martes, 20 de octubre de 2020

"Después de su regreso..." (Fragmento. Novela. Premio UNA-Palabra 2004). Jorge Méndez-Limbrick


 

"Después de su regreso, lo fuimos viendo menos, se fue aislando. Solamente una llamada telefónica, una carta y unas esporádicas invitaciones a la mansión y “pare de contar”. Don Julián pasó a ser un recuerdo, una memoria dentro de otra memoria desperdigada en el pensamiento de compañeros y patólogos aquí en Medicatura Forense. Y de ser un hombre real, una existencia física, pasó a ser una leyenda, un ser imaginario y fabuloso. Fabuloso por su historia, por su fortuna que heredó y dejó a todos boquiabiertos. Quizá la mayoría en el fondo deseamos tener un abuelo paterno o materno que nos herede como a don Julián, de allí su leyenda". (Mariposas Negras para un Asesino).

HISTORIA DE LA ETERNIDAD 419 ARTE DE INJURIAR. JORGE LUIS BORGES.

 


HISTORIA DE LA ETERNIDAD 419

ARTE DE INJURIAR

Un estudio preciso y fervoroso de' los otros géneros literarios,

me dejó creer que la vituperación y la burla valdrían necesariamente

algo más. El agresor (me dije) sabe que el agredido será

él, y que "cualquier palabra que pronuncie podrá ser invocada

en su contra", según la honesta prevención de los vigilantes de

Scotland Yard. Ese temor lo obligará a especiales desvelos, de los

que suele prescindir en otras ocasiones más cómodas. Se querrá

invulnerable, y en determinadas páginas lo será. El cotejo de

las buenas indignaciones de Paul Groussac y de sus panegíricos

turbios —para no citar los casos análogos de Swift, de Johnson

y Voltairé— inspiró o ayudó esa imaginación. Ella se disipó

cuando dejé la complacida lectura de esos escarnios por la investigación

de su método.

Advertí en seguida una cosa: la justicia fundamental y el

delicado error dé mi conjetura. El burlador procede con desvelo,

efectivamente, pero con un desvelo de tahúr que admite las

ficciones de la baraja, su corruptible cielo constelado de personas

bicéfalas. Tres reyes mandan en el poker y no significan nada

en el truco. El polemista no es menos convencional. Por lo

demás, ya las recetas callejeras de oprobio ofrecen una ilustrativa

maquette de lo que puede ser la polémica. El hombre de Corrientes

y Esmeralda adivina la misma profesión en las madres

de todos, o quiere que se muden en seguida a una localidad muy

general que tiene varios nombres, o remeda un tosco sonido

—y una insensata convención ha resuelto que el afrentado por

esas aventuras no es él, sino el atento y silencioso auditorio. Ni

siquiera un lenguaje se necesita. Morderse el pulgar o tomar

el lado de la pared (Sampson: / will take the wall of any man

or maid of Montague's. Abram: Do yon hite your thumh at us,

sir?) fueron, hacia 1592, la moneda legal del provocador, en la

Verona fraudulenta de Shakespeare y en las cervecerías y lupanares

y reñideros de oso en Londres. En las escuelas del Estado,

el pito catalán y la exhibición de la lengua rinden ese servicio.

Otra denigración muy general es el término perro. En la noche

146 del Libro de las mil noches y una, pueden aprender los

discretos que el hijo del león fue encerrado en un cofre sin salida

por el hijo de Adán, que lo reprendió de este modo: El destino

te ha derribado y no te pondrá de pie la cautela, oh perro del

desierto.

Un alfabeto convencional del oprobio define también a los

polemistas. El título señor, de omisión imprudente o irregular

en el comercio oral de los hombres, es denigrativo cuando lo

420 JORGE* LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS

estampan. Doctor es otra aniquilación. Mencionar los sonetos

cometidos por el doctor Lugones, equivale a medirlos mal para

siempre, a refutar cada una de sus metáforas. A la primera

aplicación de doctor, muere el semidiós y queda un. vano caballero

argentino que usa cuellos postizos de papel y se hace rasurar

día por medio y puede fallecer de una interrupción en las' vías

respiratorias. Queda la central e incurable futilidad de todo

ser humano. Pero los sonetos quedan también, con música que

espera. (Un italiano, para despejarse de Goethe, emitió un breve

artículo donde no se cansaba de apodarlo il signore Wolfgang.

Esto era casi una adulación, pues equivalía a desconocer que

no faltan argumentos auténticos contra Goethe).

Cometer un soneto, emitir artículos. El lenguaje es un repertorio

de esos convenientes desaires, que hacen el gasto principal

en las controversias. Decir que un literato ha expelido un libro

o lo ha cocinado o gruñido, es una tentación harto fácil; quedan

mejor los verbos burocráticos o tenderos: despachar, dar curso,

expender. Esas palabras áridas se combinan con otras efusivas, y

la vergüenza del contrario es eterna. A una interrogación sobre un

martiliero que era, sin embargo, declamador, alguien inevitablemente

comunicó que estaba rematando con energía la Divina

Comedia. El epigrama no es abrumadoramente ingenioso, pero

su mecanismo es típico. Se trata (como en todos los epigramas)

de una mera falacia de confusión. El verbo rematar (redoblado

por el adverbio con energía) deja entender que el acriminado

señor es un irreparable y sórdido martiliero, y que su diligencia

dantesca es un disparate. El auditor acepta el argumento sin

vacilar, porque no se lo proponen como argumento. Bien formulado,

tendría que negarle su fe. Primero, declamar y subastar

son actividades afines. Segundo, la antigua vocación de declamador

pudo aconsejar las tareas del martiliero, por el buen

ejercicio de hablar en público.

Una de las tradiciones satíricas (no despreciada ni por Macedonio

Fernández ni por Quevedo ni por George Bernard Shaw)

es la inversión incondicional de los términos. Según esa receta

famosa, el médico es inevitablemente acusado de profesar la

contaminación y la muerte; el escribano, de robar; el verdugo,

de fomentar la longevidad; los libros de invención, de adormecer

o petrificar al lector; los judíos errantes, de parálisis; el sastre,

de nudismo; el tigre y el caníbal, de no perdonar el ruibarbo.

