"Después de su regreso, lo fuimos viendo menos, se fue aislando. Solamente una llamada telefónica, una carta y unas esporádicas invitaciones a la mansión y “pare de contar”. Don Julián pasó a ser un recuerdo, una memoria dentro de otra memoria desperdigada en el pensamiento de compañeros y patólogos aquí en Medicatura Forense. Y de ser un hombre real, una existencia física, pasó a ser una leyenda, un ser imaginario y fabuloso. Fabuloso por su historia, por su fortuna que heredó y dejó a todos boquiabiertos. Quizá la mayoría en el fondo deseamos tener un abuelo paterno o materno que nos herede como a don Julián, de allí su leyenda". (Mariposas Negras para un Asesino).
CARTILLA ELECTRÓNICA DEL ESCRITOR J MÉNDEZ-LIMBRICK. Premio Nacional de Narrativa Alberto Cañas 2020. Premio Nacional Aquileo j. Echeverría novela 2010. Premio Editorial Costa Rica 2009. Premio UNA-Palabra 2004.
martes, 20 de octubre de 2020
HISTORIA DE LA ETERNIDAD 419 ARTE DE INJURIAR. JORGE LUIS BORGES.
HISTORIA DE LA ETERNIDAD 419
ARTE DE INJURIAR
Un estudio preciso y fervoroso de' los otros géneros literarios,
me dejó creer que la vituperación y la burla valdrían necesariamente
algo más. El agresor (me dije) sabe que el agredido será
él, y que "cualquier palabra que pronuncie podrá ser invocada
en su contra", según la honesta prevención de los vigilantes de
Scotland Yard. Ese temor lo obligará a especiales desvelos, de los
que suele prescindir en otras ocasiones más cómodas. Se querrá
invulnerable, y en determinadas páginas lo será. El cotejo de
las buenas indignaciones de Paul Groussac y de sus panegíricos
turbios —para no citar los casos análogos de Swift, de Johnson
y Voltairé— inspiró o ayudó esa imaginación. Ella se disipó
cuando dejé la complacida lectura de esos escarnios por la investigación
de su método.
Advertí en seguida una cosa: la justicia fundamental y el
delicado error dé mi conjetura. El burlador procede con desvelo,
efectivamente, pero con un desvelo de tahúr que admite las
ficciones de la baraja, su corruptible cielo constelado de personas
bicéfalas. Tres reyes mandan en el poker y no significan nada
en el truco. El polemista no es menos convencional. Por lo
demás, ya las recetas callejeras de oprobio ofrecen una ilustrativa
maquette de lo que puede ser la polémica. El hombre de Corrientes
y Esmeralda adivina la misma profesión en las madres
de todos, o quiere que se muden en seguida a una localidad muy
general que tiene varios nombres, o remeda un tosco sonido
—y una insensata convención ha resuelto que el afrentado por
esas aventuras no es él, sino el atento y silencioso auditorio. Ni
siquiera un lenguaje se necesita. Morderse el pulgar o tomar
el lado de la pared (Sampson: / will take the wall of any man
or maid of Montague's. Abram: Do yon hite your thumh at us,
sir?) fueron, hacia 1592, la moneda legal del provocador, en la
Verona fraudulenta de Shakespeare y en las cervecerías y lupanares
y reñideros de oso en Londres. En las escuelas del Estado,
el pito catalán y la exhibición de la lengua rinden ese servicio.
Otra denigración muy general es el término perro. En la noche
146 del Libro de las mil noches y una, pueden aprender los
discretos que el hijo del león fue encerrado en un cofre sin salida
por el hijo de Adán, que lo reprendió de este modo: El destino
te ha derribado y no te pondrá de pie la cautela, oh perro del
desierto.
Un alfabeto convencional del oprobio define también a los
polemistas. El título señor, de omisión imprudente o irregular
en el comercio oral de los hombres, es denigrativo cuando lo
420 JORGE* LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS
estampan. Doctor es otra aniquilación. Mencionar los sonetos
cometidos por el doctor Lugones, equivale a medirlos mal para
siempre, a refutar cada una de sus metáforas. A la primera
aplicación de doctor, muere el semidiós y queda un. vano caballero
argentino que usa cuellos postizos de papel y se hace rasurar
día por medio y puede fallecer de una interrupción en las' vías
respiratorias. Queda la central e incurable futilidad de todo
ser humano. Pero los sonetos quedan también, con música que
espera. (Un italiano, para despejarse de Goethe, emitió un breve
artículo donde no se cansaba de apodarlo il signore Wolfgang.
Esto era casi una adulación, pues equivalía a desconocer que
no faltan argumentos auténticos contra Goethe).
Cometer un soneto, emitir artículos. El lenguaje es un repertorio
de esos convenientes desaires, que hacen el gasto principal
en las controversias. Decir que un literato ha expelido un libro
o lo ha cocinado o gruñido, es una tentación harto fácil; quedan
mejor los verbos burocráticos o tenderos: despachar, dar curso,
expender. Esas palabras áridas se combinan con otras efusivas, y
la vergüenza del contrario es eterna. A una interrogación sobre un
martiliero que era, sin embargo, declamador, alguien inevitablemente
comunicó que estaba rematando con energía la Divina
Comedia. El epigrama no es abrumadoramente ingenioso, pero
su mecanismo es típico. Se trata (como en todos los epigramas)
de una mera falacia de confusión. El verbo rematar (redoblado
por el adverbio con energía) deja entender que el acriminado
señor es un irreparable y sórdido martiliero, y que su diligencia
dantesca es un disparate. El auditor acepta el argumento sin
vacilar, porque no se lo proponen como argumento. Bien formulado,
tendría que negarle su fe. Primero, declamar y subastar
son actividades afines. Segundo, la antigua vocación de declamador
pudo aconsejar las tareas del martiliero, por el buen
ejercicio de hablar en público.
Una de las tradiciones satíricas (no despreciada ni por Macedonio
Fernández ni por Quevedo ni por George Bernard Shaw)
es la inversión incondicional de los términos. Según esa receta
famosa, el médico es inevitablemente acusado de profesar la
contaminación y la muerte; el escribano, de robar; el verdugo,
de fomentar la longevidad; los libros de invención, de adormecer
o petrificar al lector; los judíos errantes, de parálisis; el sastre,
de nudismo; el tigre y el caníbal, de no perdonar el ruibarbo.
