Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Inglesa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Inglesa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Thomas Carlyle Los héroes fragmento

 


Título original: On Heroes, Hero-Worship, and the Heroic in History. Traducción: Pedro Umbert. O Aguilar, S. A. de Ediciones. O Por la presente edición: SARPE, 1985. Pedro Teixeira, 8. 28020 Madrid. Traducción cedida por Aguilar, S. A., de Ediciones. 

 Depósito legal: M-6264-1985. ISBN: 84-7291-767-3 (tomo 9.0). ISBN: 84-7291-736-6 (obra completa). Impreso en España-Printed in Spain. . Imprime: Gráficas Futura. En portada: Vaso griego con hazañas de * Hércules, detalle (Madrid, Museo Arqueológico).

 Thomas Carlyle Thomas Carlyle nació en Ecclefecham, pueblecito del conda- do de Dumfries, en Escocia, el 4 de diciembre de 1795. Hijo de labradores acomodados, le destinaron a la carrera eclesiástica, y, al efecto, estudió teología, literatura, jurisprudencia y lenguas mo- dernas en la Universidad de Edimburgo. 

Aunque la índole de su . carácter le inclinaba a las abstracciones de la idealidad, estudió, no obstante, con notable aprovechamiento las matemáticas, hasta el de punto de aceptar años más tarde, y obligado por la necesidad, una plaza de profesor de esta asignatura en un colegio del conda- do Fife. Coincidió esto, seguramente, con la declaración que hizo a sus padres de su falta de vocación para entrar en las órde- nes, prefiriendo consagrarse a las letras. «La prensa y la literatura —decía— son la única Iglesia militante de los tiempos modernos. ¿Por ventura el literato no es un predicador que difunde las ideas sin circunscripción de tiempos ni de lugares, sino continuamente, por todas partes y entre todos los hombres?» Consecuente con estas ideas, se lanzó a toda vela por la co- rriente literaria, empezando a escribir en la «Edinburgh Cyclopae- dia» y en la «New Edinburgh Review» artículos sobre Montesquieu, Montaigne, Nelson, los dos Pitt, etc. También tradujo del francés el libro Elementos de geometría y trigonometría, de Legendre (1824); estudió la lengua y la literatura alemanas, y se dedicó luego asi- duamente a la traducción completa de las obras de Schiller, que ofreció vanamente a todos los editores londinenses. «London Ma- gazine» publicó su primer libro importante: una Vida y obra de Schiller, de estilo clásico, donde empieza a revelarse ya la perso- nalidad del Carlyle maduro. 

El autor, entusiasmado con la litera- tura y la filosofía alemanas, que tanto habían de influir en su pen- samiento y en su estilo, fue uno de los primeros escritores ingle- ses que fomentó en su país la difusión de la cultura germánica en su época de mayor esplendor. Trabó conocimiento y amistad con varios escritores alemanes, y es interesantísima su corresponden Thomas Carlyle cia epistolar con Goethe, quien, sin duda, fue uno de los primeros grandes escritores que se fijaron en el joven Carlyle, escribiendo la introducción a la traducción alemana de la obra citada. No dejó Carlyle de escribir durante toda su vida acerca de la cultura ale- mana: en 1827 publicó en «La Revista de Edimburgo» un ensayo sobre Richter; «Foreing Quarterly» y «Fraser's Magazine» publica- ron, en esos mismos años, una traducción antológica de narrado- res alemanes (Tieck, Hoffman, Richter, Goethe, etc.) y varios en- sayos sobre Goethe, Novalis y otros. En 1826 se casó con Johan- na Welsh, mujer inteligente, aunque de carácter difícil. Los recién casados se fueron a vivir a un refugio campestre en Craigenput- tock. 

El carácter intransigente y atrabiliario de su esposa chocaba a en menudo con la irritabilidad y carácter nervioso del escritor. Pe- ro se amaban profundamente, y en el fondo se comprendían. Cuan- do 1861 contrajo ella una enfermedad mental, que estuvo a punto de hacerle perder la razón, Carlyle la cuidó con ejemplar paciencia y afecto. Después de muerta, la honró en sus emocio- nantes Recuerdos, publicados hacia el fin de su vida. Suponiendo que la soledad de Craigenputtock influía perniciosamente en el carácter de Johanna, muy acostumbrada a vivir en sociedad, Carlyle se trasladó con ella a Londres en 1883. Pero aquellas relaciones conyugales siguieron siendo siempre una constante alternancia de horas serenas y terribles peleas matrimoniales. 

 La plena expresión de su originalísimo talento fue conquista- da por Carlyle al escribir su famosa Filosofía de los trajes, que incluía el ensayo titulado Sartor Resartus (El sastre remendado), sin duda alguna una obra fundamental en la cultura humana del siglo XIX y una de las más importantes de todos los siglos. 

 Sus dotes de historiador ilustre, unidas a las de original pensa- dor y escritor genial, se asociaron brillantemente para producir en 1834 otra obra inmortal: su Revolución francesa. Carlyle escribió mucho en periódicos y revistas. También dio varios ciclos: de conferencias. El más famoso es justamente éste acerca de Los héroes. Otra de sus mejores obras es La historia de Federico II de Prusia (1858-1865), que le acreditó como un gran historiador; gracias al valor científico de sus estudios, unido a sus magníficas cualidades literarias, pudo rivalizar, y según algunos Los héroes superar, con su ilustre contemporáneo Macaulay. Carlyle se preo- cupó también por cuestiones sociales y la suerte del obrero, y se adelantó a muchas ideas actuales en obras como las tituladas Chartism (1840) y Pasado y presente (1843). 

 La Universidad de Edimburgo le eligió por gran mayoría Lord Rector en 1865, y cinco años más tarde, durante la guerra franco- prusiana, el autor de La Revolución francesa abrazó con estusiasmo el partido de Alemania. «The Times» y otros periódicos ingleses publicaron artículos suyos en torno a este tema que, colecciona- dos luego, vieron la luz en forma de libro, bajo el título: Cartas sobre la guerra entre Alemania y Francia (1871). La muerte de su esposa, acaecida poco después, le afectó tan- to, da - que, a partir de entonces, puede considerarse terminada su vi- de escritor. Su vida humana se prolongó hasta el día 5 de febrero de 1881. La gloria de Carlyle, mientras vivió y, sobre todo, después de muerto, ha sido inmensa y merecida. 

Su enorme influencia como escritor puede resumirse diciendo que en Inglaterra no volvió a escribirse después de él como antes se escribía. Su descendencia intelectual se halla entre los nombres más ilustres del último ter- cio del siglo XIX y comienzos del XX. Y aun sus más enconados enemigos y detractores, como sucede siempre, no han podido subs- traerse a su poderoso y benéfico influjo. «Lo S héroe S» Esta obra consagró la fama europea de Car- al hyle. Se trata de seis conferencias que abun- dan en puntos de vista originalísimos; unas veces asombran con un diseño vigoroso, otras con un cuadro completo, rico en con- trastes de claroscuro, o bien con aquellas destemplanzas y ocu- rrencias suyas que confunden y marean. 

No hay cuestión que no aborde en este libro: la religión, la política, la literatura, palancas que mueven las grandes fuerzas sociales. El héroe legendario (Odín) es analizado por él con extraordinaria sagacidad, en lo que de real pudo tener, a través de las nieblas de la tradición y de las brumas de Dinamarca; en el profeta (Mahoma), describe con intuición mara- villosa la influencia ejercida por aquel hijo semibárbaro del desierto entre las tribus fanáticas y sensuales de Arabia; en el poeta (Dante Thomas Carlyle y la Shakespeare) estudia con profunda sensibilidad y raro acierto personalidad del escritor florentino y, con cierta exageración nacionalista, la del inmortal dramaturgo inglés; en el sacerdote (Lu- tero y Knox) palpita el drama religioso de la Edad Media, en que Europa sacudió sus ligaduras mortales al grito del monje alemán; en el escritor (Johnson, Rousseau, Burns) observa las tres perso- nalidades distintás en que se encarna el héroe literario, la del man- tenedor de lo caduco, el vidente del porvenir y el idealista; en el rey (Cromwell y Napoleón) se esfuerza en justificar la política sola- padá y la ambición tiránica del protector de Inglaterra, ambición y política que él considera desde un punto de vista especial, juz- gándolas nobles manifestaciones de un espíritu a quien acusó de hipócrita la Historia, y en cambio critica con frases despectivas el desenfrenado apetito de gloria y el endiosamiento de un «pig- meo», Napoleón Bonaparte. de Dos grandes ideas resaltan, sin embargo, de este estudio: la sociedad está sujeta a eterna metamorfosis; los héroes son los agen- tes esa transformación, cambio o transfiguración, que el ser social, cuerpo y alma, experimenta en el curso del tiempo. Carlyle define tres civilizaciones sucesivas e históricas, dejando aparte, en las profundidades de los siglos, la bruma de la prehistoria.

 Esas tres grandes civilizaciones de la Europa histórica las designa con los nombres de Antigitedad y Paganismo, Cristianismo y Edad Me- dia, y Tiempos Modernos, tres épocas que contienen dos transi- ciones; asistimos a la segunda, la cual forzosamente habrá de ser muy larga, teniendo en cuenta el millar de años que necesitó la disolución lenta del mundo pagano para dar paso a la elaboración, lenta también, del cristianismo. Es cierto que los grandes descu- brimientos modernos nos comunican a los fenómenos sociales ace- leraciones que desconoció la Antigitedad.

 Así, esos cambios per- petuos no los juzga Carlyle estéril metamorfosis, ni recesión ni. decadencia, sino fases grandiosas de una ascensión que irresisti- blemente prosigue a través de nuestros dolores y de nuestros pla- ceres, de nuestras dudas y de nuestras esperanzas. Con respecto al estilo de Carlyle, raramente se ha manifesta- do, como en este libro, la verdad que expresó Buffon: el estilo es el hombre mismo. 

El estilo de Carlyle es él; le retrata de pies a Los héroes cabeza. Sus ideas, sus entusiasmos y paradojas no podían expre- sarse en otro estilo. No hay en él la menor contradicción entre fondo y forma, entre alma y expresión. Sus párrafos desiguales, entrecortados por paréntesis y digresiones, con sus ritmos entu- siásticos, con sus frases amplias y agitadas, o. rápidas y seguras; con el retorno, repetidísimo, de unas pocas ideas centrales, de unas mismas frases o palabras, refleja su carácter sombrío, atormenta- do, contradictorio y a menudo obsesivo. Sus juegos de puntua- ción, la abundancia de palabras que empiezan con mayúscula, sus frecuentes subrayados tienen por objeto llamar la atención sobre los temas principales hacia los cuales, como centro de atracción, todas las ideas, todas las frases y palabras se polarizan. Esto ha sido interpretado como defectos, como si Carlyle no supiese escri- bir y pulir su estilo, o como si buscase la manera de sorprender y mixtificar a sus lectores. 

El pensamiento mismo de Carlyle es, desde luego, más musical que discursivo y reflexivo; siente, más que ve, fulguraciones de intuiciones grandiosas, inexpresables en palabras. Porque el significado corriente de las palabras no le basta; el se hirviente sentido de lo que él quiere expresar no cabe en ellas; desborda, se vierte de ellas como un metal deslumbrante, en ebullición, del cristal que lo contiene. Los héroes, de Odín a Napoleón Los antecedentes En la Alta Edad Media, dos gran- des pueblos amenazaron a Occiden- te: normandos —o vikingos— y musulmanes. 

Con respecto a los primeros, los cronistas latinos les dieron el nombre de nordman- ni, les es decir, hombres del Norte, pero los historiadores modernos la llaman también vikingos, del antiguo noruego vikingr, pirata. De península escandinava habían salido cimbrios y teuto- nes, vándalos y godos, hérulos y burgundios, que sucesivamente invadieron el Imperio romano. En la segunda mitad del siglo II d. C., los hérulos aparecieron en las costas del mar de Azov, en Galia y España; hacia el año 520, una expedición danesa fue aplas- tada en las costas de Frisia, y en el 574 eran vencidos daneses, sajones y jutos, también en Frisia, por el duque de Austrasia. Pe- ro en el siglo IX tomó tal amplitud la expansión guerrera y pacífi- ca de los pueblos escandinavos, que haría olvidar las alusiones es- porádicas que de sus rapiñas venían haciendo los cronistas. 

 Con respecto a los musulmanes, árabes convertidos a la fe de Mahoma, hay que decir que habían tenido pocos contactos con el al mundo grecolatino antes del siglo VH. Tan sólo los instalados Norte, cerca de Siria, habían tenido contacto con las civiliza- ciones griega y aramea, y más tarde con la romana, la bizantina y la persa. La península arábiga había estado más aislada de estos centros políticos y culturales. Habitada por los beduinos, pastores nómadas con una organización social muy primitiva, divididos en tribus enfrentadas entre sí, formarán una unidad sólida sólo gra- cias y a las doctrinas de Mahoma. 

