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jueves, 8 de octubre de 2026

EL LIBRO DE LA LITERATURA JAMES CANTON, EDITOR ASESOR Y OTROS

 


La narración de historias es tan antigua como la propia huma- nidad. La tradición de regis trar los acontecimientos y creencias de las comunidades se remonta al tiempo en que los humanos empe zaron a sentarse alrededor del fuego y a contai historias. Esos relatos se conservaron en forma de leyendas y mitologías que se transmitían de ge neración en generación, y que ofre cían respuestas a los misterios del universo y su creación. 

Los registros escritos surgieron al mismo tiempo que las civiliza ciones antiguas, pero al principio la escritura cumplía funciones sim ples y prosaicas, como el registro de transacciones entre comerciantes o el inventario de artículos. Los miles Empiezo por escribir ]a primera frase... y me encomiendo a Dios para que me ayude con ía segunda. Laurence S terne obras escritas hace cientos de años que nos siguen encantando y dívii- tiendo hoy; complejos textos posmo- demos que pueden ser sumamente estimulantes y continúan atrapán donos; y nuevas novelas tan frescas que se leen como si las palabras se acabaran de inventar. de tablillas de arcilla con signos cuneiformes descubiertas en Uga- rit, en Siria, revelan ya la comple ja naturaleza de la escritura hacia 1500 a.C. Además de servir para re- gistrar información comercial, pron to la escritura se convirtió en un medio para conservar las historias de tradición oral que eran parte in tegral de cada cultura, así como sus costumbres, ideas, moral y es tructura social. Ello condujo a los primeros ejemplos de literatura es crita: los relatos épicos de Mesopo- tamia, India y Grecia, y los textos más filosóficos e históricos de la antigua China. 

Como sucintamente dijo John Steinbeck en su discurso de aceptación del Nobel en 1962: üLa literatura es tan antigua como el habla. Surgió de Ja necesidad hu mana y no ha cambiado, excepto para hacerse más necesaria». En Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, la señorita Bingley podía hablar fatuamente cuando declara ba: «Cualquier otra cosa enseguida te cansa, pero un libro nunca», pero este sentimiento suena real para muchos de nosotros. A pesar de las diversiones casi ilimitadas que se ofrecen a ios lectores actuales, la literatura sigue satisfaciendo una necesidad espiritual o psicológica, y abre la mente del lector al mundo y a su extraordinaria variedad. 

Hay La definición de literatura y el canon literario Aunque la definición simple de «lite ratura» es «aquello que está escrita, el concepto ha quedado asociado con las obras de narrativa, teatro y poesía, y ha sido investido con la distinción del mérito y la superiori dad. Estos valores son intrínsecos al canon literario establecido desde me- diados del siglo xix a partir del estu dio y el reconocimiento académicos. El término «canon» se tomó prestado del ámbito eclesiástico, en que de signaba el conjunto de los textos reli giosos autorizados. Y el canon litera rio, colección de obras comúnmente aceptadas como de calidad excep cional, acogió al principio casi ex clusivamente obras de la literatura de Europa occidental. Desde mediados del siglo xx. los teóricos culturales y literarias han desestabilizada el canon discutiendo la autoridad de esas listas de obras de «europeos blancos muer tosa La idea de un canon de agrandes obins* INTRODUCCIÓN 13 sigue siendo un marco útil; pero, más que designar el mismo conjunto de títulos, el concepto evoluciona con cada generación, la cual reexamina la ideología y las estructuras de poder que sustentan la selección de ge neraciones previas y cuestiona las raxones para la exclusión de ciertas obras. Posiblemente, el estudio de la creación literaria y el examen del canon puede ayudamos a ser mejores lectores. 

Con ese espíritu, este libro presenta muchos títulos considera dos tradícionalmente como «grandes obras», pero examina su lugar en la amplia historia de la literatura y en el marco de la producción mundial. Asimismo, junto a ellas se presentan obras de voces silenciadas durante siglos por constructos sociales como el colonialismo y el patriarcado, así como por el dominio europeo sobre la literatura. La elección de los títulos Este libro hace un recorrido cronoló gico a través de la literatura, propo niendo más de un centenar de obras como puntos de referencia a lo largo del camino. Además, adopta un en foque global, explorando textos lite rarios de una amplia diversidad de culturas que pueden resultar desco nocidos para muchos lectores. Las obras elegidas para Ei libro déla literatura son o bien arquetipos de un estilo literario particular, o bien representativas de un grupo o movimiento que tomó una nueva dirección que luego sería adoptada por otros autores contemporáneos o desarrollada por generaciones pos teriores. 

Las obras se han ordenado crono lógicamente para subrayar la emer gencia de las innovaciones literarias ante el telón social y político de su tiempo. Así, por ejemplo, durante los siglos xvu y xvm, la literatura france sa evolucionó desde las comedias costumbristas neoclásicas de Molié re a la sátira del optimismo ilustrado de Voltaire, y luego al feroz retrato da )a decadente aristocracia francesa plasmado por Piene Chodeilos de Lacios en Las amistades peligrosas, novela publicada en el periodo pre éé Algunos libros nos dejan libres y otros nos hacen libres. Ralph Waldo Emerson 99 vio a la Revolución francesa Estos cambios en la literatura se solapan inevitablemente, pues unos autores exploran técnicas que tardarán un tiempo en introducirse en la corrien te general mientras otros continúan con la tradición literaria de épocas previas. Las listas siempre son polémi cas: probablemente el centenar de títulos elegidos aquí podría ser re emplazado por otros cien títulos distintos, y asi sucesivamente; por tanto, no se presentan como una lista definitiva de «lecturas impres cindibles». Cada obra se enmarca en un enfoque o contexto, acom pañada de una cronología de hitos y acontecimientos literarios rela cionados. 

Las referencias cruzadas vinculan obras de tipo similar, o que han influido o han sido influi das por la obra en cuestión, mien tras que los apartados de «Otras obras» listan más de 200 títulos que exploran el paisaje literario de cada periodo con mayor detalle. De los primeros poemas a la novela moderna Las primeras historias que se pu sieron por escrito, hace alrededor de 4000 años, adoptaron la forma de poemas, como el Poema de Gilga- mesh en Mesopotamia o el Maha- bharata en India, que se basaban » 14 INTRODlICCléN t * en ti adiciones orales. La rima, el ritmo y Ja métrica eran ayudas esenciales para memorizar canciones y relatos orales, por lo que no debe sorpren der que los primeros textos escritos emplearan esos recursos poéticos. Muchos textos tempranos eran re ligiosos, y libros sagrados como la Biblia o el Corán recogían antiguas crónicas e influyeron en la escritu ra durante siglos. 

