miércoles, 30 de septiembre de 2026

MARTIN HEIDEGGER Experiencias del pensar (1910-1976) edición de HERMANN HEIDEGGER traducción de FRANCISCO DE LARA

 


¿Qué es el TIEM PO? 

Podría pensarse que el autor de Ser Y tiempo debería saberlo. Pero no lo sabe, de modo que todavía hoy pregunta. Preguntar significa prestar o do a lo que a uno le es concedido. Dicho prestar oído, más allá de lo meramente actual, a aquello que mueve desde lejos y hacia la lejanía el curso his tórico de nuestra época, me parece ser la actitud valiente, cau telosa y fructífera de su semanario EL TIEM PO. Me alegra tener ocasión de poder agradecerles con estas líneas algunas posturas meritorias y clarificadoras, así como sus indicaciones dignas de confianza. Que la vivificadora participación en su trabajo crezca por doquier en silencio.

martes, 29 de septiembre de 2026

MARIA ESTHER VÁZQUEZ EL MUNDO DE MANUEL MUJICA LAINEZ




Prólogo 

Este libro reúne una serie de conversaciones en las que Manuel Mujica Lainez es el protagonista. En él, nuestro escritor se refiere a su infancia, a su educación, a su trabajo como periodista, a su condición de académico y de funcionario y, sobre esta vida cotidiana, aparece el escritor que habla de su obra. Desde su primer libro, inédito y escrito a los catorce años, hasta El escarabajo, publicado en 1982, son comen tados por Mujica Lainez sus libros capitales. Pero vida y obra se mezclan y las personas que conoció a lo largo de su vida de periodista y de viajero se superponen con los protagonistas de sus libros. Y el soldado español de Misteriosa Buenos Aires es tan real como Alexander Flemming, y Gabriela Mistral se cruza con la tía Duma, y el poeta Lucio Sausilvestre y Alberto Gerchunoff pa recen mirarse en el mismo espejo. Ficción y realidad son vistas por Mujica Lainez con la ironía y sabia aquiescen cia de quien ha vivido y trabajado intensamente. La gracia y la espiritualidad de Mujica Lainez aso man en cada página, en cada observación y en cada anéc dota. Este libro comprende diez capítulos donde habla el escritor siguiendo cronológicamente los trabajos y sucesos de su vida. El capítulo XI contiene dos diálogos, uno, con Jorge Luis Borges, en el cual ambos se refieren a su amor por Buenos Aires; en el segundo, con Silvina Bullrich, se analizan sus diferentes y personales experiencias lite rarias. El capítulo XII contiene una entrevista con el crí tico Jorge Cruz, que ha escrito el mejor y más completo libro sobre Mujica Lainez, y habla de algunos aspectos de la obra del escritor. Se han agregado finalmente unas páginas manuscritas de uno de sus “famosos” cuadernos de notas. Cuando se conoce a un escritor o a un poeta, a quie nes se ha admirado a través de su obra, a veces, las más de las veces, uno siente una especie de desengaño; el hombre defrauda porque no corresponde a la magnitud de su obra. En el caso de Manuel Mujica Lainez no sucede esto: al escritor admirable se contrapone el hombre bri llante, culto, ingenioso, amable conversador, siempre con la réplica justa a flor de labios, que aparece en este volu men. Me une a Mujica Lainez una larga y afectuosa amis tad ; este libro es el testimonio respetuoso de esa relación. M E. V.

lunes, 28 de septiembre de 2026

FICCIONES CIENTIFICAS Y OTROS ENSAYOS EN LÓGICA Y FILOSOFIA DE LA CIENCIA Juan David García Bacca

 


Presentación

 A setenta y cuatro años de la publicación de la Introducción a la Lógica Moderna (1936), texto introductor de la lógica matemática en el mundo de habla hispana, el nombre de Juan David García Bacca (1901-1992), no obs tante estar ligado a una de las contribuciones más originales, poderosas y significativas de la filosofía contemporánea, no acaba todavía de recibir la atención crítica y el reconocimiento historiográfico que merece. Y sin em bargo, como observa Carlos Beorlegui, . .nos encontramos ante una de las obras filosóficas más importantes de nuestra historia cultural”, cimentada sobre amplios y profundos conocimientos de teología, filología, física, geo metría, matemáticas, arte, poesía, literatura, historia, biología, economía, producción de un pensador que es -insiste Beorlegui- “...quizá la mente filosófica más poderosa de todas las que tenemos en América y una de las primeras figuras de la filosofía en lengua española de todos los tiempos”. Paradójicamente, muchas de sus ideas fundamentales como contextura, tecnema, suficiencia, taxeologíay transfinitud, aun no siempre y específicamente bajo la misma compostura léxica, han tenido mayor fortuna y difusión críti ca que el nombre y el pensamiento mismo de García Bacca por su empleo ordinario en amplios campos del saber. Tras un primer contacto y una lectura metafísica de corte existencialista y antropológico de la obra garcíabacquiana, que contribuyeron tal vez involuntariamente a aislarla del debate filosófico contemporáneo, los estu dios críticos de los años ochenta en adelante, realizados especialmente en Venezuela y España, estimulados y alentados desde la Universidad Central de Venezuela y la Fundación Juan David Garda Bacca en el primero de los países, además de la Editorial Anthropos en su país natal, han tenido el méri to innegable de haber puesto en evidencia sus ricas y múltiples coordenadas culturales y científicas. En particular, se ha claramente identificado los te mas mayores y pivotales de tan impresionante trayectoria, entre los cuales emergen las controvertidas relaciones entre ciencia y filosofía, entre técnica y ciencia, entre epistemología e historia de la ciencia, entre el hombre y la sociedad, la función de las matemáticas en la estructuración de las teorías físicas, el continuismo y discontinuismo históricos, la apropiación gnoseológica de la realidad física, la génesis y la estructura déla obra literaria y artística. Para comprender la filosofía garciabacquiana en su especificidad es me nester ubicarla históricamente en los acontecimientos de la primera mitad del siglo XX y en los dos grandes ejes aspersores de ideas filosóficas de su juventud que marcaron decididamente su producción intelectual: la gran tradición escolástica de la España de la época, por un lado; por el otro, el clima posconvencionalista que se generó en la Francia de los años 30 con el emerger de una rica y articulada literatura epistemológica sobre el status de la investigación científica, centrada especialmente en el desarrollo de la mate mática y de la física.

 Formado ética y filosóficamente en la España de inicios de siglo XX y ordenado sacerdote el 6 de junio de 1925, García Bacca reflexionó sobre la filosofía, sobre los conflictos éticos que ofrecen los horrores de la Gran Gue rra (1914 - 1918), sobre la Teología Dogmática (Universidad de Cervera, 1920 - 1923), sobre la Teología Moral y el Derecho Canónico (Colegio de Solsona, Lérida, 1924). Quizá los ecos de las grotescas subversiones de los valores espirituales y materiales propiciadas por la Primera Guerra Mundial y los admirables adelantos de la ciencia y de la técnica, animan al joven García Bacca a refugiarse en el seguro seno de los objetos abstractos de las matemáticas, de la física teórica (Universidad de Munich, 1927 - 1929) y de la lógica abstracta (Instituto Superior de Filosofía de Lovaina, Bélgica, y Universidad de Friburgo, Suiza, 1930). Sí, ciertamente, un sacerdote lego en física, pero que tiene la fortuna de cursar física atómica y relativista con Arnold Sommerfeld, uno de los padres de la mecánica cuántica, cuyas con tribuciones matemáticas a la teoría de la relatividad ayudaron a que los de más científicos escépticos la aceptasen, tutor de Werner Heisenberg, quien inventa la mecánica cuántica matricial y es reconocido por su famoso princi pio de incertidumbre, y de Wolfgang Pauli, quien propuso la existencia del neutrino. Es notable la influencia de estos estudios en García Bacca cuando se constatan dos grupos iniciales de escritos que claramente contrastan entre sí en lo que corresponde al tema y al alcance que el propio autor les otorga.

