domingo, 6 de septiembre de 2026

LAS NUEVE VIDAS DE SAFO LAURE DE CHANTAL

 


Introducción


Las olas

¿Cómo puede una mujer del siglo VII a. C. hablarnos hoy de feminismo? Esta es la historia, o más bien las historias, que narra este libro. El feminismo, o la búsqueda de una justicia entre individuos sea cual sea su sexo, suele compararse con una serie de olas sucesivas. La primera se atisbó en las costas de Inglaterra, en pleno siglo XIX, siglo particularmente misógino, cuando las sufragistas reivindicaron sus derechos civiles. La segunda se formó al otro lado del océano, en la costa americana, en los años 60 del siglo pasado, antes de que rompiera la libertad sexual sobre toda una generación, en Occidente. La tercera es un tsunami dirigido contra el conjunto de las discriminaciones, que muestra que las vejaciones que sufren las mujeres y su sistemático menosprecio solo son un aspecto de un problema mucho más amplio, la punta de un iceberg que horroriza a la dignidad humana. La cuarta levanta un muro, un «muro de la vergüenza», contra las diversas violencias, a menudo sutiles y engañosas, sufridas o temidas por las mujeres.

Esta metáfora de la ola —por bella y justa que sea— es tan exaltante como limitada, porque las olas no tardan en romper contra las rocas y hacen falta millones para desgastarlas. En cuanto pasa la tormenta, es «el mar, el mar siempre una y otra vez»,1* sin que cada ola pueda hacer más que una gota de agua contra el inmutable y triunfante orden establecido… a no ser que las olas sean mucho más antiguas y numerosas. Así pues, los pocos diques que han cedido desde el siglo XIX son el resultado de múltiples olas de fondo que pacientemente, desde tiempos antiguos, lo han erosionado todo. Ahora ya fragilizados, los mastodontes de la dominación masculina no tardarán en derrumbarse uno tras otro, como colosos con pies de barro.

 

En mi opinión, la ola inicial, antepasada y modelo al mismo tiempo de tantas otras, vino a abrazar la costa soleada de la isla de Lesbos en el siglo VII a. C., cuando Safo,2** una poetisa, tomó la palabra para decir «yo» y la escuchó todo el mundo. Safo no solo fue la primera mujer escritora, sino también la primera persona que escribió en su propio nombre, sin invocar la ayuda de las musas. La primera confesión humana es de una mujer; el primer autor, una autora; antes de ella, solo había historias que circulaban desde la noche de los tiempos, increadas. No había autor, solo intérpretes. Qué bofetón para quienes se han esforzado después por poner a las mujeres en un lugar secundario, por convertirlas en Evas nacidas «de» Adán y «después» de él, representantes del segundo sexo (por talentosas que fueran), siempre números 2, ¡como en el de la Seguridad Social!***3 Safo es la primera y, desde entonces, su nombre ha servido de modelo o de punto de apoyo para todas las pioneras, de cualquier época y en numerosos ámbitos, culturales desde luego, pero también políticos y sociales. No solo Christine de Pizan, Olympe de Gouges o Marguerite Yourcenar se han situado bajo la égida de Safo, sino también muchas mujeres y hombres que han trabajado por la libertad de las mujeres en particular y de la humanidad en general. Ha sido la portavoz de todas aquellas y aquellos que osaron no hacer las cosas como imponía la sociedad, con más o menos cortesía agresiva o coerción contenida.

Venerada por unos, exterminada por otros, la obra de Safo tiene una historia, fascinante y fabulosa, que narra y cristaliza el deseo de dominación de los unos y la voluntad de liberación de las otras. Reina de los banquetes, filosóficos o libertinos, es condenada por los padres de la Iglesia; bruja medieval, renace como ideal de la cultura en el Renacimiento, alienta a las primeras escritoras, se convierte en efigie política durante la Revolución… Cada época tiene su Safo, y la vemos morir y revivir donde menos lo esperamos, alternativamente heroína de novela, mujer fatal o icono LGTB.

Lo que tienen en común las distintas metamorfosis de Safo es que convierten a la poetisa en la primera figura feminista, la que todo el mundo debería conocer o reconocer. De esas vidas nuevas, este libro narra nueve. Pero sin duda habría muchas otras. Tal vez, quién sabe, una en cada uno de nosotros, pues la obra de Safo nos tiende un espejo mágico, en el cual vemos algo más lejos y algo mejor que por nosotros mismos: nos invita a considerar el feminismo ya no solo como un momento crucial de la historia contemporánea, sino también como una filosofía de la justicia y la equidad, compartida y accesible a todo el mundo, en la raíz del humanismo.

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