La forma literaria que se convirtió en el teatro griego empleaba una suerte de balada na rrativa, e introdujo a los personajes con voces individuales, el coto ex plicativo y las categorías de comedia y tragedia que hoy siguen vigentes. Las colecciones de Telatos que con forman Las mil y una noches árabes tenían múltiples orígenes, pero esta ficción en prosa, escrita en un len guaje sencillo, empleaba técnicas que serían fundamentales en la no vela moderna, como la introducción de historias dentro del marco de otra historia, la prefiguración y la repeti ción de temas. Aunque la vasta época medie val está salpicada de hitos como el Beowulf anglosajón y los romances de caballería, la literatura occiden tal de entonces estuvo dominada por los textos religiosos en latin y griego En el Renacimiento, la energía combi nada de la nueva investigación filo sófica y de la pura invención abrieron la puerta a la innovación literaria. A partir de la traducción y el estudio de los textos clásicos griegos y la tinos se configuró un programa de educación humanista que Incluía la filosofía, la gramática y la historia. La Biblia se tradujo a las lenguas vernáculas, lo que permitió a Los cristianos un acceso más directo a la Palabra de Dios. La imprenta de Gutenberg introdujo los libros en la vida de la gente comente, y autores como Geoffrey Chaucer y Giovanni Boccaccio convirtieron la vida coti diana en tema literario, A principios del siglo xvn, Miguel de Cervantes y Daniel Defoe habían alumbrado lo que muchos estudiosos consideran las primeras novelas modernas, y se había publicado el llamado Pri mer Folio de las obras de William Shakespeare, éé Una palabra después de una palabra después de una palabra es poder. Nlargaret Atwood f * El auge de la novela La poesía y el teatro seguían evo lucionando mientras la novela ad quiría importancia, hasta el punto de que, a finales del siglo xviu, era ya la forma principal de expresión literaria. Eso coincidió con el desa rrollo del movimiento romántico. El romanticismo, caracterizado poruña literatura conducida por las emocio nes de héroes idiosincrásicos más que por el argumento y la acción, hunde sus raíces en el movimiento alemán del Stuim und Drang, Los poetas románticos ingleses decla raron el poder de la naturaleza para sanar el alma humana, y los tras- cendentalistas de Nueva Inglaterra trataron temas similares. 

El término «género» empezó a emplearse para designar los distintos tipos de fic ción, por ejemplo, las novelas de gé nero gótico. A mediados del siglo xix, el ro manticismo fue reemplazado por una nueva forma de realismo so- cialj representado por Jane Austen, que retrató los salones de las clases media y alta británicas, o por Gus- tave Flaubert, que plasmó la vida de los pueblos provincianos france ses, pero que tendió cada vez más a presentar la dura existencia de Jas clases desfavorecidas Fiódor Dos- toievski calificó su novela Crimen y castigo como «realismo fantástico», y los oscuros monólogos interiores de Raskólnikov, su protagonista, contienen los elementos de un thri- ¡ler psicológico. Desde entonces, a lo largo de las décadas, la ficción se ha diversifica do en múltiples géneros y subgéne ros, desde 3a novela epistolar, que adopta la forma de cartas, o la no vela de formación, que representa el paso de la juventud a la edad adulta, hasta la novela dístópíca, que pre senta una sociedad ficticia inde seable, o la autobiografía ficticia. El lenguaje usado en la literatura tam bién se desarrolló, y Jas novelas que usaban el lenguaje corriente, como las de Mark Twain, ampliaron el al cance social de la literatura, A inicios del siglo xx, la sociedad occidental estaba revolucionada por los avances industriales y tecnológi cos, por los desarrollos científicos y los nuevos movimientos artísticos. En menos de dos décadas, una ge- neración de hombres jóvenes se iba a perder en la I Guerra Mundial. A esta siguió un torbellino de experi mentación literaria, cuando los escri tores buscaron innovaciones estilís ticas como el monólogo interior y la fragmentación de la narración para representar la angustia y la aliena ción de un mundo cambiante. Tras un breve periodo de recu peración y optimismo, el mundo se I vio arrojado de nuevo a la confusión al estallar la II Guerra Mundial, y la producción literaria disminuyó, pues muchos escritores se vieron implica dos en el conflicto bélico y tuvieron que dedicarse a escribir propagan da o informes de guerra en lugar de literatura. Experimentación, difusión y nuevas voces Después de las dos brutales guerras globales, el mundo estaba prepa rado para el cambio, y la literatura fue central para la contracultura oc cidental de las décadas de 1950 y 1960. Los escritores y teóricos pos modernos exigían del lector algo más que la simple implicación en un relato realista. 

Ahora las novelas presentaban una narración fractu rada, no lineal, con narradores poco fiables y finales abiertos Durante este periodo, Occidente cedió te rreno a otras voces de la cultura mundial. En países como Nigeria, Sudáfrica o India emergió la narra tiva poscolonial, y autores como Ga briel García Márquez contribuyeron a elevar el estatus de una serie de escritores sudamericanos de creati vidad extraordinaria. La literatura actual acoge las voces nunca antes escuchadas de feministas, activistas por los dere chos civiles, homosexuales, negros, nativos americanos e inmigrantes. Existe un saludable desdibujamien- to meritocrático de la distinción entre la literatura clásica y la po pular. La edición global, la edición independiente y la electrónica, los cursos de escritura, los premios lite rarios nacionales e internacionales, así como el aumento de las traduc ciones, están difundiendo novelas australianas, canadienses, sudafri canas, indias, caribeñas y chinas, por citar algunos ejemplos, entre el público mundial. Esta vasta bi blioteca global constituye tanto un recordatorio de aquello que com partimos las personas en todo el mundo como una celebración de la diferencia. ■ La lectura es el único medio por el cual nos deslizamos, involuntariamente, a menudo sin poder evitarlo, en la piel de otro, en la voz de otro, en el alma de otro. Joyce Carol Oates

18 INTRODUCCIÓN Los primeros textos conocidos, en idioma sumerio, se escriben en tablillas en Abu Salabikh al sur de Mesopctamia. c .2600a.C, Desde 2100 a.C. El Poema de Gilgamesh es uno de los primeros ejemplos de literatura escrita del mundo. El rey Wen de 2hou escribe un comentó fio sobre un antiguo método de adivinación, que más adelante es ampliada como el Libro de Jos cambios (o I Ching). A Siglos XII-XI&.C. Siglos IX—IV a.C. Se componen en India al JLfaiiabharata y el Ramayana, grandes poemas épicos en sánscrito. Los sistemas de escritura se usaron en un primer momen to para el registro de transac ciones administrativas y comercia les. 

