieron a Anquises, ellas desalmaron.a Ares, 8 Ep. 27 en la edición de Olearius. Los manuscritos de la familia 1 intitulan «Al mismo». 9 Noticia tomada de las Antiguas costumbres de espartanos 24 de Plutar co (Mor. 238F), de donde se suprime la primera de las razones por la que se vestían de púrpura, a saber: porque lo consideraban un color muy varonil. So bre esta misma anécdota escriben también Jenof. (Anábasis 12, 16, La repú blica de los lacedemonios 11.3), Eliano (Historias curiosas V I6) y V alerio Máximo, I I 6,2 y en los tres casos se refieren a una túnica (no una coraza) coin cidiendo con la lectura —quizá la facilior— de los manuscritos de la familia 1. 10 Nótese el paso al ámbito metafórico de la militia amoris. 11 Todavía hoy sigue siendo discutida la identificación del jacinto griego. En lo que no parece haber dudas es en el tono oscuro de sus pétalos (cf. Ep. 36 —no en vano la flor brotó de la sangre del joven Narciso—) y que en ellos po día leerse un signo parecido a la ípsilon mayúscula (Y), inicial del nombre del muchacho, o las letras alfa e iota (AI), que serían el lamento de Apolo por ha ber provocado su muerte. 12 En cierto modo la rosa fue el joven Adonis (cf. Ep. 1). 13 Para la rosa como fármaco, cf. Anacreónticas LV 24 (Brioso) «remedio de dolientes es la rosa» (así también Dioscórides, 199 y Plinio en su Historia natural XXI73 ss„ y en el Papiro de Oxirrinco II135 se cita como ingredien te específico para el dolor de oído). En cuanto a la rosa como ungüento, el so fista quizá tenga en mente el aceite de rosas (rodelio) con el que la diosa unge el cadáver de Héctor para preservarlo de las alimañas y la corrupción (Ilíada XXIII186). 122 FILÓSTRATO ellas recordaron a Adonis que viniera14, ellas son el cabello de la primavera, ellas los resplandores de la tierra, ellas las antor chas del amor. 

 4 [A un jovencito]15 Me acusas de que no te haya enviado rosas, pero yo no hice esto por indiferencia ni porque sea una persona incapaz de amar, sino porque veía que, como eras pelirrojo y estabas coro nado con tus propias rosas, no te hacían falta flores ajenas. Ho mero no ciñó con corona al pelirrojo Meleagro16, ya que esto hubiera supuesto un segundo fuego sobre el fuego, y un doble tizón sobre aquél17, pero tampoco a Aquiles, ni a Menelao, ni a 14 Anquises, Ares y Adonis son conquistas de la diosa Afrodita, aquí repre sentada por su flor. Anquises es el padre de Eneas, seducido por la diosa mien tras apacentaba sus reses en el Ida; la versión más célebre de los amores de Ares y Afrodita es la que relata el aedo Demódoco en la Odisea (VIH 266 ss.); y en cuanto a Adonis, Filóstrato alude a la disputa que Afrodita y Perséfone mantenían por hacerse con los favores del joven, disputa que Zeus dirimió dis poniendo que aquél pasara una tercera parte del año con cada diosa y el otro tercio con quien quisiera. Finalmente Afrodita consiguió que el joven perma neciera siempre con ella esa tercera parte en la que aquél podía elegir. 15 Ep. 37 en la edición de Olearius. La mayoría de los manuscritos de la fa milia 1 intitulan «Al mismo». 16 En verdad, cuando Homero menciona al héroe etolio (Iliada II642 y IX 543 ss.) nunca lo presenta coronado. 17 Alusión al mito según el cual, cuando Meleagro nació, las Moiras advir tieron a su madre Altea de que mientras el tizón del hogar ardiera el niño segui ría vivo. Por ello la madre guardaba el tizón en un cofre. Pero cuando Melea gro mató a su tío, el hermano de Altea, durante la cacería del jabalí de Calidón, aquélla enfurecida volvió a echar al fuego el tizón y el joven perdió la vida. En Ep. 21 se menciona en un contexto similar una «corona de fuego» para referir se a una guirnalda de rosas. CARTAS DE AMOR 123 los demás que en su obra lucen un largo cabello. Esta flor es te rriblemente envidiosa, efímera y muy rápido llega a su fin18, y se dice que además tuvo su origen en una penosísima causa; esto es: la espina de las rosas pinchó a Afrodita cuando pasaba, según cuentan ciprios y fenicios19. No nos coronemos con san gre. Escapemos de una flor que ni siquiera respeta a Afrodita20. 

 5 [A un jovencito]21 ¿De dónde eres, jovencito? Dime por qué tan inconmovible te muestras en amores ¿De Esparta dirás? ¿No viste, entonces, a Jacinto, no te coronaste con su herida22? ¿Acaso de Tesalia? 18 En su carácter efímero radica precisamente su belleza (cf Aq. Tac., Π 36, 2). Este mismo motivo será retomado en Ep. 51. 19 Cf. Ep. 1. En este caso parece que se pone la sangre de la diosa en el ori gen de la flor y no del color. Por otra parte, el nombre del padre de Adonis, Ci- niras, es de origen fenicio. 20 La última frase podría admitir importantes diferencias interpretativas se gún la lectura de los códices que se adopte. Entendemos que del texto transmi tido por los manuscritos de la familia 2 se extrae una interpretación más acor de con el contenido de la carta, ya que el destinatario insiste, por las razones expuestas y el argumento de que ni siquiera perdonaron a la diosa, en que no es necesario el uso de las rosas para una guirnalda. Sin embargo, el texto transmi tido por los códices de la familia 1 (allá ti; me stephanoúmetha ánthos, ho onde Aphrodites pheídetai;) podría contener un curioso aprosdóketon final para la carta, recurso del que ya hemos visto que gusta Filóstrato, que además estaría acorde con el tratamiento privilegiado que la rosa tiene para un amante, y que en cierto modo daría la razón al amado que quiere que se le manden rosas: «¿Entonces qué? ¿No nos vamos a coronar con una flor que ni siquiera evita a Afrodita?»; esto es: «¿vamos a despreciar nosotros una flor que se atreve con la propia diosa?». 21 Ep. 41 en la edición de Olearius. La mayoría de los manuscritos de la fa milia 1 intitulan «Al mismo». 22 Entiéndase «con las flores que brotaron de la sangre derramada de su he rida»; cf. Ep. 3. 124 FILÓSTRATO Entonces, ¿no te enseñó tampoco Aquiles de Ftía23? ¿Acaso de Atenas? ¿No pasaste, pues, junto a Harmodio y Aristogiton24? ¿Acaso de Jonia? ¿Y qué más delicado que esa tierra de donde son los Brancos25 y los Claros26, los querubines de Apolo? ¿Acaso de Creta, donde más grande es Eros, que vaga en tomo a sus cien ciudades27? Un escita me pareces y un bárbaro proce dente de aquel altar y sus inhospitalarios sacrificios28. Puedes, 23 Pasaje alusivo a la relación de Aquiles y Patroclo, cuya intrepretación erótica, según Ateneo (XIII, 601A y 602E), remonta al menos a los Mirmido nes de Esquilo. 24 Se refiere a las estatuas que en honor de estos dos amantes paradigmáti cos y tiranicidas se erigieron en el ágora de Atenas y todavía Pausanias pudo ver (18, 5). El episodio del magnicidio (Aristogiton mató a Hiparco, hijo de Pi sistrato y hermano de Hipias, al saber que su amado Harmodio iba a ser forza do por aquél) es recogido por Heród., V 55, V I123, Tucíd., 120 y V I54 o los Escolios áticos (PMG 893-896). 25 Pastor amado por Apolo al que dotó del don de la profecía. Fundó el san tuario de Dídima, en la Jonia asiática, que llegó a gozar de fama similar al de Delfos. Este episodio mítico es mencionado por Longo (IV 17), en un contex to muy similar al de la carta, por Luciano (Diálogos de los dioses 6.2), por los Himnos álficos (34.7) y sobre todo por Calimaco (frg. 194 = Yambos 4.28-31) y Clemente de Alejandría (Misceláneas V 8,48). Otras fuentes completas son Varrón, citado por los Escolios a la Tebaida de Estado VIII198 y Co- nón 33 (FGH 26 FI). Este personaje será citado nuevamente en Ep. 8 y 57. 26 Teopompo en el Escolio a Apolonio de Rodas 1308 transmite dos versio nes sobre la fundación de Claros, ciudad jonia junto a Colofón. Se atribuye bien al héroe epónimo o bien a Manto, la hija de Tiresias. 27 Creta «la de las cien ciudades» o hekatómpolis es epíteto homérico (¡lia da II649) en referencia quizá a la populosidad de la isla. Estrabón (X 4, 15) explica el origen de las diferencias entre éste y el otro epíteto similar con el que Homero designa la isla, «la de las noventa ciudades» (Odisea XIX 174). En cuanto a que fuera sede de Eros, cf. Anacreónticas XIV 22 ss. (Brioso): «Cre ta la opulenta, en que de villa en villa Amor su culto tiene abierto». Además esta idea puede tener, dado el contexto, como trasfondo la conciencia de que tradicionalmente se considerase Creta como la cuna de la pederastía. 28 El pueblo escita es paradigmático para designar la barbarie. Sobre sus CARTAS DE AMOR 125 por tanto, honrar tus costumbres patrias. Así que, si no quieres salvarme, coge tu espada. No voy a pedir indulgencia, no te mas; deseo incluso una herida29. 

