INTRODUCCIÓN GENERAL
Esta investigación tiene como objeto la narratividad litera
ria desde el punto de vista de la hermenéutica moderna y, con
cretamente, la filosofía hermenéutica de Paul Ricoeur. La narra
tividad supone un nuevo enfoque (filosófico) que supera las no
ciones de narrativa (o relato) y de narratología (teoría de las
estructuras narrativas) en cuanto que son los objetos de investi
gación de la teoría y la crítica literaria. Así pues, se trata en prin
cipio de una Filosofía de la Literatura, ya que investiga sobre lo
narrativo desde un punto de vista hermenéutico.
Eso sí la investigación aquí presentada tratará de obtener,
ante todo, un objetivo de tipo metodológico y funcional, por dos
razones: ya disponemos de los elementos teóricos suficientes para
una teoría hermenéutica de la narratividad; entonces corresponde
efectivamente elaborar un complejo sistema de ‘herramientas
metodológicas’, de elementos funcionales que nos permitan ana
lizar, comprender e interpretar los textos literarios a la luz de la
narratividad hermenéutica. De ahí mi insistencia en recurrir a
los textos originales de los autores y mostrar clara y detallada
mente sus argumentos.
En cuanto a la Filosofía de la Literatura, no se trataría ya del
ámbito de la Historia literaria (el sistema de las producciones lite
rarias a lo largo de la historia), ni de la Teoría literaria (los concep
tos y problemas literarios), ni de la Crítica literaria (las metodolo
gías de análisis de los textos), ni de la Literatura Comparada (las
relaciones entre literaturas), todo ello en el ámbito de la Ciencia
literaria, sino de un nuevo enfoque más amplio o general realiza
do a partir de nociones filosóficas en interacción directa y profun
da con los textos literarios en su dimensión fenomenológica, on
tológica, hermenéutica, etc.
Bastará un ejemplo concreto (desarrollado después en el pun
to I. 1) para delimitar este nuevo campo de la Filosofía de la Lite
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ratura. Para ello utilizaremos un sistema de clasificación del tipo
siguiente: Objeto (naturaleza, idea) > Operación (ciencia, arte) >
Cualidad (filosofía).
Aplicado al ser humano, este sistema de or
ganización conceptual daría lugar a las categorías siguientes: Hom
bre, Humano > Humanitario, Humanismo > Humanidad. Apli
cando ahora este sistema a la literatura el resultado sería: Relato,
Narración > Narrativa, Narratología > Narratividad. A partir de
aquí se pueden extrapolar las siguientes deducciones.
En todas las tradiciones literarias se puede encontrar una
producción que denominamos ‘Relato’ o ‘Narración’, el conjun
to de narraciones o discursos narrativos producidos a lo largo de
una tradición secular en las diferentes culturas, uno de cuyos
géneros más destacados es la novela, considerado hoy día el gé
nero más importante. Esta productividad narrativa está recogi
da en las correspondientes Historias de la Literatura de cada
nación y es considerada también bajo el amplio espectro rela
cional de la Literatura Comparada.
En el ámbito de la Teoría literaria, ha venido a destacar el
concepto de ‘Narrativa’, como tipología genérica correspondien
te a la narración, y en el de la Crítica literaria la metodología de
análisis, aplicada a la narración, denominada ‘Narratología’, hoy
día considerada una teoría de gran alcance, por dedicarse al es
tudio de la narración (la novela) y también por la relevancia de
las aportaciones teóricas que la constituyen. Hasta aquí el am
plio campo de la Ciencia Literaria.
Más allá del análisis científico de la literatura se abre enton
ces la posibilidad de un nuevo campo, la ‘Narratividad’, relacio
nado directamente con las categorías anteriores, en el que la
ciencia literaria encuentra el apoyo de disciplinas filosóficas como
la ontología, la fenomenología y la hermenéutica para llevar a
cabo una investigación superadora del nivel científico y cuyo
horizonte estaría situado en el saber extenso (filosófico, herme
néutico) relacionado con el hecho de narrar, la función narrati
va, la identidad narrativa humana, etc.
