viernes, 19 de diciembre de 2025

JUAN ISIDRO JIMENES-GRULLON Anti-Sábato o Ernesto Sábato: Un escritor dominado por fantasmas FRAGMENTO

 


Anti-Sábato o Ernesto Sábato: Un escritor dominado por fantasmas de Juan Isidro Jimenes-Grullón por el DR. ENRICO PUGLIATTI Y MÉNDEZ-LIMBRICK

Este ensayo, galardonado en 1967 por la Universidad del Zulia, constituye una crítica filosófica, histórica y literaria al pensamiento y la obra de Ernesto Sábato, especialmente a su concepción del hombre moderno y su visión de la novela como vehículo de angustia existencial.

Enfoque y estructura

  • Jimenes-Grullón analiza las ideas de Sábato expuestas en El escritor y sus fantasmas y en sus novelas El túnel y Sobre héroes y tumbas, cuestionando su diagnóstico de la crisis del hombre contemporáneo.

  • El autor desmantela la tesis de Sábato sobre la deshumanización provocada por el Renacimiento, la ciencia y el capitalismo, señalando que la cosificación del ser humano tiene raíces más antiguas y complejas.

 Argumentación

  • El ensayo se apoya en referencias históricas, filosóficas y económicas (Marx, Lukács, Lefebvre, Freud, Kierkegaard) para refutar la visión de Sábato como simplista y dominada por “fantasmas” irracionalistas.

  • Jimenes-Grullón distingue entre enajenación y cosificación, y argumenta que Sábato confunde ambas, generalizando fenómenos que afectan a clases sociales específicas.

Estilo y tono

  • El tono es combativo, erudito y a veces irónico. El autor no oculta su desacuerdo con Sábato, pero lo hace desde una postura crítica fundamentada, no meramente polémica.

  • El ensayo combina análisis filosófico con crítica literaria, y aunque exige atención por su densidad conceptual, ofrece una lectura rica para quienes buscan entender los debates sobre modernidad, razón y literatura en América Latina.

Valor intelectual

  • Más que una crítica a Sábato, el texto es una defensa del pensamiento racional y del análisis histórico frente a las corrientes irracionalistas que marcaron parte del siglo XX.

  • Es también un ejemplo de cómo la crítica literaria puede convertirse en un acto de filosofía política y ética.

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Fragmento del texto en mención.

Un escritor dominado por fantasmas Universidad del Zulia Facultad de Humanidades y Educación Veredicto Nosotros, los abajo firmantes, componentes del Jurado Ca lificador del Concurso de Ensayos, correspondiente al año de 1967, patrocinado por la Facultad de Humanidades y Educación de La Universidad del Zulia, después del examen de los 17 tra bajos presentados, decidimos otorgar por dos votos, el Primer Premio del Certamen al trabajo intitulado Anti-Sábato o Er n esto Sábato: Un escritor dominado por fantasmas, que tie ne por Lema: “En defensa de nuestra América”. 

Con relación al segundo premio, por unanimidad decidimos concederlo al tra bajo intitulado Introducción a la lírica prehispánica, firma do con el seudónimo: “Tlatoani”. El Jurado Calificador estimó aconsejable hacer una mención especial al trabajo denominado U ngaretti traductor de Góngora, que lleva el seudónimo de “Gunga”, así como recomendar la publicación de Napoleón a Bolívar, firmado con el seudónimo “Lares”. Domingo Miliani Joaquín Gabaldón Márquez H . A drianza A lvarez Maracaibo, 20 de enero de 1968. Ernesto Sábato es indudablemente uno de los buenos escri tores latinoamericanos contemporáneos. Ha escrito dos novelas que han cobrado fama: El Túnel y Sobre héroes y tumbas, consi deradas por muchos como novelas psicológicas. Por razones que expondremos luego, no estamos de acuerdo con este criterio. 

En cuanto a la última pensamos, con Fernando Alegría, que más que una novela es “un portentoso monólogo”, 1 ya que la trama, desarticulada, es un instrumento del que el autor se ha servido para expresar sus ideas sobre el hombre contemporáneo. Estas ideas reposan en fundamentos histórico-filosóficos que Sábato expone en otro libro, de tipo ensayístico, intitulado El escritor y sus fantasmas, obra que contiene una defensa vehe mente de su novelística y en la cual aparece, por tanto, una Teoría de la novela y hasta de la literatura actuales. Nos disponemos a analizar esta Teoría. Pero como ella re posa en los aludidos fundamentos, el paso previo es adentrarse en éstos.

 Demos, pues, este paso. El punto de partida de Sábato es que el hombre contem poráneo vive en crisis y que es un producto directo de la cosmo- visión renacentista. A su juicio, “el Renacimiento produjo tres 1 Fernando Alegría, Historia de la novela hispanoamericana, Ed. An drea, pág. 243. En relación con la novela a que se refiere la cita, este autor agrega: “Para mí este libro es un torrente, —ése que llamamos alud cuando se lleva casas, animales, gentes, edificios, ése que se lleva el mundo—, un torrente informe, inatajable, que arrasa con el suelo y el subsuelo y confunde límites y formas y substancias”. Palabras —a nuestro juicio, muy acertadas—, que ponen de relieve el carácter caótico de Sobre héroes y tumbas. paradojas; fue un movimiento individualista que condujo a la masificación; fue un movimiento naturalista que terminó en la máqu'na; y en fin, fue un humanismo que desembocó en la deshumanización”

. Luego expresa: “Ese proceso fue promovido por dos potencias dinámicas y amorales: el dinero y la razón”. Por obra de éstos, “la ciencia y la máquina se fueron alejando hacia un olimpo matemático, dejando solo y desamparado al hom bre que les dio vida. Triángulos y acero, logaritmos y electri cidad, sinusoides y energía atómica edificaron al fin el Gran Engranaje del que los seres humanos acabaron por ser oscuras e impotentes piezas. . . El resultado lo conocemos: fue el dominio del Universo, pero al precio de un total sacrificio del yo, de una total humillación de sus atributos más entrañables”. En suma: el hombre se halla deshumanizado, y a ello se debe el caos dentro del cual vivimos. Hemos dejado de ser hombres, para convertir nos en cosas. . . 

Mas como siempre una acción provoca una reac ción;” penetrantes espíritus —nos dice Sábato— como Dostoiewski. Kierkegaard y Nietzsche, intuyeron que algo trágico se estaba gestando en medio del optimismo universal, pero la Gran Ma quinaria era ya demasiado poderosa para que pudiera ser dete nida. Hasta que en nuestros días ya el mismo hombre de la calle siente que vive en un mundo incomprensible, cuyos objetivos desconoce y cuyos Amos, invisibles y crueles, lo manejan. Mejor que nadie Franz Kafka expresó este desconcierto y este desam paro del hombre contemporáneo en un universo duro y enig mático”. 

Tales afirmaciones, que dado el relieve literario del autor no deben pasar inadvertidas, despiertan las siguientes pregun tas: a) ¿Es correcto cuanto Sábato expresa sobre el Renacimien to? b) Si admitimos que la cosificación del hombre existe ¿no existió acaso antes de producirse la Revolución renacentista? c) La reacción contra dicha cosificación ¿se circunscribió a la co rriente representada por los autores citados? y d) 

¿Se halla real mente el hombre contemporáneo en crisis? Siguiendo el orden expuesto, vamos a responder de inme diato a esas preguntas. a) Es cierto que el Renacimiento implicó el culto a la Ra zón y. por consiguiente, a la Ciencia. Pero sin adentrarse en sus orígenes, Sábato se conforma con comprobar el hecho e infiere de éste la trágica conclusión de que es la causa de la deshumani zación actual del hombre. Tal pensamiento revela, a nuestro mo- 1 do de ver, un notorio simplismo y una fehaciente parcialidad. Si lo admitiéramos tendríamos que ver en dicho evento histórico algo totalmente negativo. En consecuencia, la Edad Media debió haber continuado. Sábato no lo dice, pero lo da a entender al afir mar que el cambio renacentista se inspiró en “una concepción que no reconoce el honor, ni los derechos de la sangre, ni la tra dición”: y que en la Edad Media lo real no era lo “cuantifica- ble”. El escritor argentino reafirma su tesis expresando: “Desde el siglo XIV los relojes mecánicos invaden a Europa y el tiempo empieza a convertirse en una entidad abstracta y objetiva, nu méricamente divisible. 

Y habrá que llegar hasta la novela ac tual para que el viejo tiempo existencial sea recuperado por el hombre”. Evidentemente, como este tiempo no existía entonces, hay que colegir que el fenómeno de la cosificación no se daba; y puesto que la omnipotencia del dinero es, según él, un producto del Renacimiento, tampoco existía en aquella Edad dorada. . . No vamos a negar lo que es harto conocido: el desarrollo científico y el auge de la técnica nacieron del Renacimiento. 

Y / sirvieron de base al crecimiento del capitalismo. Pero Sábato apenas menciona esto último. Más aún: ve una relación directa entre la omnipotencia actual del dinero y el culto a la Razón, sin parar mientes en que esta omnipotencia surgió en la Antigüedad tan pronto la evolución de la propiedad privada hizo necesaria la superación de la economía fundamentada en el trueque. ¿Quién puede negar que el dinero fue omnipotente —muy omni potente— en toda la época del esplendor romano? Luego, por obra de conocidas circunstancias históricas, es sabido que el fe nómeno decayó durante la Alta Edad Media occidental, mien tras se mantuvo vivo en Bizancio. 

Pero no pasó mucho tiempo sin que cobrara en Occidente tales bríos que por sí solo explica la corrupción y el poder de la Iglesia Católica en la Baja Edad Media, así como la fuerza inicial de las Monarquías absolutistas. No se trata, por tanto —como afirma Sábato—, de un hecho ¡ nuevo, derivado del Renacimiento: lo que aconteció desde enton ces fue que adoptó nuevas formas. 

Ello hace ver que la afirma / ción del destacado novelista carece de sentido: implica un dislate ¡ histórico.2 Por otra parte, mucho más influyó en el auge del capita lismo —y, por consiguiente, en la actual omnipotencia del di nero— lo irracional-religioso que el culto a la Razón. Prueba de ello es que este auge respondió, fundamentalmente, a la doctrina de salvación calvinista.3 Es más: aún hoy son muchos los capi 2 El Prof. A. Aymard, (Historia general de las civilizaciones diri gida por el Prof. M. Crouzet, Tomo II, Ed. Destino, pág. 589) ex presa: “El abastecimiento de metales preciosos {en el Bajo Imperio), sin ser tan abundante como antaño, no estaba en absoluto agotado. Es sorprendente saber que las enormes cantidades de oro amonedado que los ricos particulares podían poseer: Símaco gastó 2.000 libras de oro para los juegos de la pretura de su hijo”. 

Por otra parte, ya en el siglo XIII, la omnipotencia del dinero llega a alcanzar tal nivel que el Prof. Ed. Perroy (Tomo III de la misma obra, pág. 533) afirma: “Los privilegios de la burguesía eran gaje de un patriciado poco numeroso. ¿Cuántos eras los ‘gordos’ entre los 50,000 habitantes de Gante, los 20,000 de Arrás o de Siena, los 35,000 de Barcelona, los 45,000 de Florencia? Una treintena o una cuarentena quizás en Gante; unas diez familias en Lille; en Lieja no más de 37; 2,500 grandes en Florencia... Poseedores del suelo, compradores de rentas rústicas y dueños de los alquileres, de ellos dependía el alojamiento de los ciudadanos. Propie tarios rurales, sobre todo en Italia, eran dueños del abastecimiento, cu yos precios fijaban. 