 6 [A una mujer]30 Si te muestras casta, ¿por qué sólo conmigo? Si complacien te, ¿por qué no también conmigo?31 sangrientos sacrificios y su adopción y adaptación por los laconios, véase la también filostratea Vida de Apolonio de Tiana 6.20. Aristéneto también se servirá del motivo en Ep. II20. 29 Una vez más Filóstrato gusta de los juegos conceptuales basados en una construcción priamélica, en este ejemplo negativa. Tras dejar claro que este jo ven, detractor amoris, no es de ninguna de las regiones griegas citadas, sino de tierra bárbara, en lugar de recriminárselo o rechazarlo, lo da por válido si aca so con una pasión aún más intensa y autodestractiva. 30 Ep. 43 en la edición de Olearius. Los manuscritos de la familia 1 intitu lan «A un jovencito» o «Al mismo». 31 Sobre la estructura poética de esta epístola, véase el comentario en nues tra «Introducción». Además de los epigramas de Estratón (Antol. Palat. XII 235) y Nicarco (Antol. Palat. XI 252), o, como señalan A. R. Benner, F. H. Fobes, The Letters..., ad loe., los versos de Proper., Π 22, 43 (Aut si es dura, nega: sin es non dura, venito!), la carta puede confrontarse también con otras composiciones del de Sardes en las que se recoge en forma de paradoja el com portamiento inconstante de los jovencitos, también conocido como «tópico de los vilanos del abrojo»; cf. Antol. Palat. XII203: «Me besas cuando no quiero; te beso cuando no quieres. Eres fácil, si te rehuyo; difícil, si te abordo»; otra va riante latina y de tipo heterosexual puede leerse en el Eunuco de Terencio (812 s.): novi ingenium mulierum: / nolunt ubi velis; ubi nolis cupiunt ultro. Una variante del motivo puede leerse también en Aristén., Ep. II 16 (cf. n. 370). 126 FILÓSTRATO 

 7 [A un jovencito]32 Como soy pobre te parezco más deshonroso33. Y lo cierto es que incluso el propio Eros va desnudo, y las Gracias y las estre llas34. Veo también a Heracles en los cuadros cubierto con una piel de fiera y las más veces durmiendo en el suelo35, y a Apolo 32 Ep. 44 en la edición de Olearius. La mayoría de los manuscritos de la fa milia 1 intitulan «Al mismo». 33 Esta epístola responde al esquema de los «encomios paradójicos» cita dos en la «Introducción», aunque en este caso puede entenderse bien como un encomio de la pobreza, bien como una variante del progimnasma del vituperio, unpsogos ploútou o «vituperio de la riqueza» (como en Owio.,Amoresl 10,53 ss.). También en Ep. 38 puede leerse que los pobres son protegidos de la divi nidad, idea que también aparece en M enandro, frg. 256 (Κ.-Th). Por otra par te, las concomitancias entre esta carta (y Ep. 23) y los pasajes de Tibul., 15,61 ss. (encomio de la pobreza) y II3,79-80 (castigo voluntario) hicieron postular un origen común de la epistolografía erótica y la elegía latina en la elegía eró tica helenística. 34 Utilización sesgada de la iconografía mitológica en los exempla adu cidos por el remitente. En el caso de Eros y las Gracias se los representa desnu dos como paradigma de belleza natural, sin aditamentos, no de la pobreza; cf. Proper., I 2, 8 Nudus Amor formae non amat artificem', y el frg. 87 (CA) de Euforión: charítessin apharésin. Que las Gracias están desnudas es, además, frase recogida en las colecciones de paremiógrafos antiguos (Apostolio, 182, Zenobio, 136, Gregorio de Chipre, 133). Aristéneto se sirve del mismo mo tivo en Ep. II21. 35 La imagen de Heracles cubierto con la piel del león de Nemea y durmien do en el suelo que el remitente asegura haber visto en cuadros podría estar re mitiendo veladamente a las también filostrateas Imágenes (cf. Π 22 «Heracles y los Pigmeos»). Pero la referencia en la carta a «dormir en el suelo» puede ser igualmente una alusión a la thyraulía, o imagen del amante durmiendo en la puerta de la amada, uno de los elementos que forman parte del paraklausíthy ron, uno de los topoi que, a su vez, configuran el género de composición litera ria del kdmos. Para las koimeseis epi thyrais de los amantes, véase el ilustrativo pasaje del Banquete platónico (183a). El motivo se repite en Ep. 14. Por su par te, el epistológrafo Aristéneto se servirá del motivo en varias composiciones. CARTAS DE AMOR 127 con un liviano calzón lanzando el disco, disparando el arco o corriendo36; en cambio, los reyes persas viven con voluptuosi dad y se entronizan altivos alegando como prueba de majestad su mucho oro. Por ello sufrieron de tan mala forma el ser ven cidos por los indigentes griegos. Era un mendigo Sócrates, pero corría a cobijarse bajo su capa raída el rico Alcibiades37. La po breza no es motivo de reproche, ni la fortuna exime de culpa a nadie en su relación con el prójimo. Mira el teatro: el pueblo lo componen los pobres. Mira los juicios: los pobres se sientan en el tribunal. Mira las batallas: mientras que los ricos con sus ar maduras de oro abandonan la formación, nosotros, en cambio, destacamos por nuestro valor. Y en la actitud que tenemos con vosotros, hermosuras, observa cuánta diferencia hay. El rico se ensoberbece con el que ha seducido, como si lo hubiera com prado. El pobre da las gracias como quien ha sido objeto de pie dad. Aquél se vanagloria de su presa, el pobre guarda silencio. Además el ilustre achaca la conquista a los recursos de su atrac tivo personal; el pobre, en cambio, a la benevolencia de quien la concede. El rico envía en calidad de mensajero a un adulador, a un parásito, a un cocinero y a los camareros; el pobre, a sí mismo, para no perder en estos menesteres el honor de hacerlo él mismo. El rico, cuando ha hecho un regalo, de inmediato queda de manifiesto, pues el asunto se pone en evidencia para 36 También en Imágenes 124 Filóstr. se recrea en la descripción de Apo lo lanzando el disco que hirió de muerte a Jacinto, aunque no se menciona su indumentaria. En cualquier caso, la interpretación de la prenda citada en la car ta se presenta ambigua, ya que el término griego zoma puede hacer referencia a una túnica corta o calzón (con lo que se incidiría en la liviandad de la vesti menta), pero también a un cinturón o talabarte de cuero del que la divinidad lle varía colgadas sus armas (con lo que se incidiría en la desnudez). 37 Para la relación de Sócrates y Alcibiades, véase preferentemente el Ban quete de Platón (219b-d). La imagen de Alcibiades bajo el manto del filóso fo puede leerse también en los Amores de Luciano (54). 128 FILÓSTRATO la multitud de los que están al corriente, de manera que ningu no de los vecinos ni de los viandantes que por allí pasan se que dan sin conocer el hecho. El que tiene trato con un amante po bre pasa desapercibido, pues no va unida a la demanda la indiscreción, evita dilvulgarlo entre ajenos, para que no surjan rivales en amores entre los que son más poderosos que él (cosa fácilmente esperable), y no confiesa su suerte, sino que la ocul ta. ¿Qué más puedo decir? El rico te llama su amado; yo mi dueño. Aquél su lacayo; yo mi dios. Aquél te considera una par te de su patrimonio; yo, en cambio, todo lo mío. Por eso, si aquél se enamora de nuevo de otro, tendrá la misma disposición con él; el pobre, en cambio, se enamora sólo una vez. ¿Quién es capaz de quedarse contigo cuando estás enfermo? ¿Quién de quedarse en vela? ¿Quién de seguirte al campo de batalla? ¿Quién de interponerse ante una flecha disparada? ¿Quién de caer por ti?38 En todo eso soy rico. 