 El primer grupo de escritos se encuadra dentro de la tradición escolástica, cen trando su interés en la ontología y la teoría del conocimiento, pero insistien do en una crítica al escolasticismo; el segundo grupo de escritos lo constitu ye el estudio y reflexión sobre las ciencias formales, cuyo análisis discurre paralelamente a sus trabajos escolásticos, pero que, contrario a éstos, conti nuará cultivando y empleando a través de toda su vida. Así, a partir de 1930, se distinguen en uno el sacerdote, el filósofo de la ciencia y el maestro de Metafísica, Cosmología y Psicología (Colegio de Solsona, Lérida). 1930, año de los teoremas de Gódel, del descubrimiento del planeta Plutón, del primer mundial de fútbol y en el que otro hombre de gran alma, Mahatma Gandhi, inicia la histórica Marcha de la Sal, una acción más en la campaña de desobediencia civil en contra de la ocupación inglesa de la India. En aquellos años una pléyade de autores surgió en el panorama cultural español: la llamada generación del 27. Escritores, dramaturgos, humoristas y cineastas como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Enrique Jardiel Poncela, Antonio Lara, Luis Buñuel, el futuro premio Nobel de literatura en el año 1977 Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, entre otros; pintores y escultores como Salvador Dalí, Oscar Domínguez, el por entonces surrealista Pablo Picasso y Maruja Mallo; compositores y musicólogos como Rodolfo Halffter, quien musicalizó varios versos de Alberti, y Jesús Bal y Gay; otros que además de escritores fueron catedráticos como Jorge Guillén, Pedro Salinas, ambos maestros de filología hispánica y, por supuesto, García Bacca, profesor de filosofía. Internacionalmente se destaca la poesía impura del chileno, y futuro premio Nobel en el año 1971, Pablo Neruda en contraste simultáneo con la poesía pura del francés Paul Valéry; el escritor argentino Jorge Luis Borges, quien por esos tiempos reivindica sus raíces argentinas en poemarios como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno de San Martín (1929); el pintor francés Francis Picabia y los grupos surrealista liderados por el escritor francés André Bretón. 

 En Venezuela, Teresa de la Parra crea Ifigenia (1927), Arturo Úslar Pietri publica el cuento Barrabás y otros relatos (1928) y la novela Las Lanzas Colo radas (1931); mientras tanto, en 1928, Walt Disney estrena en Nueva York el dibujo animado El héroe del Río, protagonizada por una nueva estrella de Cine: Mickey Mouse. Tal clímax cultural es precedido, en el cruel teatro de la historia, por el correspondiente anticlímax: el comienzo de la Guerra Civil Española (1933), preámbulo de la Segunda Guerra Mundial. García Bacca ya no es el mucha cho que afronta los ecos de las grotescas subversiones de los valores; es el hombre que enfrenta directamente la guerra, el exilio y la separación de la iglesia. En 1934 obtiene una licencia en filosofía en la Universidad Autóno ma de Barcelona, doctorándose un año después con la tesis Ensayo sobre la estructura lógico-genética de las ciencias físicas. En la Universidad Autónoma de Barcelona enseña lógica matemática y filosofía de la ciencia entre 1933 y 1937. En el ínterin, publica el libro Introducción a la lógica moderna (Barce lona: Labor, 1936), reseñado imparcialmente por W.V.O Quine en el pri mer volumen del The Journal of Symbolic Logic. (1.3 (1936): 112 - 113). Aunque la reseña no es del todo positiva -y es muy probable que el joven García Bacca no conociera lo que escribió el aún más joven Quine-, marca el inicio de su reconocimiento internacional. En ese mismo año, febrero de 1936, García Bacca gana por oposición la cátedra de Introducción a la Filo sofía de la Universidad de Santiago de Compostela, cátedra que no ocupa por sus críticas al alzamiento franquista y que lo obligan a abandonar Espa ña al arreciar el vigor de la guerra (Federico García Lo rea es fusilado; es bombardeada la villa de Guernica el 26 de abril de 1937 por los alemanes junto con el ejército “nacional” de Franco) y la intolerancia de las dos Españas. Intolerancia que es manifiesta cuando estando en París en 1938, mientras Adolf Hitler se autoproclama comandante supremo de las fuerzas armadas alemanas, recibe una carta del Padre General de los Claretianos que le orde na regresar a España y que le prohíbe publicar artículos sin el permiso de las autoridades eclesiásticas. Mediante una carta al Superior General de la Con gregación, fechada en París el 26 de noviembre de 1938, García Bacca re nuncia a la iglesia, ignorante del proceso de expulsión y exclaustración en su contra que el 13 de noviembre de 1938 ya estaba en marcha por decisión del Consejo General de la Congregación. 

Escribe a propósito: “Subí a mi celda, me despojé de la sotana, la colgué en el armario; me vestí íntegramente de seglar, cogí mi maleta, bajé; pero en vez de pasar por la portería, salí por la iglesia. Me hallé en la calle. Me sentí libre, por primera vez en mi vida” (Confesiones, p. 20) Para García Bacca tal suceso constituye el fin del secuestro: “...había estado secuestrado progresivamente desde 1911 a 1938. Secuestrado psicosomáticamente: de cuerpo y alma; de entendimiento, secuestrado por dogmas; la voluntad por normas, preceptos, votos; secuestrado literalmente, por tener que estudiar y hablar en latín mediocre, soso, como he dicho” {Confesiones, p.20). A partir de ahí el proyecto filosófico garcíabacquiano deja de ser un proceso corrector de superación mística y ética personal para convertirse en un proceso dialéctico constitutivo de la filosofía del hombre moderno, el cual involucra y afecta la posición cognoscitiva y técnica del hombre frente al mundo físico-natural. Conceptos como “suficiencia” o “técnema”, la pro puesta de una diferencia fenomenológica entre el conocimiento común y el conocimiento científico, la idea del discontinuidad histórica entre el pasado y el presente en la ciencia, nacen precisamente sobre este terreno: la tarea fundamental que García Bacca asume a plenitud es la de extraer sus conse cuencias epistemológicas y fenomenológicas, sin preconceptos de índole fi losófica que pueden obstaculizar la comprensión de las teorías científicas. En relación con la dramática dificultad de una problemática compleja como aquella vivida en los años de la posguerra, la obra de García Bacca, a pesar de sus ideas innovadoras, parecía extraña y alejada de las exigencias intelectua les más inmediatas. En verdad, recién comenzaba a hacer luz en aquella rea lidad mediante un trabajo en profundidad.

 Eran tiempos de desasosiego y desconcierto intelectual. A una voz robusta y autorizada como la de Bachelard se le consideraba a duras penas elevada retórica, mientras Jean Wahl recla maba el reconocimiento de las múltiples y sutiles relaciones entre el punto de vista fenomenológico y los sistemas puramente formales de la lógica y la dialéctica, a la vez que alertaba sobre aquel “malheur de la conscience dans la philosophie de Hegel” que, a su juicio, parecía invadir buena parte de la conciencia crítica del conocimiento científico, condenada ahora al purgato rio aporético de la promesa perenne de una Mathesis Universalis de inspira ción leibniziana, capaz de proporcionar una representación satisfactoria de la realidad física, intervenida no obstante por una filosofía existencial que se negaba abiertamente a cualquier esprit degéométrie. En realidad, pese a com partir con Husserl y Hartmann un mismo enfoque fenomenológico general, García Bacca tiene su propia visión del asunto que se aleja lo suficientemen te de Husserl, por ejemplo, en la medida en que reafirma una clara diferencia entre el método de construcción y exposición de los sistemas nomológicos, y el proceso fenomenológico a través del cual el individuo se apropia cognitivamente de éstas. Compartía ciertamente con Husserl no sólo el re chazo al ideal de un sistema filosófico absoluto, sino principalmente la con vicción del estado crítico en que se encontraban las “ciencias europeas”. 

Tras los grandes descubrimientos de la física, la química, la astrofísica, que pene traban ahí donde sólo una intuición fantástica podía predecir, mientras la técnica conquistaba la capacidad de convertir fines teóricos en medios tec nológicos para manipular cantidades inmensas de energía, no sólo la ratio cognoscendi sino la misma ratio judicandi vacilaban, arrastradas en el derrumbe de todos los principios clásicos del saber, reduciéndolo todo a un estado de angustiosa incertidumbre. Son los tiempos de Fibsofia de las ciencias: teoría de la relatividad (1941) y Sobre el conocimiento físico (1957). Ahí García Bacca planteaba de manera explícita y clara la cuestión de la construcción de una doctrina gnoseológica capaz de justificar el orden racional (ésta es la expresión que usa) de las teorías físicas a partir de distintos niveles de apro piación fenomenológica. El mismo problema se planteaba Férdinand Gonseth en 1941, en el marco del coloquio de la AcacUmie Internationale de Phibsophie des Sciences. A diferencia de García Bacca, que postulaba una solución pro pia, a medio camino entre un realismo naturalista y un realismo crítico con incrustaciones fenomenológicas, Gonseth en su idoneismo abogaba por un realismo de raigambre experimental que conjuntase nivel experimental y ni vel teórico, modelo que en verdad nunca llegó a construir. Sin embargo, el desafío había sido recogido por Jean Piaget, quien con los tres volúmenes de la Introducción a la epistemología genética, impresos entre 1949 y 1950, fun daba la epistemología genética como ciencia experimental con objeto pro pio bien definido: la formación “de los conocimientos en función de su construcción real o psicológica”. Aunque queda claro que García Bacca com partía con Piaget el punto de vista de que “todo conocimiento implica una estructura y un funcionamiento”, por lo que dejando de lado las corrientes meramente logicistas o puramente lingüísticas optaba por “construir desde abajo”, nunca llegó a imaginar tal construcción como simple maniobra operacionalista. Puede que aceptara la máxima piagetiana de que “todo co nocimiento ha de considerarse relativo a un determinado nivel del mecanis mo de la construcción”, pero la construcción desde abajo no podía, a su juicio, ser puramente psicológica, sino más bien un proceso abierto de inferencias posibles presidido por el principio del “ascenso en niveles”, don de evidentemente no encontraban cabida los bachelardianos “saltos epistemológicos”.

