viernes, 24 de julio de 2026

Federico García Lorca COMEDIA SIN TÍTULO TEXTO ÍNTEGRO

 



 

Federico García Lorca

 

COMEDIA SIN TÍTULO

 

 

(Telón gris)

 

AUTOR: Señoras y señores:

 

No voy a abrir el telón para alegrar al público con un juego de palabras, ni con un panorama donde se vea una casa en la que nada ocurre y a donde dirige el teatro sus luces para entretener y haceros creer que la vida es eso. No. El poeta, con todos sus cinco sentidos en perfecto estado de salud, va a tener, no el gusto, sino el sentimiento de enseñaros esta noche un pequeño rincón de realidad. Ángeles, sombras, voces, liras de nieve y sueños existen y vuelan entre vosotros, tan reales como la lujuria, las monedas que lleváis en el bolsillo, o el cáncer latente en el hermoso seno de la mujer, o el labio cansado del comerciante.

 

Venís al teatro con el afán único de divertiros y tenéis autores a los que pagáis, y es muy justo, pero hoy el poeta os hace una encerrona porque quiere y aspira a conmover vuestros corazones enseñando las cosas que no queréis ver, gritando las simplísimas verdades que no queréis oír.

 

¿Por qué? Si creéis en Dios, y yo creo, ¿por qué tenéis miedo a la muerte? Y si creéis en la muerte, ¿por qué esa crueldad, ese despego al terrible dolor de vuestros semejantes?¡Ja, ja, ja! Diréis que esto es un sermón. Y bien, ¿es que es feo un sermón? Casi todos los que me oyen han dado un portazo y han salido de casa dejando a su padre o a su madre en un momento en que por su bien les reñían, y en este instante darían todo lo que tienen, hasta los ojos, por volver a oír las dulces voces desaparecidas. Lo mismo ahora. Pero ver la realidad es difícil. Y enseñarla, mucho más. Es predicar en desierto. Pero no importa.

 

Sobre todo a vosotros, gentes de la ciudad, que vivís en la más pobre y triste de las fantasías. Todo lo que hacéis es buscar caminos para no enterarse de nada. Cuando suena el viento, para no entender lo que dice, tocáis la pianola; cubrís de encajes las ventanas; para poder dormir tranquilos y acallar al perenne grillo de la conciencia, inventáis las casas de caridad.

 

¡Sermón!, sí, ¡sermón! ¿Por qué hemos de ir siempre al teatro par ver lo que pasa y no lo que nos pasa? El espectador está tranquilo porque sabe que la comedia no se va a fijar en él, ¡pero qué hermoso sería que de pronto lo llamaran de las tablas y le hicieran hablar, y el sol de la escena quemara su pálido rostro de emboscado! La realidad empieza porque el autor no quiere que os sintáis en el teatro, sino en la mitad de la calle; y no quiere, por tanto, hacer poesía, ritmo, literatura; quiere dar una pequeña lección a vuestros corazones; para eso es poeta, pero con gran modestia. Cualquiera lo puede hacer. El autor sabe hacer versos, los ha hecho, a mi juicio, bastante buenos, y no es mal nombre de teatro, pero ayer me dijo que en todo arte había una mitad de artificio que por ahora le molestaba, y que no tenía gana de traer aquí el perfume de los lirios blancos o la columna salomónica turbia de palomas de oro (Hace unas palmas) ¿Quiere traerme un café?

(Cae un telón pintado con casas y basura)

 

Bien cargado. (Se sienta. Se oyen unos violines.) El olor de los lirios blancos es agradable, pero yo prefiero el olor del mar. Yo puedo decir que el olor del mar mana de los pechos de las sirenas, y mil cosas más, pero a él ni le importa ni lo oye, él sigue llamando a las costas en espera de nuevos ahogados, esto es lo que le importa al hombre. Pero ¿cómo se llevaría el olor del mar a una sala de teatro o cómo se inunda de estrellas el patio de butacas?

 

ESPECTADOR 1º: Quitándole el tejado.

AUTOR: ¡No me interrumpa!

ESPECTADOR 1º: Tengo derecho. ¡He pagado mi butaca!

AUTOR: Pagar la butaca no implica derecho de interrumpir al que habla, ni mucho menos juzgar la obra.

ESPECTADOR 1º: Absolutamente.

AUTOR: A usted le gusta o no le gusta, aplaude o rechaza, pero nunca juzga.

ESPECTADOR 1º: La única ley del teatro es el juicio del espectador.

 

(Aparece corriendo por la escena un hombre vestido de mallas rojas. Lleva una cabeza de lobo. Da dos saltos y cae en medio de la escena)

 

AUTOR: ¿Quién es? ¡Ah! Se ha hecho usted daño. Pero no vuelva a pasar más por aquí. Se lo prohíbo terminantemente.