Gradualmente, estos sistemas se perfeccionaron y sirvieron para conservar el saher ancestral, regis tros históricos y ritos religiosos, todo lo cual había sido hasta entonces memorizado y transmitido de ma nera oral En las primeras civiliza ciones del mundo, en Mesopotamia, China, India y Grecia, la literatura surgió para recoger la historia y la mitología. Esta literatura temprana tomó la forma de largos poemas narrativos, conocidos como epopeyas, que se centraban en las leyendas en torno a un gran guerrero o iíder y sus bata llas para proteger a su pueblo de sus enemigos y las fuerzas del mal La combinación de sucesos históricos y aventuras míticas, narrados en verso rimado, recogían la herencia cultural de un pueblo de forma fascinante y fácil de recordar. Dioses y hombres Las primeras epopeyas conocidas, como las diversas versiones del Poema de Gilgamesh y las grandes epopeyas sánscritas Mahaiibaiata y Ramayana, suelen relatar el origen de una civilización, o un momento defimtorio de su historia temprana. A través de las hazañas de un indi viduo heroico o una familia regente, estas epopeyas también exponían Ja implicación de los dioses, a me nudo contrastando sus poderes con la fragilidad de los héroes humanos. Este contraste también aparece en las epopeyas posteriores atribuidas a Homero. Sus héroes, Aquiles y UU- ses, no se presentan soto como no La adopción de Se componen la ¡liada y la Odisea, poemas épicos griegos atribuidos □ Harnero. c. Siglo VIII n.C. 551-479 a,C. v El filósofo chino Caníucio enseña y recopila los Cinco Clásicos. una constitución democrática en la ciudad-estado griega de Atenas da inicio a la era clásica, A 508 AiCa Siglo Va.C. V Los autores de tragedias Esquilo, Eurípides y Sófocles compiten por el título de mayor dramaturgo de Atenas, bles guerreros de la guerra de Troya que estableció a la antigua Grecia como una gran potencia, sino tam bién como personajes muy humanos enfrentados tanto ai destino como a sus propias debilidades. 

Más tarde, cuando la influencia griega deca yó, los poetas latinos desarrollaron sus propias versiones del género, llegando incluso a tomar la historia de Troya, como hizo Virgilio en la Eneida, para componer una epopeya sobre el origen de Roma. La escala y la profundidad de loa poemas homé ricos, así como su estructura poé tica, proporcionaron el fundamento sobre el que se construyó la literatu ra occidental. El teatro griego Otio producto de la Grecia antigua fue el teatro, que se desarrolló a par tir de la narración de relatos y vino a Virgilio escribe su obra maestra. y acaso el mejor poema épica latino conocido: la Eneida í 29-19 a.C. Siglo Vd.C. La tradición poética china shi alcanza su cénit durante la dinastía Tang, con ia obra de poetas como Li Bai y Du Fu. r 618-907 d.C. v El poeta Kalidasa escribe en sánscrito las epopeyas flagbuvamsha y KumarasambhavA y el drama Abhijnanashakunta ia, En Islandia, colonos nórdicos establecen una asamblea genera] conocida como Althlng para su nueva comunidad. 930 868 I Se imprima en China el libro impreso más antiguo conocido, el texto budista titulado Sutra cfei diamante En la Edad de Oro de la cultura islámica florece la poesía clásica árabe y se recopila por primera vea Las mil y una noches, e. Siglos VIII-XIII Siglos VIII-XI I Se compone la epopeya anglosajona Beowulf, el poema épico más antiguo conservado en inglés antiguo En Lanzaiote o Eí caballero de la carreta, Chrétien de Troyes introduce la idea del romance caballeresco en el contexto de la leyenda artúrica. o. 1175-1181 Siglo XI d.C. I Lst historia de Genji, de Murasaki Shikibu, y El libro de !a almohada, de Sei Shonagcm, tienen como escenario la vida en la corte Heian de Japón. darles vida mediante Ja representa ción, Esta narración dramatizada se hiío gradualmente más sofisticada y, para Ja época en que Atenas es taba establecida como ciudad-esta do, el teatro ya formaba parte inte gral de su cultura, con dramaturgos como Eurípides, Sófocles y Esquilo produciendo tragedias y comedias que atraían a miles de espectadores. De Europa a Asia En el norte de Europa prevaleció la narrativa oralr y los relatos de estas culturas no se fijaron por escrito hasta alrededor del siglo viji. La pri mera epopeya completa anglosajona conocida, Beowulf, narra la histo ria y la mitología conservadas por los ancestros escandinavos de los ingleses. 

Las sagas islandesas pos teriores también procedían de le yendas nórdicas. Mientras tanto, en la Europa continental la nobleza se entretenía con poetas profesiona les. Algunos tomaban sus temas de la antigua mitología grecorromana, mientras que los trovadores {trouba- douis) del sur ds Francia prefirieron las emocionantes historias de las ba tallas de Carlomagno y sus huestes contra los sarracenos, y Jos troveros ftrouvéresj del norte de Francia re citaban apasionados relatos líricos de caballería y amor cortés sobre el reinado del legendario rey Arturo de Bretaña. Más al este, durante la Edad de Oro de la cultura islámica, a finales del período medieval, narraciones épicas como las contenidas en Las mil y una noches fueron muy valora das por su capacidad de entreteni miento, aunque se consideraba que la poesía era Ja forma más elevada de literatura. En la antigua China, igualmente, las leyendas heroicas se consideraban más como una forma del folclore que como literatura, y los primeros textos escritos que reci bieron el estatus de clásicos fueron aquellos que preservaban la historia, las costumbres y la filosofía chinas. Con todo, junto a estos textos fac tuales se produjo una colección de odas que proporcionaron un mode lo a la poesía china durante siglos, poesía que alcanzó su culmen bajo los emperadores de la dinastía Tang. En el siglo xi, Japón, que había es tado dominado por la cultura china, produjo su propia literatura distintiva en japonés bajo la forma de relatos ficticios en prosa sobre la vida en la corte Heian, Estas narraciones, de- sarrolladas a partir de antiguas cró nicas de las dinastías reinantes, an ticipaban la emergencia de la novela en Europa.

