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martes, 2 de diciembre de 2025

NARRATIVA POPULAR DE LA EDAD MEDIA DONCEL!A TEODOR FLORES Y BLANCAFLOR PARÍS Y VIANA EDICIÓN DF, NIEVES BARANDA VÍCTOR INFANTES fragmento

  



Introducción 

El hermanamiento de los tres relatos que aquí se recogen en una edición común responde a dos criterios muy diferentes. Por un lado, existen una serie de razones críticas que los hermanan bajo la constitución literaria de sus características narrativas; así, su engen medieval en la panorámica de la ficción europea de los siglos xiv y xv —del que más tarde comentaremos los rasgos esenciales-, su coincidencia en las fechas de edición de las versiones. ya estructuradas después de un proceso de selección y ajuste textual, y su difusión común a través de un producto editorial típico que durará algunos siglos. 

Desde ese punto de vista nuestras tres narraciones, a pesar de provenir de fuentes y tener orígenes muy diversos, se unifican en un género narrativo que traslada a los lectores renacentistas a up;- Rdad Media cada vez más lejana, pero a la vez presente en las aventuras de unos persona jes que han Logrado superar su tiempo histórico para recrearse en un tiempo literario sin medidas cronológicas 1. 

Por otro lado, también las emparenta la relativa uniformidad de su extensión, una de las características más significativas de su vida literaria impresa, y la es casa atención que se les ha prestado modernamente, pues salvo la Doncella Teodor, que mereció una cuidada y rigurosa edición crítica de Walter Mettmann, si bien publicada en un lugar de difícil acceso para el interesado, Flores y blancaflor lleva más de ochenta años fuera de los circuito-, lectores y París y Viann carece todavía de una simple edición ase quible2. Por tanto, razones literaria! de origen y difusión común y razones editoriales de asequibilidad y conocimiento son los motivos para esta reunión literaria, que esperamos justifique ambos presupuestos. Claro esta que no se nos escapan diferencias entre ellas, que puedan hacer pensar en una asociación más ficticia que evidente. 

La Doncella Teodor responde a un origen oriental —como podría ser el caso de Flores y Blant.aflor— y parece que los elementos esenciales de su trama se incluyen en las pautas de una literatura sapiencial y didáctica. que aleja nuestra Doncella de un tipo más o menos definido de román de aventuras1, en donde las peripecias 1 Vid., por ejemplo, los presupuestos críticos de P. Ricoeur, Tiempo y narración, i Configuración del tiempo en el relato histórico y //. Configuración del tiempo en el relato de ficción, Madrid: Cristiandad, 1987. 2 Sobre todo lo relativo a las ediciones de las obras vid. los res- tantes apartados de esta introducción y la Nota Previa. 3 El término sapiencial es el empleado dentro del marco de «El arte de enseñar» para obras similares {Poridat de paridades, Bonium, etc.) por J. M, Cacho Blecua y M* J. Lacarra en su edición de Calila e Dimna, Madrid: Castalia, 1987, p. 20; bajo «Prosa didáctica» se en- globa en la clasificación de C. Alvar en La prosa y el teatro en la Edad Media, Madrid: Taurus, 1987, p. 85-129, en particular, pp. 94-102; y A. D. Deyermond utiliza, para nuestra obra y el Lucidario, el rótulo de «literatura ejemplar y gnómica» en Historia de la literatura es pañola. I. La Edad Media, Barcelona: Ariel, 1973, pp. 183-184. 4 «Libros de aventuras» ios llama A. D. Deyermond ei Histo ría de la literatura, ob. cit., pp. 290-293; pero prefiere denomi narlos román, según la definición que hace de ese género, en «The Lost Genre of Medieval Spanish Literatare». Hispanic Re view, XLIII (1975), pp. 231-259. e B tjdio prelim inar amorosas suplen la sabiduría doctrinal que nos legó la literatura di; Griete. 

Pero independientemente de sus raíces culturales, que al fin y al cabo sólo son el germen constitutivo» ser literario de cada texto, existe una característica común que las hace agrupables y no es otra que a comienzos del siglo xvi se convirtieran en textos literarios codificados qv.e vivie ron en ediciones para un público interesado en su conocimiento efectivo; pasaron a :ahorrar parte de un género editorial, después de haber sido prototipos literarios poco definidos. Nuestras tres obras pertenecen a un conjunto de textos narrativos de breve extensión que a ío largo de los siglos xm, xiv y xv constituyen un fondo de ficción literaria europea en pane desgajado de los román de materia artúrica o carolingia5, en parte derivado de tradiciones clásicas o hagiográñcas5 y en parte consecuencia de la formalización literaria de leyenda' de amplia difusión desde Oriente a Europa y en la misma Europa hacía sus poco definidas to davía literaturas nacionales7. 

En un periodo de tiempo relativamente escaso, apenas un siglo de convivencias poéticas y narrativas, un número indeterminado de temas y motives de diversas procedencias se formalizan dentro de unos amplios cauces genéricos para la ficción con los que comenzarán su andadura literaria. Pueden ser episodios de tradición épica ¡ Carlomagno, Cid, Conde Fernán González, etc.) y relatos de procedencia oral c atentos (Don cella Teodor, Flores y Blancaflor, etc.) que resumen obras conocidas en versiones más expensas. En cualquier caso, presentan unos rasgos de caracterización que los empiezan a de finir nítidamente a comienzos del siglo xv: personaje o personajes cerníales con rasgos literarios de nombre, lugar y condición; núcleo narrativo esencial formado por las aventuras de un héroe o héroes; mezcla de elementos de tradiciones culturales diferentes que se acomodan sucesivamente en cada versión; y culminación del desarrollo argumenta! por medio de una solución final --habitualmente moral— que justifica los episodios. Ello da origen, sobre todo en Francia, aunque podemos pensar en otros países cuyas versiones primitivas no se han conservado por diferentes motivos, a unos modelos literarios que se imponen frente a la dispersión anterior todavía en formación; el caso de Flores y Blancaflor y París y Viana &■ perfectamente ilustrativo al respecto. 