 8 [A un jovencito]39 De que, pese a que soy extranjero, te ame, no te asombres: no se puede condenar a los ojos por extranjería40, pues la belle 38 Las interrogaciones retóricas del remitente enlazan con la creencia gene ralizada de que un ejército formado por amantes y amados puede llegar a ser invencible, al modo del célebre «batallón sagrado» tebano. Son muchos los pa sajes que lo testimonian·. Plat., Banquete 178e-179a, Jenof., Banquete 8, 32- 34, Plut., Erótico 17 (Mor. 761B-C), Charlas de sobremesa 16 (Mor. 618D), Pelópidas 18, Ateneo, XIII, 561F, 602A. Sobre Gorgidas como creador del batallón tebano, véase Polieno, Estratagemas Π 5. 39 Ep. 46 en la edición de Olearius. Los manuscritos de la familia 1 intitu lan «Al mismo». 40 El remitente se presenta como «víctima» de una graphs xenías (así en el Atica o xenelasía en Laconia), proceso (generalmente con castigo de destierro) CARTAS DE AMOR 129 za prende en ellos del mismo modo que el fuego y es preciso que aquélla resplandezca para que éstos se incendien inmedia tamente; pero ni con los oídos ni con los ojos hay que hacer dis tingos entre extranjeros y ciudadanos, sino que para ambos son los mensajeros del alma41. Desde luego Branco42 no huyó de Apolo porque fuera extranjero, ni Hilas43 de Heracles, ni Atim- nio44 de Radamante, ni Patroclo45 de Aquiles, ni Crisipo46 de Layo. También amaba a Esmerdies47 Polícrates el Samio, y al al que se sometía a los extranjeros que habían usurpado derechos de ciudada nía. La carta se incluye en el tipo que se ha dado en llamar encomio paradójico y la argumentación es típicamente escolar, basada en una batería de exempla (¡veintitrés!), de los que once son mitológicos (Branco, Hilas, Atimnio, Patro clo, Crisipo, Esmerdies, Agesilao, Asclepio, Zeus, Ganimedes y el Fénix) y doce de la naturaleza o realia (lluvia, ríos, Nilo, sol, alma, ruiseñor, golondri na, alción, elefante, letras, tisú y magos). Este mismo tema reaparecerá en Ep. 28. 41 Filóstrato introduce una variante o ampliación del topos de los ojos como vía de acceso de la pasión erótica asimilándolo al del «amor de oídas». 42 Cf. Ep. 5, n. 25 43 Hilas es hijo de Teodamante, rey de los dríopes, amado por Heracles. Durante una escala en la expedición de los argonautas, el joven fue raptado por las ninfas de una fuente, lo que provocó que el hijo de Zeus abandonara la ex pedición. Así lo relata Apolonio de Rodas en Argonáuticas 1207 ss. Especial mención merece la reelaboración literaria del motivo en el Idilio XIII de Teócr. 44 Atimnio es una aguda corrección de Boissonade por el transmitido Li- cimnio. Atimnio es hijo de Zeus y Caisopea, al que Apolodoro en su Bibliote ca (III 6) presenta como amado por los cretenses Radamante, Minos y Sarpe don, hijos de Zeus y Europa. 45 Cf. Ep. 5, n. 23. 46 Hijo de Pélope violado por Layo (cf. Ateneo, XIII, 602F). Este episodio se disputa con el de Orfeo en Tracia los orígenes mitológicos de la pederastía. 47 Episodio homoerótico narrado por Eliano (Historias curiosas IX 4), quien también cita la relación con Anacreonte: Polícrates, celoso de Anacreon te, hizo que el joven Esmerdis se cortara la cabellera (cf. Ateneo, ΧΠ, 540C y Anacreonte, PMG 366 y quizá también PMG 347, frg. 1). 130 FILÓSTRATO jovencito persa48 Agesilao (no conozco el nombre del mozalbe te). Foráneas son también las lluvias para la tierra, los ríos para el mar, Asclepio49 para los atenienses, Zeus para nosotros50, el Nilo51 para los egipcios y el sol para todos. Extranjera es tam bién el alma para el cuerpo, el ruiseñor para la primavera, la go londrina para la casa, Ganimedes52 para el cielo, el alción53 para la roca, el elefante54 para los romanos y el ave Fénix55 para los indios: ésta es extranjera y además se demora; y a la cigüeña, en cambio, quienes primero la ven también la veneran56. Foráneas 48 El nombre del jovencito persa es Megabates según Jenof., Agesilao 5 y Plut., Agesilao 11. 49 Recuérdese que su principal centro de culto estaba en Epidauro, en la Ar golide. 50 Quizá haya de entenderse que el remitente escribe en un contexto roma no y no griego, y probablemente también que éste sea uno de los pocos realia extralingüísticos que identifiquen remitente y autor. 51 La ubicación de las fuentes del Nilo fue ya tema de debate en el mundo antiguo. 52 La variante mítica más común, la del rapto de Ganimedes mientras pas toreaba en los montes de Troya por Zeus metamorfoseado en águila, fue pronto motivo paradigmático en la erótica pederástica de la literatura clásica. 53 Alcíone, hija de Eolo, fue metamorfoseada en ave por Zeus y Hera por comparar su felicidad conyugal con la de los dioses y castigada a poner sus huevos en la orilla con lo que el mar terminaba llevándoselos. Finalmente Zeus se apiada y hace que los vientos se calmen siete días antes y después del sols ticio de invierno para que pudiera incubarlos. Éstos son los llamados «días del alción». 54 Aunque el marfil era ya utilizado desde época arcaica, los griegos cono cieron el empleo de los elefantes como medio de guerra en la Batalla del Hidas- pe en la que Alejandro se enfrentó al rey Poro (326 a. C.), mientras que los ro manos en la invasión de Pirro (280 a. C.). 55 Cada quinientos años, según los de Heliópolis (así en Heród., Historias Y Ti). 56 E lian o en su Historia natural X 16 hace referencia a esta misma prácti ca referida a los egipcios. CARTAS DE AMOR 131 son también las letras, pues llegaron de Fenicia57, y el tisú de los seres58 y el saber divino de los magos, cosas todas estas de las que hacemos uso con más placer que de las de la tierra, porque rara es la posibilidad de adquirir aquéllas, mientras que a la po sesión de éstas, en cambio, le damos poco valor59. Mejor es también el amante extranjero, en la medida en que está más li bre de sospecha por ser desconocido, y de cara a pasar desaper cibido es más reservado. Pero si precisas que esté instalado, ins críbeme y sé mi Zeus Fratrio y mi Apolo Patrio, pero mi tribu que sea la de Eros60. 

 9 [A un jovencito]61 ¿Qué les ocurre a las rosas? Antes de estar a tu lado eran hermosas, genuinas rosas (porque yo no las habría enviado si no hubieran merecido que las tuvieras), pero al llegar se mar chitaron inmediatamente y expiraron62. No sé con exactitud la 57 Es un hecho admitido que el alfabeto griego procede del fenicio (cf. H e- ród., Historias V 58), aunque más complejo es elucidar cuándo, dónde y en qué circunstancias se produjo la adaptación. 58 El «tisú de los seres» (Serón hyphaí) es corrección de Boissonade (mo riente Wesseling) por un ininteligible «ninfas de las sirenas» (Seirinôn nytnp- hai) de los códices. 59 La idea de que aquello que es escaso o ajeno es también de más valor pasó pronto a ser proverbial. 60 Las tribus (phylaí) eran divisiones territoriales basadas en pertenencia a grupos de parentesco y, aunque su organización, estructura e importancia fue variando con el tiempo, puede decirse que constituían la base de la sociedad y dominaban la vida política. Aquí la nota erótico-humorística de Filóstrato es evidente. 61 Ep. 33 en la edición de Olearius. La mayoría de los manuscritos de la fa milia 1 intitulan «Al mismo». 62 Agudo juego de palabras, como bien señala F. Conca, Alcifrone. Filos 132 FILÓSTRATO causa, pues no quisieron decirme nada, pero es fácil deducirla: no soportaron verse superadas en gloria, ni resistieron la rivali dad contigo, sino que, tan pronto como tocaron una piel más aromática, al instante murieron. Así también le sucede al farol superado por un fuego mayor, y las estrellas se apagan cuando no pueden mirar de frente al sol. 

 10 [A un jovencito]63 A los pájaros los acogen los nidos, a los peces las rocas, los ojos a los jóvenes hermosos64. Aquéllos emigran, cambian de residencia y se establecen aquí o allá (pues los guían las esta ciones según lo van marcando); pero cuando la belleza ha flui do una sola vez hasta los ojos ya no se aleja de esa morada. Así también yo te acogí y te llevo por doquier en las redes de mis trato... Lettere d’amore, Milán, 2005, ad loe., con esta forma verbal (apépneu- se) que también puede significar «perdieron su aroma». La carta recoge una nueva variante del género anathematikón con las rosas como protagonistas: el regalo, en lugar de ser motivo de encomio —que lo es, como bien aclara el re mitente en el paréntesis— queda desvirtuado en presencia del destinatario (véase en este mismo sentido en el epigrama de Antol. Palat. V 143 de M eleag., cómo se mustia la corona en las sienes de Heliodora). Una constante en este tipo de género de composición literaria es la personificación del regalo, en nuestro caso rosas que no sólo son capaces de sentir pudor o vergüenza, sino que incluso poseen la capacidad de hablar (cf. Ep. 20,46,54 y 63). También en Aristén., Ep. I 3, el aroma de Limone supera todas las fragancias del locus amoenus. 63 Ep. 50 en la edición de Olearius. La mayoría de los manuscritos de la fa milia 1 intitulan «Al mismo». 64 La imagen de los ojos como órganos captores de la imagen del ser ama do está aquí ampliada con la metáfora venatoria de la red. La carta va adqui riendo un tono creciente en el que la pasión amorosa va llevando a la obnubi lación o embotamiento de los sentidos del amante. CARTAS DE AMOR 133 ojos; y si llego a la montaña65, te me asemejas a un pastor que sentado es capaz de seducir a las rocas66; y si llego al mar, el mar te hace emerger como a Afrodita las profundidades67; y si a una pradera, destacas entre las propias flores. En verdad nada semejante brota allí. Porque, por muy hermosas que sean y do tadas de encantos de otro tipo, por el contrario duran un solo día. Y es cierto que cuando estoy junto a un río, éste se desva nece —no me explico cómo— y, en su lugar, creo que eres tú el que fluye, hermoso, grande, mucho mayor que el mar. Y cuando miro al cielo pienso que el sol se pone y que deambula en algún tipo de nivel inferior, y que en su lugar luce quien yo quiero. Y si además se hace de noche, veo sólo dos estrellas, al Héspero68 y a ti. 65 La forma transmitida por los códices de la familia 2 (la familia 1 omite la frase completa) kán te émporós tis («si llego como un viandante») ha trata do de ser corregida desde las primeras ediciones. Preferimos la conjetura de Westermann kán t’ ep’ oros ti más acorde con el contexto anafórico y paleográ- ficamente plausible. 66 Entiéndase «con tu hermosura». Con este impossibile se quiere aludir a Orfeo como paradigma mitológico, músico capaz de mover rocas, animales y árboles con su arte. 67 La figura de Afrodita anadyomene o emergiendo del mar es paradigmá tica en la écfrasis de la belleza femenina. Lo anecdótico aquí es que la carta es de orientación homoerótica masculina, de hecho de algún manuscrito se dedu ce que el destinatario es una mujer, como índica J. F. Boissonade, Philostrati Epistolae..., Paris-Leipzig, 1842, pág. 142: nam satimpro tous kaloùs exhibet tàs kalás. Esta advocación de la diosa volverá a ser citada en Ep. 36 y en Aris- tén., Ep. 17. 68 El Héspero como astro más hermoso de la bóveda celeste es citado ya así en Iliada XXII 318