Detentadores de capitales, estaba en sus manos la suerte de las fortunas privadas y de las finanzas públicas. Amos tam bién del trabajo, desde la materia prima hasta la venta del producto fabricado, dominaban las guildas de las ciudades del Norte y las Artes Mayores de las ciudades italianas”. 3 Sobre la influencia del calvinismo —y en general, del protestantismo— en el desarrollo de la economía capitalista, Crane Brinton (Las ideas y los hombres, Ed. Aguilar, pág. 295) dice lo siguiente: “La idea de Lutero de que todos los hombres reciben de Dios su propia vocación, que trabajar de acuerdo con esa vocación es la voluntad de Dios, ayudó a formar la ética de estos hombres de negocios. Mas la auténtica fuen te de esta ética es Calvino, y fue en los países calvinistas donde el capital que financió la última revolución industrial se acumuló du rante aquellos primeros siglos. El calvinismo no solamente predicó la dignidad del trabajo. Insistió en la necesidad del trabajo porque el diablo acecha a los desocupados y, además, porque el trabajo constituye una parte de la deuda del hombre para con mi Dios todopoderoso. 

El éxito en los negocios era un signo evidente del favor de Dios”. (Subra yado por nosotros). talistas que a pesar de que estimulan el progreso de las ciencias y se benefician de éste, no han renunciado a su fe religiosa o se muestran solidarizados con el irracionalismo filosófico y sus deri vaciones políticas. Debe recordarse, en relación con este punto, cómo en el ayer inmediato, el nazismo y el fascismo, que fueron indudablemente las más importantes de estas derivaciones, goza ron del respaldo total del capitalismo alemán o italiano, res pectivamente.

 Sábato calla estas realidades. Presenta al Renacimiento y a la / burguesía en expansión como manifestaciones de la entrega a lo perecedero, obedeciendo al afán de conquistar el mundo con las exclusivas armas de la razón. “El burgués —expresa— había in surgido como realista, preocupado sólo por lo que tenía delante de las narices, desconfiando de toda clase de abstracciones. Pero con sólo palancas y ruedas no se hace la ciencia moderna: es necesario unir los hechos en un esquema racional y abstracto. . . De este modo, apenas la burguesía alcanza la etapa de la ciencia, hace suyo el tema de la abstracción, pero lo instrumenta a su modo, uniéndolo al saber utilitario, entrelazándolo con los po deres temporales de la máquina y el comercio; y, a través del número, al tema de la belleza y la proporción, que era carac terístico del humanismo”. En suma: la burguesía deviene, según este taxativo juicio, totalmente racionalista, deja de creer en lo “eterno”, en lo má gico y lo inconsciente, y todo lo ve “more geométrico”. Pero la historia da un mentís a tales apreciaciones. 

Nos dice que esta visión del mundo fue exclusiva de unas cuantas figuras sobre salientes —por cierto, no todas burguesas— de la época. De ser verdadero lo que Sábato sostiene, ¿serían explicables el horror que provocó en gran parte de la burguesía —especialmente en mu chos de sus intelectuales— la publicación del “Leviathan” de Hobbes, filósofo materialista, 4 y la atadura de dicha clase social, casi hasta el momento presente —en la Europa suprapirenaica— a mitos religiosos o a conceptos irracionalistas? Sábato, por tanto, generaliza un hecho particularísimo, de ínfima extensión. Ve un 4 El Leviathan es una obra “monstruosa, como su mismo titulo lo in dica”. Esta opinión de Leibnitz aparece en la Historia de las ideas políticas de J. Touchard (Ed. Tecnos, pág. 259). punto en el espacio y lo amplía hasta considerarlo todo el espa cío. Mas él mismo se refuta. . . Presenta al romanticismo como una reacción contra el geometrismo racionalista, a su juicio, do minante entonces. 

Expresa sobre el tema: “Así, en medio de aquel mundo que había hecho un mito de las ideas claras y distintas, aparecen esos artistas solitarios que son para la comu nidad lo que los sueños para el individuo. . . En medio de una sociedad refinada y convencional, del mismo modo como en los sueños reaparecen los enigmas primitivos, ese arte vuelve su mirada hacia las selvas africanas, hacia el mundo de los niños y los locos, hacia el inexorable misterio nocturno. El sueño, la videncia y la locura son los instrumentos que esos románticos' utilizarán para ese descenso a los infiernos que más tarde, y más despiadadamente, llevará a cabo el alma sombría de Rimbaud”. Es cierto que hubo mucho de esto en el romanticismo; pero hubo también algo a lo cual Sábato no alude: su raíz social. No señala que fue casi totalmente una voz de la burguesía —de esa burguesía según él exclusivamente racionalista—, voz estrecha mente enlazada con la cosmovisión religiosa o metafísica que esta clase, en su gran mayoría, continuaba sustentando. ¿Qué se infiere de esto? Algo ya dicho: que el culto burgués a la Razón y a la Ciencia de ningún modo implicó la renuncia, por parte de dicha clase, a lo irracional.

 ¿No exaltó Chateaubriand —gran burgués reaccionario— al cristianismo? ¿No se dio el caso de que en. el siglo XIX la metafísica irracionalista cobrara una ex traordinaria difusión en el seno de la burguesía europea occi dental? Las afirmaciones de Sábato al respecto son. pues, total- 1 mente; anti-históricas. Por otra parte, conviene señalar que si la aludida bur guesía acusó dicha postura dual, las clases situadas en los ni veles inferiores a ella siguieron, como en el pasado, plenaria mente dominadas por el irracionalismo, que se expresó en la creencia en viejos mitos y supersticiones de naturaleza mágica. Esta creencia las llevaba a menudo a la exaltación de impulsos afectivos o a alucinaciones y delirios místicos, en todo lo cual veían —como Sábato— la esencia de la vida. 

Pero la actitud de esas clases era explicable: nacía de su secular ignorancia. Sábato, en cambio, no es un ignorante. Es un hombre de formación cien tífica y literaria sólida, que maneja con soltura la pluma. ¿Cómo, entonces, pudo caer en los desatinos expuestos? Por obra de la enajenación, en la acepción marxista del concepto. No es él quien escribe.. . ¡Son los fantasmas creados por las dos vertientes más importantes del irracionalismo contemporáneo: la teoría psico lógica de Freud y la filosofía existencialista! Estos fantasmas —auténticos fetiches— lo dominan y lo llevan al absurdo, a la contradicción, a la irrealidad y a dar la impresión —como hemos visto— de crasa ignorancia.5 La da no sólo por lo que casi 5 No es necesario insistir sobre el irracionalismo de la filosofía existen cialista: se trata de un hecho demasiado conocido. 

Pero se conoce poco la raíz histórica de dicho movimiento filosófico. Sobre este punto, G. Lukacs (El asalto a la razón, Ed. Fondo de Cultura Económica, pág. 398-399) afirma: “En vísperas de estallar la Revolución de 1848, que fue un acontecimiento europeo internacional, se desintegró defi nitivamente el individualismo romántico. La filosofía de aquella amar gura romántico-individualista posterior a la embriaguez fue formulada entonces, bajo la fórmula más original en su época, por el danés Soren Kierkegaard, el más importante de los pensadores producido por aque lla crisis y aquel derrumbamiento. Nada tiene, pues, de extraño que ahora, al imponerse este estado de ánimo depresivo, ya unos cuantos años antes de que estallara la crisis, en forma de presentimiento de los sombríos acontecimientos que se avecinaban, los pensadores guías de la nueva etapa, el husserliano Heidegger y el en otro tiempo psiquiatra Jaspers, proclamai’an el renacimiento de la filosofía kierkegaardiana. 

Como es natural, se pretendió introducir en ella, para hacerla apta a su nueva función, las modalidades impuestas por los tiempos”. En suma: fueron las realidades sociales y sus proyecciones políticas lo que produjo el nacimiento y luego el renacimiento de dicha filosofía. Sobre el irracionalismo del psicoanálisis hay también bastante lite ratura, especialmente en la Unión Soviética. Pero como Freud procuró dar a su teoría una fundamentación científica, reina aún cierta confu sión en muchos espíritus. Basta, no obstante, para afirmar dicho irracio nalismo, el hecho de que el psicoanálisis sostenga que la conducta in dividual es determinada por lo inconsciente. W. Hollitscher, divulgador importante de la referida teoría, nos dice al respecto (Introducción al psicoanálisis, Ed. Paidós, pág. 22 y 34): “Freud propone, en primer lugar, que un pensamiento o cualquiera otro elemento psíquico debería llamarse consciente si y cuando se halla presente en la conciencia, es decir, cuando nos percatamos de su existencia. Si se trata de algo la tente, si existe en mi psique, pero en este preciso momento no me per cato de su existencia, debería denominarse inconsciente... 

Podemos com parar el sistema inconsciente con una especie de amplia antesala en la cual varios elementos psíquicos —pensamientos, emociones impulsos, etc.,— constantemente dice, sino además, por la manera de decirlo. Manera olímpica, que traduce egolatría y desprecio a quienes de él difieren. Pruebas de esto último es que se pregunta si el gran novelista francés Robbe-Grillet —enemigo de la novelística llamada psicológica— es un “idiota”, y lo acusa de mala fe; y que trate a quienes en su patria lo han atacado con probable hon dura, de “filósofos aborígenes”, calificativo —este último— visi blemente desdeñoso, que pone al desnudo su europeísmo.

 No hay, 1 en él, la humildad y el respeto a la opinión ajena que nacen de la auténtica sabiduría. b) Propenso a las generalizaciones —reveladoras casi siem pre de ligereza, el novelista que comentamos, sostiene que el culto a la Razón, la Ciencia y el dinero, realidades para él consus tanciadas— produjo la cosificación del hombre. Hay que admitir, por tanto, que en países donde la Revolución renacentista no tuvo lugar, no existe esta cosificación. Pero aceptemos que él se está refiriendo al hombre occidental; y que, en consecuencia, es éste la única víctima del terrible fenómeno. 

Su pensamiento es bien claro: “La máquina y la ciencia, que orgullosamente el hombre había lanzado sobre el mundo para conquistarlo, ahora se ha vuelto contra él, dominándolo como a un objeto más: de sujeto se ha convertido en objeto, de espíritu en cosa”. Nótese que él usa la palabra hombre en función de concepto general. No se tirata, por consiguiente, de determinados individuos o clases se empujan los unos a los otros como una muchedumbre de postulantes que claman por obtener audiencia. Una puerta conduce a otro departa mento más pequeño, una especie de sala de recepción en el cual la con ciencia administra justicia. En el umbral hay un portero, que escudriña a los postulantes y niega el ingreso a aquéllos que desaprueba. A veces, rechaza al postulante en el mismo umbral. 

A veces, en cambio, si su vigilancia flaquea o no reconoce con prontitud a quien intenta pasar, hay algunos que logran poner pie en la sala de audiencia y entonces debe obligarlos a volver atrás, desde allí. Cualquier elemento psíquico que se halla afuera, en lo inconsciente, no es visible para la conciencia, la cual, por supuesto, se halla en la otra sala. Así, al comienzo todos son igualmente inconscientes”. El autor precisa más su pensamiento di ciendo: “Todo proceso mental pertenece originariamente al sistema psí quico inconsciente; en ciertas circunstancias puede pasar al sistema consciente” (Pág. 33 y 34). La razón aparece así condicionada por la irracionalidad. ¿Puede darse acaso una prueba mayor de irracionalismo? Xn sociales. 

La generalización nos abarca a todos: todos estamos cosificados. ¡Perdón!: no lo están los que se han rebelado contra esa realidad colectiva, comprendiendo que “la vida desborda los esquemas rígidos, es contradictoria y paradojal, no se rige por lo razonable sino por lo insensato”. No lo están, en suma, los que ven en la vida una esencia demencial, ya que la insensatez *' es la antípoda de la racionalidad. Ante tan inauditos pronunciamientos, lo primero que pre cisa indagar es si realmente tal cosificación del hombre —latu sensu— existe. Pues bien: la indagación nos lleva a una conclu sión negativa: el hombre, visto como una totalidad, no está cosi- ficado. 