Su restringida difusión manuscrita o er, algunos caso> oral8 se verá acrecentada y fijada a finales del siglo por la aparición de la imprenta. En casi toda la Europa culta aparecerá a partir del periodo 1480-1490, una vez asenta dos los cauces de la difusión impresa, toda una serie de ediciones que representan — ahora para un nuevo público— la mejor muestra de esa narrativa breve que antes indicábamos. 

 Pero la vía editorial exigirá una selección previa de títulos y dentro de ellos de una versi* determinada, indudablemente, la que mejor refleje el interés de los editores frente a e' x¡x (una aproxi mación a los pliegos de cordel), Madrid: Taurus, 1977,2 voís. :! K López Estrada, «Prosa narrativa de ficción», en La litte- rature dans la Péninsule Ibérique auxXlV et XVesiécies, Grun- driss der Romanischen Literaluren des Mittelalters, vol. IX, t, II, fase. 4, 1985, pp. 15-42, en particular pp. 26-30. Ya A. Deyer- rnond los había denominado «libros de aventuras» en «Libros de caballerías y ‘novela’ sentimental», en Historia y crítica de la li teratura española. I: Edad Media, Barcelona: Crítica, 1980, pp. 351-360. 22 Castilian Romances afChivalry in the Sixteenth Century. A Bihliography, Londres: Granf & Cutler, 1979; actualmente está terminando junto a C. Marín Pina un suplemento; del mismo D. Eisenberg puede verse Romances of Chivalry in the Spanish Gol- den Age, Newark: Juan de la Cuesta, 1982, recopilación de tra bajos sobre el conjunto de los libros de caballerías. 2? «Juan de Burgos: impresor y refundidor de libros caballe rescos», en E l libro antiguo español, Salamanca: Universidad, 1988, pp. 361-369; el mismo autor realizó también una impor tante recopilación de obras artúricas en A Critical Bihliography of Hispanic Atibarían Material I. Texts: The Prose Romance Cy- cles, Londres: Grant & Cutler, 1977. 24 Vid. V. Infantes «La narración caballeresca breve», en Evolución narrativa e ideológica de la literatura caballeresca, Bilbao: Uni versidad del País Vasco, 1991. pp. 183-191, donde se encontrará un desarrollo más amplio de las características del género que se van a señalar a continuación; N. Baranda, «Compendio bibliográfico sobre la narrativa caballeresca breve», ibídem, pp. 183-191; Historias ca ballerescas del siglo xvi, ed. de N. Baranda, Madrid: Tumer, 1994 1995,2 vols. y también suyos en prensa «La literatura caballeresca. Estado de la cuestión. I. Las historias caballerescas breves», para Ro- manistische Jarhbuch, y «Las historias caballerescas breves», en un número especial ócAnthropos sobre la literatura popular. 25 C f S. Serrano Poncela, «El mito, la caballería andante y las novelas populares», Papeles de Son Armadans. XV (1960), pp. 121-156; luego en Literatura y subliteratura, Caracas: Universi dad Central de Venezuela, 1966, pp. 17-33. demos observar en algunos textos y que denominamos «relatos geminados», como prototipo de una narración bipolarizada en tomo a dos acciones personales y estructuralmente coincidentes; cuando el héroe es un personaje femenino se caracteriza porque desarrolla comportamientos típicamente masculinos, caso de la Poncella de Francia y también de la Doncella Teodor. 

 —Muchos de ellos incluyen elementos folclóricos que dotan a la narración de vincula ciones culturales muy variadas, a la vez que se sitúan en unos escenarios geográficos muy amplios e incorporan en ocasiones motivos fantásticos y mágicos que darán solución a si tuaciones arguméntales y proponen una lectura más atractiva y sugerente26.

 —-Es habitual que en casi todos ellos y, sobre todo, en sus versiones ya codificadas, exis tan elementos religiosos y morales que derivan en una defensa católica y de este modo ofrezcan una justificación ética a la conclusión de la obra27. —Su estilo narrativo refleja una disposión estructural diferente a la de los liaros de caba llerías, pues estas versiones pretenden una uniformidad lineal y una brevedad determinada fren te a las técnicas de 'entrelazamiento’ o ‘disposición en sarta’ y la gran extensión de los otros2 —Son básicamente anónimos, derivados de originales asimismo anónimos25 y tan sólo en algunas ocasiones a partir del siglo xvt se atribuyen a adaptadores o a nueves traductores fíenos a los primeros instantes de su fijación literaria. 