* Por su parte, la Italia de Dante estaba dividida entre gúelfos gibelinos, que apoyaban unos al Papa y los otros al Emperador en la lucha entre Papado e Imperio. Esto provocará enfrentamientos armados constantes entre ambos bandos, siendo el propio Dante víctima de ellos. Esta lucha prosigue en el siglo XV, en tiempos de Lutero, que, contrariamente a Dante, se sirve de la rivalidad Thomas Carlyle entre el Papa y los príncipes alemanes para obtener el apoyo de éstos a su Reforma religiosa. Con respecto a la Inglaterra de finales del siglo XVI, enla que viven Knox y Shakespeare, sufre también problemas religiosos. 

En efecto, reina María Tudor, también llamada María la Católica, que desarrolla una política exterior de alianza con España y una polí- tica interior de persecución a los protestantes. Knox será víctima de ella. Los antecedentes deben buscarse en la ruptura del rey Eduardo VIII con el Papa, que no aceptaba la anulación de su ma- trimonio con Catalina de Aragón. Un siglo más tarde, en la Ingla- terra de Oliver Cromwell, los problemas son más bien de tipo po- lítico: Carlos 1 y sus ministros Strafford y Laud, defensores a ul- tranza del absolutismo monárquico, exasperan al pueblo con sus tremendos impuestos y su desprecio evidente a la institución par- lamentaria, ya existente en Gran Bretaña. 

El gesto de un noble, que se negó públicamente a pagar.impuestos no autorizados re- gularmente por el Parlamento, suscitará una oleada de apoyo en- - tusiasta. Y otro siglo más tarde, ya hecha la revolución por Oliver Cromwell, la monarquía parlamentaria británica, en la que viven Johnson y Burns, está dominada por el primer ministro whig Ro- bert Walpole, que recurre a todos los medios de presión y corrup- ción de que puede disponer para sobornar a los diputados y go- bernar a favor de la oligarquía financiera, que le apoya. 

 Frente a ella, la Francia del siglo XVII, en que viven Rous- seau y Napoleón, es la época esplendorosa del Absolutismo, del Ancien Régime, criticado o adulado por la Ilustración, y que será finalmente aniquilado por la Revolución francesa, hecha a finales de siglo gracias a las ideas difundidas por hombres como Rous- seau, y al valor y decisión de hombres como Napoleón. Los hechos En poco más de un siglo, el IX, los norman- a dos se hacen dueños de gran parte de Ingla- terra e Irlanda; en nombre de Odín, se asientan en la Galia, des- pués de haber saqueado ampliamente el país; recorren las costas de la península Ibérica y, pasando el Mediterráneo, vuelven a ata- car la Galia, ahora por el golfo de Lyon; por el Atlántico norte, Los héroes se extienden hasta la lejana Islandia, llegando incluso a América; dominan el Báltico y, tras superar la dureza de la estepa rusa, con- siguen llegar a Constantinopla.

 La actividad económica principal de la Arabia del siglo VI, en que vive Mahoma, son las caravanas, el comercio con las zonas vecinas. El propio Mahoma se dedicará a ello hasta que se case con Jadicha. Estas caravanas transportan perfumes, inciensos, me- tales preciosos, ricas maderas, aceite, trigo. La Meca era el princi- pal mercado y depósito de las caravanas que cruzaban Arabia. Ma- homa la convertirá, por eso, en el centro religioso de los musul- manes, uniendo las tribus caravaneras, antes politeístas, en una fe la y unos ideales comunes, con una estructura política unida y! un centro religioso único para todos sus fieles. Con respecto a la Italia de Dante, continúa en vida de Dante lucha entre el Papa y el Emperador. Ambas instituciones se lan- zan por esos años a una publicística trepidante en defensa de sus respectivos puntos de vista. Nadie parece darse cuenta de que el porvenir impondrá una solución: la afirmación de las nacionalida- des, tan alejada del imperialismo guibelino como de la teocracia guelfa. Tanto Dante Alighieri como Martín Lutero serán, en este sentido, nacionalistas ante litteram. Por su parte, la Inglaterra de Shakespeare y Knox vive la «Era Isabelina». 

Muerta María Tudor, le sucede Isabel 1, hija de Enri- que VIII y Ana Bolena, la cual responde inmediatamente a las es- peranzas en ella dépositadas por los protestantes franceses y ho- landeses. Así, la política exterior británica cambia totalmente: de ser aliada de España, Inglaterra se convertirá en la pesadilla de Felipe II. Un siglo más tarde, el absolutismo monárquico recibe un golpe mortal en este país, asestado por Cromwell, el cual orga- niza un ejército regular disciplinado y valiente para defender al Parlamento frente a los absolutistas. Así, vencido en Naseby, el rey Carlos I será ajusticiado y se proclamará la soberanía popular y el sufragio universal en Inglaterra. Ya en el siglo XVII, en época de Johnson y Burns, dos partidos políticos dominan la vida parla- mentaria inglesa: los tories, o conservadores, representantes de los grandes propietarios de tierras y de la nobleza; y los whigs, o liberales, representantes de la nueva clase ascendente británica, Thomas Carlyle la ya burguesía comercial-capitalista.

 La figura del monarca resulta puramente institucional, podría decirse que decorativa. Por el contrario, la Francia de Rousseau y Napoleón está en plena efervescencia por conseguir un régimen similar al inglés. En la segunda mitad del siglo XVIII las ideas de los enciclopedistas hablan ya de los derechos del hombre, tanto como individuo co- mo en condición de ciudadano de un Estado. Estas ideas serán llevadas a la práctica en 1789, al abolir los herederos del espíritu de Rousseau (entre ellos Napoleón) un régimen absolutista e ins- taurar una república del pueblo, gobernada y administrada por él. Las consecuencias A finales del siglo IX, los norman- dos dominan Escocia, Irlanda, Is- landia, Checoslovaquia y amplias zonas de Inglaterra y Francia. Pronto crearán grandes reinos en el norte de Europa, génesis de los actuales reinos escandinavos. 

Los cristianos de estas tierras están desunidos y no consiguen hacerles frente. Sin embargo, una vez establecidos en sus nuevos territorios, el contacto con los in- dígenas llevará a estos feroces guerreros a la sedentarización y, finalmente, a la conversión al cristianismo. Con respecto a Arabia, muerto Mahoma, le sucede el califa Abu Bakr, padre de la última esposa del profeta, Aixa. Abu Bakr so- meterá a las tribus árabes desunidas y marchará hacia Siria y Per- sia. Comienza así la expansión islámica, que llevará a los musul- manes a conquistar el Próximo Oriente, el norte de Africa, casi toda la península Ibérica, parte del Africa subsahariana, la penín- sula Balcánica e incluso el corazón de Asia. Por su parte, la Italia de Dante dará paso, en el siglo XIV, a la Italia comunal, dominada por los nacionalismos locales. En efec- to, la pujanza de las ciudades italianas, facilitada por la expansión europea en el siglo XII, recibirá un fuerte impulso a consecuencia de los choques entre las tres grandes fuerzas hostiles: el Imperio, el Papado y el feudalismo. Lo mismo ocurrirá en la Alemania de después de Lutero.

 Pero, si es incuestionable que el florecimiento de los nacionalismos locales implica la atomización de un país, elementos culturales —una lengua y una literatura comunes, en el caso de Dante; una reforma religiosa que da inicio a una nueva Los héroes Iglesia, en el caso de Lutero— pueden mantener cohesionado, y de hecho lo harán, a un colectivo desunido sólo de derecho. Con respecto a la Inglaterra de Shakespeare y Knox, a la muerte de estos dos hombres ilustres su país se ha convertido en una gran potencia, con una de las mejores flotas del mundo, un territorio unido bajo la férrea voluntad y personalidad de Isabel y posesio- nes coloniales en el Nuevo Mundo. 

A la muerte de Cromwell, In- glaterra ha mejorado todavía más su posición en el mundo: su flo- ta es ahora la primera del planeta en cantidad y calidad, su orga- nización política es más libre y avanzada que la del resto de Occi- dente, todavía dominado por el Antiguo Régimen, y en su expan- sión colonial ha desplazado a Portugal y España como principa- les potencias coloniales, y se enfrenta ahora a Holanda y Francia por el monopolio comercial con América, Asia y Africa. A finales del siglo XVHI, muertos Burns y Johnson, Gran Bretaña se prepa- ra a dominar el mundo: hecha la revolución industrial, su pujanza económica incita al país a buscar nuevos mercados en los cinco continentes. 

Será la consolidación del Imperio Británico, quizá el más extenso de la historia de la humanidad. Frente a ella, Francia vive, a la muerte de Rousseau, momen- tos de conflictos internos: la rivalidad anglo-francesa a lo largo del siglo XVII ha privado a Francia de sus posesiones indias y ameri- canas; la Revolución francesa y la posterior toma del poder por parte de Napoleón agudizarán dicha rivalidad, que terminará en una nueva derrota francesa y en el exilio napoleónico en Santa Elena.

 Pero, a lo largo del siglo XIX, Francia recuperará su anti- guo esplendor, y en una sucesión ininterrumpida de repúblicas, monarquías e imperios, recuperará rápidamente su rango de gran potencia, en un mundo dominado por el capitalismo y la expan- sión imperialista por todos los continentes. Fechas clave 500 Los daneses, adoradores de Odín, habitan las islas de Di- namarca, Ascania y, posteriormente, Jutlandia. 

La expan- sión de este pueblo se inicia como consecuencia de la superpobla- ción de sus áreas originarias y del descontento ante la situación político-económica tras la formación de grandes señoríos territo- riales, lo que incita a muchos reyezuelos y a sus guerreros a emi- grar en sus nuevas naves (gokstad, oseberg) con quilla reforzada y mástil para vela, que sustituye a la vieja embarcación de remos tradicional (nydam, kvalsund). 57 5 Nace Mahoma en La Meca. Pertenece a la importante fa- milia de Hasim, de la tribu mudarí de Qurays, y es hijo de Abd Allah, muerto en Medina. A los seis años pierde a su ma- dre, Amina, y es recogido por su abuelo Abd-al-Muttalib y más tarde por su tío, Abu Talib, cuyo hijo Alí es su compañero de juegos. 5 87 Mahoma marcha en caravana con Abu Talib. En Bosrá ve al la monje cristiano Bahira, que reconoce en él el signo de profecía. 

Se hace pastor, y pronto entra al servicio de la rica Jadicha, pariente lejana suya, cuyas caravanas de camellos condu- ce por algún tiempo atravesando Arabia. 600 Los reyes esviones, o dinastía de los Inglings, extienden su del hegemonía desde el área de Upsala hasta la totalidad territorio sueco. Mahoma se casa con Jadicha, encontrando en ella una fiel colaboradora. El matrimonio le libera económica- mente, lo que le permite consagrarse a la meditación. Sus viajes con caravanas por Arabia, hasta Siria y Palestina, le han puesto en contacto con judíos y cristianos, cuyas doctrinas religiosas han sobreexcitado su inquietud religiosa. 61 0 Mahoma comienza su predicación. 

Convencido de que es necesario renovar la enseñanza de la verdadera fe mono- a los teísta, como resultado de una serie de visiones y relaciones, predi- ca miembros de su tribu la necesidad de creer en un único dios: Alá, el gran padre de todos los musulmanes. Thomas Carlyle 622 La doctrina mahometana, monoteísta, espiritual y ascéti- ca, choca con el fetichismo y materialismo de los merca- deres de La Meca. El ambiente hostil obliga a Mahoma a emigrar a Yatrib el 15 de junio. Esta fecha marca el inicio de la Hégira, punto de partida de la cronología” musulmana. 62 Con los adeptos que le acompañaron de La Meca y los con- «vertidos en Yatrib, Mahoma forma su primera comunidad, de la que él es a la vez jefe político y religioso. Sus enfrentamien- tos 630 con La Meca son cada vez más violentos. Mahoma consigue regresar a La Meca. Suprime el culto idolátrico en la ciudad y el santuario de La Kaaba queda transformado en un centro de piedad islámica. La nueva religión arraiga en toda la península arábiga. 632 Muerte de Mahoma en Medina. 

Su sucesor, el califa Abu Bakr, padre de Aixa, última esposa del profeta, somete las tribus árabes separadas y marcha hacia Siria y Persia. Empieza la expansión islámica por los territorios cercanos. 6 50 Los reyes esviones dominan, junto con los gotlandeses, la cuenca del Báltico (Finlandia, Curlandia, Prusia oriental). -En el siglo VIII es ya este mar un «lago sueco», cerrado al comer- cio frisón y dominado totalmente por los vikingos. 790-840 Saqueos e invasiones normandas a lo largo de las a costas celtas: Lindisfame, Jarrow, Monkwearmouth, Skye, lona. A partir del 799 realizan incursiones al litoral friso- sajón, obligando a Carlomagno a establecer permanente vigilan- cia costera. Son características las acciones alternadas: ataques du- rante la primavera, para retornar al punto de partida en invierno. Tras la muerte de Luis el Piadoso, sin embargo, emprenden las expediciones con potentes ejércitos y establecen campamentos per- manentes en las desembocaduras de los ríos, donde invernan. 840-862 Los vikingos daneses saquean anualmente las ciu- dades francas cercanas a las desembocaduras de los ríos, y emprenden expediciones de pillaje a Asturias, Portugal, Baleares, Provenza y Toscana. Someten también los condados de Northumberland y Anglia oriental. 866-87 A Los vikingos daneses comienzan la conquista me- tódica de Inglaterra desde las bases de Londres y Los héroes - Thanet. Los noruegos ocupan las islas Shetland, Orcadas, Feroes, Hébridas e Irlanda. 

