lunes, 25 de mayo de 2026

P. E. EASTERLING y B. M. W. KNOX (cds.) HISTORIA DE LA LITERATURA CLÁSICA (CAMBRIDGE UNIVERSITY) I LITERATURA GRIEGA


 

PREFACIO

 No es fácil definir la literatura griega antigua. No hay dificultad en situar su punto de partida en el período arcaico, pero la elección de la fecha de termi nación está condenada a la arbitrariedad, puesto que la producción literaria en griego se mantuvo durante siglos después de que el mundo antiguo hubiera dejado de existir en cualquier sentido clásico. No intentamos tratar la literatura cristiana, que merecería un volumen propio, o las obras clasicistas de los pri meros autores bizantinos; nos ha parecido mejor concluir el volumen con el fin del período estable de civilización grecorromana, en el siglo m d. C. Incluso con esta fecha terminal proporcionalmente temprana el período que abarcamos es muy largo —más de mil años—, y hay una riqueza tanto de material conser vado como de información sobre el aún más grande corpus literario que se ha perdido. El énfasis del presente estudio está sobre todo en las obras que aún existen, tienen valor literario intrínseco, o han ejercido una influencia so bre la literatura posterior. 

Dentro de este planteamiento general, se ha prestado especial atención a los textos descubiertos recientemente: es un rasgo importan te de la literatura griega antigua el hecho de que esté en continuo crecimiento. Las citas en lengua original están desigualmente distribuidas: se proporcionan ejemplos más extensos de textos que aún no están a la disposición de todo el mundo, y se cita más poesía que prosa en griego. 

El trasfondo de los aconte cimientos históricos y el desarrollo de las ideas sobre un período tan largo y polifacético han tenido que tratarse sólo incidentalmente para mantener el libro dentro de sus límites, pero el lector que siga su hilo conductor aproxima damente cronológico sale ganando alguna explicación sobre el cambio de gus tos y valores literarios de los griegos cultos a lo largo de los siglos. Se encontrará una información más completa sobre las vidas y obras de los autores explicados en los Apéndices, donde se detallan las ediciones, recopi laciones de fragmentos, traducciones y estudios críticos. La lista de obras cita das en el texto y la lista de abreviaturas proporcionan las referencias citadas en forma abreviada en las notas a pie de página. 

Una empresa en colaboración como ésta debe mucho a muchas personas. Los editores quieren agradecer especialmente su ayuda, por parte de los cola boradores, al Profesor Christian Habicht, al Profesor C. P. Jones (G. W. Bo wersock); a E. L. Bowie, a la señorita J. M. Reynolds, al Profesor R. P. Winnington-Ingram (P. E. Easterling); al Profesor B. R. Rees (A. A. Long); al Profesor Hugh Lloyd-Jones (R. P. Winnington-Ingram). Martin Drury me rece una mención especial por su trabajo de preparación de los Apéndices de Autores y Obras y como autor del Apéndice métrico. Jenny Morris se encargó del índice Alfabético. Los editores quieren dar las gracias a los colaboradores por su paciencia ante los retrasos frustrantes, que acosaron como una maldición la producción de este volumen, y a la casa editorial por su apoyo constante e imaginativo. P. E. Easterling B. M. W. Knox

domingo, 24 de mayo de 2026

Juan Guillermo Draper Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia Traducción del inglés: Augusto T. Arcimís.

 


Prólogo del autor 

 Cualquiera que haya tenido oportunidad de informarse de la condición intelectual de las clases ilustradas en Europa y Améri ca, debe haber observado cuán grande y rápido es el abandono de la fe social y religiosa, y que si bien entre los individuos más francos no se oculta esta separación, es, sin embargo, mucho más extensa y peligrosa la que se opera privada y silenciosa mente. Tan vasto y poderoso es este apartamiento, que no podría ser contenido ni por el desdén, ni por el castigo. Ni la fuerza, la bur la o el vituperio pueden extinguirlo; y se aproxima con rapidez el tiempo en que ha de producir graves sucesos políticos. La política del mundo no se inspira ya en el espíritu eclesiástico. 

 El ardor guerrero, como sostén de la fe, ha desaparecido, y sus únicos recuerdos son las marmóreas efigies que sobre las tum bas de los caballeros cruzados reposan en las silenciosas criptas de las iglesias. Que una crisis amaga, lo demuestra la actitud de las grandes potencias hacia el Papado; este representa las ideas y las aspi raciones de las dos terceras partes de la población de Europa, inside en aquella supremacía política, conforme con sus preten siones de una misión y origen divinos, y en la restauración del orden de cosas de la edad Media, declarando en alta voz que no quiere reconciliarse con la civilización moderna. El antagonismo de que somos testigos, entre la Religión y la Ciencia, es, pues, la continuación de la lucha que tuvo principio cuando el cristianismo comenzó a alcanzar poder político. 

Una revelación divina no puede sufrir absolutamente contradicción; debe repudiar todo adelanto en su esfera y mirar con desdén los que puedan surgir del desarrollo progresivo de la inteligen cia humana. Pero nuestra opinión sobre cada materia está suje ta a la modificación que pueda imponerle el irresistible adelanto J.G. Draper: Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia - 3 - de los conocimientos humanos. ¿Podemos exagerar la importancia de un combate, en el que toman parte todas las personas pensadoras, aún a despecho de su voluntad? En asunto tan solemne como la religión, todo hombre, que no se halle ligado por intereses temporales con las instituciones actuales, ansía seriamente encontrar la verdad. Inquiere y se informa, no sólo del asunto que se debate, sino también de la conducta de los combatientes. La historia de la Ciencia no es un mero registro de descubri mientos aislados. 

Es la narración del conflicto de dos poderes antagonistas; por una parte, la fuerza expansiva de la inteligen cia del hombre; la comprensión engendrada por la fe tradicional y los intereses mundanos, por otra. Nadie ha tratado hasta hoy esta materia bajo tal punto de vista, y sin embargo, así es como actualmente se nos presenta, y de hecho como la de más importancia entre las cuestiones palpi tantes. Pocos años ha, era aún prudente y político abstenerse de toda alusión a esta controversia y mantenerla alejada del palenque cuanto fuera dable. El reposo de la sociedad depende tanto de la permanencia de sus convicciones religiosas, que nadie podría justificar el perturbarlas innecesariamente. Pero la fe es por naturaleza inmutable, estacionaria; la Ciencia, por naturaleza, progresiva, y alguna vez puede surgir entre ellas una divergen cia imposible de ocultar; en este caso, viene a ser un deber para los que han consagrado su vida a estos dos modos del pensa miento presentar modestamente, pero con firmeza, el fruto de sus estudios: comparar estas pretensiones antagonistas con calma, con imparcialidad, filosóficamente. 

La historia enseña que, obrando de otra suerte, sólo se obtendrían desgracias y calamidades sociales. Cuando la antigua religión mitológica de Europa se desplomó bajo el peso de su propia inconsistencia, ni los emperadores romanos, ni los filósofos de aquella época hi cieron nada que contribuyese a ilustrar o dirigir la opinión pú blica. Dejaron que los asuntos religiosos corriesen su suerte, y, como consecuencia, cayeron en manos de ignorantes e iracun J.G. Draper: Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia - 4 - dos eclesiásticos y de parásitos, eunucos y esclavos. La noche intelectual que cubrió a Europa, originada por esta gran falta, se va disipando, vivimos en los albores de tiempos más afortunados; la sociedad ansía la luz para ver en qué direc ción es encaminada; claramente percibe que la ruta seguida por la civilización durante largo tiempo ha sido abandonada al cabo, y que un nuevo impulso la conduce ahora por mares desconoci dos. 

 Aunque profundamente penetrado de tales pensamientos, no me hubiera atrevido a escribir esta obra, o a exponer al público las ideas que entraña, si no hubiesen sido materia de mis más graves y profundas meditaciones; por otra parte me ha dado nuevo vigor la favorable acogida dispensada a mi Historia del desarrollo intelectual de Europa, y que, publicada hace pocos años en América, ha sido reimpresa varias veces y traducida a numerosos idiomas europeos, tales como el francés, alemán, ruso, polaco, servio, etc., siendo en todas partes benévolamen te recibida. Al coleccionar materiales para los volúmenes que he publicado bajo el título de Historia de la guerra civil de América, obra de gran trabajo, me he acostumbrado a comparar opuestos testi monios y a dirimir contrarias pretensiones. 

La aprobación con que ha recibido este libro el público americano, juez competen te en los sucesos que en él se narran, me ha inspirado nueva confianza. Ha sido también objeto predilecto de mi atención el estudio de las ciencias físicas y naturales, y he publicado varias memorias sobre tales asuntos; y quizás no habrá nadie que, dedicándose a esta clase de investigaciones y empleando parte de su vida en la enseñanza pública de la ciencia, deje de adquirir ese amor hacia la verdad y la imparcialidad que tanto estimula la filosofía y que hace nacer en nosotros el deseo de dedicar nuestra existencia al bien de nuestra especie; y allá en el ocaso de nuestra vida, al considerar nuestra conducta, podremos sentirnos satisfechos de haber cumplido con nobles y levantados propósitos. Si bien no he excusado trabajo alguno en la redacción de este J.G. Draper: Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia - 5 - libro, no dejo de reconocer cuán inferior es a su objeto, que para ser satisfecho cumplidamente, exige grandes conocimien tos científicos, históricos, teológicos y políticos; cada página debería mostrar gran copia de hechos y exuberancia de vida. 

 Pero he recordado que sólo viene a ser como el prólogo o pre cursor de un cuerpo de literatura que los sucesos y necesidades de nuestra época comienzan a crear; nos hallamos en los albo res de un gran cambio en las inteligencias, y muchas frívolas lecturas del presente serán sustituidas por producciones auste ras y reflexivas, animadas por la pasión religiosa y excitadas por los intereses amenazados. Lo que he pretendido es ofrecer un cuadro claro e imparcial de las opiniones y conducta de las dos partes contendientes; en cierto sentido, he tratado de identificarme con cada una de ellas para poder comprender plenamente sus motivos; y en otro y más alto, me he esforzado en permanecer a distancia de am bas, para relatar con equidad sus hechos. Me atrevo a rogar por tanto a los que se hallen dispuestos a criticar este libro, que tengan presente que mi objeto no es abogar por las miras y tendencias de este o el otro partido, sino exponerlas con claridad y sin temor. 