 Bajo estos rasgos generales cada texto incluirá su propia constitución estructura!, pero en su conjunto y desde la óptica de una recepción lectora uniforme30, van a presentarse como unidades literarias que buscan desde la ficción medieval su participación en el espacio edi torial del Renacimiento. Doncella Teodor El relato literario de la Doncella Teodor ha gozado de una enorme fortuna en las letras es pañolas, pasando de ellas a la vecina Portugal y de ahí a los cauces de los «íivros do povo» brasileños. Es curioso destacar que esta narración se ha relacionado siempre con el ámbito ibé rico y, a diferencia de los otros dos textos que editamos, presenta unas características parti culares y un origen que la ligan a la literatura oriental, lo cual no impidió que se incluyera 2(> No hay ningún trabajo dedicado específicamente al tema, pero puede ser útil la consulta de J. Stevens, Medieval Romance. Themes and Approaches, Londres: Hutchinson University Li- brary, 1973, pp. 96-118; o A. Ganosa Resina, Magia y supersti ción en la literatura castellana medieval, Valladolid: Universi dad, 1987, pp. 279-283,465-468, etc. 27 Para dos casos concretos pueden verse F. Márquez Villanueva, «El sondable misterio de Nicolás de Piamonte (problemas del Fie rabrás español)», en Relecciones de literatura medieval, Sevilla; Universidad, 1977, pp. 95-134; y J, M. Cacho Blecua, «Estructura y difusión de Roberto el diablo», en Formas breves del relato, Ma drid/ Zaragoza: Casa de Velázquez/ Universidad, 1986, pp. 35-55. 28 Vid, J, M. Cacho Blecua, «El entrelazamiento en el Anuidts y en las Sergas de Esplandián», en Studia in honorem prof. M, de Riquer, Barcelona: Quaderns Crema, 1986.1, pp. 235-271; y R. J. Steiner, «La técnica narrativa de ‘entrelazamiento’ en la De manda del sancto grial», Revista de Literatura, XXVIII (1970), pp, 141-146. 29 Existe un planteamiento general hecho por H. Baader. «Zum Problem der Anonymitát in der spamsche Litera tur des Siglo de Oro»,Romanische Forschungen XC (1978), pp, 38S- 447. ™ Desde una perspectiva tradicional vid. M. Chevalier, «El pú blico de las novelas de caballerías», en Lectura y lectores en la España del siglo xvt y xvii, Madrid: Turner 1976, pp. 65-103 (trabajo de 1968); y desde más modernas concepciones críu^as la recopilación de J. A. Mayoral, Estética de la recepción. Ma drid: Arco, 1987. narrativa popular de la üdad medía entre las otras historias caballerescas y que compartiera con ellas una lectura común has# co mienzos del siglo XX. 

Esta presencia asegurada durante tantos siglos habla claramente de su aceptación literaria, que quizá se deba a su estructura dialogada en forma de preguntas, lo que implica una difusión necesariamente por medio de la lectura para poder garantizar el enten dimiento de su mensaje didáctico. La sola mención de su nombre provocaba la asociación in mediata con uno de sus rasgos identificativos: su sabiduría, y baste recordar cómo la incluye Francisco López de Úbeda en La picara Justina dando su parecer sobre el andar y bailar de las mujeres y recibiendo la «palma de discreta por una resolución tan atinada» 3I, o cómo la re memora todavía el costumbrista Serafín Estebanez Calderón por boca de Puntillas er. sus Es cenas andaluzas: «Tengo más respuestas y acertijos que ia doncella Teodor»32. Su sabiduría, sus conocimientos y su agilidad en la respuesta son los elementos que la han hecho pervivir en la tradición popular por encima de una veta de la literatura medieval cuyas obras, compañeras de nuestra Doncella, no superaron por lo general la barrera del Renacimiento. Efectivamente, la literatura oriental arrojó hacia Europa a través de la España medieval un cúmulo de textos que tras superar las etapas de traducciones y adaptaciones llegaron a me diados del siglo XIII a nuestras letras. 

Baste recordar que el Calila e Dimna o el fendebal se fechan respectivamente, hacia 1251 y 1253 y que el Bonium, el Poridat de paridades y otros títulos no son lejanos a estas cronologías33; entre ellos andaba con toda seguridad una de las primitivas versiones de nuestra obra. Este grupo de textos, que se puede considerar gé nero o subgénero literario, se ha definido y caracterizado bien como literatura gnómica’4; ^di dáctica», ampliado a «moralizante y didáctica» con posterioridad35, «de sabiduría» («wisdom literature») o «sapiencia1»36 y en él conviven diferentes presupuestos literarios (apólogos, cuentos, etc.) que subdividen y diferencian sus estructuras y sus intenciones37.

lunes, 20 de octubre de 2025

CH. PERELMAN y L. OLBRECHTS-TYTECA TRATADO DE LA ARGUMENTACION FRAGMENTO.

 



CH. PERELMAN y L. OLBRECHTS-TYTECA TRATADO DE LA ARGUMENTACION TRAI>II<:CI~N ESPA~~OLA UF. IIJI.IA SEVILLA hlllúi>/ Titulo uiipiiial: TRAITE DE L'ARGUMEWATION. LA NOUVELLE KIITTOKIQUE, 5.' d. D~pOsilo Legal: M. 27363-1989. ISRN 84-249-1396-5. 1mpre.o cii trpahu. Yrintrd iii Spain. f;rPfici. <:hiillur, L(. A,. Siiiilicr Paclieca, 81. Madrid. 1989. - 6247 Mientras que la Edad Media y el Renacimiento entciidieron y cultivaron la dialéctica y la retórica aristotelicas, la Edad Moderna de racionalismo hegeiiiónico. las margiiio. Ello significa. por tanto, que la suerte histórica de la retbrica ha estado ligada a la valoración gnoseológica que. eii las disrintas épocas, se ha hecho de la opinioii en su relacibn con la verdad. Para quienes la verdad puede surgir de la discusion y el coiitrasre de pareceres, la relórica ser.4 algo m6s que un siniple medio de ex- presión, un elenco de técnicas estilisticas. conlo la consideran aque- llos para quienes la verdad es friito de una evidencia racional o sensible. Esto explica que Con el predominio del racionalisino y el ernpirismo en la filosofía de los siglos xvir al xix la retórica fuese reducida en los planes de estudio a tina especie de estilistica. Es con los sistemas caracteristicos de finales del xix y de este siglo (pragniaiismo, historicisrno. vitalismo. axiologia. existencialismo ... ) cuando se empiezan a sentar las bases para la rehabilitacibn de la retórica y la teoria de la argumcritacibn. Este resurgimiento de la retórica está también estrecliarrieiite ie- lacionado con circunstancias politicas y sociales. El desariollo cn Tornado del Trufodo hrslciriro roliirida del desinterés y olvido en que yacid la relorica eii épwas pasdd~a radicaria en la eslructiira dogiiiálica, autoritaria, coercitiva, en una palabra, aniidemocratica, de aquellas sociedades. 

