sábado, 3 de octubre de 2026

Mito o logos Hacia La República de Platón Carlos Gaviria Díaz



 

El porqué de esta publicación 

En 1987 la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, donde enseñaba Introducción y Filosofía del Derecho, me concedió un año sabático, a solici tud mía para escribir un trabajo sobre saber virtud y poder en Platón, asunto que de tiempo atrás consti tuía para mí una preocupación intelectual y casi una obsesión. Tenía previsto dedicar los primeros seis meses a re pasar y profundizar en la bibliografía atinente al tema y a poner en orden mis propias reflexiones para dedicar los seis restantes a la tarea de escribir. Cuando apenas comenzaba ésta ocurrió un hecho trágico para el país, desestabilizador de mi tranquilidad y perturbador de mi vida afectiva y familiar: el asesinato de Héctor Abad Gómez y de su discípulo entrañable Leonardo Betancur compañeros de luchas universita rias y aliados en la defensa de los derechos humanos en el comité regional de Antioquia, del cual Abad Gómez era presidente y yo vicepresidente. El hecho horrendo ocurrió el 25 de agosto. El 24 habíamos tenido una reunión del comité, intensa y de 7 malos presagios, y el 26 grité en el cementerio un dis curso tembloroso de despedida a mis amigos. El Rector de la Universidad, Eduardo Cano Gavi ria, un demócrata de verdad, me envió un mensaje tan preocupante como razonable "No queremos más muer tos en la Universidad". A los pocos días con la comprensión y el apoyo ge neroso de la institución salí para Buenos Aires sin fe cha de regreso, con la misma angustia e incertidumbre en que quedaban mi esposa mis hijos y unos cuantos amigos cuya lealtad ha sobrevivido a las más adversas circunstancias. En Buenos Aires encontré un refugio propicio para mi tarea: la Biblioteca Nacional, la de la calle México, donde Borges había recibido de Dios el beneficio de la ceguera y el castigo de los libros Encontré allí obras lar gamente perseguidas en vano (no estábamos aún en la era de la internet) que jugaban a aminorar mi angustia. Había llevado conmigo el primero de diez capítulos que proyectaba escribir y logré concluir otros tres. A mi regreso, la Universidad me asignó nuevas responsabili dades que asumí con entusiasmo pero que me distraje ron del propósito justificativo del sabático. Después: ocho años en la Corte Constitucional de un trabajo intenso; cuatro en el Senado, escenario para mí nuevo y desconcertante; luego una ardua participa ción en la política, que jamás había hecho parte de mi proyecto de vida incluida una candidatura a la Presi dencia de la República en representación de un partido nuevo a cuya fundación había contribuido con profun da convicción. Ya me había resignado a aceptar la frustración de mi empeño inicial y casi había olvidado las escasas páginas escritas, pero el azar de un cambio de domicilio me las puso enfrente las relei y no las encontré indignas Las di a leer a unos pocos amigos, de inteligencia indudable pero de vocación y ejercicios diversos, y me estimularon a revelarlas, como anuncio de que pondría manos a la obra para reanudar el camino He aceptado el compro miso aunque no sé si las fuerzas que me restan serán suficientes para culminar la tarea. Quien se anime a leer lo que he decidido publicar verá al vuelo que no son páginas para filósofos profe sionales ni para consumados helenistas ni platonistas (mal podría hacerlo quien no es filósofo de formación y apenas si puede descifrar unas cuantas palabras del 9 griego) Son más bien para quienes se acercan al pensa miento filosófico con espíritu lúdico y gozoso y conside ran que entendida de ese modo, la filosofía nos incita a pensar y repensar y nos ayuda a vivir. Los cuatro capítulos que se publican son una parte introductoria a la filosofía de Platón y, específicamente, a la que, desde mi perspectiva constituye la obra más acabada del pensamiento platónico: La República. Con ese propósito he elegido unos cuantos hitos de lo que pudiéramos llamar el pensamiento preplatóni co, imprescindibles a mi juicio para un entendimiento cabal y provechoso de la obra inmensa de Platón As piro a que lo que propongo como un recorrido previo nos conduzca hasta el umbral de La República para abordar en la segunda parte el análisis de los que con sidero diálogos preparatorios de la gran construcción, algunos de ellos típicamente socráticos (aporéticos o problemáticos que finalizan con una pregunta sin res puesta) y algunos protrépticos o exhortativos, más ca racterizadamente platónicos, en los que se pone todo un aparato dialéctico al servicio de una demostración en ocasiones explícita y las más de las veces apenas in sinuada pues una de las destrezas de Platón consiste IO en trasponer sutilmente esa línea, difusa en ocasiones, que separa el discurso racional de la divagación poéti ca, es decir, el logos del mito.

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