1. Literatura y filosofía
Tras el agotamiento de las principales propuestas teóricas y
críticas de la ciencia literaria a finales del siglo XX, poco queda
ba ya por explorar en el campo de los estudios literarios que no
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fuera continuar por la vía del lector y la Recepción a partir por
ejemplo de las aportaciones de Hans Robert Jauss, Wolfgang
Iser, Umberto Eco, Dominique Maingueneau, Michael Riffate
rre y Michel Charles, y sobre todo de la Hermenéutica, después
de las grandes aportaciones de sus comienzos con Friedrich E.D.
Schleiermacher, Wilhelm Dilthey, Edmund Husserl, Martin Hei
degger, en la fase reciente de finales del siglo XX y comienzos del
siglo XXI, cuando aquellas aportaciones iniciales son culmina
das por Hans-Georg Gadamer y Paul Ricoeur.
El sentido que adquiere nuevamente la Hermenéutica es
que, al revisar todas las ideas filosóficas desde su interpreta
ción, viene a constituir una nueva Filosofía que habrá de ser
calificada obviamente de Hermenéutica (filosófica, crítica, etc.).
Desde este punto de vista, tanto Gadamer como Ricoeur, pero
también otros autores como Szondi por ejemplo, han construi
do algunas de sus obras principalmente al modo de una histo
ria de la filosofía revisada por medio de parámetros interpreta
tivos. Además, en un giro espectacular que se había producido
durante el mismo siglo XX con la teoría de Hans-Georg Gada
mer (1900-2002) y la Hermenéutica filosófica fundada a partir
de la publicación de su magna obra Verdad y método en 1960, y
en la continuidad de esa tendencia con los trabajos de Paul Ri
coeur (1913-2005) hasta principios del siglo XXI, la Hermenéu
tica se había convertido en una auténtica filosofía y había ocu
pado el lugar de la misma filosofía, dada también la decadencia
de nuevas teorías filosóficas en el periodo —crítico— de la lla
mada Postmodernidad. Así que, en los últimos años, se produce
una coincidencia nada banal entre la crisis de la ciencia litera
ria y del saber filosófico, y la supervivencia de la teoría de la
interpretación en literatura y en filosofía.
El fruto de esa coincidencia de los procesos históricos y teó
ricos de la literatura y de la filosofía en la encrucijada de los
siglos XX y XXI, desde mi punto de vista, sería doble en principio.
A instancia de Gadamer, implicaría la importancia adquiri
da por la teoría de la comprensión del texto, en tanto que despla
zamiento desde la interpretación (exégesis, sentido) y desde la
aplicación (crítica subjetiva y valorativa, no científica), para ob
tener una nueva unidad de esos tres actos hermenéuticos y para
centrar en la comprensión la atención mayoritaria de las investi
gaciones hermenéuticas, como es el caso de Gadamer y también
de Ricoeur.
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Y a instancia de Ricoeur, implicaría también la gran teoría
de la Narratividad, sobre todo contenida en Temps et récit 1, 2, 3
(Ricoeur 1983, 1984, 1985) como gran síntesis comprensiva de
la historia y de la ficción, y de la función narrativa, desde un
enfoque hermenéutico (una teoría hermenéutica del relato), en
concreto fenomenológico y sobre todo ontológico.
2. Narratividad y textualidad
Dentro del amplio campo de la Narratividad y desde el pun
to de vista de una Hermenéutica del texto, la primera acotación
que es necesario realizar tiene que ver con la textualidad: la na
rratividad es propia del texto narrativo y, por extensión, de otras
tipologías textuales (poético, ensayístico). Para Mario J. Valdés
(1998), la obra filosófica y hermenéutica de Paul Ricoeur avanza
ostensiblemente en el campo del texto hacia una teoría de la
literatura, donde se hacen preguntas sobre qué es literatura, qué
es un texto literario, etc. Así, el texto es definido como un fenó
meno funcional de la existencia, un acto existencial humano,
que por tanto requiere una interpretación al ser apropiado por el
lector como parte de su visión del mundo. A esto viene la famosa
frase de Friedrich Schleiermacher: «Entender el discurso tan bien
como el autor, y después mejor que él».
