INSTITUTO DE ESTUDIOS POLITICOS MADRID CLASICOS POLITICOS
JENOFONTE LA REPUBLICA DE LOS LACEDEMONIOS
EDICION, TRADUCCION Y NOTAS, CON ESTUDIO PRELIMINAR POE MARIA RICO GOMEZ O
REVISADO POR MANUEL FERNANDEZ GAL1ANO OAUDEiTIOO DI LA UNIVnSIDAD DB UADBID INSTITUTO DE ESTUDIOS POLITICOS Madrid 1973 LA REPUBLICA DE LOS LACEDEMONIOS Reimpresión de la 1.» edición de 1957 La colección Clásicos políticos está dirigida por FRANCISCO JAVIER CONDE Depósito legal: M. 25931-1973 I. S. B. N. 84-259-0407-2 GRAFOFFSET, S. L. - Políg. Ind. “Los Angeles” - MADRID
1.—Autenticidad y fecha de la obra Άλλ’ έγώ 'βννοήσας ποτέ... Estas palabras, con las que da comienzo la República de los Lacedemonios, sugieren ya al lector el primer problema que esta obra plantea: el de quién pueda ser este .’eyco, es decir, el problema de la cer teza o no certeza de la atribución de este tratado a Jeno fonte.
Rara vez —desde los alejandrinos hasta nuestros días— há sido discutida esta atribución. Sin embargó, no deja de haber poderosas razones· para plantear el problema de la autenti cidad, como puso de relieve Chrimes hace unos años en un interesante estudio sobre la antigua Esparta (1). Para Chrimes estamos ante la obra de un ateniense, filósofo o pseudofílósofo laconizante de los muchos que clamaban sus teorías en la Atenas estremecida todavía por la condena de Sócrates.
Chrimes aventura incluso un nombre: el del socrático Antístenes, que la escribiría hacia el 395 a. de C., y concede, a lo sumo,, que pudo Jenofonte escribir este tratado no más tarde de ese mismo año 395, cuando más reciente sería en su espíritu la influencia de los cír culos socráticos laconizantes, y cuando no habían llegado todavía para él las posteriores experiencias que le llevarían a un conocimiento más preciso y real de la Esparta de su tiempo. (1) K. M. T. Chrimes. Ancient Sparta. Manchester University Press. 1952. Cf. Appendix VII, págs. 490-499. VI Por nuestra parte, creemos que la atribución a Jeno fonte fuerza a situar resueltamente antes del 395 la fecha de composición de este opúsculo, si queremos eludir las bien fundadas objeciones de Chrimes.
Pues el hecho es que en 395, Jenofonte hace ya años que está en íntimo contacto con loS modos de vida - lacedemonios y ha tomado parte, junto con los soldados espartanos, en campañas (retirada de los Diez Mil y acción de Agesilao en Asia) en las que, sin duda, pudo observar la táctica y organización del ejército de Esparta. Sin embargo, las referencias que en este texto nos ofréce sobre el ejército espartano, a más de impreci sas, resultan en muchos casos realmente anacrónicas, lo que induce lógicamente a suponer que Jenofonte inició esta obra en sus años mozos, antes del 395.
Este problema de la fecha en que fue escrita la República de los Lacedemonios —tan estrechamente relacionado con el de la autenticidad— resulta de muy difícil esclarecimiento por la presencia del discutido capítulo XIV, en el que, en ataque implacable, fustiga el autor los vicios que corroían la antigua fortaleza lacedemonia.
Este inciso, que inte rrumpe de modo sorprendente la apología de las virtudes espartanas, desconcierta a los críticos, que oscilan entre suponer que ha sufrido un desplazamiento en el texto o declararle espurio. Lo más natural, a nuestro entender, es ver en la República de los Lacedemonios un simple ensayo, una obra de juven tud hacia la que tal vez volvió en ocasiones sus ojos Jeno fonte, pero a la que, ocupado en empresas que le eran más urgentes o más gratas, no alcanzó a dar forma definitiva. 2,—Plan de la República de los Lacedemonios Parece excesivo hablar de plan en esta obra en la que es manifiesto el desorden de las ideas.