Una variedad de esa tradición es el dicho inocente. Por ejemplo:
El festejado catre de campaña debajo del cual el general ganó la
batalla. O: Un encanto el último film del ingenioso director
Rene Clair. Cuando nos despertaron...
Otro método servicial es el cambio brusco. Verbigracia: Un
HISTORIA DE LA ETERNIDAD 421
joven sacerdote de la Belleza, una mente adoctrinada de luz
helénica, un exquisito; un verdadero hombre de gusto (a ratón).
Asimismo esta copla de Andalucía, que en un segundo pasa de la
información al asalto:
Veinticinco palillos
Tiene una silla,
¿Quieres que te la rompa
En las costillas'?
Repito lo formal de ese juego, su contrabando pertinaz de
argumentos necesariamente confusos. Vindicar realmente una
causa y prodigar las exageraciones burlescas, las falsas caridades,
las concesiones traicioneras y el paciente desdén, no son actividades,
incompatibles, pero sí tan diversas que nadie las ha conjugado
hasta ahora. Busco ejemplos ilustres. Empeñado en la
demolición de Ricardo Rojas, ¿qué hace Groussac? Esto que
copio y que todos los literatos de Buenos Aires han paladeado.
Es asi cómo, verbigracia, después de oídos con resignación, dos
o tres fragmentos en prosa gerundiana de cierto mamotreto públicamente
aplaudido por los que apenas lo han abierto, me considero
autorizado para no seguir adelante, ateniéndome, por
ahora, a los sumarios o índices de aquella copiosa historia de lo
que orgánicamente nunca existió. Me refiero especialmente a
la primera y más indigesta parte de la mole (ocupa tres tomos
de los cuatro): balbuceos de indígenas o mestizos. . . Groussac, en
ese buen malhumor, cumple con el más ansioso ritual del juego
satírico. Simula que lo apenan los errores del adversario (después
de oídos con resignación); deja entrever el espectáculo de una
cólera brusca (primero la palabra mamotreto, después la mole);
so vale de términos laudatorios para agredir (esa historia copiosa)
en fin, juega como quien es. No comete pecados en la sintaxis,
que es eficaz, pero sí en el argumento que indica. Reprobar un
libro por el tamaño, insinuar que quién va a animársele a ese
ladrillo y acabar profesando indiferencia por las zonceras de unos
chinos y unos mulatos, parece una respuesta de compadrito, no
de Groussac.
Copio otra celebrada severidad del mismo escritor: Sentiríamos
que la circunstancia' de haberse puesto en venta el alegato del
doctor Pinero, fuera un obstáculo serio para su difusión, y que
este sazonado fruto de un año y medio de vagar diplomática se
limitara a causar "impresión" en la casa de Coni. Tal no sucederá,
Dios mediante, y al menos en cuanto penda de nosotros, no
se cumplirá tari melancólico destino. Otra vez el aparato de la
piedad; otra vez la diablura de la sintaxis. Otra vez, también,
422 JORGE LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS
la banalidad portentosa de la censura: reírse de los pocos interesados
que puede congregar un escrito y de su pausada elaboración.
Una vindicación elegante de esas miserias puede invocar la
tenebrosa raíz de la sátira. Ésta (según la más reciente seguridad)
se derivó de las maldiciones mágicas de la ira, no de razonamientos.
Es la reliquia de un inverosímil estado, en que las
lesiones hechas al nombre caen sobre el poseedor. Al ángel Satanail,
rebelde primogénito del Dios que adoraron los bogomiles,
le cercenaron la partícula il, que. aseguraba su corona, su esplendor
y su previsión. Su morada actual es el fuego, y su huésped
la ira del Poderoso. Inversamente narran los cabalistas, que la
simiente del remoto Abram era estéril hasta que interpolaron
en su nombre la letra he, que lo hizo capaz de engendrar.
Swif t, hombre de amargura esencial, se propuso en la crónica
de los viajes del capitán Lemuel Gülliver la difamación del género
humano. Los primeros —el viaje a la diminuta república
de Lilíput y a la desmesurada de Brobdingnag— son lo que
Leslie Stephen admite: un sueño antropométrico, que en nada
roza las complejidades de nuestro ser, su fuego y su álgebra. El
tercero, el más divertido, se burla de la ciencia experimental mediante
el consabido procedimiento de la inversión: los gabinetes
destartalados de Swift quieren propagar ovejas sin lana, usar
el hielo para la fabricación de la pólvora, ablandar mármol
para almohadas, batir enjaminas sutiles el fuego y aprovechar
la parte nutritiva que encierra la materia fecal. (Ese libro
incluye también una fuerte página sobre los inconvenientes de
la decrepitud.) El cuarto viaje, el último, quiere demostrar que
las bestias valen más que los hombres. Exhibe una virtuosa república
de caballos conversadores, monógamos, vale decir, humanos,
con un proletariado de hombres cuadrúpedos, que habitan en
montón, escarban la tierra, se prenden de la ubre de las vacas
para robar la leche, descargan su excremento sobre los otros,
devoran carne corrompida y apestan. La fábula es contraproducente,
como se ve. Lo demás es literatura, sintaxis. En la conclusión
dice: No me fastidia el espectáculo de un abogado, de un
ratero, de un coronel, de, un tonto, de un lord, de un tahúr, de
un político, de un rufián. Ciertas palabras, en esa buena enumeración,
están contaminadas por las vecinas.
Dos ejemplos finales. Uno es la célebre parodia de insulto
que nos refieren improvisó el doctor Johnson. Su esposa, caballero,
con el pretexto de que trabaja en un lupanar, vende géneros
de contrabando. Otro es la injuria más espléndida s e
conozco: injuria tanto más singular si consideramos que es
el único roce de su autor con la literatura. Los dioses no consin
HISTORIA
DE LA ETERNIDAD 423
tieron que Santos Chocano deshonrara el patíbulo, muriendo en
él. Ahí está vivo, después de haber fatigado la infamia. Deshonrar
el patíbulo. Fatigar la infamia. A fuerza de abstracciones ilustres,
la fulminación descargada por Vargas Vila rehúsa cualquier
trato con el paciente, y lo deja ileso, inverosímil, muy secundario
)' posiblemente inmortal. Basta la mención más fugaz del nombre
de Chocano para que alguno reconstruya la imprecación, oscureciendo
con maligno esplendor todo cuanto a él se refiere —hasta
los pormenores y los síntomas de esa infamia.