VOZ: ¡Lorenzo! ¡Lorenzo mío!

 

(Sale el LOBO, iluminado y seguido por un foco)

 

ESPECTADOR 1º: ¡Muy mal!

AUTOR: Tenga la bondad de callarse.

ESPECTADOR 1º: Yo he pagado por ver el teatro.

AUTOR: ¿Cómo? ¿Cómo? ¿El teatro? Aquí no estamos en el teatro.

ESPECTADOR 1º: ¿Qué no?

AUTOR (Violento): No, señor. Lo que pasa es que usted tiene miedo. Sabe, porque me conoce, que yo quiero echar abajo las paredes para que sintamos llorar o asesinar o roncar con los vientres podridos a los que están fuera, a los que no saben siquiera que el teatro existe, y usted se espanta por eso. Pero váyase. En su casa tiene la mentira esperándolo, tiene el té, la radio, y una mujer que cuando lo ama piensa en el joven jugador de foot-ball que vive en el hotelito de enfrente.

ESPECTADOR 1º: Si no estuviéramos donde estamos, subiría para abofetearle.

AUTOR: Yo le pondría la otra mejilla. ¡Cobarde!

CRIADO: El café.

ESPECTADOR 1º: Estoy demasiado cerca de la realidad para hacerle caso.

AUTOR: ¡Ja, ja, ja! La realidad. ¿Usted sabe cuál es la realidad? Óigala. La madera de los ataúdes de todos los que estamos en la sala está ya cortada. Hay cuatro ataúdes que esperan dentro de los vidrios a cuatro criaturas que ahora me oyen, y hay quizá uno, quizá uno que se puede llenar esta madrugada misma a poco de salir de este vivísimo lugar.

ESPECTADOR 1º: No he venido a recibir lecciones de moral ni a oír cosas desagradables. Dé usted gracias que está en España, que es un país aficionado a la muerte. En Inglaterra ya le hubieran silbado. Me voy. Yo creí que estaba en el teatro.

AUTOR: No estamos en el teatro. Porque vendrán a echar las puertas abajo. Y nos salvaremos todos. Ahí dentro hay un terrible aire de mentira, y los personajes de las comedias no dicen más que lo que pueden decir en alta voz delante de señoritas débiles, pero se callan su verdadera angustia. Por eso yo no quiero actores, sino hombres de carne y mujeres de carne, y el que no quiera oír que se tape los oídos.

ESPECTADOR 1º: Vamos, querida. Este hombre acabará diciendo alguna atrocidad.

ESPECTADORA 1ª: No me quisiera ir. Me interesa el argumento.

AUTOR: Quiere decir que le interesa la vida. La vida increíble que no está en el teatro precisamente. Hace unos días pude presentar en este mismo sitio a unos cuantos amigos, como prueba de lágrimas, una escena viva que no creería su marido de usted. En una pequeña habitación una mujer murió de hambre. Sus dos niños, hambrientos también, jugaban con las manos de la muerta, tiernamente, como si fueran dos panes amarillos. Cuando llegó la noche, los niños descubrieron los senos de la muerta y se durmieron sobre ellos mientras se comían una caja de betún.

ESPECTADOR 1º: ¡Qué exagerado!

AUTOR: Luis sabe que digo exactamente la verdad.

ESPECTADOR 1º: ¡Vamos, te digo!

ESPECTADORA 1ª: Pero no te pongas así. En el teatro todo es mentira.

AUTOR: ¡No es mentira! ¡Es verdad!

ESPECTADORA 1ª: Pues si es verdad, ¡Vámonos! ¡Qué horror! ¡Ay, qué desagradable!

ESPECTADOR 1º (Saliendo, al ACOMODADOR): ¡Salga a buscar un taxi!

ESPECTADORA 1ª: ¿Cómo has permitido que delante de mí digan estas cosas? ¡Era verdad! ¿Y cómo no los prendieron inmediatamente?

ESPECTADOR 1º: ¡Anda! ¡Ya sabía yo que te pondrías enferma! (Salen)

JOVEN (De frac, en una platea): Como siga así, lo dejarán solo.

AUTOR: ¡Ah! ¿Estaba usted ahí?

JOVEN: Sí, me interesa mucho su experiencia.

VOZ (Dentro): ¡Lorenzo! ¡Lorenzo mío!

AUTOR: Con su permiso. (Se dirige al CRIADO que tiene la taza de café)

JOVEN: Creo que esa gente no lo va a dejar. ¡Es tan hermoso el teatro! ¿Qué va a hacer usted de las copas de plata, de los trajes de armiño?... Esa voz que ha sonado dos veces me conmueve a mí mucho más que una verdadera voz de agonía…

AUTOR: Todo eso ha desaparecido ya del teatro. (Al CRIADO) ¿Cómo trae tan poco café y tan malo?