En cada capítulo, por lo regular, he insertado primero la opinión ortodoxa y luego la de sus contrarios. Obrando de este modo, no ha sido menester ocuparse dema siado de las opiniones intermedias o más moderadas: pues, aunque intrínsecamente puedan ser de gran valor en conflictos de esta naturaleza, debe el lector imparcial atender más a los extremos que a los medios, toda vez que sus movimientos de terminan la solución. Por esto he tenido poco que decir respecto de dos grandes co muniones cristianas, la protestante y la griega; por lo que toca a la última, jamás se ha opuesto, desde el renacimiento de las ciencias, a su progreso y desarrollo, antes al contrario, siempre los ha acogido con benevolencia y ha observado una actitud reverente para con la verdad, de cualquier parte que haya veni do. Reconociendo la aparente discrepancia entre sus interpre J.G. Draper: Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia - 6 - taciones de la verdad revelada y los descubrimientos científicos, ha aguardado siempre que una explicación satisfactoria venga a traer la conciliación, y en esto sus esperanzas no han quedado fallidas. 

Gran bien habría sido para la civilización moderna que la Iglesia de Roma hubiese hecho otro tanto. Al hablar de la cristiandad, me refiero en general a la Iglesia romana, en parte porque sus adeptos componen la mayoría de los cristianos, en parte porque sus exigencias son más arrogan tes, y en parte porque ha intentado alcanzarlas por medio del poder civil. Ninguna Iglesia protestante ha ocupado jamás una posición tan imperativa, ni ha ejercido una influencia política tan considerable; antes al contrario, más bien han sido refracta rias a la restricción, y excepto en muy pocos casos, su oposición no ha excedido del odio teológico. En cuanto a la Ciencia, jamás se le ocurrió aliarse con el poder civil. Jamás intentó sembrar el odio entre los hombres ni desolar la sociedad. Jamás ha aplicado el tormento físico ni mo ral, ni menos ha matado, para realizar o promover sus ideas; no ha cometido crueldades ni crímenes, y se presenta pura y sin mancilla. 

Pero en el Vaticano (baste recordar la Inquisición), las manos que hoy se alzan en demanda de gracia al Infinitamente Misericordioso, todavía están teñidas en sangre. Hay dos modos de escribir la historia, artístico el uno, científico el otro; el primero acepta que el hombre da o es origen de los acontecimientos, por lo tanto escoge algún individuo notable, lo representa bajo una forma de fantasía y hace de él el héroe de una novela. El segundo, considerando que los sucesos humanos presentan una cadena jamás interrumpida, en que cada hecho nace de otro anterior y produce otro subsiguiente, declara que no es el hombre quien domina los sucesos, sino estos al hom bre. El primero crea unas composiciones que, aunque pueden in teresarnos y causar nuestra delicia, son poco más que novelas; el segundo es austero, quizá hasta repulsivo, por la convicción que nos imprime del irresistible dominio de la ley y de la insigni ficancia de los esfuerzos humanos. En asunto tan solemne como J.G. Draper: Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia - 7 - el que se trata en este libro, está fuera de su sitio lo popular y lo romántico, y el que intente narrarlo debe fijar su vista en esta cadena del destino que despliega la historia universal y apartar los ojos con desdén de las fantásticas imposturas de pontífices, reyes y hombres de estado. Si alguna cosa necesitásemos que nos enseñase la falsedad de la composición artística de la historia, podríamos encontrarla en nuestra personal experiencia. ¡Cuán a menudo nuestros más íntimos amigos se engañan al apreciar los móviles de nuestras acciones diarias! ¡Cuán frecuentemente yerran sobre nuestros propósitos! Si esto sucede con lo que ocurre a nuestra vista, con mayor moti vo ha de sernos imposible comprender con exactitud los actos de quienes vivieron muchos años ha y que nunca hemos visto. Al elegir y ordenar los asuntos que voy a exponer, me he guiado en parte por la Confesión del último concilio del Vaticano, y en parte por el orden de los acontecimientos históricos. 

No dejará el lector de notar con interés que los problemas que se nos pre sentan son los mismos que se ofrecieron a los antiguos filósofos de la Grecia: aún tratamos las mismas cuestiones sobre que ellos disputaban. ¡Qué es Dios? ¿Qué es el alma? ¿Qué es el mundo? ¿Cómo está regido? ¿Tenemos alguna norma o criterio de la verdad? Y el lector reflexivo se preguntará gravemente: ¿Son nuestras soluciones mejores que las suyas? El argumento general de este libro, pues, es como sigue: Llamo primero la atención hacia el origen de la ciencia moder na, como distinta de la antigua por estar basada en la observa ción, el experimento y la discusión matemática, en vez de serlo sobre la simple especulación, y demostrando que ha sido una consecuencia de las campañas macedónicas, que pusieron en contacto al Asia y la Europa. Como ilustración de su índole, hago un ligero bosquejo de estas campañas y del Museo de Alejan dría. Luego recuerdo brevemente el conocido origen del cristianismo J.G. Draper: Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia - 8 - e indico su progreso hasta conseguir el poder imperial, y la transformación que sufrió, incorporándose al paganismo, que era la religión existente en el imperio romano. 

Una clara convic ción de su incompatibilidad con la Ciencia le hizo suprimir por la fuerza las escuelas de Alejandría, hecho a que le obligaron las necesidades políticas de su posición. Establecidas así las dos partes del conflicto, relato después la historia de su primera lucha en campo abierto: ésta fue la pri mera Reforma o Reforma del Mediodía; y el punto disputado, la naturaleza de Dios. En ella iba envuelta la aparición del mahometismo; sus resulta dos fueron que gran parte de Asia y África, con las históricas ciudades de Jerusalem, Alejandría y Cartago, se vieron arreba tadas a la cristiandad, y la doctrina de la unidad de Dios fue establecida en la mayor parte del territorio que había sido im perio romano. Este suceso político fue seguido de la restauración de la Ciencia, el establecimiento de escuelas, colegios y bibliotecas en todos los ámbitos de la dominación árabe.

 Estos conquistadores, pro siguiendo rápidamente su desarrollo intelectual, rechazaron las ideas antropomórficas de la naturaleza de Dios que aún queda ban en su creencia popular, y aceptaron otra más filosófica, semejante a la que había prevalecido en la India mucho tiempo antes. El resultado de esto fue un segundo conflicto relativo a la naturaleza del alma: bajo la denominación de averroísmo, apa recieron vigorosas las teorías de la emanación y de la absorción, que fueron arrojadas por la Inquisición de Europa, en los últi mos tiempos de la Edad Media, habiendo sido ahora solemne y formalmente anatemizadas por el concilio del Vaticano. Mientras tanto, con el cultivo de la astronomía, la geografía y otras ciencias, se habían alcanzado ideas exactas sobre la posi ción y relaciones de la Tierra y la estructura del Universo; y cuando la religión, atrincherándose en lo que llamaba la recta interpretación de las Escrituras, insistió en que la tierra era el centro y la parte más importante del mundo, estalló un nuevo y tercer conflicto. Galileo fue el campeón de la ciencia, y la Iglesia J.G. Draper: Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia - 9 - sufrió otra derrota. 

Más tarde, ocurrió una controversia de se gundo orden sobre la edad de la tierra: la Iglesia porfió que no tenía más de seis mil años, y también en esto fue vencida. Las luces de la historia y de la Ciencia se habían extendido gra dualmente por Europa; en el siglo decimosexto, el prestigio del cristianismo romano disminuyó grandemente por los reveses intelectuales que había experimentado, y también por su condi ción moral y política. Claramente se comprendía por muchos hombres piadosos que la religión no era responsable de la falsa situación en que se encontraba, y que la desventura provenía de la antigua alianza que había contraído con el paganismo ro mano. Su remedio evidente era, por tanto, volver a la pureza primitiva. Así surgió el cuarto conflicto, conocido por el nombre de la Reforma o Reforma del Norte; el carácter especial que tomó fue un debate sobre la norma o criterio de la verdad: si había de hallarse en la Iglesia o en la Biblia. 

En la resolución de este problema va envuelto el reconocimiento de los derechos de la razón y de la libertad intelectual; Lutero, que fue el hom bre célebre de la época, llevó adelante su designio con no esca so éxito; y al fin del combate, la Iglesia Católica había perdido todo el Norte de Europa. Nos encontramos ahora en medio de una controversia respecto al gobierno del mundo: si obedece a una intervención divina incesante o a la acción de una ley primordial e inmutable. El movimiento intelectual de la cristiandad ha alcanzado aquel punto a que llegaron los árabes en los siglos décimo y onceno, y las doctrinas que entonces se discutieron se nos presentan de nuevo para ser examinadas: tales son las de la evolución, de la creación y del desarrollo. 

 Bajo estos títulos generales, pienso que se hallarán comprendi dos todos los puntos importantes de esta gran controversia; agrupados los hechos que vamos a considerar bajo estas expre sivas denominaciones y tratando cada grupo separadamente, adquiriremos, sin duda, una clara idea de sus conexiones y enla ces y de su sucesión histórica. He considerado estos conflictos tan estrictamente como he J.G. Draper: Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia - 10 - podido, en su propio orden cronológico, y por vía de suplemen to he añadido tres capítulos sobre: Examen de lo que ha hecho el cristianismo latino por la civiliza ción moderna; Examen análogo de lo que ha hecho la Ciencia; Actitud del cristianismo romano en el conflicto actual, según la definición del concilio del Vaticano. La atención de muchas personas ansiosas de la verdad se ha fijado tan exclusivamente en los pormenores de las disensiones habidas entre los sectarios, que la larga contienda a cuya histo ria se dedican estas páginas es en general poco conocida. Habiendo procurado grabar en mi ánimo, al escribir este libro, un severo espíritu de imparcialidad, hablando con respeto de las partes contendientes, pero sin ocultar jamás la verdad, con fío en el juicio considerado del lector reflexivo. Juan Guillermo Draper. Universidad de Nueva-York, Diciembre de 1873.

viernes, 22 de mayo de 2026

Raimon Arola y Lluïsa Vert LA ACTUALIDAD DEL HERMETISMO El mensaje de Louis Cattiaux

 


PRESENTACIÓN

 La alquimia Las leyendas creadas alrededor de la figura de Hermes y de la tradición hermética son bellas y merecen ser leídas, si bien no deben confundirse con la propia historia de este movimiento, todavía con lagunas y en construcción. En ellas se pretende sobre todo transmitir una enseñanza que insiste en la unidad de todas las filosofías y religiones. Las leyendas que se refieren a los orígenes de la tradición hermética, evidentemente fabulosos, son muchas y variadas; pero, a causa de su intención, que supera cualquier falta de rigor histórico, hemos recogido la que aparece en la Concordance Mytho-PhysicoCaalo-Hermétique atribuida a Fabre du Bosquet y publicada en 1769. 