 La posición de García Bacca puede claramente apreciarse si se la relacio na con la polémica entre deterministas e indeterministas desatada, primero, en torno a las consecuencias de la teoría de la relatividad y, luego, mucho más visiblemente, alrededor del significado del principio de indetermina ción de Heisenberg, disputa que acaparó la atención de los filósofos en casi todos los coloquios de la Academia Internacional de la Filosofía de las Cien cias realizados entre 1961 y 1981. En verdad, aun confesándose einsteniano durante toda su existencia, García Bacca observó con cierta curiosidad y notable interés los desarrollos de la mecánica cuántica, siguiendo la interpre tación adoptada en el Congreso de Bruselas de 1927 bajo la influencia de Heisenberg. Llamaba su atención especialmente el peso de las vicisitudes de la mecánica cuántica con su complejo aparato físico-matemático, indispen sable para asimilar el principio de indeterminación de Heisenberg, la teoría ondulatoria de Scródinger, la contribución de De Broglie y la teoría del electrón de Dirac, interés por demás nada extraño si se considera que, en su opinión, “todas las ciencias tienden a saber al único sabor de la lógica for mal”. En 1950 Scródinger publica su libro Space-Time Structure\ García Bacca queda gratamente impresionado por la reconstrucción topológica de la físi ca emprendida por Scródinger y se aboca a examinarla y exponerla críticamente en el artículo Fibsoflay Teoría de la Relatividad (1956). Como bien subrayan Sánchez y Baceta (2005): “La discusión filosófica la plantea, una vez expuesto el aparataje teórico, como un conjunto de consideraciones fenomenológicas. En estas consideraciones la preocupación fundamental del autor se centra en la pregunta ¿Cómo se me da la teoría relativista?, ¿Cómo es posible y de qué maneras que lo que una cosa es en sí misma se me dé (aparezca) a mí dotado de tales y tantos medios (sentidos, formas a priori) en que puedo recibirlas? Antes de plantear estas preguntas lo que había estudiado era parte de lo que es la teoría de la relatividad; su pregunta ahora es otra: ¿Cómopuedo observar, experimentar la teoría relativista, lo que el universo esF Apremiado por la inquietud publica de inmediato, en 1957, el opúsculo Sobre el conoci miento del mundo físico, donde se da a la tarea de levantar el sistema de conceptos que, a su juicio, son más elementales y anteriores a la reconstruc ción de Scródinger. 

El punto es que, más allá de la corrección o validez formal de esta última propuesta, García Bacca evidencia ahí la ausencia de eslabón entre vida y teoría; Scródinger nos da, a lo sumo, lo que la ciencia física formalmente es, mas no la forma como “las cosas físicas se dan al cono cedor”. Se trata, por así decirlo, de una reconstrucción incompleta o parcial. Eran los años de la posguerra, los años inmediatamente posteriores a la muerte de Einstein, acontecida en 1955, años marcados por la crudeza de los problemas que comprometían a científicos y filósofos en duras disputas. En Italia, Federico Enriques había sostenido que “el valor objetivo de la racionalidad del saber consiste en que el proceso de la ciencia es un proceso de aproximaciones sucesivas ilimitadamente proseguibles”. No obstante, las relaciones de indeterminación de Heisenberg imponían un límite insupera ble al proceso de aproximación y corrección progresiva, y ahí estaban para demostrarlo los problemas de la teoría de la medida, de los límites de la aproximación y del error, de la estadística y de la probabilidad. No era ya suficiente, como clamaba Bachelard, instalarse en el corazón de la práctica científica real; era necesario correr el riesgo de enfrentar ex novo el problema de la formación de las teorías científicas, en su contenido real y su desarrollo histórico, y adentrarse en el análisis de las relaciones entre las teorías mate máticas y la realidad. 

Ahí estaba justamente el problema: el enfrentamiento entre los dos sistemas paradigmáticos últimos, el determinista y el indeterminista, no podía resolverse ni en el nivel histórico ni el nivel fisico matemático, pues era sencillamente un problema epistemológico. Era el pro blema que García Bacca había advertido magistralmente en el libro de Scródinger y que condujo, años más tarde, al célebre best-seller de Monod, Le hasard et la nécessité (1970). Al libro de Monod respondió de inmediato García Bacca con el artículo “Un saque de dados jamás abolirá el Azar”. Había en aquel problema algo verdaderamente enigmático que el libro de Monod, lejos de resolver, acentuaba: ¿Hay alguna cosa que sea realmente necesaria?, ¿Hay algo que no sea sólo físico?, ¿Qué hay de determinado e indeterminado en la vida del hombre? En verdad, no se trataba, a juicio de García Bacca, de un problema epistemológico sino de un problema en fenomenología, a saber: ¿Cómo puede el hombre ser verdaderamente libre más allá de las condiciones que le impone la estructura orgánica del cuerpo? Aquello que en Monod podía parecer primordialmente una réverie sobre la idea de la vida como ineluctablemente presa del azar, tomaba cuerpo en García Bacca con el desarrollo de una doble pesquisa: por un lado, el perfec cionamiento de la idea de que la construcción de la realidad física sólo puede darse delante y frente al sujeto conocedor, idea que preside la magistral recons trucción emprendida primero en Líneas generales de una reconstrucción racio nal de los conceptos físicos fundamentales (1974), y materializada más tarde en Teoría y Metateoria de la Ciencia (1999); empero, por el otro lado, cobraba cada vez más fuerza en García Bacca la figura del historiador epistemólogo en función radicalmente antifilosófica que ha de seguir el fenómeno “cien cia” en todas sus articulaciones teórico-experimentales y humanas. 

Y no es que García Bacca abjure ahora de la filosofía, sino que la trastoca en faena de transfinitación pregonando en De magia a técnica (1989) una estrecha cola boración entre científicos y filósofos a través de una clara y doble dirección: que la filosofía “.. .deje de ser coto, dominio de propiedad privada de filóso fos, y pase a ser dominio común de literatos, músicos, poetas, matemáticos, físicos y técnicos, quienes puedan ayudar a los filósofos de profesión y voca ción a solventar -o cuando menos a plantear de manera nueva, a la altura de los tiempos- problemas, cuestiones, teorías filosóficas, sacándolas [...] de la fase mágica: E inversamente: que la filosofía (de los temas de la obra) se aventure -valiente, decididamente, humildemente- a ser enseñada, refutada, reformada -o confirmada (¡oh dichosa aventura!)- por música, literatura, física, matemática, técnica”. Como ya en Popper y en Ludwick Fléck, que reaccionaron oportuna mente frente al movimiento neoempirista y avanzaron en los años ’30 pro puestas alternativas, también en García Bacca puede identificarse una orien tación de pensamiento que ha extendido notablemente la reflexión filosófica a otros aspectos allende los planteos neoempiristas, aspectos que hoy ocupan el núcleo de la reflexión teórica. De ahí la necesidad de un balance crítico de la filosofía garciabacquiana indispensable para asignarle su justo lugar en la filosofía del siglo XX, a la luz de una lectura antineopositivista de sus pro puestas, algunas claramente anticipadoras de muchas de las tesis de las ac- tuales “epistemologías históricas”, en especial por lo que atañe al tema fun damental de las relaciones entre epistemología e historia de la ciencia. Se expresa claramente en el proyectar filosófico garciabacquiano, en efecto, un concepto que Imre Lakatos pondría en boga años más tarde, en la década de los setenta: “La filosofía de la ciencia es vacía sin la historia de la ciencia; la historia de la ciencia es ciega sin la filosofía de la ciencia”. Afirmaba muy oportunamente García Bacca en 1944( “Las flores y la Flor: la Filosofía y las filosofías”) que las doctrinas filosóficas y las teorías científicas siempre han de ser, en tanto productos históricos, punto de partida para quien desee hacer legítimamente filosofía y comprender el reto que la ciencia plantea a la filosofía; de otro modo ocurriría como con el “Frutero loco que buscase k Fruta como algo superior, único y eterno fuera de las frutas reales, jugosas y perecederas de cada estación ...”. Que esto es así lo demuestran sin más el volumen de trabajos de García Bacca centrado en torno a la historia de las ciencias físicas, junto a los ensayos sobre la historia de la lógica y de las matemáticas, por no hablar de la inmensa mole de sus traducciones, buena parte de éstas dedicadas a los clásicos griegos de la ciencia, a la obra de Newton y de los lógicos y físicos contemporáneos. 