Procuro resumir lo anterior. La sátira no es menos convencional
que un diálogo entre, novios o que un soneto distinguido
con la flor natural por José María Monner Sans. Su método
es la intromisión de sofismas, su única ley la simultánea invención
de buenas travesuras. Me olvidaba: tiene además la obligación
de ser memorable.
Aquí de cierta réplica varonil que refiere De Quincey (Writings,
onceno tomo, página 226). A un caballero, en una discusión
teológica o literaria, le arrojaron en la cara un vaso de vino. El
agredido no se inmutó y dijo al ofensor: Esto, señor, es una
digresión, espero su argumento. (El protagonista de esa réplica,
un doctor Henderson, falleció en Oxford hacia 1787, sin dejarnos
otra memoria que esas justas palabras: suficiente y hermosa inmortalidad.)
Una tradición oral que recogí en Ginebra durante los últimos
años de la primera guerra mundial, refiere que Miguel Servet
dijo a los jueces que lo habían condenado a la hoguera: Arderé,
pero ello no es otra cosa que un hecho. Ya seguiremos discutiendo
en la eternidad.
Adrogué, 1933.
Ficha técnica:
E LUIS
BORGES
COMPLETAS
1923-1972
EMECÉ EDITORES
BUENOS AIRES
Edición dirigida y realizada por
CARLOS V. FRÍAS
© Emecé Editores, S.A, 1974
Alsina 2062 - Buenos Aires, Argentina
Ediciones anteriores: 62.000 ejemplares
14a edición en offset: 5.000 ejemplares
Impreso en Compañía Impresora Argentina S.A., Alsina 2041/49,
Buenos Aires, septiembre de 1984
IMI'HLSO EN LA ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.
I.S.B.N.: 950-04-0217-3
39.009
lunes, 19 de octubre de 2020
IV Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad. (Fragmento. HISTORIA DE LA ETERNIDAD). JORGE LUIS BORGES ACEVEDO.
IV
Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad.
Es una pobre eternidad ya sin Dios, y aun sin otro poseedor
y sin arquetipos. La formulé en el libro El idioma de los argentinos,
en 1928. Trascribo lo que entonces publiqué; la página
se titulaba Sentirse en muerte.
"Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace unas noches:
fruslería demasiado evanescente y extática para que la llame
aventura; demasiado irrazonable y sentimental para pensamiento.
Se trata de una escena y de su palabra: palabra ya antedicha por
í
366 JORGE LUÍS BORGES—OBRAS COMPLETAS
mí, pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi
yo. Paso a historiarla, con los accidentes de tiempo y de lugar
que la declararon,
"La rememoro así. La tarde que precedió a esa noche, estuve
en Barracas: localidad no visitada por mi costumbre, y cuya distancia
de las que después recorrí, ya dio un extraño sabor a ese
día. Su noche no tenía destino alguno; como era serena, salí a
caminar y recordar, después de comer. No quise determinarle rumbo
a esa caminata; procuré una máxima latitud de probabilidades
para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de
una sola de ellas. Realicé en la mala medida de lo posible, eso
que llaman caminar al azar; acepté, sin otro consciente prejuicio
que el de soslayar las avenidas o calles anchas, las más oscuras
invitaciones de la casualidad. Con todo, una suerte de gravitación
familiar me alejó hacia unos barrios, de cuyo nombre quiero
siempre acordarme y que dictan reverencia a mi pecho. No quiero
significar así el barrio mío, el preciso ámbito de la infancia, sino
sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que he poseído
entero en palabras y poco en realidad, vecino y mitológico a jin
tiempo. El revés de lo conocido, su espalda, son para mí esas calles
penúltimas, casi tan efectivamente ignoradas como el soterrado
cimiento de nuestra casa o nuestro invisible esqueleto. La marcha
me dejó en una esquina. Aspiré noche, en asueto serenísimo de
pensar. La visión, nada complicada por cierto, parecía simplificada
por mi cansancio. La irrealizaba su misma tipicidad. La calle era
de casas bajas, y aunque su primera significación fuera de pobreza,
la segunda era ciertamente de dicha. Era de lo más pobre y de lo
más lindo. -Ninguna casa se animaba a la calle; la higuera oscurecía
sobre la ochava; los portoncitos —más altos que las líneas
estiradas de las paredes— parecían obrados en la misma sustancia
infinita de la noche. La vereda era escarpada sobré la calle; la
calle era de barro elemental, barro de América no conquistado
aún. Al fondo, el callejón, ya campeano, se desmoronaba hacia el
Maldonado. Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada
parecía no hospedar luz de "luna, sino efundir luz íntima.' No
habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado.
"Me quedé mirando esa sencillez. Pensé, con seguridad en voz
alta: Esto es lo mismo de hace treinta años. . . Conjeturé esa fecha:
época reciente en otros países, pero ya remota en este cambiadizo
lado del mundo. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por
él un cariño chico, y de tamaño de pájaro; pero lo más seguro
es que en ese ya vertiginoso silencio no hubo más ruido que el
también intemporal de los grillos. El fácil pensamiento Estoy en
mil ochocientos y tantos dejó de ser unas cuantas aproximativas
palabras y se profundizó a realidad. Me sentí muerto, me sentí
HISTORIA DE LA ETERNIDAD 367
percibidor abstracto del mundo: indefinido temor imbuido de
ciencia que es la mejor claridad de la metafísica. No creí, no,
haber remontado las ^presuntivas aguas del Tiempo; más bien me
sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible
palabra eternidad. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.
"La escribo, ahora, así: Esa pura representación de hechos homogéneos
—noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano
de la madreselva, barro fundamental— no es meramente idéntica
a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos
ni repeticiones, la misma! El tiempo, si podemos intuir esa identidad,
es una delusión: la indiferencia e inseparabilidad de un
momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, bastan
para desintegrarlo.