A diferencia del discurso, del que resulta por medio de la
inscripción realizada por la escritura, el texto está incompleto
hasta que el lector se lo apropie, pues además la intención de su
autor no tiene validez alguna en la interpretación (siempre final,
del lector). Por tanto el texto, en contra de lo que a muchos pu
diera parecer, nunca está hecho, sino que es una tarea que hay
que hacer en el momento preciso en que el enunciado se en
cuentra con el receptor. Como el texto, mediante la lectura, per
mite construir un mundo para el lector, esto dará lugar a conflic
tos interpretativos, es decir un campo para la hermenéutica que
habrá de comprender las diferencias entre esas interpretacio
nes. Otra cosa será el problema de la creatividad literaria, referi
da en este caso a la relación autor/mundo/lector.
Valdés (1998: 65) enuncia dos actitudes divergentes pero com
plementarias a la luz de la construcción de un mundo. El lenguaje literario, por su especificidad digamos, tiende a exiliarse
fuera del mundo, encerrarse en su actividad estructural y aten
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der a una ‘soledad gloriosa’. Como consecuencia de su poder de
construcción de mundos, el lenguaje literario tendría poder igual
mente para describir y transformar la realidad. Esta dualidad
estaría en la base de la capacidad del lector para construir mun
dos propios.
En el ámbito de una hermenéutica del sentido, aplicada a un
texto y operada por su lector, Valdés encaminará la definición
ricoeuriana del texto literario basándose efectivamente en una
interrelación básica mundo/lector: «Entiéndase por texto litera
rio la lectura de todo texto, cualquiera que haya sido el propósi
to de su autor, que tenga la capacidad de provocar una re-des
cripción del mundo en su lector» (Valdés 1998: 65). Esta discu
sión abre el problema que será objeto del siguiente capítulo, sobre
la relación entre narratividad y literariedad, es decir la acota
ción de la narratividad mediante la literariedad, la ‘adaptación’
de lo narrativo a lo literario, o sea la definición del discurso como
narrativo, textual y literario.
3. Narratividad y literariedad
Esta investigación enmarcada en una nueva Filosofía de la
Literatura presupone por consiguiente una acotación de la narra
tividad general, es decir la que ha sido definida por Paul Ricoeur
en el ámbito —fusionado, cohesionado, conjunto— de la historia
y la ficción. Y dentro de ese ámbito, queda pues restringido el
campo de esta investigación a la narratividad literaria, es decir
aquella que es operativa en las obras literarias. Siendo esta deli
mitación de tipo literario —la condición para definir la narrativi
dad en este caso—, resulta pertinente (y obligado) definir desde
ahora mismo qué se entiende por literario, para luego avanzar
factiblemente en la narratividad literaria. El problema no es me
nor si se entiende la complejidad de definir algo tan abstracto y
subjetivo como pueda ser la entidad de lo literario. Así pues se
entiende aquí por literario el carácter de una obra dotada de lite
rariedad, siempre que se entienda a su vez por literariedad de una
obra los valores funcionales distribuidos en ella y que la confor
man o constituyen.
Ya en 1958, en un simposio celebrado en la Universidad de
Indiana, Roman Jakobson se planteaba la pregunta: «¿Qué hace
que un mensaje verbal sea una obra de arte?» (Jakobson 1988: 28)
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para definir el objeto científico de la Poética o ciencia literaria,
es decir la ciencia que se encarga de definir lo literario. Y luego
concretaba de forma muy clara que la función poética era la
función predominante del lenguaje literario, una función orien
tada o dirigida hacia el mensaje como tal (Einstellung), que tam
bién sirve para profundizar la dicotomía fundamental de signos
y objetos a base de promover sus cualidades evidentes. Las ca
racterísticas de los diversos géneros poéticos implican una par
ticipación escalonada diferente por parte de otras funciones ver
bales, junto con la función poética dominante. De este modo,
cabe pues preguntarse: ¿en qué consiste el criterio lingüístico
empírico de la función poética? Jakobson responde que hay dos
modelos básicos que se utilizan en una conducta verbal, la selec
ción y la combinación:
La selección tiene lugar a base de equivalencia, similitud, des
igualdad, sinonimia y antonimia, mientras que la combinación,
el entramado de la secuencia, se basa en la proximidad. La fun
ción poética proyecta el principio de la equivalencia del eje de la
selección sobre el eje de la combinación [Jakobson 1988: 40].