 En la primera mitad de este siglo, la retúrica habia degenerado en la enseñanza media europea: una asignatura llamada «Elrmetiros de retórica», recuerda Perelinan, venia a reducirse a un aprendizaje de memoria de una lista de figuras retóricas en consonancia con la nocioii vulgar que identifica retórica con estilo florido, elocuen- te, un arte del lenguaje. En esta noción se Iia perdido ya casi por completo la definici6n aristotblica (arte de la persuasion), la de Ci- cerón (docere, niovere, placere) e incluso la de Quintiliano: ars be- ne dicetrdi. donde el bene tiene una triple connotación de eficacia, moralidad y belleza. Más concrelamente, la retórica que perduró en los planes de estudio durante los siglos xvii. xviri y xut iuc la equivalente al Libro 111 de la Kelórica de Aristdteles, es decir. una retórica nada relacionada con la formacidn de la opinión, sino re- ducida a manual de estilo o tecnica expositiva. Iniciadores de esto fueron los franceses Pierre de la Ramk y Talon (siglo xvli). Por otra parte, si en nuestro siglo ha tardado tanto la retórica en resurgir en Occidente. a pesar de una larga tradiciún democrati- ca, ello se ha debido al prestigio prepotente de la ciencia positiva. a causa del cual nada se consideraba persuasivo si no se amoldaba a criterios estrictamente cieiitificos, cosa que no cumple la retóri- ca 2. La lógica de nuestro siglo se ha decantado en exclusiva hacia la lógica foiniai, demostrativa, arrojando así al terreno de lo ilógi- Cf. Joidi Berrio. Teorio socio1 de lo persuarrón. Barcelona. Ed. Miire. 1983. p&r. 34-50, ' Cf. Ch. Prrelman y L. Olbrechls-Tytcca. liairi de /'úrgutnenldion (Lu rtriuaelle rlzéronyur). 3.' ed.. Éditioiir de I'Uiiivcniri de tlruxrlles. 1976. ~á~a . 37.38. Prólogo u lu edicrón e~poñulu Y co, de lo irracional, todo el cuiiteiiidu de las ciericias Iiiiiiialiaa Y sociales. que. EOIIIO la ~tica, sc resisten i( una l'ui~i~ali~acii>~i sólo posible con verdades uriiversalnieiiie cnriviiiceiite~. deniostrables con pruebas constrictivas '. Asi, el prestigio que desde finales del siglo pasado hahia adqui- rido para el pensador occidsiiial la lógica formal, indu~.ia a ver la retórica como tina antigualla iriecu~~erablr. Reducida. pues, la rctórica a arte de 13 expresión, perdió lodo interes filosófico. no siendo extrano por ello que no aparerca el támino retórica ni en el Vorobu1ar;o téc.n;.nico y crítico de lo/ilos»- Jiá, de Andrk Lalande, ni en la norteamericana Enc~clopedia o/ Philosophy (1967). Laguna subsanada, sin embargo. por e1 Diccio- norio de f~losofia de Ferrater Mora. No mejor suerte ha corrido la retórica en los paises socialistas, en donde ha sido considerada como un simbolo de tina educación formalista, inútil. burguesa. anti-igualitsria, Por esto no es nada extraño que hasta hace apenas unos dece- nios la opinión predominante sobre la retórica hü sido peyorativa: sinónimo de artificio, de insinceridad, de decadencia. Iricluso ac- tualmente la retórica todavía tiene connotaciones peyorativas: «es un retórico>,, «no iiie vengas con retóricasi>, etc.! son expresiones que indican que el terniiiio retórica se asocia más o menos con la falsificación, lo insincero, la hinchazón verbal, la vaciedad concep- tual ... 

Las causas de esa mala fama aparecieron ya en la epoca postciceroniana cuando la retórica, por las razones politicas que tan acertadamente analizara Tácito en SU Diúlugo de oradores, cm- pero a perder su dimensión filosófica y dialictica. reduciéndose pau- latinamente a un redundante ornamento; en otros términos. la retó- rica aristotklica se vio reducida al L.ibro 111, iiueiitras que los dos primeros iban siendo relegados '. ' Ihidetn, 34-35. ' i f K. Spaiig. iii~damenros de ietórra. Pdmpldiia. 1:tINSA. 1919, pap 13 10 --. Trotado de lo argurnwraci~jn - Históricaniente. la retórica fue adquiriendo connotaciones nega- iivas a medida que se iba desvinculando de la filosofia con la que 1'1aión y Aristóteles la Iiabian fecundado. Reliabilitarla significaba. üiite todo, devolverla al sitio que ocupaba dentro del Corpus filosó- fico en el pensamiento de Platón y Aristóleles.