Una variedad de esa tradición es el dicho inocente. Por ejemplo:

El festejado catre de campaña debajo del cual el general ganó la

batalla. O: Un encanto el último film del ingenioso director

Rene Clair. Cuando nos despertaron...

Otro método servicial es el cambio brusco. Verbigracia: Un

HISTORIA DE LA ETERNIDAD 421

joven sacerdote de la Belleza, una mente adoctrinada de luz

helénica, un exquisito; un verdadero hombre de gusto (a ratón).

Asimismo esta copla de Andalucía, que en un segundo pasa de la

información al asalto:

Veinticinco palillos

Tiene una silla,

¿Quieres que te la rompa

En las costillas'?

Repito lo formal de ese juego, su contrabando pertinaz de

argumentos necesariamente confusos. Vindicar realmente una

causa y prodigar las exageraciones burlescas, las falsas caridades,

las concesiones traicioneras y el paciente desdén, no son actividades,

incompatibles, pero sí tan diversas que nadie las ha conjugado

hasta ahora. Busco ejemplos ilustres. Empeñado en la

demolición de Ricardo Rojas, ¿qué hace Groussac? Esto que

copio y que todos los literatos de Buenos Aires han paladeado.

Es asi cómo, verbigracia, después de oídos con resignación, dos

o tres fragmentos en prosa gerundiana de cierto mamotreto públicamente

aplaudido por los que apenas lo han abierto, me considero

autorizado para no seguir adelante, ateniéndome, por

ahora, a los sumarios o índices de aquella copiosa historia de lo

que orgánicamente nunca existió. Me refiero especialmente a

la primera y más indigesta parte de la mole (ocupa tres tomos

de los cuatro): balbuceos de indígenas o mestizos. . . Groussac, en

ese buen malhumor, cumple con el más ansioso ritual del juego

satírico. Simula que lo apenan los errores del adversario (después

de oídos con resignación); deja entrever el espectáculo de una

cólera brusca (primero la palabra mamotreto, después la mole);

so vale de términos laudatorios para agredir (esa historia copiosa)

en fin, juega como quien es. No comete pecados en la sintaxis,

que es eficaz, pero sí en el argumento que indica. Reprobar un

libro por el tamaño, insinuar que quién va a animársele a ese

ladrillo y acabar profesando indiferencia por las zonceras de unos

chinos y unos mulatos, parece una respuesta de compadrito, no

de Groussac.

Copio otra celebrada severidad del mismo escritor: Sentiríamos

que la circunstancia' de haberse puesto en venta el alegato del

doctor Pinero, fuera un obstáculo serio para su difusión, y que

este sazonado fruto de un año y medio de vagar diplomática se

limitara a causar "impresión" en la casa de Coni. Tal no sucederá,

Dios mediante, y al menos en cuanto penda de nosotros, no

se cumplirá tari melancólico destino. Otra vez el aparato de la

piedad; otra vez la diablura de la sintaxis. Otra vez, también,

422 JORGE LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS

la banalidad portentosa de la censura: reírse de los pocos interesados

que puede congregar un escrito y de su pausada elaboración.

Una vindicación elegante de esas miserias puede invocar la

tenebrosa raíz de la sátira. Ésta (según la más reciente seguridad)

se derivó de las maldiciones mágicas de la ira, no de razonamientos.

Es la reliquia de un inverosímil estado, en que las

lesiones hechas al nombre caen sobre el poseedor. Al ángel Satanail,

rebelde primogénito del Dios que adoraron los bogomiles,

le cercenaron la partícula il, que. aseguraba su corona, su esplendor

y su previsión. Su morada actual es el fuego, y su huésped

la ira del Poderoso. Inversamente narran los cabalistas, que la

simiente del remoto Abram era estéril hasta que interpolaron

en su nombre la letra he, que lo hizo capaz de engendrar.

Swif t, hombre de amargura esencial, se propuso en la crónica

de los viajes del capitán Lemuel Gülliver la difamación del género

humano. Los primeros —el viaje a la diminuta república

de Lilíput y a la desmesurada de Brobdingnag— son lo que

Leslie Stephen admite: un sueño antropométrico, que en nada

roza las complejidades de nuestro ser, su fuego y su álgebra. El

tercero, el más divertido, se burla de la ciencia experimental mediante

el consabido procedimiento de la inversión: los gabinetes

destartalados de Swift quieren propagar ovejas sin lana, usar

el hielo para la fabricación de la pólvora, ablandar mármol

para almohadas, batir enjaminas sutiles el fuego y aprovechar

la parte nutritiva que encierra la materia fecal. (Ese libro

incluye también una fuerte página sobre los inconvenientes de

la decrepitud.) El cuarto viaje, el último, quiere demostrar que

las bestias valen más que los hombres. Exhibe una virtuosa república

de caballos conversadores, monógamos, vale decir, humanos,

con un proletariado de hombres cuadrúpedos, que habitan en

montón, escarban la tierra, se prenden de la ubre de las vacas

para robar la leche, descargan su excremento sobre los otros,

devoran carne corrompida y apestan. La fábula es contraproducente,

como se ve. Lo demás es literatura, sintaxis. En la conclusión

dice: No me fastidia el espectáculo de un abogado, de un

ratero, de un coronel, de, un tonto, de un lord, de un tahúr, de

un político, de un rufián. Ciertas palabras, en esa buena enumeración,

están contaminadas por las vecinas.

Dos ejemplos finales. Uno es la célebre parodia de insulto

que nos refieren improvisó el doctor Johnson. Su esposa, caballero,

con el pretexto de que trabaja en un lupanar, vende géneros

de contrabando. Otro es la injuria más espléndida s e

conozco: injuria tanto más singular si consideramos que es

el único roce de su autor con la literatura. Los dioses no consin

HISTORIA

DE LA ETERNIDAD 423

tieron que Santos Chocano deshonrara el patíbulo, muriendo en

él. Ahí está vivo, después de haber fatigado la infamia. Deshonrar

el patíbulo. Fatigar la infamia. A fuerza de abstracciones ilustres,

la fulminación descargada por Vargas Vila rehúsa cualquier

trato con el paciente, y lo deja ileso, inverosímil, muy secundario

)' posiblemente inmortal. Basta la mención más fugaz del nombre

de Chocano para que alguno reconstruya la imprecación, oscureciendo

con maligno esplendor todo cuanto a él se refiere —hasta

los pormenores y los síntomas de esa infamia.