Pero lo están —y este estar es relativo— vastos sectores . humanos. Lo están casi todos los miembros de la clase obrera del mundo occidental, y en nuestra América, junto a estos sec tores, la servidumbre de la gleba. La burguesía, en cambio, se halla al margen del fenómeno. Para ser más concretos: no lo están quienes disponen de los medios económicos necesarios para llevar una vida holgada, que les permite desarrollar sus potencialida des íntimas, sin la coacción o los valladares que entraña la ata dura a un trabajo asalariado, cuyo desempeño constituye la con dición esencial de la subsistencia.

 En el fondo, este problema de la cosificación aparece ínti- ■ mámente relacionado con el de la enajenación, que ha hecho gastar tanta tinta después de las exposiciones que de él hizo Carlos Marx. Sostuvo éste que hay dos formas de enajenación: una abstracta, que es la que se traduce en la subordinación de las ideas y la actividad consiguiente a una serie de fetiches ideo lógicos surgidos en el curso del devenir humano; y otra mate rial, que implica la pérdida de la autenticidad y sus posibilidades expresivas por obra de fetiches concretos creados por los sistemas económicos. Ambas formas constituyen una unidad, son indiso lubles. Un notable comentador de Marx, —el filósofo H. Le- febvre— sintetiza este concepto afirmando que tanto “el dinero, como la religión, la abstracción metafísica o el Estado, son feti ches. En el fetichismo, los objetos naturales o producidos por el hombre, acusan una realidad extraña y un poder sobre éste. . . 

El fetichismo aparece así como un hecho histórico, social, econó mico, político, de la más alta importancia”. En relación con estas dos formas de enajenación, Marx dijo: “La enajenación re ligiosa como tal sólo se produce en el dominio de la conciencia, del fuero interno del hombre; pero la enajenación economica es la de la vida real y su supresión abraza a ambas”. Débese esto último a que los fetiches concretos, entre los cuales el dinero es el más importante, se proyectan en un conjunto de instituciones que, dependientes de ellos, desvian o substituyen lo esencial de la naturaleza humana. La propia burguesía es víctima de esta desviación o substitución, razón por la cual se halla enajenada material e ideológicamente. 

Pero esta enajenación no entraña su cosificación, debido a que dicha clase conserva —como se dijo— su plena libertad de actuar. En cambio, la clase obrera y casi toda la clase media, al no gozar de esta libertad, asoman inte gradas por individuos convertidos en objetos o cosas. Siendo libre, el burgués puede realizarse, ya sea dentro de cauces propios o de los trazados por el fetichismo a que obedece. 

Pero lo primero es un fenómeno rarísimo y cuando se produce entraña, evidente mente, la supresión de la enajenación, —al menos de la ideoló gica. La regla es lo contrario: los fetiches concretos o abstractos lo gobiernan desde afuera. De ahí que sea un inauténtico; pero no un cosificado. Si fuera también esto último no podría imponer la cosificación a las clases situadas en los niveles inferiores.6 6 La .cita de H. Lefebvre aparece en su obra Pour Connaitre la Pensee de Karl Marx, (Ed. Bordes, pág. 98 y 120).

 La de Marx corresponde a sus “M anuscritos de 1844”, (Ed. Sociales, trad. francesa, Pág. 88). Para una mayor información sobre el pensamiento de Marx al respecto pueden consultarse, además de Ideología Alemana, —obra es crita en colaboración por Marx y Engels—, El Capital, del primero, y numerosos estudios aparecidos en el curso de las últimas tres décadas, entre los cuales sobresalen, a nuestro juicio, el Humanismo Marxista, de Roger Garaudy (Ed. Horizonte); “Marx y Hegel”, de Carlos Astrada (Ed. Siglo XX); La Morale de L’Histoire, de André Gorz (Ed. Le Seuil); y Le Marxisme del citado H. Lefebvre (Ed. Presses Univ. de France). 

En Ideología alemana, Marx y Engels precisan el concepto de enajenación señalando que “los actos propios del hombre se erigen ante él en un poder ajeno y hostil, que lo sojuzga, en vez de ser él quien los domine”. Y agregan: “esta plasmación de las acti vidades sociales, esta consolidación de nuestros propios productos en un poder material erigido sobre nosotros, substraído a nuestro control, que levanta una barrera ante nuestra expectativa y destruye nuestros cálcu los, es uno de los momentos fundamentales que se destacan en to Al presentar la cosificación como un fenómeno que alcanza , hoy a casi toda la humanidad occidental, Sábato comete, por consiguiente, una falsa interpretación de la realidad sociológica del momento actual. 

Sabemos ya que a su juicio, dicho fenómeno se originó con el Renacimiento, debido a que fue entonces cuando surgió el culto a la Razón, la Ciencia y el dinero. Sabemos tam bién —por lo expuesto hace poco— que la historia desmiente cuanto él dice sobre este último tipo de culto. Ello nos lleva a indagar si el mentís cubre también sus afirmaciones respecto a los otros dos. Pues bien: la indagación nos dice que sí. Revela, en efecto, que el fervor por la Razón y la Ciencia nació en la Grecia antigua y se desarrolló simultáneamente con la secular subordinación de vastos sectores sociales a lo irracional. 

Hubo en tre lo uno y lo otro una pugna dialéctica constante, de la cual el mejor ejemplo, en el campo filosófico, fue el antagonismo del pensamiento platónico y el pensamiento aristotélico; y en el campo social, el dominio de las masas por el irracionalismo mágico-religioso, y la lealtad a la razón por parte de determinadas do el desarrollo histórico anterior”. (Otros escritos de Marx, en Marx y su concepto del hombre por Erich Fromm, Ed. Fondo de Cultura Económica, pág. 214 y 215). Garaudy, a su vez, (obra citada, pág. 26 y 27) destaca que “no es posible conformarse con identificar pura y simplemente alienación (o enajenación) y ‘fetichismo de la mercan cía’. 

El primer término tiene más extensión que el segundo: hay una alienación (o enajenación) religiosa, politica, ideológica, etc., en tanto que el ‘fetichismo de la mercancía’ sólo corresponde a una forma de alienación (o enajenación): la económica”. El problema de la cosificación Marx lo trató en los aludidos “M a n u s c rito s de 1844” al criticar y destruir el concepto que sobre dicho fenómeno sostenía Hegel. A su juicio, la cosificación es un pro ducto del trabajo enajenado. Al ser el factor de esta enajenación la burguesía, pese a encontrarse también enajenada por el fetiche máximo —o sea el dinero—, y por el mundo metafísico— institucional iden tificado con el capitalismo, no es víctima —como se ha dicho— de la cosificación. 

Garaudy afirma al respecto (obra citada pág. 38): “La alienación (o enajenación) del trabajo tiene por consecuencia... hacer del trabajo, es decir, de la más alta afirmación de la humanidad en cuanto a especie actuante y creadora, no ya el objetivo de la expansión humana, sino el medio precario y doloroso de satisfacer las necesida des individuales” más perentorias. 

Como señala Marx en los citados Manuscritos de 1844, el trabajo enajenado produce maravillas, pala cios, bellezas, pero sólo para los ricos. élites. Sucedió entonces lo mismo que ofrecieron las épocas post renacentistas: lo irracional primó en las grandes mayorías, mien tras lo racional sólo alcanzó el primado en una minoría ínfima y selecta. Durante la Edad Media, en cambio, el predominio de lo irracional fue, por obra del cristianismo y pese a la terrena- lización de la Iglesia, completo: alcanzó a la propia minoría se lecta. Cierto es que en el curso de los últimos siglos se produjo un ligero cambio en la postura de ésta, en virtud de la cristiani zación de Aristóteles, realizada por la Escolástica; pero como la / razón quedó subordinada a la fe, el cambio sólo entrañó un mí nimo reconocimiento de la primera. No obstante, la Escolástica admitió la racionalidad del mundo; mas —como el estoicismo— hizo depender esta racionalidad de Dios, cuya existencia bien sabemos que no puede ser racionalmente demostrada. El esque ma racional del Universo quedó, pues, supeditado a algo irra cional, lo que a la larga acarreó, al demostrar Ockam que la fe y la Razón eran realidades ontológicamente distintas e irrecon ciliables, el ocaso y a la postre, la muerte de la Escolástica. Lo recién dicho demuestra que carece de base histórica sos tener —como lo hace antojadizamente Sábato, obedeciendo tal vez a lo inconsciente, —que “la faz técnica y utilitaria de la ciencia proviene de la burguesía, su faz teórica, la idea de la racionalidad del Universo (sin la cual ninguna ciencia es po sible) proviene de la Escolástica”.

 Esta idea la hallamos ya en la Antigüedad griega, y carecería de explicación —si fuera cierto lo afirmado por Sábato—, el antiescolasticismo de un Telesio, un Galileo y los humanistas que, al menos durante un tiempo, fueron los representantes intelectuales de la burguesía en ascenso, clase social que, pese a haberse colocado parcialmente en una actitud revolucionaria, ofreció el contraste de seguir atada, en lo fun damental, al dogma. En realidad, Sábato se contradice. Sostiene, en efecto, que durante “la Edad Media, la Iglesia está caracte rizada por los temas del dogma y de la abstracción, mientras la burguesía naciente aparece caracterizada por los temas opuestos de la libertad y el rea lism oSe contradice porque si se admite la primera de estas caracterizaciones, sin señalar que el dogma pre dominó sobre la abstracción, hay que concluir en que la Iglesia acusó entonces una dualidad absurda, ya que lo uno y lo otro —el dogma y la abstracción—, son cosas antagónicas. Pero eso no es todo... 

Empujado por su fatal tendencia a la generalización, / —vicio de tantos escritores de nuestra América—, el novelista argentino hace de la Edad Media un todo estático, cuando es bien sabido que existieron diferencias importantes entre la Alta y la Baja Edad Media, sobre todo en lo que respecta a los ins trumentos y métodos utilizables para el conocimiento del Uni verso. En la Alta Edad Media, ¿quién ignora que este conoci miento quedó circunscrito a lo brindado por la Revelación? 

En la Baja Edad Media, en cambio, la Iglesia aceptó que la Razón fuese empleada con dicho fin, pero quedó convertida en sirvienta de / la fe. Además, es imprescindible señalar que los temas de la libertad y el realismo, sustentados por la burguesía, sólo cobraron vigencia en los asuntos de carácter material: casi nunca trascen dieron al mundo de lo dogmático. Pocos fueron los filósofos bur gueses utilitaristas que renunciaron a sus creencias religiosas. La abstracción lógica fraternizó en ellos, por tanto, con el irra cionalismo. 7 Los fundamentos teóricos de la tesis de Sábato sobre el > punto no reposan, por tanto, en la historia. Pertenecen al mundo de la fantasía. Y —cosa grave— lo llevan a adulterar la historia, como creemos haberlo demostrado. Ahora bien: quizás la prueba más importante de esta adulteración la brinda su tesis sobre el origen renacentista de la cosificación. Estudiemos el punto.. . / Siendo la cosificación una expresión de la enajenación material y habiendo surgido los fetiches de esta última tan pronto aparecie ron la propiedad privada y la división de la sociedad en clases, 7 El utilitarismo burgués del siglo XVIII se refleja en la obra de los enciclopedistas y en los principios fundamentales de la Revolución Fran cesa. Como afirma Touchard (obra citada, pág. 360) 

“La Declaración de Derechos, racionalista y deísta, es la suma de la Filosofía de las Luces”. La cita pone de relieve el maridaje del racionalismo y el irracionalismo. El deísmo se expresó entonces en el culto del Ser Su premo y en el empeño absurdo —que ya aparece en Locke—• de crear una religión racional. En los Estados Unidos, Franklin, que fue el arquetipo del utilitarismo norteamericano, “aseguraba en todos los to nos que la fe en Dios y en la inmortalidad del alma son la mejor garantía de la conducta moral y el fundamento de ella” (Historia de la filosofía dirigida por M. A. Dynnik, Cap. VIII, parte redactada por O. V. Tranjtenberg, Ed. Grijalbo, pág. 522). el fenómeno acusó mayor intensidad y agudeza en el remoto pa sado y en el Medievo que en los últimos siglos. Pero el novelista que nos ocupa da a entender lo contrario.

