Introducción
Este es un libro que pretende ser descriptivo. Mi investigación se ha centrado sobre algunas socie dades secretas con tendencia sobrenatural. Serge Hutin ha dado una excelente definición de las sociedades secre tas, que yo transcribo literalmente: «Podemos decir: que se ¡lama Sociedad Secreta a toda Asociación o Agrupa ción organizada que posea secretos reservados a sus afi liados*. Las dificultades empiezan con la utilización del tér mino nsobrenatural¡». No es mí intención Lomar partido en un debate lingüístico literario que intenta, aunque en vano y después de mucho tiempo, dar una definición completa, objetiva y satisfactoria de lo fantástico y lo sobrenatural. Yo entiendo por sobrenatural los hechos, fuerzas y fenómenos que no pertenecen al orden natural de los acontecimientos. Literalmente, la Religión es un fenómeno sobrenatural. Las religiones reveladas, oficiales, no tienen nada de sociedad secreta, si tomamos la definición de Serge Hutin. Pero no sucede lo mismo con las pararreligiones. Podría mos decir que son sociedades secretas sobrenaturales, las paral-religiones, las agrupaciones místicas y misteriosas que crecen a la sombra de los templos de las iglesias, de las sinagogas o de las mezquitas, y que se refieren a un poder supremo. Con esta definición reducimos el ocultis mo a una pararreiigión. Cualquier secta esotérica está compuesta por sus maestros, sus sacerdotes, sus digna tarios y sus fieles. Vienen caracterizadas por ritos miste riosos y ceremoniales imprecisos, que a los no iniciados pueden parecerles locuras. En ellas pululan una élite escogida de pervertidos irrecuperables. La brujería, la astnología, las sectas luciferinas y el vudú dependen de un poder presentado como superior y ai que hay que rendir homenaje, con el que hay que pactar con la espe ranza de sacar algo positivo, Pero toda sociedad secreta esotérica no es una pararre- ligión. Quiero decir que lo sobrenatural no entra forzosa mente en el ceremonial de todos los grupos que intentan alejarse de la masa. Existen sectas secretas, que eligen cuidadosamente a sus miembros, manteniéndose a nivel de lo raciona! o del empirismo. Básicamente, la francma sonería es una asociación cuyo único ideal es la ayuda mutua. El Ku Klux Klan intenta afirmar los derechos de una raza sobre otra. Los Thugs y la Mafia pertenecen asimismo al tipo de sociedades asesinas. La secta de los neomedievales, de la que habla Guy Bretón en Las noches secretas de París, se contenta con evocar, vestidos con trajes de la época, que han vuelto a encontrar la pureza de la Edad Media. Los flagelantes de París, según algunos artículos sensacionalistas, se reúnen en compañía de da mas poco virtuosas, siempre las mismas, para conocer extrañas sensaciones que no tienen nada de místico, de los que debemos concluir que en esos pequeños grupos no hay intervenciones sobrenaturales. La cosa cambia cuando Jos miembros de una sociedad secreta se reúnen y hacen el amor en comunidad, con la intención, por la energía desprendida en el curso del acto, de molestar o ayudar a alguien. Son este tipo de sectas, de pararrelígiones si se prefiere, las que designare’ mos con el término general de sociedades secretas con tendencia sobrenatural. Me limito, pues, a comprobar la presencia en un grupo secreto de fenómenos irraciona les, sin intentar precisarlos ni clasificarlos. Una sociedad secreta con tendencia sobrenatural es por tanto una so ciedad secreta que corresponde a ía definición dada por Serge Hutin y que estima que su ceremonial está im puesto o dictado por una Fuerza superior, fantástica, Dios, diablo, Yog-Soggoth o fluido astral. En realidad, el nombre importa poco, lo que importa es la manifestación. * * * Mi intención es demostrar que las sociedades secre tas con tendencia sobrenatural comportan una parte cier ta de erotismo en sus manifestaciones. Las excepciones son rarísimas. El porqué de todo ello no entra en el cuadro de este trabajo, al cual le he lijado unos límites. Límite numérico por un lado, toda vez que sería im posible incluir todas las sectas que Occidente ha conocido desde la Edad Media. Solamente para el siglo XX, no sería suficiente un estudio triple que éste. Pierre Geiraud ha escrito cerca de seiscientas páginas, limitándose sólo a la región parisiense contemporánea. De todas maneras, no se trata aquí de agotar todos los aspectos. Lo que queremos, simplemente, es subrayar la permanencia de determinadas relaciones a través de los siglos. Tenemos, por otro lado, la limitación geográfica. Las sociedades secretas orientales y extremo-orientales requie ren un trabajo de investigación profundo y especializado. Como asimismo las sectas pararreligiosas que nacen en toda América tienen una importancia tal que es mejor abstenerse hablar de una manera elemental. Me he limi tado, pues, a Europa, y en la mayor parte de la obra, a las regiones que nos son más familiares. Este trabajo se ini ciará, pues, en los alrededores del año ochocientos, ya que es en la época de Carlomagno cuando empieza a nacer la idea de una Europa unida. Excepcionalmente me he permitido incluir, en la parte reservada a los procesos de brujería, el caso de las brujas de Salem. Esta cuestión presenta características que se gún creo no han conocido los procesos europeos. En el estudio de las relaciones entre lo sobrenatural y el erotismo, me he limitado a las manifestaciones ele mentales de este último. Deliberadamente he olvidado el simbolismo sexual, ya que desconfía de los símbolos. Con un poco de imaginación es siempre posible traducir no importa el qué de no importa qué manera. Esta faci lidad permitiría mostrar que todas las sociedades secre tas, sobrenaturales o no, pertenecen al tipo de sociedades orgiásticas, y esto es algo que debemos evitar. En la segunda parte dejamos ya la noción de grupo para estudiar someramente la unión entre erotismo y so brenatural en ciertos casos individuales, que no desem bocan necesariamente en una consecuencia colectiva. Es tradicional aprovechar una introducción para agra~ decer a los o las que lian ayudado a la preparación de una obra. Yo iíO voy a rumper con la costumbre, MÍ primer agradecimiento para Yanty Duribreux, que ha puesto a mi disposición su impresionante biblioteca de demonología, sin la cual sin duda yo hubiese perdido mucho tiempo en vanas investigaciones. Mis gracias tam bién para Serge Hutin, que me ha dado las referencias que me faltaban sobre el Hell-Firc^Club. Finalmente, mi reconocimiento a M. DegreeF, el cual, por la acogida que reserva a todos sus clientes, merece bien su título de librero, en el sentido etimológico del término. Y muchas gradas, en fin, a todos los que me han ayudado en las tareas muchas veces ingratas de la corrección. Firmado: J. F.

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