A raíz de la unificación del país por el rey Ha- rold, muchos de sus súbditos abandonan el reino y se establecen en Islandia, que constituye así una colonia vikinga. 980-1000 Nuevos ataques vikingos a Inglaterra, dirigidos por reyes daneses. Los noruegos descubren Groenlandia y una franja septentrional de América (Vinland), que no llegan a colonizar, logrando penetrar en la región de Novgo- rod. Al final del período tiene lugar la cristianización de los vikin- gos y, simultáneamente, su paso al sedentarismo. 12 se B Nace Dante Alighieri en Florencia. Pertenece a una fa- milia de la burguesía gúelfa. De su niñez y adolescencia tienen muy pocas noticias. 127 4 Muere su madre; mientras, estudia en su ciudad natal, siendo discípulo de Brunetto Latini. Entre sus amigos íntimos figura el futuro gran poeta Cavalcanti. Ve por primera vez a una joven llamada Beatriz, un año menor que él, a la que amará platónicamente durante toda su vida. 1294 Termina La vita nuova, especie de diario íntimo en verso y prosa inspirado en su amor a Beatriz. Alterna sus estudios universitarios en.Bolonia con una vida disipada. Ha- cia el año 1290 muere Beatriz. 

Poco después se casa con otra jo- ven florentina, Gemma di Manetto Donati. 129 5-1206 Dante empieza a tomar parte en la vida de Flo- o rencia: es miembro del Consejo del Pueblo y más tarde del Consejo de los Ciento. 1300-1303 Designado embajador en Roma para tratar la ==" " pazcon el papa Bonifacio VIII, éste le retiene junto a sí, hasta que, aliado con Carlos de Valois, consigue el triunfo guelfo en Florencia. 

Sus diferencias políticas obligan a Dante Alighieri al exilio. 1306-1315 Empieza la vida errante de Dante: recorre el norte de Italia, visitando las ciudades de Vero- na, Padua, Rimini, Lucca, Ravena. 1321 Dante Alighieri muere en la ciudad de Ravena el 14 de 1-7 septiembre, al regreso de un viaje a Venecia. Thomas Carlyle 1483 Martín Lutero nace en Turingia. De familia campesina acomodada, se ve muy influenciado por su madre, mu- Jer de sánas costumbres, pero muy supersticiosa. . 1 A9 7 -] 50 5 Estudia Lutero en Magdeburgo, Eisenach y Er- - el a furt. Contra los deseos paternos de que estu- diase Leyes, se licencia'en Letras, para ingresar posteriormente en convento de los agustinos de Erfurt. 1507-1516 Ordenado sacerdote, se doctora en teología y : enseña filosofía, teología y exégesis bíblica. En- viado por su orden en misiones de confianza a Roma, desempe- ñará aquí el cargo de vicario general de los agustinos alemanes. El 1 reformador escocés John Knox nace en Haddington. 51 7 Lutero se opone a la «venta de indulgencias». El 31 de octubre fija en las puertas de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis redactadas en latín, que serán el comienzo de la Re- forma. Para defender su posición predica incansablemente, publi- ca 1 numerosos escritos y discute con los teólogos. 520 Lutero quema en la plaza pública de Wittenberg la bula : - papal en que se le invita a retractarse de sus ideas, y pu- blica «los tres grandes escritos reformadores», base de las iglesias luteranas: Manifiesto a la nobleza cristiana de Alemania, La cau- tividad de Babilonia y De. la: libertad del cristianismo. 15 A6 Tras viajar incesantemente por Alemania predicando sus teorías y buscando adhesiones, sobre todo entre la rea- leza y la nobleza alemana, Lutero muere en su ciudad natal.

 Or- denado sacerdote, John Knox se suma a la Reforma y predica las . nuevas ideas en las ciudades de Berwick y Newcastle. 1554-15 59 Al subir al poder María Tudor, Knox huye a 22 2. Ginebra, donde traduce al inglés la llamada «Bi- blia de Ginebra». En 1559 vuelve a su patria, difundiendo. la refor- ma luterana y contribuyendo al establecimiento del presbiterianismo en Escocia y al derrocamiento de María Estuardo. 1 564 William Shakespeare nace en Stratford on Avon. De fa- milia acomodada, es muy poco lo que se sabe de sus años de infancia y adolescencia. 1582 Shakespeare se casa con Ann Hathaway y se traslada a Londres, donde trabaja como actor de teatro. : Los héroes 159 4 Shakespeare consigue sus primeros éxitos como drama- 25 7. turgo. Compone Venus y Adonis y La violación de Lu- crecia.

 Es actor; autor y pronto accionista de la compañía de los Lord Chamberlain's Men, que actúa en el teatro del Globo. 1 599 Oliver Cromwell nace en Huntington. El fervor puritano del ambiente en que se-educa le marca profundamente. 1613 Se incendia el teatro del Globo. Shakespeare ha escrito ya sus mejores obras. El escritor, famoso y rico, se retira a en la Stratford, donde lleva una vida apacible y desahogada. Poco des- pués de redactar su testamento, muere el 26 de abril y es enterra- do iglesia de Stratford on Avon. 1 640 Elegido diputado del Parlamento, Cromwell apoya enér- gicamente al partido puritano en su lucha contra el rey y la iglesia anglicana tradicional. ;... l 1642-1 645 Estalla la guerra civil inglesa. Su talento mili- 22 7 tarse evidencia inmediatamente: al mando de un ejército valiente y disciplinado, vence al partido realista. 1649-1 65 A Se suprime la Cámara de los lores en el Parla- A 7 mento británico y se.condena a muerte al rey. Cromwell se convierte así en amo de las islas. Somete a los rebel- des de Irlanda y Escocia e instaura el régimen de la Commonwealth. Deseoso de aliarse con todas las potencias protestantes, se ve, sin embargo, arrastrado a una guerra contra las Provincias Unidas. Mientras tanto, los desórdenes parlamentarios mueven a Crom- well a disolverlo y a promulgar una nueva Constitución, que con- solida la dictadura militar de un rey sin corona. 16 58 Agotado por una vida demasiado activa, Oliver Cromwell muere en Londres, en el mes de septiembre, tras de- signar como sucesor a su hijo Richard Cromwell. 1709 Samuel Johnson, lexicógrafo, crítico y poeta británico, nace en Lichfeld. Debido a la falta de medios económi- cos, se ve obligado a abandonar sus estudios en la Universidad de Oxford y dedicarse a la enseñanza. 17 12 Jean-Jacques Rousseau nace en Ginebra, en el seno de una familia hugonote. Al nacer queda huérfano de ma- dre, 1 y es educado por el pastor Lambercier. o 73 7-1 7 5 5 Samuel Johnson se traslada a Londres, donde se da a conocer por sus artículos periodísticos Thomas Carlyle en «The Rambler», «The Adventurer» y «The Idler», y por obras como Londres, La vanidad de los deseos humanos, Vida de Sa- vage y, sobre todo, un Diccionario de la lengua inglesa en dos volúmenes. Rousseau viaja a París e Italia, alcanzando la fama en los salones parisinos con su Discurso sobre las ciencias y las artes. 17 59-1 7 62 El poeta escocés Robert Burns nace en Allo- =__ way. Hijo de campesinos, recibe una educación muy superficial, pero pronto se inclina por la poesía. Rousseau trabaja en tres de sus mejores obras: las tituladas La nueva Helot- sa, 1 El contrato social y Emilio o la educación. 

 769 Nace Napoleón Bonaparte en Ajaccio. Estudia en el co- legio de Autún y en la escuela militar de Brienne. Ter- mina sus estudios en París, y es nombrado teniente de un regi- miento de artillería de la capital francesa. 1 7 82-1 7 89 Samuel Johnson publica su última obra, Vidas = -— depoetas, en diez volúmenes, donde demues- tra una gran sagacidad crítica. Muere en Londres poco después. Rousseau escribe sus Confesiones y Meditaciones de un paseante solitario. Muere súbitamente en casa del marqués Girardin, su úl- timo protector, en Ermenonville. Robert Burns se casa con Jean Armour y publica Poemas escritos principalmente en dialecto es- cocés. Al estallar la Revolución francesa, Napoleón Bonaparte mues- tra simpatías por los jacobinos. 

 1793-1798 Robert Burns se traslada a Dumfries, donde si- ==” guecomponiendo baladas escocesas. Pero sus excesos en el trabajo, la bebida y los placeres minan su salud, mu- riendo tras sufrir un grave ataque de fiebre reumática. Napoleón se traslada a Provenza. Colabora con las tropas revolucionarias en la conquista de Tolón, en la campaña de Italia y en la de Egip- to. de Vuelto a Francia, donde el Directorio agonizaba, da un golpe Estado e instaura una férrea dictadura militar. 17 99.1 804 Napoleón es elegido Primer Cónsul mediante ZAS >” plebiscito para un período de diez años.

 Para dar una apariencia democrática a la dictadura militar, se elabora una Constitución. Se reorganiza la administración, la justicia, la economía y la educación. Una nueva campaña en Italia logra la difícil victoria de Marengo: Austria cede otra porción de sus terri- Los héroes torios italianos. Se firma un Concordato con la Iglesia, poniéndo- la sul al servicio del gobierno. Napoleón Bonaparte es proclamado Cón- Vitalicio y, más tarde, Emperador. 1805-181 5 El ejército napoleónico invade Alemania. De- TA 277 rrota austríaca en Ulm. Batallas de Trafalgar y Austerlitz. Paz de Tilsit: Rusia se une al bloqueo continental. Guerra de Independencia española. Campaña de Rusia. Tras la catástrofe del ejército napoleónico y su posterior retirada, Prusia se ne incorpora a la resistencia, aliándose con Austria. Napoleón tie- que retirarse más allá del Rhin. Las tropas aliadas liberan Ale- mania, Holanda y el norte de Italia, llegando hasta París. Napo- león es encarcelado en la isla de Elba, pero consigue escapar y regresar a Francia, donde vuelve a tomar el poder. Batalla decisi- va de Waterloo, en la que queda aniquilado el poder militar fran- cés. Segunda entrada de las fuerzas aliadas en París. Se firma la paz, que pone fin al fugaz Imperio napoleónico. 1821 Bajo protección inglesa, Napoleón es desterrado a la is- la de Santa Elena, donde muere el 5 de mayo. * Bibliografía De Carlyle Héroes, Los. Madrid, Aguilar, 1946.