 Afirma, en efecto, que “así como la ciencia condujo a un fantasma matemático de la rea- 1 lidad, el capitalismo condujo a una sociedad de hombres-cosas”, concepto totalmente falso. Esta falsedad es algo impresionante, da da la calidad intelectual del autor. ¿Qué hizo el capitalismo al respecto, sino darle una nueva forma a lo ya existente? ¿No era el esclavo del mundo antiguo un hombre infinitamente más cosificado que el proletario de hoy y de las últimas centurias? ¿No acusó es ta cosificación, durante el transcurso de la Edad Media Occidental, la servidumbre? 

Estas realidades nos parecen incontrovertibles. Mas vayamos un poco más lejos y hagamos hincapié en el caso de los siervos medievales. Atados a la gleba y dependientes del señor feudal, no sólo eran víctimas de los fetiches concretos —como el producto que entregaban al señor feudal a cambio de una ilu soria protección—, sino además, de los fetiches espirituales crea dos por la Iglesia o por viejas concepciones mágicas supervivien tes. Dióse así el caso de que su enajenación fuera total, lo que en parte explica el relativo estatismo de aquellos largos siglos. Y ¿qué decir de la nobleza de primer y segundo orden? Tam bién estaba espiritualmente enajenada, pero no cosificada. Ambos rangos de nobleza gozaron entonces de una independencia de acción mucho mayor que más tarde, bajo las monarquías cen tralizadas. 8 Todo lo dicho sobre el tema revela hechos históricos o se fundamenta en ellos. Sábato, sin embargo, da a éstos las espal 8 J. Yicens Vives expresa al respecto (Historia general moderna, To mo I, Ed. Montaner y Simón, pág. 241): “En la Europa Occidental la nobleza se ve forzada a recurrir a las gracias y concesiones de la corte real que otorga subsidios y empleos públicos, o bien a entrar al servicio del Estado como militares o de la Iglesia como abades y obis pos...

 Al mismo tiempo, la pequeña nobleza, la caballería, cuyo fra caso no ha podido ser más evidente en las perturbaciones políticas y religiosas de Alemania, Francia y Países Bajos, desaparece como fac tor social de importancia, tanto por su agotamiento económico como por la sangría que causan en sus filas las repetidas guerras internacio nales o civiles de Europa del 1.500 al 1.600”. Ambos tipos de nobleza, sobre todo la segunda, —que de hecho quedó destruida como rama de \ una clase social— perdieron su libertad económica. 'C' das. ¿Trátase acaso de una miopía histórica, ya que hemos des cartado la posibilidad de su ignorancia? En parte. . Pero el pro blema es complejo. Como bien dice el refrán, no hay peor ciego , que el que no quiere ver. Y es esto, precisamente, lo que le acon tece al afamado novelista. No quiere ver porque su voluntad se halla al servicio exclusivo de su enajenación espiritual. Esta limi- ta su visión del pasado, que no llega más allá del Renacimiento.

jueves, 18 de diciembre de 2025

EL PENSAMIENTO Y LO MOVIBLE por Henri Bergson

 


EL PENSAMIENTO Y LO MOVIBLE por Henri Bergson 

La vigorosa personalidad de Henri Bergson, que por sí sola ilumina buena parte del campo filosófico moderno; la forma recia y bien fundamentada en que sus teorías están concebidas; la influencia que sus investigaciones han'tenido en el desarrollo del pensamiento contemporáneo, hacen de él, a no dudarlo, el primer filósofo de nuestros días. Su nombre es de aquellos que se imponen con sólo pronunciarlos, de aquellos que no necesitan presentación. Empero, si las calidades que reviste la figura de Bergson son de sobra conocidas en nuestro país, creemos que tal hecho no podría atribuirse a un conocimiento paralelo de sus obras. Se debe, antes que a la lectura de sus escritos, a las publicaciones de diarios y revistas, a la labor vulgarizadora de conferenciantes y estudiosos, a las lecciones explicativas de textos filosóficos. Son contados los que, entre nosotros, han ido a beber en sus propias páginas las ideas del paladín del espiritualismo en estos tiempos de materialismo. La publicación de la obra de Bergson que ahora entregamos al público, obedece a la consideración de la circunstancia anterior. Está en ella contenido todo lo más esencial del método bergsoniano, así como sus ideas sobre lo posible y lo real, sobre la intuición, sobre la verdad y la realidad: vale decir la médula misma de su pensamiento. De aquí que, al darla a la estampa, creemos hacer labor de divulgación y de cultura. EDITORIAL ERCILLA.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Thomas Carlyle Los héroes fragmento

 


Título original: On Heroes, Hero-Worship, and the Heroic in History. Traducción: Pedro Umbert. O Aguilar, S. A. de Ediciones. O Por la presente edición: SARPE, 1985. Pedro Teixeira, 8. 28020 Madrid. Traducción cedida por Aguilar, S. A., de Ediciones. 

 Depósito legal: M-6264-1985. ISBN: 84-7291-767-3 (tomo 9.0). ISBN: 84-7291-736-6 (obra completa). Impreso en España-Printed in Spain. . Imprime: Gráficas Futura. En portada: Vaso griego con hazañas de * Hércules, detalle (Madrid, Museo Arqueológico).

 Thomas Carlyle Thomas Carlyle nació en Ecclefecham, pueblecito del conda- do de Dumfries, en Escocia, el 4 de diciembre de 1795. Hijo de labradores acomodados, le destinaron a la carrera eclesiástica, y, al efecto, estudió teología, literatura, jurisprudencia y lenguas mo- dernas en la Universidad de Edimburgo. 

Aunque la índole de su . carácter le inclinaba a las abstracciones de la idealidad, estudió, no obstante, con notable aprovechamiento las matemáticas, hasta el de punto de aceptar años más tarde, y obligado por la necesidad, una plaza de profesor de esta asignatura en un colegio del conda- do Fife. Coincidió esto, seguramente, con la declaración que hizo a sus padres de su falta de vocación para entrar en las órde- nes, prefiriendo consagrarse a las letras. «La prensa y la literatura —decía— son la única Iglesia militante de los tiempos modernos. ¿Por ventura el literato no es un predicador que difunde las ideas sin circunscripción de tiempos ni de lugares, sino continuamente, por todas partes y entre todos los hombres?» Consecuente con estas ideas, se lanzó a toda vela por la co- rriente literaria, empezando a escribir en la «Edinburgh Cyclopae- dia» y en la «New Edinburgh Review» artículos sobre Montesquieu, Montaigne, Nelson, los dos Pitt, etc. También tradujo del francés el libro Elementos de geometría y trigonometría, de Legendre (1824); estudió la lengua y la literatura alemanas, y se dedicó luego asi- duamente a la traducción completa de las obras de Schiller, que ofreció vanamente a todos los editores londinenses. «London Ma- gazine» publicó su primer libro importante: una Vida y obra de Schiller, de estilo clásico, donde empieza a revelarse ya la perso- nalidad del Carlyle maduro. 

El autor, entusiasmado con la litera- tura y la filosofía alemanas, que tanto habían de influir en su pen- samiento y en su estilo, fue uno de los primeros escritores ingle- ses que fomentó en su país la difusión de la cultura germánica en su época de mayor esplendor. Trabó conocimiento y amistad con varios escritores alemanes, y es interesantísima su corresponden Thomas Carlyle cia epistolar con Goethe, quien, sin duda, fue uno de los primeros grandes escritores que se fijaron en el joven Carlyle, escribiendo la introducción a la traducción alemana de la obra citada. No dejó Carlyle de escribir durante toda su vida acerca de la cultura ale- mana: en 1827 publicó en «La Revista de Edimburgo» un ensayo sobre Richter; «Foreing Quarterly» y «Fraser's Magazine» publica- ron, en esos mismos años, una traducción antológica de narrado- res alemanes (Tieck, Hoffman, Richter, Goethe, etc.) y varios en- sayos sobre Goethe, Novalis y otros. En 1826 se casó con Johan- na Welsh, mujer inteligente, aunque de carácter difícil. Los recién casados se fueron a vivir a un refugio campestre en Craigenput- tock. 

El carácter intransigente y atrabiliario de su esposa chocaba a en menudo con la irritabilidad y carácter nervioso del escritor. Pe- ro se amaban profundamente, y en el fondo se comprendían. Cuan- do 1861 contrajo ella una enfermedad mental, que estuvo a punto de hacerle perder la razón, Carlyle la cuidó con ejemplar paciencia y afecto. Después de muerta, la honró en sus emocio- nantes Recuerdos, publicados hacia el fin de su vida. Suponiendo que la soledad de Craigenputtock influía perniciosamente en el carácter de Johanna, muy acostumbrada a vivir en sociedad, Carlyle se trasladó con ella a Londres en 1883. Pero aquellas relaciones conyugales siguieron siendo siempre una constante alternancia de horas serenas y terribles peleas matrimoniales. 

 La plena expresión de su originalísimo talento fue conquista- da por Carlyle al escribir su famosa Filosofía de los trajes, que incluía el ensayo titulado Sartor Resartus (El sastre remendado), sin duda alguna una obra fundamental en la cultura humana del siglo XIX y una de las más importantes de todos los siglos. 

 Sus dotes de historiador ilustre, unidas a las de original pensa- dor y escritor genial, se asociaron brillantemente para producir en 1834 otra obra inmortal: su Revolución francesa. Carlyle escribió mucho en periódicos y revistas. También dio varios ciclos: de conferencias. El más famoso es justamente éste acerca de Los héroes. Otra de sus mejores obras es La historia de Federico II de Prusia (1858-1865), que le acreditó como un gran historiador; gracias al valor científico de sus estudios, unido a sus magníficas cualidades literarias, pudo rivalizar, y según algunos Los héroes superar, con su ilustre contemporáneo Macaulay. Carlyle se preo- cupó también por cuestiones sociales y la suerte del obrero, y se adelantó a muchas ideas actuales en obras como las tituladas Chartism (1840) y Pasado y presente (1843). 

 La Universidad de Edimburgo le eligió por gran mayoría Lord Rector en 1865, y cinco años más tarde, durante la guerra franco- prusiana, el autor de La Revolución francesa abrazó con estusiasmo el partido de Alemania. «The Times» y otros periódicos ingleses publicaron artículos suyos en torno a este tema que, colecciona- dos luego, vieron la luz en forma de libro, bajo el título: Cartas sobre la guerra entre Alemania y Francia (1871). La muerte de su esposa, acaecida poco después, le afectó tan- to, da - que, a partir de entonces, puede considerarse terminada su vi- de escritor. Su vida humana se prolongó hasta el día 5 de febrero de 1881. La gloria de Carlyle, mientras vivió y, sobre todo, después de muerto, ha sido inmensa y merecida. 

Su enorme influencia como escritor puede resumirse diciendo que en Inglaterra no volvió a escribirse después de él como antes se escribía. Su descendencia intelectual se halla entre los nombres más ilustres del último ter- cio del siglo XIX y comienzos del XX. Y aun sus más enconados enemigos y detractores, como sucede siempre, no han podido subs- traerse a su poderoso y benéfico influjo. «Lo S héroe S» Esta obra consagró la fama europea de Car- al hyle. Se trata de seis conferencias que abun- dan en puntos de vista originalísimos; unas veces asombran con un diseño vigoroso, otras con un cuadro completo, rico en con- trastes de claroscuro, o bien con aquellas destemplanzas y ocu- rrencias suyas que confunden y marean. 