Procuro resumir lo anterior. La sátira no es menos convencional

que un diálogo entre, novios o que un soneto distinguido

con la flor natural por José María Monner Sans. Su método

es la intromisión de sofismas, su única ley la simultánea invención

de buenas travesuras. Me olvidaba: tiene además la obligación

de ser memorable.

Aquí de cierta réplica varonil que refiere De Quincey (Writings,

onceno tomo, página 226). A un caballero, en una discusión

teológica o literaria, le arrojaron en la cara un vaso de vino. El

agredido no se inmutó y dijo al ofensor: Esto, señor, es una

digresión, espero su argumento. (El protagonista de esa réplica,

un doctor Henderson, falleció en Oxford hacia 1787, sin dejarnos

otra memoria que esas justas palabras: suficiente y hermosa inmortalidad.)

Una tradición oral que recogí en Ginebra durante los últimos

años de la primera guerra mundial, refiere que Miguel Servet

dijo a los jueces que lo habían condenado a la hoguera: Arderé,

pero ello no es otra cosa que un hecho. Ya seguiremos discutiendo

en la eternidad.

Adrogué, 1933.

Ficha técnica:

E LUIS

BORGES

COMPLETAS

1923-1972

EMECÉ EDITORES

BUENOS AIRES

Edición dirigida y realizada por

CARLOS V. FRÍAS

© Emecé Editores, S.A, 1974

Alsina 2062 - Buenos Aires, Argentina

Ediciones anteriores: 62.000 ejemplares

14a edición en offset: 5.000 ejemplares

Impreso en Compañía Impresora Argentina S.A., Alsina 2041/49,

Buenos Aires, septiembre de 1984

IMI'HLSO EN LA ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.

I.S.B.N.: 950-04-0217-3

39.009



lunes, 19 de octubre de 2020

IV Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad. (Fragmento. HISTORIA DE LA ETERNIDAD). JORGE LUIS BORGES ACEVEDO.



IV

Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad.

Es una pobre eternidad ya sin Dios, y aun sin otro poseedor

y sin arquetipos. La formulé en el libro El idioma de los argentinos,

en 1928. Trascribo lo que entonces publiqué; la página

se titulaba Sentirse en muerte.

"Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace unas noches:

fruslería demasiado evanescente y extática para que la llame

aventura; demasiado irrazonable y sentimental para pensamiento.

Se trata de una escena y de su palabra: palabra ya antedicha por

í

366 JORGE LUÍS BORGES—OBRAS COMPLETAS

mí, pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi

yo. Paso a historiarla, con los accidentes de tiempo y de lugar

que la declararon,

"La rememoro así. La tarde que precedió a esa noche, estuve

en Barracas: localidad no visitada por mi costumbre, y cuya distancia

de las que después recorrí, ya dio un extraño sabor a ese

día. Su noche no tenía destino alguno; como era serena, salí a

caminar y recordar, después de comer. No quise determinarle rumbo

a esa caminata; procuré una máxima latitud de probabilidades

para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de

una sola de ellas. Realicé en la mala medida de lo posible, eso

que llaman caminar al azar; acepté, sin otro consciente prejuicio

que el de soslayar las avenidas o calles anchas, las más oscuras

invitaciones de la casualidad. Con todo, una suerte de gravitación

familiar me alejó hacia unos barrios, de cuyo nombre quiero

siempre acordarme y que dictan reverencia a mi pecho. No quiero

significar así el barrio mío, el preciso ámbito de la infancia, sino

sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que he poseído

entero en palabras y poco en realidad, vecino y mitológico a jin

tiempo. El revés de lo conocido, su espalda, son para mí esas calles

penúltimas, casi tan efectivamente ignoradas como el soterrado

cimiento de nuestra casa o nuestro invisible esqueleto. La marcha

me dejó en una esquina. Aspiré noche, en asueto serenísimo de

pensar. La visión, nada complicada por cierto, parecía simplificada

por mi cansancio. La irrealizaba su misma tipicidad. La calle era

de casas bajas, y aunque su primera significación fuera de pobreza,

la segunda era ciertamente de dicha. Era de lo más pobre y de lo

más lindo. -Ninguna casa se animaba a la calle; la higuera oscurecía

sobre la ochava; los portoncitos —más altos que las líneas

estiradas de las paredes— parecían obrados en la misma sustancia

infinita de la noche. La vereda era escarpada sobré la calle; la

calle era de barro elemental, barro de América no conquistado

aún. Al fondo, el callejón, ya campeano, se desmoronaba hacia el

Maldonado. Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada

parecía no hospedar luz de "luna, sino efundir luz íntima.' No

habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado.

"Me quedé mirando esa sencillez. Pensé, con seguridad en voz

alta: Esto es lo mismo de hace treinta años. . . Conjeturé esa fecha:

época reciente en otros países, pero ya remota en este cambiadizo

lado del mundo. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por

él un cariño chico, y de tamaño de pájaro; pero lo más seguro

es que en ese ya vertiginoso silencio no hubo más ruido que el

también intemporal de los grillos. El fácil pensamiento Estoy en

mil ochocientos y tantos dejó de ser unas cuantas aproximativas

palabras y se profundizó a realidad. Me sentí muerto, me sentí

HISTORIA DE LA ETERNIDAD 367

percibidor abstracto del mundo: indefinido temor imbuido de

ciencia que es la mejor claridad de la metafísica. No creí, no,

haber remontado las ^presuntivas aguas del Tiempo; más bien me

sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible

palabra eternidad. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.

"La escribo, ahora, así: Esa pura representación de hechos homogéneos

—noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano

de la madreselva, barro fundamental— no es meramente idéntica

a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos

ni repeticiones, la misma! El tiempo, si podemos intuir esa identidad,

es una delusión: la indiferencia e inseparabilidad de un

momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, bastan

para desintegrarlo.