El mismo título, Αακεδοαμονίων Πολιτεία, que sin duda le fue dado por el propio Jenofonte, no resulta muy adecuado, ya que no estamos ante una sistemática exposición de las instituciones espartanas, y aun el término mismo πολιτεία, como con razón se ha hecho notar, aparece sólo una vez (XV. 1) a lo largo del texto. VII Sin embargo, Jenofonte parece saber muy bien lo que se propone. Ya desde las primeras líneas nos dice que quiere mostrar a qué grado de pujanza y prosperidad llegó Lace- demonia bajo la legislación de Licurgo, y cómo la constitu ción espartana es a todas luces el mejor régimen que pudo adoptar jamás ciudad alguna.
Mas Jenofonte no logra dar cima a su proyecto. Si guiendo el juicio de Marchant (2), diremos que el ateniense realiza en cierto modo su plan a lo largo de los diez prime ros capítulos; pero, a partir del XI, al internarse en el estu dio de las instituciones militares, se “entusiasma”, por así decirlo, y desviándose de la finalidad que se había propues to, cae en una pura exaltación de las virtudes del ejército espartano, realizada en una forma desangelada: mera acu mulación de datos, sin duda alguna interesantes, pero cuyo conjunto sólo podría calificarse de imprecisos apén dices sobre el ejército lacedemonio y la realeza espartana. El carácter deshilvanado de esta última parte del tra tado (XI-XV) y la presencia del desconcertante capítulo XIV, nos apoyan en nuestra opinión de que estamos ante una obra inconclusa, que no llegó a conocer el feliz retoque de su autor. Jenofonte no consigue, pues, desarrollar, como animosa mente se propone, el cuadro deslumbrante de la constitu ción espartana y de sus brillantes resultados; pero sí rea liza, en cambio, cumplidamente otro propósito que era, en verdad, el que en ésta como en otras ocasiones (Agesilao, Helénicas...), le impulsaba a escribir: entonar la apología de Esparta. 3-J enofonte y e l filo lac o n ism o Porque Jenofonte es uno de los máximos representantes del filolaconismo ateniense de fines del siglo V y comienzos del IV. Vive Esparta sus días de gloria, que habían de ser escasos; su hegemonía es saludada con entusiasmo por las mentes (2) Xenophon.
Scripta minora. With an English translation by E. C. Marchant. London, MCMXV. VIH más elevadas, que esperan ver surgir de ella la fuerza uni- ficadora que ponga fin al desgarrador individualismo helé nico. En este momento de, extraordinaria inquietud polí tica, junto a los que clamaban por el retorno incondicional a la vieja tradición, muchos eran los atenienses que, sumi dos “en una actitud de admiración simplista y superficial del principio espartano de la educación colectiva” (Jaeger), abogan por la implantación de una oligarquía aristocrá tica en la Atenas derrotada. Ya de antiguo venía la ponde ración de los modos de vida laconios, y el círculo socrático (el círculo decimos, que no el mismo Sócrates) no es el me nos responsable en la difusión que alcanzó esta tendencia extranjerizante.
De los discípulos de Sócrates varios hubo que, en su de seo de llegar a un nuevo ideal de estado y de sociedad, diri gieron sus miradas esperanzadas hacia la Esparta a churas penas victoriosa, aplicándose a cantar la excelencia de sus instituciones sociales y políticas; muchos entre , ellos estu dian con afán a los antiguos poetas, en especial a Tfrteo, y sobre tales testimonios, que les brindan, como es natural, una visión idealizada del asunto, se lanzan a la confección de panegíricos filolaconizantes, en los que ofrecen una ima gen superficial y falsa de la constitución espartana.
Al propio Platón pódríamos acusarle de un marcado filolaco- nismo en la concepción de su República ideal, si bien no se le ocultaban los grave.s defectos de que adolecía la cons titución lacedemonia. Nuestro Jenofonte, en cambio, rara vez desfallece en su entusiasmo por Esparta, y a él ofrendó desde muy joven, junto con su talento, su vida misma. Hombre hecho para la acción, lleva su filolaconismo a las últimas consecuencias. Después de sus campañas —mejor diríamos, aventuras bélicas— en Asia, le vemos luchar en Queronea (394) frente a sus propios conciudada nos, alcanzando doble y contrapuesta recompensa a su hazaña: de un lado, el destierro de Atenas; de otro, la generosa acogida espartana y la donación de tierras en la Elide, cerca de Olimpia (390-387). Ahora Jeno fonte puede obseivar de cerca, a sus admirados espartanos, puede ver lo que se esconde tras la impresionante máscara de grandeza, puede juzgar qué se ha hecho de la antigua IX sencillez y de la pretérita obediencia a las leyes de Licurgo.