Para otros autores situados en la misma línea de Jakobson,
como Gérard Genette (Fiction et diction, 1991), lo fundamental
es el aspecto estético de la literatura, aunque entraña muchos
otros, o más concretamente: «Se trata pues de precisar en qué
condiciones puede percibirse un texto, oral o escrito, como una
“obra literaria” o, en un sentido más amplio, como un objeto (ver
bal) con función estética, género cuyas obras constituyen una
especie particular, definida entre otras cosas por el carácter in
tencional (y percibido como tal) de la función» (Genette 1993: 7).
Así pues, la literariedad tendría dos regímenes: el constitutivo,
garantizado por un complejo de intenciones, convenciones gené
ricas y tradiciones culturales de todas clases; y el condicional,
que corresponde a una apreciación estética subjetiva y siempre
revocable (Genette 1993: 7).
Además, Genette piensa también en el criterio empírico en
que se basa el diagnóstico de la literariedad a posteriori: «Dicho
criterio puede ser bien temático, es decir, relativo al contenido
del texto (¿de qué se trata?), bien formal o, en sentido más am
plio, remático, es decir, relativo al carácter del propio texto y al
tipo de discurso que ejemplifica» (Genette 1993: 7).
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Del cruce de ambos regímenes o criterios, Genette extrae los
distintos modos de la literariedad: la ficción, desde Aristóteles,
siempre es un modo constitutivo, pues casi siempre toda obra
verbal de ficción es reconocida como literaria; la dicción es un
modo remático, que da lugar a su vez a dos modos: la poesía, de
tipo constitutivo, siempre es literaria; y la prosa no ficcional, que
es literaria bajo condición, en virtud de una actitud individual
(Genette 1993: 8).
Como ya se ha visto, estas definiciones de la literariedad no
dejan de ser unos amplios marcos de referencia, demasiado ge
nerales quizá, para emprender una definición específica y sobre
todo aplicada de la literariedad a cualquier obra supuestamente
literaria. Quedaría por construir y presentar, no ya un marco
general, sino un cuadro concreto, funcional y hasta descriptivo
de los elementos específicos o aplicados que permitiría, ahora
sí, la definición de una obra como literaria.
No ignoro que tal proyecto implica un compromiso estético
y hasta ideológico, porque en ese cuadro serían evidentes los
parámetros que cada uno introduciría para definir lo que él en
tiende, particularmente, por literatura; pero me parece que es la
única manera de abordar seriamente el problema y, en el caso
que nos ocupa en esta investigación, el modo honesto que per
mitiría abordar el enfoque de la narratividad (literaria) desde
una base sólida, y no ya desde una simple especulación abstrac
ta y solo relativamente útil.
Desde mi punto de vista entonces, la literariedad, el carácter
de lo literario y su definición, se compone de una serie de ele
mentos o parámetros, todos ellos presentes y funcionales dentro
del texto y detectables por el lector en su interpretación, aunque
en porcentaje variable dependiendo de cada texto particular. Por
lo general, un texto hace destacar sobre todo uno de ellos, rele
gando a los otros a una presencia o funcionalidad menor o in
cluso mínima, aunque raramente inexistente.
Así pues, el texto funciona como un sistema de componen
tes, por el cual un componente determinado deberá estar justifi
cado funcionalmente por otro(s) componente(s) para justificar
se como tal en la definición del texto como literario, por ejem
plo: un texto de ficción no podría ser literario solo por su
componente ficcional, necesitaría de otros componentes para
poder ser definido como literario.
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A continuación paso a detallar los componentes o paráme
tros de la literariedad que considero pertinentes según lo expli
cado más arriba.
El lenguaje literario es ya definido por René Wellek y Austin
Warren en su teoría literaria como la especificidad del empleo de
la lengua en el nivel literario, la capacidad de manejo del lenguaje,
como extrañamiento o desautomatización del mismo lenguaje (Os
tranenie), equivalente a la función poética de Jakobson.