Muchas disciplinas, qiic han aspirado vanamente a verdades apodicticas sólo contienen opiniones verosímiles. plausibles; por tanto, sus argumentaciones dehcn permanecer «abiertas» a una continua discusión y revisión. El aiige de los medios de comunicación de masas y de la vida democrática en un creciente número de países explican los esfuerzos qiie se están realizando en la segunda mitad de este siglo desde inúltiples direcciones para reliabilitar la retdrica clásica como arte de persuasión, porqiic «en las sociedades contemporárieas. los mé- todos para obtener la adhesión vuelven a tener una gran actualidad; diríamos más, la tienen en un grado superior a ninguna etapa anle- rior de la historia)) '. Aunque quizá demasiado lentamente, el pensamiento occidental de esta segunda mitad del siglo xx ha venido rehabilitando esta parie de la lógica arislot8lica ', que es necesaria, segun Aristóte- Ics ', no sólo para la vida prkctica (decisión, eIecci6n). sino para la fundamentación de los primeros principios del saber. En efecto. la rehabilitacinn actual de la retórica es debida sobre todo a filóso- fos, aunque paradójicamente fuesen éstos qtuenes la denostaron dii- rante dos mil anos. Para muchm fil6sofos, hoy la retórica es un ' J. Berno, op. cit.. pág. 12. No EC mmprcnde por que no se incluyó la rctorica dentro del drganon. iQuizl i,oi no habcrla considerado parie sino antiiirnfa (cumplemento) de la dtal&ctica? ('reo quc aqui radica el principal motivo de su merainaci6n y malenlcndimiento Iii>ii>rieo. ' ~óp;ior, 1 2. IOlb, 1-4; ~licuni~ornúqueu. iu:n. i910, p&. 7. 13. 1094h 12-28. Citado por Perelb Prólogo u lu erlición espailolu -~ I I ~ iiiedio para sacar a la filosofia de su «inip.iw y dailu diiiiciisii,ii iiiterdisciplinar '. Por cso, la nueva relórica está sieiido considerada un iiiipoiian- te halla-rgo para campos filos6ficos cuino la filosofia dcl derecliu. la 16gica. la éiica y, en general, para todo aquel sabei qiir depeiida de la razón práciica. Por otra parte, resulta lógico que en la rehabilitación de la retó- rica clásica baya influido mucho la rehabilitación nias tarde bajo el lilulo dc Lug;qiir ri rhnu- r;que y reimpresa dos anos mas iardc cn su ririmera obra aicnhii rnbrc IJ cucsiiuii, Rhe'lrique el phiiosophie, PIIF. IYSZ, a la que sigui*. rii 1958. 7iuiir , cn Mind, 1936; «L'Zquivalence. I'iib. 1 a d+finiiiuii d la soluiion des parsiloxcs de Ri~rrrll», en L'enseignemcnr tilillhénto- liyre. 1937. '* Vid. M. Dobrosielski. Xclc5rico y Idgiro. Mixico, Universidad Nacionai de MCxico, 1959 (irld. del polaco piir J. Kaiiiinskr). No he podido ciiudiri csir libro, que, regiin parece. se tialla agotado. No referibkL~,-aCCw. desde pruchas wlameiirr probables. razonahlcs, .. 1CspmragMemenre; . .. - - -. . 1-0 paradójico de su teoría de la argumentaci_es,q~~Perelman noJJega a ella desde la retiirica,a la que en un principio i g a a . El redescubrimiento de la relórica es frko de SU m~d i ~~n~ob r e el c o i i o c i m ~ , la lógica. Así ve que, desde Descartes, la coiiipetencia de la razón ha estado limitada al campo lógico- matemático. Pero eso modelo racional único, more geometrico, no . d..---.-. es apli&leaJ 5-0 de las oginiones -.-_ plaus%les, ..,________ resulta asi yn..canipo.~~~~aa.lo..ir~acio&~~~las . _. . v~~o sTZ~~?~ instintos y a kt-v$tng&or otra parte. las verdades eternas, inamovibles, 1'ói;adas por el razonamiento formal, resulta que también están his- rorica, psicológica y sociológicamente determinadas, con lo que el pensamiento apodictico-demostrativo y el dialéctico-rethico están ,ubre iiii auditoriu, son vislas a ganar o aunierilar su adhesi6n a lar tuir prebeniada$ L> >u ~~erm~irnieot~~~. - Prólogo a la edición cspaFiolu 17 ~- ~- ~ mas iiitcru>nectados de lo qiic una episleniologi;~ dc ci~iii' 111;1181ii- co, cartesiaiio o positivista qiiisiera a~ltnitir 'l. La tarea rehabilitadora de Perelman siirgc, pues, de la ieoiia clásica del conociniieiito, de la deiiiostración y ile la deliriicii>ii dc la evidencia (un tipo particular de adlicsibn). Sii nueva retórica se va a centrar, pues, en el sst~idio de las estructuras argumentativas, aspirando a ser una discipliiiii lilosúfica moderna con dominio propio: el análisis dc los medios uiilizadus por las ciencias humanas. el derecho y la filosofia, para probar sus tesis 23. La nueva retórica consiste, por tanto, en una teoria de la argu- mentación, complemeniaria de la teoria de la demostracióri objeto de la lbgica formal. Mientras la . ciencia se basa cn!a .c&p.teorer~:-' caLcon SIIS c~ztegorias de verdaQ~i@$i&.y~-get.~d?~~~@pst[?~ ~ .. tiy~r:!~,B~~$~.c~~.la..d~a~e~c?,y la filosofia se . . basan , . ,. en la . , _.___ razón , m~cEo~~~~~~ias.!~.~~j~io~6miiii~ia becisk%~m.~az~.~~&k y su m&todo..arg~m-e~!~~~~~~&~~&npIi. La razón reorftica se su- pedita a la razón práctica, porque la nocióii de justicia. alumbrada por esta, es la base del principio de contradiccióii, supuesto funda- mental de aquélla. Gracias a este nuevo método argumentativo, Perelman cree que ya es posible a licar la razón al mundo de los valores. de las ~91;- mas, de . ... .. .- -. .. acci6n. 