CRIADO: Se me derramó sin querer. Estaba todo oscuro y tropecé con unos pescadores que cantaban con unos peces de plomo en la cabeza. Después se me cayeron unas gasas encima, unas gasas llenas de moscas, y un viejo me dijo que era la niebla. Yo no estoy acostumbrado, y he pasado miedo.

AUTOR: Miedo de las cosas pintadas.

CRIADO: En mi café hay luz.

AUTOR: Y allí no te asustas.

CRIADO: No, señor.

AUTOR: ¿Van muchos borrachos?

CRIADO: Sí.

AUTOR: ¿Y hablan?

CRIADO: Hablan cosas de borrachos. Ayer llevaron un niño y un gran pavo y jugaron para ver cuál se emborrachaba antes. Al niño le daban coñac, y al pavo anís con mijitas de tabaco. Nos reímos mucho. Se emborrachó antes el niño y se daba con la cabeza por las paredes. Al pavo le cortaron luego la cabeza con una gillete. Y se lo comieron.

JOVEN: ¿Lo ve usted? Ese muchacho lloraría con una historia de amor bien narrada. ¡Hace falta la escena! ¡Va usted a fracasar!

AUTOR: ¿Por qué no lo impediste?

CRIADO: Tengo que ser agradable a los parroquianos.

AUTOR: ¿Y no tuviste miedo?

CRIADO (Ríe): ¿Qué miedo voy a tener de un niño y un pavo? Cuando le cortaban la cabeza, todavía le echaban por el pico abierto una copa de anís. Tardaron casi media hora, porque la gillete estaba mellada.

AUTOR: ¡Calla!

CRIADO: ¿Se asusta usted? ¡Pues si viera los carnavales! El año pasado vino un borracho tocando el violín. Todavía me río de recordarlo. ¿Sabe usted lo que era el violín? Era un gato crucificado boca arriba sobre una tabla de lavar, el arco era un gran manojo de zarzas y, al pasarlas sobre el animal, este daba grandes maullidos, que servían de música para el baile de dos mujeres, muy bien vestidas, eso sí, ¡de raso!, una de Pierrot y otra de Colombina.

JOVEN: ¡Cántele usted una canción cursi, y ya verá qué lágrimas!

AUTOR: ¿Me quiere dejar?

JOVEN: Es que le aviso. Los que se las echan de listos llaman a esto barbarie, otros aberraciones, y dan media vuelta para dormirse mejor.

AUTOR: Hay que despertarlos y abrirles los ojos, aunque no quieran.

JOVEN: ¿Para qué?

AUTOR: Para que vean.

JOVEN: Y esté seguro que recién salidos del sueño, con las cuerdas de una conciencia convencional todavía flojas, la mitad de ellos pediría el manojo de zarzas para restregarlas con fruición sobre el animal crucificado.

CRIADO: Y harían muy bien. Los gatos son peligrosos, arañan a los niños y no son fieles.

AUTOR (Al JOVEN): Yo no quiero corregir a nadie. Sólo quiero que la gente diga la verdad. Y este la está diciendo en público.

JOVEN: A medias.

AUTOR: Claro, porque todavía está mal iluminada. Hacen falta reflectores tan potentes que puedan quemar y destruir el corazón de los que hablan. (Al CRIADO) Puede usted marcharse.

 

(Se va el CRIADO)

 

AUTOR (Dirigiéndose a la izquierda): ¡No! Te he dicho que no entres. No te quiero ver. ¡Estoy cansado de mentiras!

CRIADO (Entrando): Señor.

AUTOR: ¿Qué?

CRIADO: ¿Tendría la bondad de decirle a los empleados que encendieran la luz?

AUTOR: ¿Para qué?

CRIADO: Para salir.

AUTOR: Siga el pasillo, a la izquierda, al fondo, levante la cortina, cruce el salón de ensayos y por una escalera llegará a la calle.

CRIADO: Es que…

AUTOR: Vamos, ¡váyase!

CRIADO: Es que tengo miedo. He de saltar por la niebla que está en el suelo, y además, hay dos grandes pájaros en la claraboya.

AUTOR: ¡Enciendan la luz! No es nada. Ya lo verá. Unas gasas y unos telones pintados.

CRIADO: Sí, sí, pero parecen de verdad.            

AUTOR: ¿Y si lo fueran?

CRIADO: ¡Ah! Si lo fueran, con dispararles un tiro…

 

(Se oyen tres grandes golpes y cae un telón en el que hay pintado un palacio inverosímil)

 

APUNTADOR (Entrando): Señor Director, ¿no acude al ensayo?

AUTOR: No. ¿Qué se ensaya?