jueves, 15 de mayo de 2025

TEÓN · HERMÓGENES · AFTONIO EJERCICIOS DE RETÓRICA FRAGMENTO

 



INTRODUCCIÓN GENERAL

 P anorama general Los ejercicios preparatorios de retórica o progymnás mata, que constituyen el objeto de nuestra traducción, tie nen como marco de desarrollo el de las escuelas de retóri ca, en un momento de la historia de Grecia en el que se vive una gran efervescencia cultural, caracterizada sobre todo por el retorno a los grandes modelos clásicos del pa sado. Este renacer cultural, que tiene sus orígenes ya en el s. i a. C. con el denominado movimiento aticista, alcan za su máximo desarrollo en la época de los grandes empe radores filohelenos: Adriano, Antonino Pío y Marco Aure lio, y aparece representado en el movimiento conocido desde Filóstrato como Segunda Sofística *. Los nuevos sofistas, entre los que destacan figuras co mo Escopeliano, Polemón, Herodes Ático y Aristides en tre otros, al igual que los antiguos viajan de ciudad en 1 Sobre las relaciones entre Aticismo y Segunda Sofística, cf. J. Bom- paire, Luden écrivain, immitaíion et création, París, 1958, págs. 116 y ss. y A. Boulanger, Aelius Aristide et la sophistique dans la province d ’Asie au II siècle de notre ère, Paris, 1968 (1.a edición, 1923), págs. 60 y ss. 8 TEÓN ·

 HERMÓGENES ■ AFTONIO ciudad ofreciendo declamaciones y alternan su profesión docente con los servicios prestados a sus ciudades. Muchos de ellos, como en el caso de Herodes Ático, harán impor tantes contribuciones económicas costeando fiestas, edifi cios públicos 2, etc.; otros, como Aristides o Polemón, de fenderán los intereses de sus ciudades ante el emperador 3. La mayoría intervendrá en la política de su ciudad y recibi rá importantes favores del emperador 4. Buena prueba de la importancia que alcanza la retórica en la época es la dotación de cátedras de retórica en Roma y Atenas, que constituían, sobre todo la de Roma, la meta de la carrera de cualquier sofista 5. 

 Igualmente son muchas las ciudades de Asia que cuen tan con gran número de rétores y gramáticos en sus biblio tecas públicas, destacando entre todas ellas Esmirna y Éfeso 6. Dentro de este panorama cultural la gran protagonista es, sin duda, la retórica, que impregnará todas las facetas 2 Filó strato , Vidas de los sofistas II 548-549, 551. 3 Aristides consiguió, mediante su lamento por Esmirna, que el empe rador Marco Aurelio reconstruyera esta ciudad arruinada por terremotos (Filóstr., Vidas... II 582). A ella le dedicó una Monodia, una Palinodia y un Esmirnaico. Polemón, por su parte, logró que Adriano donara a Esmirna diez millones de dracmas, con las que se hicieron importantes obras en la ciudad (Filóstr., Vidas... I 531). 4 Por ejemplo, Polemón y su familia, que recibieron importantes exen ciones y privilegios por parte de Trajano y Adriano. Cf. op. cit., 532-533. 5 Sobre la importancia de las cátedras de retórica en la época, cf. G. Kennedy, The art of Rhetoric in the Roman world, N. Jersey, 1972, págs. 565-566. 6 A este respecto dice A. Boulanger, Aelius Aristide..., pág. 38: «...et sont (las ciudades de Asia) si bien pourvues de rhéteurs et de grammai riens que l’empereur Antonin dut fixer par une ordonnance le nombre maximum de professeurs municipaux exempts de charges que chacune pourrait posséder».

 INTRODUCCIÓN GENERAL 9 de la vida, pues todo futuro filósofo, científico u orador habrá pasado previamente, como mínimo, por las manos del gramático, en donde habrá leído y explicado a los clá sicos. Las escuelas de retórica darán así a los alumnos una formación eminentemente literaria. 

Los grandes autores clá sicos serán leídos, aprendidos de memoria e imitados, de ahí la formación «libresca» que predomina en muchos es critores de la época 1. La retórica deja de tener la orientación eminentemente práctica que tenía en la época clásica y pasa a convertirse en objeto de estudio por sí misma. En teoría la finalidad práctica continúa, formar a los alumnos para que sean ca paces de defender una causa o de hacer prevalecer una pro puesta; sin embargo, varía la ocasión y el lugar, pues gene ralmente no será el tribunal o la asamblea, sino las salas de audición y los teatros 8, y no será con motivo de un enfrentamiento judicial o para debatir una propuesta que pueda favorecer o perjudicar a la ciudad, sino simplemen te para hacer ostentación de la propia formación y dotes personales. Los tres géneros clásicos en que desde Aristó teles se divide la retórica: el judicial, el deliberativo y el epidictico, van a pervivir en la época imperial, pero de di ferente manera. Por un lado, el deliberativo y el judicial aparecen representados en las llamadas melétai o declama ciones sobre temas ficticios, de las que nos ocuparemos más adelante. Por otro lado, el género epidictico conoce 7 J. BOmpaire, Lucien..., págs. 294 y sigs., ofrece un detallado estu dio de la influencia de determinados ejercicios preparatorios en la obra de Luciano. 8 Las sesiones de los sofistas tenían lugar generalmente en el bouleu- térion o en el odeón, pero, a veces, si se preveía una afluencia masiva, se celebraban en el teatro. A. Bouxanoer, Aeiius Aristide..., pág. 51. 

10 TEÓN · HERMOGENES · AFTONIO una enorme expansión, a costa, por ejemplo, de géneros que tradicionalmente se expresaban en verso, como el him no, el epitalamio, etc. 9. Los discursos judiciales y delibe rativos pierden su vitalidad originaria y se convierten en discursos de aparato, en donde la puesta en escena y la improvisación juegan un importante papel 10, con lo que, en última instancia, será el género epidictico el que lo im pregne todo 11.

 La filosofía, por su parte, quedará relegada a los círcu los restringidos de cada escuela filosófica y cuestiones re servadas en un principio a la filosofía, como las tesis, se rán objeto de estudio en las escuelas de retórica 12. 

La pre ponderancia de la retórica, que se va perfilando ya desde época helenística, se consigue definitivamente en la época imperial, y de hecho son muchos los filósofos que tienen una amplia formación sofística, como es el caso de Dión de Prusa, que, aun después de renunciar a la retórica y dedicarse al cultivo de la filosofía, no abandonará nunca 9 Cf. Menandro: Sobre los géneros epidicticos (ed. F. Romero Cruz), Salamanca, 1989, pág. 15. Francisco Romero nos ofrece también en su introducción un panorama general sobre la historia y desarrollo del géne ro epidictico. 

 10 La facultad de la improvisación era una de las más admiradas en la época y fueron muy pocos los sofistas que gozaron de reputación sin ella. Una de las pocas excepciones la representó, sin duda, Aristides, se gún cuenta Filóstrato en Vidas..., II 583. 11 La importancia del género epidictico está en estrecha relación con el acento puesto sobre el estilo, de lo que dan cuenta tratados como la Téchnë rhëtorikê de Aristides y el Peri ideon de Hermógenes. Cf. D. A. Russell, Criticism in Antiquity, Londres, 1981, págs. 129 y sigs., en donde ofrece un resumen de los principales tratados estilísticos de la época. 12 Según Russell, como un intento por huir de la acusación de que su arte era ajeno a la moralidad. Cf. op. cit., pág. 115. INTRODUCCIÓN GENERAL 11 sus hábitos sofísticos 13. Además, los filósofos exponen a menudo sus doctrinas por medio de conferencias 14, con lo que, en el fondo, se parecen bastante a sofistas que ofre cieran declamaciones ante un público más o menos amplio. 

