CUENTOS QUE MI MADRE NUNCA ME CONTÓ
«Te aseguro que el título de este libro es una descripción totalmente exacta del contenido. No creo que mi madre me hubiera contado las historias que he recopilado aquí´, ni aunque hubieran estado a su alcance. Te espera todo un abanico de emociones, exceptuando, claro esta´, aquellos sentimientos más´s tiernos y amables, con los que yo no tengo nada que ver…» Alfred Hitchcock
CON RELATOS DE RAY BRADBURY, SHIRLEY JACKSON, ROALD DAHL, MARGARET ST. CLAIR Y MUCHOS MÁS.
ALFRED HITCHCOCK nació en Reino Unido en 1899 y murió en Estados Unidos en 1980. Padre indiscutible del thriller psicológico y del cine de suspense con mayúsculas, pasó del cine mudo británico al Hollywood glorioso de los años 40. A partir de entonces y hasta bien entrada la década de los 70 su carrera sería meteórica.
A él se deben técnicas tan fundamentales como el plano que imita la mirada humana, el encuadre holandés para aumentar la tensión, los primerísimos primeros planos para las escenas más impactantes y el celebérrimo MacGuffing o detalle aparentemente baladí que articula la narración. Toda una escuela de cine moderno nació de sus ¡cónicos largometrajes, hoy erigidos clásicos indiscutibles del cine: Psicosis, Los pájaros, Vértigo, La ventana indiscreta, El hombre que sabía demasiado, Atrapa a un ladrón, Con la muerte en los talones, Rebecca y un larguísimo etcétera son aún estudiadas en escuelas de cine de todo el mundo, y homenajeadas sin cesar en precuelas, secuelas y remakes. Es probablemente el cineasta más prolífico del cine negro, y no parece que vaya a ser destronado próximamente. También protagonizó cameos en treinta y siete de sus cincuenta y tres películas, convirtiéndose así en el director de cine que más veces posó frente a las cámaras.
No es de extrañar que su pasión por el suspense, tan fundamental en su carrera artística, naciese de la literatura del género. Hitchcock era un ávido lector y jamás abandonó la lectura de los grandes maestros de la novela negra. Por ello, comenzó pronto a recopilar sus propios compendios de relatos cortos, de entre los cuales Cuentos que mi madre nunca me contó es el más memorable, el más brillante, el más misterioso.
INTRODUCCIÓN
A no ser que hayas empezado este libro por la contracubierta y lo hayas leído de atrás hacia delante, habrás observado que su título es Cuentos que mi madre nunca me contó. Y te aseguro que este título es una descripción absolutamente exacta de su contenido. Incluso estaría dispuesto a declarar bajo juramento ante cualquier tribunal del mundo que ninguno de estos cuentos me llegó, en forma alguna, por boca de mi madre.
La razón es muy sencilla: ninguno de ellos estaba escrito en la época en que mi madre me contaba cuentos.
Sin embargo, no creo que mi madre me hubiera contado las historias que he recopilado aquí, ni siquiera aunque hubieran estado a su disposición. Tampoco te recomiendo narrárselas indiscriminadamente a tus pequeños. Son cuentos para gustos refinados, para aquellas personas que ya han dejado atrás el sencillo placer del golpe contundente, el grito en la noche o el veneno en el decantador de oporto.
Creo que es del conocimiento público que soy un adicto a las historias que tiñen con una pincelada de terror las emociones del lector, que turban su sensibilidad con horrores angustiantes o le aceleran el pulso mediante el suspense. He llevado esta afición tan lejos como para publicar algunos volúmenes en los que agrupaba relatos que, a mi parecer, destilaban esas emociones en su más pura esencia.
Esta vez, en cambio, no quisiera condicionar las reacciones que provocarán en ti, lector, estos cuentos. Resistiré a la tentación y me abstendré de mencionar este o aquel relato. Hay que adentrarse en estas historias sin advertencias ni prejuicios. Solo de este modo el impacto podrá ser completo y rotundo en tu susceptible sistema nervioso.
Lo único que sí puedo prometer es que te espera todo un abanico de emociones, exceptuando, claro está, los sentimientos más tiernos y amables, con los cuales yo no tengo nada que ver. He incluido uno o dos de los cuentos por mero entretenimiento, pero no debes interpretar este detalle como un punto débil. Incluso en esos relatos subyacen elementos escalofriantes que convertirán su lectura en una experiencia extrañamente placentera. Y hay otros que considero casi diabólicos. Además…
¡Basta ya! Ya lo dijo alguien una vez: la mejor introducción es la más breve.
¡Adelante entonces!
ALFRED HITCHCOCK

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