martes, 22 de septiembre de 2026

Eduardo Iáñez El siglo XX: la nueva literatura Historia de la literatura universal - 8


 

5. Novela francesa de principios de siglo A los novelistas franceses de principios de siglo les sucede por lo general lo que a la mayoría de sus contemporáneos de otros países: que, despreciando la narrativa realista y naturalista, no encuentran sin embargo nuevos caminos por los que llevar su obra. A pesar de su escasa relevancia en el panorama de la literatura universal, fueron los primeros en experimentar en su país la radical libertad a la que invitaba el género narrativo en el futuro. a) Narradores posnaturalistas Varias y sustanciales son las diferencias entre los epígonos del Naturalismo francés y sus maestros, a pesar de seguir formalmente el modelo naturalista basado en la observación directa de la realidad. A grandes rasgos podemos señalar las siguientes: en primer lugar, la novela deja de estar al servicio de una ideología, aunque siga comprometida con la defensa de una tesis —es más, la novela presenta ahora mayores dosis de intelectualismo—; se detecta, además, una gran permisividad a la hora de dejar actuar a la imaginación, debida posiblemente a influencias simbolistas; y se infiltra, paulatinamente con mayor fuerza, el elemento autobiográfico, la experiencia personal del autor, su punto de vista, determinante en la renovación de la narrativa francesa contemporánea. Uno de los narradores posnaturalistas más característicos es Jules Renard (1864-1910), ya que su obra, por una parte, se mantiene fiel al espíritu burgués original y, por otra, opta por la ironía y la caricatura en la presentación de un mundo brutal y mediocre. Estos aspectos encontraron su mejor acomodo en Pelo de zanahoria (Poil de carotte, 1894), su novela más difundida, obra profundamente pesimista donde Renard indaga en la psicología de un muchacho que sufre en un medio familiar aparentemente «normal» en su burguesismo. También fue Renard autor dramático; sus mejores piezas interesan todavía hoy por la atención que le prestó a la dolorosa existencia del ser humano. Frente al cruel pesimismo latente en la obra de Renard, en la de Charles-Louis Philippe (1874-1909) la observación de la vida se tiñe de ternura y sentimentalismo. Philippe centró su atención en las clases más desfavorecidas —de las que él mismo provenía— del París de principios de siglo y las contempló desde el anacronismo. Mucho de esto hay en su obra más conocida, Bubu de Montparnasse (1901), novela que retrata la bohemia decadente, aunque no ya desde el radical inconformismo de quienes la vivieron, sino desde la añoranza por lo que está destinado a desaparecer. En cuanto a Joris-Karl Huysmans (1848-1907), descendiente de holandeses —razón por la que germanizó su nombre—, desarrolló lo mejor de su obra en los últimos años del siglo pasado, pero la fluctuación de sus intereses y estilos literarios hasta su muerte aconseja considerarlo como uno de los posnaturalistas más reseñables. Sus primeras obras estaban en la órbita del más estricto Naturalismo —fue un incondicional admirador de Zola—; después se revistieron de esteticismo narrativo y de poses «satanistas» —de lo que es excelente muestra su novela más notable, Al revés (A rebours, 1884)—; y, por fin, las espiritualizó hasta incurrir en formas de extraña religiosidad mística especialmente interesadas por los valores estéticos de la liturgia y del culto católicos. b) El «unanimismo» Una de las corrientes más peculiares de la literatura francesa de principios de siglo fue el «unanimismo», animada por un espiritualismo de signo religioso. Tan es así que nació en la abadía de Crèteil, donde varios poetas se reunían en 1906 aspirando a un ideal de solidaridad humana. El «unanimismo» se desarrolló con más comodidad —curiosamente— en el género narrativo que en el poético, del mismo modo que no fue ninguno de los poetas reunidos en la abadía, sino un simple visitante de ésta, Jules Romains, quien habría de darle su forma definitiva. I. ROMAINS. Louis Farigoule (1885-1972) —verdadero nombre de Jules Romains— había estudiado filosofía y su gran inquietud consistía en esbozar un sistema que conjugase trascendentalismo y materialismo. Pero su campo de aplicación fue desplazándose de las humanidades y las ciencias al terreno literario, donde Romains creyó posible expresar cómo el estudio de la vida colectiva logra trascender la observación de los comportamientos individuales. En realidad, no es otra cosa el «unanimismo»: la confianza en que la vida colectiva, el alma inconsciente de la colectividad puede salvar al individuo de su sed de eternidad insatisfecha por Dios. La poesía de Romains canta esta comunión de todos los seres humanos en un proyecto de vida trascendente y progresista, casi al estilo de Whitman: sus libros de poemas El alma de los hombres (L’âme des hommes, 1904), Un ser en marcha (Un être en marche, 1910) y, sobre todos, La vida unánime (La vie unanime, 1908) —de donde el movimiento tomó su nombre— tienen su razón de ser en la celebración de la comunión del poeta con las profundidades de un mundo plenamente intuido y sentido. Pero la obra maestra de Romains es una novela —o mejor, un ambicioso conjunto de narraciones—: Los hombres de buena voluntad (Les hommes de bonne volonté). Esta amplia «novela-río» fue publicada en veintisiete volúmenes y su composición le ocupó a Romains casi veinte años de su vida (desde finales de los años veinte a 1946, año en que, en Francia —durante la Segunda Guerra Mundial Romains se había refugiado en América—, publicó los últimos volúmenes). Los hombres de buena voluntad, compuesto al estilo de las grandes obras del Realismo francés, quiere ser un vasto fresco de la vida europea del primer tercio del siglo XX; pero, frente a la movilidad de otros modos narrativos o frente a la aparente unidad de la narración confiada a un solo personaje, Romains opta por un método de narración «unanimista»: el mundo novelístico surge en este caso de la diversidad, pues los caminos, los destinos de los personajes apenas si se entrecruzan, dando apariencia de caos a la vez que de vida auténtica. II. DUHAMEL. Entre los poetas reunidos en la abadía de Crèteil descolló Georges Duhamel (1884-1966). Más que «unanimista», de él podemos decir que fue un autor humanista honda y sinceramente compasivo y muy sensibilizado por los problemas del hombre moderno. Su concepción del mundo como lugar donde luchan fuerzas espirituales y materiales, y del hombre como ser dividido entre ellas, da lugar a una novela donde confluyen idealismo y realismo, con evidentes puntos de contacto con la