 Primitivos reyes de Noruega, Los. Espasa Calpe, 1957. Recuerdos. Madrid, Espasa Calpe, 1963. Sartor Resartus. Madrid, Fundamentos, 1976. Trabaja y confía. Madrid, Sintes, 1963. Vida de Schiller. Madrid, Espasa Calpe, Sobre los héroes ANDRAE, T., Mahoma, Madrid, Alianza, 1966. BOSWELL, J., La vida del doctor Samuel Johnson, Madrid, Es- pasa Calpe, 1956. CREMA, E., Dante, 1265-1321, Caracas, Universidad, 1966. DERMENGHEN, E., Mahoma y la tradición islámica, Madrid, Aguilar, 1963. DERMENGHE)N, E., Vida de Mahoma, Barcelona, Agustín Nú- ñez, 1942. DOTOR, S., Dante, Madrid, Compañía Bibliográfica, 1964. DUBY, G., y MANDROU, R., Historia de la civilización francesa, México, Fondo de Cultura Económica, 1966. GABRIELI, F., Mahoma, Madrid, Guadarrama, 1967. GALKINE, 1., y ZOUBOK, L., La revolución burguesa del si- glo XVI en Inglaterra, México, Grijalbo, 1964. GALLARATI SCOTTI, T., Vida de Dante, Barcelona, Montaner y Simón, 1964. GARCIA VILLOSLADA, R., Raíces históricas del luteranismo, Ma- drid, Editorial Católica, 1969. GARCIA VILLOSLADA, R., Martín Lutero, 2 vols., Madrid, Edi- torial Católica, : Thomas Carlyle GAUDEFROY, M., Mahoma, Barcelona, Montaner y Simón, 1962. GAUTIEZ, P., Dante. Su vida y su obra, Buenos Aires, Antonio Zamora, 1965. GODECHOT, J., Las revoluciones, 1770-1799, Barcelona, Labor, 1969. GREINER, A., Lutero, Barcelona, Aymá, 1968. HALLIDAY, F. E., Shakespeare, Barcelona, Destino, 1964. HAMPSON, N., Historia social de la revolución francesa, Madrid, Alianza, 1970. HATZFELD, H., y otros, Dante en su centenario, Madrid, Tau- rus, 1965. HOBSBAWM, E., Las revoluciones burguesas, Madrid, Guadarra- ma, 1964. IRVING, W., La vida de Mahoma, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1945. KRABBE, L., Histoire de Danemark, París, Gallimard, 1950. LABROUSSE, E., La sociedad del siglo XVII ante la revolución francesa, Barcelona, Destino, 1958. LARSEN, K., A history of Norway, Princeton, University Press, 1948. LEFEBVRE, G., La revolución francesa y el Imperio, 1787-1815, México, Fondo de Cultura Económica, 1967. LESKO, B., En busca del pensamiento de Martín Lutero, Buenos Aires, La Reforma, 1965. LOCKYER, R., La guerra civil, 1640-1649, Santiago de Chile, Po- maire, 1962. LORTZ, J., Historia de la Reforma, Madrid, Taurus, 1964. MANFRED, A., y SMIRNOV, R., La revolución francesa y el im- perio de Napoleón, México, Grijalbo, 1969. MAUROJS, A., Historia de Francia, Barcelona, Surco, 1956. MAUROJTSS, A., Napoleón, Barcelona, Destino, 1965. MAY, G., Rousseau par lui-méme, París, Editions du Seuil, 1961. MOMIGLIANO, E., Cromwell, Lord Protector de Inglaterra, Bar- celona, Iberia, 1941. MONTALBAN, F., Los orígenes de la reforma protestante, Ma- drid, Razón y Fe, 1942. Los héroes MONTANELLI, 1, Dante y su siglo, Barcelona, Plaza y Janés, 1965. MUSSET, L., Las invasiones. El segundo asalto contra la Euro- pa cristiana, Barcelona, Labor, 1968. MUSSET, L., Les peuples escandinaves au Moyen Age, París, P.U.F., 1951. NICOLLE, P., Historia de Inglaterra, Barcelona, Salvat, 1953. PENÑUELA, J. M., Mahoma, su carácter y su personalidad, Ma- drid, Imprenta de Aguirre y Cía., 1946. PETERSON, A., Oliverio Cromwell, su vida y su carácter, Bar- celona, Montaner y Simón, 1901. PIRENNE, J., Conflicto entre el autoritarismo y el liberalismo en los siglos XVI y XVII, Barcelona, Exito, 1967. PIRENNE, J., La revolución francesa, Barcelona, Exito, 1967. SEGUR, CH., La derrota de Napoleón en Rusia, Madrid, Círculo de Amigos de la Historia, 1969. SMITH, C. M., Les expéditions des Normands, París, A. Colin, 1941. SMYTH, A. P., Scandinavian kings in the British Isles, 850-880, Oxford University Press, 1977. SOBOUL, A., Compendio de la historia de la revolución france- sa, Madrid, Tecnos, 1966. STENTON, F. M., Anglo-Saxon England, Oxford University Press, 1947. SVANSTROM y PALMSTIERNA, C. F., Histoire de Suede, París, P.U.F., 1944. THIERS, A., La revolución francesa, Barcelona, Petronio, 1969. THORN, J., Historia de Inglaterra, Santiago de Chile, Pomaire, 1964. VIEJO, R., Lutero en España y la América española, Burgos, Al- decoa, 1956. l WAIN, J., El mundo vivo de Shakespeare, Madrid, Alianza, 1968. WALSH, A., Scandinavian relations with Ireland during the Vi- king period, Dublín, O'Neill Press, 1922. WATT, W. M., Mahoma, profeta y hombre de Estado, Barcelona, Labor, 1967.

martes, 16 de diciembre de 2025

WILLIAM BLAKE LIBROS PROFÉTICOS II TRADUCCIÓN, PREFACIOS Y GLOSARIO BERNARDO SANTANO) prólogo

 


Milton: poema en dos libros (1804)

 El texto de Milton: Poema en dos libros constaba inicialmente de cuarenta y cinco planchas grabadas en relieve, según la técnica personal que Blake ya había empleado en otras ocasiones. 

Aunque en la portada figura la fecha de 1 804, el proceso de elaboración de la obra se prolongó hasta 1811, y hacia 1818 se añadieron algunas láminas más hasta completar un total de cincuenta. Se conocen cuatro ejemplares de la obra, tres de ellos producidos en 18u , los llamados A, B y C, y el cuarto en 1818, el ejemplar D, conservado en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. En este texto, que de algún modo representa la idea final de Blake sobre el poema, se basa la presente edición en inglés, a partir de la cual se ha realizado la traducción española. El poema está dividido en dos libros, aunque la idea inicial de Blake pudo ser la de desarrollar el tema en doce libros, según se deduce de la portada, en la que parece dis tinguirse el número 12. 

La composición gira en torno a dos visiones del poeta. La primera de ellas, narrada en el primer libro, aconteció cuando aún vivía en Lambeth, antes de trasladarse a Felpham. Sin duda le causó una honda impresión, pues la representó en tres láminas (números 17, 32 y 37). En éstas se representa cómo un meteoro penetra a través del pie izquierdo del poeta: «primero lo vi en el Cénit como un meteoro, / descendiendo perpendicular, veloz como veloz vencejo o golondrina; / y cayéndome en el pie izquierdo sobre el tarso, entró por ahí; / pero del pie izquierdo me surgió una tenebrosa nube que se extendió por Europa» (1. 17). 

De este modo penetra Mil ton en el cuerpo de Blake, aunque éste aún no es consciente de que se trata de Milton: «Pero no supe que era Milton, pues no puede saber el hombre / lo que ocurre en sus miembros hasta qué períodos de Espacio y Tiempo / revelan los secretos de la Eternidad...» (1. 23); no obstante, es entonces cuando los sentidos del poeta adquieren la capacidad de percibir de un modo distinto:

 «Y todo este Mundo Vegetativo me apareció en el Pie izquierdo, / como una reluciente sandalia hecha inmortal de piedras preciosas y oro. / Me agaché y me la até para transitar por la Eternidad» (1. 23). La razón por la que Milton inicia este periplo es esencialmente la de volver a reunirse con su emanación a fin de redimirse. Lo explica al principio en los siguientes términos: «¿Qué movió a Milton, que vagó por la Eternidad /[...] desdichado aunque en el cielo [...]/ contemplaba su séxtuple Emanación, esparcida por la profundidad, /[...] a des cender al abismo para redimirla y perecer él? / ¿Qué causa movió al final a Milton a esta empresa sin par? / ¡El Canto profético de un Bardo!» (1. 2). Este canto profético del Bardo se convierte en un elemento fundamental del primer libro, ya que aquí re vela la razón por la que Milton inicia su viaje. La segunda visión se narra en el libro segundo y se centra en la aparición de la vir gen Ololon, una niña de doce años que se presenta frente al jardín de Blake en Felpham y busca a Milton. Entonces aparece la sombra de Milton y Blake contempla una serie de elementos simbólicos, algunos de ellos con claros tintes apocalípticos e imágenes propias de la Revolución industrial, que representan de algún modo las ideas erróneas que Milton había mantenido en su vida y de las que tiene que purificarse.

 Esencialmente, ésa es la razón de su periplo y de su necesidad de reintegrarse con Ololon, su emanación. En el apoteósico final del poema, Ololon, convertida en alondra, y el to millo silvestre, mensajero de Los en el Edén, se elevan juntos. Éstos son los elementos básicos sobre los que se construye la trama del poema, pero Milton entraña una extrema complejidad. Blake aprovecha para fundir en sus vi siones muchos otros detalles autobiográficos que se entremezclan con la narración. Un episodio concreto de este tipo es el enfrentamiento entre William Hayley, su amigo y mecenas, a quien Blake representa como Satán, y él mismo, que en el poema se en carna en Palamabron. Blake aprovecha para llevar a cabo numerosas digresiones que, de manera a veces forzada, integra en el flujo de la narración como si el poema creciera orgánicamente, pues considera que todo aquello que genera su mente creadora debe formar parte del texto.

viernes, 17 de octubre de 2025

FRAGMENTO H.G. WELLS OBRAS COMPLETAS.

  




H. G. Wells

 Obras completas I


 

 Prólogo

 Es imposible hacer el retrato de un espíritu de las proporciones del de Herbert George Wells sin colocarlo sobre un fondo adecuado. Si en lugar de nacer en el último tercio del siglo XIX, Wells hubiera nacido cincuenta años más tarde, su figura y sus ideas hubieran resultado anacrónicas y ahora nos harían sonreír con indulgencia. Pero aquel cerebro, que había de ser una de las influencias más poderosas de su época, vino al mundo cuando ante éste comenzaban a abrirse nuevos horizontes. Imperceptiblemente iba abriéndose una brecha en el rígido victorianismo británico, y Wells, como Bernard Shaw, James Jeans, Henry James, Sydney Webb y algunos otros, pudo lanzar sus opiniones a la caja de resonancia del mundo cuando las antiguas ideas políticas y religiosas estaban comenzando a romper sus ligaduras de siglos.

Nació Herbert G. Wells en Bromley, Kent, en la Inglaterra de 1866. Hoy uno de los suburbios londinenses, Bromley era entonces un pueblecillo rodeado de campos abiertos, de aquellos campos que años más tarde Wells habría de describir en tantas novelas suyas. Su padre, Joseph Wells, había adquirido con todos sus ahorros, y en lo que a él le parecieron buenas condiciones, una tiendecita de objetos de loza y porcelana en aquella localidad. Descubrió muy pronto, sin embargo, que el negocio no sólo no era tan floreciente como había esperado, sino que apenas les daría lo necesario para vivir. Joseph, hombre de fuerte constitución física, enamorado del aire libre y además un magnífico jugador de cricket, se dedicó a este deporte como profesional y con sus ganancias logró mantener a flote a la familia, que iba aumentando rápidamente. Así, pues, «Bertie», el menor de los cuatro hijos del matrimonio, vio la luz en el seno de una típica familia de la «clase media baja», impulsada por un lado por una tradicional respetabilidad, netamente británica, y por el otro por el espectro del hambre.

Su madre concentró todos sus esfuerzos en hacer que la Religión fuera el fundamento de su hogar. Sarah Wells llevó al altar una fe sencilla. Creía sinceramente que Dios era un padre bondadoso que cuidaría de ella y de los suyos, y en aquellos años de estrecheces halló en sus plegarias un refugio y un consuelo. Pero cuando murió su hijita Fanny, algo muy profundo se rompió para siempre en su interior, sin que acaso ni ella misma lo supiera. En su autobiografía nos dice Wells que, aunque su madre procuró inculcarle a él los mismos principios que hicieron de su hermana muerta una niña excepcionalmente piadosa, ella misma no los tenía ya arraigados en el fondo del alma, y añade que su propia falta de fe está probablemente basada en aquel hecho. Las impresiones apenas conscientes de aquellos primeros años de su vida habían de grabarse para siempre en el corazón del chiquillo, y Herbert G. Wells mantuvo hasta el fin de sus días una actitud de irónico escepticismo hacia toda exteriorización de fe religiosa.

La escuela primaria a la que asiste y el maestro que la preside, con sus cambios de humor, su crónica indigestión y sus frecuentes distracciones, están perfectamente descritos en la que muchos consideran la mejor de sus novelas, Kipps. Se trata de la típica escuela rural de la época, cuyo objetivo era preparar a los niños de la clase trabajadora, y en ella poco hubiera aprendido Wells de no haber tenido la suerte de romperse una pierna cuando tenía siete años. Aquél fue el medio de que se valió el destino para abrir los primeros tentáculos de su precoz inteligencia y sembrar en ella el ansia de saber. Porque el pequeño Herbert, instalado cómodamente en la «sala», la mejor habitación de la casa, comenzó a devorar libro tras libro, y su imaginación descubrió, asombrada, países desconocidos y lejanos, animales extraños, mundos misteriosos, fantásticas aventuras y personajes exóticos. Y cuando, ya curado, vuelve a la escuela, su espíritu, prendido sin remedio en las redes de todo lo que acaba de vislumbrar, no consigue concentrarse en las lecciones de contabilidad, rebelándose instintivamente contra lo que parece decretado que ha de ser el destino de su vida. Pero la rebelión es inútil. La realidad de su posición en el mundo es muy distinta de sus sueños y, cumplido el tiempo que sus padres han considerado necesario para completar su educación, entra de aprendiz en una tienda de tejidos, convirtiéndose de este modo en una diminuta pieza más del prosaico mecanismo del comercio. Se le asigna un puesto en la caja. Pero en aquel ambiente su imaginación inquieta se ahoga, no hace ningún esfuerzo por fijar su atención en lo que tiene entre manos, se entrega a escondidas a la lectura y vive para sus sueños. El resultado es que, distraído, no da el cambio exacto a los parroquianos y que al final del día las cuentas no cuadran. Alguien se aprovecha de aquel estado de cosas y comienza a faltar dinero. Y aunque, por haberle vigilado estrechamente, sus jefes están convencidos de su honradez, muy pronto se dan cuenta de que no es aquél el empleado que necesitan en su empresa y Herbert G. Wells es despedido.