No hay cuestión que no aborde en este libro: la religión, la política, la literatura, palancas que mueven las grandes fuerzas sociales. El héroe legendario (Odín) es analizado por él con extraordinaria sagacidad, en lo que de real pudo tener, a través de las nieblas de la tradición y de las brumas de Dinamarca; en el profeta (Mahoma), describe con intuición mara- villosa la influencia ejercida por aquel hijo semibárbaro del desierto entre las tribus fanáticas y sensuales de Arabia; en el poeta (Dante Thomas Carlyle y la Shakespeare) estudia con profunda sensibilidad y raro acierto personalidad del escritor florentino y, con cierta exageración nacionalista, la del inmortal dramaturgo inglés; en el sacerdote (Lu- tero y Knox) palpita el drama religioso de la Edad Media, en que Europa sacudió sus ligaduras mortales al grito del monje alemán; en el escritor (Johnson, Rousseau, Burns) observa las tres perso- nalidades distintás en que se encarna el héroe literario, la del man- tenedor de lo caduco, el vidente del porvenir y el idealista; en el rey (Cromwell y Napoleón) se esfuerza en justificar la política sola- padá y la ambición tiránica del protector de Inglaterra, ambición y política que él considera desde un punto de vista especial, juz- gándolas nobles manifestaciones de un espíritu a quien acusó de hipócrita la Historia, y en cambio critica con frases despectivas el desenfrenado apetito de gloria y el endiosamiento de un «pig- meo», Napoleón Bonaparte. de Dos grandes ideas resaltan, sin embargo, de este estudio: la sociedad está sujeta a eterna metamorfosis; los héroes son los agen- tes esa transformación, cambio o transfiguración, que el ser social, cuerpo y alma, experimenta en el curso del tiempo. Carlyle define tres civilizaciones sucesivas e históricas, dejando aparte, en las profundidades de los siglos, la bruma de la prehistoria.

 Esas tres grandes civilizaciones de la Europa histórica las designa con los nombres de Antigitedad y Paganismo, Cristianismo y Edad Me- dia, y Tiempos Modernos, tres épocas que contienen dos transi- ciones; asistimos a la segunda, la cual forzosamente habrá de ser muy larga, teniendo en cuenta el millar de años que necesitó la disolución lenta del mundo pagano para dar paso a la elaboración, lenta también, del cristianismo. Es cierto que los grandes descu- brimientos modernos nos comunican a los fenómenos sociales ace- leraciones que desconoció la Antigitedad.

 Así, esos cambios per- petuos no los juzga Carlyle estéril metamorfosis, ni recesión ni. decadencia, sino fases grandiosas de una ascensión que irresisti- blemente prosigue a través de nuestros dolores y de nuestros pla- ceres, de nuestras dudas y de nuestras esperanzas. Con respecto al estilo de Carlyle, raramente se ha manifesta- do, como en este libro, la verdad que expresó Buffon: el estilo es el hombre mismo. 

El estilo de Carlyle es él; le retrata de pies a Los héroes cabeza. Sus ideas, sus entusiasmos y paradojas no podían expre- sarse en otro estilo. No hay en él la menor contradicción entre fondo y forma, entre alma y expresión. Sus párrafos desiguales, entrecortados por paréntesis y digresiones, con sus ritmos entu- siásticos, con sus frases amplias y agitadas, o. rápidas y seguras; con el retorno, repetidísimo, de unas pocas ideas centrales, de unas mismas frases o palabras, refleja su carácter sombrío, atormenta- do, contradictorio y a menudo obsesivo. Sus juegos de puntua- ción, la abundancia de palabras que empiezan con mayúscula, sus frecuentes subrayados tienen por objeto llamar la atención sobre los temas principales hacia los cuales, como centro de atracción, todas las ideas, todas las frases y palabras se polarizan. Esto ha sido interpretado como defectos, como si Carlyle no supiese escri- bir y pulir su estilo, o como si buscase la manera de sorprender y mixtificar a sus lectores. 

El pensamiento mismo de Carlyle es, desde luego, más musical que discursivo y reflexivo; siente, más que ve, fulguraciones de intuiciones grandiosas, inexpresables en palabras. Porque el significado corriente de las palabras no le basta; el se hirviente sentido de lo que él quiere expresar no cabe en ellas; desborda, se vierte de ellas como un metal deslumbrante, en ebullición, del cristal que lo contiene. Los héroes, de Odín a Napoleón Los antecedentes En la Alta Edad Media, dos gran- des pueblos amenazaron a Occiden- te: normandos —o vikingos— y musulmanes. 

Con respecto a los primeros, los cronistas latinos les dieron el nombre de nordman- ni, les es decir, hombres del Norte, pero los historiadores modernos la llaman también vikingos, del antiguo noruego vikingr, pirata. De península escandinava habían salido cimbrios y teuto- nes, vándalos y godos, hérulos y burgundios, que sucesivamente invadieron el Imperio romano. En la segunda mitad del siglo II d. C., los hérulos aparecieron en las costas del mar de Azov, en Galia y España; hacia el año 520, una expedición danesa fue aplas- tada en las costas de Frisia, y en el 574 eran vencidos daneses, sajones y jutos, también en Frisia, por el duque de Austrasia. Pe- ro en el siglo IX tomó tal amplitud la expansión guerrera y pacífi- ca de los pueblos escandinavos, que haría olvidar las alusiones es- porádicas que de sus rapiñas venían haciendo los cronistas. 

 Con respecto a los musulmanes, árabes convertidos a la fe de Mahoma, hay que decir que habían tenido pocos contactos con el al mundo grecolatino antes del siglo VH. Tan sólo los instalados Norte, cerca de Siria, habían tenido contacto con las civiliza- ciones griega y aramea, y más tarde con la romana, la bizantina y la persa. La península arábiga había estado más aislada de estos centros políticos y culturales. Habitada por los beduinos, pastores nómadas con una organización social muy primitiva, divididos en tribus enfrentadas entre sí, formarán una unidad sólida sólo gra- cias y a las doctrinas de Mahoma. 

* Por su parte, la Italia de Dante estaba dividida entre gúelfos gibelinos, que apoyaban unos al Papa y los otros al Emperador en la lucha entre Papado e Imperio. Esto provocará enfrentamientos armados constantes entre ambos bandos, siendo el propio Dante víctima de ellos. Esta lucha prosigue en el siglo XV, en tiempos de Lutero, que, contrariamente a Dante, se sirve de la rivalidad Thomas Carlyle entre el Papa y los príncipes alemanes para obtener el apoyo de éstos a su Reforma religiosa. Con respecto a la Inglaterra de finales del siglo XVI, enla que viven Knox y Shakespeare, sufre también problemas religiosos. 

En efecto, reina María Tudor, también llamada María la Católica, que desarrolla una política exterior de alianza con España y una polí- tica interior de persecución a los protestantes. Knox será víctima de ella. Los antecedentes deben buscarse en la ruptura del rey Eduardo VIII con el Papa, que no aceptaba la anulación de su ma- trimonio con Catalina de Aragón. Un siglo más tarde, en la Ingla- terra de Oliver Cromwell, los problemas son más bien de tipo po- lítico: Carlos 1 y sus ministros Strafford y Laud, defensores a ul- tranza del absolutismo monárquico, exasperan al pueblo con sus tremendos impuestos y su desprecio evidente a la institución par- lamentaria, ya existente en Gran Bretaña. 

El gesto de un noble, que se negó públicamente a pagar.impuestos no autorizados re- gularmente por el Parlamento, suscitará una oleada de apoyo en- - tusiasta. Y otro siglo más tarde, ya hecha la revolución por Oliver Cromwell, la monarquía parlamentaria británica, en la que viven Johnson y Burns, está dominada por el primer ministro whig Ro- bert Walpole, que recurre a todos los medios de presión y corrup- ción de que puede disponer para sobornar a los diputados y go- bernar a favor de la oligarquía financiera, que le apoya. 

 Frente a ella, la Francia del siglo XVII, en que viven Rous- seau y Napoleón, es la época esplendorosa del Absolutismo, del Ancien Régime, criticado o adulado por la Ilustración, y que será finalmente aniquilado por la Revolución francesa, hecha a finales de siglo gracias a las ideas difundidas por hombres como Rous- seau, y al valor y decisión de hombres como Napoleón. Los hechos En poco más de un siglo, el IX, los norman- a dos se hacen dueños de gran parte de Ingla- terra e Irlanda; en nombre de Odín, se asientan en la Galia, des- pués de haber saqueado ampliamente el país; recorren las costas de la península Ibérica y, pasando el Mediterráneo, vuelven a ata- car la Galia, ahora por el golfo de Lyon; por el Atlántico norte, Los héroes se extienden hasta la lejana Islandia, llegando incluso a América; dominan el Báltico y, tras superar la dureza de la estepa rusa, con- siguen llegar a Constantinopla.

 La actividad económica principal de la Arabia del siglo VI, en que vive Mahoma, son las caravanas, el comercio con las zonas vecinas. El propio Mahoma se dedicará a ello hasta que se case con Jadicha. Estas caravanas transportan perfumes, inciensos, me- tales preciosos, ricas maderas, aceite, trigo. La Meca era el princi- pal mercado y depósito de las caravanas que cruzaban Arabia. Ma- homa la convertirá, por eso, en el centro religioso de los musul- manes, uniendo las tribus caravaneras, antes politeístas, en una fe la y unos ideales comunes, con una estructura política unida y! un centro religioso único para todos sus fieles. Con respecto a la Italia de Dante, continúa en vida de Dante lucha entre el Papa y el Emperador. Ambas instituciones se lan- zan por esos años a una publicística trepidante en defensa de sus respectivos puntos de vista. Nadie parece darse cuenta de que el porvenir impondrá una solución: la afirmación de las nacionalida- des, tan alejada del imperialismo guibelino como de la teocracia guelfa. Tanto Dante Alighieri como Martín Lutero serán, en este sentido, nacionalistas ante litteram. Por su parte, la Inglaterra de Shakespeare y Knox vive la «Era Isabelina». 

Muerta María Tudor, le sucede Isabel 1, hija de Enri- que VIII y Ana Bolena, la cual responde inmediatamente a las es- peranzas en ella dépositadas por los protestantes franceses y ho- landeses. Así, la política exterior británica cambia totalmente: de ser aliada de España, Inglaterra se convertirá en la pesadilla de Felipe II. Un siglo más tarde, el absolutismo monárquico recibe un golpe mortal en este país, asestado por Cromwell, el cual orga- niza un ejército regular disciplinado y valiente para defender al Parlamento frente a los absolutistas. Así, vencido en Naseby, el rey Carlos I será ajusticiado y se proclamará la soberanía popular y el sufragio universal en Inglaterra. Ya en el siglo XVII, en época de Johnson y Burns, dos partidos políticos dominan la vida parla- mentaria inglesa: los tories, o conservadores, representantes de los grandes propietarios de tierras y de la nobleza; y los whigs, o liberales, representantes de la nueva clase ascendente británica, Thomas Carlyle la ya burguesía comercial-capitalista.

 La figura del monarca resulta puramente institucional, podría decirse que decorativa. Por el contrario, la Francia de Rousseau y Napoleón está en plena efervescencia por conseguir un régimen similar al inglés. En la segunda mitad del siglo XVIII las ideas de los enciclopedistas hablan ya de los derechos del hombre, tanto como individuo co- mo en condición de ciudadano de un Estado. Estas ideas serán llevadas a la práctica en 1789, al abolir los herederos del espíritu de Rousseau (entre ellos Napoleón) un régimen absolutista e ins- taurar una república del pueblo, gobernada y administrada por él. Las consecuencias A finales del siglo IX, los norman- dos dominan Escocia, Irlanda, Is- landia, Checoslovaquia y amplias zonas de Inglaterra y Francia. Pronto crearán grandes reinos en el norte de Europa, génesis de los actuales reinos escandinavos. 