APUNTADOR: “El sueño de una noche de verano”.

AUTOR: La gente puede llorar con el “Otelo” y reír con “La fierecilla domada”, pero no entienden “El sueño de una noche de verano”, y se ríen. Aunque más vale que no se enteren. ¿Sabe usted el argumento de esta obra?

APUNTADOR: Yo soy un traspunte. No lo puedo explicar bien.

AUTOR: Es un sombrío argumento.

APUNTADOR[1]: A mí me alegra mucho.

AUTOR: Pues no es alegre. Todo en la obra tiende a demostrar que el amor, sea de la clase que sea, es una casualidad y no depende de nosotros en absoluto. La gente se queda dormida, viene Puck, el duendecillo, les hace oler una flor y, al despertar, se enamoran de la primera persona que pasa, aunque estén prendados de otro ser antes del sueño. Así, la reina de las hadas, Titania, se enamora de un campesino con cabeza de asno. Es una verdad terrible, pero una verdad destructora puede llevar al suicidio, y el mundo necesita ahora más que nunca verdades consoladoras, verdades que construyan. Se necesita no pensar en uno, sino pensar en los demás. No voy al ensayo.

APUNTADOR: ¿Cómo imitamos el aire que ha de soplar en las escenas del bosque?

AUTOR: Como queráis. Cantando con la boca cerrada. Déjame en paz. Es el último día que piso el teatro.

ACTRIZ 1ª (Saliendo vestida de Titania): ¡Lorenzo! ¡Lorenzo! ¿Cómo no vienes? No puedo trabajar sin ti. Si no veo la salida del sol, que tanto me gusta, y no corro por la hierba con los pies descalzos, es sólo por seguirte y estar contigo en estos sótanos.

AUTOR (Agrio): ¿Dónde has aprendido esa frase? ¿En qué obra la dices?

ACTRIZ: En ninguna. La digo por primera vez.

AUTOR: Mentira. Si el cuerpo que tienes fuera tuyo, te azotaría para ver si hablabas de verdad.

ACTRIZ: Lorenzo.

AUTOR: Te figuras que porque vayas vestida de Titania me vas a embriagar, y estás equivocada. Mañana te vestirás de mendiga, de gran dama, y otro día serás la serpiente en la fábula de algún poeta embustero.

ACTRIZ: Yo sólo sé que te amo. Quiero que me azotes para que veas que mi piel se pone rosada; quiero que me claves un punzón en el pecho para que veas saltar un hilo de sangre. Ja, ja, ja, ja. Y si te gusta la sangre, te la bebes y me das una poquita a mí.

AUTOR: ¡Mentira!

ACTRIZ: ¡Claro! ¡Mentira! (Lo abraza) Yo estoy aquí sola, y sin embargo, me llevas en cada ojo, diferente y pequeñita. Si la nieve huye del fuego, ¿Cómo puedes llevar tus dientes fríos dentro de esas brasas de tus labios? ¡Mentira! Me gustaría que fueras un caballo gris de los que salen en la madrugada a buscar a las potras en lo oscuro de los establos. No, no.

AUTOR: ¡Déjame!

ACTRIZ: Ja, ja, ja, ja. Eres un oso. ¿No crees nada de lo que te digo? Pues estrújame y verás cómo agonizo en tu pecho peludo. Hasta ayer me gustaban las carnes de seda. Ahora me gusta la crin, los arrabales sucios y la choza del pastor.

AUTOR: No creas que te vas a venir conmigo por reflejar esos gustos. No lo consentiré. Yo sí me voy para huir de ti, de tu sociedad, de tu inconstancia.

ACTRIZ: ¿Es que yo no puedo ser mujer fea, de las que tú buscas, criatura leprosa, y acompañarte? Sí. Tú eres mío. ¡Ah! ¡Si vieras cómo me gustaría morir en un hospital contigo!

AUTOR: Tú no me dirías nunca la verdad.

ACTRIZ: Ni nadie. Pero te cantaría la mentira más hermosa. A mí me gusta también la verdad —un minuto nada más; la verdad es fea—, pero si la digo, me arrojan del teatro. Me dan ganas de dirigirme al público y, en la escena más lírica, gritarles de pronto una palabrota, la más soez, ja, ja, ja. Pero yo quiero mis esmeraldas, y me las quitarían.

AUTOR (Furioso): ¡Fuera de aquí! ¡Fuera!

