Introducción
«Y si alguien redujese a Platón a un sistema,
prestaría un gran servicio a la humanidad»
Leibniz, Carta a Rémond, 1715.
Con el nacimiento de la racionalidad científica y religiosa en
Grecia, el discurso lógico y el relato mítico, confundidos duran
te mucho tiempo, comienzan a oponerse. Hay que elegir entre
logos y mythos. La hostilidad de la naciente filosofía es esencial:
buscar el fundamento o la razón de ser de aquello que es exclu
ye la narración o la ficción. Pero aquí comienza el dilema: por
un lado, la razón condena al mito y debe exorcizarlo; por el
otro, la verdad no se deja encerrar tan fácilmente en el único
lenguaje de la razón conceptual...
Platón no se libró de esta ambigüedad: su primera preocu
pación era dotar a la búsqueda de la verdad de un rigor en las
demostraciones y en el lenguaje desconocidos en pensado
res anteriores; no dejó de manifestar su desconfianza hacia los
poetas, ilusionistas y mentirosos, y no dudó en incluir a la fic
ción poética en el ámbito de la opinión incierta y sospechosa.
No obstante, su obra se alimenta de relatos míticos: los recu
pera de la tradición, los rehace según las exigencias de su fan
tasía, o las necesidades de la discusión, e incluso inventa algu
nos nuevos; de las obras de juventud a las de madurez,
existen pocos diálogos que no contengan uno o varios mitos,
de importancia, contenido y función muy diferentes; desde el
interior del mythos antiguo puede decirse que crea un nuevo
género, ya que el mito platónico, aunque se inspire a menudo
en ellos, no se confunde ni con los relatos de la mitología
griega ni con las historias legendarias tal como nos han sido
legadas por Homero, Hesíodo, los autores trágicos o los poe
tas órficos.1
¿Qué es pues el mito platónico? ¿Cómo se le reconoce? ¿Cuál
es su función en la síntesis del diálogo? A falta de una definición
unívoca previa, retendremos cinco características:
1.
El mito se presenta bajo la forma de un relato ficticio:
imagina una situación y narra una historia, que, como toda his
toria, comprende una acción y unos personajes: sean Eros,
Prometeo o Teuth, sea un cautivo o el demiurgo, sea el alma via
jando por el Hades o alimentándose de verdades. La forma na
rrativa del mito, fantasiosa, burlesca o dramática, lo aproxima a
la fábula, la parábola o la alegoría, pero lo distingue de la sim
ple imagen, de la metáfora, del paradigma o de la analogía que
salpican la obra de Platón.2
2.
El mito rompe con la demostración dialéctica, interrumpe
el discurso conceptual y se propone, más o menos explícitamente,
como otro tipo de discurso: ya no abstracto sino lleno de imáge
nes, ya no deductivo sino narrativo, ya no argumentativo sino su
gestivo. Recurre a la imaginación antes que al razonamiento, y a
veces a la sensibilidad estética o al sentimiento religioso. Pero al
mismo tiempo que interrumpe el discurso argumentativo, lo reem
plaza. Y precisamente cuando el razonamiento no basta o ya no
conviene: sea porque el sujeto, a menudo el interlocutor de
Sócrates, tiene problemas de comprensión, o sea sobre todo por
que el objeto no se deja conceptualizar fácilmente. Entonces el dis
1 El mismo Platón esboza en La república un análisis crítico de los mitos:
tras haber condenado el contenido de las fábulas narradas por Hesíodo y Home
ro, aconseja al legislador que censure a los poetas cuyas invenciones ofenden la
moral y la dignidad divinas. Aunque a menudo se ha inspirado en el patrimonio
mitológico de Grecia, lo ha transfigurado, purificado e investido ampliamente al
sevicio de sus ideas filosóficas o espirituales. Nunca, tanto antes como después
de Platón, la mitología y la filosofía se han conjuntado de una forma tan natural
y complementaria.