Los cristianos de estas tierras están desunidos y no consiguen hacerles frente. Sin embargo, una vez establecidos en sus nuevos territorios, el contacto con los in- dígenas llevará a estos feroces guerreros a la sedentarización y, finalmente, a la conversión al cristianismo. Con respecto a Arabia, muerto Mahoma, le sucede el califa Abu Bakr, padre de la última esposa del profeta, Aixa. Abu Bakr so- meterá a las tribus árabes desunidas y marchará hacia Siria y Per- sia. Comienza así la expansión islámica, que llevará a los musul- manes a conquistar el Próximo Oriente, el norte de Africa, casi toda la península Ibérica, parte del Africa subsahariana, la penín- sula Balcánica e incluso el corazón de Asia. Por su parte, la Italia de Dante dará paso, en el siglo XIV, a la Italia comunal, dominada por los nacionalismos locales. En efec- to, la pujanza de las ciudades italianas, facilitada por la expansión europea en el siglo XII, recibirá un fuerte impulso a consecuencia de los choques entre las tres grandes fuerzas hostiles: el Imperio, el Papado y el feudalismo. Lo mismo ocurrirá en la Alemania de después de Lutero.

 Pero, si es incuestionable que el florecimiento de los nacionalismos locales implica la atomización de un país, elementos culturales —una lengua y una literatura comunes, en el caso de Dante; una reforma religiosa que da inicio a una nueva Los héroes Iglesia, en el caso de Lutero— pueden mantener cohesionado, y de hecho lo harán, a un colectivo desunido sólo de derecho. Con respecto a la Inglaterra de Shakespeare y Knox, a la muerte de estos dos hombres ilustres su país se ha convertido en una gran potencia, con una de las mejores flotas del mundo, un territorio unido bajo la férrea voluntad y personalidad de Isabel y posesio- nes coloniales en el Nuevo Mundo. 

A la muerte de Cromwell, In- glaterra ha mejorado todavía más su posición en el mundo: su flo- ta es ahora la primera del planeta en cantidad y calidad, su orga- nización política es más libre y avanzada que la del resto de Occi- dente, todavía dominado por el Antiguo Régimen, y en su expan- sión colonial ha desplazado a Portugal y España como principa- les potencias coloniales, y se enfrenta ahora a Holanda y Francia por el monopolio comercial con América, Asia y Africa. A finales del siglo XVHI, muertos Burns y Johnson, Gran Bretaña se prepa- ra a dominar el mundo: hecha la revolución industrial, su pujanza económica incita al país a buscar nuevos mercados en los cinco continentes. 

Será la consolidación del Imperio Británico, quizá el más extenso de la historia de la humanidad. Frente a ella, Francia vive, a la muerte de Rousseau, momen- tos de conflictos internos: la rivalidad anglo-francesa a lo largo del siglo XVII ha privado a Francia de sus posesiones indias y ameri- canas; la Revolución francesa y la posterior toma del poder por parte de Napoleón agudizarán dicha rivalidad, que terminará en una nueva derrota francesa y en el exilio napoleónico en Santa Elena.

 Pero, a lo largo del siglo XIX, Francia recuperará su anti- guo esplendor, y en una sucesión ininterrumpida de repúblicas, monarquías e imperios, recuperará rápidamente su rango de gran potencia, en un mundo dominado por el capitalismo y la expan- sión imperialista por todos los continentes. Fechas clave 500 Los daneses, adoradores de Odín, habitan las islas de Di- namarca, Ascania y, posteriormente, Jutlandia. 

La expan- sión de este pueblo se inicia como consecuencia de la superpobla- ción de sus áreas originarias y del descontento ante la situación político-económica tras la formación de grandes señoríos territo- riales, lo que incita a muchos reyezuelos y a sus guerreros a emi- grar en sus nuevas naves (gokstad, oseberg) con quilla reforzada y mástil para vela, que sustituye a la vieja embarcación de remos tradicional (nydam, kvalsund). 57 5 Nace Mahoma en La Meca. Pertenece a la importante fa- milia de Hasim, de la tribu mudarí de Qurays, y es hijo de Abd Allah, muerto en Medina. A los seis años pierde a su ma- dre, Amina, y es recogido por su abuelo Abd-al-Muttalib y más tarde por su tío, Abu Talib, cuyo hijo Alí es su compañero de juegos. 5 87 Mahoma marcha en caravana con Abu Talib. En Bosrá ve al la monje cristiano Bahira, que reconoce en él el signo de profecía. 

Se hace pastor, y pronto entra al servicio de la rica Jadicha, pariente lejana suya, cuyas caravanas de camellos condu- ce por algún tiempo atravesando Arabia. 600 Los reyes esviones, o dinastía de los Inglings, extienden su del hegemonía desde el área de Upsala hasta la totalidad territorio sueco. Mahoma se casa con Jadicha, encontrando en ella una fiel colaboradora. El matrimonio le libera económica- mente, lo que le permite consagrarse a la meditación. Sus viajes con caravanas por Arabia, hasta Siria y Palestina, le han puesto en contacto con judíos y cristianos, cuyas doctrinas religiosas han sobreexcitado su inquietud religiosa. 61 0 Mahoma comienza su predicación. 

Convencido de que es necesario renovar la enseñanza de la verdadera fe mono- a los teísta, como resultado de una serie de visiones y relaciones, predi- ca miembros de su tribu la necesidad de creer en un único dios: Alá, el gran padre de todos los musulmanes. Thomas Carlyle 622 La doctrina mahometana, monoteísta, espiritual y ascéti- ca, choca con el fetichismo y materialismo de los merca- deres de La Meca. El ambiente hostil obliga a Mahoma a emigrar a Yatrib el 15 de junio. Esta fecha marca el inicio de la Hégira, punto de partida de la cronología” musulmana. 62 Con los adeptos que le acompañaron de La Meca y los con- «vertidos en Yatrib, Mahoma forma su primera comunidad, de la que él es a la vez jefe político y religioso. Sus enfrentamien- tos 630 con La Meca son cada vez más violentos. Mahoma consigue regresar a La Meca. Suprime el culto idolátrico en la ciudad y el santuario de La Kaaba queda transformado en un centro de piedad islámica. La nueva religión arraiga en toda la península arábiga. 632 Muerte de Mahoma en Medina. 

Su sucesor, el califa Abu Bakr, padre de Aixa, última esposa del profeta, somete las tribus árabes separadas y marcha hacia Siria y Persia. Empieza la expansión islámica por los territorios cercanos. 6 50 Los reyes esviones dominan, junto con los gotlandeses, la cuenca del Báltico (Finlandia, Curlandia, Prusia oriental). -En el siglo VIII es ya este mar un «lago sueco», cerrado al comer- cio frisón y dominado totalmente por los vikingos. 790-840 Saqueos e invasiones normandas a lo largo de las a costas celtas: Lindisfame, Jarrow, Monkwearmouth, Skye, lona. A partir del 799 realizan incursiones al litoral friso- sajón, obligando a Carlomagno a establecer permanente vigilan- cia costera. Son características las acciones alternadas: ataques du- rante la primavera, para retornar al punto de partida en invierno. Tras la muerte de Luis el Piadoso, sin embargo, emprenden las expediciones con potentes ejércitos y establecen campamentos per- manentes en las desembocaduras de los ríos, donde invernan. 840-862 Los vikingos daneses saquean anualmente las ciu- dades francas cercanas a las desembocaduras de los ríos, y emprenden expediciones de pillaje a Asturias, Portugal, Baleares, Provenza y Toscana. Someten también los condados de Northumberland y Anglia oriental. 866-87 A Los vikingos daneses comienzan la conquista me- tódica de Inglaterra desde las bases de Londres y Los héroes - Thanet. Los noruegos ocupan las islas Shetland, Orcadas, Feroes, Hébridas e Irlanda. 

A raíz de la unificación del país por el rey Ha- rold, muchos de sus súbditos abandonan el reino y se establecen en Islandia, que constituye así una colonia vikinga. 980-1000 Nuevos ataques vikingos a Inglaterra, dirigidos por reyes daneses. Los noruegos descubren Groenlandia y una franja septentrional de América (Vinland), que no llegan a colonizar, logrando penetrar en la región de Novgo- rod. Al final del período tiene lugar la cristianización de los vikin- gos y, simultáneamente, su paso al sedentarismo. 12 se B Nace Dante Alighieri en Florencia. Pertenece a una fa- milia de la burguesía gúelfa. De su niñez y adolescencia tienen muy pocas noticias. 127 4 Muere su madre; mientras, estudia en su ciudad natal, siendo discípulo de Brunetto Latini. Entre sus amigos íntimos figura el futuro gran poeta Cavalcanti. Ve por primera vez a una joven llamada Beatriz, un año menor que él, a la que amará platónicamente durante toda su vida. 1294 Termina La vita nuova, especie de diario íntimo en verso y prosa inspirado en su amor a Beatriz. Alterna sus estudios universitarios en.Bolonia con una vida disipada. Ha- cia el año 1290 muere Beatriz. 

Poco después se casa con otra jo- ven florentina, Gemma di Manetto Donati. 129 5-1206 Dante empieza a tomar parte en la vida de Flo- o rencia: es miembro del Consejo del Pueblo y más tarde del Consejo de los Ciento. 1300-1303 Designado embajador en Roma para tratar la ==" " pazcon el papa Bonifacio VIII, éste le retiene junto a sí, hasta que, aliado con Carlos de Valois, consigue el triunfo guelfo en Florencia. 

Sus diferencias políticas obligan a Dante Alighieri al exilio. 1306-1315 Empieza la vida errante de Dante: recorre el norte de Italia, visitando las ciudades de Vero- na, Padua, Rimini, Lucca, Ravena. 1321 Dante Alighieri muere en la ciudad de Ravena el 14 de 1-7 septiembre, al regreso de un viaje a Venecia. Thomas Carlyle 1483 Martín Lutero nace en Turingia. De familia campesina acomodada, se ve muy influenciado por su madre, mu- Jer de sánas costumbres, pero muy supersticiosa. . 1 A9 7 -] 50 5 Estudia Lutero en Magdeburgo, Eisenach y Er- - el a furt. Contra los deseos paternos de que estu- diase Leyes, se licencia'en Letras, para ingresar posteriormente en convento de los agustinos de Erfurt. 1507-1516 Ordenado sacerdote, se doctora en teología y : enseña filosofía, teología y exégesis bíblica. En- viado por su orden en misiones de confianza a Roma, desempe- ñará aquí el cargo de vicario general de los agustinos alemanes. El 1 reformador escocés John Knox nace en Haddington. 51 7 Lutero se opone a la «venta de indulgencias». El 31 de octubre fija en las puertas de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis redactadas en latín, que serán el comienzo de la Re- forma. Para defender su posición predica incansablemente, publi- ca 1 numerosos escritos y discute con los teólogos. 520 Lutero quema en la plaza pública de Wittenberg la bula : - papal en que se le invita a retractarse de sus ideas, y pu- blica «los tres grandes escritos reformadores», base de las iglesias luteranas: Manifiesto a la nobleza cristiana de Alemania, La cau- tividad de Babilonia y De. la: libertad del cristianismo. 15 A6 Tras viajar incesantemente por Alemania predicando sus teorías y buscando adhesiones, sobre todo entre la rea- leza y la nobleza alemana, Lutero muere en su ciudad natal.