En una larga nota de este tratado se explica el nacimiento del hermetismo a partir de un hombre de una sabiduría extraordinaria llamado Hermes, a propósito de quien el autor escribe lo siguiente: La casa de Canaán vio surgir de su seno un hombre de una sabiduría consumada, llamado Adres o Hermes; fue el primero que instituyó escuelas, inventó las letras, las ciencias y las artes, y, entre las ciencias había una que no comunicó más que a sus sacerdotes, con la condición de que la guardaran para sí como un secreto inviolable. Los obligó bajo juramento a no divulgarla más que a quienes hubieran encontrado dignos de sucederlos, después de someterlos a largas pruebas. Los reyes les prohibieron revelarla bajo pena de muerte. 

Al andi y Gelaldinus mencionan al segundo Adris o Hermes, el apodado por excelencia Trismegisto y ambos autores se expresan así: «En los tiempos de Abraham vivía en Egipto Hermes o Adris segundo, que la paz esté con él; se le llamó Trismegisto porque era a la vez profeta, filósofo y rey; enseñó el arte de los metales, la alquimia, la ciencia de los números, la magia natural, la ciencia de los 1 espíritus y fue la ciencia de la Naturaleza la que lo llevó a todas las demás ciencias». La ciencia secreta a la que se alude en la primera parte del texto sería la alquimia, una ciencia de la que, con el tiempo, se conocieron sus enunciados, que son precisamente los que aparecen en la Taula smaragdina, atribuida a Hermes Trismegisto. 

Allí se hallarían explicados, bajo unas sentencias misteriosas, todos los secretos del arte de la transmutación y la obtención del oro filosófico. La Taula smaragdina comienza enseñando que lo que está arriba es como lo que está abajo para hacer los milagros de una única cosa, es decir, los milagros de la misteriosa materia que es el fundamento de todas las tradiciones religiosas o filosóficas. Hay distintas versiones y traducciones de la Taula, así como una gran cantidad de leyendas respecto de cómo se encontró. 2 En palabras de Mircea Eliade, Hermes sería un héroe civilizador, es decir, alguien que conocía los secretos del fuego y, con ellos, los de la creación, por lo que su aportación a la humanidad no solo se redujo a una organización del mundo o cosmología, sino que su influencia también fue de orden espiritual. Un héroe o un herrero celeste que, como explica Eliade, «continúa y perfecciona la obra de ios haciendo al hombre capaz de comprender sus misterios». 

3 El nombre de este descendiente de Cam es el de un dios, Hermes, con el epíteto de «Trismegisto», que significa «el tres veces grande» —pues era rey, sacerdote y profeta. Fue también el inventor de la escritura, de la agricultura, de la política y, sobre todo, de la alquimia, el gran arte en el que se concentraba el poder del cielo y la tierra y que buscaba perfeccionar la vida de los seres humanos hasta convertirlos en inmortales. Por esta razón, la palabra «alquimia» es sinónimo de «hermetismo», pues, si bien se la define a menudo como una búsqueda de oro o de riquezas, se trata asimismo, y fundamentalmente, de la ciencia de la salvación enseñada por el gran Hermes. Se cuenta que las enseñanzas de Hermes Trismegisto se transmitieron a su discípulo más querido y que este, a su vez, las transmitió al suyo, y así, desde la más remota Antigüedad, la sabiduría de Hermes, el hermetismo, se perpetuó a través de los siglos. 

Igualmente se extendió a representantes de distintas tradiciones que viajaron a Egipto en busca de este saber, que, de este modo, se convirtió en la parte más íntima y original de todas ellas. Michael Maier (1568-1622), el famoso autor de la Atalanta fugiens y adepto rosacruz, se refiere a este aspecto de la transmisión del saber hermético en la dedicatoria de su obra Symola aureae mensae duodecim nationum…, cuyo título completo y traducido sería «Símbolos de la mesa áurica de las doce naciones, o las fiestas dedicadas a Hermes, o Mercuriales, que celebran doce héroes escogidos, compañeros por su práctica del arte químico, su sabiduría y autoridad». 

4En esta obra, los representantes de doce naciones, desde el más antiguo, Hermes, que representa a Egipto, hasta Alberto Magno o Ramon Llull, que representan a Alemania y España respectivamente, reúnen su saber hermético en torno a una mesa áurica, imagen de la obra alquímica. Pues bien, según Maier, «el sujeto de la alquimia» o «el milagro de una sola cosa», otra frase que aparece en la Taula atribuida a Hermes, es, precisamente, lo que une las diferentes tradiciones y las distintas épocas en una única verdad o tradición primordial. Los filósofos herméticos consideran que las religiones y las filosofías de los hombres son el reflejo de una verdad oculta que busca manifestarse a través de lenguajes particulares, dependiendo de las distintas épocas y lugares. La verdad, que según la antigua iconología reside en el interior de un pozo, no puede emerger de él si no es con la ayuda de su ancestro, el tiempo, que acaba por revelarla. 

Entretanto, este ocultamiento es origen de las distintas sectas que se escinden en una infinidad de opiniones separadas de la unidad de la verdad. En la obra que ya hemos mencionado, Maier expresa la misma opinión y advierte de lo siguiente: «entre las cosas sublunares, hay una, que es única y que parece muy abstrusa, como si no existiera», y que, sin embargo, se ofrece a «todos los que tratan de la filosofía en todas las épocas y en todos los países». Esta cosa es despreciada por la gente común, pero es sumamente apreciada por «innumerables hombres que no se adhieren a la superficie, sino que buscan penetrar la cosa en profundidad, a fin de observarla con los ojos y percibirla por el intelecto, como un punto inmóvil». 

5 Esta misma cosa, que es la única verdad hermética, es también el sujeto de la alquimia, pues, según Maier, consigue poner de acuerdo a: Los filósofos de todas las épocas, incluyendo las más primitivas; los poetas más antiguos con sus alegorías y ficciones primordiales; los pueblos de todas las naciones, sean cual fueren sus talentos, lenguas, costumbres, religiones, leyes y otros usos en los numerosos reinos, no solo de Europa, sino también de África y Asia.6 Resumiendo, la leyenda contada por Maier, y por otros muchos autores con distintas variantes, se refiere a que existe algo, una cosa, como él mismo dice, que representa la verdad que une todas las tradiciones. 

Esta verdad habría sido instaurada por Hermes y transmitida a través de los tiempos y las civilizaciones bajo la forma de un conocimiento nuclear, y muchas veces reservado, en el que los sabios de cada tradición coinciden y se reconocen. 1 F. du Bosquet, Concordance Mytho-Physico-Caalo-Hermétique, Le Mercure euphinois, Grenoble, 2003, p. 34. 2 Véase R. Arola, La cá ala y la alquimia en la tradición espiritual de Occidente. Siglos XV- XVII, Palma de Mallorca, José J. de Olañeta, 2002, en particular el capítulo titulado «El origen. Hermes Trismegisto», pp. 125ss. 3 M. Eliade, Herreros y alquimistas, Madrid, Alianza, 1974, p. 86. 4 M. Maier, La ta le d’or, Grez- oiceau, Beya, 2015. 5 I id., p. 6. 6 I id., p. 8.

jueves, 21 de mayo de 2026

LOS MITOS PLATÓNICOS Geneviéve Droz

 