ACTRIZ: ¿Ah, pero me vas a azotar de veras? Ya sé que Titania no te gusta. Es un hada, y las hadas no existen. Pero Lady Macbeth, sí. (Se quita la peluca blanca y enseña al viento una cabellera negra. Se despoja de una gran capa blanca y aparece con un traje rojo fuego. El telón del fondo se levanta y aparece otro telón en el que hay pintado un sombrío claustro de piedra con cipreses y árboles fantásticos) Lady Macbeth, sí; y, además, ahora me tienes miedo. (La luz se cambia lentamente por una luz azul de luna) Porque soy hermosa, porque vivo siempre, porque estoy hasta de sangre. ¡Harta de sangre verdadera! Más de tres mil muchachos han muerto quemados por mis ojos a través del tiempo. Muchachos que vivían y que yo he visto agonizar de amor entre las sábanas.

AUTOR: ¿En qué libro has leído ese párrafo? No eres más que una actriz. ¡Una actriz despreciable!

ACTRIZ: Una cómica que muere por ti, ¡Lorenzo! Que te suplica que no la abandones.

AUTOR (A voces): ¡Tengan la bondad de dar más luz y levantar estos telones!

ACTRIZ: Eso. Luz roja, luz roja para verme las manos llenas de sangre. Han dado luz de luna y quiero hacerte la escena final.

 

(Luz roja)

 

AUTOR (A los electricistas): ¿Me han oído?

ACTRIZ: ¡Silencio! Me has de amar por la fuerza. La sangre que cae en la tierra se convierte en lodo. ¿Qué me importa a mí que mueran los soldados? Pero si cae una copa de jacintos, se convierte en el vino de más rico paladar.

 

(Se oyen unos disparos)       

 

AUTOR: ¿Qué pasa? ¡Den toda la luz! ¡Iluminen el vestíbulo!

 

(Cruza la escena NICK-BOTTOM con la cabeza de asno en la mano)

 

NICK-BOTTOM: ¡Es horrible! ¡Vengan! ¡Dentro estaremos seguros!

 

(Se oyen más cerca los disparos)

 

ESPECTADORA 2ª (Sentada en el centro del patio): ¡Vámonos! ¡Tengo miedo, los niños están solos en casa!

ESPECTADOR 3º: Las calles deben estar tomadas militarmente y no dejarían el paso.

TRASPUNTE (En la escena): Parece que se acercan más. Todo el vestíbulo está lleno de gente.

VOZ: ¡Viva la revolución!

 

(La ACTRIZ se ha puesto un impermeable rápidamente y ha ocultado su cabellera bajo un sombrero de fieltro gris)

 

ACTRIZ: Cierren las puertas, ¡ciérrenlas!

AUTOR: ¡Que las abran! ¡El teatro es de todos! ¡Esta es la escuela del pueblo!

ACTRIZ: No, aquí no entran. Romperán las vajillas reales, los libros fingidos, la luna de vidrios delicados. Vertirán elixires maravillosos conservados a través de los siglos y destrozarán la máquina de la lluvia.

AUTOR: ¡Que lo rompan todo!

ACTRIZ: Amado mío, ¡dejarán la escena inservible!

AUTOR (Al APUNTADOR): He dicho que abran las puertas. No quiero que se derrame sangre verdadera junto a los muros de la mentira.

APUNTADOR: Está bien, usted manda; pero ¿y la economía? ¿Qué va a ser de la economía?

AUTOR (Furioso): ¿Qué entiende usted por economía?

APUNTADOR: Es un misterio en el cual creo y que respetan todas las personas sensatas.

AUTOR: ¡Al diablo la economía! ¿Oye usted? ¿Oye usted?

APUNTADOR (Temblando): Sí. ¡Déme, por favor, unos algodones para taparme los oídos!

AUTOR: ¡Es un rumor de sangre viva!

ACTRIZ: ¡No te asomes, Lorenzo! ¡Puede matarte una bala!

AUTOR (Sarcástico): ¿Dónde está Lady Macbeth?

ACTRIZ: Lady Macbeth no puede hablar cuando un oleaje de balas abate las rosas de los jardines.

HOMBRE VESTIDO DE NEGRO (Entrando): Tiene usted razón. La pólvora mata a la poesía.

AUTOR: ¡O la salva!

HOMBRE: ¡Mano dura! ¡Mano dura! ¡Hagamos una gran rosa de cabezas rebeldes! Adornemos las fachadas, las farolas, los pórticos de la arquitectura milenaria con guirnaldas de las lenguas que quieren destruir lo instituido.

 

(Entra en escena un LEÑADOR con la cara completamente blanca, un haz de leña al hombro y un farolito en la mano)

 

LEÑADOR: Parece que los revoltosos se baten en retirada.

HOMBRE (Saliendo): ¡Eso! ¡Hay que vencerlos!

AUTOR: ¿Quién es usted?

HOMBRE: Yo. El propietario del teatro. ¡Mano dura! El bien, la verdad y la belleza han de tener en esta época un fusil entre las manos.

LEÑADOR: ¡Muy bien dicho!

AUTOR: ¿Por qué dices muy bien? ¿Cuánto ganas?