de novelistas «religiosos» contemporáneos (Epígrafe 5.c. del Capítulo 2). Sus primeras obras reseñables las compuso a raíz de su experiencia en la Gran Guerra: Vida de los mártires (Vie des martyrs, 1917) y Civilización (1918); pero sus mejores narraciones son las del ciclo protagonizado por Louis Salavin, un complejo personaje incapaz de aceptarse a sí mismo porque, a raíz de su abulia, se sabe incapaz de cambiar según comprende que debe hacerlo. El Diario de Salavin (Journal de Salavin, 1927) está sin duda entre las mejores obras de Duhamel y entre las más significativas de la narrativa francesa del primer tercio de nuestro siglo. Como «novela-río» se estructura su ciclo —en diez títulos— Los Pasquier (1933-1941), que en forma igualmente de diario analiza y evoca una sociedad en honda crisis de valores. c) Formas narrativas de transición I. GÉNEROS CONSAGRADOS. Antes de su definitiva renovación durante el período de entreguerras, el género narrativo siguió aferrándose en Francia a fórmulas ya consagradas, cultivando los novelistas obras muy diversas entre sí aunque unidas por el denominador común del conformismo y la superficialidad. Un buen ejemplo lo tenemos en la novela El gran Meaulnes (1913), de Alain-Fournier (seudónimo de Henri Fournier, 1886-1914). Con un estilo de exquisita y delicada simplicidad, la novela recupera el mundo de la infancia y lo reviste de un clima de brumosa inconsistencia que ha hecho de El gran Meaulnes uno de los clásicos de la narrativa contemporánea francesa. Mayor grado de conformismo presenta la obra de Paul Bourget (1852-1935), que si bien se inició en la novela psicológica, pronto sesgó el estudio del comportamiento humano en la dirección catolicista y tradicionalista de su pensamiento. Su producción está dominada por novelas de tesis, con las que defiende el inmovilismo social y las prerrogativas de la raza, y que destilan agrios ataques contra cualquier forma y derivación del materialismo, del librepensamiento y de la democracia; de su conjunto podríamos salvar El discípulo (1889), novela de tono naturalista que pone de relieve sus dotes de observación y su capacidad descriptiva. II. NOVELA PSICOLÓGICA. Hoy nos parecen más interesantes las novelas que siguieron la senda del psicologismo para intentar una tímida experimentación, generalmente siguiendo los pasos de Marcel Proust (véase el Epígrafe 3). El más representativo de estos narradores es Édouard Estaunié (1862-1942), cuya obra, al servicio de un serio y profundo estudio psicológico, destaca por incorporar discretamente algunas de las nuevas técnicas narrativas, ampliando de ese modo las posibilidades del género. Su interés por retratar psicológicamente a sus personajes va mucho más allá de lo meramente introspectivo e incluso de lo filosófico, por lo que muchas de sus obras —destaquemos los relatos de Soledades (Solitudes, 1922)— se lanzan a la búsqueda del verdadero sentido de la existencia y a la indagación en las profundidades del inconsciente. Más poética —y muy del gusto del mismísimo Proust — fue la obra de Valery Larbaud (1881-1957), centrada preferentemente en la recuperación, por medio del recuerdo, de la infancia y la adolescencia. Novelas como Infantiles (Enfantines, 1918) y Fermina Márquez (1926) sobresalen por su evocador encanto, patente no sólo en las imágenes, sino en cada una de las sugerentes palabras del texto. Su principal aportación consiste en haber incorporado a su obra las técnicas de renovación narrativa, en concreto las ya ensayadas por los novelistas anglosajones: su dominio del «monólogo interior» no sólo prueba el conocimiento que de ella poseía, sino sobre todo la capacidad de Larbaud de asimilar esta nueva técnica y las magníficas relaciones que mantenía con grandes autores de la época —Joyce fue la más notoria— gracias a sus viajes por Inglaterra, Italia y España, y a su perfecto dominio del inglés y del español. III. LA «NOVELA-RÍO». Mención muy especial merecen las diversas formas con que se revistió en Francia la novela histórica durante estos años, especialmente la llamada «novela-río» («roman-fleuve»), derivación de las series novelescas del XVIII y, sobre todo, del Realismo decimonónico. En una ambiciosa, compleja y extensa narración realista que abarcaba generaciones completas y diversas clases sociales, el novelista trataba de comprimir toda la experiencia de un período histórico, sus consecuencias y sus hitos, procurándole al lector una visión psicológica, sociológica, moral y filosófica del mundo. Entre los autores más representativos de esta tendencia podemos recordar a Paul Adam (1862-1920), cuya tetralogía El tiempo y la vida (Les temps et la vie) se dispone como un amplio fresco histórico en línea con la mejor tradición decimonónica francesa. La producción de Romain Rolland (1866-1944), el más interesante de estos autores, se dejó guiar por un sincero sentido del optimismo histórico, según se deja notar tanto en sus obras dramáticas (la mayoría de ellas centradas en la Revolución) como en sus celebradas biografías (entre las que destaca Tolstói). Al nacionalismo radical le contrapuso Rolland un convencido europeísmo confiado en la posibilidad de la unión entre naciones y pueblos; considerado intelectual de izquierdas, fue admirado por todos —no en vano se le concedió el Nobel de 1916— y no dudó en denunciar las atrocidades de todos los bandos. En el terreno narrativo es muy digna de consideración Jean-Cristophe (1904-1912), una ambiciosa «novela-río» (el término se debe precisamente a Rolland) que traza en diez volúmenes la vida de un ficticio genio musical alemán. Enfrentado a un mundo materialista y a sus propias crisis existenciales, Jean-Cristophe sabe construirse una moral enérgica e idealista y hacerse una vida merecedora de ser vivida plenamente. A Roger Martin du Gard (1881-1958) se le debe uno de los más trabajados frescos histórico-narrativos que ha conocido Francia en el siglo XX: Los Thibault. Entre 1920 y 1937 trabajó Martin du Gard en esta «novela río», sin duda la más cercana a la historia y a sus fuentes de todas las contemporáneas. En ocho volúmenes, Los Thibault es casi un diario moral de la generación que vivió la Primera Guerra Mundial: los individuos, sus inquietudes y aspiraciones, los acontecimientos…, todo se lee a la luz de una meditación sobre la historia humana y sobre el desarrollo espiritual de las naciones en el derecho y en la moral. Es decir, todo un destino colectivo contemplado desde la distancia y cuya disposición y organización narrativa sólo están al alcance de un novelista privilegiado (cuya labor fue premiada con el Nobel de 1937)