Introducción 

«Y si alguien redujese a Platón a un sistema, prestaría un gran servicio a la humanidad» Leibniz, Carta a Rémond, 1715. Con el nacimiento de la racionalidad científica y religiosa en Grecia, el discurso lógico y el relato mítico, confundidos duran te mucho tiempo, comienzan a oponerse. Hay que elegir entre logos y mythos. La hostilidad de la naciente filosofía es esencial: buscar el fundamento o la razón de ser de aquello que es exclu ye la narración o la ficción. Pero aquí comienza el dilema: por un lado, la razón condena al mito y debe exorcizarlo; por el otro, la verdad no se deja encerrar tan fácilmente en el único lenguaje de la razón conceptual... Platón no se libró de esta ambigüedad: su primera preocu pación era dotar a la búsqueda de la verdad de un rigor en las demostraciones y en el lenguaje desconocidos en pensado res anteriores; no dejó de manifestar su desconfianza hacia los poetas, ilusionistas y mentirosos, y no dudó en incluir a la fic ción poética en el ámbito de la opinión incierta y sospechosa. No obstante, su obra se alimenta de relatos míticos: los recu pera de la tradición, los rehace según las exigencias de su fan tasía, o las necesidades de la discusión, e incluso inventa algu nos nuevos; de las obras de juventud a las de madurez, existen pocos diálogos que no contengan uno o varios mitos, de importancia, contenido y función muy diferentes; desde el interior del mythos antiguo puede decirse que crea un nuevo género, ya que el mito platónico, aunque se inspire a menudo en ellos, no se confunde ni con los relatos de la mitología griega ni con las historias legendarias tal como nos han sido legadas por Homero, Hesíodo, los autores trágicos o los poe tas órficos.1 ¿Qué es pues el mito platónico? ¿Cómo se le reconoce? ¿Cuál es su función en la síntesis del diálogo? A falta de una definición unívoca previa, retendremos cinco características: 1. El mito se presenta bajo la forma de un relato ficticio: imagina una situación y narra una historia, que, como toda his toria, comprende una acción y unos personajes: sean Eros, Prometeo o Teuth, sea un cautivo o el demiurgo, sea el alma via jando por el Hades o alimentándose de verdades. La forma na rrativa del mito, fantasiosa, burlesca o dramática, lo aproxima a la fábula, la parábola o la alegoría, pero lo distingue de la sim ple imagen, de la metáfora, del paradigma o de la analogía que salpican la obra de Platón.2 2. El mito rompe con la demostración dialéctica, interrumpe el discurso conceptual y se propone, más o menos explícitamente, como otro tipo de discurso: ya no abstracto sino lleno de imáge nes, ya no deductivo sino narrativo, ya no argumentativo sino su gestivo. Recurre a la imaginación antes que al razonamiento, y a veces a la sensibilidad estética o al sentimiento religioso. Pero al mismo tiempo que interrumpe el discurso argumentativo, lo reem plaza. Y precisamente cuando el razonamiento no basta o ya no conviene: sea porque el sujeto, a menudo el interlocutor de Sócrates, tiene problemas de comprensión, o sea sobre todo por que el objeto no se deja conceptualizar fácilmente. Entonces el dis 1 El mismo Platón esboza en La república un análisis crítico de los mitos: tras haber condenado el contenido de las fábulas narradas por Hesíodo y Home ro, aconseja al legislador que censure a los poetas cuyas invenciones ofenden la moral y la dignidad divinas. Aunque a menudo se ha inspirado en el patrimonio mitológico de Grecia, lo ha transfigurado, purificado e investido ampliamente al sevicio de sus ideas filosóficas o espirituales. Nunca, tanto antes como después de Platón, la mitología y la filosofía se han conjuntado de una forma tan natural y complementaria. 2 Citemos a modo de ejemplo a) de imágenes: los toneles agujereados del Gorgias, el torpedo del Menón o el monstruo policéfalo de La república-, b) de metáforas: «la ignorancia es la fealdad del alma»; c) de paradigmas: el sol, imagen del Bien, o el tejido, imagen del arte de la política; d) de la analogía: la línea segmentada del libro VI de La república. curso mítico se revela com o el único que puede hablar de ciertas cosas: el mundo sensible en perpetuo devenir en el que nuestra inteligencia tiene tan pocos asideros, las grandes cuestiones esen ciales de la metafísica (el alma antes y después de su estancia en el cuerpo, la divinidad o el Bien...), en resumen, aquello que se en cuentra a la vez aquí y más allá del discurso posible de la filo sofía.3 3. El mito no es, en tanto que tal, un método para buscar la verdad sino un medio para exponer lo verosímil. Si excluimos casos extremos de relatos alegóricos, con finalidad esencial mente lúdica o pedagógica, simples «auxiliares» al servicio de la reflexión o la comprensión, el mito, interviniendo allí dónde la dialéctica se revela inoperante, no puede aspirar a la verdad; propone, como bien ha mostrado Víctor Bronchard, una hipóte sis plausible pero no verificable, sugiere algo probable.4 Algo probable que, por el hecho de serlo, no debe ser subestimado: si es, teniendo en cuenta los límites de nuestra razón, lo mejor que podemos decir, también puede ser el objeto de una fuerte adhesión interna y de una intensa certeza íntima. «Grande es la esperanza» que aportan por ejemplo los mitos escatológicos, si «se les da crédito». 4. Si bien el mito no aspira a la verdad absoluta, aspira en cambio al sentido. No debe ser leído o escuchado por sí mismo: tiene un sentido oculto, es portador de un mensaje, exige por tanto ser superado, traducido, interpretado y descifrado; y si el autor nos da a veces las claves de un modo posible de descifrar lo (como en el caso de la alegoría, cuyo sentido es explicado imagen por imagen), el mito suele quedar libremente abierto a múltiples niveles de significación que un sólo comentario no sabría agotar. 5. El mito contiene implícitamente una doble intención peda gógica: en primer lugar, claro está, porque ilumina al interlocutor en dificultades y descansa al espíritu fatigado, o se convierte en 3 Cf. el artículo de J.-P. Vernant, «Raisons du mythe», en Mythe et Société en Gréce ancienne, París, Maspero, 1974. 4 «El mito es la expresión de la probabilidad», cf. V. Bronchard: -Les mythes dans la philosophie de Platón», Études de philosophie ancienne et modeme, 1912. el sostén de una discusión que se enreda y se estanca. En este sentido, es tan útil para la reflexión como para la comprensión, aunque sólo sea un intermediario (metaxu) o una propedéutica. Pero — altamente educativo— aspira también a «hacer mejor», más «valiente» en el Menón, más sereno ante la muerte en los mitos escatológicos... El mito no tiene sólo una «moraleja», como las fábulas de Esopo o de La Fontaine, es un acicate moral, a veces incluso un fermento espiritual. Es en este aspecto «supe rior» (Fedro, 245 c) a las fábulas homéricas, que desnaturalizan lo divino, más «útil» que el discurso sofista (Menón, 86 b), que induce a la pereza y al abandono intelectuales, eventualmente más «eficaz» incluso que la demostración dialéctica, ya que dinamiza la investigación, alimenta la fe y enriquece la espe ranza. Por lo demás, el género es indefinible. Los criterios son incier tos, las fronteras son borrosas entre las diversas formas de discurso ideadas. A lo más se distinguen los unos de los otros. ¿Sus oríge nes? Algunos son conjuntos de pasajes legendarios, más o menos adaptados (El político), otros son completas invenciones (Teuth). ¿Su extensión? Algunos son sólo de unas pocas líneas (naci miento de Eros), otros ocupan un libro entero (libro VIII de La república), e incluso la casi totalidad de un diálogo (Timeo). ¿Su papel? Más adelante veremos la multiplicidad de funciones del mito. Platón no nos ayuda mucho. En una obra reciente,5 Luc Brisson enumera casi un centenar de pasajes de Platón que ha cen alusión al mito; resulta una extraña disparidad. El cuadro 1 aquí adjunto cita los pocos textos célebres en los que Platón habla de sus propios mitos. No esperemos una definición uní voca: de la simple invención más o menos sospechosa a la ex presión de un creencia a la cual es legítimo adherirse con todo su ser, el mito es objeto de apreciaciones variadas, de las más negativas a las más valorizantes. Y Sócrates puede calificar su 5 Brisson, Luc: Platón, les mots et les mythes, París, Maspero, 1982. Luc Brisson retiene tres características esenciales del mito: no verificable, no argu- mentable, eficaz. TABLA 1 ¿Cómo habla Platón de sus propios mitos? Como... — fabulación próxima a la mentira — diversión (juego, fábula para niños, cuento de vieja) — entretenimiento — subterfugio pedagógico — palabra sagrada surgida del origen de los tiempos — creencia moralmente eficaz — idea aproximada pero satisfactoria — hipótesis representativa ficticia pero verosímil — expresión de una convicción interior (religiosa...) Textos de Referencia La república, II, 377 a: contar un mito, «¿... qué éstos son en general falsos, aunque también haya en ellos algo de verdad?» La república, II, 377 d: «esos mitos falsos» + El sofista, 242 cd, Filebo, 14 a, Fedro, 613... El político, 268 e: «Incorporemos en nues tra conversación algo que es casi un juego». Gorgias, 527 a: «cuento de vieja» (muthos graos). Protágoras, 320: «Me parece, dijo, que es más agradable contaros un mito». La república, VII, 514 c: «imagínate (...), represéntate». Fedro, 21A d: «pero lo que hay de verdad en ella sólo ellos lo saben» + Timeo, Critias... Menón, 86 b-c: la reminiscencia permite «ser mejores, más esforzados y menos inoperantes». Fedro, 246 a: «decir a lo que se parece im plica una exposición al alcance de cual quier hombre y de menor extensión». Timeo, 29 d: «una narración verosímil». Todos los mitos escatológicos: Fedón- Gorgias-La república Gorgias, 524 c: «lo he oído decir, y tengo confianza en que es verdad». La república, X, 612 b: «el mito puede salvamos, si creeemos en él». TABLA 2 Tipos retenidos Ejemplos — los mitos alegóricos Prometeo, nacimiento de Eros, el tronco alado... — los mitos-conjetura el demiurgo + todo el Timeo — los mitos-expresión de una convicción todos los mitos escatológicos... Funciones divertir, relajar, facilitar la comprensión, sugerir eficazmente... sustituir la dialéctica en temas que se conceptualizan mal (el mundo en devenir) y ofrecer una hipótesis verosímil, plausible. sustituir a la dialéctica en temas más allá de lo concebible (el amor, la muerte) y presentar se como creeencias saludables que mere cen que «se les dé crédito» relato mítico de «cuento de vieja» (muthos graos) y pedir al mis mo tiempo que se le otorgue la más alta consideración (Gorgias, 527 a). En este amplio abanico de calificaciones, dos concepciones del mito parecen ser dominantes: o bien es una explicación di ferente (por la imagen o el símbolo) de lo ya conocido, más entretenida, reposada, sugestiva o pedagógica. O bien es una hipótesis lanzada sobre lo desconocido, hipótesis verosímil y «suficiente» para iluminarnos en cuestión oscura, una apuesta que vale la pena mantener, un riesgo que en palabras de Fedón, es bello correr... Aquí nos hallamos en todo caso en el corazón de lo indefinible: el mito evoca y sugiere; propone a nuestra imaginación en vez de hablar a nuestra inteligencia; no afirma la verdad, ofrece un sentido. Bajo el pretexto de la ficción, ¿debemos ver en el mito sólo la obra de la imaginación y rechazarlo como una broma poética, indigna de la filosofía de las Ideas? Sabemos que ésa fue la opi nión de Couturat, un matemático que, sin embargo, escribió una de las pocas obras existentes sobre los mitos de Platón, De pla- tonicis mythis, en 1896, excluyendo en bloque de la obra filosó fica «los cuentos, fábulas y supersticiones populares destinadas a acunar al niño que duerme en cada uno de nosotros». Tam bién sabemos que el filósofo racionalista León Brunschvicg ve en la utilización del mito «el ofensivo retorno» de un pensamien to primitivo prelógico. Hemos podido constatar hasta qué punto la mayoría de los comentadores de Platón conceden poca im portancia al mito, que consideran en el mejor de los casos como una ancilla philosophiae. Para nosotros es más bien ese deuteros plous, ese cambio de rumbo al que Platón nos invita en el Fedón-. allí donde la dialéctica tropieza con algún misterio impenetrable, el filósofo «prefiere a la negación o el escepticis mo, la opción audaz por una creencia, ciertamente indemostra ble, pero justificada no obstante por su eficacia moral y su fe cundidad pragmática».6 Teniendo en cuenta los «amplios» criterios que hemos estable cido, han podido ser retenidos 13 mitos considerados particular mente representativos, a los que se han añadido tres pequeños mitos anexos. Queda entonces el problema de su clasificación. Existen dos modos posibles de agruparlos: — por su forma y su función Ésta fue la elección de P. Frutigier, que distinguió entre los mitos alegóricos (Prometeo, Teuth...), genéticos (nacimiento de Eros, la Atlántida) y paracientíficos (la génesis del mundo, la morada del alma después de la muerte...). Si eligiésemos esta clasificación, preferiríamos entonces la triple distinción entre mitos alegóricos, mitos-conjetura y mitos-expresión de una con vicción, según el siguiente cuadro sinóptico (tabla 2). 6 P. Frutigier: Les mythes de Platón, París, Alean, 1930, p. 224. — por su contenido Los relatos míticos se intentan, repartir aquí alrededor de grandes ejes temáticos. De estos, hemos seleccionado cuatro: la condición humana, la liberación espiritual, el destino de las al mas y el devenir del mundo; según el esquema expuesto a con tinuación (tabla 3). Esta segunda clasificación es la que hemos elegido. La lista de mitos no es exhaustiva, excluye los textos dema siado largos: no podríamos transcribir aquí todo el libro VIII de La república, las 30 páginas del Critias, aunque se trate de un diálogo corto por estar inacabado, o, a fortiori, la casi totalidad del Timeo, los citamos a menudo pero no los hemos estudiado como tales. En cambio, nos ha parecido interesante referir en un anexo, muy brevemente, algunos relatos míticos (Teuth o Gi- ges), difíciles de integrar en nuestro cuadro temático, pero que habría sido injusto ahorrarse. Una doble preocupación subyace en este trabajo: — ofrecer al lector el texto de Platón y a la vez un breve comentario que, por una parte, sitúe al relato en la lógica del diálogo, subrayando el desarrollo del debate y la función en el pasaje del mito, y, por otra, plantee posibles interpretaciones y proponga algunas pistas para la reflexión. — iluminar mediante el mito el conjunto de la obra de Pla tón, utilizar el mito como una aproximación a la filosofía plató nica. Así, hemos prestado poca atención a una erudición sin embargo necesaria para comprender los orígenes legendarios, históricos o religiosos de tal o cual relato mítico: ¿qué es la At lántida? ¿de dónde viene el «andrógino» de Aristófanes? ¿de qué se alimentan los mitos escatológicos? Y en cambio, nos hemos dedicado a cotejar textos célebres — el tronco alado de la remi niscencia, el mito del político en el libro VIII de La república— y a replantear a través de ellos las grandes cuestiones, que tam bién son las de Platón... y quizás las de la Philosophiaperennis. «Ahora bien, el sostener con empeño que esto es tal como yo lo he expuesto no es lo que más conviene a un hombre sen sato. Sin embargo, que tal es o algo semejante lo que ocurre con nuestras almas y sus moradas, eso si estimo que conviene creer c"2 cf I 8 ™ c w 3 ‘3 S J2J 3 iS 2 s :s ü s 8 u ■i S J » g ■si 11 o q. o "o .y E y c l/J W5 OJ OJ 'O 'O co co NT U •3 e « i < t f U & 8? >3 c~ c c o ^ '2 -2 a .2 y y ü II |! J2 iS ^ w g fCj En u TJ o 00 en \o » s c T'~ K 53 S2 o u pe > •o -a 2 8 y ■O 04 3 >> II lo, y vale la pena correr el riesgo de creer que es así. Pues el riesgo es hermoso, y con tales creencias es preciso, por decirlo así, encantarse a sí mismo; razón ésta por la cual me estoy ex tendiendo en el mito hace rato.» Estas últimas palabras del Fedón (114 d), después de la larga descripción del viaje de las almas a las profundidades del Ha des, nos remiten a lo esencial: no sabemos nada; y especialmen te sobre los asuntos que conciernen a nuestras almas y nuestros destinos postumos. Creer, es decir, hablar sobre lo incierto, es pues «un riesgo hermoso» (kalos kindunos) que vale la pena correr. El mito de pronto, y particularmente el mito escatológi- co, expresión imaginada de estas actitudes íntimas fuertemente afirmadas, se encuentra plenamente rehabilitado: rico en espiri tualidad religiosa, tiene la notable utilidad (ophelimos), porque ayuda a bien morir. «La recompensa es bella y grande la espe ranza» (114 c). Platón no es sólo el racionalista atiborrado de matemáticas al que las tradiciones universitarias nos tienen tan acostumbra dos. Es ante todo un metafísico, para el que existe un más allá racional con el que se puede familiarizar al alma a través del discurso poético. ¡Ojalá que esta aproximación a través de la fic ción permita conocer y amar a un Platón cuyo rigor teórico no desmerece en nada al genio poético! Siempre que otorguemos a la poesía su verdadero estatuto y toda su dignidad: no como ex presión diferente, fascinante y fascinadora de un pensamiento ya existente, sino como expresión de aquello que, precisamente, no puede decirse en el lenguaje de la racionalidad, expresión de lo que está a la vez aquí y más allá del pensamiento conceptual, ex presión de lo inconcebible. Platón no elige entre logos y mythos porque siente perfectamente su necesaria complementariedad. Platón es, indisolublemente y en el sentido más noble, filósofo y poeta. O en el sentido griego, filósofo y músico.