LEÑADOR: Unas cuantas monedas. Lo suficiente para el pan. Pero yo lo único que quiero es que me dejen representar tranquilo mi papel.

                                   

Un nardo puede ser estrella o nieve.

El cielo de la noche, un paño roto.

Que cante la cigarra o gima el viento,

lo que importa es el sueño de los ojos. 

 

AUTOR: ¿Qué papel es el tuyo?

LEÑADOR: ¡Soy la luna de Shakespeare!         

AUTOR: ¡Pero aquí no!

LEÑADOR: ¡Prueba a enterrarme, y verás como salgo!

 

(Se oyen dos cañonazos)

 

APUNTADOR (Entrando): La fuerza está ahora cargando en la gran plaza .

 

(Sale. Entran la ESPECTADORA 2ª y el ESPECTADOR 2º, que antes estaban en las butacas)

 

ESPECTADORA 2ª: Es la revolución, Enrique. ¡La revolución!

ESPECTADOR 2º: ¿Hay peligro de que entren aquí las balas?

LEÑADOR: Ninguno, pero allí estarán más protegidos. ¡Lo malo es si vienen los aeroplanos! Pero a mí no me importan, en último caso. Ya lo expresa mi papel.

 

                                    El aire es para mí luna de octubre,

                                    ni pájaro, ni flecha, ni suspiro.

                                    Los hombres dormirán. Las hierbas mueren.

                                    ¡Sólo vive la plata de mi anillo!

                                    Tú, que estás bajo el agua, ¡sigue siempre!

                                    Los húmedos miosotis tienen frío.

                                    Aunque la sangre tiña los tejados,

                                    no manchará la luz de mi vestido.

 

(Llorando)  ¡Es una hermosa canción que quizá no me dejarán cantar nunca más!

ESPECTADORA 2ª: ¿Qué dice?

NICK-BOTTOM (Entrando): ¡He visto venir cuatro aeroplanos!

ESPECTADORA 2ª: ¡Ay! ¡Mis hijos! ¡Mis hijos! Estoy segura que asaltarán la casa y, como están solos con la institutriz y los criados, ¡los matarán!

VOZ (En delantera de paraíso): ¡Los obreros no han hecho eso nunca, ni lo harán jamás!

ESPECTADOR 2º (Al público): ¡Lo han hecho!

AUTOR (Al ESPECTADOR 2º): ¡Miente usted!

ESPECTADOR 2º: En una revolución de hace muchos años sacaron los ojos a trescientos niños, algunos de pecho.

AUTOR: ¿Quién se lo contó? ¿Qué infame manchó su lengua con esa pesadilla? ¡Conteste!

ESPECTADOR 2º: Modere sus palabras y hable con la corrección debida a un caballero.

AUTOR: Yo no soy un caballero ni quiero serlo. Soy un agonizante de Dios.

ESPECTADOR 2º: ¡Zarandajas!

ESPECTADORA 2ª (Asustada y agarrando al marido): ¡Enrique! ¡Enrique!

ESPECTADOR 2º: Lo sé muy bien. Un periodista amigo mío presenció el hecho, ¡un gran periodista! Y, para prueba, se trajo dos ojos azules, vivos, que enseñaba a todo el mundo, dentro de una cajita de laca.

APUNTADOR (Entrando): ¡Los aeroplanos van a empezar el bombardeo!

ESPECTADORA 2ª: ¡Mis hijos! ¡Ay, mis hijitos! (Al AUTOR) Sobre todo el pequeño, no puede estar sin mí. Es rubio, y todas las mañanas entra cantando una canción inglesa para despertarme ¡No puede estar sin mí!

ESPECTADOR 2º: Cuando llegue la noche la echará de menos, porque, a pesar de su rango, ¡ella misma lo desnuda!

ESPECTADORA 2ª: Y los matarán, Dios mío, ¡los matarán!

TRAMOYISTA (Saliendo de la sombra): No tenga miedo, señora. Yo mismo iré. Yo sortearé las balas y les diré que ustedes están seguros.

AUTOR: ¿Vas a salir?

TRAMOYISTA: ¡Sí!

AUTOR: Yo voy a mirar por las claraboyas.

ACTRIZ (Detrás): ¡Lorenzo! No te expongas. Aleja el peligro de tu maravilloso talento. (Sale detrás)

TRAMOYISTA: Si veo que no hay peligro, los traeré con ustedes. Son padres, y yo comprendo su angustia. Si esto dura, los sótanos del teatro son el mejor sitio de la ciudad.

ESPECTADORA 2ª: Si. ¡Vaya! ¡Vaya!

TRAMOYISTA: Esté tranquila (Se va).

ESPECTADOR 2º: ¿Quién es este hombre?

LEÑADOR: ¡Un tramoyista!