 Or- denado sacerdote, John Knox se suma a la Reforma y predica las . nuevas ideas en las ciudades de Berwick y Newcastle. 1554-15 59 Al subir al poder María Tudor, Knox huye a 22 2. Ginebra, donde traduce al inglés la llamada «Bi- blia de Ginebra». En 1559 vuelve a su patria, difundiendo. la refor- ma luterana y contribuyendo al establecimiento del presbiterianismo en Escocia y al derrocamiento de María Estuardo. 1 564 William Shakespeare nace en Stratford on Avon. De fa- milia acomodada, es muy poco lo que se sabe de sus años de infancia y adolescencia. 1582 Shakespeare se casa con Ann Hathaway y se traslada a Londres, donde trabaja como actor de teatro. : Los héroes 159 4 Shakespeare consigue sus primeros éxitos como drama- 25 7. turgo. Compone Venus y Adonis y La violación de Lu- crecia.

 Es actor; autor y pronto accionista de la compañía de los Lord Chamberlain's Men, que actúa en el teatro del Globo. 1 599 Oliver Cromwell nace en Huntington. El fervor puritano del ambiente en que se-educa le marca profundamente. 1613 Se incendia el teatro del Globo. Shakespeare ha escrito ya sus mejores obras. El escritor, famoso y rico, se retira a en la Stratford, donde lleva una vida apacible y desahogada. Poco des- pués de redactar su testamento, muere el 26 de abril y es enterra- do iglesia de Stratford on Avon. 1 640 Elegido diputado del Parlamento, Cromwell apoya enér- gicamente al partido puritano en su lucha contra el rey y la iglesia anglicana tradicional. ;... l 1642-1 645 Estalla la guerra civil inglesa. Su talento mili- 22 7 tarse evidencia inmediatamente: al mando de un ejército valiente y disciplinado, vence al partido realista. 1649-1 65 A Se suprime la Cámara de los lores en el Parla- A 7 mento británico y se.condena a muerte al rey. Cromwell se convierte así en amo de las islas. Somete a los rebel- des de Irlanda y Escocia e instaura el régimen de la Commonwealth. Deseoso de aliarse con todas las potencias protestantes, se ve, sin embargo, arrastrado a una guerra contra las Provincias Unidas. Mientras tanto, los desórdenes parlamentarios mueven a Crom- well a disolverlo y a promulgar una nueva Constitución, que con- solida la dictadura militar de un rey sin corona. 16 58 Agotado por una vida demasiado activa, Oliver Cromwell muere en Londres, en el mes de septiembre, tras de- signar como sucesor a su hijo Richard Cromwell. 1709 Samuel Johnson, lexicógrafo, crítico y poeta británico, nace en Lichfeld. Debido a la falta de medios económi- cos, se ve obligado a abandonar sus estudios en la Universidad de Oxford y dedicarse a la enseñanza. 17 12 Jean-Jacques Rousseau nace en Ginebra, en el seno de una familia hugonote. Al nacer queda huérfano de ma- dre, 1 y es educado por el pastor Lambercier. o 73 7-1 7 5 5 Samuel Johnson se traslada a Londres, donde se da a conocer por sus artículos periodísticos Thomas Carlyle en «The Rambler», «The Adventurer» y «The Idler», y por obras como Londres, La vanidad de los deseos humanos, Vida de Sa- vage y, sobre todo, un Diccionario de la lengua inglesa en dos volúmenes. Rousseau viaja a París e Italia, alcanzando la fama en los salones parisinos con su Discurso sobre las ciencias y las artes. 17 59-1 7 62 El poeta escocés Robert Burns nace en Allo- =__ way. Hijo de campesinos, recibe una educación muy superficial, pero pronto se inclina por la poesía. Rousseau trabaja en tres de sus mejores obras: las tituladas La nueva Helot- sa, 1 El contrato social y Emilio o la educación. 

 769 Nace Napoleón Bonaparte en Ajaccio. Estudia en el co- legio de Autún y en la escuela militar de Brienne. Ter- mina sus estudios en París, y es nombrado teniente de un regi- miento de artillería de la capital francesa. 1 7 82-1 7 89 Samuel Johnson publica su última obra, Vidas = -— depoetas, en diez volúmenes, donde demues- tra una gran sagacidad crítica. Muere en Londres poco después. Rousseau escribe sus Confesiones y Meditaciones de un paseante solitario. Muere súbitamente en casa del marqués Girardin, su úl- timo protector, en Ermenonville. Robert Burns se casa con Jean Armour y publica Poemas escritos principalmente en dialecto es- cocés. Al estallar la Revolución francesa, Napoleón Bonaparte mues- tra simpatías por los jacobinos. 

 1793-1798 Robert Burns se traslada a Dumfries, donde si- ==” guecomponiendo baladas escocesas. Pero sus excesos en el trabajo, la bebida y los placeres minan su salud, mu- riendo tras sufrir un grave ataque de fiebre reumática. Napoleón se traslada a Provenza. Colabora con las tropas revolucionarias en la conquista de Tolón, en la campaña de Italia y en la de Egip- to. de Vuelto a Francia, donde el Directorio agonizaba, da un golpe Estado e instaura una férrea dictadura militar. 17 99.1 804 Napoleón es elegido Primer Cónsul mediante ZAS >” plebiscito para un período de diez años.

 Para dar una apariencia democrática a la dictadura militar, se elabora una Constitución. Se reorganiza la administración, la justicia, la economía y la educación. Una nueva campaña en Italia logra la difícil victoria de Marengo: Austria cede otra porción de sus terri- Los héroes torios italianos. Se firma un Concordato con la Iglesia, poniéndo- la sul al servicio del gobierno. Napoleón Bonaparte es proclamado Cón- Vitalicio y, más tarde, Emperador. 1805-181 5 El ejército napoleónico invade Alemania. De- TA 277 rrota austríaca en Ulm. Batallas de Trafalgar y Austerlitz. Paz de Tilsit: Rusia se une al bloqueo continental. Guerra de Independencia española. Campaña de Rusia. Tras la catástrofe del ejército napoleónico y su posterior retirada, Prusia se ne incorpora a la resistencia, aliándose con Austria. Napoleón tie- que retirarse más allá del Rhin. Las tropas aliadas liberan Ale- mania, Holanda y el norte de Italia, llegando hasta París. Napo- león es encarcelado en la isla de Elba, pero consigue escapar y regresar a Francia, donde vuelve a tomar el poder. Batalla decisi- va de Waterloo, en la que queda aniquilado el poder militar fran- cés. Segunda entrada de las fuerzas aliadas en París. Se firma la paz, que pone fin al fugaz Imperio napoleónico. 1821 Bajo protección inglesa, Napoleón es desterrado a la is- la de Santa Elena, donde muere el 5 de mayo. * Bibliografía De Carlyle Héroes, Los. Madrid, Aguilar, 1946.

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martes, 16 de diciembre de 2025

WILLIAM BLAKE LIBROS PROFÉTICOS II TRADUCCIÓN, PREFACIOS Y GLOSARIO BERNARDO SANTANO) prólogo

 


Milton: poema en dos libros (1804)

 El texto de Milton: Poema en dos libros constaba inicialmente de cuarenta y cinco planchas grabadas en relieve, según la técnica personal que Blake ya había empleado en otras ocasiones. 

Aunque en la portada figura la fecha de 1 804, el proceso de elaboración de la obra se prolongó hasta 1811, y hacia 1818 se añadieron algunas láminas más hasta completar un total de cincuenta. Se conocen cuatro ejemplares de la obra, tres de ellos producidos en 18u , los llamados A, B y C, y el cuarto en 1818, el ejemplar D, conservado en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. En este texto, que de algún modo representa la idea final de Blake sobre el poema, se basa la presente edición en inglés, a partir de la cual se ha realizado la traducción española. El poema está dividido en dos libros, aunque la idea inicial de Blake pudo ser la de desarrollar el tema en doce libros, según se deduce de la portada, en la que parece dis tinguirse el número 12. 

La composición gira en torno a dos visiones del poeta. La primera de ellas, narrada en el primer libro, aconteció cuando aún vivía en Lambeth, antes de trasladarse a Felpham. Sin duda le causó una honda impresión, pues la representó en tres láminas (números 17, 32 y 37). En éstas se representa cómo un meteoro penetra a través del pie izquierdo del poeta: «primero lo vi en el Cénit como un meteoro, / descendiendo perpendicular, veloz como veloz vencejo o golondrina; / y cayéndome en el pie izquierdo sobre el tarso, entró por ahí; / pero del pie izquierdo me surgió una tenebrosa nube que se extendió por Europa» (1. 17). 

De este modo penetra Mil ton en el cuerpo de Blake, aunque éste aún no es consciente de que se trata de Milton: «Pero no supe que era Milton, pues no puede saber el hombre / lo que ocurre en sus miembros hasta qué períodos de Espacio y Tiempo / revelan los secretos de la Eternidad...» (1. 23); no obstante, es entonces cuando los sentidos del poeta adquieren la capacidad de percibir de un modo distinto:

 «Y todo este Mundo Vegetativo me apareció en el Pie izquierdo, / como una reluciente sandalia hecha inmortal de piedras preciosas y oro. / Me agaché y me la até para transitar por la Eternidad» (1. 23). La razón por la que Milton inicia este periplo es esencialmente la de volver a reunirse con su emanación a fin de redimirse. Lo explica al principio en los siguientes términos: «¿Qué movió a Milton, que vagó por la Eternidad /[...] desdichado aunque en el cielo [...]/ contemplaba su séxtuple Emanación, esparcida por la profundidad, /[...] a des cender al abismo para redimirla y perecer él? / ¿Qué causa movió al final a Milton a esta empresa sin par? / ¡El Canto profético de un Bardo!» (1. 2). Este canto profético del Bardo se convierte en un elemento fundamental del primer libro, ya que aquí re vela la razón por la que Milton inicia su viaje. La segunda visión se narra en el libro segundo y se centra en la aparición de la vir gen Ololon, una niña de doce años que se presenta frente al jardín de Blake en Felpham y busca a Milton. Entonces aparece la sombra de Milton y Blake contempla una serie de elementos simbólicos, algunos de ellos con claros tintes apocalípticos e imágenes propias de la Revolución industrial, que representan de algún modo las ideas erróneas que Milton había mantenido en su vida y de las que tiene que purificarse.

 Esencialmente, ésa es la razón de su periplo y de su necesidad de reintegrarse con Ololon, su emanación. En el apoteósico final del poema, Ololon, convertida en alondra, y el to millo silvestre, mensajero de Los en el Edén, se elevan juntos. Éstos son los elementos básicos sobre los que se construye la trama del poema, pero Milton entraña una extrema complejidad. Blake aprovecha para fundir en sus vi siones muchos otros detalles autobiográficos que se entremezclan con la narración. Un episodio concreto de este tipo es el enfrentamiento entre William Hayley, su amigo y mecenas, a quien Blake representa como Satán, y él mismo, que en el poema se en carna en Palamabron. Blake aprovecha para llevar a cabo numerosas digresiones que, de manera a veces forzada, integra en el flujo de la narración como si el poema creciera orgánicamente, pues considera que todo aquello que genera su mente creadora debe formar parte del texto.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Alexandrian Historia de la filosofía oculta Traducción Francisco Torres Oliver FRAGMENTO.

 


La doctrina del siglo dorado Entonces aparece en Francia un hombre que encarna el espíritu de la Kabbala filosófica del Renacimiento, el cual se sirve de ella para crear un sistema personal que concilia el cristianismo, el judaismo y la filosofía árabe: Guillermo Postel, erudito prodi gioso, al que Francisco I y la reina de Navarra consideraron el sabio más grande de su tiempo, y al que Carlos IX llamó «mi filó sofo». Nacido en 1501 en Dolerie, cerca de Avranches, huérfano a los ocho años, Postel fue primero maestro de escuela en un pue blo, antes de ser, en París, doméstico del colegio de Santa Bárba ra. Durante sus horas libres estudió griego y hebreo. 