 El fervor que los sofistas despertaban al llegar a una ciudad y la expectación con que eran recibidas sus decla maciones exigía la existencia de un público más o menos experto y crítico que pudiera apreciar la originalidad, el estilo, el apropiado o inapropiado tratamiento de un tema, etc. Este público existía merced a las escuelas de retórica, que suministraban tanto a los sofistas como a su auditorio un amplio repertorio de tópicos tratados en multitud de ocasiones por medio de ejercicios escolares. 

Nos parece, por ello, conveniente esbozar un panorama del sistema edu cativo griego de la época imperial. En esta época la enseñanza abarcaba fundamentalmen te tres ciclos, que en terminología moderna podríamos de nominar primario, secundario y superior 15. La enseñanza primaria se pasaba junto al grammatistés, que con un mé todo basado en la pura memoria enseñaba al alumno a leer y a escribir, así como operaciones elementales de cál culo. 

A continuación, el alumno iniciaba sus estudios jun to al grammatikós, dando así comienzo a su enseñanza se cundaria. Ésta aparece designada con la denominación de enkyklios paideía y equivale a lo que en la Edad Media serán las artes liberales, integradas por el trivium (gramáti 13 Cf. Filóstrato, Vidas..., I 488, Filóstrato pasa revista a una serie total de ocho filósofos con renombre de sofistas, entre los que figuran, aparte de Dión de Prusa, Eudoxo de Cnido, León de Bizancio, etc. 14 Cf. H.-I. M arrou, Histoire de l’éducation dans l’Antiquité = His toria de la educación en la Antigüedad (trad. José Ramón Mayo), 3.a ed., Buenos Aires, 1976, pág. 259. 15 Seguimos a Marrou, cf. op. cit., págs. 182-264. 12 TEÓN · HERMÓGENES · AFTONIO ca, retórica y dialéctica) y el quadrivium (aritmética, geo metría, astronomía y música), si bien las ciencias nunca tendrán una importancia real, sino que se limitarán a una enseñanza elemental y, en su lugar, será la retórica la que ocupe toda la atención 16. La enseñanza superior, por su parte, abarcaba el estudio de una de las dos disciplinas rivales, la filosofía o la retórica. No obstante, según apun tábamos antes, la retórica no dejará de ir robando terreno a la filosofía 17. 

 Dentro de este panorama los ejercicios preparatorios se hallaban a medio camino entre la enseñanza secundaria y la enseñanza superior. Los ejercicios más sencillos, como la fábula, el relato, la chría ls, la sentencia y la confirma ción se estudiaban generalmente junto al grammaíikós, mientras que los restantes: lugar común, encomio, compa ración, etc., se estudiaban en el ciclo superior junto al ré- tor o sophistés 19. 16 Cf. Marrou, op. cit., pág. 227. 17 Un panorama del viejo enfrentamiento entre filosofía y retórica a través de las concepciones de Platón, Aristóteles e Isócrates nos ofre cen, entre otros, B. P. Reardon, Courants littéraires grecs des IIe et IIIe siècles après J. C., Paris, 1971, págs. 64 y ss., H.-I. M arrou, Histo ria..., págs. 76 y ss., y C. S. Baldwin, Medieval Rhetoric and Poetic, Nueva York, 1928, págs. 2 y ss. 18 Gr. chreia. 

Es una variedad de la sentencia (gnémê), cf. Teón, 96. Sobre la razón de su mera transcripción, cf. pág. 54 n. 10. 19 Ambos términos aparecen utilizados indistintamente, si bien el se gundo será más frecuente en la época imperial. Cf. la introducción de M.a Concepción Giner a las Vidas de los sofistas, Madrid, 1982, págs. 20 y sigs. Con respecto a las competencias de rétores y gramáticos en lo que atañe a la enseñanza de los ejercicios preparatorios, cf. G. Rei chel, Quaestiones Progymnasmaticae, Leipzig, 1909, págs. 115-118 y 128-129, en donde pasa revista a los diferentes ejercicios propios de réto- res y gramáticos, según Quintiliano y Suetonio, respectivamente. INTRODUCCIÓN GENERAL 13 Los ejercicios preparatorios con su multitud de reglas y clichés, que permiten hacer un encomio, una descripción, etc., son una prueba de que la enseñanza de la retórica en la época imperial se basaba en el estudio memorístico de una serie de tópicos y en su aplicación práctica. 

Como su propio nombre indica, se trata de ejercicios que prepa ran al joven para lo verdaderamente importante, las cau sas judiciales y deliberativas. Después del estudio de los progymnásmata el alumno se enfrentaba a las llamadas me- létai, en latín declamationes, que comprendían dos varian tes: las hypothéseis dikanikaí (lat. controversiae) y las hypo- théseis symbouleutikaí (lat. suasoriae). De ambas, las pri meras tendrán más importancia en el área romana, mien tras que en la griega se preferirán las suasoriae 20. 

 Lo característico de ambos tipos de declamaciones es que el alumno no se basará en casos tomados de la vida real, sino en casos enteramente ficticios: raptos, violacio nes, piratas, hijos desheredados, etc., en el caso de las hi pótesis judiciales, y la historia antigua o la mitología, en el caso de las hipótesis deliberativas, por ejemplo, se ima ginaba qué diría Demóstenes, Pericles, Aquiles o Héctor en una determinada situación 21. La importancia de las declamaciones se refleja, por ejem plo, en el hecho de que a ellas se les dedica todo un ejerci cio, el de la etopeya o prosopopeya 22. 20 Marrou, Historia..., pág. 249, y Boulanger, Aelius Aristide..., pág. 41. 21 Para una mayor información sobre las declamaciones sofísticas puede consultarse D. L. Clark, Rhetoric in Greco-Roman education, 3.a ed., Nueva York, 1977, págs. 213 y sigs., y D. A. Russell, Greek declama tion, Cambridge, 1983, págs. 21-39 y 106-128. 22 Sobre la gran utilidad de este ejercicio habla Quintiliano en III 8, 50. 14 TEÓN · HERMÓGENES · AFTONIO Por otro lado, como las declamaciones abarcaban úni camente los géneros deliberativo y judicial, el otro género retórico, el epidictico, será objeto de estudio en dos ejerci cios preparatorios, el encomio y el vituperio 23. A lgunas consideraciones acerca de los « progymnásmata» La primera mención del término progymnásmata apa rece constatada en la Retórica a Alejandro, atribuida a Ana ximenes de Lámpsaco 24. 

Sin embargo, su mención aquí ha dado origen a posturas como la de Reichel, que ha con siderado su uso con un valor genérico referido a una ejer- citación general previa, o como la de Kennedy, que lo con sidera una intrusión posterior en el texto 25. Lo encontramos ya con su valor específico en la obra de Teón. No obstante, Teón utiliza con preferencia el tér mino gymnásmata frente a progymnásmata. Así, este últi mo sólo aparece en dos ocasiones (págs. 61, 25; 65, 28 Sp.), mientras que en las restantes es sustituido por los términos más generales de gymnásmata y gymnasia. Hermógenes, por su parte, no utiliza nunca el término progimnasma, sino que emplea siempre en su lugar gymnasma, frente a Aftonio, que utiliza el término progimnasma en cuatro oca siones (10, 18; 17, 13; 32, 2; 42, 6 R.), gymnasia en tres (14, 6; 17, 5; 47, 6 R.) y gymnasma sólo una vez (46, 21 23 Teón y Hermógenes lo estudiarán como un solo ejercicio, Aftonio como dos. 24 Rhetores Graeci /(ed. L. Spengel), pág. 214, 1. Sobre los proble mas que plantea la autoría de la obra puede consultarse la Introducción de J. Sánchez Sanz a la Retórica a Alejandro, Salamanca, 1989. 25 G. Reichel, Quaestiones..., pág. 9, y G. Kennedy, Greek Rhetoric under Christian emperors, Nueva Jersey, 1983, pág. 55.