"Es evidente que el número de tales momentos humanos no es
infinito. Los elementales .—los de sufrimiento físico y goce físico,
los de acercamiento del sueño, los de la audición de una música,
los de mucha intensidad o mucho desgano— son más impersonales
aún. Derivo de antemano esta conclusión: la vida es demasiado
pobre para no ser también inmortal, Pero ni siquiera tenemos
la seguridad de nuestra pobreza, puesto que el tiempo, fácilmente
refutable en lo sensitivo, no lo es también en lo intelectual, de
cuya esencia parece inseparable el concepto de sucesión. Quede,
pues, en anécdota emocional la vislumbrada idea y en la confesa
irresolución de esta hoja el momento verdadero de éxtasis y la
insinuación posible de eternidad de que esa noche no me fue avara."
*
El propósito de dar interés dramático a esta biografía de la eternidad, me
ha obligado a ciertas deformaciones: verbigracia, a resumir en cinco o seis
nombres una gestación secular.
He trabajado al azar de mi biblioteca. Entre otras obras que más serviciales
me fueron, debo mencionar las siguientes:
Die Philosophie der Griechen, von Br. Paul Beussen. Leipzig, 1919.
Works of Platinas. Translated by Thomas Taylor. London, 1817.
Passages Illustraling N eoplatonism. Translated with an introduction by E. R.
Bodds. London, 1932.
La philosophie de Platón, par Alfred Fouillée, París. 1869.
Die Welt ais Wille und Vorstellung, von Arthux Schopenhauer. Herausgegeben
von Eduard Grisebach. Leipzig, 1892.
Die Philosophie des Mittelallers, von Br. Paul Beussen. Leipzig, 1920.
¡.as confesiones de San Agustín, Versión literal por el P. Ángel C. Vega.
. Madrid, 1932.
A Monument to Saint Augustine, London, 1930.
Dogmatik, von Br. R. Rothe. Heidelberg,. 1870.
Ensayos de critica filosófica, de Menéndez y l'elayo. Madrid, 1892.
368 JORGE LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS
***
Alguna vez (Historia de la eternidad) he procurado enumerar o recopilar
todos los testimonios de la doctrina del Eterno Regreso que fueron anteriores
a Nietzsche. Ese vano propósito excede la brevedad de mi erudición y de la
vida humana. A los testimonios ya registrados básteme agregar, por ahora,
el del Padre Feijoo (Teatro crítico universal, tomo cuarto, discurso doce).
Éste, como Sir Thomas Browne, atribuye la doctrina a Platón. La formula
así: "Uno de los delirios de Platón fue, que absuelto todo el circulo del año
magno (así llamaba a aquel espacio de tiempo en que todos los astros, después
de innumerables giros, se han de restituir a la misma postura y orden
que antes tuvieron entre sí) , se han de renovar todas las cosas; esto es, han
de volver a aparecer sobre el teatro del mundo los mismos actores a representar
los mismos sucesos, cobrando nueva existencia hombres, brutos, plantas,
piedras; en fin, cuanto hubo animado e inanimado en los anteriores
.siglos, para repetirse en ellos los mismos ejercicios, los mismos acontecimientos.
los mismos juegos de la fortuna que tuvieron en su primera existencia,"
278 JORGE LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS.
Nota al pie de página a la pág. 277.
Ficha técnica:
JORGE LUIS
BORGES
COMPLETAS
1923-1972
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BUENOS AIRES
Edición dirigida y realizada por
CARLOS V. FRÍAS
© Emecé Editores, S.A, 1974
Alsina 2062 - Buenos Aires, Argentina
Ediciones anteriores: 62.000 ejemplares
14a edición en offset: 5.000 ejemplares
Impreso en Compañía Impresora Argentina S.A., Alsina 2041/49,
Buenos Aires, septiembre de 1984
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Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.
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domingo, 18 de octubre de 2020
Victor Hugo, el Rey Sol. 44 escritores de la literatura universal.
Victor
Hugo, el Rey Sol
Hijo de un padre militar, estricto y pedregoso, que de
la mano de José Bonaparte fue gobernador de Guadalajara y conde de Sigüenza,
viajó de niño a España —pantalones de terciopelo oscuro, medias, mangas largas
de encaje— con un convoy de napoleones de oro. Doce millones contantes y
sonantes que, cada trimestre, enviaba Napoleón al sur, erizados de bayonetas y
sables, para pagar a sus soldados. Conoció la barbarie, las emboscadas y los
soldados muertos, crucificados en los portones de las granjas, al lado de las
noches de concierto y los bailes de oropel y opereta.
Vivió una vida aventurera paralela a aquel siglo,
agitado, que se llenó de armones de artillería, adoquines y gritos de
ordenanza. Y ocurrió que Francia, entera, de norte a sur, de este a oeste, fue
toda La
Marsellesa
y la bandera tricolor, y él el poeta del pueblo. «El niño sublime», lo
llamaron, cuando apenas adolescente escribió sus primeros versos, que salieron
de su boca como redobles, como salvas o himnos…
Escribía en un gabinete de trabajo tapizado de damasco
rojo. Allí tenía sobre un velador un sello de cristal de roca, otro de oro y la
brújula de Cristóbal Colón, de cobre, en la que se leía: «La Pinta, 1492». Y
allí entraron los insurgentes de la comuna, armados hasta los dientes,
llamándole traidor, para encontrar, sobre una alta mesa en la que se había
acostumbrado a escribir y a dibujar, las primeras páginas manuscritas de la que
sería su novela inmortal, Los miserables.
Vivió más de veinte años exiliado. Paseando por las
playas como un espectro, negro, de arriba abajo, y subido a los riscos donde su
hijo le hacía fotos borrosas. Cuando volvió a París, lo recibieron con vítores
y aplausos, como a un cantante. Fue diputado, par, caballero de la Legión de
Honor y designado Rey Sol de la literatura.
Cuando murió, se decretaron funerales de Estado, con
puestos de bebidas, bocadillos, vendedores ambulantes, y la gente que alquilaba
escaleras de mano para ver el solemne cortejo.