domingo, 31 de mayo de 2026

Antología del crimen 2 Segunda Serie Antología del crimen 2



En oportunidad de publicarse la primera serie de esta Antología, señalamos a nuestros lectores la sagacidad de criterio —inspirado en un profundo conocimiento del género policial— con que Elizabeth Lee había compuesto la presente selección, en la cual, junto a autores reconocidos como clásicos en el género, figuran otros, más modernos aunque no por ello menos prestigiosos. Tal, en el volumen que ahora ofrecemos, el caso de Arnold Bennett y el de Dorothy Sayers.

Cabe recordar, asimismo, como elemento de particular interés, la inclusión de cuentistas excelentes cuyos nombres, desconocidos para el público de habla española, un hecho que otorga a esta colección uno de sus méritos más salientes. En efecto, los trabajos escogidos representan todas las etapas de la vasta gama recorrida hasta el día por el género policial: desde aquellas en que la truculencia y el horror crean en torno a la intriga las situaciones más espeluznantes, hasta el relato construido sobre un esquema fríamente cerebral, no exento, por lo común, de ribetes científicos.

En suma, cualesquiera sean sus características, los cuentos reunidos en estas páginas componen una estupenda galería de casos y personajes, encuadrados en las más hábiles y sutiles combinaciones de vuelo imaginativo y suspenso, gracias a las cuales el desenlace se nos presenta siempre como un feliz alarde de ingenio y de técnica literaria.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Borís Pasternak Georges Perec Ezra Pound Iván Turguéniev. 44 escritores de la literatura universal.

 


Borís Pasternak

Georges Perec

Ezra Pound

Iván Turguéniev

 

  

Borís Pasternak

Hijo de artistas, jugaba a veces de niño, con su hermano, a organizar exposiciones. Colgaban sus dibujos por las paredes, hacían un catálogo en el que figuraban los títulos, y organizaban inauguraciones a las que acudían los padres y el servicio. Un verano, cuando tenía trece años, una yegua lo tiró mientras montaba, y estuvo a punto de arrollarlo con los cascos. Se rompió una pierna que soldó algo más corta que la otra y que le provocó una sutil y elegante cojera de por vida. A partir de ese día, en las inauguraciones hacía de crítico. La mirada atenta, el gesto adusto, algo desabrido. Y cojo.

 



 Georges Perec

Su padre había muerto en la guerra, casi por accidente, el día antes del armisticio. Su madre, judía, fue deportada a Auschwitz, donde también murió. Unas navidades, una tía suya con la que vivía le llevó a una juguetería para que eligiera su regalo: unos patines o una caja de soldaditos. Él eligió los soldados, señalándolos gozoso con el dedo, en el escaparate, pero su tía le compró los patines. Más tarde, durante un curso casi completo, fue andando al colegio para ahorrarse los dos francos del autobús con los que, cada semana, compraba una de aquellas figuras, uniformadas, con fusil, y casco y radio de campaña.


 

 

 Ezra Pound

Barbirrojo, el rostro afilado, la mirada acuosa, un tanto fantasmagórica. Llevó durante años un llamativo sombrero oscuro, de ala, con una larga pluma, y un zarcillo en la oreja, como un pirata. Una vez, en casa de una de sus anfitrionas, pidió permiso para utilizar el baño. Cuando lo buscaron más tarde, extrañados por su tardanza, lo encontraron metido en la bañera, canturreando, desnudo. Se forzaba a escribir un soneto diario que destruía siempre a fin de año, impasible, arrojándolos uno a uno tranquilamente al fuego.

 

 

Iván Turguéniev

Alto, cortés, elegante. En una de sus partidas de caza conoció a una joven obrera en los alrededores de San Petersburgo. Charlaron de los carruajes, los vestidos, las lámparas de cristal, la ópera… Un día le pidió una pastilla de jabón perfumado. Cuando se la llevó, se marchó y volvió a los pocos minutos, alterada por la emoción. Tenía las manos limpias y fragantes. «Ahora», le dijo tendiéndolas ante él, «estrécheme las manos como hace con las damas en los bailes». Y él, que lo entendió todo de repente, se arrodilló a sus pies.

 

miércoles, 21 de octubre de 2020

Joyce, las gafas de gato. 44 escritores de la literatura universal.

 


Joyce, las gafas de gato

 Delgado, esbelto, larguirucho, algo desgarbado, como si sus articulaciones, piernas, brazos y manos se movieran con complejos engranajes: ruedas dentadas, piñones y trinquetes. Mentón airoso, de estatua de mármol, bigote de cepillo, pajarita, sombrero, miope, tanto que llevaba unas gafas de cristales tan gruesos que sus ojos celestes quedaban agrandados —llenos de asombro, siempre—, como los de un lémur, un besugo.

Hijo de un padre alcohólico, gran parte de su infancia fue una lista incompleta, cotidiana, de alquileres y pagos aplazados y mudanzas urgentes. Un lío, constante, de llaves, direcciones, escaleras y códigos postales.

Quiso ser médico, pero acabó trabajando de profesor de inglés, en Trieste, donde tuvo de alumno a un joven italiano, Italo Svevo, con quien a menudo cruzaba confidencias: «My tailor is rich», le decía. A lo que el aventajado Svevo replicaba: «And your cigarrette is finished, I know».

Y se puso a escribir, igual que un artesano —el traficante de gerundios, le llamaban—, y a guardar las cuartillas en un cajón de la cómoda dentro de una carpeta que crecía como una riada. Durante siete años —Trieste, París y Zúrich—, se dedicó a Ulises, un libro en el que no pasa nada, así en general, y que es como una caminata campo a través, con abruptas subidas, recodos polvorientos y zonas pedregosas —muchas sin puntos, ni comas, ni indicaciones, nada—, tan difícil que había mecanógrafas que se negaban a transcribir el manuscrito, porque les daba el flato.