"Es evidente que el número de tales momentos humanos no es

infinito. Los elementales .—los de sufrimiento físico y goce físico,

los de acercamiento del sueño, los de la audición de una música,

los de mucha intensidad o mucho desgano— son más impersonales

aún. Derivo de antemano esta conclusión: la vida es demasiado

pobre para no ser también inmortal, Pero ni siquiera tenemos

la seguridad de nuestra pobreza, puesto que el tiempo, fácilmente

refutable en lo sensitivo, no lo es también en lo intelectual, de

cuya esencia parece inseparable el concepto de sucesión. Quede,

pues, en anécdota emocional la vislumbrada idea y en la confesa

irresolución de esta hoja el momento verdadero de éxtasis y la

insinuación posible de eternidad de que esa noche no me fue avara."

*

El propósito de dar interés dramático a esta biografía de la eternidad, me

ha obligado a ciertas deformaciones: verbigracia, a resumir en cinco o seis

nombres una gestación secular.

He trabajado al azar de mi biblioteca. Entre otras obras que más serviciales

me fueron, debo mencionar las siguientes:

Die Philosophie der Griechen, von Br. Paul Beussen. Leipzig, 1919.

Works of Platinas. Translated by Thomas Taylor. London, 1817.

Passages Illustraling N eoplatonism. Translated with an introduction by E. R.

Bodds. London, 1932.

La philosophie de Platón, par Alfred Fouillée, París. 1869.

Die Welt ais Wille und Vorstellung, von Arthux Schopenhauer. Herausgegeben

von Eduard Grisebach. Leipzig, 1892.

Die Philosophie des Mittelallers, von Br. Paul Beussen. Leipzig, 1920.

¡.as confesiones de San Agustín, Versión literal por el P. Ángel C. Vega.

. Madrid, 1932.

A Monument to Saint Augustine, London, 1930.

Dogmatik, von Br. R. Rothe. Heidelberg,. 1870.

Ensayos de critica filosófica, de Menéndez y l'elayo. Madrid, 1892.

368 JORGE LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS


*** 

Alguna vez (Historia de la eternidad) he procurado enumerar o recopilar

todos los testimonios de la doctrina del Eterno Regreso que fueron anteriores

a Nietzsche. Ese vano propósito excede la brevedad de mi erudición y de la

vida humana. A los testimonios ya registrados básteme agregar, por ahora,

el del Padre Feijoo (Teatro crítico universal, tomo cuarto, discurso doce).

Éste, como Sir Thomas Browne, atribuye la doctrina a Platón. La formula

así: "Uno de los delirios de Platón fue, que absuelto todo el circulo del año

magno (así llamaba a aquel espacio de tiempo en que todos los astros, después

de innumerables giros, se han de restituir a la misma postura y orden

que antes tuvieron entre sí) , se han de renovar todas las cosas; esto es, han

de volver a aparecer sobre el teatro del mundo los mismos actores a representar

los mismos sucesos, cobrando nueva existencia hombres, brutos, plantas,

piedras; en fin, cuanto hubo animado e inanimado en los anteriores

.siglos, para repetirse en ellos los mismos ejercicios, los mismos acontecimientos.

los mismos juegos de la fortuna que tuvieron en su primera existencia,"

278 JORGE LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS. 

Nota al pie de página a la pág. 277.

Ficha técnica:

JORGE LUIS

BORGES

COMPLETAS

1923-1972

EMECÉ EDITORES

BUENOS AIRES

Edición dirigida y realizada por

CARLOS V. FRÍAS

© Emecé Editores, S.A, 1974

Alsina 2062 - Buenos Aires, Argentina

Ediciones anteriores: 62.000 ejemplares

14a edición en offset: 5.000 ejemplares

Impreso en Compañía Impresora Argentina S.A., Alsina 2041/49,

Buenos Aires, septiembre de 1984

IMI'HLSO EN LA ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.

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domingo, 18 de octubre de 2020

Victor Hugo, el Rey Sol. 44 escritores de la literatura universal.

 


Victor Hugo, el Rey Sol

 Nacido en floreal, ese mes fértil y fragante, si acaso un poco ñoño, del calendario francés republicano, tuvo un abuelo ebanista que le transmitió la pasión por la madera. Le gustaba tallarla, trabajarla, hacer ingletes, buscar con los dedos la dirección de la veta, y pasar el cepillo, con la mansedumbre de la caricia de un amante, hasta que las virutas se convertían en espirales transparentes. Naranjas y amarillas.

Hijo de un padre militar, estricto y pedregoso, que de la mano de José Bonaparte fue gobernador de Guadalajara y conde de Sigüenza, viajó de niño a España —pantalones de terciopelo oscuro, medias, mangas largas de encaje— con un convoy de napoleones de oro. Doce millones contantes y sonantes que, cada trimestre, enviaba Napoleón al sur, erizados de bayonetas y sables, para pagar a sus soldados. Conoció la barbarie, las emboscadas y los soldados muertos, crucificados en los portones de las granjas, al lado de las noches de concierto y los bailes de oropel y opereta.

Vivió una vida aventurera paralela a aquel siglo, agitado, que se llenó de armones de artillería, adoquines y gritos de ordenanza. Y ocurrió que Francia, entera, de norte a sur, de este a oeste, fue toda La Marsellesa y la bandera tricolor, y él el poeta del pueblo. «El niño sublime», lo llamaron, cuando apenas adolescente escribió sus primeros versos, que salieron de su boca como redobles, como salvas o himnos…

Escribía en un gabinete de trabajo tapizado de damasco rojo. Allí tenía sobre un velador un sello de cristal de roca, otro de oro y la brújula de Cristóbal Colón, de cobre, en la que se leía: «La Pinta, 1492». Y allí entraron los insurgentes de la comuna, armados hasta los dientes, llamándole traidor, para encontrar, sobre una alta mesa en la que se había acostumbrado a escribir y a dibujar, las primeras páginas manuscritas de la que sería su novela inmortal, Los miserables.

Vivió más de veinte años exiliado. Paseando por las playas como un espectro, negro, de arriba abajo, y subido a los riscos donde su hijo le hacía fotos borrosas. Cuando volvió a París, lo recibieron con vítores y aplausos, como a un cantante. Fue diputado, par, caballero de la Legión de Honor y designado Rey Sol de la literatura.

Cuando murió, se decretaron funerales de Estado, con puestos de bebidas, bocadillos, vendedores ambulantes, y la gente que alquilaba escaleras de mano para ver el solemne cortejo.