La muerte. Hubo algo de ella latente, recurrente, en su
vida: vio morir a su esposa, a su amante, a sus dos hijos varones, a su hija
Léopoldine, ahogada, una tarde, en el Sena; a su hermano Eugène… Vio morir,
asqueado, también a los muertos de la historia; los de las barricadas, los
rebeldes, los conspiradores… Entre sus papeles apareció un cuaderno escolar, en
el que había escrito, con catorce años: «Ser Chateaubriand o nada». Qué
pretensión. Qué vocación. Qué ojo.
Ficha
técnica
Nº de
páginas:
236
Editorial:
SIRUELA
Idioma:
CASTELLANO
Encuadernación:
Tapa dura
ISBN:
9788416964406
Año
de edición:
2017
Plaza
de edición:
MADRID
sábado, 17 de octubre de 2020
IV. Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad. (Fragmento. HISTORIA DE LA ETERNIDAD). JORGE LUIS BORGES.
(En la gráfica y en el orden usual: Jorge Luis Borges y Bioy Casares).
"IV. Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad.
Es una pobre eternidad ya sin Dios, y aun sin otro poseedor
y sin arquetipos. La formulé en el libro El idioma de los argentinos,
en 1928. Trascribo lo que entonces publiqué; la página
se titulaba Sentirse en muerte.
"Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace unas noches:
fruslería demasiado evanescente y extática para que la llame
aventura; demasiado irrazonable y sentimental para pensamiento.
Se trata de una escena y de su palabra: palabra ya antedicha por
í
366 JORGE LUÍS BORGES—OBRAS COMPLETAS
mí, pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi
yo. Paso a historiarla, con los accidentes de tiempo y de lugar
que la declararon,
"La rememoro así. La tarde que precedió a esa noche, estuve
en Barracas: localidad no visitada por mi costumbre, y cuya distancia
de las que después recorrí, ya dio un extraño sabor a ese
día. Su noche no tenía destino alguno; como era serena, salí a
caminar y recordar, después de comer. No quise determinarle rumbo
a esa caminata; procuré una máxima latitud de probabilidades
para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de
una sola de ellas. Realicé en la mala medida de lo posible, eso
que llaman caminar al azar; acepté, sin otro consciente prejuicio
que el de soslayar las avenidas o calles anchas, las más oscuras
invitaciones de la casualidad. Con todo, una suerte de gravitación
familiar me alejó hacia unos barrios, de cuyo nombre quiero
siempre acordarme y que dictan reverencia a mi pecho. No quiero
significar así el barrio mío, el preciso ámbito de la infancia, sino
sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que he poseído
entero en palabras y poco en realidad, vecino y mitológico a un
tiempo. El revés de lo conocido, su espalda, son para mí esas calles
penúltimas, casi tan efectivamente ignoradas como el soterrado
cimiento de nuestra casa o nuestro invisible esqueleto. La marcha
me dejó en una esquina. Aspiré noche, en asueto serenísimo de
pensar. La visión, nada complicada por cierto, parecía simplificada
por mi cansancio. La irrealizaba su misma tipicidad. La calle era
de casas bajas, y aunque su primera significación fuera de pobreza,
la segunda era ciertamente de dicha. Era de lo más pobre y de lo
más lindo. -Ninguna casa se animaba a la calle; la higuera oscurecía
sobre la ochava; los portoncitos —más altos que las líneas
estiradas de las paredes— parecían obrados en la misma sustancia
infinita de la noche. La vereda era escarpada sobré la calle; la
calle era de barro elemental, barro de América no conquistado
aún. Al fondo, el callejón, ya campeano, se desmoronaba hacia el
Maldonado. Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada
parecía no hospedar luz de "luna, sino efundir luz íntima.' No
habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado.
"Me quedé mirando esa sencillez. Pensé, con seguridad en voz
alta: Esto es lo mismo de hace treinta años. . . Conjeturé esa fecha:
época reciente en otros países, pero ya remota en este cambiadizo
lado del mundo. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por
él un cariño chico, y de tamaño de pájaro; pero lo más seguro
es que en ese ya vertiginoso silencio no hubo más ruido que el
también intemporal de los grillos. El fácil pensamiento Estoy en
mil ochocientos y tantos dejó de ser unas cuantas aproximativas
palabras y se profundizó a realidad. Me sentí muerto, me sentí
HISTORIA DE LA ETERNIDAD 367
percibidor abstracto del mundo: indefinido temor imbuido de
ciencia que es la mejor claridad de la metafísica. No creí, no,
haber remontado las ^presuntivas aguas del Tiempo; más bien me
sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible
palabra eternidad. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.
"La escribo, ahora, así: Esa pura representación de hechos homogéneos
—noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano
de la madreselva, barro fundamental— no es meramente idéntica
a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos
ni repeticiones, la misma! El tiempo, si podemos intuir esa identidad,
es una delusión: la indiferencia e inseparabilidad de un
momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, bastan
para desintegrarlo.
"Es evidente que el número de tales momentos humanos no es
infinito. Los elementales .—los de sufrimiento físico y goce físico,
los de acercamiento del sueño, los de la audición de una música,
los de mucha intensidad o mucho desgano— son más impersonales
aún. Derivo de antemano esta conclusión: la vida es demasiado
pobre para no ser también inmortal, Pero ni siquiera tenemos
la seguridad de nuestra pobreza, puesto que el tiempo, fácilmente
refutable en lo sensitivo, no lo es también en lo intelectual, de
cuya esencia parece inseparable el concepto de sucesión. Quede,
pues, en anécdota emocional la vislumbrada idea y en la confesa
irresolución de esta hoja el momento verdadero de éxtasis y la
insinuación posible de eternidad de que esa noche no me fue avara."
*
El propósito de dar interés dramático a esta biografía de la eternidad, me
ha obligado a ciertas deformaciones: verbigracia, a resumir en cinco o seis
nombres una gestación secular.
He trabajado al azar de mi biblioteca. Entre otras obras que más serviciales
me fueron, debo mencionar las siguientes:
Die Philosophie der Griechen, von Br. Paul Beussen. Leipzig, 1919.
Works of Platinas. Translated by Thomas Taylor. London, 1817.
