INTRODUCCIÓN
Entre 1946 y 1955 se escribe en España un conjunto de novelas
en las que el clima de angustia y pesimismo característico de la
posguerra mundial se refleja, con mayor o menor nitidez, en planteamientos difusamente existencialistas, proyectados temáticamente
en puntos como el individualismo radical, la introversión psicológica, la soledad, el fracaso o la preocupación por los problemas de
la trascendencia, la muerte, el dolor.
Si la directa influencia del existencialismo es claramente perceptible en Lázaro calla, la novela inicial de Gabriel Celaya, y, con
otro objeto, en Las últimas horas, de José Suárez Carreño, así como, tal vez, en las dos primeras publicadas en España por Alejandro Núñez Alonso, y si tal filosofía es expresamente mencionada
en las dos con las que José Luis Castillo-Puche da inicio a su carrera literaria, menos preciso habrá de ser su reflejo en algunas obras
de autores como Delibes, Pombo Angulo, Darío Fernández Flórez,
Fernández de la Reguera, García Luengo o Nácher, coincidentes
todos ellos en una cierta profundización metafísica, ajena por entonces a las preocupaciones de la narrativa española.
El entorno, poco o nada propicio (cuando no hostil) a la asimilación de las ideas existencialistas, siempre en franca desventaja frente
al neotomismo dominante en el panorama filosófico español dé la
época, no habría de favorecer, ciertamente, la penetración en nuestra novelística de finales de los años cuarenta y principios de los
10 La novela existencial española de posguerra
cincuenta de tales inquietudes. El surgimiento de una tendencia literaria autónoma, el tremendismo, tantas veces erróneamente identificado como variante española del existencialismo francés, sería la
violenta respuesta de aquella narrativa a la imposibilidad de crear
a partir de moldes forjados por la contemporaneidad más que por
la herencia de un pasado, por otra parte, de difícil recuperación.
Prácticamente silenciada entre los literariamente oscuros años
cuarenta y la pujante corriente social de los cincuenta, nuestra novela existencial (de representación numérica obviamente reducida)
integra, sin embargo, algunos de los títulos más sobresalientes de
aquel tiempo característico de una generación de escritores a veces
un tanto perdidos, como sus propios personajes, en el vacío del
recuerdo lejano o en el olvido absoluto. Su recuperación, a efectos
históricos, tal vez pueda contribuir a la organización del confuso
panorama de tendencias anteriores a la narrativa social de la década de los cincuenta. En la cadena que quizá algún día sea posible
establecer, dentro de nuestra reciente novelística, como eje de una
interiorización en la angustiosa realidad de la condición humana,
las obras aquí evocadas habrán de presentarse como un eslabón
l.;
insoslayable.
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