La muerte. Hubo algo de ella latente, recurrente, en su vida: vio morir a su esposa, a su amante, a sus dos hijos varones, a su hija Léopoldine, ahogada, una tarde, en el Sena; a su hermano Eugène… Vio morir, asqueado, también a los muertos de la historia; los de las barricadas, los rebeldes, los conspiradores… Entre sus papeles apareció un cuaderno escolar, en el que había escrito, con catorce años: «Ser Chateaubriand o nada». Qué pretensión. Qué vocación. Qué ojo.

Ficha técnica

Nº de páginas:

236

Editorial:

SIRUELA

Idioma:

CASTELLANO

Encuadernación:

Tapa dura

ISBN:

9788416964406

Año de edición:

2017

Plaza de edición:

MADRID


sábado, 17 de octubre de 2020

IV. Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad. (Fragmento. HISTORIA DE LA ETERNIDAD). JORGE LUIS BORGES.


(En la gráfica y en el orden usual: Jorge Luis Borges y Bioy Casares).

"IV.  Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad.

Es una pobre eternidad ya sin Dios, y aun sin otro poseedor

y sin arquetipos. La formulé en el libro El idioma de los argentinos,

en 1928. Trascribo lo que entonces publiqué; la página

se titulaba Sentirse en muerte.

"Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace unas noches:

fruslería demasiado evanescente y extática para que la llame

aventura; demasiado irrazonable y sentimental para pensamiento.

Se trata de una escena y de su palabra: palabra ya antedicha por

í

366 JORGE LUÍS BORGES—OBRAS COMPLETAS

mí, pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi

yo. Paso a historiarla, con los accidentes de tiempo y de lugar

que la declararon,

"La rememoro así. La tarde que precedió a esa noche, estuve

en Barracas: localidad no visitada por mi costumbre, y cuya distancia

de las que después recorrí, ya dio un extraño sabor a ese

día. Su noche no tenía destino alguno; como era serena, salí a

caminar y recordar, después de comer. No quise determinarle rumbo

a esa caminata; procuré una máxima latitud de probabilidades

para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de

una sola de ellas. Realicé en la mala medida de lo posible, eso

que llaman caminar al azar; acepté, sin otro consciente prejuicio

que el de soslayar las avenidas o calles anchas, las más oscuras

invitaciones de la casualidad. Con todo, una suerte de gravitación

familiar me alejó hacia unos barrios, de cuyo nombre quiero

siempre acordarme y que dictan reverencia a mi pecho. No quiero

significar así el barrio mío, el preciso ámbito de la infancia, sino

sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que he poseído

entero en palabras y poco en realidad, vecino y mitológico a un

tiempo. El revés de lo conocido, su espalda, son para mí esas calles

penúltimas, casi tan efectivamente ignoradas como el soterrado

cimiento de nuestra casa o nuestro invisible esqueleto. La marcha

me dejó en una esquina. Aspiré noche, en asueto serenísimo de

pensar. La visión, nada complicada por cierto, parecía simplificada

por mi cansancio. La irrealizaba su misma tipicidad. La calle era

de casas bajas, y aunque su primera significación fuera de pobreza,

la segunda era ciertamente de dicha. Era de lo más pobre y de lo

más lindo. -Ninguna casa se animaba a la calle; la higuera oscurecía

sobre la ochava; los portoncitos —más altos que las líneas

estiradas de las paredes— parecían obrados en la misma sustancia

infinita de la noche. La vereda era escarpada sobré la calle; la

calle era de barro elemental, barro de América no conquistado

aún. Al fondo, el callejón, ya campeano, se desmoronaba hacia el

Maldonado. Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada

parecía no hospedar luz de "luna, sino efundir luz íntima.' No

habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado.

"Me quedé mirando esa sencillez. Pensé, con seguridad en voz

alta: Esto es lo mismo de hace treinta años. . . Conjeturé esa fecha:

época reciente en otros países, pero ya remota en este cambiadizo

lado del mundo. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por

él un cariño chico, y de tamaño de pájaro; pero lo más seguro

es que en ese ya vertiginoso silencio no hubo más ruido que el

también intemporal de los grillos. El fácil pensamiento Estoy en

mil ochocientos y tantos dejó de ser unas cuantas aproximativas

palabras y se profundizó a realidad. Me sentí muerto, me sentí

HISTORIA DE LA ETERNIDAD 367

percibidor abstracto del mundo: indefinido temor imbuido de

ciencia que es la mejor claridad de la metafísica. No creí, no,

haber remontado las ^presuntivas aguas del Tiempo; más bien me

sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible

palabra eternidad. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.

"La escribo, ahora, así: Esa pura representación de hechos homogéneos

—noche en serenidad, parecita límpida, olor provinciano

de la madreselva, barro fundamental— no es meramente idéntica

a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos

ni repeticiones, la misma! El tiempo, si podemos intuir esa identidad,

es una delusión: la indiferencia e inseparabilidad de un

momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, bastan

para desintegrarlo.

"Es evidente que el número de tales momentos humanos no es

infinito. Los elementales .—los de sufrimiento físico y goce físico,

los de acercamiento del sueño, los de la audición de una música,

los de mucha intensidad o mucho desgano— son más impersonales

aún. Derivo de antemano esta conclusión: la vida es demasiado

pobre para no ser también inmortal, Pero ni siquiera tenemos

la seguridad de nuestra pobreza, puesto que el tiempo, fácilmente

refutable en lo sensitivo, no lo es también en lo intelectual, de

cuya esencia parece inseparable el concepto de sucesión. Quede,

pues, en anécdota emocional la vislumbrada idea y en la confesa

irresolución de esta hoja el momento verdadero de éxtasis y la

insinuación posible de eternidad de que esa noche no me fue avara."

*

El propósito de dar interés dramático a esta biografía de la eternidad, me

ha obligado a ciertas deformaciones: verbigracia, a resumir en cinco o seis

nombres una gestación secular.

He trabajado al azar de mi biblioteca. Entre otras obras que más serviciales

me fueron, debo mencionar las siguientes:

Die Philosophie der Griechen, von Br. Paul Beussen. Leipzig, 1919.

Works of Platinas. Translated by Thomas Taylor. London, 1817.

Passages Illustraling N eoplatonism. Translated with an introduction by E. R.