Tal va a ser el mayor logro de sil teoria de la argumentación, que es un golpe tanto al irracionalismo corno al dogmatismo racionalista. Con tal objetivo, Perelman va a investigar la razón concreta y situada. Establece relaciones interdiscipliriares. sobre bascr nue- vas, entre diversas ciencias humanas y la filosofia; margina lo qiie la retórica tuvo de estética y teoria de la ornaineritación: la orna- mentación (drleclurel retórica no entra en las preocupaciones de ,2 Piensese en la teoria de las paradipiiins cieniificar Iievolacione~ en Ir rii.iiii.iJ de Kuhn. '' Vid. Flore~u. op. rir., psg. 166. 18 -- Tratado de la argurnentucióri - la nueva rctórica. corno no eiitraba sino taiigeiicialiiiente eii la aristi>tL:lica. Es cic-rio que cl éxito de la obra de Perclman se de& a la favo- rablc coyunhird de sus tesis: se hacia seniir la necesidad de extender la razóii a un campo del que habia sido desterrada desde Descartes. I'ero, aparte de su oportunismo, su competencia es indiscutible y su mérito indudable. Por otra parte, Perelman tuvo ocasión de poner en prdctica sus ideas con su actividad en la UNESCO, en la que destaca la simpatia demostrada por los países socialistas, en uno de los cuales, Polonia. nació y vivió hasta los doce anos 24. Perelman podría ser considerado el Cicerón del siglo xx, en coan- to que gracias a el se opera una transición «inversa* en la ret6rica: de la ornamental a la instrumental, correspondiendo al diagnóstico de Tácito de que democracia y retórica son inseparables. Si bien la democracia politica, «formal», ya era un hecho secular en la mayoria de los paises europeos, y ello podria contradecir a Tácito por haber existido democracia sin retórica inslruiiienlal, sin embar- go, la verdadera democracia cultural s61o ha llegado a Europa con el pleno desarrollo de los medios de comunicación de masas. Su Tratado de lo argumentación (1958) podría ser valorado. sin incurrir en exageración, como uno de los tres grandes de la historia de la retórica, al lado del de Aristótdes y el de Quintiliano. Sobre la cantidad y la calidad de la aportación de la colabora- dora dc Perelman, L. Olbrechts-Tyteca, a su obra en general y so- bre todo al Tratado de /u argumentucidn, no podemos hacer sino conjeturas. Parece que en el Tratado ésta se limitó a buscar y selec- cionar los textos antológicos que ilustran la teoría. Por cierto, creo que tiene razón Oleron al lamentarse de que estos texios ilustrativos del Tratado no estuviesen tomados de la prensa contemporinea, en lugar de ir a buscarlos en los autores clásicos. La coniodidad Prólogo a la edición espaítola - -- - de esta opción es evidente, pero cI ariacronisnio de qiie a~loleccii dichos textos les resta interés y claridad. Una de las pruebas más clara5 del éxito drl peiisaiiiieiiio pcrcl- maniano es, sin dude, el haber creado esfuc'la. Desde los anos 60, eii toiiio a Perelmaii se fue consolidaiido CI llan~ado Grupo dc Brii- selas. de modo similar a corno en toriio al maestro de Pcrcliiiaii, el suizo Gonseth, habia surgido el Grupo de Zurich, del qur Percl- man fue también uno de sus más destdcados iniembros. Las aporta- ciones del Grupo dc Bruselas sori de lo más importante para la actual filosofía del derecho y prueba de la fecundidad interdiscipli- nar de la teoria de la argumentacióii. 

 Entre Rhélorique el philosophie (1952) y el Trairé de I'argurnen- tation (1957), la polaca Marian Dobrosielski publica un trabajo " critico que pone de manifiesto las carencias iniciales de Perelman, así como la evolución y los avances que representó el Traité. que vino a resolver varias de las objeciones de Dobrosieslki. Empieza echando en falta Dobrosielski iin desarrollo sistemati- co de una teoria retórica. aunque reconoce que Perelnian ya lo tie- ne prometido: sera, precisamente. el Traité 26. Hhélorique el philo- sophie es, en efecto, una recopilación de articulas publicados en revistas; por eso parece injusto ese reproche de asistrmdtismo. Para Dobrosielski, las principales objeciones que se le pueden plantear a esta obra de Perelman. que trailuce claramente el intento de reha- bilitar la retórica arislotélica enriqueciéndola y adaptándola al rnundo actual, serian las siguientes: - Fallan los principios filosóficos que sirven de base al concepto de retbriw. - No consigue hacer de la retbrica una disciplina científica inde- pendiente. " Es un anlculo riiulado «Logika a rrtorykrn y publicado en la revirls de la Universidad de Varsovia. niim. 4. 1957. Mariaii Dobrusislsli Iiace cri 61 uiia cri1ii.r de «Rheiarique el Pl!iloraphic*. -" Vid. I>obrasielski. op. cit. pis. 422. - I'oiiia de la didectica de Coiiseth principios rubjeiivistas y relati- vistas 11uc nic~;iii al cuiiociniiaito objetivo dcl niundo. - No Logra 'definir la esencia de la relbrica. - Su concepto interdisciplinar de la retórica amalgama sociología. psicalogia, srniántica. No parece tener un objrlo especial (Gor- !$as). - Se aparta de la pr&ciiea, porque no conten~pla otros modos de persuadir ". No podemos detenernos a discutir ahora la pertinencia o no de estas objeciones. Limitémonos a subrayar la última. lamentando rliic Pereliii;in, a lo Iürgri de toda su obra. haya restringido su ertu- dio a los iiicdius racionales de argumeiitación. distintos de los de la lógica forn~al, y no contemple apenas otros medios persiiasivos a menudo mas eficaces para alcanzar ese objetivo de.conseguir o aumentar la adhesión de alguien a las propias tesis. En este sentido, Perelman sigiic la tradición occidental que, como en Pascal y en Kant, tiende a valorar negativamente toda persuasión no estricta- mente racioiial. A pesar de estas limitaciones, Perelman amplia considerablemente el campo de la nueva retórica en comparación con el de la antigua: prescinde de que los argumentos persuasivos sean orales o escritos; se dirige a todo tipo de auditorios aristotclicos correspondientes a los géneros retóricos deliberativn, judicial y epidictico; la retórica aristotélica se había olvidado tambin del metodo socrático-plat6nico del diálogo, qiie es el arte de «preguntar y responder. de criticar y refutar», en suma, de argumentar, y que, obviamente, es más dialáiico que los otros tres géneros ret6ricos Para esta ingente tarea, Perelman sabe aprovechar diversas apor- taciones interdisciplinares. coino los estudios de psicología experi- menial de las audiencias (Hollingworth, The Psychology of the Audiences. 19351, con fines de propaganda política, religiosa y co- l' Vid. Ibiilrnt. pig. 433. 3" 'id. h I'cp cii.. pag. 164. M. Dobrosirl~ki, o". ril., pág. 423. 38 «LSidéc dr dialsiique aux tnireiiecis rl* Zurich». piy. 32, chudo por J. L Kinneavy, «Caiiemporary Rheioriot. en W. Bryaii Horner (rd.). Ihrpri~ier8r irurr 0, and cunioirporory rhrroti<, pag. 179. siholurship in h~~urirril 22 Tratado de /a argumentación -- La csctiv' ~~dialéctica ha preteiidido siiitetiwr, siiper;indolos. el racioiialibii~o c irracioiialismo tradicionales. Esla siritesis dialecti-. ca superadora ha de ser siempre una tarea «abierta>), una cexpe- risncia pcrfeccioiiablen. Una ciencia que se someta a una «expe- riencia siempre dispuesta a re~lificarse a sí misma, no necesita partir de «primeros principios)) evidentes, ya sean fruto de una iti- tuición (inetafisica Iradicioiial) o de una hipótesis (axiomática coii- leinporanea). «La ciericia dialéctica no es una ciencia acabada sitio uiia ciencia viva (...). 