2 Citemos a modo de ejemplo a) de imágenes: los toneles agujereados del
Gorgias, el torpedo del Menón o el monstruo policéfalo de La república-, b) de
metáforas: «la ignorancia es la fealdad del alma»; c) de paradigmas: el sol, imagen
del Bien, o el tejido, imagen del arte de la política; d) de la analogía: la línea
segmentada del libro VI de La república.
curso mítico se revela com o el único que puede hablar de ciertas
cosas: el mundo sensible en perpetuo devenir en el que nuestra
inteligencia tiene tan pocos asideros, las grandes cuestiones esen
ciales de la metafísica (el alma antes y después de su estancia en el
cuerpo, la divinidad o el Bien...), en resumen, aquello que se en
cuentra a la vez aquí y más allá del discurso posible de la filo
sofía.3
3.
El mito no es, en tanto que tal, un método para buscar la
verdad sino un medio para exponer lo verosímil. Si excluimos
casos extremos de relatos alegóricos, con finalidad esencial
mente lúdica o pedagógica, simples «auxiliares» al servicio de la
reflexión o la comprensión, el mito, interviniendo allí dónde
la dialéctica se revela inoperante, no puede aspirar a la verdad;
propone, como bien ha mostrado Víctor Bronchard, una hipóte
sis plausible pero no verificable, sugiere algo probable.4 Algo
probable que, por el hecho de serlo, no debe ser subestimado:
si es, teniendo en cuenta los límites de nuestra razón, lo mejor
que podemos decir, también puede ser el objeto de una fuerte
adhesión interna y de una intensa certeza íntima. «Grande es la
esperanza» que aportan por ejemplo los mitos escatológicos, si
«se les da crédito».
4.
Si bien el mito no aspira a la verdad absoluta, aspira en
cambio al sentido. No debe ser leído o escuchado por sí mismo:
tiene un sentido oculto, es portador de un mensaje, exige por
tanto ser superado, traducido, interpretado y descifrado; y si el
autor nos da a veces las claves de un modo posible de descifrar
lo (como en el caso de la alegoría, cuyo sentido es explicado
imagen por imagen), el mito suele quedar libremente abierto a
múltiples niveles de significación que un sólo comentario no
sabría agotar.
5.
El mito contiene implícitamente una doble intención peda
gógica: en primer lugar, claro está, porque ilumina al interlocutor
en dificultades y descansa al espíritu fatigado, o se convierte en
3 Cf. el artículo de J.-P. Vernant, «Raisons du mythe», en Mythe et Société en
Gréce ancienne, París, Maspero, 1974.
4 «El mito es la expresión de la probabilidad», cf. V. Bronchard: -Les mythes
dans la philosophie de Platón», Études de philosophie ancienne et modeme,
1912.
el sostén de una discusión que se enreda y se estanca. En este
sentido, es tan útil para la reflexión como para la comprensión,
aunque sólo sea un intermediario (metaxu) o una propedéutica.
Pero — altamente educativo— aspira también a «hacer mejor»,
más «valiente» en el Menón, más sereno ante la muerte en los
mitos escatológicos... El mito no tiene sólo una «moraleja», como
las fábulas de Esopo o de La Fontaine, es un acicate moral, a
veces incluso un fermento espiritual. Es en este aspecto «supe
rior» (Fedro, 245 c) a las fábulas homéricas, que desnaturalizan
lo divino, más «útil» que el discurso sofista (Menón, 86 b), que
induce a la pereza y al abandono intelectuales, eventualmente
más «eficaz» incluso que la demostración dialéctica, ya que
dinamiza la investigación, alimenta la fe y enriquece la espe
ranza.
Por lo demás, el género es indefinible. Los criterios son incier
tos, las fronteras son borrosas entre las diversas formas de discurso
ideadas. A lo más se distinguen los unos de los otros. ¿Sus oríge
nes? Algunos son conjuntos de pasajes legendarios, más o menos
adaptados (El político), otros son completas invenciones (Teuth).
¿Su extensión? Algunos son sólo de unas pocas líneas (naci
miento de Eros), otros ocupan un libro entero (libro VIII de La
república), e incluso la casi totalidad de un diálogo (Timeo). ¿Su
papel? Más adelante veremos la multiplicidad de funciones del
mito.