Bodds. London, 1932.

La philosophie de Platón, par Alfred Fouillée, París. 1869.

Die Welt ais Wille und Vorstellung, von Arthux Schopenhauer. Herausgegeben

von Eduard Grisebach. Leipzig, 1892.

Die Philosophie des Mittelallers, von Br. Paul Beussen. Leipzig, 1920.

¡.as confesiones de San Agustín, Versión literal por el P. Ángel C. Vega.

. Madrid, 1932.

A Monument to Saint Augustine, London, 1930.

Dogmatik, von Br. R. Rothe. Heidelberg,. 1870.

Ensayos de critica filosófica, de Menéndez y l'elayo. Madrid, 1892.

368 JORGE LUIS BORGES—OBRAS COMPLETAS".

Fuente:

JORGE LUIS

BORGES

COMPLETAS

1923-1972

EMECÉ EDITORES

BUENOS AIRES

Edición dirigida y realizada por

CARLOS V. FRÍAS

© Emecé Editores, S.A, 1974

Alsina 2062 - Buenos Aires, Argentina

Ediciones anteriores: 62.000 ejemplares

14a edición en offset: 5.000 ejemplares

Impreso en Compañía Impresora Argentina S.A., Alsina 2041/49,

Buenos Aires, septiembre de 1984

IMI'HLSO EN LA ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.

I.S.B.N.: 950-04-0217-3

39.009

Hermann Hesse, el hilo de sangre. 44 escritores de la literatura universal.

 



Hermann Hesse, el hilo de sangre

Cuando nació Hermann, un bebé rollizo, rosado y sonriente, sus padres iniciaron una costumbre familiar que se prolongaría durante años. Se levantaban pronto, casi de madrugada, tomaban un café, frugal, con leche, y a la luz tenue de las lámparas, naranja y uniforme, leían en voz alta dos capítulos del Antiguo Testamento, así en ayunas. Solo después se persignaban, despertaban a la criada y vestían a los niños.

Pero ocurrió que aquel runrún de santidad melosa, de severo ascetismo, cirios y olor a incienso, no fue suficiente para impedir que el pequeño Hesse fuera un niño travieso y revoltoso. No había día en que alguien del vecindario no acudiera a quejarse porque había pegado a su hijo, o saltado un muro, o roto un cristal de una pedrada. Memmerle, decían, señalando a aquel diablillo indómito de rodillas siempre o casi siempre magulladas, que sufrió una inflación de regañinas, broncas, sopapos, bofetadas y reglazos en la palma de la mano —sin llorar, sin una queja—, que era como entonces arreglaban las cosas los docentes.

Fue un muchacho trastornado, rebelde, conflictivo en el trato, algo huraño, callado, esquivo, según sus preceptores, que se escapó una noche del seminario donde estudiaba. Cuando apareció, aterrado y hambriento, lo enviaron a una celda de castigo, a pan y agua, y en la pared, grabada en el estuco, descubrió la firma de su hermano mayor, que había estado allí siete años antes. Fue a parar a una institución para adolescentes con problemas, donde el director hacía exorcismos, y a punto estuvo de perderse para siempre, si no llega a ser por la jardinería, el dibujo, la música.

Después fue aprendiz de relojero, librero, trabajó con un anticuario, y por las noches, robando tiempo al sueño, a los amigos, se hizo escritor. Siempre le gustó el campo, caminar con el sol en la cara, nadar… Se casó tres veces, y tuvo tres hijos, el más pequeño, Martin, que fue fotógrafo, y que le hizo, al cabo de los años, todas las fotos buenas que hay de él.

Nunca consiguió del todo escapar de la penalidad, de la pobreza, de una Europa, como él, enferma, infortunada. Nunca estuvo conforme. No quiso resignarse a la guerra, a Hitler, al terror, a los judíos perseguidos… Convertido en autor de éxito, la gente iba a visitarlo, a su casa, o le escribía. A veces —harto— pedía a su amigo Günter Böhmer que saliera a la calle vestido como él, para despistar a quienes le paraban, le tocaban las manos, y le pedían consejo. También le gustaba escapar en un viejo descapotable que tenía su última mujer, Ninon, lleno de abolladuras y arañazos porque nunca fue demasiado buena conduciendo.

Murió una noche, por sorpresa, después de escuchar a Mozart. Su esposa lo encontró por la mañana, acostado. Tan plácido el gesto que habría jurado que estaba dormido si no hubiera sido por un hilillo de sangre que le caía por la comisura de los labios, casi invisible. Casi.

Ficha técnica

Nº de páginas:

236

Editorial:

SIRUELA

Idioma:

CASTELLANO

Encuadernación:

Tapa dura

ISBN:

9788416964406

Año de edición:

2017

Plaza de edición:

MADRID


martes, 13 de octubre de 2020

Historia de la eternidad (1936) . OBRAS COMPLETAS. EMECÉ EDITORES. JORGE LUIS BORGES.



Historia de la eternidad

(1936) 

HISTORIA DE LA ETERNIDAD 351

P R Ó L O G O

Poco diré de la singular "historia de la eternidad" que da nombre

a estas páginas. En el principio hablo de la filosofía platónica;

en un trabaja que aspiraba al rigor cronológico, más razonable hubiera

sido partir de los hexámetros de Parménides ("no ha sido

nunca ni será, porque es"). No sé cómo pude comparar a "inmóviles

piezas de museo" las formas de Platón y cómo no entendí,

leyendo a Schopenhauer y al Erígena, que éstas son vivas, poderosas

y orgánicas. El movimiento, ocupación de sitios distintos

en instantes distintos, es inconcebible sin tiempo; asimismo lo es

la inmovilidad, ocupación de un mismo lugar en distintos puntos

del tiempo. ¿Corno pude no sentir que la eternidad, anhelada

con amor por tantos poetas, es un artificio espléndido que nos

libra, siquiera de manera fugaz, de la intolerable opresión de lo

sucesivo?

Dos artículos he agregado que complementan o rectifican el

texto: La metáfora de 1952, El tiempo circular de 1943.

El improbable o acaso inexistente lector de Las kenningar

puede interrogar el manual Literaturas germánicas medievales,

que escribí con María Esther Vázquez. Quiero no omitir la mención

de dos aplicadas monografías: Die Kenningar der Skalden,

Leipizg, 1921, de Rudolf Meissner y Die Altenglischen Kenningar,

Hale, 1938, de Herta Marquardt.