Passages Illustraling N eoplatonism. Translated with an introduction by E. R.
Bodds. London, 1932.
La philosophie de Platón, par Alfred Fouillée, París. 1869.
Die Welt ais Wille und Vorstellung, von Arthux Schopenhauer. Herausgegeben
von Eduard Grisebach. Leipzig, 1892.
Die Philosophie des Mittelallers, von Br. Paul Beussen. Leipzig, 1920.
¡.as confesiones de San Agustín, Versión literal por el P. Ángel C. Vega.
. Madrid, 1932.
A Monument to Saint Augustine, London, 1930.
Dogmatik, von Br. R. Rothe. Heidelberg,. 1870.
Ensayos de critica filosófica, de Menéndez y l'elayo. Madrid, 1892.
368 JORGE LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS".
Fuente:
JORGE LUIS
BORGES
COMPLETAS
1923-1972
EMECÉ EDITORES
BUENOS AIRES
Edición dirigida y realizada por
CARLOS V. FRÍAS
© Emecé Editores, S.A, 1974
Alsina 2062 - Buenos Aires, Argentina
Ediciones anteriores: 62.000 ejemplares
14a edición en offset: 5.000 ejemplares
Impreso en Compañía Impresora Argentina S.A., Alsina 2041/49,
Buenos Aires, septiembre de 1984
IMI'HLSO EN LA ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.
I.S.B.N.: 950-04-0217-3
39.009
Hermann Hesse, el hilo de sangre. 44 escritores de la literatura universal.
Hermann
Hesse, el hilo de sangre
Cuando nació Hermann, un bebé rollizo, rosado y sonriente, sus padres iniciaron una costumbre familiar que se prolongaría durante años. Se levantaban pronto, casi de madrugada, tomaban un café, frugal, con leche, y a la luz tenue de las lámparas, naranja y uniforme, leían en voz alta dos capítulos del Antiguo Testamento, así en ayunas. Solo después se persignaban, despertaban a la criada y vestían a los niños.
Pero ocurrió que aquel runrún de santidad melosa, de
severo ascetismo, cirios y olor a incienso, no fue suficiente para impedir que
el pequeño Hesse fuera un niño travieso y revoltoso. No había día en que
alguien del vecindario no acudiera a quejarse porque había pegado a su hijo, o
saltado un muro, o roto un cristal de una pedrada. Memmerle, decían, señalando a aquel
diablillo indómito de rodillas siempre o casi siempre magulladas, que sufrió
una inflación de regañinas, broncas, sopapos, bofetadas y reglazos en la palma
de la mano —sin llorar, sin una queja—, que era como entonces arreglaban las
cosas los docentes.
Fue un muchacho trastornado, rebelde, conflictivo en el
trato, algo huraño, callado, esquivo, según sus preceptores, que se escapó una
noche del seminario donde estudiaba. Cuando apareció, aterrado y hambriento, lo
enviaron a una celda de castigo, a pan y agua, y en la pared, grabada en el
estuco, descubrió la firma de su hermano mayor, que había estado allí siete
años antes. Fue a parar a una institución para adolescentes con problemas,
donde el director hacía exorcismos, y a punto estuvo de perderse para siempre,
si no llega a ser por la jardinería, el dibujo, la música.
Después fue aprendiz de relojero, librero, trabajó con
un anticuario, y por las noches, robando tiempo al sueño, a los amigos, se hizo
escritor. Siempre le gustó el campo, caminar con el sol en la cara, nadar… Se
casó tres veces, y tuvo tres hijos, el más pequeño, Martin, que fue fotógrafo,
y que le hizo, al cabo de los años, todas las fotos buenas que hay de él.
Nunca consiguió del todo escapar de la penalidad, de la
pobreza, de una Europa, como él, enferma, infortunada. Nunca estuvo conforme.
No quiso resignarse a la guerra, a Hitler, al terror, a los judíos perseguidos…
Convertido en autor de éxito, la gente iba a visitarlo, a su casa, o le
escribía. A veces —harto— pedía a su amigo Günter Böhmer que saliera a la calle
vestido como él, para despistar a quienes le paraban, le tocaban las manos, y
le pedían consejo. También le gustaba escapar en un viejo descapotable que
tenía su última mujer, Ninon, lleno de abolladuras y arañazos porque nunca fue
demasiado buena conduciendo.
Murió una noche, por sorpresa, después de escuchar a
Mozart. Su esposa lo encontró por la mañana, acostado. Tan plácido el gesto que
habría jurado que estaba dormido si no hubiera sido por un hilillo de sangre
que le caía por la comisura de los labios, casi invisible. Casi.
Ficha
técnica
Nº de
páginas:
236
Editorial:
SIRUELA
Idioma:
CASTELLANO
Encuadernación:
Tapa dura
ISBN:
9788416964406
Año
de edición:
2017
Plaza
de edición:
MADRID
martes, 13 de octubre de 2020
Historia de la eternidad (1936) . OBRAS COMPLETAS. EMECÉ EDITORES. JORGE LUIS BORGES.
Historia de la eternidad
(1936)
HISTORIA DE LA ETERNIDAD 351
P R Ó L O G O
Poco diré de la singular "historia de la eternidad" que da nombre
a estas páginas. En el principio hablo de la filosofía platónica;
en un trabaja que aspiraba al rigor cronológico, más razonable hubiera
sido partir de los hexámetros de Parménides ("no ha sido
nunca ni será, porque es"). No sé cómo pude comparar a "inmóviles
piezas de museo" las formas de Platón y cómo no entendí,
leyendo a Schopenhauer y al Erígena, que éstas son vivas, poderosas
y orgánicas. El movimiento, ocupación de sitios distintos
en instantes distintos, es inconcebible sin tiempo; asimismo lo es
la inmovilidad, ocupación de un mismo lugar en distintos puntos
del tiempo. ¿Corno pude no sentir que la eternidad, anhelada
con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos
libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo
sucesivo?
Dos artículos he agregado que complementan o rectifican el
texto: La metáfora de 1952, El tiempo circular de 1943.