ESPECTADOR 2º: ¿Cómo se llama?

LEÑADOR: Bakunin el Loco le dicen sus compañeros.

ESPECTADORA 2ª: Tenemos que ayudarle. Yo le daría todo lo que tengo. ¿Para qué preguntas su nombre?

ESPECTADOR 2º: Para eso (Aparte). Para denunciarlo después (Escribe en una libretita).

 

(Se oye el comienzo del bombardeo. Todos están silenciosos, arrimados a los muros. El AUTOR ha subido por una escalera y no se le ve)

 

VOZ (Del Paraíso): ¡Canalla!

ESPECTADOR 2º: Estás en la sombra, pero yo iluminaré la sombra para cargarte de cadenas. Soy del ejército de Dios y cuento con su ayuda. Cuando muera, le veré en su Gloria y me amará. Mi Dios no perdona. Es el Dios de los ejércitos, al que hay que rendir pleitesía por fuerza, porque no hay otra verdad.

LEÑADOR: ¡Arrímese al muro y defiéndase! Estamos en pleno bombardeo.

ESPECTADOR 2º: No tengo miedo. ¡Dios está conmigo!

VOZ: ¡No creo en tu Dios!

ESPECTADOR 2º: Lo sé, ¡pero la mala hierba se arranca así! (Saca un pequeño reflector y lo dirige hacia el paraíso, que queda iluminado)

OBRERO (Vestido de mono, levantando los brazos): ¡Camaradas!

 

(Todo el teatro se ilumina)

 

ESPECTADOR 2º (Frío): ¡Ah! ¡Buen mozo! (Saca una pistola y dispara. El OBRERO da un grito y cae)

MUJER 1ª: ¡Lo ha matado!

MUJER 2ª: ¡Asesino! ¡Asesino!

ESPECTADOR 2º: ¡Que los acomodadores saquen a esa gente que impide la representación! (Apaga el reflector, y todo el teatro vuelve a quedar a oscuras) ¡Buena caza! Dios me lo pagará. Bendito sea en su sacratísima venganza ¡No hay más que un solo Dios!

JOVEN (De la platea, lanzando una carcajada): Un solo Dios, claro, ¡y Mahoma su profeta! ¿Por qué no dispara usted contra mí? Como estamos en plena revolución, no le pasará nada.

ESPECTADOR 2º: Con los judíos y demás tenebrosa gente hay que andar con cuidado.

JOVEN: Perdón. No soy judío. Soy mahometano.

ESPECTADOR 2º: ¿No teme el bombardeo?

JOVEN: Menos que usted. Estoy deseando morirme para tener un millón de concubinas. Aquí las mujeres son caras.

ESPECTADOR 2º (Mirando a un lado y a otro para hablar): Carísimas, pero día vendrá, y creo que está próximo, en que las tengamos baratas como antes. Mis antepasados las tuvieron a pares.

JOVEN: ¡Tiempos felices! ¡Por cierto que le felicito, porque veo que es usted un magnífico tirador!

ESPECTADOR 2º: Tuve de maestro a un teniente alemán que había hecho todas las guerras africanas. Su único objetivo era el hombre. Matar un pájaro lo llenaba de irritación.

JOVEN (Bajando la voz): Ha sido un blanco magnífico. ¿Fue en el corazón?

ESPECTADOR 2º: En el corazón hubiera dado un salto, y cayó hacia atrás sin abrir la boca. Fue en el centro mismo de la frente.

 

(Un gran ruido de bombardeo invade la escena)

 

ESPECTADORA 2ª: Enrique, Enrique. Ven aquí. Deprisa. Por favor.

ESPECTADOR 2º: ¡Si no hay peligro! (Se va con su mujer)

 

(El bombardeo crece. Luces de todos los tonos iluminan la escena. Al fondo cruza un grupo de personajes con trajes de HADAS y SILFOS que llevan a un herido)§

 

HADA: Cayó de una claraboya.

SILFO: Flor de Guisante, sosténle bien la cabeza.

OBRERO (Agonizante): ¡Viva la revolución!

HADA: Lo llevaremos al guardarropa.

SILFO: ¡Dame un pañuelo!

HADA: ¡Pronto! ¡Deprisa! (Salen)

ESPECTADORA 2ª: ¡Mis hijos!, ¡Mis hijos!

ACTRIZ: Estoy harta de oírla gritar mal. No lo puedo sufrir. Su voz tiene un aire falso que no logrará [conmover] nunca. No, así; es así: ¡Mis hijos, mis hijos, mis niños pequeños! ¿Lo ha oído? ¡Mis niños pequeños! Y las manos hacia delante, imprimiéndoles un temblor, como si fueran dos hojas en una fiebre de viento.

TRAMOYISTA (Entrando): ¡El pueblo ha roto las puertas!