 INTRODUCCIÓN GENERAL 15 R.), con lo que observamos cómo progymnásmata se va consolidando progresivamente como término técnico para designar los ejercicios preparatorios de retórica. La diferenciación entre gymnásmata y progymnásmata aparece ya claramente en los comentaristas de Aftonio, quie nes distinguen entre progymnásmata o ejercicios prepara torios y gymnásmata, que son propiamente las declamacio nes ficticias de suasorias y controversias 26. En latín lo encontramos traducido, sobre todo, como primae exercitationes y como praeexercitamina, traducción esta última que prevalecerá en la Edad Meda y el Renaci miento 27. Por otro lado, en el área romana está constata da la existencia de algunos ejercicios preparatorios ya en el s. i a. C. en Ad Herennium y en el De oratore y De inventione de Cicerón28. 26 Esta es la opinión de J. Doxópatres (Rhetores Graeci XIV (ed. H. Rabe), Leipzig, 1935, pág. 137, 5-12). Otros autores, sin embargo, entienden por gymnásmata la verdadera enseñanza de la retórica, como son las cuatro obras del canon hermogeniano, cf. ibid., pág. 77, 21-24. 27 G. Kennedy, Greek Rhetoric..., pág. 55. La primera traducción es de Quintiliano, la segunda de Prisciano de Cesarea en su versión latina de los Progymnásmata de Hermógenes. J. Maria Cataneo y R. Agrícola, traductores renacentistas de Aftonio, ofrecen algunas variantes: el prime ro lo traduce generalmente como praeexercitatio, mientras que el segundo opta con mayor frecuencia por el término praeexercitamentum. 28 Los principales ejercicios preparatorios de los que se observan hue llas en las mencionadas obras son la fábula, el relato, la chría, el enco mio y el lugar común, en el caso de Ad Herennium y De inventione (Reichel, Quaestiones..., págs. 12-16), y la paráfrasis, la lectura y la tesis, en el caso del De oratore (ibid., págs. 17-19). Sobre los numerosos puntos de contacto existentes entre Quintiliano y Teón, además de la obra de G. Reichel, puede consultarse I. Lana, Quintiliano, II «Sublime» e Gli «Exercizi preparatori» di Elio Teone III, Turin, 1951, pág. 172, en donde, tras examinar las múltiples coincidencias existentes entre los 16 TEÓN · HERMOGENES · AFTONIO El término progimnasma es definido por Mateo Cama- riotes desde dos puntos de vista: genérico y propiamente retórico. Desde un punto de vista genérico, el progimnasma es definido como «una ejercitación moderada que conduce a la superación de mayores dificultades». Desde un punto de vista retórico, consiste en una práctica escolar que ejer cita en las partes y géneros de la retórica 29. En efecto, cada uno de los progymnásmata enseñados en las escuelas de retórica resultaba útil para alguna de las partes del dis curso o para alguno de los géneros retóricos. 

Así, la fábu la, la chría, la sentencia y la tesis eran útiles para el género deliberativo; la refutación, la confirmación, el lugar co mún y la propuesta de ley para el género judicial; y el encomio y vituperio, la comparación y la etopeya para el panegírico (también lo era la tesis en cuanto al tema) 30.

 A su vez, la fábula resultaba apropiada para ejercitarse en los proemios; el relato y la descripción para las narra ciones; la refutación y la confirmación para los agones, y el lugar común para los epílogos 31. Básicamente cada ejercicio consta de dos partes bien diferenciadas: una primera parte en que se nos ofrecen as pectos como su definición, explicación etimológica, clasifi cación, etc., y una segunda parte en que se procede al des arrollo de cada ejercicio en cuanto tal a partir de una serie de procedimientos o categorías enjuiciadoras, denomina dos principalmente con los términos tópoi, aphormaí y ke- phálaia 32. tres tratados, Lana llega a proponer a Elio Teón como autor de Sobre ¡o sublime. 29 Rhetores Graeci I (ed. Walz), Londres, 1832, pág. 121, 1-5. 30 Ibid., págs. 121-122. 31 Rh. Gr. XIV (ed. Rabe), págs. 133-134. 32 Se trata de términos utilizados principalmente por Teón. Cf. págs.

 INTRODUCCIÓN GENERAL .17 Por último, hemos de decir que el género de los progym násmata gozó de un enorme tratamiento entre los réto- res. Conocemos los nombres de muchos autores de ejerci cios preparatorios, como Harpocración, Epifanio, Minu- ciano, Onésimo, Ulpiano, Paulo Tirio, Sópatro, etc. 33; sin embargo, sólo han sobrevivido cuatro manuales de progym násmata, los atribuidos a Teón, Hermógenes, Aftonio y Nicolao 34. 

De todos ellos, sin duda, el más influyente en la Antigüedad fue Aftonio, por proporcionar ejemplos acabados de cada ejercicio, y su obra se convirtió en pro totipo del género progymnasmático. Prueba de su gran di fusión es el hecho de que la comentaran J. Sardiano, Do- xópatres y Máximo Planudes entre otros35.

 De igual mo do fue muy importante en la antigüedad la obra de Teón, no tanto como texto escolar cuanto como guía para profe sores 36, debido a que ofrece un tratamiento profundo y detallado de cada ejercicio preparatorio, junto con multi tud de ejemplos sacados de obras antiguas, prueba inequí voca de la estrecha relación existente entre retórica y litera 19-20. Sobre la distinción de estos términos, cf. L. Pernot, «Lieu et lieu commun dans la rhétorique antique», BAGB 86, pág. 225, n. 12 y pág. 266, n. 65. 33 Rhetores Graeci X (ed. H. Rabe), Leipzig, 1926, págs. 52 y sigs. 34 Nicolao de Mira vivió en el s. v d. C. y fue discípulo de Lácares de Atenas. Aparte de los Progymnásmata, escribió Declamaciones y un Arte retórica. Sus Progymnásmata se pueden consultar en Rhetores Grae ci XI (ed. J. Felten), Leipzig, 1913. 33 A la gran difusión de que gozaron los Progymnásmata de Aftonio, junto con las cuatro obras del canon hermogeniano, en época bizantina alude G. L. Kustas en su artículo «Studies in byzantine Rhetoric», Ana- lekta Blatadon 17 (1973), pág. 23. 36 Prueba de su importancia es que gran parte de su teoría aparece recogida de modo casi literal por J. Sardiano en su Commentarium in Aphthonii Progymnasmata. 18 TEÓN ■ HERMÓGENES · AFTONIO tura. 

Los progymnásmata de Hermógenes, sin embargo, fueron desplazados a un segundo plano por los de Aftonio hasta caer poco a poco en el olvido 37. Comparación entre Teón, H ermógenes y Aftonio Vamos a proceder ahora a un análisis de las diferencias y semejanzas existentes entre los tres autores que nos per mita llegar a conclusiones fiables. Los aspectos que vamos a tratar son los siguientes: 1. Principales diferencias y semejanzas entre Teón, Hermógenes y Aftonio. 2. Principales coincidencias entre Hermógenes y Teón. 3. Coincidencias entre Aftonio y Hermógenes. 4. 5. Puntos de contacto entre Aftonio y Teón. Relativa originalidad de Aftonio. 1. Diferencias y semejanzas entre Teón, Hermógenes y Aftonio A simple vista, la diferencia más notable entre los tres autores reside en el número de ejercicios: diez en Teón, doce en Hermógenes y catorce en Aftonio. Si bien sólo nos han llegado diez ejercicios de Teón, sabemos que su obra constaba de quince, de los cuales los cinco últimos (lectura, audición, paráfrasis, elaboración y réplica) se han perdido y no aparecen en Hermógenes y Aftonio 38. Solamente la exergasía o «elaboración» de Teón 37 Brzoska, RE I, 2797-2800. 38 Cuatro de estos cinco ejercicios se conservan en la edición de A. Manandian, publicada en Erevan, 1938 (Inst. Hist. et. Lit. SSR Ar men, Opera Auct. Veter. I). 

INTRODUCCIÓN GENERAL 19 se corresponde posiblemente con la ergasía de Hermógenes y Aftonio, pero en éstos la ergasía no es un ejercicio inde pendiente, sino que es tratada como una parte de los ejer cicios. Hermógenes, por su parte, presenta doce ejercicios, pues añade dos nuevos: la sentencia, y la refutación y con firmación. Este último ejercicio aparece en Teón como la parte más importante en la argumentación de cada progimnasma, pero no recibe un tratamiento independien te 39. Por último, Aftonio ofrece catorce ejercicios: trata por separado la refutación y confirmación, que en Hermó genes aparecen en un solo ejercicio, así como el encomio y el vituperio, mientras que Hermógenes se ocupa sólo del encomio. 

 Desde el punto de vista terminológico, observamos que Teón utiliza tres términos para referirse a los aspectos o procedimientos en los que se basará la argumentación, fun damentalmente tópoi (lugares de argumentación), pero tam bién kephálaia (principios de argumentación) y aphormaí (fuentes de argumentación). De estos tres términos Hermó genes utiliza topos en tres ocasiones (págs. 10, 20; 15, 18; 19, 3 R.), aphormé en dos (págs. 16, 15; 17, 3 R.) y no em plea el término kephálaia como «principios de argumenta ción», aunque sí utiliza los términos teliká kephálaia para referirse a los «principios de argumentación finales» (págs. 12, 10; 14, 6; 25, 22 R.). Por su parte, Aftonio utiliza topos como «lugar de argumentación» una sola vez (pági nas 31,13 R.), nunca utiliza el término aphormé y sí que utiliza con bastante frecuencia kephálaia (págs. 4, 13; 8, 4; 10, 15 R., etc.), es decir, desde Teón a Aftonio el térmi no técnico para referirse a las categorías en que se basará 39 Para la localización de los términos mencionados puede consultar se el índice de términos colocado al final de cada traducción. 20 TEÓN · HERMÓGENES -· AFTONIO la argumentación del ejercicio deja de ser tópoi y pasa a ser kephálaia. Llama también la atención la progresiva desaparición del término epicheíresis o «argumentación», término fre cuentísimo en Teón y que en Aftonio no aparece utilizado ni una sola vez, mientras que Hermógenes lo utiliza en dos ocasiones (págs. 11,7; 22, 15 R.)· Es curioso que una de las Ocasiones en las que utiliza ese término (págs. 22, 15 R.) sea precisamente en el ejercicio de la descripción, en el cual sigue muy de cerca a Teón. Frente al término epicheíresis en Hermógenes encontramos el término erga- sía y en Aftonio formas del verbo ergázein, que designan la elaboración de que es objeto cada ejercicio 40. 