El acercamiento á Almotásim es de 193?; he leído hace poco

The Sacred Fount (1901), cuyo argumento general es tal vez

análogo. El narrador, en la delicada novela de james, indaga si

en B influyen A o C; en El acercamiento a Almotásim, presiente

o adivina a través de B la remotísima existencia de Z, a quien B

no conoce.

El mérito o la culpa de la resurrección de estas páginas no

tocará por cierto a mi karma, sino al de mi generoso y tenaz

amigo José' Edmundo Clemente. '

JLB.

Fuente:

© Emecé Editores, S.A, 1974

Alsina 2062 - Buenos Aires, Argentina

Ediciones anteriores: 62.000 ejemplares

14a edición en offset: 5.000 ejemplares

Impreso en Compañía Impresora Argentina S.A., Alsina 2041/49,

Buenos Aires, septiembre de 1984

IMI'HLSO EN LA ARGENTINA - PRINTED IN ARGENTINA

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sábado, 10 de octubre de 2020

Apéndice EL APRENDIZAJE DEL ESCRITOR por Jorge Luis Borges


 (En la gráfica: Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges).

Apéndice


EL APRENDIZAJE DEL ESCRITOR



por Jorge Luis Borges


   

El oficio del poeta, el oficio del escritor, es un oficio raro. Chesterton dijo: «only one thing is needful, everything» (solo una cosa es necesaria, todo). Ese todo para un escritor es más que una palabra genérica; ese todo para un escritor es literal. Representa lo capital, lo esencial, representa las experiencias humanas. Por ejemplo, un escritor necesita soledad, y consigue su parte. Un escritor necesita amor, y será amado y amante. Un escritor necesita amistad. De hecho, un escritor necesita el universo. Ser un escritor es, en un sentido, ser el que sueña despierto; vivir una suerte de doble vida.

Yo publiqué el primer libro mío, Fervor de Buenos Aires, en el año 1923. Este libro no fue un elogio de Buenos Aires; en cambio, yo traté de expresar cómo me sentía en relación con mi ciudad. Sé que entonces quedó en falta de muchas cosas, porque aunque en mi casa viví en una atmósfera literaria —mi padre fue un hombre de letras— aún eso no fue suficiente. Yo necesitaba algo más, que eventualmente encontré en la amistad y en la conversación literaria.

Lo que una gran universidad debería ofrecer a un joven escritor es precisamente eso: conversación, discusión, el arte del acuerdo y, lo que es acaso más importante, el arte del desacuerdo. Y como resultado de todo eso, es posible que llegue el momento en que el joven escritor sienta que puede transmutar sus emociones en poesía. Un joven escritor debería empezar, desde luego, imitando a los escritores que le gusten. De modo que el escritor se convierte en sí mismo perdiéndose a sí mismo —esa extraña forma de doble vida, de vivir en la realidad tanto como se pueda y al mismo tiempo de vivir en esa otra realidad, aquella que uno tiene que crear, la realidad de sus sueños.

Este es el propósito esencial del programa de escritura de la Facultad de Artes de la Universidad de Columbia. Hablo en nombre de los muchos jóvenes en Columbia quienes se esfuerzan por ser escritores, los muchos jóvenes que todavía no han descubierto la entonación de sus propias voces. He pasado recientemente dos semanas aquí, pronunciando conferencias ante ávidos estudiantes escritores. Puedo ver lo que estos talleres significan para ellos; puedo ver cuán importantes son para el avance de la literatura. En mi propia tierra, los jóvenes no tienen tales oportunidades.

Pensemos en los aún anónimos poetas, aún anónimos escritores, a quienes debiéramos reunir y mantenerlos juntos. Estoy seguro de que es nuestra responsabilidad ayudar a estos futuros bienhechores a alcanzar ese descubrimiento final de sí mismos que hace a la gran literatura. La literatura no es un mero juego de palabras; lo que importa es lo que no queda dicho, o lo que puede ser leído entre líneas. Si no fuera por este profundo ímpetu íntimo, la literatura no sería más que un juego, y todos nosotros sabemos que puede ser mucho más que eso.

Todos tenemos el placer de la lectura, pero el escritor tiene asimismo el placer y la tarea de la escritura. Debemos a todos los jóvenes escritores la oportunidad de reunirse, les debemos la oportunidad de acordar o desacordar y, finalmente, les debemos la oportunidad de lograr el arte de la escritura. Muchas gracias.

 

 

   


JORGE FRANCISCO ISIDORO LUIS BORGES (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 – Ginebra, 14 de junio de 1986). Fue un escritor argentino y uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX.

Jorge Luis Borges procedía de una familia de próceres que contribuyeron a la independencia del país. Su antepasado, el coronel Isidro Suárez, había guiado a sus tropas a la victoria en la mítica batalla de Junín; su abuelo Francisco Borges también había alcanzado el rango de coronel. Pero fue su padre, Jorge Guillermo Borges Haslam, quien rompiendo con la tradición familiar se empleó como profesor de psicología e inglés. Estaba casado con la uruguaya Leonor Acevedo Suárez, y con ella y el resto de su familia abandonó la casa de los abuelos donde había nacido Jorge Luis y se trasladó al barrio de Palermo, a la calle Serrano 2135.

En su casa se hablaba en español e inglés, así que desde su niñez Borges fue bilingüe, y aprendió a leer inglés antes que castellano, a los cuatro años y por influencia de su abuela materna. Estudió primaria en Palermo y tuvo una institutriz inglesa. En 1914 su padre se jubila por problemas de visión, trasladándose a Europa con el resto de su familia y, tras recorrer Londres y París, se ve obligada a instalarse en Ginebra (Suiza) al estallar la Primera Guerra Mundial, donde el joven Borges estudió francés y cursó el bachillerato en el Lycée Jean Clavin.

