CAPÍTULO III
DE LOS SOSPECHOSOS
¿Qué hace el juguetero de la muerte? ¿Es cierto que de pequeño armó y desarmó las muñecas de su hermana mayor? ¿Fue de ahí que le vino esa curiosidad por armar y desarmar objetos? ¿Qué hace y deshace a su antojo? En él la muerte capitanea y termina pero, también posee otro estadio, otra forma de dimensión, otra forma de temor, otra voz de mando, incluso otra forma de juego.
El juguetero está sentado en la barra del bar, afuera los grandes árboles de corcho dialogan con la noche y la llovizna. Mira en derredor: todos celebran las fiestas de fin de año. ¡Él no, nunca le han gustado las fiestas decembrinas! ¿Por qué? A él siempre le sucede algo los fines de año: ¡fracturas de costillas, enfermo de la próstata, una infección en la garganta, una úlcera duodenal, ardor en la lengua por días, y altas temperaturas! Todo es posible que le suceda a su cuerpo, es como si poseyera una maldición ancestral que arrastra por culpa de su familia. SÍ, eso piensa, que su familia está sellada por la tragedia, él piensa que la familia Frontela está marcada con un hierro candente en sus carnes y no solo él, sino sus abuelos, sus tíos, sus primos y sus hermanos.
Existen familias que la tragedia los cobija con su manto desde: suicidios, homicidios, enfermedades hereditarias, y de una vida de infelicidad. Frontela lo sabe pero, él no piensa en la maldición de la familia, prefiere ignorarlo, porque eso es imposible, porque él es un hombre de ciencia y la ciencia no acepta esas estupideces, y sin embargo, por momentos siente temor, un temor ancestral que le previene, que lo pone alerta.
¿Cómo era la mujer, juguetero? ¡Bella! Era mejor entonces, dejar la necropsia a sus alumnos con el pretexto que era parte de la signatura de patología. Les dijo que él se iría por una o dos horas y que luego regresaría para observar la evolución de la necropsia. Pero, él sabe que es un hipócrita, que no fue esa la razón por la que abandonó la Morgue. Hacer dos necropsias en pocos días de dos mujeres bellas, no lo soportaría. Porque la primera fue la semana anterior en la clínica, cuando diseccionó el cuerpo de una scort de nombre Cristina Gutiérrez y que fue asesinada…
Frontela sabe que él es más destructor que constructor en su trabajo pero, él no se inmuta. Siempre le han intrigado las formas que puede tener la muerte, las formas en que puede llegar hasta uno. La Muerte para David Frontela no solo es un concepto abstracto, por supuesto que no lo es.
“Quizá, en la cantina estará Mario Esquivel” pensó antes de llegar.Mario Esquivel lo inició en el consumo de la cocaína cuando era muy joven. Un vicio que ha sabido postergar y tener oculto por períodos de tiempo alejado de él y su profesión.
Frontela, reconoce que es una contradicción entre los dos hombres que existen en él: el profesional y el amante de las drogas de diversión. Ha tenido la oportunidad de probar otras drogas pero, se inclina por la coca como un remedio y una vitalidad que le hace trabajar y estar despierto por muchas horas. Incluso el hambre, ¿cuál hambre?, no lo asalta en esas jornadas de 18 horas.
A David Frontela le agradan las fiestas pero, es un hombre reservado en el nosocomio: sospecha que de ahí los excesos en su vida paralela, se dice que la vida es una paradoja y él es el ejemplo. Vida y muerte lo acompañan.
Primero la muerte y luego la diversión, otra paradoja de su vida porque debería de ser al revés o esa es la conducta que siguen las personas porque David Frontela desea dominar el mundo con sus manos como lo hace con sus muertos.
(Fragmento. Novela. La confesión).

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