 Con respecto a las coincidencias entre los tres autores, hemos de señalar que éstas son bastante abundantes y que se han de interpretar como aspectos en los que Hermóge nes sigue a Teón y Aftonio sigue a Hermógenes.

 Estas coin cidencias se observan principalmente en los siguientes ejercicios: a) En el ejercicio del relato, en el cual los tres ofrecen una definición casi idéntica: — Teón (pág. 78, 15-16 Sp.): «Un relato es una composi ción expositiva de hechos que han sucedido o que se admiten como sucedidos». — Hermógenes (pág. 4, 6-7 R.): «El relato sostienen que es la exposición de un hecho que ha sucedido o que se admite como sucedido». — Aftonio (pág. 2, 14-15 R.): «Un relato es la exposición de un hecho que ha sucedido o que se admite como sucedido». 40 Cf. supra. 

INTRODUCCIÓN GENERAL 21 b) En la chría, que los tres clasifican en «verbales», «de hechos» y «mixtas» (logikaí, praktikaí y miktaí, res pectivamente) (Teón, pág. 97, 12 Sp., Hermógenes, pág. 6, 7-8 R., Aftonio, pág. 4, 2-3 R.). c) En la descripción, cuando nos ofrecen su definición: — Teón (pág. 118, 7-8 Sp.): «Una descripción es una com posición que expone en detalle y presenta ante los ojos de manera manifiesta el objeto mostrado». — Hermógenes (pág. 22, 7-8 R.): «Una descripción es una composición que expone en detalle de una manera ma nifiesta, según afirman, y que presenta ante los ojos el objeto mostrado». — Aftonio (pág. 36, 22-23 R.): «Una descripción es una composición que expone en detalle y presenta ante los ojos de manera manifiesta el objeto mostrado». d) En el hecho de indicar que las fábulas (gr. mythoi) se denominan en general «esópicas» (Teón, pág. 73, 4 Sp.; Hermógenes, pág. 2, 1 R.; Aftonio, pág. 1, 9 R.), etc. 

 2. Principales coincidencias entre Hermógenes y Teón El ejercicio en el que más de cerca sigue Hermógenes a Teón es el de la descripción, en donde en algunos pasajes casi le parafrasea, p. e.: en 119, 14-25 Sp. Teón dice: «Ar gumentaremos describiendo los hechos a partir de los suce sos que les preceden y que les siguen, por ejemplo: si se trata de una guerra (pág. 119, 14-16 Sp.)... Si describimos lugares, épocas, modos o personajes, junto con su propia narración tendremos fuentes de argumentos a partir de la belleza, la utilidad y el placer» (pág. 119, 22-25 Sp.), que se corresponde con pág. 22, 19-20; 23, 1-8 R., en donde 22 TEÓN · HERMÓGENES · AFTONIO también Hermógenes dirá: «Argumentaremos describiendo los hechos a partir de los sucesos anteriores, simultáneos y posteriores, por ejemplo: si exponemos la descripción de una guerra (pág. 22, 19; 23, 1 R.)... Si describimos luga res, épocas o personajes, tendremos también algún argu mento a partir de la narración y a partir de la belleza, la utilidad y la sorpresa» (pág. 23, 6-8 R.). 

Igualmente en contramos posibles alusiones de Hermógenes a Teón en los ejercicios de la fábula, el relato, la comparación y la tesis: — La descripción de la fábula que, en opinión de Hermó genes, dan los antiguos es que es falsa, pero útil y vero símil (pág. 2, 4-5 R.), algo que se corresponde con pág. 76, 6-9 Sp., en donde Teón dice: «Puesto que el propio compositor de fábulas reconoce que escribe cosas falsas e imposibles, pero verosímiles y útiles, hemos de refu tar demostrando que dice cosas inverosímiles e inútiles, y hemos de confirmar a partir de lo contrario». — En el ejercicio del relato, cuando Hermógenes dice que algunos colocaron la chría delante del mismo (pág. 4, 7-8 R.), hay una clara alusión a Teón, pues sabemos, gracias a Reichel, que el orden que ofrecen los ejerci cios de Teón no es el originario: o rd en origin ario: chría, fábula, relato, etc., o r d e n tra n sm itid o: fábu la, relato, chría, etc. 41. — Hermógenes manifiesta que va a ocuparse de la compa ración, porque otros la estudiaron como ejercicio inde pendiente (así lo hace Teón), aunque no sería necesa rio, puesto que quedaba incluida en el lugar común, en el encomio y en el vituperio (pág. 18, 16 sig. R.). — Por último, Teón distingue entre tesis teóricas y prácti 41 Cf. págs. 38-39. 

INTRODUCCIÓN GENERAL 23 cas (theoretikaí y praktikaí) (pág. 121, 6-8 Sp.), mien tras que Hermógenes llama a las prácticas «civiles» (po- litikaí) y a las teóricas «no civiles» (pág. 25, 3 R.). Sin embargo, alude claramente a Teón, pues dice que algu nos llamaron «prácticas» a estas últimas (las civiles) y «teóricas» a las otras (pág. 25, 10-11 R.). 3. Coincidencias entre Aftonio y Hermógenes Las principales coincidencias entre ambos autores son las siguientes: — Hermógenes y Aftonio entienden por etopeya (pág. 20, 7-8, y 34, 2-3 R., respectivamente) lo que Teón conside ra prosopopeya (pág. 115, 11 Sp.). Hermógenes y Afto nio distinguen entre etopeya (cuando se representa a un hombre pronunciando discursos), prosopopeya (cuando se representa a una cosa) e idolopeya (cuando se repre senta a una persona que ha muerto), mientras que Teón únicamente habla de prosopopeya y considera que ésta se produce cuando se representa a un personaje pro nunciando discursos, sin precisar más. — Hermógenes y Aftonio tratan la sentencia como ejerci cio independiente, mientras que Teón sólo alude a ella en el ejercicio de la chría, en donde dice que la diferen cia entre sentencia y chría reside en que la sentencia es más general, se expone de modo impersonal, es siem pre útil y contiene un dicho, nunca una acción (págs. 96, 25-30; 97, 1-2 Sp.). — Teón no distingue entre narración y relato, sino entre narración y relato, por un lado, frente a historia, por otro. La diferencia reside en la brevedad de los prime ros frente a la mayor extensión de la segunda (págs. 24 TEÓN · HERMÓGENES · AFTONIO 83-84, Sp.)·

 Hermógenes y Aftonio, por el contrario, sí diferencian el relato de la narración. Para ambos el re lato es de menor extensión, y entre relato y narración existe la misma diferencia que entre poema y poesía: un poema sería la fabricación del escudo, y poesía toda la litada (págs. 4, 9-13, y 2, 16-18 R., respectivamente). — Teón explica etimológicamente encomio a partir del tér mino kömos (pág. 109, 27-28 Sp.), mientras que Her mógenes y Aftonio lo hacen a partir del término kömai (=aldeas) (págs. 15, 3-4, y 21, 6 R., respectivamente). — En el ejercicio de la tesis Teón alude a tá anotátd kep- hálaia, que hemos optado por traducir «principios de argumentación generales» y que son: la belleza, la nece sidad, la utilidad y el placer (pág. 121, 18-19 Sp.); mien tras que Hermógenes y Aftonio los denominan tà teliká kephálaia o «principios de argumentación finales», que en Hermógenes son la justicia, la conveniencia, la posi bilidad y la adecuación (pág. 26, 1-2 R.) y, en Aftonio, la legalidad, la justicia, la conveniencia y la posibilidad (pág. 42, 10 R.). El seguimiento de Aftonio a Hermógenes es particular mente significativo en ejercicios como el de la chría, la sentencia, la refutación y confirmación, el encomio, la eto peya, el lugar común, etc. 4. Puntos de contacto entre Aftonio y Teón Si bien, como acabamos de ver, son muchas las coinci dencias entre Aftonio y Hermógenes, no obstante, en algu nas ocasiones Aftonio parece haber seguido directamente a Teón: INTRODUCCIÓN GENERAL 25 — 

En la definición de fábula, que es idéntica en ambos: «Una fábula es una composición falsa que simboliza una verdad» (Teón pág. 72, 28 Sp.; Aftonio pág. 1, 6 R.). — Al hablar de las virtudes de la narración, que, según Teón (pág. 79, 20-21 Sp.) son: claridad, concisión y vero similitud, y, según Aftonio, claridad, concisión, verosi militud y propiedad y corrección lingüística (gr. hellenismós) (pág. 3, 3-4 R.). Teón no menciona esta últi ma virtud, pero sí que rechaza el uso de términos poéti cos, inventados, ambiguos, metafóricos, etc., que cau sen la oscuridad de la narración (pág. 81, 7 sig. Sp.). — Aftonio dice que el lugar común se parece a la segunda intervención del orador (deuterología) y al epílogo, por lo que no tiene proemio (pág. 17, 3-4 R.), observación hecha anteriormente por Teón, cuando dice que el lu gar común es como una parte de otro discurso ya pro nunciado antes, como una especie de epílogo enfático (pág. 106, 28-30 Sp.). — Aftonio también parece seguir a Teón en el ejercicio de la comparación al indicar que no se ha de comparar una totalidad con otra, sino dos elementos sobresalien tes entre sí (pág. 31, 18-19 R.), lo cual nos hace recordar los dos tipos de comparaciones distinguidas por Teón, entre unidades y entre grupos (pág. 114, 6-8 Sp.), etc. En alguna ocasión, sin embargo, Aftonio se muestra claramente deudor de Teón y Hermógenes a la vez, p. e., en su clasificación de las tesis. Según veíamos, Teón divi día las tesis en «teóricas» y «prácticas», mientras que Her mógenes llamaba a las prácticas «civiles» y a las teóricas «no civiles» (Teón, pág. 121, 6-8 Sp.; Hermógenes, p. 25, 3 R.). Aftonio, por su parte, divide las tesis en «civiles», 26 TEÓN · HERMÓGENES · AFTONIO con lo cual se acerca a Hermógenes, y «teóricas», con lo que coincide también con Teón (pág. 41, 15-16). 5. 

