Con profunda emoción y gratitud ritualizada, quiero agradecer a cada lector que se adentró en los pasadizos éticos, simbólicos y obsesivos de El Laberinto del Verdugo. Que la primera reimpresión se haya agotado no es solo un dato editorial: es un acto de justicia poética, una señal de que la palabra aún puede convocar, inquietar y transformar.
Gracias por leer con fiebre, por compartir silencios, por debatir con sombras. Cada ejemplar agotado es una huella, una complicidad, una promesa de que la literatura sigue siendo un espacio de resistencia y revelación.
Nos reencontraremos en la próxima edición… o en el próximo descenso. Méndez-Limbrick.

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