Pasa entonces a ayudar a un pariente lejano que dirige una escuela y aquí se siente más a sus anchas. Puede dejar libre a la imaginación, puede leer, y, por no estar sujeto a horario alguno, puede seguir haciendo nuevos y fascinadores descubrimientos que van apasionándole más y más. Pero su tío es también un hombre poco práctico y un buen día se ve obligado a cerrar la escuela por motivos económicos. Wells está de nuevo en la calle. No puede pedir ayuda monetaria a su familia porque su padre se rompió una pierna años atrás, quedando inutilizado para jugar al cricket, y ahora depende totalmente de su esposa, que ha tenido que aceptar el puesto de ama de llaves en una mansión aristocrática. Lo único que Sarah Wells puede hacer por su hijo es conseguirle, por medio de una fuerte recomendación, un nuevo empleo en un almacén de paños. Pero Herbert se resiste a aceptarlo. Conoce ya por experiencia esa clase de trabajo y sabe que no podrá soportarlo mucho tiempo. Su madre insiste, suplica, llora, y el muchacho se ve por fin obligado a ceder. Después de haber probado el sabor de una relativa libertad, se encuentra convertido de la noche a la mañana en un autómata que dobla piezas de tela, traslada maniquíes, arregla escaparates, abre la puerta a los compradores y se consume de impotente ira cuando a las once de la noche se apaga la luz en el dormitorio general y no puede seguir leyendo el libro que se le brinda como un oasis salvador. Un domingo por la mañana se pone en camino de la casa donde trabaja su madre y anuncia a ésta su decisión de abandonar el almacén y marchar por su cuenta a Midhurst. Ni los ruegos ni las lágrimas de la buena mujer consiguen esta vez disuadir a Herbert, que pone inmediatamente en práctica sus planes. En Midhurst se coloca de ayudante de un boticario. Años más tarde habrá de describir esta botica en The Dream (El sueño), que, como la mayoría de sus novelas, contiene un gran número de pasajes autobiográficos.

 Wells, ya un joven de diecisiete años, se matricula en las clases de la escuela nocturna y, desde el principio, se siente atraído irresistiblemente por la ciencia. Por las noches contempla las estrellas y los cráteres de la luna, y durante el día, de pie sobre uno de los muchos altozanos de la hermosa campiña inglesa, piensa en las sucesivas eras geológicas y en los misterios de la Evolución, que ha de ser siempre el punto de apoyo de todas sus teorías. Darwin es su gran maestro, y su visión del hombre y del mundo está en el futuro. Todo lo que Herbert George Wells ha de decir en el curso de su vida sobre la gran República Laboral, el Estado Mundial, etcétera, no son sino esfuerzos por hacer avanzar más de prisa a la humanidad en su camino hacia la perfección final.

Es posible que estas ideas germinaran en su mente mientras barría la botica de Midhurst, o recorría con su traje desgastado la distancia que le separaba de la escueta nocturna. ¿Quién podría decirlo? Wells sigue estudiando sin hablar mucho, y pronto el joven empleado descuella entre sus compañeros y obtiene una beca para la Escuela Normal de Ciencia de South Kensington, con lo que se le ofrece la magnífica oportunidad de hacer un curso de Biología con T. H. Huxley. Por primera vez en su vida, Herbert G. Wells es completamente feliz.

Instalado en Londres, estudia, investiga, da lecciones y no transcurre mucho tiempo antes de que una revista científica publique su primer artículo. Su actividad es incesante. Pronto se resiente su salud, que nunca ha sido excesivamente fuerte, y aunque al principio se niega a conceder importancia al hecho, cuando, a poco de cumplir los veinte años, los médicos le dicen que tiene una importante lesión en el pulmón, se ve obligado a abandonar las clases y a ganarse la vida colaborando en revistas. Poco después publica su primera novela, La máquina del tiempo. Ésta es acogida con entusiasmo y Wells queda consagrado como escritor.

El liberalismo romántico era entonces la fe común en Inglaterra, compartida por poetas, filósofos y políticos, y Wells eligió la novela científica como medio para plasmar las imágenes y los símbolos de aquella fe popular. A La máquina del tiempo siguieron otras creaciones de argumento fantástico, de las cuales quizá la más conocida, gracias a la película que de ella se hizo con el mismo título, sea El hombre invisible. Las novelas de Wells habían sido precedidas por las de Julio Verne, que combinaba una fe infantil en la máquina con un cerebro práctico y un culto por las matemáticas. Wells siente de un modo muy distinto. También él, como su predecesor, quiere atravesar el espacio y aterrizar en la Luna, pero, lejos de dedicar páginas y páginas a la descripción minuciosa y detallada del aparato, no se anda por las ramas e inventa la «cavorita», un material refractario a la fuerza de gravedad con el que, de un plumazo, por así decirlo, resuelve el problema.

Otra fantasía wellsiana, La guerra de los mundos, dio lugar, en 1938, en Norteamérica, a una de las mayores manifestaciones de histerismo colectivo de los últimos años. El gran actor dramático Orson Welles lanzó, por las antenas de la «Columbia Broadcasting System», una versión libremente adaptada de la novela del escritor británico. Con tan extraordinario realismo se expresó imaginando ser uno de los pocos supervivientes de la catástrofe, que miles de personas en todo el país recogieron sus enseres prefiriendo huir precipitadamente antes de ser víctimas de los marcianos. Al fin, las emisoras nacionales consiguieron convencer a los ingenuos de que ningún monstruo de otro planeta había aparecido sobre la Tierra, y todo volvió a la normalidad. Once años después, en febrero de 1949, una emisora de Quito lanzó una nueva y también realista versión de la invasión de los marcianos, dando partes y boletines con nombres de ciudades ecuatorianas. Al principio, el público reaccionó como habían reaccionado los americanos del Norte, lanzándose histéricamente a la calle y pidiendo auxilio. Pero al enterarse de la verdad se negó a tomar la cosa con filosofía y a reírse de su propia credulidad, e, hirviendo de indignación, se dirigió al edificio de la emisora y le prendió fuego. Cuando apareció la policía (que, junto con los soldados, se había precipitado a repeler el ataque de los marcianos), ya nada podía hacerse. El edificio y todo su contenido había quedado destruido.

Pasan los años y el impulso romántico de H. G. Wells va consumiéndose, o, para ser exactos, va buscando un nuevo medio de expresión. Hasta entonces le había fascinado la Ciencia, sus posibilidades y el inmenso campo que ofrecía a su fantasía, casi con exclusión de todo otro tema. Ha estado tanto tiempo ocupado en soñar, que, aunque nunca llegó a olvidar del todo al hombre de la calle, no ha prestado atención a sus problemas. Ahora Wells mira a su alrededor y lo que ve le llena de indignación. Al principio se contenta con dar salida a sus emociones creando una serie de personajes al estilo de los de Dickens, figuras cómicas que llegan a ser trágicas, al luchar contra su propia ignorancia y esforzarse por salir a la superficie del abismo de prejuicios en que se hallan sumidas. Wells ha inmortalizado al habitante del suburbio, del pueblecillo, dando a su voz, a sus ideas y a su personalidad formidables dimensiones. Es en esta época cuando escribe tres deliciosas comedias, Kipps, La historia de Mr. Polly y El amor y Mr. Lewisham, y aunque sus tipos son esencialmente británicos y Victorianos, su simbolismo es universal. Esta lucha contra todo lo que hasta entonces había oprimido a la pequeña burguesía, contra los magnates del mundo de los negocios, contra las creencias religiosas tradicionales y los políticos ambiciosos, va adquiriendo poco a poco caracteres de verdadera obsesión, y su pluma se convierte en el arma ofensiva con que ataca a todos los principios establecidos. Uno de los productos característicos de esta nueva fase es la novela Cuando el durmiente despierta, que es, simplemente, una exageración de las tendencias de entonces: edificios más altos, ciudades más grandes, capitalistas más malvados y trabajadores más oprimidos que nunca.

Y, sin embargo, Wells no es comunista. Es demasiado individualista para serlo. Su teoría consiste en «el hombre para el hombre», la teoría del socialismo, en oposición a la del comunismo, que es «el hombre para el Estado», y a la del cristianismo, que es «el hombre para Dios». Es, pues, un socialista convencido, y por lo tanto se convierte en uno de los miembros más activos de la Sociedad Fabiana, a la que se empeña en considerar como la minúscula semilla de la que ha de nacer el gran Estado Mundial que describe en Una utopía moderna. Su fertilidad es asombrosa y publica libro tras libro. Gramaticalmente está lejos de ser siempre correcto y no se preocupa de pulir su prosa, porque son tantas las cosas que tiene que decir, que se apresura a terminar una obra cuanto antes para poder comenzar la siguiente. Pero su vocabulario es tan rico, su forma de expresión tan lúcida, tan grande la fuerza creadora de su imaginación, que contagia su entusiasmo al lector y éste no advierte sus defectos de forma.

Un libro que armó gran revuelo a causa de la gazmoñería hipócrita de la sociedad de entonces, fue Ana Verónica. Aquí Wells toma como argumento un importante problema social y doméstico, y lo trata con seguridad admirable. Ana Verónica es la historia de una joven que vivió en los años en que el «sufragio femenino» fue la manifestación más conspicua, aunque no la más significativa, del despertar de la mujer. La Prensa londinense vilipendió la novela al hacer ésta su aparición y hasta llegó a proponer que su autor sufriera el ostracismo social y literario. Pero muchas personalidades eminentes de la época salieron impetuosamente en su defensa, entre ellas G. K. Chesterton y Bernard Shaw. A pesar de todo esto, o quizá precisamente por ello, el libro obtuvo un gran éxito.

De pronto, como un explosivo, surge Dios en los escritos de Wells. Su aparición es muy fugaz. Es un estallido reaccionario contra la Monarquía, contra el hecho de que el poder nominal o efectivo estuviera en manos de un solo hombre. Así, pues, en su novela Dios, el Rey Invisible, nos presenta a un Rey Dios, a un jefe bélico elaborado por él, a quien muy pronto vuelve a sumir en el olvido. La mejor de sus novelas ideológicas es El fuego inmortal, basada en el libro de Job.

Más claramente propagandísticas son las obras que escribió al comenzar la segunda década del siglo, en las que se siente, más que nunca, el apóstol de lo que hoy no es otra cosa que el laborismo británico. Y llega la primera contienda mundial. Wells escribe incesantemente, actúa como corresponsal de guerra y confía en la Sociedad de las Naciones. Echa un vistazo al pasado de la humanidad y escribe su Esquema de la Historia Universal (1920), al que sigue una Breve historia del mundo (1922). Pero como historiador, a Wells le ocurre como con la política. Entiende la historia poco menos que como una actividad intelectual. El resultado es de un pesimismo atroz. Si en más de una de sus fantasías nos muestra al hombre en una instintiva entrega a las fuerzas oscuras de su origen primero, para él toda la dinámica de los hechos se reduce a un afán de destrucción, a veces superior al instinto de conservación. No ve ninguna especie de grandeza en lo que el historiador tiene como puntos decisivos del desarrollo de la civilización.

 Es curioso, sin embargo, este pesimismo suyo, porque hay en él una mezcla de comprensión y de intolerancia realmente sorprendente en un hombre que se tuvo siempre por idealista. Pero es que ese idealismo suyo es, también, una rara mixtura. Wells no cree en el hombre; cree en la Humanidad. No cree en la civilización —quizá porque, en el fondo, fuese un convencido de que no se ha logrado todavía—; cree en el progreso. En una de sus novelas más divulgadas nos ofrece una visión escalofriante de un mundo que, tras cierto período de guerras, ha vuelto a un estado de terror primitivo; es la aviación; cuyos adictos han acabado por formar una especie de hermandad, la que redime a la Humanidad embrutecida.

Es aquí donde puede verse resumida toda la actitud ideológica de Wells. El Hombre, de por sí, no es nada sin un bagaje común de ideas y de sentimientos. La superación del estado actual de la civilización debe ser obra mancomunada. Pero él, que, por un momento, aparece como máximo paladín de una inteligencia entre todos los países del orbe, se siente íntimamente desencantado con la obra de la Sociedad de Naciones y manifiesta este desencanto suyo en materia de cultura entregándose de lleno al P. E. N. Club, que intenta reunir a todos los poetas, ensayistas y novelistas libres en una misión colectiva, ya que —son palabras suyas— la labor del escritor «ha de ser considerada como una sugestión y no como una proeza. Nuestra labor es sembrar ideas, sembrarlas de cualquier manera».

Todo pensamiento nuevo halla un estímulo en la obra y en la vida de Wells. El hecho de que, por lo general, tenga mayor solidez su crítica que sus construcciones, no sirve más que para definir con mayor relieve su oficio y no comprueba menos lo esencial de su personalidad creadora. Produce un estado de ánimo que se eleva sin dificultad —y, si se quiere, sin pensamiento consciente— por encima de las barreras sociales y de la tradición histórica, y que tiende a considerar el cambio no sólo necesario, sino normal y deseable. Provoca un sueño y un anhelo; y de ambos brota la voluntad de creación.