miércoles, 20 de mayo de 2026

TÍTULO DEL ORICINAL EN inglés: "PASCAL - THE LIFE OF GENIUS" Traducción cíe M ariano de Alarcón

 



AGRADECIMIENTOS

 Dicen algunos autores, al hablar de sus obras: Mi libro, mi comentario, mi relato, etc... Y de berían más bien decir: Nuestro libro, nuestro comentario, nuestro relato". Nuestro libro 'es, en gran parte, la obra de una larga lista de estudiosos de Pascal. El que se propone llegar a saber algo de la vida y el espíritu de Pascal no tiene más remedio que bu cear bien hondo en Sainte-Beuve. Debe, además, agradecer gran demente la existencia de la magnífica edición de Pascal, conte nida en la de los Grandes Escritores Franceses y debida a las plumas de Léon Brunschvicg, Fierre Boutroux y Félix Gazier. Por otra parte, conviénele tomar como sus constantes guías a Fortunat Strowski, Víctor Giraud y Jacques Chevalier, si bien guarde su completa libertad de acción a cada vuelta del camino, en cuanto a la apreciación y a la discusión se refiere. Con todos ellos quedará excesivamente obligado por cuanto de ellos ha recibido, aunque nunca bastante en lo de mostrarles gratitud. 

Me es asimismo satisfactorio mostrar la mía al rector Floyd U. Ritcluiiyer y al profesor Walter A. Hurwitz, de la Univer sidad de Cornell, y al doctor AJbert Kingsbury, de Nueva York, por haberse dignado leer con espíritu crítico partes del original de esta obra; al profesor Daniel Mornet, de la Sorbona, y al profesor Rene Jasinski, de la Universidad de Lilíe, por su es pecial ayuda y cooperación; al señor Morris Gilbert, de París, y a mi esposa por su crítica sensata y trabajosa. Quisiera asimismo mostrar mi agradecimiento a todas las Bi bliotecas que me han facilitado la realización de este trabajo, especialmente a la Biblioteca de la Universidad de Cornell y a la Bibliotéque Nationale, de Francia. I. EL PRODIGIO La vanidad está tan arraigada en el corazón del hombre, que un soldado, un sirviente de soldado, un cocinero, un mozo de cuerda se jacta de ello y se perece por tener admiradores; también los codician los filósofos; y los que es criben contra la vanidad quieren lograr la fama de haber escrito bien; y sus lectores desean el prestigio de haberles leíao, y yo mismo que esto escribo tal vez tengo tal deseo; y acaso los que esto lean... 

Pensamientos. De Blaise Pascal puede sencillamente deciise que ha sido uno de los hombres más grandes que han existido. Luego de haber hecho a la edad de doce años el descubrimiento de las matemáticas, escribió a los dieciséis un tratado sobre las sec ciones cónicas que puede considerarse como el precursor de la geometría descriptiva. A la edad de diecinueve años inventó, construyó y puso a la venta su máquina de calcular. Dió a la física la Ley Pascal, demostró la existencia del vacío y contri buyó a fundar la ciencia de la hidrodinámica. Creó asimismo la teoría matemática de las probabilidades, como consecuencia de una discusión sobre las pérdidas del jugador. En los primeros tiempos del cálculo infinitesimal, sus especulaciones resultaron de suma importancia. 

A la edad de treinta y un años, luego de una noche de revelación religiosa, abandonó la ciencia para volver la vista a ella tan sólo para examinar, a fin de dis traerse cuando le aquejaba un fuerte dolor de muelas, y resolver el problema de los cicloides. Partidario de los principios teoló gicos de los jansenistas, escribió sus célebres Cartas Provinciales en defensa de su doctrina, arma polémica que no ha perdido PASCAL-LA VIDA DEL CENIO 12 todavía su aguzado filo. El estilo de su prosa, que resultaba nuevo en su extraordinaria sencillez, fijó la forma y el carácter de la literatura francesa. Por otra parte, columbró un nuevo método de enseñanza de la lectura. 

En otra rama de actividades, organizó la primera línea regular de vehículos de transporte. Escribió sus Pensamientos en los instantes que le dejaba estar lúcido una cruel enfermedad, y fueron una preparación para una apología del Cristianismo, pensamientos cuya influencia ha sido extraordinaria durante tres siglos en la mentalidad de las gentes y que todavía siguen apasionando y contribuyendo a la formación de los espíritus modernos. Pascal murió a la edad de 39 años. He aquí, pues, el pensar de este hombre, que ha sido uno de los genios auténticos de la humanidad. ¿Qué era su espíritu, qué su alma? ¿Qué era, él, Pascal? 1. LOS ANTECEDENTES Es la Auvemia una región yerma, una meseta granítica que se eleva en el centro de Francia. Montañas de configuración cónica y volcanes apagados álzanse encima de llanuras azotadas por los vientos y donde las nieves son abundantes y persisten tes.

 Gustan los franceses de aparejar el carácter tradicional de los habitantes de tal región, que se tilda de astuto, fanático, cicatero y obstinado, al granito volcánico que a la vista tienen a toda hora. Por exagerada que tal relación pudiera parecer, es indudable que los hijos de esa región, como secuestrados en me dio de aquellas montañas casi inaccesibles, han conservado pro fundamente su genuinidad racial y su carácter. Tienen la cabeza redonda de la estirpe alpina y la ruda insensibilidad extema de los sobrevivientes de un suelo adverso y miserable. Así, suelen arder con la llama interior del martirio. Por eso pudo florecer tanto allí el protestantismo, y Luis XIV tuvo el firme conven cimiento de que a los "camisards” no se les podría alejar más que por medio de la decapitación. 

A comienzos del siglo dieciséis, un campesino, Jean Pascal, abandonó su aldea nativa, Cournon >, para ir a buscar for tana a Clermont, ciudad conocida actualmente como Clermont- Ferrand. Le fueron bien los negocios en pequeño que allí em prendiera y se casó con una burguesa, hija de un mercader como él. El mayor de los cinco hijos que tuvieron, Martin Pascal, sobrepasó mucho a su padre en honores y prestigio, ya que llegó a ser representante de la Tesorería francesa en una dilatada comarca. Tal vez fuera ese Martin Pascal el que abju rara el protestantismo hacia el año 1573, ya que la ambición induce a veces a la conversión no menos que la misma fe.2 Su boda había sido una buena boda, pues su esposa, Marguerite Pascal de Mons, pertenecía a la categoría inferior de la pequeña nobleza. 

Su padre había desempeñado cargos importantes y presumía de la patente de nobleza otorgada a uno de sus ante pasados por el rey Luis XI. Tal distinguida estirpe, y el prin cipio de la nobleza francesa, que proclama que “le ventre an- oblit” (el vientre ennoblece), permitieron al joven Pascal el poder firmar todos sus escritos añadiendo a su nombre el cali ficativo de écuyer, caballero. El mayor de los hijos de Martin Pascal fué Étienne, padre a su vez de Blaise. Nacido en el año 1588, le tocó ya criarse en una familia de posibles, envanecida con sus éxitos munda nos, con su hidalguía y con su prestigio por su honradez en su profesión. Dadas tales condiciones, se le envió a París para que se educase como magistrado. 