No es atrevimiento afirmar que el trabajo de historiar la ciencia es para García Bacca una faena prioritaria e indispensable para la reflexión filosófica; más que una pasión teórica perso nal, se trata de la reivindicación de la historia como elemento metodológico indispensable para el ejercicio de la filosofía. Aunque hoy la reflexión en epistemología y filosofía de la ciencia ataca otras líneas de investigación que García Bacca no profundizó ni consideró, era necesario intentar un balance crítico del proyecto garciabacquiano en filosofía de la ciencia -a cuya consideración no siempre se le ha prestado la atención debida- en contacto directo con sus interlocutores históricos y en presencia de sus referentes más inmediatos, justamente para reconocer en su obra los elementos más originales y perdurables, para valuar las contribucio nes realizadas al debate teórico contemporáneo, para poner de manifiesto convergencias y disidencias en relación con otras orientaciones de pensa miento ubicadas en sectores contiguos y periféricos. Una simple muestra de gratitud, admiración y respeto hacia la ingente obra de un filósofo a la vez grande y modesto, cuya vida discurre paralela al relato de la sociedad, ciencia y técnica del siglo XX. Vincenzo Piero Lo Monaco Jesús Baceta V. Sobre los ensayos de esta antología y sus orígenes 1. Ficciones científicas El primer ensayo que comprende este libro se llama “Ficciones científi cas” y fue escrito por García Bacca en las postrimerías de su vida (Quito, mayo de 1992). Es una curiosa metáfora cromática - musical; una inven ción literaria que intenta aproximarnos desde el reverso de la filosofía al mundo concreto de las posibilidades físicas. 

Aunque la clonación sea una ficción científica, los otros yo, dados por los espejos, están ahí. Si bien he mos de resignarnos a escuchar las combinaciones de apenas cuatro escalas, no por ello dejan de existir las ficticias escalas que la ciencia muestra que vibran independientes de nuestros umbrales auditivos. Recrea la concreta ficción científica de una ingeniería genética que nos permita tener la vista de un águila, para luego preguntarse por el ser que pudiera extender tal visión para crear una cronología ficticia que se remonte a la eternidad: Dios. Y, como de Dios se trata, juega con las palabras y lo contrasta con el desafiante demonio de Descartes, el calculador demonio de Laplace y el demonio de Maxwell que ilustra la segunda ley de la termodinámica. El texto es una tormenta de ideas que enfrenta la ciencia con la ciencia teológica. “¿Ficción científica o ciencia ficcional?” se pregunta constante mente, con lo cual retoma a Santo Tomás de Aquino. Dedica “Los cuentos de nunca acabar”, a una de las más agotadoras ficciones: las paradojas. Idea un dúo entre Longo y Machado para sugerir el valor estético de la ciencia. Retorna a Heráclito y con él a la necesidad y el azar. Recibe clases del Juan de Mairena de Antonio Machado simplemente cambiando lo que se debe cam biar. Y, jugando ese juego, concluye haciendo lo propio con un pequeño diálogo de Fernando de Rojas para probar la veracidad de lo que explicaba el criado de Celestina sobre el acto y la potencia. Sugerente, ¿no? Los textos que siguen se agrupan según la temática y el año: 2. Antropología fibsófica y fenomenología «Actitud del hombre moderno frente a ciencia y técnica». Cultura Universitaria (Caracas) n° 30 (1952): 15-23. Este artículo es el primero dedicado plenamente a una reflexión sobre la técnica. Fue escrito cuando se desarrollaba la tecnología nuclear en el con texto de la guerra fría. Por ello parece ser mucho más moderado que en otros textos en los que elogia a la técnica. «Ensayo de planteamiento fenomenológico-simbólico del conocimiento». Separata deAnais do Congreso Internacional de Filosofía de Sao Paulo. Instituto Brasileiro de Filosofía (Sao Paulo) (1956): 825-832. En este texto García Bacca admite plenamente el método fenomenológico: acepta el principio de que lo que podemos o no pensar es indicio de interconexiones conceptuales y de los objetos referidos por tales conceptos. Intenta formalizar esta suposición para llegar a una definición trascendental de cuerpo. «Sobre el fondo filosófico de algunas teorías de biología matemática».

 Acta CientíficaVenezolana (Caracas) 3.3 ( 1952): 39-45. (Conferencia pronunciada en la Sesión Inaugural de la II Convención de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia). Theoria (Madrid) n° 3-4 (1952-53): 1 13-120. El artículo trata sobre las teorías matemáticas que podrían subyacer, según su criterio, a ciertas teorías de la biología. Examina las propuestas de físicos y filósofos metidos o entrometidos a biólogos. Entre ellos Schródinger, quien define la vida como “alimentarse de entropía negativa”. 3. Filosofía de la física «Tipos del filosofar físico sobre el espacio». Filosofía y Letras (México) 1.1 (1941) 11-44; 1.2 (1941): 181-215 Una reflexión, desde los helénicos hasta Kant, de los distintos «tipos de vida» y de la ontología supuesta por los que han filosofado sobre el espacio físico. Fibsofía y teoría de la relatividad. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1956. Valencia: Cuadernos Teorema, 1979. Un ensayo donde García Bacca tiene la “oportunidad de meditar filosó ficamente sobre la teoría de la Relatividad”. Medita fenomenológicamente, con disimulado aire heidegeriano, evidenciando su conocimiento sobre la base matemática de la teoría. «Einstein y la ciencia del siglo XX». Revista Nacional de Cultura (Caracas) n° 124 (1957): 184-188. Un homenaje que rinde García Bacca a uno de los científicos más admi rado por él: Albert Einstein “sabio como Newton, justa y precisamente por saber desatar avalanchas de ideas, y no simple científico por saber sacar con secuencias” • Lincas generales de una reconstrucción racional de los conceptos físicos fundamentales», Teorema (Valencia) IV.3 (1974): 319-334. Anthropos (Barcelona) n° 9, nueva ed. (1991): 138-143. En este ensayo de 1974 García Bacca emprende, como indica su título, una reconstrucción racional de ciertos conceptos físicos, en contraposición a la reconstrucción racional propuesta por Schródinger en su libro Space— Time Structure (Cambridge 1950). «Einstein. Homenaje al filósofo de la ciencia». Arbor (Madrid) CVII.419 (1980): 7-22. Anthropos (Barcelona) n° 9, nueva edición (1991): 133-138. Otro homenaje al admiradísimo físico. 4. Filosofía general de la ciencia «Estructuras características de un modelo principal de ciencia». Ideas y Valores (Bogotá) 3-11-12 (1954): 60-87. Elementos de fdosofia de las ciencias. Caracas: Universidad Central de Venezuela (Manuales universitarios, n° 1), 1967 Los dos ensayos son una sucesión rápida de asertos, de no muy fácil lectura, y con un número muy limitado de ejemplos. 

La exposición, como en la mayoría de sus obras, no deslinda el punto de vista histórico: hace notar que en la historia de la ciencia han habido determinados equilibrios, dominaciones y predominios con respecto a los tipos de ciencia que él plan «Ciencia y Técnica actuales (con un poco de política y otro poco de pedagogía)». La Palabra y el Hombre (Xalapa, México) n° 45 (1968): 43-54. Revista Nacional de Cultura (Caracas) n° 184 (1968): 24-31. Uno de los tantos elogios a la técnica que García Bacca escribiera en su vida. Para García Bacca la técnica adquiere rango de ciencia, pero la delimita muy precisamente de la práctica, con la cual se la tiende a confundir. La diferencia entre técnica y práctica se mide por la distancia que media entre plan racional y simple receta. Además, los artefactos o constructos de la cien cia técnica tienen que ver con la matemática misma: así, los números negati vos resultan artefactos o constructos -a la manera de una pala mecánica-, al quitar la restricción de que la diferencia ‘a - b' sea realizable sólo dentro del dominio de los números naturales, es decir, al quitar la restricción de que ‘a’ sea mayor que ‘b\ Estructura y contextura relacional de cinco modelos científicos. Teoríay Metateoria de la. Ciencia, Vol. 1, capítulo 3, (Caracas) (1977): 107-142. Autobiografía intelectual y otros ensayos (colección Obra Abierta) Fondo Editorial de Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela (Caracas) (1983):267-310. Para García Bacca, en la estructuración de la ciencia es de notar tanto una estructura como una contextura. Frente al entramado puramente relacional ‘y = ax2\ que hace de esta fórmula una de tantas en la matemática, cabe entender íy por espacio, V por tiempo y ‘a por un medio de la acelera ción gravitatoria; con ello, la fórmula puramente matemática adquiere una peculiar individualización: frente a un sinnúmero es capaz de establecer la cuantificación del espacio que recorre un cuerpo en caída libre en un tiempo determinado. Además de su estructura matemática, la fórmula individualizada posee contextura. Así, podemos decir que a la fórmula puramente matemá tica ly = ax2 + bx + c (la clásica ecuación de segundo grado) le podemos asignar significado físico mediante la siguiente regla de correspondencia: asignamos a ly el espacio recorrido por el objeto (distancia), a V un medio de la gravedad, a 'x 2 el tiempo al cuadrado ya 'bx la velocidad inicial por el tiempo, obteniendo así la clásica fórmula de caída libre: e = ( } s ) '2+Vot+0 y =ax2 +bx + c 5. Filosofía de la matemática «La posición histórica de Leibniz en la fundamentación filosófica y científica del cálculo infinitesimal».Filosofía y Letras (México) XI1.23 (1946): 11-44. En el trabajo expone “las ideas filosóficas que en cada época histórica ayudaron, estorbaron, o dirigieron, implícita o explícitamente, la fundamentación correcta del cálculo infinitesimal, hasta llegar a Leibniz”. «Sobre una Interpretación de los Números Complejos por medio de la Propiedad Asociativa». Acta Científica Venezolana (Caracas) 1.2 (1950): 47-48.