Platón no nos ayuda mucho. En una obra reciente,5 Luc
Brisson enumera casi un centenar de pasajes de Platón que ha
cen alusión al mito; resulta una extraña disparidad. El cuadro 1
aquí adjunto cita los pocos textos célebres en los que Platón
habla de sus propios mitos. No esperemos una definición uní
voca: de la simple invención más o menos sospechosa a la ex
presión de un creencia a la cual es legítimo adherirse con todo
su ser, el mito es objeto de apreciaciones variadas, de las más
negativas a las más valorizantes. Y Sócrates puede calificar su
5 Brisson, Luc: Platón, les mots et les mythes, París, Maspero, 1982. Luc
Brisson retiene tres características esenciales del mito: no verificable, no argu-
mentable, eficaz.
TABLA 1
¿Cómo habla Platón de sus propios mitos?
Como...
— fabulación próxima
a la mentira
— diversión (juego,
fábula para niños,
cuento de vieja)
— entretenimiento
— subterfugio
pedagógico
— palabra sagrada
surgida del origen
de los tiempos
— creencia
moralmente eficaz
— idea aproximada
pero satisfactoria
— hipótesis
representativa
ficticia pero
verosímil
— expresión de una
convicción interior
(religiosa...)
Textos de Referencia
La república, II, 377 a: contar un mito,
«¿... qué éstos son en general falsos,
aunque también haya en ellos algo de
verdad?»
La república, II, 377 d: «esos mitos falsos»
+ El sofista, 242 cd, Filebo, 14 a, Fedro,
613...
El político, 268 e: «Incorporemos en nues
tra conversación algo que es casi un
juego».
Gorgias, 527 a: «cuento de vieja» (muthos
graos).
Protágoras, 320: «Me parece, dijo, que es
más agradable contaros un mito».
La república, VII, 514 c: «imagínate (...),
represéntate».
Fedro, 21A d: «pero lo que hay de verdad
en ella sólo ellos lo saben» + Timeo,
Critias...
Menón, 86 b-c: la reminiscencia permite
«ser mejores, más esforzados y menos
inoperantes».
Fedro, 246 a: «decir a lo que se parece im
plica una exposición al alcance de cual
quier hombre y de menor extensión».
Timeo, 29 d: «una narración verosímil».
Todos los mitos escatológicos: Fedón-
Gorgias-La república
Gorgias, 524 c: «lo he oído decir, y tengo
confianza en que es verdad».
La república, X, 612 b: «el mito puede
salvamos, si creeemos en él».
TABLA 2
Tipos retenidos
Ejemplos
— los mitos alegóricos Prometeo,
nacimiento de Eros,
el tronco alado...
— los mitos-conjetura el demiurgo +
todo el Timeo
— los mitos-expresión
de una convicción
todos los mitos
escatológicos...
Funciones
divertir, relajar, facilitar
la comprensión, sugerir
eficazmente...
sustituir la dialéctica
en temas que se
conceptualizan mal (el
mundo en devenir) y
ofrecer una hipótesis
verosímil, plausible.
sustituir a la dialéctica
en temas más allá de
lo concebible (el amor,
la muerte) y presentar
se como creeencias
saludables que mere
cen que «se les dé
crédito»
relato mítico de «cuento de vieja» (muthos graos) y pedir al mis
mo tiempo que se le otorgue la más alta consideración (Gorgias,
527 a).
En este amplio abanico de calificaciones, dos concepciones
del mito parecen ser dominantes: o bien es una explicación di
ferente (por la imagen o el símbolo) de lo ya conocido, más
entretenida, reposada, sugestiva o pedagógica. O bien es una
hipótesis lanzada sobre lo desconocido, hipótesis verosímil y
«suficiente» para iluminarnos en cuestión oscura, una apuesta
que vale la pena mantener, un riesgo que en palabras de Fedón,
es bello correr... Aquí nos hallamos en todo caso en el corazón
de lo indefinible: el mito evoca y sugiere; propone a nuestra
imaginación en vez de hablar a nuestra inteligencia; no afirma la
verdad, ofrece un sentido.