En París conoció a un gran abogado, oriundo como él de la Auvemia y llamado Antoine Arnauld. Puede decirse que este patriarca filoprogenitor fué real y verdaderamente el padre del jansenismo. Sus veinte hijos de dentro y de fuera de la Iglesia, se convirtieron en los apóstoles militantes de tal credo sectario, que mantuvo a Francia en plena revuelta durante siglo y medio. Regresó Étienne a Clermont y, con arreglo a una costumbre que nosotros estamos ya hechos a abominar, compró un cargo en la administración fiscal. Más adelante, compró asimismo el cargo de Segundo Presidente de la Audiencia (una especie de Recaudador de Impuestos). Era, pues, uno de los funcio narios de categoría de la Francia central, por muchos conocido y por todos honrado y respetado. Las crónicas de la época se refie ren concisamente a él denominándole “el Presidente Pascal". 

Casóse este Pascal con Antoínette Bégon, hija de un acau dalado mercader de Clermont, celebrándose la boda en 1617. En París, o acaso en alguna otra parte, consiguió una presen tación para los círculos de cerebros científicos especulativos más eminentes de entonces. Llegó a alcanzar cierto renombre como matemático, y sus meditaciones sobre la mecánica y so bre la teoría de la armonía merecieron ser consideradas con alta estimación por los más versados en tales materias. Se le admiró mucho igualmente por haber llegado a unir la teoría y la prác tica de la armonía, lo cual deja entender que llegó a tocar acep tablemente algún instrumento musical. 

Aunque su estilo lite rario era objeto de grandes encomios por parte de sus amigos, lo que de él se conoce hoy día no puede menos de parecemos pesado y pedante, adobado con una ironía destinada más bien a molestar que a simplemente pinchar. Por lo demás, era un funcionario de una gran capacidad, un padre autoritario que, si se sacrificaba por sus hijos, pedía igual mente por parte de ellos el sacrificio de una honestidad inta chable, exigente a más no poder de que se hiciese hasta lo último debido, orgulloso de sus éxitos ai la vida, así como de su fa milia y de su pequeña nobleza. Podría llamársele el tipo ca racterístico de las gentes de su región, si no fuera por su gran capacidad intelectual y por su extraordinaria vivacidad emotiva, condición nada normal en la gente de su raza. Tuvo Étienne cuatro hijos, de los que sobrevivieron tres: Gil berte, que nació el día de Año Nuevo de 1620; Blaise, nacido el 19 de junio de 1623 y Jacqueline, que vino al mundo el día 5 de octubre de 1625.

martes, 19 de mayo de 2026

Lengua y cultura sefardí Estudios en memoria de Samuel G. Armistead fragmento

 


Presentación 

 Jesús Antonio Cid Presidente de la Fundación Ramón Menéndez Pidal La Fundación Ramón Menéndez Pidal y el Instituto Universitario Menéndez Pidal organizamos en diciembre de 2014 las «Jornadas de cul tura sefardí: Sefardíes, de nuevo entre nosotros», en homenaje y memoria del gran investigador, amigo y colaborador que fue Samuel G. Armistead. 

 Para quienes hemos trabajado en esta casa, la desbordante personali dad de don Samuel ha sido siempre un estímulo por el rigor y la ampli tud de sus estudios, por su aproximación vivencial, apasionada, a los te mas y campos de trabajo a que dedicó su actividad y por su identificación con los intereses y métodos de la escuela de Menéndez Pidal. En una etapa de la filología hispánica en que la necesaria renovación había con ducido a ciertos excesos y a negar o minusvalorar el legado de don Ramón y sus discípulos más directos, don Samuel se constituyó en voz discordante. Frente a varios colegas, con quienes podía mantener exce lentes relaciones personales, Armistead era intransigente en todo lo que consideraba frivolidad o simple «erostratismo». Más de una vez le oí de cir que, pasadas unas décadas, todo lo que habían construido, o intentado destruir, los «revisionistas» sería una mera nota a pie de página en la his toria de la filología española, mientras que la obra de Menéndez Pidal se guiría siendo referencia indispensable. 

Armistead, como su fraternal Diego Catalán, mantenía que las revisiones más eficaces son las que se hacen desde dentro de una escuela y de una coherente línea de pensa miento. Las Jornadas quisieron, y creo que lo lograron, ser el mejor homenaje posible a Sam: representar la continuidad en los trabajos sobre la lengua y cultura sefardí. Deseábamos también destacar el papel histórico y central 11 12 Lengua y cultura sefardí que desempeñó Menéndez Pidal en la consolidación de los estudios científicos sobre los judeoespañoles y su cultura. Reformulando algo de lo que se dice más adelante, en su larga vida Ramón Menéndez Pidal pudo alcanzar todavía, gracias a María Goyri, a conocer al doctor Pulido, y rea nudar el contacto con sus antiguos corresponsales en el Oriente sefardí. Pudo también atraer a Josef Benoliel e incitarle a realizar sus fundamen tales trabajos sobre la lengua y el romancero sefardí de Marruecos. Más tarde pudo facilitar que amigos y discípulos tan destacados como Manuel Manrique de Lara y Américo Castro realizaran sus exploraciones en el Mediterráneo oriental y en Marruecos. En fin, a través de la Junta de Re laciones Culturales, siguió de cerca las campañas filosefardíes, mejor o peor orientadas, de Giménez Caballero, Sabatai Djaen y los diplomáticos españoles en los Balcanes. Conservó los materiales del doctor Cortés, de Máximo José Kahn y tantos otros. Ya en su ancianidad, facilitó los trabajos de Samuel Armistead, poniendo a su disposición la colección más copiosa de romances sefardíes… 

En fin, su viaje a Israel en 1964, a sus 95 años de edad, fue sin duda el primer deshielo en una España oficialmente hostil al mundo judío. Puede afirmarse que, en verdad, la casa de Menéndez Pidal ha sido la casa del Romancero sefardí y de los sefardíes. Y deseamos que lo siga siendo. Resta manifestar nuestra gratitud a la Fundación Ramón Areces, por la intervención de su director, don Raimundo Pérez Hernández, en la se sión inaugural y por su patrocinio del espléndido concierto de música judía y sefardí que complementó estas jornadas y de la edición de este volumen de estudios reunidos. Igualmente, agradecemos al Instituto Universitario Menéndez Pidal y a la Facultad de Filología de la Universi dad Complutense de Madrid por su colaboración; a Jesús Bustos por su iniciativa de organizar este encuentro; a Alia Mvsica y su director, Miguel Sánchez, por revivir la herencia musical de la liturgia y el romancero se fardí y a Clara Marías por su decisiva mediación; a Ignacio Ceballos, que tomó a su cargo un curso de iniciación a la lectura de textos aljamiados judeo-españoles, eficaz addenda docente a estas jornadas, y a Nicolás Asensio Jiménez y Sara Sánchez Bellido, como cuidadores de la edición de estas Actas. Finalmente, estamos agradecidos a Annie Laurie Armistead por las emotivas palabras remitidas, que abrieron el encuentro al igual que abren, ahora, este volumen: Presentación 13 How wonderful, that you are celebrating Sephardic Studies in Sam’s memory! I wish I could be there in person, but know that I will be there in spirit, as will don Samuel. I am pleased and honored that you are thinking of our beloved Sam, appreciating his life’s work, that monument of scholarly devotion, to which he dedicated himself, body and soul, for so many fruitful years! Much of his joy came from working in close collaboration with all of you, excellent scholars, members of the Archive, true friends and com panions on the road of knowledge and exploration of the Sephardic oral tradition. From that Great Research Library of the Sky, Sam is surely looking down and saying: “¡Adelante! Keep up your good work! I am with you!” Again, I wish Sam and I could be with you all in body, but since we can’t, we will be there in spirit, happy and honored that you are cele brating his life’s work and passion, the passion that he shares with all of you. Palabras de la Fundación Ramón Areces Raimundo Pérez-Hernández y Torra Director de la Fundación Ramón Areces 

 Ha sido una satisfacción participar en el acto de inauguración de las jor nadas de cultura sefardí que bajo el título «Sefardíes, de nuevo entre no sotros» han organizado la Fundación Ramón Menéndez Pidal y el Insti tuto Universitario Menéndez Pidal, con el patrocinio de la Fundación Ramón Areces. Deseo felicitar a ambas instituciones por el interés de los contenidos y la calidad de los ponentes que participaron en este evento dedicado a la memoria de Samuel G. Armistead, destacado hispanista, folclorista y medievalista estadounidense. Son muchos los estudiosos anglosajones interesados por la historia y la cultura españolas. Con sus trabajos han contribuido a un mejor conocimiento de nuestro pasado con la pasión del investigador minucioso pero libre del apasionamiento que confiere el sentimiento de pertenencia a un país o una nación. Y de sentimientos de pertenencia es, sin duda, de lo que trataron estas jornadas y de la importancia de la cuestión sefardí en la Historia de Es paña: una historia de tristeza y esperanza a la vez; una historia de despedidas y de reencuentros; también, de admiración hacia la comuni dad sefardí que, a pesar de la distancia y los avatares de la historia, ha mantenido su apego a Sefarad. 

 En este sentido sirvan mis palabras como sincero tributo especial mente a las comunidades sefardíes de Salónica, Estambul, El Cairo e Is rael, entre otras, por haber conservado en el tiempo sus señas de identi dad y sus tradiciones a través de la literatura, la gastronomía o el folcklore. 15 16 Lengua y cultura sefardí Permítanme, pues, que concluya esta breve introducción con las pala bras pronunciadas por su majestad el Rey Juan Carlos en la sinagoga de Madrid en marzo de 1992 y que, creo, recogen el sentimiento de todos los que hemos participado en estas jornadas: “Sefarad no es una nostalgia, sino un hogar... Un verdadero lugar de encuentro para las generaciones venideras”. Nota de los editores Nicolás Asensio Jiménez y Sara Sánchez Bellido Tal y como menciona Jesús Antonio Cid en la Presentación que encabeza este volumen, la razón de ser de esta compilación de estudios sobre la lengua y la cultura judeoespañolas nace, precisamente, de las «Jornadas de cultura sefardí: Sefardíes, de nuevo entre nosotros», celebradas en di ciembre de 2014 en homenaje a don Samuel G. Armistead. 

 A pesar de que cierta parte de los trabajos que aquí se reúnen fueron expuestos en el seno de dichas Jornadas, se incluyen, también, algunos estudios compuestos ex profeso para esta publicación; tal es el caso de los artículos de Elena Romero, Ignacio Ceballos y Željko Jovanović. El conte nido de todos ellos, sin duda, da cuenta de las múltiples posibilidades que ofrecen las investigaciones sobre lengua y cultura sefardí en la actua lidad. Las aportaciones de Antonio Cid y Paloma Díaz-Mas se remontan a los inicios de la investigación en literatura sefardí por parte de intelec tuales de los siglos XIX y XX y, especialmente, Menéndez Pidal y su es cuela, donde don Samuel juega un papel fundamental; en concreto, nos describen el entramado de contactos establecido en diferentes etapas con corresponsales de diversas comunidades, cuyo interés se centraba no solo en el romancero, sino también los estudios culturales y lingüísticos. 