 Al realizar lo que anuncia en el título del artículo, García Bacca muestra la invariancia de las operaciones matemáticas frente al cambio de sistemas de conceptos empleados para aclararlas. Sostiene la tesis platónica de que los objetos matemáticos son independientes de los conceptos. «Simbólica (Lógica)». Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. T. IX (apéndice). Bilbao-Madrid: Espasa-Calpe.Z.l .201, 1933: 1326-1339. «Introducción» de Introducción a la lógica moderna. Barcelona: Labor, 1936. «Lógica modal» en Introducción a la lógica moderna. Barcelona: Labor, 1936. Los tres textos recogen las tempranas exposiciones de lógica simbólica del joven García Bacca. Notablemente influenciado por Husserl, Cassirer, hereda los supuestos de sus filosofías y de Hilbert y Ackermann sus deficien cias. «Lógica dialéctica (L. D.) y lógica formal (L. F.)». Diánoia (México) n° 16 (1970): 144-156. En el artículo García Bacca contrapone estos dos tipos de lógica. Co mienza este ensayo distinguiendo entre la proposición formal y la proposi ción dialéctica. Ambas lógicas parten de la misma base, pero mantienen di ferencias fundamentales. La forma típica “A es B” (donde ‘A* es el sujeto y ‘B’ el predicado) se encuentran, según el tipo de lógica, en estados diferentes. En la Lógica Formal la forma típica “A es B” se encuentra en estado de unión “indicada” de tal forma que se mantiene la estructura relacional de la misma. En la Lógica Dialéctica se encuentra en estado de unión “verificada”, de manera tal que se fundan en un bloque, en lo que GB denomina un concreto. La diferencia entre ambas es notoria: no es lo mismo considerar la proposi ción “El hombre es racionar que “El hombre es (humanamente) racional”. En la primera de estas proposiciones simplemente se “indica” el atributo racio nal. En la segunda se pide la “verificación” del atributo racional mediante su concreción con lo humano. He ahí la diferencia sustancial entre una y otra.

Heinrich Mann Juventud del rey Enrique IV Fragmento

 




Heinrich Mann

Juventud del rey Enrique IV

Novela histórica sobre la Francia renacentista, intrigas de corte y guerras de religión. Nueva Traducción
Editorial Recién Traducido, 2026

Los Pirineos

El origen

El niño era pequeño, las montañas eran inmensas. De un estrecho sendero a otro trepaba por un paraje salvaje de pinos, que desprendían un aroma soleado o le refrescaban a la sombra cuando se tumbaba bajo ellos. La roca sobresalía y, al otro lado, rugía la cascada, que se precipitaba desde las alturas del cielo. ¡Recorrer con la mirada las montañas completamente boscosas, con ojos agudos, que divisaron en una roca lejana entre los árboles a la pequeña gamuza gris! ¡Perder la vista en la profundidad del cielo azul que flotaba! ¡Gritar hacia arriba con voz clara, lleno de alegría de vivir! ¡Correr, descalzo, siempre en movimiento! ¡Respirar, bañar el cuerpo por dentro y por fuera con aire cálido y ligero! Estas eran las primeras fatigas y alegrías del niño, que se llamaba Henri.

Tenía pequeños amigos, que no solo iban descalzos y con la cabeza descubierta como él, sino también harapientos o semidesnudos. Olían a sudor, hierbas y humo, como él mismo; y aunque no vivía, como ellos, en una cabaña o una cueva, le gustaba oler a los de su clase. Le enseñaron a cazar pájaros y a asarlos. Junto a ellos, cocía su pan entre piedras calientes y se lo comía después de untarlo con ajo. Porque el ajo hacía crecer y mantenía siempre sano. El otro remedio era el vino, que bebían de cualquier recipiente. Todos lo llevaban en la sangre, los pequeños campesinos, sus padres y todo el país. Su madre había confiado a Henri a una pariente y a un tutor para que creciera como el pueblo, aunque él también vivía aquí arriba, en un castillo llamado Coarraze. La región se llamaba Béarn. Las montañas eran los Pirineos.

Aquí se hablaba una lengua rica, con muchas vocales, y la R la hacían rodar en la boca. Cuando a su madre le vinieron las contracciones, siguiendo la voluntad de su abuelo, entonó una canción para pedir ayuda a la Virgen María. Adjudat me a d'aqueste hore. Esa era la lengua del país y era casi como el latín. Por eso al niño no le resultó difícil aprender a hablar latín, solo a hablar. Su abuelo le prohibió que también escribiera; de todos modos, aún había tiempo para eso, pues era muy pequeño.

El viejo Henri d'Albret murió allá abajo, en su castillo de Pau, mientras el joven Henri, en Coarraze, hablaba latín, trepaba por el bosque tras las pequeñas gamuzas, llamadas isards, que permanecían inalcanzables; y el último jadeo del anciano coincidió tal vez con un grito de alegría del joven, mientras se bañaba con niños y niñas en el arroyo, bajo la gran cascada que salpicaba maravillosamente.

Sentía una curiosidad desmesurada por los cuerpos de las muchachas. La forma en que se desnudaban y se movían, su manera de hablar y de mirar, todo las convertía en seres completamente distintos a él mismo, pero sobre todo las formas de sus piernas, caderas y hombros. Una de ellas, cuyo pecho ya se estaba desarrollando, le entusiasmaba; decidió luchar por ella. Esto era necesario, como se dio cuenta; ella no lo elegía por sí misma, prefería a un chico más alto con una cara bonita y tonta. Henri no preguntó por los motivos; quizá esos hermosos seres no tuvieran ninguno, pero él sabía lo que quería.

Por eso, el niño pequeño retó al más grande a ver quién podía llevar a la chica a través del arroyo. Este no era profundo, pero tenía remolinos y piedras lisas que rodaban si se pisaban con torpeza. El rival resbaló de inmediato; la chica se habría caído con él de no ser porque Henri la sujetó. Él conocía cada paso en esas aguas; la llevó al otro lado con todas sus fuerzas, pues ella pesaba más que él, que no era más que un niño pequeño y delgado. Al llegar al otro lado, la besó en la boca; ella, sorprendida, dejó que sucediera, y él dijo, mientras se echaba hacia delante: «Ahora has sido llevada a través del arroyo por el príncipe de Béarn».

La campesina miró su pequeño y apasionado rostro, y luego se rió; el tono de su risa le dolió en lo más profundo del corazón, pero no lo desanimó. Ella ya se abalanzaba hacia su desdichado admirador, cuando Henri gritó: «¡Aut vincere aut mori!». Era uno de los refranes que le había enseñado su tutor; había depositado muchas esperanzas en él. Otra decepción: a los pequeños campesinos no les importaba ni el príncipe ni su latín. Ganar y morir les resultaban igualmente desconocidos. Así que solo quedaba una cosa. Volvió a meterse en el arroyo y se lanzó a propósito de forma aún más torpe que el otro antes. Imitó también la cara tonta y la cojera del patán, maldiciendo con una voz muy parecida, todo tan bien hecho que tuvieron que reírse del payaso. ¡Incluso había obligado a reírse a la encantadora muchacha!

A continuación, se marchó rápidamente. No era más que un niño de cuatro años, pero ya tenía sentido del efecto. Aunque ahora lo había conseguido, los sentimientos se disputaban en su pecho. La venganza satisfecha no borró el recuerdo. El anhelo angustioso no cedió, a pesar del valor confiado.

Su madre le dejó volver a casa y, al principio, no hablaba más que de la muchacha. Su abuelo había fallecido entretanto; nunca volvería a verlo. Pero a él le parecía peor que su muchacha estuviera lejos y no pudiera venir.

«Que la traigan, mamá, quiero casarme con ella. Es más alta, no importa, yo creceré».

Solo las siguientes impresiones borraron de repente todo lo que había sentido. Se trataba de una joven dama de la corte de su madre.