Entonces fue tal vez cuando, desilusionado, herido en su fiel devoción a Esparta, compuso el arrebatado capítu lo XIV, en el que fustiga la codicia y crueldad de los har- mostas espartanos y la disolución en que ha caído Lacede- monia por no obedecer a las leyes dadas por el dios (XIV. 7). Seguidamente renuncia a proseguir la obra que inició un día al calor de ardorosas lecturas y bajo la influencia de los círculos laconizantes de políticos e intelectuales de la Atenas de fin de siglo. Pues el filolaconismo no se reducía a la pacífica esfera de los filósofos o pseudofilósofos, interesados en los pro blemas educativos, sino que durante algún tiempo, y para desgracia de la maltrecha Atenas, invadió las revueltas camarillas de políticos advenedizos, atentos, ya por fana tismo, ya por ambición, a las consignas oligárquicas de Esparta.
Entre ellos alcanzó triste fama Critias (que tiempo atrás fue también discípulo de Sócrates), autor de una extravagante Λακ βδ αιμονίων IIoÀtreta, en prosa y verse (cf. Fr. 25 y 32, Diels), que al amparo de la tension política del momento alcanzó pronta difusión. Y es evidente para los críticos que esta obra, leída y releída con entusiasmo por el joven Jenofonte, determinó a éste a ensayar sus fuerzas en un panegírico del mismo ca rácter, y hasta del mismo título.
Pues, aparte la gran fre cuencia con que Jenofonte utiliza en sus obras asuntos que ya han sido tratados por algún predecesor, concurren aquí coincidencias flagrantes entre la obra en prosa de Critias y la Rep. Lac. de Jenofonte: el propósito de entablar una comparación entre los usos existentes en las distintas ciu- .dades y los que regían en Esparta; y el hecho de iniciar su estudio con la cuestión de la procreación. Una gran dife rencia los separa, en cambio, y muy significativa: mientras Critias parece desconocer a Licurgo, Jenofonte, desde las primeras líneas, hace de él el genio de la renovación polí tica de Esparta.
Pero una y otra responden por igual a esa postura tópica de admiración' hacia Esparta, qué habría de ocasionar, además dé funestas consecuencias políticas, una copio sa producción literaria, índice del fecundo movimiento de ideas y de la tensa inquietud política que llenan el siglo IV ateniense. 4- I nteres que ofrece la República de los Lacede m onios El verdadero interés de esta obra radica en el hecho de ser uno de los muchos textos representativos de la tendencia pedagógica que animó el siglo IV.
La preocupación política, derivada en gran parte de las ideas sofísticas y encauzada, merced a la acción socrática, en un sentido marcadamente ético, apunta ahora hacia un nuevo tipo de παιδεία, que logre superar, actuando sobre los individuos, la grave crisis en que se halla sumida la Gre cia otrora triunfante y segura de sí misma.
Este ideal, tardíamente nacido, que persigue en primer término la formación de gobernantes, a través de los cuales se propone operar más tarde sobre el pueblo mismo (cf. las utopías platónicas y las obras de lsócrates y de Aristóte les), da lugar a una riquísima literatura, hermanada, en sus diversas manifestaciones, por una preocupación común: la pedagógica, “unidad superior, en que se encuentran filoso fía, retórica y ciencias”. (Jaeger). A esta variada producción corresponden 'muchas de las obras de Jenofonte y, entre ellas, ésta que ahora nos ocupa y que, como casi todos sus escritos, lleva el sello de un marcado didactismo. Y este carácter es probablemente el mérito más positivo que podemos reconocer en el tratado sobre la constitución espartana.
No deja de ser estimable, también, el interés que posee la Rep. Lac. como pieza documental, tanto más cuanto que son muy escasas nuestras fuentes de información sobre la antigua Esparta y sobre la constitución de Licurgo.
Ya hemos dicho que las referencias que se nos dan en este tratado son con frecuencia poco claras y aun incoherentes; con más frecuencia aún, ligeras y harto insuficientes para nosotros; pero no tanto que no hayamos de agradecer a Jenofonte la transmisión de datos que, sin él, habrían que dado ignorados y mal conocidos. XI 5.-La Esparta de la República de los Lacedemonios Sería injusto, pues, negar el interés de la visión de la Esparta de Licurgo que en la Rep. Lac. nos ha dejado Jenofonte.
Trataremos a continuación algunos de los puntos que nos parecen interesantes por sí mismos o por la opinión y los datos que con respecto a ellos aporta el autor en este texto.

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