Por otro lado, los trabajos de Elena Romero, Ignacio Ceballos y Željko Jovanović se enfrentan a textos particulares de la tradición literaria, desde la edición y/o el estudio, como son La grandeza de Moisés, las composicio nes poéticas líricas publicadas en La voz del pueblo entre 1909 y 1914, o el tema del romance de Landarico y su conexión con la balada europea. Por último, el artículo de Jon Juaristi da cuenta de algunos de los tópicos refe 17 18 Lengua y cultura sefardí rentes al judío en la cultura hispana y se aproxima con una novedosa lectura a la imagen que de este transmiten dos textos de la literatura es pañola: el fragmento de Rachel y Vidas del Poema de Mio Cid y la cantiga ¡Eya velar! incluida en uno de los relatos de Berceo. Como modo de organización, se ha optado por distinguir aquellos trabajos que presentan edición de textos de los que están constituidos únicamente por un estudio. 

A la primera sección se ha añadido, además, la edición del refranero publicado por Salomón Israel Cherezli y que fue realizada, bajo la supervisión de Ignacio Ceballos Viro, por los alumnos del «Curso de lectura de textos aljamiados hebraicos», celebrado de forma paralela a las Jornadas. El resultado es, pues, un volumen que pretende contribuir a los estu dios sefardíes –en plena salud, pese al olvido de buena parte de la crítica–, abarcando varios enfoques temáticos y diversidad de perspectivas. Con él se espera, como ya hemos adelantado, rendir un afectuoso, humilde y merecido homenaje a don Samuel Armistead, a cuya memoria se dedica.

sábado, 16 de mayo de 2026

semiótica y erotismo LUIS JAVIER HERNÁNDEZ CARMONA COMPILADOR

 



Erotismo, nuevos territorios, múltiples miradas 

El erotismo nace en la dialéctica entre percepciones y objetos, sean estos reales, imaginarios o representados. Si bien esas percepciones pueden ser olfativas, táctiles, gustativas y auditivas, son las percepciones visuales las de mayor potencialidad, pues es la mirada, con su enorme capacidad, al mismo tiempo discreta y total, la que captura con mayor eficacia comunicativa los rasgos que le dan a un objeto su toque erótico. Para acotar los territorios del erotismo es necesario, en primer lugar, ubicarlo en la geografía semiótica que él comparte con otros territorios. Los límites y fronteras entre unos territorios y otros nos permiten demarcar lo que caracteriza al erotismo, de modo que no nos perdamos en el frondoso bosque de las sensaciones y percepciones, en las subjetividades y objetividades, con todos los tránsitos y solapamientos que los imaginarios y sensibilidades sexo-eróticas nos ofrecen. Sin duda, entre los objetos eróticos y erotizables el cuerpo es aquel que nos proporciona mayor riqueza -estética, física, sensorial, pulsional- y el que ocupa, en procesos semióticos de ida y retorno, el centro de micro universos significativos que no cesan de multiplicarse. En un intento por acotar los límites y fronteras del erotismo, de sus múltiples sensaciones, expresiones y memorias, hemos propuesto (Finol, 2015) un modelo, en el cual se inscribe una progresión de sentidos que va de lo imaginario a lo propiamente carnal, y en el cual el erotismo aparece a medio camino entre uno y otro: Amor platónico coquetería EROTISMO pornografía sexo carnal Si bien es cierto que en el micro universo derivado del eros pueden agregarse otras manifestaciones pre-eróticas, como el amor místico, por ejemplo, en estos casos la búsqueda de lo carnal está excluida. En un marco más general, sería necesario situar el erotismo como una derivación de la sensualidad que, a su vez, se deriva de la noción de placer o goce. En las ricas y variadas dimensiones semióticas de la esfera corporal o Corposfera, como la hemos llamado, el cuerpo es el centro de una constelación sígnica que casi no conoce límites. En el presente libro tales límites y fronteras se amplían para ocupar nuevos territorios donde el erotismo, si bien se aleja semánticamente del cuerpo, no logra desprenderse de él, pues, de una manera u otra, las semiosis que configuran la eroticidad salen o regresan al cuerpo. Cuando el erotismo se aleja del cuerpo que lo origina debemos hablar de fronteras, mientras que cuando permanece cercano a él debemos hablar de límites. Los autores reunidos en este texto bajo la dirección del Dr. Luis Javier Hernández Carmona hacen contribuciones inéditas que nos ayudan a explorar nuevas posibilidades, limítrofes y fronterizas, de las semióticas del cuerpo y particularmente de sus erotizaciones. Tales contribuciones analíticas van desde lo literario hasta los dispositivos digitales de comunicación, desde el comic hasta el cine, pasando por la simbología masónica, el diálogo femenino y la canción popular. En el ámbito literario, tal como explica Omacel Espinoza en “Lo erótico y lo erotizante en dos obras del escritor venezolano Alfredo Armas Alfonzo”, cuerpo, erotismo y muerte andan en mutua compañía: “la rareza del amor y del erotismo parece estar determinada por la fatalidad y por la cercanía de la muerte, por la violencia del entorno…”. La relación entre erotismo y muerte, vista desde la perspectiva de Bataille y de la Ontosemiótica, la encontramos también en el trabajo “Erotismo y muerte, una reflexión desde la ontosemiótica”, de Arturo Bastidas, para quien “El erotismo al igual que la muerte marcan al sujeto en toda su existencia, así como la conciencia del pecado y la transgresión de las prohibiciones que de él provienen”. En efecto, enfrentada a la muerte, el erotismo es una manifestación activa de la vida misma, donde la fruición propia del goce, sensible o imaginario, privilegia la vida sobre su ausencia. La reflexión libre, conversacional, de tres mujeres, analizada por María Lugo en “El discurso pasional y los indicios de las significaciones culturales. Del relato de tres mujeres sobre el erotismo”, la lleva a concluir que “el erotismo es una experiencia a la que se llega a través del deseo” y que, en consecuencia, “El sujeto patémico absorbe de manera inconsciente los constructos sociales/históricos/culturales (…) particularmente en cuanto a lo que piensan y conceptualizan sobre el erotismo”. También Luis Javier Hernández, apoyándose en textos literarios, intenta modelar “una interrelación entre semiótica y erotismo como metodología para abordar las relaciones de significación y resignificación dentro de la diversidad discursiva de los sujetos, tiempos y espacios simbólicos”, un análisis que lo llevará a concluir que “el cuerpo como sujeto fronterizo crea una cotidianidad mediada por la triada espacial conformada por lo público, lo privado y lo íntimo, circunstancialidades enunciativas que generan sincréticos campos de significación-representación”. Pero si la literatura construye imaginarios textuales en torno al cuerpo, el sexo y el goce, también el cine nos muestra las estrategias discursivo-visuales propias de la seducción, tal como lo hace Gabriela Cortez en “La seducción como elemento argumentativo para el desarrollo de los personajes principales sobre los films de Harry Potter”, donde la autora concluye que “El ser seductores nos brinda la posibilidad de inventarnos y tomar las riendas de esa imaginación y hacerlas realidad, y al ser seducidos nos introducimos en ese camino del juego sensual y que hasta cierto punto nos deja en la sumisión del querer”. Así mismo, en el artículo “Creación de los sujetos de la infidelidad como investimiento del erotismo en el imaginario social”, de Írida García de Molero, se desbroza un difícil camino entre el erotismo y la infidelidad, cuyos sujetos derivarían sus prácticas eróticas de los imaginarios sociales que la legitiman: “Cuando el sujeto infiel masculino tiene conciencia de la legitimación, determinación de conductas, cohesión y sometimiento, que giran en torno a la práctica y vivencia del amor exclusivo en su relación con el sujeto femenino fiel, su esposa, lo hace mirando al imaginario efectivo instituido, pero lo interpreta desde su imaginario radical instituyente”. Que las relaciones eróticas no se limitan a los contactos entre cuerpos humanos lo demuestra María Inés Mendoza, cuando analiza las connotaciones, metáforas y sentidos que se articulan en los contemporáneos contactos entre dispositivos tecnológicos, sus imaginarios y usuarios. A partir de los conceptos de “objeto de deseo”, seducción y erotización, aplicados a corpus publicitarios, la autora concluye que “el teléfono inteligente actúa como Sujeto operador, al contribuir a que el receptor se identifique y hasta «mitifique» todos los valores representados en la escena/secuencia publicitada, que siempre estará signada por una fuerte carga erótica”. Nuevas modalidades de expresividad erótica encuentra también Édixon Ochoa, cuando analiza un conjunto de símbolos masónicos en su trabajo “Semiótica y erotismo en la simbología masónica”, donde llega a la siguiente conclusión: “Hallamos, pues, en la filosofía masónica un sujeto enunciante (el iniciado), un objeto enunciado (el símbolo) y unos escenarios enunciativos (las recreaciones efectuadas a partir del símbolo). El iniciado como sujeto enunciante es, de por sí, un sujeto erótico, al efectuar en sí la búsqueda de su perfectibilidad, sus discontinuidades y sus posibilidades corpóreas en sus niveles de carnalidad, sublimidad y simbolismo”. Pero también la estructura simbólica del sistema masónico articula esos extremos entre la vida, figurativizada en el erotismo, y la muerte: No puede omitirse la presencia del concepto de muerte y símbolo en el erotismo masónico. Hay una recurrencia del concepto de muerte, de la necesidad y urgencia de la muerte simbólica como único recurso para la obtención de una vida sublimada e infinita, libre de las voluptuosidades y carnalidades superfluas del mundo profano y no sujeta a las limitaciones del cuerpo. El trinomio erotismo – sangre – muerte está siempre presente en la filosofía y simbología masónicas. Finalmente, en la famosa tira cómica WonderWoman, los elementos constantes son “la sensualidad, el erotismo de los cuerpos, principalmente presente a través de la gratificación sexual proveniente de los juegos sexuales, el bondage y la sumisión voluntaria o por la fuerza; en el cómic se juega constantemente con la idea de someterse completamente a la voluntad de otro y repetidamente se afirma que es una de las vías al nirvana”, según señala Liber Cuñarro en su artículo “Género, Sexualidad y Erotismo en WonderWoman”. Es justamente la diversidad de corpus analizados y de los distintos modelos utilizados lo que le da a este libro su enorme riqueza heurística e interpretativa. El lector encontrará no solo propuestas y resultados sino también la apertura de caminos para nuevas investigaciones sobre un tema que siempre ha concitado el interés de los investigadores. El erotismo es una fuerza que, si bien parte de nuestra corporeidad biológica, se realiza plenamente en los territorios de la subjetividad, en los imaginarios, sociales o individuales, que se siembran en la búsqueda de lo posible. Si como se ha dicho, desde el cuerpo semiotizamos el mundo, es decir, lo dotamos de sentido, al erotizarlo lo dotamos de una dimensión humana que en ella se reproduce y crece, marca nuestras prácticas sociales y está presente, bajo diversas formas, en nuestras relaciones con los otros y con el mundo con el cual, sin cesar, interactuamos. Quito, 15 de noviembre de 2016. José Enrique Finol Vicepresidente de la Asociación Internacional de Semiótica

viernes, 15 de mayo de 2026

JACQUES FINNÉ EROTISMO Y BRUJERÍA

 