En el castillo de Pau había una pequeña corte, poco más que una familia ampliada. El viejo d'Albret había sido un terrateniente. Había tenido un casticastillo sólido, y en los últimos tiempos se había vuelto también delicado y hermoso. Desde el balcón dominaba un profundo valle lleno de viñedos, olivos y bosques que refrescaban la vista, entre los cuales se vislumbraban los meandros del río, y detrás, los Pirineos.

La cordillera se presentaba como una cadena cerrada, como ninguna otra, cubierta de verdes bosques hasta el cielo, y la vista que la recorría se sentía feliz, especialmente la del propietario. El viejo terrateniente poseía este lado de los Pirineos, junto con los valles y colinas que se extendían ante él, con todo lo que allí crecía: frutos, ganado y personas. En el oeste de Francia poseía el rincón más meridional: Bearn, Albret, Bigorre, Navarra, Armagnac: la antigua Gascuña. Se hacía llamar rey de Navarra y probablemente solo habría sido subordinado del rey de Francia si este hubiera tenido todo su poder. Sin embargo, el reino estaba dividido entre católicos y protestantes en todas sus partes, y así había sido desde hacía mucho tiempo. Esto brindó la mejor oportunidad para que príncipes provinciales como el de Navarra se independizaran y arrebataran por la fuerza a sus vecinos todo lo que pudieran, aunque solo fuera una colina de viñedos.

Pero en todo el país también se saqueaba y se mataba en nombre de las dos confesiones enemigas. La diferencia de confesiones religiosas se tomaba muy en serio; convertía en enemigos acérrimos a personas a las que, por lo demás, nada separaba. Algunas palabras, especialmente la palabra «Mesías», surtían un efecto tan tremendo que un hermano se volvía incomprensible para el otro y se convertía en sangre ajena. Parecía natural llamar en ayuda a suizos y alemanes. Estos solo tenían que pertenecer a la confesión correcta y, según el caso, ir a misa o no; entonces eran preferibles a los compatriotas de otra opinión y obtenían el derecho a saquear y devastar.

La fe enérgica de toda la población benefició al menos a los líderes. Ya la compartieran realmente o no; en cualquier caso, podían ampliar su territorio de manera depredadora en nombre de la religión o, al menos, llevar una vida gratuita y nada desagradable al frente de sus pequeños ejércitos ilegales. La guerra civil fue una carrera para algunas personas, aunque la mayoría saliera perdiendo. Sin embargo, a estas les quedó su convicción.

El viejo d'Albret había sido un buen católico, pero sin dogmatismos. Siempre había tenido presente que también sus súbditos protestantes tenían hijos, y estos se convertían en trabajadores útiles, labraban los campos, pagaban impuestos, aumentaban la riqueza del país y de su señor. Por eso les dejaba ir tranquilamente a misa, y sus soldados protegían a los pastores como a los capellanes. Probablemente también consideraba que el creciente número de estos protestantes reformados, que se llamaban a sí mismos hugonotes, beneficiaba más que perjudicaba a su propia independencia, ya que la corte de París era decididamente católica. Él mismo pertenecía simplemente a los señores feudales que siempre habían hecho lo suyo para que el rey de Francia no se hiciera demasiado poderoso. En los últimos tiempos se valían de los hugonotes, esa fe fresca y joven que conocía de cerca al verdadero Dios y que, por ello, no se volvía más apacible.

Eran rebeldes tanto contra el poder secular como contra el espiritual. También en la región de Bearn los campesinos ya habían exigido que se les mostrara dónde se hablaba de impuestos en la Biblia. Si no, ¡no pagaban ninguno! Pues bien, el anciano sabía cómo tratar con ellos, eran de su misma clase. Les gustaba hablar con grandilocuencia, pero mantenían la cabeza fría. Se defendían bien, sin olvidar lo que al fin y al cabo les reportaba.

Llevaba una boina como todos ellos, cuando no tenía que ir con yelmo y armadura, y amaba a su tierra como a sí mismo, nada más que ese radio que podía abarcar con los ojos y todos los demás sentidos. Cuando nació su nieto Henri, se había encargado de que fuera en el castillo de Pau; su hija Jeanne tuvo que interrumpir expresamente un viaje. Tampoco se había conformado con que ella, durante el parto, cantara la canción en lengua vernácula, «adjudat me a d'aqueste hore», para que el nieto no naciera con la cabeza hacia abajo. Apenas abía nacido el niño, le hizo oler el vino de la tierra, reconoció en él a su carne y sangre por el hecho de que movía la cabeza, y enseguida le untó los labios con ajo.

Como, tras dos niños que no habían sobrevivido, este último se había conservado, el anciano había legado todas sus posesiones y su título a su hija. Juana era ahora reina de Navarra. Su esposo, Antonio de Borbón, dirigía las tropas del rey de Francia, como pariente lejano y general suyo. Pasaba la mayor parte del tiempo en el campo de batalla. Juana lo había amado mucho antes de que él empezara a buscar otras mujeres; pero nunca depositó sus esperanzas en él, pues también él moriría pronto. Ella tenía pretensiones mucho mayores de las que él podía permitirse; su madre había sido hermana del propio Francisco I —el rey que había luchado tan infructuosamente en Pavía contra el emperador Carlos V—; pero gracias a él, el dominio interior de la corona de Francia se había ampliado magníficamente.

Jeanne d'Albret era, por tanto, una dama de extraordinaria importancia, y no se sentía satisfecha aún con los territorios de Bearn, Albret y Navarra, que constituían un reino. El rey de Francia que reinaba en aquel momento, de la casa de Valois, tenía cuatro hijos vivos, y no había ninguna probabilidad de que la rama colateral de los Borbones llegara al poder tan pronto. Sin embargo, Jeanne se atrevió a predecir a su hijo Enrique el futuro más grandioso —lo cual se recordaría más tarde con asombro, como si ella hubiera poseído dotes de clarividencia—. Solo era ambiciosa. Esta pasión convirtió a una mujer delicada en un carácter indomable, y su legado pesó más tarde de manera decisiva en el destino de su hijo.

Cuando volvió a tener a su pequeño hijo consigo, le enseñó sobre todo la historia de su casa. No prestaba atención a que él se pegara a la guapa señorita tan a menudo como pudiera o corriera descalzo, como en la montaña, hacia los niños en la calle, lleno de curiosidad por las enigmáticas muchachas. Jeanne no era una observadora de la realidad, tenía la cabeza llena de sueños, como una mujer con los pulmones débiles. Henri, que hubiera preferido saltar por ahí como un cabritillo, fue abrazado por uno de los brazos maternos, mientras que el otro rodeaba a su hermana aún más pequeña, Catherine. La reina Jeanne inclinó tiernamente su cabeza de rubio pálido entre sus dos hijos. Su rostro era estrecho y de rasgos finos, estaba pálido, las cejas se movían con dolor sobre los ojos oscuros, la frente ya mostraba finas arrugas y las comisuras de los labios comenzaban a caer.

«Pronto viajaremos a París», dijo ella. «Porque nuestro país debe crecer. Quiero anexionar la parte española de Navarra».

El pequeño Enrique preguntó: «¿Por qué no la conquistas tú?». Y se corrigió a sí mismo: «Papá debería conquistarla».

«El rey de París es amigo del rey de España», le explicó la madre. «Incluso permite que los españoles nos invadan».

«¡Yo no!», exclamó Henri de inmediato. «¡España es mi enemiga y lo seguirá siendo! ¡Porque te quiero!», dijo con vehemencia y besó a Jeanne. A ella se le cayeron las lágrimas de los ojos y cayeron sobre su pecho semidesnudo, que su pequeño hijo acariciaba como si la consolara. «¿Acaso mi padre solo obedece al rey de Francia? Yo no lo haré», le aseguró con halagos, porque intuía lo que a ella le gustaba oír.

«¿Puedo ir con vosotros?», suplicó la hermana pequeña.

«La señorita también debe venir», exigió Henri.

«¿Estará nuestro querido padre allí con nosotros?», preguntó Catherine.