Tuvo, sí, una accidentada relación, que se hizo familiar, con el fuego. La primera edición de Dublineses, impresa y encuadernada, fue quemada por el editor. Años después, algunos de los capítulos de Ulises, publicados en una revista, fueron también pasto del fuego censor y vergonzante, y cuando se imprimió la segunda edición del libro, las autoridades enviaron una parte a la hoguera. Hubo un momento en que, resignado, dijo que esperaba que tal persistencia de fuego redentor le fuera, allí en el purgatorio, descontada.

Ulises se convirtió en una leyenda. Había gente que vendía el abrigo para procurarse un ejemplar, y estudiantes que se encerraban una semana, sin comer, con llave, para poder comprarlo.

Y una noche, en París, se topó con Proust. Los dos, en la calle, como dos fotografías. El uno con bastón y con gafas de gato —alguna vez llevó un cristal transparente y uno oscuro—. El otro, pálido y ojeroso, con unas flores de alhelí en el ojal. Cada uno pensando en sus cosas: sus palabras precisas, sus lentos, prodigiosos, adjetivos. Se saludaron. «¿Conoce usted a la duquesa de Tal?», preguntó uno, la mano en el mentón. «No, lo siento. ¿Y usted al barón de Cuál?», dijo el otro, indiferente el gesto. «No, no tengo el gusto». Se despidieron y cada uno se fue, sin más, por su lado.

Y no hay constancia de que se miraran, siquiera de reojo, al alejarse.

Ficha técnica

Nº de páginas:

236

Editorial:

SIRUELA

Idioma:

CASTELLANO

Encuadernación:

Tapa dura

ISBN:

9788416964406

Año de edición:

2017

Plaza de edición:

MADRID

 

 

  

lunes, 7 de septiembre de 2020

BREVE HISTORIA DE LA LITERATURA UNIVERSAL. ORTIZ AGUIRRE ENRIQUE. GRECIA- POESÍA LÍRICA.

 


 

LA POESÍA LÍRICA

Mientras que la poesía épica se ocupa de narrar una serie de sucesos o acontecimientos del pasado glorioso, la poesía lírica se inclina por un tono más íntimo, por convertirse en vehículo excepcional para la expresión de las dimensiones de lo emocional y lo subjetivo. Hay dos tipos fundamentales: la coral y la individual. La primera está concebida para ser cantada a varias voces y la segunda es de recitación individual. En la coral, destaca la figura de Píndaro, capaz de llevar esta modalidad lírica a su culmen y que es uno de los poetas más conocidos de la Antigüedad. Se trata de una modalidad alejada de nuestros tiempos y un tanto compleja en su construcción, que también cultivaron poetas como Simónides o Baquílides; además, al parecer, se trataba de una lírica que iba acompañada de música y baile. Entre su poesía, sobresalen los epinicios, cuarenta y cinco odas organizadas en cuatro libros que ensalzan la figura del atleta vencedor en tanto en cuanto encierra la areté aristocrática, a la que pertenecía, representaba y defendía: la armonía, perseverancia, disciplina, fuerza, rigor. Una exaltación que se relacionaba con mostrar, sin derramamiento de sangre, el potencial bélico con el que todos los conciudadanos se identificaban por su condición representativa y heroica. Sus célebres poemas solían terminar con una reflexión sentenciosa, como puede comprobarse en el fragmento de este epinicio, dedicado al vencedor Aristómenes de Egina, en traducción de Carlos García Gual:

Pero los éxitos no dependen de los hombres; la divinidad los da,

lanzando unas veces a uno a lo alto, y aplastando a otro.

Avanza con mesura. Tienes el premio ganado en Mégara,

y el del valle de Maratón, y en el certamen local de Hera

tres victorias, Aristómenes, conquistaste tu empeño.

Sobre cuatro adversarios arremetiste

desde lo alto, planeando su daño.

Para ellos no se decidió de igual modo que para ti

en Delfos un regreso jubiloso,

ni al llegar de vuelta junto a su madre una suave sonrisa

suscitó el regocijo. Por las callejuelas,

a escondidas de sus enemigos

se deslizan temerosos, desgarrados por su fracaso.

pero quien ha obtenido algún reciente triunfo

muy airoso se eleva

impulsado por su gran esperanza

sobre los alados poderes de su hombría,

y tiene una meta superior a la riqueza.

En breve espacio crece la dicha de los mortales. E igual

de pronto cae por tierra, zarandeada por un designio ineluctable.

¡Seres de un día! ¿Qué es uno? ¿Qué no es?

En cuanto a los grandes poetas líricos en la modalidad individual, podemos destacar tres nombres en orden cronológico, de mayor a menor: Alceo, Safo y Anacreonte. Los dos primeros fueron contemporáneos y se presume que también amantes. Alceo es considerado uno de los mejores poetas de su época (al parecer, también soldado), aunque nos ha llegado poco de su producción y todo ello gracias a la admiración que le profesaba Horacio, autor de las traducciones latinas que conocemos. Un autor reconocido que trató tanto la temática de tipo erótico como político desde su posición de aristócrata en Mitilene, en la célebre isla de Lesbos. Además, hay en sus poemas una permanente exaltación de la embriaguez y cualquier ocasión es buena para su celebración. Compartió poemas con la poetisa Safo y su crecimiento lírico se explica también desde su influencia mutua. Como es común en estos casos, su producción nos llega de forma fragmentada:

Bebe y emborráchate, Melanipo, conmigo. ¿Qué piensas?

¿Qué vas a vadear de nuevo el vorticoso Aqueronte,

Una vez ya cruzado, y de nuevo del sol la luz clara

Vas a ver? Vamos, no te empeñes en tamañas porfías.

En efecto, también Sísifo, rey de los eolios, que a todos

Superaba en ingenio, se jactó de escapar a la muerte.

Y, desde luego, el muy artero, burlando su sino mortal,

Dos veces cruzó el vorticoso Aqueronte. Terrible

Y abrumador castigo le impuso el Crónida más tarde

Bajo la negra tierra. Con que, vamos, no te ilusiones.

Mientras jóvenes seamos, más que nunca, ahora importa

Gozar de todo aquello que un dios pueda ofrecernos.