Introducción 

Este es un libro que pretende ser descriptivo. Mi investigación se ha centrado sobre algunas socie dades secretas con tendencia sobrenatural. Serge Hutin ha dado una excelente definición de las sociedades secre tas, que yo transcribo literalmente: «Podemos decir: que se ¡lama Sociedad Secreta a toda Asociación o Agrupa ción organizada que posea secretos reservados a sus afi liados*. Las dificultades empiezan con la utilización del tér mino nsobrenatural¡». No es mí intención Lomar partido en un debate lingüístico literario que intenta, aunque en vano y después de mucho tiempo, dar una definición completa, objetiva y satisfactoria de lo fantástico y lo sobrenatural. Yo entiendo por sobrenatural los hechos, fuerzas y fenómenos que no pertenecen al orden natural de los acontecimientos. Literalmente, la Religión es un fenómeno sobrenatural. Las religiones reveladas, oficiales, no tienen nada de sociedad secreta, si tomamos la definición de Serge Hutin. Pero no sucede lo mismo con las pararreligiones. Podría mos decir que son sociedades secretas sobrenaturales, las paral-religiones, las agrupaciones místicas y misteriosas que crecen a la sombra de los templos de las iglesias, de las sinagogas o de las mezquitas, y que se refieren a un poder supremo. Con esta definición reducimos el ocultis mo a una pararreiigión. Cualquier secta esotérica está compuesta por sus maestros, sus sacerdotes, sus digna tarios y sus fieles. Vienen caracterizadas por ritos miste riosos y ceremoniales imprecisos, que a los no iniciados pueden parecerles locuras. En ellas pululan una élite escogida de pervertidos irrecuperables. La brujería, la astnología, las sectas luciferinas y el vudú dependen de un poder presentado como superior y ai que hay que rendir homenaje, con el que hay que pactar con la espe ranza de sacar algo positivo, Pero toda sociedad secreta esotérica no es una pararre- ligión. Quiero decir que lo sobrenatural no entra forzosa mente en el ceremonial de todos los grupos que intentan alejarse de la masa. Existen sectas secretas, que eligen cuidadosamente a sus miembros, manteniéndose a nivel de lo raciona! o del empirismo. Básicamente, la francma sonería es una asociación cuyo único ideal es la ayuda mutua. El Ku Klux Klan intenta afirmar los derechos de una raza sobre otra. Los Thugs y la Mafia pertenecen asimismo al tipo de sociedades asesinas. La secta de los neomedievales, de la que habla Guy Bretón en Las noches secretas de París, se contenta con evocar, vestidos con trajes de la época, que han vuelto a encontrar la pureza de la Edad Media. Los flagelantes de París, según algunos artículos sensacionalistas, se reúnen en compañía de da mas poco virtuosas, siempre las mismas, para conocer extrañas sensaciones que no tienen nada de místico, de los que debemos concluir que en esos pequeños grupos no hay intervenciones sobrenaturales. La cosa cambia cuando Jos miembros de una sociedad secreta se reúnen y hacen el amor en comunidad, con la intención, por la energía desprendida en el curso del acto, de molestar o ayudar a alguien. Son este tipo de sectas, de pararrelígiones si se prefiere, las que designare’ mos con el término general de sociedades secretas con tendencia sobrenatural. Me limito, pues, a comprobar la presencia en un grupo secreto de fenómenos irraciona les, sin intentar precisarlos ni clasificarlos. Una sociedad secreta con tendencia sobrenatural es por tanto una so ciedad secreta que corresponde a ía definición dada por Serge Hutin y que estima que su ceremonial está im puesto o dictado por una Fuerza superior, fantástica, Dios, diablo, Yog-Soggoth o fluido astral. En realidad, el nombre importa poco, lo que importa es la manifestación. * * * Mi intención es demostrar que las sociedades secre tas con tendencia sobrenatural comportan una parte cier ta de erotismo en sus manifestaciones. Las excepciones son rarísimas. El porqué de todo ello no entra en el cuadro de este trabajo, al cual le he lijado unos límites. Límite numérico por un lado, toda vez que sería im posible incluir todas las sectas que Occidente ha conocido desde la Edad Media. Solamente para el siglo XX, no sería suficiente un estudio triple que éste. Pierre Geiraud ha escrito cerca de seiscientas páginas, limitándose sólo a la región parisiense contemporánea. De todas maneras, no se trata aquí de agotar todos los aspectos. Lo que queremos, simplemente, es subrayar la permanencia de determinadas relaciones a través de los siglos. Tenemos, por otro lado, la limitación geográfica. Las sociedades secretas orientales y extremo-orientales requie ren un trabajo de investigación profundo y especializado. Como asimismo las sectas pararreligiosas que nacen en toda América tienen una importancia tal que es mejor abstenerse hablar de una manera elemental. Me he limi tado, pues, a Europa, y en la mayor parte de la obra, a las regiones que nos son más familiares. Este trabajo se ini ciará, pues, en los alrededores del año ochocientos, ya que es en la época de Carlomagno cuando empieza a nacer la idea de una Europa unida. Excepcionalmente me he permitido incluir, en la parte reservada a los procesos de brujería, el caso de las brujas de Salem. Esta cuestión presenta características que se gún creo no han conocido los procesos europeos. En el estudio de las relaciones entre lo sobrenatural y el erotismo, me he limitado a las manifestaciones ele mentales de este último. Deliberadamente he olvidado el simbolismo sexual, ya que desconfía de los símbolos. Con un poco de imaginación es siempre posible traducir no importa el qué de no importa qué manera. Esta faci lidad permitiría mostrar que todas las sociedades secre tas, sobrenaturales o no, pertenecen al tipo de sociedades orgiásticas, y esto es algo que debemos evitar. En la segunda parte dejamos ya la noción de grupo para estudiar someramente la unión entre erotismo y so brenatural en ciertos casos individuales, que no desem bocan necesariamente en una consecuencia colectiva. Es tradicional aprovechar una introducción para agra~ decer a los o las que lian ayudado a la preparación de una obra. Yo iíO voy a rumper con la costumbre, MÍ primer agradecimiento para Yanty Duribreux, que ha puesto a mi disposición su impresionante biblioteca de demonología, sin la cual sin duda yo hubiese perdido mucho tiempo en vanas investigaciones. Mis gracias tam bién para Serge Hutin, que me ha dado las referencias que me faltaban sobre el Hell-Firc^Club. Finalmente, mi reconocimiento a M. DegreeF, el cual, por la acogida que reserva a todos sus clientes, merece bien su título de librero, en el sentido etimológico del término. Y muchas gradas, en fin, a todos los que me han ayudado en las tareas muchas veces ingratas de la corrección. Firmado: J. F.

jueves, 14 de mayo de 2026

LOS CHAMANES DE MÉXICO VOLUMEN V EL CEREBRO Y LOS CHAMANES Jacobo Grinberg-Zylberbaum Facultad de Psicología U.N.A.M



 AGRADECIMIENTOS 

Los experimentos que se presentan en este trabajo y las ideas que los motivaron, han sido el producto de colaboración con diferentes instituciones y personas. En particular, quisiera agradecer a la Facultad de Medicina de la UNAM, a la Facultad de Psicología de la misma institución, a la Universidad Anáhuac, a los Centros de Integración Juvenil, a la Secretaría de Educación Pública, al New York Medical College, al Instituto Nacional Para el Estudio de la Conciencia y al CONACYT. Debo gratitud al Dr. Hector Brust Carmona, al Dr. Roberto Prado Alcalá, al Dr. Juan José Sánchez Sosa, al Dr. Edwin Roy John y al Dr. Karl Pribram. Especialmente quiero agradecer a mi maestro el Dr. Alberto Guevara Rojas quien me ha enseñado a ser un mejor humano. 

INTRODUCCIÓN 

Este libro presenta un primer intento formal de integración de los resultados obtenidos durante la investigación acerca de los chamanes de México. En este primer intento se plantea la idea de que el cerebro humano es capaz de funcionar en diferentes niveles de unificación consigo mismo y con el medio que lo rodea. A medida que se incrementan los niveles de unificación, aparecen funciones de complejidad creciente. La aparición de estas funciones requiere de un desarrollo y un entrenamiento que solamente se consigue manteniendo un estado de congruencia e impecabilidad. Se propone la idea de que son los chamanes de México los que han logrado despertar la activación de funciones complejas debido a su integridad y congruencia con una serie de enseñanzas de las cuales son los principales herederos y depositarios. El libro está dividido en dos grandes secciones. La primera abarca hasta el capítulo V inclusive y, presenta una serie de experimentos realizados en condiciones estrictas de laboratorio demostrando que a medida que se correlacionan mayor número de elementos neuronales, se activan funciones complejas las que, para seguir manifestándose, requieren del sostén sintérgico de la actividad de grandes poblaciones neuronales. Además de otro, se hace un estudio de la función yoica y de la comunicación humana como ejemplos de funciones complejas dependientes de procesos de unificación de la actividad cerebral. Se menciona la existencia de la comunicación directa como principal ejemplo de función compleja, la que además caracteriza el funcionamiento de los chamanes auténticos. La segunda parte del libro, después de proponer a la Teoría Sintérgica como un cuerpo conceptual, se interna en el mundo chamánico presentando manifestaciones de lo tratado en la primera parte, en la conducta y cosmovisión de los hombres de conocimiento. El lector que no esté interesado en los detalles de los experimentos que se incluyen en los primeros capítulos puede obviar su lectura sin que esto represente un obstáculo para entender el resto del libro. Para el lector interesado, la lectura de los pormenores experimentales enriquecerá su entendimiento de las postulaciones teóricas incluidas a lo largo del texto. Jacobo Grinberg-Zylberbaum

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Manzano y él quedaban muy por debajo...Fragmento. Novela. En proceso. Opereta del ciego o los 9 círculos de Eros.

  " Manzano y él quedaban muy por debajo del rating de acercamiento con el Fauno Negro. ¿La razón? Solo podía especular. El Absoluto de...

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