«Quizás alguna vez esté con nosotros», murmuró Jeanne, y se levantó de su silla recta para no tener que seguir respondiendo.

domingo, 27 de septiembre de 2026

LOS NOVELISTAS COMO CRÍTICOS Compilación de N orma Klahn y Wilfrido H. Corral

 


INTRODUCCIÓN

 Cuando decidimos dedicamos al alucinado proyecto de proveer una fuente de textos, si no exhaustiva, ampliamente representativa de la manera en que los novelistas hispanoamericanos articulaban para sí mismos las exigen cias de su ocupación, calibraban las de otros hispanoamericanos y, final mente, teorizaban, en un sentido amplio, el género de la novela en un contexto mayor, el proyecto impuso automáticamente la premisa de por dónde empezar. Ya que se trataba de incluir textos conscientemente tra bajados como especulación acerca de la novela, recurrimos a las protono- velas que la crítica reciente de la literatura virreinal presenta y trata de legitimar como precursoras, o en ciertos casos como “reemplazo” de El Periquillo Sarniento. En esas obras, la más representativa de las cuales sería Los infortunios de Alonso Ramírez, la teoría es, en el mejor de los casos, algo infuso que, factiblemente, la metodología contemporánea sólo puede aducir para estudiar el género novelístico. Nos pareció entonces lícito tomar un texto que en cierto sentido satisfi ciera el nivel de recepción de la época en que se publica y la presente preocu pación por el comentario metateórico del autor o narrador de la obra novelesca. Por supuesto, ya Cervantes había señalado y codificado amplia mente el dilema del narrador renacentista: ser defensivo respecto a la “ficción” o la “realidad”, y los novelistas posteriores no podían hacer otra cosa que variaciones sobre este tema, como admite más de uno de los novelistas que incluimos. No obstante, se notará en la “Apología de El Peri quillo Sarniento” que la defensa de Fernández de Lizardi no se limita a un registro de su método de “novelar” o de catalogar su estética de manera hiperpersonal; es también un tratado respecto a lo que la crítica hoy lla maría la literariedad y recepción, templados por una inmediatez (el texto se publica tres años después de la primera edición de la novela) por la que pocos de los novelistas hispanoamericanos contemporáneos han optado. Fernández de Lizardi, entre pontificación y disertación, logra presentar a sus lectores posibles (otro factor considerable en nuestro criterio de elec ción para el siglo xix) un esquema de la función que en la novela tienen la lengua popular, y por ende, los personajes que la emplean, la represen tación, la construcción y progresión de la narratividad, la función del críti co, el papel de los libreros y el efecto de todo esto en el autor, su “fama” y su “estilo”. Con las salvedades temporales que imponen los conceptos de autobiografía, canonicidad (o falta de ella) y contexto sociohistórico, hemos querido incluir en esta compilación textos afines al de Fernández de Lizar di cuya contemporaneidad es obvia. Cuando estas condiciones no se han podido replicar o reproducir, hemos elegido textos casi inaccesibles, muchos de los cuales se ponen a la disposición del público por primera vez, en este conjunto que le da cuerpo mayor al pensamiento sobre el arte de novelar hispanoamericano de los siglos xix y xx. En el recorrido del siglo pasado al presente estos problemas no se dilu yeron sino que se complicaron. Por cierto, el nivel teórico de hoy ha adquirido carta de ciudadanía entre los novelistas mismos: basta pensar en Fuentes, Vargas Llosa y el continuo desafío de Moreno Durán, Rosario Ferré y otros. Pero también tuvimos que pensar en que la selección debería mostrar un fluir, en el cual el diálogo iniciado en el siglo xix —no sólo entre las mujeres novelistas y las formas literarias a las cuales los novelis tas acudían indistintamente— se continuaba en el siglo xx. Es decir, entre los novelistas nacidos en el siglo xix —muchos de ellos seguían publican do hasta principios de los años setenta de este siglo— nuestros criterios tuvieron que ampliarse para dar cabida a una serie de felices descubri mientos y complicaciones. La selección para el siglo xix abunda en lo que el narrador de “Viaje a la semilla55 llama “ergotantes55, o sea, el novelista afectado por la retóri ca y la pomposidad de la época. Entre éstos y los novelistas que dieron de sí, para los que se podrían llamar los textos fundacionales que nunca alu den sutilmente a la nación imaginada e idealizada, era de rigor incluir la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Mercedes Cabello de Carbonera, Clorinda Matto de Tumer y Teresa de la Parra. Si esta selección puede verse como una especie de “canon55, o justa revaloración, también pue de ser vista como un impulso unido para alentar la investigación de otras mujeres cuya política textual no iba siempre de izquierda a derecha, como leen los hombres, sino en otras direcciones. Pensemos en Juana Manuela Gorriti desde un enfoque actualizado y nos daremos cuenta de que sus “auto-bio-grafías55 y los textos de otras novelistas son más ricos de lo que ha pretendido la historia literaria convencional. Ya hacia fines del, siglo xix se tropezó con lo obvio. ¿Qué hacer con ese movimiento tan importante, el modernismo, cuya obra en prosa se está recuperando irregular y tardíamente? En este caso optamos, como se verá en el Apéndice, por los poetas que no incursionaron en la novela de manera sostenida. Tal sería el caso de los textos de Heredia y el de Rubén Darío sobre La Gloria de don Ramiro. Respecto a los poetas, especialmente las que publican en ambos siglos, se sabe bien que muchos de los que publican en el primer tercio de este siglo chapotearon en la novela experi mental. Tal vez estos textos sean su testamento teórico acerca del género ; por lo menos, en cierto modo, así contextualizamos el “Argumento de una novela que nunca escribiré55, texto plonasta e inevitablemente profético, publicado por Borges tres años antes de su muerte. Dicho sea de paso, tuvimos que conceptualizar la importancia de incluir, por ejemplo, textos de un ensayista como Rodó sobre Galdós y Reyles, o, como hacía Ñervo de acuerdo con el gusto de la época, incluir textos de autores hispanoamerica nos acerca de novelistas españoles. Otro ejemplo: Mariátegui no escribió un ensayo sobre la novela pero sí publicó Siegfried y el Profesor Can ella, que es una teorización novelada sobre el género. Independientemente de su interés, ésta y obras similares quedaban al margen de nuestros criterios de selección. Estas consideraciones y la de incluir una cantidad estimable de textos de autores contemporáneos sobre novelistas anteriores (por ejem plo, Benedetti sobre Reyles) son vetas que dejamos para otro momento. En el primer tercio del siglo xx, los problemas que enfrentan los com piladores de este tipo de texto comienzan a deslizarse hacia una especie de posmodernidad sobre el propósito y la construcción del texto autocrítico. Decimos posmodemidad para, en cierto sentido, poner al día algo muy corriente: la noción de Pío Baroja de que la novela es un saco en que cabe todo. Si los críticos de la novela hispanoamericana se han ocupado de los problemas del espacio y del tiempo en ella, de la tipología del narra dor, del héroe, del terreno mítico y de otras tematizaciones que no dejan a un lado planos sociohistóricos y alegóricos, los novelistas mismos han mos trado la inutilidad de restringir la literariedad de sus obras a temas. Lo mismo ocurre al dedicarse a los componentes novelísticos de pretensión comparativa, en que se trata de legitimar su obra —trayéndola por los cabellos— en términos de otros textos con los cuales los novelistas nunca se identificaron. Véanse las salvedades anotadas en los textos de Asturias, por ejemplo. El tipo de problema crítico al que nos referimos es forzosa mente a posteriori, y tal vez quede mejor ejemplificado con las considera ciones que influyeron en nuestra selección de dos novelistas: Manuel Gál vez y Ciro Alegría. La tibia recepción crítica de la novelística de Gálvez no incluye en épocas recientes consideraciones del auto-concepto que el novelista esta bleció progresivamente para ella. Su visión de la novela se da en los cuatro volúmenes de sus Recuerdos de la xnda literaria. En ellos (escritos en 1944, 1949-1952 y 1960, con ediciones definitivas a principios de los sesenta) Gálvez, quien en 1932 inició una campaña para obtener el premio Nobel, se inserta autobiográficamente en sesenta años de la vida literaria argen tina. Contradictoriamente, el autor niega de manera rotunda que tal haya sido su intención. Con todo, es notable que en cada volumen predominen comentarios acerca de la novela como género. Es éste el marco que debe mos tener en cuenta al leer “La decadencia de la novela”, de 1929. Obvia mente, este ensayo dice tanto sobre Gálvez como sobre su concepto de la novela. Respecto a Ciro Alegría las lucubraciones eran diferentes y nuestro trabajo se redujo más a la logística de los textos seleccionados que a pro blemas inherentes. Alegría publicó cuatro textos de autoestética sobre sus novelas. Redactados algunos en el exterior, con la supuesta distancia crítica que esto proporciona, y publicados por la revista Sphinx del Instituto Superior de Lingüística y Filología de la Universidad Mayor de San Mar eos, los textos aparecieron posteriormente a manera de prólogos de sus novelas, aunque no en cada edición de los diferentes países donde se pu blicó, por ejemplo, El mundo es ancho y ajeno. Si se comparan los pró logos y los textos de Sphinx se notarán correcciones, particularmente en el caso de algunos nombres indicados en La serpiente de oro. Por lo general, estos ensayos describen la gestación de sus novelas y, por lo tanto, la trans parencia del prefijo genérico que empleó Alegría, “La novela de mis novelas”. Las consideraciones mencionadas para Gálvez y Alegría apenas consti tuyen una pauta del comienzo de los problemas que enfrentamos en el recorrido antológico elegido. Es decir, hubiera sido una cómoda evasiva, más que eclecticismo, elegir “que los textos hablen por sí mismos”. A veces, el novelista no ha tenido nada que ver con la selección del título del texto incluido. Por ejemplo, el de Rómulo Gallegos también se publicó con el título “Cómo conocí a doña Bárbara”, lo cual es muy atractivo y revela dor. Pero no se sabe a ciencia cierta si en algún momento el novelista prefirió éste al original “A manera de prólogo”, de 1954, con que él se adhiere a la conmemoración de los 25 años de publicación de la novela que, con Don Segundo Sombra y La vorágine, se convertiría en una de las tres “novelas ejemplares”, como Marinello llamó la mejor producción de la época por lo que hace a estas obras. Un corolario m ás.. . Cuando en 1972 Dora Varona, esposa de Ciro Alegría, compiló algunos de los ensayos de éste en Ciro Alegríay trayectoria y mensaje, la colección incluyó una apreciación de él hecha por Mario Vargas Llosa en 1967 con el título “Ciro Alegría según Mario Vargas Llosa”. ¿Debíamos incluir este texto en la selección que presentamos de Vargas Llosa? Es más, en el momento de redactar esta introducción Var gas Llosa ha publicado 25 prólogos y ensayos sobre novelística mundial con el título La verdad de las mentiras, además del tercer tomo de su Con tra viento y marea, y en diciembre de 1990 una especie de autoestética sobre la mayoría de sus novelas que no se ha publicado en español: A Wtiteas Reality. Aunque hay adelantos en español de esta última obra, ¿deberíamos compilarlos y situarlos fuera del contexto que les quiso dar este novelista? De este modo hemos ido hilando la compilación que sigue, a partir de los tres criterios mencionados al principio y admitiendo las sal vedades que se impusieron. Respecto a lo que otros antólogos prefieren llamar “las últimas promo ciones”, terminología que “se pone en entredicho” por la inestabilidad y arbitrariedad de ver el desarrollo de las letras con la comodidad de ¿treinta? años de generaciones, movimientos y hechos comerciales, hemos preferido incluir textos contestatarios. Éstos se sitúan en la periferia de un campo literario en el que los novelistas más jóvenes sufren, por lo menos, de ambigüedad respecto a su lugar entre los establecidos. No obstante se no tará, aparte de ciertas venias sinceras, que los novelistas hispanoamericanos más jóvenes sí llegan a admitir la condición de continuar, para bien o para mal, la misión del novelista en su función de crítico, con las salve dades de enfoque pertinentes. Se observa un regreso a la preocupación por la historia. Pero ésta ya no es la preocupación decimonónica, sino más bien “vigesémica”, como diría José Emilio Pacheco. Reaparecen, o se corrigen y aumentan con los jóvenes, los problemas de identidad genérica, punto de vista, “estilo”, biografía y obra, técnica narrativa, simbología; por otra parte se acentúan las cronotopías, ideologías, simbología y teorización de la novela en la novela. Con esto hemos cumplido una revisión interpretativa para la novela, si no como modo subjetivo, paradigma o barómetro ético, discurso cultural o terapéutico y diseño psicológico, sí como proceso metanarrativo con sus debidos estatutos, categorías y variaciones que permitirá a la crítica emitir sus juicios respecto a la selección que presentamos.