Es en este país donde entra en contacto con los expresionistas alemanes, y en 1918, a la conclusión de la Primera Guerra Mundial, se relacionó en España con los poetas ultraístas, que influyeron poderosamente en su primera obra lírica. Tres años más tarde, ya de regreso en Argentina, introdujo en este país el ultraísmo a través de la revista Proa, que fundó junto a Güiraldes, Bramón, Rojas y Macedonio Fernández. Por entonces inició también su colaboración en las revistas Sur, dirigida por Victoria Ocampo y vinculada a las vanguardias europeas, y Revista de Occidente, fundada y dirigida por el filósofo español José Ortega y Gasset. Más tarde escribió, entre otras publicaciones, en Martín Fierro, una de las revistas clave de la historia de la literatura argentina de la primera mitad del siglo XX. No obstante su formación europeísta, siempre reivindicó temáticamente sus raíces argentinas, y en particular porteñas.

Ciego desde 1955 por la enfermedad congénita que había dejado también sin visión a su padre, desde entonces requerirá permanentemente de la solicitud de su madre y de un escogido círculo de amistades que no dudan en realizar con él una solidaria labor amanuense, colaboración que resultará muy fructífera. Borges accedió a casarse en 1967 con una exnovia de juventud, Elsa Astete, por no contrariar a su madre, pero el matrimonio duró solo tres años y fue «blanco». La noche de bodas la pasó cada uno en su casa. Sus amigos coinciden en que el día más triste de su vida fue el 8 de julio de 1975, cuando tras una larga agonía fallece su madre.

Fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires —donde obtiene la cátedra en 1956—, presidente de la Asociación de Escritores Argentinos y director de la Biblioteca Nacional, cargo del que fue destituido por el régimen peronista y en el que fue repuesto a la caída de este, en 1955. Tradujo al castellano a importantes escritores estadounidenses, como William Faulkner, y publicó con Bioy Casares una Antología de la literatura fantástica (1940) y una Antología de la poesía gauchesca (1956), así como una serie de narraciones policíacas, entre ellas Seis problemas para don Isidro Parodi (1942) y Crónicas de Bustos Domecq (1967), que firmaron con el seudónimo conjunto de H. Bustos Domecq.

Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y en el pensamiento universal, y que además, ha sido objeto de minuciosos análisis y de múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye todo tipo de dogmatismo.

Es considerado uno de los eruditos más reconocidos del siglo XX. Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, silogismos ornitológicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, thrillers teológicos, nostálgicas geometrías y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que las obras de Borges ofrecen tanto a los estudiosos como al lector casual. Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Siendo un literato puro pero, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece —a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía— una obra que hace honor a la lengua española y la mente universal.

Doctor Honoris Causa por las universidades de Cuyo, los Andes, Oxford, Columbia, East Lansing, Cincinnati, Santiago, Tucumán y La Sorbona, Caballero de la Orden del Imperio Británico, miembro de la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos y de la The Hispanic Society of America, algunos de los más importantes premios que Borges recibió fueron el Nacional de Literatura, en 1957; el Internacional de Editores, en 1961; el Premio Internacional de Literatura otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor (Mallorca) compartido con Samuel Beckett, en 1969; el Cervantes, máximo galardón literario en lengua castellana, compartido con Gerardo Diego, en 1979; y el Balzan, en 1980. Tres años más tarde, el gobierno español le concedió la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio y el gobierno francés la Legión de Honor.

A pesar de su enorme prestigio intelectual y el reconocimiento universal que ha merecido su obra, sus posturas políticas le impidieron ganar el Premio Nobel de Literatura, al que fue candidato durante casi treinta años, posturas que evolucionaron desde el izquierdismo juvenil al nacionalismo y después a un liberalismo escéptico desde el que se opuso al fascismo y al peronismo. Fue censurado por permanecer en Argentina durante las dictaduras militares de la década de 1970, aunque jamás apoyó a la Junta militar. Con la restauración democrática en 1983 se volvió más escéptico.

El 26 de abril de 1986 se casa por poderes en Colonia Rojas Silva, en el Chaco paraguayo, con María Kodama —secretaria y acompañante de sus viajes desde 1975—. El escritor nunca llegó a convivir con Kodama, con quien se casó 45 días antes de su muerte. La apresurada boda, que levantó la suspicacia de algunos conocidos del escritor y de los medios de comunicación, convirtió a Kodama en heredera de un gran patrimonio tanto económico como intelectual. «Borges y yo somos una misma cosa, pero la gente no puede entenderlo», sentenció. Kodama se convirtió en presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luís Borges.

El escritor falleció en Ginebra el 14 de junio de 1986.

 Fuente:

Título original: Borges on Writing

Jorge Luis Borges, 1972

Traducción: Julián Ezquerra

Diseño de cubierta: Eduardo Ruiz

EDITORIAL SUDAMERICANA


 

jueves, 8 de octubre de 2020

(Conferencia. Poesía. Universidad de Columbia. Año: 1971. Fragmento 2). Jorge Luis Borges.



 "Todo joven poeta se siente un Adán que nombra las cosas. Pero lo cierto es que un poeta no es Adán y que tiene una larga tradición detrás de él. Esa tradición es el lenguaje en el que escribe y la literatura que ha leído. Yo creo que es más prudente para un joven escritor demorar la invención y la irreverencia por un tiempo y tratar meramente de escribir como algún buen escritor a quien admire".  Jorge Luis Borges.

(Conferencia. Poesía. Universidad de Columbia. Año: 1971. Fragmento 2).

Conferencias. Universidad de Columbia, año 1971. Jorge Luis Borges. Fragmento 1.



 "Uno tiene que ser técnicamente mucho más hábil para intentar el verso libre que para intentar lo que ustedes quizá reconozcan como anticuado. Desde luego, si alguno resultara ser Walt Whitman, tendrá el ímpetu íntimo, o la urgencia íntima, que lo haga capaz y digno del verso libre, pero no todos tenemos esa suerte". Conferencias. Universidad de Columbia, año 1971. Jorge Luis Borges.

Comentario:

En desacuerdo con el maestro Borges.  El verso libre posee tanta dificultad como cualquier forma clásica del poema. Estamos ante dos paradigmas literarios: en el primero, saber donde termina el poema; en el segundo: buscar la métrica y la rima para armar el soneto. J. Méndez-Limbrick.

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Problemas filosóficos de la modernidad fragmento

Agradecimientos  Este libro ha sido posible por medio del apoyo de muchas personas e instituciones. Los coordinadores agradece mos el apoyo...

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