Traducción de Carlos García Gual

Safo de Mitelene

La invitación al disfrute y la sensualidad son evidentes desde la asunción de lo inevitablemente efímero de nuestra condición. Esta sensualidad también presidirá las poesías de Safo, la poeta más traducida de la Antigüedad clásica, que fue descrita por el propio Alceo en uno de sus poemas de la siguiente manera: «Safo la pura, sonrisa de miel y cabello violeta», cita que podemos encontrar en el volumen Letras de Eduardo Crema. Es la poeta más antigua conocida en el mundo occidental, a pesar de que sobre ella se sabe poco y se especula mucho. Sin su obra, no podríamos entender la de Catulo, Ovidio u Horacio, de los que hablaremos después. Una obra que canta los placeres sensuales desde una órbita profundamente femenina. Parece probada la bisexualidad de Safo, dado que —además de su relación con el poeta Alceo, algo mayor que ella— encontró entre sus alumnas múltiples amantes. Tan célebres se hicieron sus relaciones con mujeres desde una voz poética femenina que el amor entre mujeres del mismo sexo ha pasado a denominarse lesbianismo (en honor a la famosa isla que la vio nacer y morir) o amor sáfico. La celebridad de esta intensa y sugerente poeta es universal; a todo lo ancho y largo de los tiempos, ha encontrado insignes adeptos. Entre ellos, Platón, quien la denominó para la posteridad «décima musa», o Plutarco, «la bella Safo», pero también ensalzaron su poesía Boccaccio, Baudelaire, lord Byron o Ezra Pound. Por desgracia, su obra nos ha llegado de forma fragmentada, aunque conservamos un poema completo que resulta paradigmático, el «Himno a Afrodita»:

La de rutilante trono, inmortal Afrodita, hija de

Zeus, zurcidora de engaños, te suplico, no agobies con

angustias y sinsabores mi corazón, señora

sino ven aquí, si también en otra ocasión habiendo

oído de lejos mi voz, me escuchaste, y dejando la

morada aurea del padre has venido

después de uncir el carro: hermosos, rápidos

gorriones te portaron en torno de la tierra negra

batiendo fuertemente sus alas desde el cielo por entre

el medio del éter.

Y rápidamente arribaron, y tú, bienaventurada,

sonriendo con tu inmortal rostro, me preguntabas qué

nuevo desasosiego me embargaba y por qué una vez más

te llamo

y qué deseo que le suceda más que nada a mi

alocado corazón. «¿Quién ahora pretendes que

Persuasión arrastre a tu deseo? ¿Quién contra ti,

Safo, comete desafuero?

Y en efecto, si es que huye de ti, presto te

perseguirá, y si no acepta tus regalos, te los dará; y

si no te quiere, pronto te amará aun no queriendo».

Ven a mí también ahora, libérame de mis penosos

afanes, y todo aquello que mi corazón siente ansia que

se lleve a efecto, cúmplemelo, y tú misma séme en el

combate mi aliada.

 «El mundo del amor y Safo», en Scriptura

Manuel Cerezo Magán

Entre las innovaciones de su lírica, se puede mencionar la estrofa sáfica, un cuarteto compuesto por tres endecasílabos sáficos (con una acentuación singular) y un verso pentasílabo. Alguna oda de Miguel de Unamuno, como ocurre en su poema «Salamanca», adopta esta peculiar forma estrófica. Además, hay que recordar que muchas obras pictóricas recuerdan la figura de esta célebre poeta; algunas, incluso, fabulan con la posibilidad de su suicido entre las rocas por un amor no correspondido. Especialmente interesante resulta la pintura que recoge juntos a Alceo y a Safo en un óleo de 1881 pintado por Lawrence Alma-Tadema o la que representa a una romántica, sensual y siniestra Safo de Lesbos en 1871, obra de Charles Mengin.

   
Safo y Alceo en el óleo de Lawrence

Otro de los poetas líricos más sobresalientes de la Antigüedad, sin abandonar una poesía profundamente sensual, es Anacreonte, nacido en Teos, en la actual Turquía. Como en el resto de los casos, nos ha llegado su poesía de manera fragmentaria (de tres libros, aunque se ha llegado a hablar de una producción total de seis) o incluso en versos aislados, recogidos por otros poetas a lo largo del tiempo. Su poesía constituye un canto a los placeres y una invitación a la vida hedonista, incluida la exaltación del erotismo (tanto heterosexual —en el que aparecen con frecuencia bellas jóvenes— como homosexual —nos deja nombres como Cleóbulo y Batilo—), en ocasiones de manera absolutamente explícita. Tan célebres son sus composiciones que en el siglo XVIII dieron lugar a todo un subgénero lírico: las anacreónticas; fueron famosas las del poeta neoclásico Meléndez Valdés, verbigracia. Además, fue el primero que habló de las gozosas relaciones lésbicas de Safo (se dice que Anacreonte de Teos pudo nacer en días próximos a la muerte de la gran poeta; es de suponer que tomó el relevo), agigantando toda una leyenda lírica del hedonismo de la maestra para con sus enamoradizas alumnas. En sus producciones líricas, a veces impregnadas de un tono irónico y satírico inspirado en Arquíloco, se incluyen referencias a la naturaleza efímera de nuestra existencia y a la necesidad del placer como reafirmación. Compruébese todo ello, a modo de botón de muestra, en esta oda de autobiografía lírica:

De un lecho fabricado

de lotos y de mirtos

sobre las blandas hojas

quiero brindar tendido.

Amor sirva la taza,

con cinta de papiro

por el hermoso cuello

su palio atrás prendido.

Como la inestable rueda,

tal sigue su camino

nuestra mísera vida

rodando de continuo.

Y ya que nuestros huesos

al término prescrito

se desaten, en polvo

seremos convertidos.

¿Para qué ungir las losas

de los sepulcros fríos?

¿ni derramar en vano

aromas exquisitos?

A mí más bien de esencias

ungidme mientras vivo,

de rosas coronadme,

llamad al amor mío.

Primero que a las danzas

me lleven del abismo,

quiero dejar cuidados,

quiero vivir tranquilo.

 Anacreonte, Safo y Tirteo

Traducción de José del Castillo y Ayensa

El poeta de los banquetes cierra esta nómina de poetas arcaicos que recitaron su poesía acompañados de la lira, instrumento que legó su nombre a esta excelsa práctica: la lírica.

Fuente:

  • Tapa blanda : 336 páginas


  • Editorial : Nowtilus; 1st Edición (15 Septiembre 2019)
  • Idioma: : Español

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