A pesar de todo, hay que reconocerle como artista más que como creador de utopías. Desde sus diecinueve años pobló nuestro firmamento literario de estrellas deslumbrantes, y la admiración y el interés que despertaron al aparecer no puede borrarse así como así. Lo curioso es que su posición en la literatura contemporánea es tan paradójica como su concepto del idealismo: fue, y aún es, una figura popular, pero, al mismo tiempo, aislada. Con la excepción, por ejemplo, de un Bernard Shaw, entre los ingleses, no hubo escritor de su calibre que en vida consiguiese más amplia audición del hombre de la calle, y aun de la élite. Sin embargo, no parece que su influencia sobre la literatura anglosajona de nuestros días haya sido mucha. Quizá puedan señalarse algunas reminiscencias en Sinclair Lewis, en Sitwell y en Aldous Huxley; y aun en Lawrence y Joyce. Pero si es verdad que todos ellos rindieron tributo a la manera de Wells, no es menos cierto que, pronto, salieron a escape de su órbita en busca de la propia personalidad.

Wells aparece asimismo distanciado de los escritores consagrados de su propia generación —Arnold Bennett, Joseph Conrad, John Galsworthy—; y para él no existen los grandes novelistas del continente. Galsworthy hace pensar, por ejemplo, en Turgueniev; y ambos, en una ascendencia francesa común. No era, tampoco, un estilista, ni le importaba serlo. «La literatura —escribía en cierta ocasión— no es orfebrería, y su finalidad no es precisamente la de la perfección; cuanto más se piensa en cómo debe hacerse, menos se logra. Estas debilidades conducen a un camino fatal, que se aparta de todo interés natural para ir hacia el vacío de un esfuerzo técnico, un egoísmo monstruoso de artífice de que es testimonio monumental la última obra de Henry James».

Las innovaciones que Wells ha introducido en la técnica novelística son casi exclusivamente intelectuales. Sobre todo, claro está, en la novela de tipo científico —las suyas son únicas en su género—. Tal vez sean estas obras suyas las que mejor se han comprendido, por la total sumisión de su argumento a una sola idea. Pero en las novelas propiamente dichas —es decir, en las que por su carácter formal podríamos incluir en el concepto clásico de la novela—, en Tono-Bunbay, en El nuevo Maquiavelo encontramos una fuerza intelectual y una intención crítica que, en cierto modo, son rigurosamente nuevas en la literatura insular, y que han hallado innegable resonancia en las últimas generaciones. En cuanto a sus últimas producciones —son palabras de Geoffrey West, su biógrafo más conspicuo—, «representan un ensayo menos aceptable, y el resultado es un producto híbrido sin impulso renovador, porque le falta vitalidad».

Este hombre, que pensó siempre en futuro, no le pedía nada a la posteridad como escritor. Beresford dice de él que «ha confesado una profunda incredulidad hacia la obra de arte perfecta o permanente. Todo arte, toda ciencia, más exactamente, todo cuanto se escribe, no son sino ensayos. A toda obra de arte le llega el momento en que ya ha servido su propósito y no guarda el menor rastro de su significado». Realmente, no otra cosa puede deducirse de la actitud de un hombre que prefería a todas las clasificaciones la de periodista. Y no por razón de modestia, sino porque en la obra de arte valoraba más lo que encierra de lógico que de élan vital.

Pero es innegable que, a pesar de esta actitud suya y de quienes la comparten, un considerable número de sus obras seguirá siendo, durante muchos años, espolique para las ideas y fuente de emoción para los sentidos. Es evidente que parte de ellas han cumplido con su propósito inicial y, por lo tanto, han perdido todo, o casi todo, su significado. Pero Una utopía moderna, Anticipaciones, El descubrimiento del futuro, La conspiración abierta, como Boon y Primeras y últimas cosas, poseen tal interés como profesión de fe personal que no dejarán de ser leídas tan fácilmente. La visión del pasado humano a través de un solo hombre asegura la permanencia al Esquema de la Historia Universal. En cuanto a sus novelas científicas y a sus narraciones cortas, no es difícil convenir en que son demasiado pródigas en maravilla y fascinación —elementos siempre románticos por intelectuales que sean— para no sobrevivir en casi su totalidad.

Está claro que Wells tiene sus detractores. Pero ni la crítica más exigente se atrevería a negarle un valor de universalidad. Anatole France, que, como le pasase por el magín, no dejaba títere con cabeza, le describió como la fuerza intelectual más poderosa del mundo literario inglés; y el propio Wells escribía, con la mayor sinceridad, en el prólogo a sus obras completas, que «en el resumen definitivo de estos volúmenes se ve que hay en ellos algo que no se había dicho antes, y que se ha dado forma a algo que antes no se había formado». El centenar —o quizá más— de libros y ensayos que constituye el núcleo central de sus escritos, representa una actividad y un resultado difícilmente igualables; un desfile notabilísimo de investigaciones, críticas, temas y sugerencias. A estas cualidades deberán su perdurabilidad obras como El hombre invisible, La guerra de los mundos, La máquina del tiempo, Una utopía moderna, Kipps, La guerra en el aire, Tono Bungay, La historia de Mr. Polly, El nuevo Maquiavelo, El alimento de los Dioses, y una buena selección de historias breves tales como «La estrella», «La puerta del muro», «El país de los ciegos», «Bajo la cuchilla», «La historia del difunto Mr. Elvesham», «El hombre que podía hacer milagros» y «Una visión de criterio».

Trabajador incansable, hombre de inagotable vitalidad, durante los últimos tiempos de su existencia sólo sentía la preocupación de que la muerte le sorprendiese sin «darse cuenta» y, quizás en una lucha inconsciente contra aquel temor, le salía al paso pluma en ristre, escribiendo incluso cuando a los demás les parecía físicamente imposible. Hacía mucho tiempo que los médicos habían pronunciado la última sentencia cuando se dedicó a no aceptar la ayuda de nadie. En 1945, cuando ya se le daba incluso por muerto, cogió el guion de una película, The Way of the World Is Going, y trabajó en él como si tal cosa. Un atardecer de 1946, exactamente el 13 de agosto, se sentó al borde de la cama, llamó y pidió a su sirvienta que le cambiase el pijama. Se sentó de nuevo, y dijo: «Proseguid; yo ya lo tengo todo». La sirvienta desapareció por unos minutos. Cuando volvió, Herbert George Wells, el hombre que pensó siempre en el futuro, había entrado en él definitivamente.

Nellie Mansó de Zúñiga

jueves, 7 de agosto de 2025

“La juventud como condena: Acta sobre Dorian Gray”

 


Acta de sobremesa del Consejo Editorial en Los Yoses, centrado en El retrato de Dorian Gray. Está diseñado para resonar con el tono ritual y crítico:

📜 Acta de Sobremesa – Consejo Editorial en Los Yoses

Tema: El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde Fecha: Pendiente de designación ritual Lugar: Los Yoses, bajo la sombra de los laureles

🧠 Intervenciones del Consejo

🔮 Belfegor “El prefacio de Wilde es un tratado del arte como ente sin voluntad. La lógica aristotélica se subvierte: el arte no prueba, no juzga, no redime. Dorian es el silogismo invertido: belleza → corrupción → eternidad simbólica. Publicar un texto filosófico que explore esta inversión sería lo más adecuado.”

📚 Pugliatti “El texto es una tragedia semiótica. El retrato no representa a Dorian: lo sustituye. La novela es un palimpsesto de mitos clásicos—Narciso, Fausto, Antinoo—reconfigurados en clave victoriana. La edición sin censura revela la tensión homoerótica como clave hermenéutica. Voto por publicar la novela, con aparato crítico.”

🔥 Byron Deford “Wilde pacta con el lector como Dorian con el retrato. La novela es un pacto infernal disfrazado de estética. El hedonismo que propone Lord Henry es una forma de posesión. Publicar la novela, sin duda. Pero que se lea como advertencia, no como celebración.”

🏛️ Cappelli “Wilde es un esteta cristiano, aunque lo niegue. Su moralidad está impregnada de culpa. El deseo de juventud eterna es una forma de resentimiento contra la finitud. Prefiero un texto filosófico que desmonte esta falsa apología del hedonismo. ODI PROFANUM VULGUS ET ARCEO.”

🕵️ Casasola Brown “Dorian es un asesino estético. El retrato es su cómplice. La novela es una crónica de crímenes simbólicos. La ironía de Wilde es tan afilada como un bisturí. Publicar la novela, pero con notas marginales que revelen su dimensión existencial y criminal.”

🗳️ Resultado de la votación

Miembro

Voto

Justificación

Belfegor

Texto filosófico

El arte como ente sin juicio merece reflexión.

Pugliatti

Novela

La estructura mítica exige lectura completa.

Byron Deford

Novela

El pacto narrativo es más potente que el ensayo.

Cappelli

Texto filosófico

Crítica al hedonismo como moral cristiana invertida.

Casasola Brown

Novela

Crónica existencial del crimen estético.

Desempate: Como El retrato de Dorian Gray no ha sido publicado antes en el blog, Méndez-Limbrick interviene con voz ritual y decreta: 📘 Se publicará la novela, acompañada de un comentario editorial firmado por el Consejo.

EL RETRATO DE DORIAN GRAY OSCAR WILDE 5 

 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ Prefacio El artista es creador de belleza. Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte. El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza. La forma más elevada de la crítica, y también la más rastrera, es una modalidad de autobiografía. Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus cultivados. Para ellos hay esperanza. Son los elegidos, y en su caso las cosas hermosas sólo significan belleza. No existen libros morales o inmorales. Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo. La aversión del siglo por el realismo es la rabia de Calibán al verse la cara en el espejo. La aversión del siglo por el romanticismo es la rabia de Calibán al no verse la cara en un espejo. La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar. El artista no tiene preferencias morales. Una preferencia moral en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo. Ningún artista es morboso. El artista está capacitado para expresarlo todo. Pensamiento y lenguaje son, para el artista, los instrumentos de su arte. El vicio y la virtud son los materiales del artista. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, el modelo es el talento del actor.

 6 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ Todo arte es a la vez superficie y símbolo. Quienes profundizan, sin contentarse con la superficie, se exponen a las consecuencias. Quienes penetran en el símbolo se exponen a las consecuencias. Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida. La diversidad de opiniones sobre una obra de arte muestra que esa obra es nueva, compleja y que está viva. Cuando los críticos disienten, el artista está de acuerdo consigo mismo. A un hombre le podemos perdonar que haga algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer una cosa inútil es admirarla infinitamente. Todo arte es completamente inútil. 

 OSCAR WILDE 7 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ Capítulo 1 El intenso perfume de las rosas embalsamaba el estudio y, cuando la ligera brisa agitaba los árboles del jardín, entraba, por la puerta abierta, un intenso olor a lilas o el aroma más delicado de las flores rosadas de los espinos. Lord Henry Wotton, que había consumido ya, según su costumbre, innumerables cigarrillos, vislumbraba, desde el extremo del sofá donde estaba tumbado -tapizado al estilo de las alfombras persas-, el resplandor de las floraciones de un codeso, de dulzura y color de miel, cuyas ramas estremecidas apenas parecían capaces de soportar el peso de una belleza tan deslumbrante como la suya; y, de cuando en cuando, las sombras fantásticas de pájaros en vuelo se deslizaban sobre las largas cortinas de seda india colgadas delante de las inmensas ventanas, produciendo algo así como un efecto japonés, lo que le hacía pensar en los pintores de Tokyo, de rostros tan pálidos como el jade, que, por medio de un arte necesariamente inmóvil, tratan de transmitir la sensación de velocidad y de movimiento. El zumbido obstinado de las abejas, abriéndose camino entre el alto césped sin segar, o dando vueltas con monótona insistencia en torno a los polvorientos cuernos dorados de las desordenadas madreselvas, parecían hacer más opresiva la quietud, mientras los ruidos confusos de Londres eran como las notas graves de un órgano lejano. En el centro de la pieza, sobre un caballete recto, descansaba el retrato de cuerpo entero de un joven de extraordinaria belleza; y, delante, a cierta distancia, estaba sentado el artista en persona, el Basil Hallward cuya repentina desaparición, hace algunos años, tanto conmoviera a la sociedad y diera origen a tan extrañas suposiciones. Al contemplar la figura apuesta y elegante que con tanta habilidad había reflejado gracias a su arte, una sonrisa de satisfacción, que quizá hubiera podido prolongarse, iluminó su rostro. Pero el artista se incorporó bruscamente y, cerrando los ojos, se cubrió los párpados con los dedos, como si tratara de aprisionar en su cerebro algún extraño sueño del que temiese despertar. -Es tu mejor obra, Basil -dijo lord Henry con entonación lánguida-, lo mejor que has hecho. No dejes de mandarla el año que viene a la galería Grosvenor. La Academia es demasiado grande y demasiado vulgar. Cada vez que voy allí, o hay tanta gente que no puedo ver los cuadros, lo que es horrible, o hay tantos cuadros que no puedo ver a la gente, lo que todavía es peor. La galería Grosvenor es el sitio indicado. 