Bajo el pretexto de la ficción, ¿debemos ver en el mito sólo
la obra de la imaginación y rechazarlo como una broma poética,
indigna de la filosofía de las Ideas? Sabemos que ésa fue la opi
nión de Couturat, un matemático que, sin embargo, escribió una
de las pocas obras existentes sobre los mitos de Platón, De pla-
tonicis mythis, en 1896, excluyendo en bloque de la obra filosó
fica «los cuentos, fábulas y supersticiones populares destinadas
a acunar al niño que duerme en cada uno de nosotros». Tam
bién sabemos que el filósofo racionalista León Brunschvicg ve
en la utilización del mito «el ofensivo retorno» de un pensamien
to primitivo prelógico. Hemos podido constatar hasta qué punto
la mayoría de los comentadores de Platón conceden poca im
portancia al mito, que consideran en el mejor de los casos como
una ancilla philosophiae. Para nosotros es más bien ese
deuteros plous, ese cambio de rumbo al que Platón nos invita en
el Fedón-. allí donde la dialéctica tropieza con algún misterio
impenetrable, el filósofo «prefiere a la negación o el escepticis
mo, la opción audaz por una creencia, ciertamente indemostra
ble, pero justificada no obstante por su eficacia moral y su fe
cundidad pragmática».6
Teniendo en cuenta los «amplios» criterios que hemos estable
cido, han podido ser retenidos 13 mitos considerados particular
mente representativos, a los que se han añadido tres pequeños
mitos anexos. Queda entonces el problema de su clasificación.
Existen dos modos posibles de agruparlos:
— por su forma y su función
Ésta fue la elección de P. Frutigier, que distinguió entre los
mitos alegóricos (Prometeo, Teuth...), genéticos (nacimiento de
Eros, la Atlántida) y paracientíficos (la génesis del mundo, la
morada del alma después de la muerte...). Si eligiésemos esta
clasificación, preferiríamos entonces la triple distinción entre
mitos alegóricos, mitos-conjetura y mitos-expresión de una con
vicción, según el siguiente cuadro sinóptico (tabla 2).
6 P. Frutigier: Les mythes de Platón, París, Alean, 1930, p. 224.
— por su contenido
Los relatos míticos se intentan, repartir aquí alrededor de
grandes ejes temáticos. De estos, hemos seleccionado cuatro: la
condición humana, la liberación espiritual, el destino de las al
mas y el devenir del mundo; según el esquema expuesto a con
tinuación (tabla 3). Esta segunda clasificación es la que hemos
elegido.
La lista de mitos no es exhaustiva, excluye los textos dema
siado largos: no podríamos transcribir aquí todo el libro VIII de
La república, las 30 páginas del Critias, aunque se trate de un
diálogo corto por estar inacabado, o, a fortiori, la casi totalidad
del Timeo, los citamos a menudo pero no los hemos estudiado
como tales. En cambio, nos ha parecido interesante referir en un
anexo, muy brevemente, algunos relatos míticos (Teuth o Gi-
ges), difíciles de integrar en nuestro cuadro temático, pero que
habría sido injusto ahorrarse.
Una doble preocupación subyace en este trabajo:
— ofrecer al lector el texto de Platón y a la vez un breve
comentario que, por una parte, sitúe al relato en la lógica del
diálogo, subrayando el desarrollo del debate y la función en el
pasaje del mito, y, por otra, plantee posibles interpretaciones y
proponga algunas pistas para la reflexión.
— iluminar mediante el mito el conjunto de la obra de Pla
tón, utilizar el mito como una aproximación a la filosofía plató
nica. Así, hemos prestado poca atención a una erudición sin
embargo necesaria para comprender los orígenes legendarios,
históricos o religiosos de tal o cual relato mítico: ¿qué es la At
lántida? ¿de dónde viene el «andrógino» de Aristófanes? ¿de qué
se alimentan los mitos escatológicos? Y en cambio, nos hemos
dedicado a cotejar textos célebres — el tronco alado de la remi
niscencia, el mito del político en el libro VIII de La república—
y a replantear a través de ellos las grandes cuestiones, que tam
bién son las de Platón... y quizás las de la Philosophiaperennis.
«Ahora bien, el sostener con empeño que esto es tal como
yo lo he expuesto no es lo que más conviene a un hombre sen
sato. Sin embargo, que tal es o algo semejante lo que ocurre con
nuestras almas y sus moradas, eso si estimo que conviene creer
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