[ No, ya todo es tan lejano, ahora solo sentís temor porque estás cerca del umbral: y mirás a la Muerte como un monte pelado y vos: caminando hacia ella con un simple morral y casi desnudo con todos los fríos, la soledad y la desmemoria del mundo. Ya todo se desvanece aquí o quizá principia, no lo sabés. Hasta la fuerza del cuerpo te abandona.
Por
un momento te sentís vacío de recuerdos, de memorias, de sentimientos. Quizá lo
único que no te abandona en esta miseria de la soledad es tu ¨Yo¨ ambiguo y enfermo. Pero, ya nada te
importa en la liviandad del sueño, por momentos esperás que todo los placeres
del mundo y toda la belleza del mundo se reduzca a esta paz que ahora te
cobija.
Es
algo superior tensado en el mismo nervio, en la misma noche que ahora te
envuelve. Más abajo, más abajo, bajás un escalón más para mirar lo que has
bajado; y entonces, de nuevo escuchás su voz:
– ¡Ámame, Roberto! Pero, a la frase de la jovencita, vos sabés que no podés dar nada a cambio porque estás vacío, porque has caminado al otro lado, a la otra orilla de los placeres y que poco a poco te has ido transformando en un capullo del silencio, en un capullo de la Nada].
Fragmento. La noche del sicofante. Novela. Últimas revisiones.

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