Por eso puede ser, segun Gonsetli. al mismo tiempo abierta y sistemática ... » ". Perelman coincide con los neodial6cticos en rechazar la noción de una filosofía primera (protofilosofia); la filosofía debe ser regre- siva, abierta, revisable. A pesar de lo cual. Perelman recha . ser adscrito a una escuela concreta. Se considera pragmatista en el sen- tido m65 amplio del término. La filosofia m debe tener un fin en si misma, debe perseguir la elaboración de principios dirigentes del l pensamiento y de la acción. Eii este sentido. el articulo más programhtico de Perelman quizá sea el titulado ~Filosofias primeras y lilosofias regresivas)). En las primeras incluye todos los sistemas occidentales, de Platón a Hei- degger, sistemas a los que considera Perelman dogmhticos y cerra- I ' l i i~~i i~ise r t l ~ sobre principios absolutos. va- lores y verdades primeras, irrecusablemente demostrados o eviden- tes por si mismos. Como alicrnariva a las filosofias primeras, Perelman propone una filosofía regresiva, abierta, no conclusa. siempre volviendo ar- gumentativamente sobre sus propios supuestos, que, por tanto. son relativos y revisables. Eii su base están los cuatro principios de la dialbciica de Gonseth: - Principio de integridad: todo nuestro saber es intndependimte. - Principio de dualismo: es ficticia toda dicotomia entre método " J. Ferrater hlora. Uitcinnorio defiImo/i~, 4 vols.. Madrid. Alianza Editorial, driiculo «. Prdlogo o la edición española - .- -. -- 23 racional y mCiodo empirico; aiiiboa deben ~o!li~ileniciildr~e ". - Principio de rcvisihn: toda alirinaci6ii. Iiiclo principio d~.lic pcr- rnaneccr ahierlo a riiievos argumctilui, qiic podihi ariiilarlo. ilc biliiailo u rclurzarlo - Principio de rcspotisabilidad: el invaligador, tanto cientilico como filosólico. conipromete su personalidad en siis afiriii~ciuncs y teorias, ya qiie debe clegirlai al ~io ser únicas iii iiiipuiierse su justificaciún de fornia auiomátiw, sino racional (bien cr verdad que en la ciencia esto aiccta sblo a lus principio, y leo- rias, y no a hechos sometiblrs, corno diria Plat6n, a medidas de peso. extensi6n o número) ". Temas secundarios de su obra fueron las paradojac lbgicas y el concepto de justicia, con los que inició su andadura filosófica. A lo largo de toda su obra subyace otro tenia importante: el de los presupuestos fundamentales de la filosofia. «Pero la contribu- ción nias fundamental e influyente de Perelman ha sido el estudio de la argumentación filosófica y la revalorizacibn de la retórica co- mo teoría de la argumentacióii)>. «Los estudios de Perelinan sobre la argumentación filosófica estan fundados en una idea aantiabso- lutistan de la filosofia; Perelman ha nianifestado que se opone a «los absolutismos de toda clareih y que no cree en «revelaciones definitivas e inmutables». En otros ttrminos. se trata aquí tambikn " Ch. Pcrclrnan, TrailPde l'orgurnenlalion, cii.. pAg. 676: «Recharamor opmi- ciones lilosdficas ... que iio, presenian abroluiismos de lada tipo: diidiliiiu de la raz6n y de la imaginaci6n. de la ciericia y de la apiniiin, de la evidencia irrclirlible y de la voluntad engafiora, de Ir objetividad universalmente admitida y dc la rub)eii- vidad incamunicable, de la realidad que se imponen todos y dc los valores puramcn- re individualesu. Y Ch. Perrlmui, TmirC de l'nrgumenlorion. cit., p&r. 676.611: 