Relativa originalidad de Aftonio La originalidad de Aftonio se observa sobre todo en la aportación de ejemplos completos de cada ejercicio y en el uso de determinados términos técnicos, por ejemplo: — Utilización de los términos promythion y epimythion pa ra aludir a la moraleja colocada al principio o al final de la fábula, respectivamente (pág. 2, 1-2 R.). — Clasificación de la fábula en verbal (logikón), moral (ethikón) y mixta (miktón) (pág. 1, 11-12 R.). — Uso del término éphodos (lat. insinuatio), que, según él, ha de sustituir a los proemios en las tesis (pág. 42, 9 R.), etc. 

 Una vez analizadas las principales coincidencias y dis crepancias, nos creemos con suficiente fundamento para llegar a las siguientes Conclusiones: En primer lugar, de los tres autores el más original es Teón, no sólo por ser el primero, sino tam bién por el tratamiento que da a su obra.

 Este tratamiento se observa en una mayor profundización en todos los nive les: terminológico, de sustrato literario, de desarrollo del ejercicio, etc. Teón representa la fuente de la que son deu dores tanto Hermógenes como Aftonio. No obstante, de los tres autores el menos conocido ha sido precisamente Teón, debido, sobre todo, a la mayor complejidad y pro fundidad de su obra. En segundo lugar, es evidente que Hermógenes sigue, en líneas generales, una fuente anterior, a la que alude en INTRODUCCIÓN GENERAL 27 múltiples ocasiones, aunque de un modo impersonal: «juz gan conveniente» (pág. 1,3 R.), «sostienen» (pág. 2, 5 R.), «según dicen» (pág. 22, 7 R.), etc. Esta fuente podría ser Teón, de acuerdo con los múltiples puntos de contacto existentes entre ambos, o bien una tradición que coincidie ra con la doctrina de Teón, de la que tomaría los principa les aspectos de su obra, aunque resumiéndolos al máximo. 

 En tercer lugar, Aftonio, según hemos podido compro bar, depende claramente de Hermógenes. Muchas defini ciones, clasificaciones, etc., son una copia casi literal de Hermógenes. No obstante, a veces, en aspectos que Her mógenes no trata o a los que da un tratamiento diferente se acerca más a Teón. Por tanto, tendría presentes a am bos autores o tradiciones. Sin embargo, Aftonio no suele aludir ni directa ni indirectamente a la fuente de la que depende, sino que presenta como propio lo que expone, tal vez, porque la doctrina era ya de tal modo conocida que resultaba innecesario, por obvio, reconocerla como de bida a una tradición anterior. Por ello, quizás sea lo más adecuado interpretar las coincidencias existentes entre los tres manuales como debidas a una base doctrinal común a todas las escuelas de retórica. BIBLIOGRAFÍA General J. Bompaire, Luden écrivain, imitation et création, París, 1958. A. Boulanger, Aelius Aristide et la Sophistique dans la province d’Asie au II siècle de notre ère, Paris, 1968 (l.a ed. 1923). D. L. C lark, Rhetoric in Greco-Roman education, 3.a ed., Nue va York, 1977. Dionisio de Halicarnaso. La composición literaria (Trad., introd. y notas de V. Bécares Botas), Univ. Salamanca, 1983. C. T. E rnesti, Lexicon Technologiae Graecorum Rhetoricae, 2.a ed., Hildesheim, 1962. F iló s tr a to , Vidas de los sofistas (Introd., trad, y notas de M.a C. Giner Soria), Madrid, 1982. G. Kennedy, The art of rhetoric in the Roman world, Nueva Jersey, 1972. —, Greek rhetoric under Christian emperors, Nueva Jersey, 1983. G. L. Kustas, «Studies in Byzantine rhetoric», Analekta Blata- don 17 (1973), 5-26. H. Lausberg, Handbuch der literarischen Rhetorik. Eine Grund legung der Literaturwissenschaft = Manual de retórica litera ria [trad. José Pérez Riesco], Madrid, 1966-1968. A. Lesky, Geschichte der Griechischen Literatur = Historia de la literatura griega [versión de J. M.a Díaz y Regañón y Beatriz Romero], Madrid, 1976. 30 TEÓN · HERMÓGENES · AFTONIO J. M artin, Antike Rhetorik. Technik und Methode, Munich, 1974. H.-I. M arrou, Histoire de l’éducation dans l’Antiquité = Historia de la educación en la Antigüedad [trad. José Ramón Mayo], 3.a ed., Buenos Aires, 1976. Menandro, Sobre los géneros epidicticos (ed. Francisco Romero Cruz), Salamanca, 1989. H. J. M ette, «Enkyklios paideia», Gymnasium 67 (1960), 300-307. L. Pernox, «Les topoi de l’éloge chez Ménandros le rhéteur», R E G 99 (1986), 34-53. —, «Lieu et lieu commun dans la rhétorique antique», BAGB 86, 253-284. Quintiliani Institutio Oratoria (ed. L. Radermacher), Leipzig, 1971. B. P. Reardon, Courants littéraires grecs des II et III siècles a. C., Paris, 1971. Retórica a Alejandro (ed. J. Sánchez Sanz), Salamanca, 1989. D. A. R ussell, Criticism in Antiquity, Londres, 1981. —, Greek declamation, Cambridge, 1983. W. Schmid, O. Stählin, Geschichte der griechischen Literatur II, Munich, 1959. Suidae Lexicon (ed. A. Adler), Stuttgart, 1971. U. von W ilam owitz, «Asianismus und Atticismus», Hermes 35 (1900), 1-52. Sobre Teón G. B olognesi, «La traduzione armena dei Progymnasmata di Elio Teone», R A L 17 (1962), 86-125. I. Lana, Quintiliano, II «Sublime» e Gli «Exercizi preparatori» di Elio Teone III, Turin, 1951. —, I Progimnasmi di Elio Teone, I Ia storia del testo, Turin, 1959. G. R eichel, Quaestiones progymnasmaticae, Leipzig, 1909. Rhetores Graeci I (ed. C. Walz), Stuttgart, 1832, 137-262. Rhetores Graeci II (ed. L. Spengel), Leipzig, 1854, 57-130. Stegem ann, «Theon», RE 2 (1934), 2037-2054. INTRODUCCIÓN GENERAL Sobre Hermógenes 31 C. S. Baldw in, Medieval Rhetoric and Poetic, Nueva York, 1928, págs. 23-38. «Praeexercitamina Prisciani grammatici ex Hermogene versa», Rhetores Latini Minores (ed. C. Halm), Leipzig, 1836 (Frank furt, 1964), 551-560. L. Radermacher, «Hermogenes», RE 8 (1913), 865-877. Rhetores Graeci I (ed. C. Walz), Stuttgart, 1832, 9-54. Rhetores Graeci II (ed. L. Spengel), Leipzig, 1854, 3-18. Rhetores Graeci VI (ed. H. Rabe), Leipzig, 1913. Sobre Aftonio R. A gricola, Aphthonii sophistae Progymnasmata, Lyon, 1598. Brzoska, «Aphtonios», RE 1, 2797-2800. J. M. Catanaeus, Aphthonii Progymnasmata, Venecia, 1522. H effter, «Ueber die Beschreibung der Burg von Alexandria bei Aphthon. progymn. cap. 12», Zeitschrift für die Altertums wissenschaft 48-49 (1839), 377-389. R. E. Nadeau, «The Progymnasmata of Aphtonius in Transla tion», Speech Monographs 19 (1952), 264-285. Rhetores Graeci I (ed. C. Walz), Stuttgart, 1832. Rhetores Graeci II (ed. L. Spengel), Leipzig, 1854, 21-56. Rhetores Graeci X (ed. H. Rabe), Leipzig, 1926. Rhetores Graeci XIV (ed. H. Rabe), Leipzig, 1935. J. Sardiani Commentarium in Aphthonii Progymnasmata (ed. H. Rabe), Leipzig, 1928.

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