El improbable o acaso inexistente lector de Las kenningar
puede interrogar el manual Literaturas germánicas medievales,
que escribí con María Esther Vázquez. Quiero no omitir la mención
de dos aplicadas monografías: Die Kenningar der Skalden,
Leipizg, 1921, de Rudolf Meissner y Die Altenglischen Kenningar,
Hale, 1938, de Herta Marquardt.
El acercamiento á Almotásim es de 193?; he leído hace poco
The Sacred Fount (1901), cuyo argumento general es tal vez
análogo. El narrador, en la delicada novela de james, indaga si
en B influyen A o C; en El acercamiento a Almotásim, presiente
o adivina a través de B la remotísima existencia de Z, a quien B
no conoce.
El mérito o la culpa de la resurrección de estas páginas no
tocará por cierto a mi karma, sino al de mi generoso y tenaz
amigo José' Edmundo Clemente. '
JLB.
Fuente:
© Emecé Editores, S.A, 1974
Alsina 2062 - Buenos Aires, Argentina
Ediciones anteriores: 62.000 ejemplares
14a edición en offset: 5.000 ejemplares
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Buenos Aires, septiembre de 1984
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sábado, 10 de octubre de 2020
Apéndice EL APRENDIZAJE DEL ESCRITOR por Jorge Luis Borges
(En la gráfica: Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges).
Apéndice
EL APRENDIZAJE DEL ESCRITOR
por Jorge Luis Borges
El oficio del poeta, el oficio del escritor, es un oficio raro. Chesterton dijo: «only one thing is needful, everything» (solo una cosa es necesaria, todo). Ese todo para un escritor es más que una palabra genérica; ese todo para un escritor es literal. Representa lo capital, lo esencial, representa las experiencias humanas. Por ejemplo, un escritor necesita soledad, y consigue su parte. Un escritor necesita amor, y será amado y amante. Un escritor necesita amistad. De hecho, un escritor necesita el universo. Ser un escritor es, en un sentido, ser el que sueña despierto; vivir una suerte de doble vida.
Yo publiqué el primer libro mío, Fervor de Buenos Aires, en el año 1923. Este libro no fue un elogio de Buenos Aires; en cambio, yo traté de expresar cómo me sentía en relación con mi ciudad. Sé que entonces quedó en falta de muchas cosas, porque aunque en mi casa viví en una atmósfera literaria —mi padre fue un hombre de letras— aún eso no fue suficiente. Yo necesitaba algo más, que eventualmente encontré en la amistad y en la conversación literaria.
Lo que una gran universidad debería ofrecer a un joven escritor es precisamente eso: conversación, discusión, el arte del acuerdo y, lo que es acaso más importante, el arte del desacuerdo. Y como resultado de todo eso, es posible que llegue el momento en que el joven escritor sienta que puede transmutar sus emociones en poesía. Un joven escritor debería empezar, desde luego, imitando a los escritores que le gusten. De modo que el escritor se convierte en sí mismo perdiéndose a sí mismo —esa extraña forma de doble vida, de vivir en la realidad tanto como se pueda y al mismo tiempo de vivir en esa otra realidad, aquella que uno tiene que crear, la realidad de sus sueños.
Este es el propósito esencial del programa de escritura de la Facultad de Artes de la Universidad de Columbia. Hablo en nombre de los muchos jóvenes en Columbia quienes se esfuerzan por ser escritores, los muchos jóvenes que todavía no han descubierto la entonación de sus propias voces. He pasado recientemente dos semanas aquí, pronunciando conferencias ante ávidos estudiantes escritores. Puedo ver lo que estos talleres significan para ellos; puedo ver cuán importantes son para el avance de la literatura. En mi propia tierra, los jóvenes no tienen tales oportunidades.
Pensemos en los aún anónimos poetas, aún anónimos escritores, a quienes debiéramos reunir y mantenerlos juntos. Estoy seguro de que es nuestra responsabilidad ayudar a estos futuros bienhechores a alcanzar ese descubrimiento final de sí mismos que hace a la gran literatura. La literatura no es un mero juego de palabras; lo que importa es lo que no queda dicho, o lo que puede ser leído entre líneas. Si no fuera por este profundo ímpetu íntimo, la literatura no sería más que un juego, y todos nosotros sabemos que puede ser mucho más que eso.
Todos tenemos el placer de la lectura, pero el escritor tiene asimismo el placer y la tarea de la escritura. Debemos a todos los jóvenes escritores la oportunidad de reunirse, les debemos la oportunidad de acordar o desacordar y, finalmente, les debemos la oportunidad de lograr el arte de la escritura. Muchas gracias.
JORGE FRANCISCO ISIDORO LUIS BORGES (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 – Ginebra, 14 de junio de 1986). Fue un escritor argentino y uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX.
Jorge Luis Borges procedía de una familia de próceres que contribuyeron a la independencia del país. Su antepasado, el coronel Isidro Suárez, había guiado a sus tropas a la victoria en la mítica batalla de Junín; su abuelo Francisco Borges también había alcanzado el rango de coronel. Pero fue su padre, Jorge Guillermo Borges Haslam, quien rompiendo con la tradición familiar se empleó como profesor de psicología e inglés. Estaba casado con la uruguaya Leonor Acevedo Suárez, y con ella y el resto de su familia abandonó la casa de los abuelos donde había nacido Jorge Luis y se trasladó al barrio de Palermo, a la calle Serrano 2135.
En su casa se hablaba en español e inglés, así que desde su niñez Borges fue bilingüe, y aprendió a leer inglés antes que castellano, a los cuatro años y por influencia de su abuela materna. Estudió primaria en Palermo y tuvo una institutriz inglesa. En 1914 su padre se jubila por problemas de visión, trasladándose a Europa con el resto de su familia y, tras recorrer Londres y París, se ve obligada a instalarse en Ginebra (Suiza) al estallar la Primera Guerra Mundial, donde el joven Borges estudió francés y cursó el bachillerato en el Lycée Jean Clavin.