"No creemos en revrl.*ciones definitivas e inmutables. cualquiera que sea su naruralera u origen; los diilus inmediaior y absoluias. llámcsekr rensacianrs. evidencias racioiiales o in- luiciones misiicar. s s b daechador de nuestro arrenal fdudf~o ... No haremos nucstra la prerensi6n exorbilanle de exigir en dato, deliniiivaiiienie claros. irrebat~blcr. cicr- los elemenlos de conocimiento conriiruida,. indcpendicnies de las con>ccurnciii~ &o- eiales r hisl6rieas. fundamento de verdades necesarias y cicrimsi>. " Vid. M. Uobrosicbki. "p. cN.. pigs. 424 sigr. 24 -- Tratado de la argumentacidn -- de propiigiiar uiiü cfilosolia abirria>i o una «€ilosofia regresiva)) conlra imla Iilosol'ia priii~pra prctgj!didainerite absoliila,> 2. h pesar de su afinidad con la neodialéctica, a la hora de bauti- zar su troria de la argumentación prefiere el término «neorretórica» porque, segúii el, la dialéctica aristótelica, definida en los Tbpico~ como e1 «alte de razonar a partir de opiniones generalmente acep- tadas» (Topicos, lib. 1, cap. 1, 100<1), es el estudio de las propusi- ciones verosiiniles. probables, opinables. frente a la analítica, que se ocupa de proposicioiics iiecesarias. Pue? bien, a la fwria de la ---: argunieiitación ---. - le irnportan,.~n~.que.l~.os~c~ones, -.. la adhesion, coi1 iniensidaa variable, del auditorio a* -.-. -------- -. -Y tal es el objeto de la retórica o arte de persuadir, tal como la concibió Aristóteles Y, tras 61, la *niig"edad.~!&~~~~ ..-.. --... ,--..--* '- Po7óTraapa~Ie;iiira CCIII la CUIIL'C~~~~L. cartesiaiia de la ra~on cl razoiiaiiiiento, Iiegeiiionicu cii la lilosot'i:~ .. - . ..,...-e occidentiofiasla hoy. k?staha~ilescuidailo la facultad del ser ramiia- ble de deliberar y argunientar con ia¿viics plausiblcs. careiiies. por cllo, de necesidad y evidencia pai-a coiisegiiir la adliesióii dcl oyeii- ie. Descartes desechaba lo probable, plauail~le, veiusiiiiil, como lal- so porque.no le sirve para sii progranla de dcmostraciuiies basadas eii ideas claras y distiiiias, uit saber consiriiido a la iiiaiiera geuiii2- tr~ca con proposiciones necesarias, capaz de engcridrar iiicxorablc- mente el acuerdo, la conviccióri del oyente. Debemos rechazar la idea de evidencia como campo exchisivo de la razón fuera de la cual todo ea irracional. Pues bien. la ieoria de la argument~ción es inviable si toda prueba es. cuino quería Leib- niz, una reducción a la evidencia. Esa adhesibn de los espíritus es de intensidad variable. no de- pende de la verdad. probabilidad o evidencia de la tesis. Por eso. distiiiguir en los razonamientos lo rclativo a la verdad y lo relativo a la adhesión es esencial para la teoria de la argiimeiita- ción. A pesar de que éste es el siglo de la publicidad y la propaganda, la filosofia se ha ocupado poco de la retórica. Por eso podemos hablar de una nueva retórica, cuyo objeto es el estudio de las prue- bas dialécticas que Aristóteles presenta en los Túpicos (examen) y en su Rerórica (funcionamiento). Redescubrir y rehabilitar no significan, pues, asumir en bloque; en la retórica antigua hay cosas menos aprovechables: lo que iieiie de arte del bien hablar, de la pura ori~anientacióii. Mientras la retórica sofista merecia la descalificación de Plaion. en el Gorgias, por dirigirse demagógicamenie a un piiblico igi:oran- te con argumentos que iio serviaii, por canto, para públicos culiiva- dos, la nueva retórica cree, con el Frdro platóiiico, que exirie iiiia 26 Trarado de la argurnenraciún retórica digna de filósofos y que, por tanto, cada rctúrka Ira de valorarse segun el auditorio al que se dirige ". Esta nueva retórica, mas que los resortes de la elocuencia o la forma de coniuiiicarse oralmente con el auditorio, estudia la estruc- tura de la arguinentación. el mecanismo del pensaniiento persuasi- vo. analizando sobre todo textos escritos. Por tanto, el objeto de la nueva retórica al incluir todo tipo de dirurso escrito e incluso la deliberación en soliloquio, es mucho mis amplio que el de la antigua retórica. La filosofia retórica admite, por contraposici6n a la filosofia clasica, la llamada a la razón, «pero no concibe a esta como una facultad separada de las orras facultades humanas, sino como capa- cidad verbal. que engloba a todos 10% hombres razonables y compe- tentes en las cuestiones debatidas» '9. Este punto de vista enriquecerir el campo de la lógica y, por supuesto, el del razonar.

«Al igual que el Discurso del mdtodo, sin ser una obra de matemiticas. asegura al método «geom&trico» su más vasto campo de aplicación, así las perspectivas que propo- nemos... asignan a la argumentaci6n un lugar y una importancia que no poseen en una visión más dogmática del universo» '". Jesús GONZ~LEZ BEDOYA " lbident. pag. 9. 39 Ch. Perelman. La 168imjurldicB y la nuevo relórim, trad. de L. Diez Picaro, Madrid, Ed. Civilar, 1979. 40 Ch. Perelman, Twii de l'oigumenrorion, cit.. p6g. 376.

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