sábado, 26 de septiembre de 2026

Diccionario de términos jurídico-policiales ESPAÑOL-INGLÉS INGLÉS-ESPAÑOL Juan Checa Domínguez

 


Presentación 

En 1998, con motivo de la celebración de un curso intensivo de inglés policial para funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía impartido por la División de Formación y Perfeccionamiento de la Dirección General de la Policía, elaboré un esbozo del diccionario que ahora se presenta. Aquel primer texto, que todavía se sigue utilizando como material de consulta, no quedó estancado. Las aportaciones y sugerencias de muchos compañeros y profesionales nacionales y extranjeros, las nuevas tendencias y tipos delictivos, la evolución tecnológica y los nuevos modelos policiales hicieron que aquel primer diccionario creciera y se ampliara. El propósito fue siempre el mismo: dotar a aquellos funcionarios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que hubieran de trabajar con la lengua inglesa de un instrumento que aportara un plus de calidad y profesionalidad. A instancia de algunos compañeros también se incluyeron ejemplos y explicaciones de uso, siempre con clara intención didáctica. Por otro lado, era necesario abordar el asunto del argot. Con mucha precaución se amplió el vocabulario en este aspecto, siempre procurando no caer en lo zafio y teniendo presente que si hay algo que está vivo en un idioma son esas expresiones que un día o en un lugar significan algo y al cabo de unos años o en otra ciudad o país resultan obsoletas o extrañas. El diccionario no solo está pensado para estudiantes y traductores de habla hispana que aborden materias policiales, penales, procesales y criminales. También resultará útil para el intercambio de información, para oficinas de atención al ciudadano, para el funcionario que haya de asistir a reuniones internacionales y, en general, para aquellos que tengan que relacionarse profesionalmente con ciudadanos de habla inglesa. Quiero agradecer la colaboración y apoyo del Servicio de Traducción de la Secretaría General Técnica del Ministerio del Interior, cuya revisión formal del texto ha contribuido de forma decisiva a mejorar la calidad de esta obra. EL AUTOR

viernes, 25 de septiembre de 2026

Fragmentos. Novela. Sueño de Polífilo. Francesco Colonna -2-



***

 El pegma o pedestal era maravilloso: de anchura, al

tura y longitud adecuadas para sostener la máquina que 

tenía encima, estaba hecho de un sólo bloque de mármol 

con vetas de distintos colores y manchas sueltas, gratas a 

la vista, dispuestas confusamente en infinitas mezclas. 

En el frente de dicha piedra que daba a la puerta, vi so

brepuesta una corona de mármol verde, de hojas del 

amargo apio mezcladas con otras de hinojo. Dentro de 

ella había un círculo de piedra blanca incrustado, que 

tenía grabada esta inscripción en mayúsculas latinas: 

igualmente, en la cara opuesta, había una corona de ho

jas del mortal acónito, con esta inscripción:

En el lado derecho estaban cinceladas algunas figuras

de hombres y muchachas danzando, cada uno con dos ros

tros: el de delante risueño y el posterior llorando. Y bai

laban en corro, cogiéndose de la mano, hombre con hom

bre y mujer con mujer, un brazo de cada hombre pasando 

por debajo del de la mujer y el otro por encima. Y así enla

zados, marchaban uno tras otro, de modo que siempre un 

rostro alegre estaba vuelto hacia el triste de la persona pre

cedente. Eran siete hombres y siete mujeres, tan perfecta

mente esculpidos, con sus vivaces movimientos y el re

vuelo de sus ropas, que no acusaban a su hábil artífice 

de otro defecto que el de no haber dado la voz 

a unos y las lágrimas a otros. Este corro 

estaba egregiamente tallado dentro 

de una figura delimitada por 

dos semicírculos.30

Bajo esta figura oval vi escrita la siguiente palabra: 

t e m pv s. Vi luego que en otro lado había muchos adoles

centes que se dedicaban a coger flores entre diversas 

hierbas y arbustos, y con ellos muchas hermosas ninfas 

que bromeaban con alegría y se las arrebataban cariño

samente. Era obra perfecta del mismo artífice que la an

terior y enmarcada en la misma figura, bellísimamente 

moldurada, y las molduras de ambas estaban revestidas 

de exquisita hojarasca. Debajo de ella, de la manera que 

ya dije, había algunas mayúsculas grabadas que forma

ban esta sola palabra: a m issio . Eran letras eximias, cuya 

anchura estaba sacada de la novena parte y un poco más 

del diámetro del cuadrado.

No poco estupefacto, meditaba y miraba con curiosi

dad y sumo placer aquella máquina ingente, fundida en 

forma de animal por el ingenio humano, dignísima inven

ción en la que cada miembro participaba perfectamente 

en la egregia armonía y compaginación del conjunto. Mi

rándola, me vino a la memoria el funesto caballo Sejano.3'

Luego, estando ofuscado por tan artificioso misterio, 

se ofreció a mis ojos el espectáculo no menos admirable de 

un enorme elefante y sentí un gran deseo de dirigirme ha

cia él. Pero he aquí que entonces oí en otra parte un gemi

do humano como el de un enfermo y me detuve, con los 

cabellos erizados. Apresurando mis pasos hacia el gemido 

sin otro pensamiento, subí por un montón de ruinas y de 

grandes fragmentos de mármol. Al acercarme, vi un enor

me y admirable coloso con los pies descalzos y horadados 

y las piernas agujereadas y vacías, y yendo a su cabeza con 

horror para inspeccionarla, conjeturé que la brisa que se 

introducía en sus abiertas plantas, divina invención, pro

vocaba el gemido que lanzaba. 

Fragmentos. Novela. Sueño de Polífilo. Francesco Colonna

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