 8 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ -No creo que lo mande a ningún sitio -respondió el artista, echando la cabeza hacia atrás de la curiosa manera que siempre hacía reír a sus amigos de Oxford-. No; no mandaré el retrato a ningún sitio. Lord Henry alzó las cejas y lo miró con asombro a través de las delgadas volutas de humo que, al salir de su cigarrillo con mezcla de opio, se retorcían adoptando extrañas formas. -¿No lo vas a enviar a ningún sitio? ¿Por qué, mi querido amigo? ¿Qué razón podrías aducir? ¿Por qué sois unas gentes tan raras los pintores? Hacéis cualquier cosa para ganaros una reputación, pero, tan pronto como la tenéis, se diría que os sobra. Es una tontería, porque en el mundo sólo hay algo peor que ser la persona de la que se habla y es ser alguien de quien no se habla. Un retrato como ése te colocaría muy por encima de todos los pintores ingleses jóvenes y despertaría los celos de los viejos, si es que los viejos son aún susceptibles de emociones. -Sé que te vas a reír de mí -replicó Hallward-, pero no me es posible exponer ese retrato. He puesto en él demasiado de mí mismo. Lord Henry, estirándose sobre el sofá, dejó escapar una carcajada. -Sí, Harry, sabía que te ibas a reír, pero, de todos modos, no es más que la verdad. -¡Demasiado de ti mismo! A fe mía, Basil, no sabía que fueras tan vanidoso; no advierto la menor semejanza entre ti, con tus facciones bien marcadas y un poco duras y tu pelo negro como el carbón, y ese joven adonis, que parece estar hecho de marfil y pétalos de rosa. Vamos, mi querido Basil, ese muchacho es un narciso, y tú..., bueno, tienes, por supuesto, un aire intelectual y todo eso. Pero la belleza, la belleza auténtica, termina donde empieza el aire intelectual. El intelecto es, por sí mismo, un modo de exageración, y destruye la armonía de cualquier rostro. En el momento en que alguien se sienta a pensar, todo él se convierte en nariz o en frente o en algo espantoso. Repara en quienes triunfan en cualquier profesión docta. Son absolutamente imposibles. Con la excepción, por supuesto, de la Iglesia. Pero sucede que en la Iglesia no se piensa. Un obispo sigue diciendo a los ochenta años lo que a los dieciocho le contaron que tenía que decir, y la consecuencia lógica es que siempre tiene un aspecto delicioso. Tu misterioso joven amigo, cuyo nombre nunca me has revelado, pero cuyo retrato me fascina de verdad, nunca piensa. Estoy completamente seguro de ello. Es una hermosa criatura, descerebrada, que debería estar siempre aquí en invierno, cuando no tenemos flores que mirar, y también en verano, cuando buscamos algo que nos enfríe la inteligencia. No te hagas ilusiones, Basil: no eres en absoluto como él. 

 9 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ -No me entiendes, Harry -respondió el artista-. No soy como él, por supuesto. Lo sé perfectamente. De hecho, lamentaría parecerme a él. ¿Te encoges de hombros? Te digo la verdad. Hay un destino adverso ligado a la superioridad corporal o intelectual, el destino adverso que persigue por toda la historia los pasos vacilantes de los reyes. Es mucho mejor no ser diferente de la mayoría. Los feos y los estúpidos son quienes mejor lo pasan en el mundo. Se pueden sentar a sus anchas y ver la función con la boca abierta. Aunque no sepan nada de triunfar, se ahorran al menos los desengaños de la derrota. Viven como todos deberíamos vivir, tranquilos, despreocupados, impasibles. Ni provocan la ruina de otros, ni la reciben de manos ajenas. Tu situación social y tu riqueza, Harry; mi cerebro, el que sea; mi arte, cualquiera que sea su valor; la apostura de Dorian Gray: todos vamos a sufrir por lo que los dioses nos han dado, y a sufrir terriblemente. -¿Dorian Gray? ¿Es así como se llama? -preguntó lord Henry, atravesando el estudio en dirección a Basil Hallward. -Sí; así es como se llama. No tenía intención de decírtelo. -Pero, ¿por qué no? -No te lo puedo explicar. Cuando alguien me gusta muchísimo nunca le digo su nombre a nadie. Es como entregar una parte de esa persona. Con el tiempo he llegado a amar el secreto. Parece ser lo único capaz de hacer misteriosa o maravillosa la vida moderna. Basta esconder la cosa más corriente para hacerla deliciosa. Cuando ahora me marcho de Londres, nunca le digo a mi gente adónde voy. Si lo hiciera, dejaría de resultarme placentero. Es una costumbre tonta, lo reconozco, pero por alguna razón parece dotar de romanticismo a la vida. Imagino que te resulto terriblemente ridículo, ¿no es cierto? -En absoluto -respondió lord Henry-; nada de eso, mi querido Basil. Pareces olvidar que estoy casado, y el único encanto del matrimonio es que exige de ambas partes practicar asiduamente el engaño. Nunca sé dónde está mi esposa, y mi esposa nunca sabe lo que yo hago. Cuando coincidimos, cosa que sucede a veces, porque salimos juntos a cenar o vamos a casa del Duque, nos contamos con tremenda seriedad las historias más absurdas sobre nuestras respectivas actividades. Mi mujer lo hace muy bien; mucho mejor que yo, de hecho. Nunca se equivoca en cuestión de fechas y yo lo hago siempre. Pero cuando me descubre, no se enfada. A veces me gustaría que lo hiciera, pero se limita a reírse de mí. -No me gusta nada cómo hablas de tu vida de casado, Harry -dijo Basil Hallward, dirigiéndose hacia la puerta que llevaba al jardín-. Creo que eres en 

 10 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ realidad un marido excelente, pero que te avergüenzas de tus virtudes. Eres una persona extraordinaria. Nunca das lecciones de moralidad y nunca haces nada malo. Tu cinismo no es más que afectación. -La naturalidad también es afectación, y la más irritante que conozco exclamó lord Henry, echándose a reír. Los dos jóvenes salieron juntos al jardín, acomodándose en un amplio banco de bambú colocado a la sombra de un laurel. La luz del sol resbalaba sobre las hojas enceradas. Sobre la hierba temblaban margaritas blancas. Después de un silencio, lord Henry sacó su reloj de bolsillo. -Mucho me temo que he de marcharme, Basil -murmuró-, pero antes de irme, insisto en que me respondas a la pregunta que te he hecho hace un rato. -¿Cuál era? -dijo el pintor, sin levantar los ojos del suelo. -Lo sabes perfectamente. -No lo sé, Harry. -Bueno, pues te lo diré. Quiero que me expliques por qué no vas a exponer el retrato de Dorian Gray. Quiero la verdadera razón. -Te la he dado. -No, no lo has hecho. Me has dicho que hay demasiado de ti en ese retrato. Y eso es una chiquillada. -Harry-dijo Basil Hallward, mirándolo directamente a los ojos-, todo retrato que se pinta de corazón es un retrato del artista, no de la persona que posa. El modelo no es más que un accidente, la ocasión. No es a él a quien revela el pintor; es más bien el pintor quien, sobre el lienzo coloreado, se revela. La razón de que no exponga el cuadro es que tengo miedo de haber mostrado el secreto de mi alma. Lord Henry rió. - Y, ¿cuál es...? -preguntó. -Te lo voy a decir -respondió Hallward; pero lo que apareció en su rostro fue una expresión de perplejidad. -Soy todo oídos, Basil -insistió su acompañante, mirándolo de reojo. -En realidad es muy poco lo que hay que contar, Harry -respondió el pintor-, y mucho me temo que apenas lo entenderías. Quizá tampoco te lo creas. 

 11 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ Lord Henry sonrió y, agachándose, arrancó de entre el césped una margarita de pétalos rosados y se puso a examinarla. -Estoy seguro de que lo entenderé -replicó, contemplando fijamente el pequeño disco dorado con plumas blancas-; y en cuanto a creer cosas, me puedo creer cualquiera con tal de que sea totalmente increíble. El aire arrancó algunas flores de los árboles, y las pesadas floraciones de lilas, con sus pléyades de estrellas, se balancearon lánguidamente. Un saltamontes empezó a cantar junto a la valla, y una libélula, larga y delgada como un hilo azul, pasó flotando sobre sus alas de gasa marrón. Lord Henry tuvo la impresión de oír los latidos del corazón de Basil Hallward, y se preguntó qué iba a suceder. -Es una historia muy sencilla -dijo el pintor después de algún tiempo-. Hace dos meses asistí a una de esas fiestas de lady Brandon a las que va tanta gente. Ya sabes que nosotros, los pobres artistas, tenemos que aparecer en sociedad de cuando en cuando para recordar al público que no somos salvajes. Vestidos de etiqueta y con corbata blanca, como una vez me dijiste, cualquiera, hasta un corredor de Bolsa, puede ganarse reputación de civilizado. Bien; cuando llevaba unos diez minutos en el salón, charlando con imponentes viudas demasiado enjoyadas y tediosos académicos, noté de pronto que alguien me miraba. Al darme la vuelta vi a Dorian Gray por vez primera. Cuando nuestros ojos se encontraron, me noté palidecer. Una extraña sensación de terror se apoderó de mí. Supe que tenía delante a alguien con una personalidad tan fascinante que, si yo se lo permitía, iba a absorber toda mi existencia, el alma entera, incluso mi arte. Yo no deseaba ninguna influencia exterior en mi vida. Tú sabes perfectamente lo independiente que soy por naturaleza. Siempre he hecho lo que he querido; al menos, hasta que conocí a Dorian Gray. Luego..., aunque no sé cómo explicártelo. Algo parecía decirme que me encontraba al borde de una crisis terrible. Tenía la extraña sensación de que el Destino me reservaba exquisitas alegrías y terribles sufrimientos. Me asusté y me di la vuelta para abandonar el salón. No fue la conciencia lo que me impulsó a hacerlo: más bien algo parecido a la cobardía. No me atribuyo ningún mérito por haber tratado de escapar. -Conciencia y cobardía son en realidad lo mismo, Basil. La conciencia es la marca registrada de la empresa. Eso es todo. -No lo creo, Harry, y me parece que tampoco lo crees tú. Fuera cual fuese mi motivo, y quizá se tratara orgullo, porque he sido siempre muy orgulloso, conseguí llegar a duras penas hasta la puerta. Pero allí, por supuesto, me tropecé con lady Brandon. «¿No irá usted a marcharse tan pronto, señor 

 12 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ Hallward?», me gritó. ¿Recuerdas la voz tan peculiarmente estridente que tiene? -Sí; es un pavo real en todo menos en la belleza -dijo lord Henry, deshaciendo la margarita con sus largos dedos nerviosos. -No me pude librar de ella. Me presentó a altezas reales, a militares y aristócratas, y a señoras mayores con gigantescas diademas y narices de loro. Habló de mí como de su amigo más querido. Sólo había estado una vez con ella, pero se le metió en la cabeza convertirme en la celebridad de la velada. Creo que por entonces algún cuadro mío tuvo un gran éxito o al menos se habló de él en los periódicos sensacionalistas, que son el criterio de la inmoralidad del siglo XIX. De repente, me encontré cara a cara con el joven cuya personalidad me había afectado de manera tan extraña. Estábamos muy cerca, casi nos tocábamos. Nuestras miradas se cruzaron de nuevo. Fue una imprudencia por mi parte, pero pedí a lady Brandon que nos presentara. Quizá no fuese imprudencia, sino algo sencillamente inevitable. Nos hubiésemos hablado sin necesidad de presentación. Estoy seguro de ello. Dorian me lo confirmó después. También él sintió que estábamos destinados a conocernos. -Y, ¿cómo describió lady Brandon a ese joven maravilloso? -preguntó su amigo-. Sé que le gusta dar un rápido resumen de todos sus invitados. Recuerdo que me llevó a conocer a un anciano caballero de rostro colorado, cubierto con todas las condecoraciones imaginables, y me confió al oído, en un trágico susurro que debieron oír perfectamente todos los presentes, los detalles más asombrosos. Sencillamente huí. Prefiero desenmascarar a las personas yo mismo. Pero lady Brandon trata a sus invitados exactamente como un subastador trata a sus mercancías. O los explica completamente del revés, o cuenta todo excepto lo que uno quiere saber. -¡Pobre lady Brandon! ¡Eres muy duro con ella, Harry! -dijo Hallward lánguidamente. -Mi querido amigo, esa buena señora trataba de fundar un salón, pero sólo ha conseguido abrir un restaurante. ¿Cómo quieres que la admire? Pero, dime, ¿qué te contó del señor Dorian Gray? -Algo así como «muchacho encantador, su pobre madre y yo absolutamente inseparables. He olvidado por completo a qué se dedica, me temo que..., no hace nada... Sí, sí, toca el piano, ¿o es el violín, mi querido señor Gray?» Ninguno de los dos pudimos evitar la risa, y nos hicimos amigos al instante. -La risa no es un mal principio para una amistad y, desde luego, es la mejor manera de terminarla -dijo el joven lord, arrancando otra margarita. 