Es en este país donde entra en contacto con los expresionistas alemanes, y en 1918, a la conclusión de la Primera Guerra Mundial, se relacionó en España con los poetas ultraístas, que influyeron poderosamente en su primera obra lírica. Tres años más tarde, ya de regreso en Argentina, introdujo en este país el ultraísmo a través de la revista Proa, que fundó junto a Güiraldes, Bramón, Rojas y Macedonio Fernández. Por entonces inició también su colaboración en las revistas Sur, dirigida por Victoria Ocampo y vinculada a las vanguardias europeas, y Revista de Occidente, fundada y dirigida por el filósofo español José Ortega y Gasset. Más tarde escribió, entre otras publicaciones, en Martín Fierro, una de las revistas clave de la historia de la literatura argentina de la primera mitad del siglo XX. No obstante su formación europeísta, siempre reivindicó temáticamente sus raíces argentinas, y en particular porteñas.
Ciego desde 1955 por la enfermedad congénita que había dejado también sin visión a su padre, desde entonces requerirá permanentemente de la solicitud de su madre y de un escogido círculo de amistades que no dudan en realizar con él una solidaria labor amanuense, colaboración que resultará muy fructífera. Borges accedió a casarse en 1967 con una exnovia de juventud, Elsa Astete, por no contrariar a su madre, pero el matrimonio duró solo tres años y fue «blanco». La noche de bodas la pasó cada uno en su casa. Sus amigos coinciden en que el día más triste de su vida fue el 8 de julio de 1975, cuando tras una larga agonía fallece su madre.
Fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires —donde obtiene la cátedra en 1956—, presidente de la Asociación de Escritores Argentinos y director de la Biblioteca Nacional, cargo del que fue destituido por el régimen peronista y en el que fue repuesto a la caída de este, en 1955. Tradujo al castellano a importantes escritores estadounidenses, como William Faulkner, y publicó con Bioy Casares una Antología de la literatura fantástica (1940) y una Antología de la poesía gauchesca (1956), así como una serie de narraciones policíacas, entre ellas Seis problemas para don Isidro Parodi (1942) y Crónicas de Bustos Domecq (1967), que firmaron con el seudónimo conjunto de H. Bustos Domecq.
Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y en el pensamiento universal, y que además, ha sido objeto de minuciosos análisis y de múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye todo tipo de dogmatismo.
Es considerado uno de los eruditos más reconocidos del siglo XX. Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, silogismos ornitológicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, thrillers teológicos, nostálgicas geometrías y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que las obras de Borges ofrecen tanto a los estudiosos como al lector casual. Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Siendo un literato puro pero, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y la mente universal.
Doctor Honoris Causa por las universidades de Cuyo, los Andes, Oxford, Columbia, East Lansing, Cincinnati, Santiago, Tucumán y La Sorbona, Caballero de la Orden del Imperio Británico, miembro de la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos y de la The Hispanic Society of America, algunos de los más importantes premios que Borges recibió fueron el Nacional de Literatura, en 1957; el Internacional de Editores, en 1961; el Premio Internacional de Literatura otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor (Mallorca) compartido con Samuel Beckett, en 1969; el Cervantes, máximo galardón literario en lengua castellana, compartido con Gerardo Diego, en 1979; y el Balzan, en 1980. Tres años más tarde, el gobierno español le concedió la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio y el gobierno francés la Legión de Honor.
A pesar de su enorme prestigio intelectual y el reconocimiento universal que ha merecido su obra, sus posturas políticas le impidieron ganar el Premio Nobel de Literatura, al que fue candidato durante casi treinta años, posturas que evolucionaron desde el izquierdismo juvenil al nacionalismo y después a un liberalismo escéptico desde el que se opuso al fascismo y al peronismo. Fue censurado por permanecer en Argentina durante las dictaduras militares de la década de 1970, aunque jamás apoyó a la Junta militar. Con la restauración democrática en 1983 se volvió más escéptico.
El 26 de abril de 1986 se casa por poderes en Colonia Rojas Silva, en el Chaco paraguayo, con María Kodama —secretaria y acompañante de sus viajes desde 1975—. El escritor nunca llegó a convivir con Kodama, con quien se casó 45 días antes de su muerte. La apresurada boda, que levantó la suspicacia de algunos conocidos del escritor y de los medios de comunicación, convirtió a Kodama en heredera de un gran patrimonio tanto económico como intelectual. «Borges y yo somos una misma cosa, pero la gente no puede entenderlo», sentenció. Kodama se convirtió en presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luís Borges.
El escritor falleció en Ginebra el 14 de junio de 1986.
Fuente:
Título original: Borges on Writing
Jorge Luis Borges, 1972
Traducción: Julián Ezquerra
Diseño de cubierta: Eduardo Ruiz
EDITORIAL SUDAMERICANA
jueves, 8 de octubre de 2020
(Conferencia. Poesía. Universidad de Columbia. Año: 1971. Fragmento 2). Jorge Luis Borges.
"Todo joven poeta se siente un Adán que nombra las cosas. Pero lo cierto es que un poeta no es Adán y que tiene una larga tradición detrás de él. Esa tradición es el lenguaje en el que escribe y la literatura que ha leído. Yo creo que es más prudente para un joven escritor demorar la invención y la irreverencia por un tiempo y tratar meramente de escribir como algún buen escritor a quien admire". Jorge Luis Borges.
(Conferencia. Poesía. Universidad de Columbia. Año: 1971. Fragmento 2).
Conferencias. Universidad de Columbia, año 1971. Jorge Luis Borges. Fragmento 1.
"Uno tiene que ser técnicamente mucho más hábil para intentar el verso libre que para intentar lo que ustedes quizá reconozcan como anticuado. Desde luego, si alguno resultara ser Walt Whitman, tendrá el ímpetu íntimo, o la urgencia íntima, que lo haga capaz y digno del verso libre, pero no todos tenemos esa suerte". Conferencias. Universidad de Columbia, año 1971. Jorge Luis Borges.
Comentario:
En desacuerdo con el maestro Borges. El verso libre posee tanta dificultad como cualquier forma clásica del poema. Estamos ante dos paradigmas literarios: en el primero, saber donde termina el poema; en el segundo: buscar la métrica y la rima para armar el soneto. J. Méndez-Limbrick.
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Problemas filosóficos de la modernidad fragmento
Agradecimientos Este libro ha sido posible por medio del apoyo de muchas personas e instituciones. Los coordinadores agradece mos el apoyo...