Señalado por su inteligencia, lo asignaron en 1537 ajean de la Forest, encarga do de concertar una alianza con Solimán en Constantinopla; Pos tel aprovechó la ocasión para visitar Grecia, Asia Menor y parte de Siria, perfeccionarse en árabe y coleccionar manuscritos. De este viaje trajo un ejemplar de la Kabbala que le había regalado un médico judío del sultán. A su regreso a París, Postel publicó en 1538 doce alfabetos orientales, Linguarum duodecim characteri- bus, la primera gramática árabe de Europa, Grammatica arabica, y un tratado destinado a demostrar que todas las lenguas, incluso el griego y el latín, procedían del hebreo. Desde 1539, nombrado profesor de matemáticas y de lenguas orientales del Colegio real (el actual Colegio de Francia), se benefició del favor del canciller Poyet que le concedió el deanato de treinta y dos parroquias de la diócesis de Angers. Pero después, Postel se creyó llamado por Dios para llevar a cabo la paz universal, y con este propósito escribió De orbis terrae concordiae (1544). Pensaba que todos los hombres debían estar reunidos cristianamente bajo la autoridad religiosa del papa y la autoridad temporal del rey de Francia, único aspirante legítimo al título de rey del mundo, en cuanto descendiente por línea directa del hijo primogénito de Noé.

 «El primer hombre nacido en este mundo después del Diluvio es Gomer, hijo de Jafet, hijo de Noé; el cual Gomer es padre y fundador de la raza y jurisdicción galas y celtas145». Postel fue a Fontainebleau con el propósito de conven cer a Francisco I de que reivindicara la monarquía universal; lue go, decepcionado por su actitud, abandonó su cátedra del Cole gio real, y partió para Roma con el propósito de ganar para su idea a Ignacio de Loyola; se ordenó sacerdote en el seno de la Compañía de Jesús, pero Loyola lo expulsó al cabo de dieciocho meses, exasperado por su obstinación en ver en él al papa angélico de la concordia final. Postel fue encarcelado, y a su salida se refu gió en Venecia en 1547, donde se hizo capellán del hospital San Giovanni e San Paolo. 

El nuncio Della Casa lo nombró censor de los libros en hebreo impresos en esta ciudad. Postel se procuró un manuscrito del Zohar e hizo una tra ducción cuyo original está en el Museo Británico, la copia en la Biblioteca de Múnich y los prefacios en la de Gotinga. Tradujo igualmente el Bahir, una parte del Bereshit Rabba, publicó De Nativitate Mediatoris ultima, 1547 (El último nacimiento del Mediador), que afirma haber escrito al dictado del Espíritu Santo, Absconditorum clavis a constitutiones mundis, 1547 (Clave de las cosas ocultas desde la constitución del mundo) y, bajo el seudónimo de Elias Pandochacus, un tratado de la «panthenosía» (o reconci liación de las discrepancias), Postel había tomado de la Kabbala la creencia en la era mesiánica, que realiza la redención final de la humanidad. Pretendía preparar «el Estado de Restitución y Con cordia en el que todas las cosas volverán a su estado primitivo». 

 En su Absconditorum clavis dice que hay cuatro edades de la Igle (145) Guillaume Postel, Les Raísons de la monarchie (París, 1551). sia: la edad de la ley de la naturaleza, la de la ley escrita, la de la ley de la gracia, y la de la Concordia que reintegra al hombre a su condición anterior al pecado original. Pero mientras que la Kab bala hacía del judaismo el principio rector de la era mesiánica, Postel atribuía este papel al cristianismo, absorbiendo a las demás religiones de manera que fuese «la Comunión perfecta de todos los hombres piadosos». En el hospital de San Giovanni e San Paolo, Postel fue el confesor de la cocinera Joanna, una quincuagenaria analfabeta. Sorprendido ante lo elevado de sus propósitos, le preguntó de qué maestro había aprendido a expresarse así: «Del que está vivo en mí y en quien yo estoy muerta», respondió ella; es decir, de su «dulce esposo Jesús»; para serle fiel había hecho voto de virgini dad y entrega a los pobres. Maravillado de sus profecías, Postel vio en Joanna a «la Madre sagrada del mundo», destinada a salvar el anima (la parte inferior, sensual, del alma humana), a restituir la al animus (la parte superior, espiritual, hasta ahora la única res catada del pecado original). El encuentro con Joanna incitó a Postel a adoptar una curiosa idea del Zohar: la pretensión de que había dos Mesías, y que la era mesiánica empezaría con la apari ción del segundo Mesías. Le pareció, pues, que este nuevo Mesías era la madre Joanna, que completaba la obra del primero. El Zohar decía así: «Alma y Espíritu, he ahí el varón y la hembra». Para Postel, el espíritu femenino del hombre, el anima, compro metido por el pecado de Eva, no había sido objeto de redención de Cristo: hacía falta un Mesías mujer, en este caso Joanna, que lo redimiera. Sus relaciones exaltadas con la madre Joanna molestaron a sus superiores, que lo alejaron de ella. 

La Inquisición examinó su doctrina y lo declaró amens (loco). En 1549, Postel empren dió una nueva peregrinación a Oriente que le llevó de Constan- tinopla a Jerusalén, de donde volvió con el embajador de Fran cia provisto de manuscritos destinados a componer una Biblia políglota. A su regreso a Venecia, en 1551, se enteró de que Joanna había muerto; Postel perdió las ganas de comer y de beber, cayó enfermo de consunción, sintió que ella le enviaba desde el más allá «el sobrevestido de la redención y la restitu ción», y que una fuerza invisible envolvía su ser para hacer de él «el primogénito del mundo restituido». Su éxtasis fue tal que pudo mirar el sol fijamente durante una hora. Escribió en ita liano la Virgen veneciana, apología de la madre Joanna, y desde entonces asumió enteramente ese tipo de relación entre muerto y vivo que la Kabbala llamaba el gilgoul: el alma de Joanna se reencarnó en él, y él se sintió habitado por ella al extremo de someter toda su personalidad. Postel regresó a París, y reanudó su enseñanza en el colegio de los lombardos. Acudían tantos a escuchar a este majestuoso maestro de barba gris (le llegaba a la cintura) que, como no cabían en la sala, tenían que acomodarse en el patio, y él les hablaba desde una ventana. Publicó La Doctrine du siecle doré (1553), donde decía que el mundo había sido hecho para el hombre y no el hombre para el mundo, y enseñaba a purificarse de las malas ambiciones mundanas; el «siglo dorado» era el que había visto morir a la madre Joanna y comenzar la era de la Res titución. Esta era arrancaba de 1551, fecha de la muerte de Joan na. Isaac Luria, contemporáneo de Postel, la sitúa en 1568; este kabbalista cristiano y este kabbalista judío son de la misma fami lia espiritual. En Les Raisons de la monarchie, donde vuelve a la idea de la monarquía universal, demuestra «cómo por derecho de primogenitura, por derecho de institución, por derecho divi no y bendición profética, por derecho de todas las gentes y de la natural ocupación, en razón de la celestial influencia y del méri to soberano merecedor de soberanía y elección primera, la Monarquía pertenece a los príncipes elegidos y aprobados por los pueblos galos». Aconsejó al rey de Francia, «pues él solo des de Adán puede llamarse en verdad Monarca del mundo», orga nizar un concilio, a fin de que «en todo el mundo se lleve a cabo primeramente la victoria de los corazones autorizada por la razón». Postel provocó un escándalo al revelar en Merveilleuses victoires des femmes du Nouveau monde (1553) que la madre Joanna era el segundo Mesías y que desde su muerte se identifi caba con él. Como era difícil hacer que los parisinos, ignorantes de la Kabbala, admitiesen este caso de gilgoul único en la litera tura francesa, Postel tuvo que huir otra vez. Se hizo profesor de la Universidad de Viena, y colaboró en la edición del Nuevo Testamento siríaco. Pero la madre Joanna había hecho de él «el que comprende» y «el que viaja», de modo que Guillaume Postel volvió a emprender viaje, estuvo en Venecia, en Pavía, en Roma (donde fue encarcelado una vez más) y en Basilea, polemizó en 1561 con los prelados del concilio de Trento, y no regresó defi nitivamente a Francia hasta 1562. 

A causa de sus teorías, el gran humanista fue tachado de ateo, de padre de los deístas, y sufrió las peores injurias sobre todo de los calvinistas; fue llamado perro por Lambert Daneau, mons truo execrable por Henri Estienne, cloaca de todas las herejías por Béze, y acusado por Flaccius Illyricus de estar poseído por una legión de demonios. Para que le dejaran tranquilo, Postel escribió Retractaciones, donde confesó que ya no estaba habitado por la madre Joanna: el gilgoul había puesto fin. Se retiró en 1564 al monasterio de Saint-Martin-des-Champs, donde pasó el resto de su vida meditando, y donde no se cansaba de rezar el rosario en el jardín, ni de tocar el violín. El padre Marrier escribe: «Era afable y su conversación estaba llena de gravedad. El sonido de su voz, la expresión de su rostro, su larga barba, todo su exterior predispo nía en su favor a las personas que se acercaban a él... Los príncipes y los grandes del reino, los sabios sobre todo, y los literatos, lo visitan a menudo146». 

Murió en 1581, en presencia de amigos tales como el doctor Filesac, decano de la Sorbona. Postel tuvo discípulos eminentes, como Blaise de Vignére, Palmin Cayet (futuro historiógrafo de Enrique IV), Guy Le Févre de La Borderie, autor de La Galliade (1578), sobre «la revolución de las artes y las ciencias»; tuvo tantos que se habló de una secta de «postelianos». Su originalidad consiste en haber vivido y recreado en él mismo la Kabbala, más que analizado, mostrando que no era especialidad de una etnia, sino uno de los medios uni versales de investigación del terreno de lo oculto.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Antonio Alegre LA SOFÍSTICA Y SOCRATES Ascenso y caída de la polis PRÓLOGO


 


Introducción 

Escribir un libro sobre los sofistas y Sócrates es, aquí y ahora, tarea apasionante por tres razones: la una, por la impor tancia del tema en sí; en segundo lugar, porque hay pocas obras sobre ellos en los idiomas del Estado Español; sea la tercera razón que tanto la sofística como Sócrates plantearon una serie de problemas de validez eterna y que poseen sor prendente modernidad. 

Hemos incluido a los sofistas y Sócrates en un mismo libro. La única desventaja de tal fusión son las pocas páginas de que disponemos. Por lo demás, todo son ventajas: los sofistas y Sócrates viven el mismo tiempo, y de idénticos problemas por tal tiempo planteados arrancan sus respuestas. En cualquier caso, la especificidad y preocupaciones de tal época desplaza ron las investigaciones sobre la naturaleza al campo de lo humano político-social y del lenguaje.

 Este libro, por la razón supramentada de la inexistencia de bibliografía originaria en nuestros idiomas (tampoco hay exce sivas traducciones sobre el tema), nos plantea un difícil reto: la claridad y fluidez deben entretejerse con abundante erudi ción. Lo solucionaremos con un aparato de notas y bibliográfi co que necesariamente debe ser amplio. Quisiéramos que el libro arribare a dos buenos puertos: que sea de lectura amena y globalmente informativo, pero también índice documentado para ulteriores investigaciones por parte del lector. Nuestro libro es fundamentalmente histórico. Y así debe ser, pues deseamos evitar caer en una tentación harto frecuen 9 te, a saber, construir brillantes teorías que, cual castillo de naipes, no se fundamentan en datos positivos. La traducción de los textos es nuestra, salvo indicación en contrario.

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  Introducción Quizá la primera actitud del hombre, al evolucionar en el uso del leng ua- je, haya sido la de contar aquello que le había ...

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