La imaginación es también considerada por Wellek y Warren,
junto al lenguaje literario, el componente primordial o esencial
de la literariedad, es la capacidad de crear la fantasía, cuya con
secuencia principal será la ficcionalidad, los mundos posibles
de la ficción, tal como la ha definido Lubomir Dolezel.
A estos componentes primordiales (o ‘genéticos’) de la litera
riedad se podrían añadir unos cuantos más, para perfilar, com
pletar, matizar o especificar, en cada texto concreto, la literarie
dad de un determinado texto.
El estilo es la marca personal del escritor asociada al lenguaje,
la identidad original de la expresividad, son los fenómenos expre
sivos del lenguaje desde el punto de vista de su contenido afectivo
o expresión de los fenómenos de la sensibilidad mediante el len
guaje y la acción de los fenómenos lingüísticos en la sensibilidad
(Charles Bally). La estilística es considerada también como el es
tudio de los valores extraconceptuales de origen afectivo o socio
cultural que tiñen el sentido, es la función expresiva del lenguaje
opuesta a su función cognoscitiva o semántica (Pierre Guiraud).
Las estructuras compositivas son las estructuras formales y
de contenido, la composición u organización interna de la obra,
las estrategias narrativas o compositivas.
La retórica supone el uso de tropos o figuras retóricas, la es
tilística literaria, la metaforización del discurso literario, los jue
gos del lenguaje, es la referencialidad del mundo ficcional y/o
estético.
La moralidad, o sea «los significados, valores y cualidades
humanas» (Terry Eagleton), tanto en la forma como en el conte
nido, marcando así la autonomía de la obra respecto de lo exter
no, una ética y una política de la forma enfocadas también des
de una filosofía de la literatura.Los componentes simbólicos y míticos proceden de los sím
bolos y mitos de la tradición y la cultura que son incorporados al
texto, en fusión perfecta con lo narrado en el mismo texto.
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La emocionalidad supone una antropología humanística
(moral, ética, antropológica y metafísica), los elementos de la
inteligencia emocional que corresponden tanto a una expresión
del equilibrio emocional del autor como a una búsqueda de la
empatía con el lector; unos parámetros equivalentes a valores
emocionales típicos o deseables en el ser humano.
Los rasgos autobiográficos provienen del yo y la existencia
del autor, que re-construye su propia existencia al modo de un
paradigma ético, son manifestados en la obra como registro de
su humanidad compartida con el lector.
La intertextualidad es el conjunto de relaciones con los otros
textos (Mijail Bajtin, Julia Kristeva), la cultura lectora (Roland
Barthes), la gran biblioteca universal de todas las literaturas, la
poligénesis.
La metaliterariedad afecta a la función metaliteraria de la obra
(véase la función metalingüística de Roman Jakobson), la refe
rencialidad interna de la obra, la referencia al mundo literario, la
metalepsis auctorial (Gérard Genette) o actancial.
Los componentes epistemológicos hacen referencia a los
saberes y el conocimiento depositado por el autor en la obra
(Michel Pierssens), junto al conocimiento del lector, cuya fusión
da lugar a un nuevo conocimiento.
Definida entonces la literatura al menos por los componen
tes que intervienen en la construcción de un texto literario (lite
rariedad), se trataría de abordar la misma investigación de un
objeto o tema original, en este caso la narratividad, como acto
del narrar, desde la perspectiva de la hermenéutica moderna y,
más concretamente, de la teoría de Paul Ricoeur.
El campo de
estudio sin embargo es muy amplio, ya que la narratividad con
tiene hipotéticamente todo aquello que es narrado, en este caso
como un texto literario, lo cual resulta ser un objeto que incluye
casi al completo la historia de la literatura universal, siempre
que se considere el régimen narrativo de cada texto. Y la hipóte
sis teórica de la investigación es aportar un método que permita
enfocar o considerar el aspecto narrativo (inherente a lo litera
rio en su caso), y así avanzar en el ámbito de la teoría literaria,
en concreto basándose en aportaciones que provienen del ámbi
to filosófico contemporáneo (una Filosofía de la Literatura).