 13 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ Hallward negó con la cabeza. -No entiendes lo que es la amistad, Harry -murmuró-; ni tampoco la enemistad, si vamos a eso. Te gusta todo el mundo; es decir, todo el mundo te deja indiferente. -¡Qué horriblemente injusto eres conmigo! -exclamó lord Henry, echándose el sombrero hacia atrás para mirar a las nubecillas que, como madejas enmarañadas de brillante seda blanca, vagaban por la oquedad turquesa del cielo veraniego-. Sí; horriblemente injusto. Ya lo creo que distingo entre la gente. Elijo a mis amigos por su apostura, a mis conocidos por su buena reputación y a mis enemigos por su inteligencia. No es posible excederse en el cuidado al elegir a los enemigos. No tengo ni uno solo que sea estúpido. Todos son personas de cierta talla intelectual y, en consecuencia, me aprecian. ¿Te parece demasiada vanidad por mi parte? Creo que lo es. -Coincido en eso contigo. Pero según tus categorías yo no debo de ser más que un conocido. -Mi querido Basil: eres mucho más que un conocido. -Y mucho menos que un amigo. Algo así como un hermano, ¿no es cierto? -¡Ah, los hermanos! No me gustan los hermanos. Mi hermano mayor no se muere, y los menores nunca hacen otra cosa. -¡Harry! -exclamó Hallward, frunciendo el ceño. -No hablo del todo en serio. Pero me es imposible no detestar a mi familia. Imagino que se debe a que nadie soporta a las personas que tienen sus mismos defectos. Entiendo perfectamente la indignación de la democracia inglesa ante lo que llama los vicios de las clases altas. Las masas consideran que embriaguez, estupidez e inmoralidad deben ser exclusivo patrimonio suyo, y cuando alguno de nosotros se pone en ridículo nos ven como cazadores furtivos en sus tierras. Cuando el pobre Southwark tuvo que presentarse en el Tribunal de Divorcios, la indignación de las masas fue realmente magnífica. Y, sin embargo, no creo que el diez por ciento del proletariado viva correctamente. -No estoy de acuerdo con una sola palabra de lo que has dicho y, lo que es más, estoy seguro de que a ti te sucede lo mismo. Lord Henry se acarició la afilada barba castaña y se golpeó la punta de una bota de charol con el bastón de caoba. 

 14 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ -¡Qué inglés eres, Basil! Es la segunda vez que haces hoy esa observación. Si se presenta una idea a un inglés auténtico (lo que siempre es una imprudencia), nunca se le ocurre ni por lo más remoto pararse a pensar si la idea es verdadera o falsa. Lo único que considera importante es si el interesado cree lo que dice. Ahora bien, el valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad de la persona que la expone. En realidad, es probable que cuanto más insincera sea la persona, más puramente intelectual sea la idea, ya que en ese caso no estará coloreada ni por sus necesidades, ni por sus deseos, ni por sus prejuicios. No pretendo, sin embargo, discutir contigo ni de política, ni de sociología, ni de metafísica. Las personas me gustan más que los principios, y las personas sin principios me gustan más que nada en el mundo. Cuéntame más cosas acerca de Dorian Gray. ¿Lo ves con frecuencia? -Todos los días. No sería feliz si no lo viera todos los días. Me es absolutamente necesario. -¡Extraordinario! Creía que sólo te interesaba el arte. -Dorian es todo mi arte dijo el pintor gravemente-. A veces pienso, Harry, que la historia del mundo sólo ha conocido dos eras importantes. La primera es la que ve la aparición de una nueva técnica artística. La segunda, la que asiste a la aparición de una nueva personalidad, también para el arte. Lo que fue la invención de la pintura al óleo para los venecianos, o el rostro de Antinoo para los últimos escultores griegos, lo será algún día para mí el rostro de Dorian Gray. No es sólo que lo utilice como modelo para pintar, para dibujar, para hacer apuntes. He hecho todo eso, por supuesto. Pero para mí es mucho más que un modelo o un tema. No te voy a decir que esté insatisfecho con lo que he conseguido, ni que su belleza sea tal que el arte no pueda expresarla. No hay nada que el arte no pueda expresar, y sé que lo que he hecho desde que conocí a Dorian Gray es bueno, es lo mejor que he hecho nunca. Pero, de alguna manera curiosa (no sé si me entenderás), su personalidad me ha sugerido una manera completamente nueva, un nuevo estilo. Veo las cosas de manera distinta, las pienso de forma diferente. Ahora soy capaz de recrear la vida de una manera que antes desconocía. «Un sueño de belleza en días de meditación». ¿Quién ha dicho eso? No me acuerdo; pero eso ha sido para mí Dorian Gray. La simple presencia de ese muchacho, porque me parece poco más que un adolescente, aunque pasa de los veinte, su simple presencia... ¡Ah! Me pregunto si puedes darte cuenta de lo que significa. De manera inconsciente define para mí los trazos de una nueva escuela, una escuela que tiene toda la pasión del espíritu romántico y toda la perfección de lo griego. La armonía del alma y del cuerpo, ¡qué maravilla! En nuestra locura hemos separado las dos cosas, y hemos inventado un realismo que es vulgar, y un idealismo hueco. ¡Harry! ¡Si supieras lo que Dorian es para mí! ¿Recuerdas aquel paisaje mío, por el que Agnew me ofreció tanto dinero, pero del que no quise desprenderme? Es una de las mejores cosas que he hecho nunca. Y, ¿por qué? Porque mientras lo pintaba Dorian Gray estaba a mi lado. Me transmitía 

 15 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ alguna influencia sutil y por primera vez en mi vida vi en un simple bosque la maravilla que siempre había buscado y que siempre se me había escapado. -¡Eso que cuentas es extraordinario! He de ver a Dorian Gray. Hallward se levantó del asiento y empezó a pasear por el jardín. Al cabo de unos momentos regresó. -Harry -dijo-, Dorian Gray no es para mí más que un motivo artístico. Quizá tú no veas nada en él. Yo lo veo todo. Nunca está más presente en mi trabajo que cuando no aparece en lo que pinto. Es la sugerencia, como he dicho, de una nueva manera. Lo encuentro en las curvas de ciertas líneas, en el encanto y sutileza de ciertos colores. Eso es todo. -Entonces, ¿por qué te niegas a exponer su retrato? -preguntó lord Henry. -Porque, sin pretenderlo, he puesto en ese cuadro la expresión de mi extraña idolatría de artista, de la que, por supuesto, nunca he querido hablar con él. Nada sabe. No lo sabrá nunca. Pero quizá el mundo lo adivine; y no quiero desnudar mi alma ante su mirada entrometida y superficial. Nunca pondré mi corazón bajo su microscopio. Hay demasiado de mí mismo en ese cuadro, Harry, ¡demasiado de mí mismo! -Los poetas no son tan escrupulosos como tú. Saben lo útil que es la pasión cuando piensan en publicar. En nuestros días un corazón roto da para muchas ediciones. -Los detesto por eso -exclamó Hallward-. Un artista debe crear cosas hermosas, pero sin poner en ellas nada de su propia existencia. Vivimos en una época en la que se trata el arte como si fuese una forma de autobiografía. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza. Algún día mostraré al mundo lo que es eso; y ésa es la razón de que el mundo no deba ver nunca mi retrato de Dorian Gray. -Creo que estás equivocado, pero no voy a discutir contigo. Sólo discuten los que están perdidos intelectualmente. Dime, Dorian Gray te tiene mucho afecto? El pintor reflexionó durante unos instantes. -Me tiene afecto -respondió, después de una pausa-; sé que me tiene afecto. Es cierto, por otra parte, que lo halago terriblemente. Hallo un extraño placer en decirle cosas de las que sé que después voy a arrepentirme. Por regla general es encantador conmigo, y nos sentamos en el estudio y hablamos de 

 16 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ mil cosas. De cuando en cuando, sin embargo, es terriblemente desconsiderado, y parece disfrutar haciéndome sufrir. Entonces siento que he entregado toda mi alma a alguien que la trata como si fuera una flor que se pone en el ojal, una condecoración que deleita su vanidad, un adorno para un día de verano. -En verano los días suelen ser largos, Basil -murmuró lord Henry-. Quizá te canses tú antes que él. Es triste pensarlo, pero sin duda el genio dura más que la belleza. Eso explica que nos esforcemos tanto por cultivarnos. En la lucha feroz por la existencia queremos tener algo que dure, y nos llenamos la cabeza de basura y de datos, con la tonta esperanza de conservar nuestro puesto. La persona que lo sabe todo: ése es el ideal moderno. Y la mente de esa persona que todo lo sabe es una cosa terrible, un almacén de baratillo, todo monstruos y polvo, y siempre con precios por encima de su valor verdadero. Creo que tú te cansarás primero, de todos modos. Algún día mirarás a tu amigo, y te parecerá que está un poco desdibujado, o no te gustará la tonalidad de su tez, o cualquier otra cosa. Se lo reprocharás con amargura, y pensarás, muy seriamente, que se ha portado mal contigo. La siguiente vez que te visite, te mostrarás perfectamente frío e indiferente. Será una pena, porque te cambiará. Lo que me has contado es una historia de amor, habría que llamarla historia de amor estético, y lo peor de toda historia de amor es que después tino se siente muy poco romántico. -Harry, no hables así. Mientras viva, la personalidad de Dorian Gray me dominará. No puedes sentir lo que yo siento. Tú cambias con demasiada frecuencia. -¡Ah, mi querido Basil, precisamente por eso soy capaz de sentirlo! Los que son fieles sólo conocen el lado trivial del amor: es el infiel quien sabe de sus tragedias. Lord Henry frotó una cerilla sobre un delicado estuche de plata y empezó a fumar un cigarrillo con un aire tan pagado de sí mismo y tan satisfecho como si hubiera resumido el mundo en una frase. Los gorriones alborotaban entre las hojas lacadas de la enredadera y las sombras azules de las nubes se perseguían sobre el césped como golondrinas. ¡Qué agradable era estar en el jardín! ¡Y cuán deliciosas las emociones de otras personas! Mucho más que sus ideas, en opinión de lord Henry. Nuestra alma y las pasiones de nuestros amigos: ésas son las cosas fascinantes de la vida. Le divirtió recordar en silencio el tedioso almuerzo que se había perdido al quedarse tanto tiempo con Basil Hallward. Si hubiera ido a casa de su tía, se habría encontrado sin duda con lord Goodboy, y sólo habrían hablado de alimentar a los pobres y de la necesidad de construir 

 17 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ alojamientos modelo. Todos los comensales habrían destacado la importancia de las virtudes que su situación en la vida les dispensaba de ejercitar. Los ricos hablarían del valor del ahorro, y los ociosos se extenderían elocuentemente sobre la dignidad del trabajo. ¡Era delicioso haber escapado a todo aquello! Mientras pensaba en su tía, algo pareció sorprenderlo. Volviéndose hacia Hallward, dijo: -Acabo de acordarme. -¿Acordarte de qué, Harry? -De dónde he oído el nombre de Dorian Gray. -¿Dónde? -preguntó Hallward, frunciendo levemente el ceño. -No es necesario que te enfades. Fue en casa de mi tía, lady Agatha. Me dijo que había descubierto a un joven maravilloso que iba a ayudarla en el East End y que se llamaba Dorian Gray. Tengo que confesar que nunca me contó que fuese bien parecido. Las mujeres no aprecian la belleza; al menos, las mujeres honestas. Me dijo que era muy serio y con muy buena disposición. Al instante me imaginé una criatura con gafas y de pelo lacio, horriblemente cubierto de pecas y con enormes pies planos. Ojalá hubiera sabido que se trataba de tu amigo. -Me alegro mucho de que no fuese así, Harry. -¿Por qué? -No quiero que lo conozcas. -¿No quieres que lo conozca? -No. -El señor Dorian Gray está en el estudio -anunció el mayordomo, entrando en el jardín. -Ahora tienes que presentármelo -exclamó lord Henry, riendo. El pintor se volvió hacia su criado, a quien la luz del sol obligaba a parpadear. -Dígale al señor Gray que espere, Parker. Me reuniré con él dentro de un momento. 18 Oscar Wilde El Retrato de Dorian Gray http://www.liderazgoymercadeo.com/ El mayordomo hizo una inclinación y se retiró. Hallward se volvió después hacia lord Henry. -Dorian Gray es mi amigo más querido -dijo-. Es una persona sencilla y bondadosa. Tu tía estaba en lo cierto al describirlo. No lo eches a perder. No trates de influir en él. Tu influencia sería mala. El mundo es muy grande y encierra mucha gente maravillosa. No me arrebates la única persona que da a mi arte todo el encanto que posee: mi vida de artista depende de él. Tenlo en cuenta, Harry, confío en ti -hablaba muy despacio, y las palabras parecían salirle de la boca casi contra su voluntad. -¡Qué tonterías dices! -respondió lord Henry, con una sonrisa. Luego, tomando a Hallward del brazo, casi lo condujo hacia la casa.

Archivo del blog

Introducción Federico Peltzer POESIA SOBRE LA POESIA (En la literatura argentina

  Introducción Quizá la primera actitud del hombre, al evolucionar en el uso del leng ua- je, haya sido la de contar aquello que le había ...

Páginas