 

(El ESPECTADOR 2º hace ademán de sacar su pistola; su mujer lo contiene)

 

AUTOR (Saliendo): Aquí, ¡aquí! Decid la verdad sobre los viejos escenarios. Clavad puñales sobre los viejos ladrones del aceite y el pan. Que la lluvia moje los telares y despinte las bambalinas.

VOZ: ¡El fuego!

VOZ (Más lejana): ¡El fuego!

AUTOR (Saliendo): ¡Y el fuego!

 

(El teatro se ilumina de rojo)

 

ACTRIZ (Entrando, en voz alta): ¡Lorenzo! (En voz baja y temblando) ¡Lorenzo!

 

 

(Telón)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] En este punto, el apuntador deja lado al TRASPUNTE, pero todo parece indicar que ambos (apuntador y traspunte) son el mismo personaje.

§ En un borrador anterior, hay una docena de líneas, no incluidas aquí, pero sí aportadas por Marie Laffranque en su edición

El Orlando furioso de Ludovico Ariosto NÚMERO 1 DE LA SEMANA DEL 17 AL 24 DE JULIO


 

Por Dr. Enrico Pugliatti y Méndez-Limbrick

El Orlando furioso de Ludovico Ariosto ocupa con justicia el primer lugar en un “top 10” literario porque representa una de las cumbres de la imaginación narrativa europea. 


1. Continuidad y transformación del mito

Ariosto no inventa a Orlando desde cero: hereda la tradición épica carolingia y la reelabora con ironía, fantasía y complejidad. El prólogo explica cómo el personaje nace del desastre de Roncesvalles y se convierte en héroe literario, primero en la Chanson de Roland, luego en Boiardo, hasta llegar a Ariosto. Esa genealogía muestra la fuerza de la literatura como tejido de voces que se reescriben y se reinventan.


2. Mezcla de lo heroico y lo fantástico

El poema se sitúa en la frontera entre el ciclo carolingio y el ciclo bretón. Orlando y Carlomagno conviven con hadas, caballos prodigiosos y doncellas guerreras como Bradamante. Esa fusión de historia, mito y magia otorga al texto una riqueza inagotable, capaz de atraer tanto a lectores cultos como populares.


3. Ironía y distancia crítica

Ariosto introduce una mirada irónica que relativiza la gesta heroica. El narrador se divierte con los enredos amorosos, con la locura de Orlando y con la fragilidad de los caballeros. Esa ironía convierte al poema en una obra moderna, que no se limita a exaltar la épica sino que la cuestiona y la humaniza.


4. Arquitectura coral

El relato funciona como un ajedrez gigantesco: personajes que entran y salen, historias que se cruzan y se pierden, aventuras que se multiplican. Esa estructura fragmentaria y dinámica anticipa la novela moderna y ofrece al lector una experiencia de variedad y sorpresa constante.


5. El tema universal de la locura por amor

El núcleo del poema —la pasión no correspondida de Orlando por Angélica, que lo conduce a la locura— es un motivo universal y eterno. La épica se transforma en tragedia íntima, y el héroe invencible se vuelve vulnerable. Esa tensión entre fuerza y fragilidad es lo que lo hace inolvidable.


6. La musicalidad del verso

Ariosto escribió en octavas rimadas, con un ritmo que convierte la lectura en experiencia estética. La cita del inicio —“Las damas, los guerreros, los amores…”— muestra esa cadencia que aún hoy deslumbra.


7. El inicio con Angélica

El primer capítulo, “La huida de Angélica”, condensa el espíritu del poema: persecuciones, combates, rivalidades amorosas, irrupción de personajes inesperados (Bradamante, Bayardo). Todo ello en un tono ágil y narrativo que atrapa desde el comienzo. Angélica, como figura esquiva, es el motor de la acción y el símbolo de la pasión imposible.


Por qué está en el primer lugar del blog

El Orlando furioso merece encabezar cualquier lista porque:


Es una obra fundacional de la literatura europea moderna.


Combina tradición épica con innovación narrativa.


Ofrece un universo de aventuras, ironía y poesía que sigue siendo disfrutable cinco siglos después.


Su influencia se extiende a Cervantes, Shakespeare y la novela posterior.


Representa la capacidad de la literatura para transformar la historia en mito y el mito en juego estético.


En suma, Ariosto logra que la épica medieval se convierta en un espejo de la condición humana: el amor, la locura, la gloria y el fracaso. Esa universalidad es lo que lo coloca, con pleno derecho, en el primer lugar del top 10.

jueves, 23 de julio de 2026

DAFNE Y ENSUEÑOS TORRENTE BALLESTER GONZALO INTRODUCCIÓN

 


Alguna de las veces que se refirió públicamente a este libro su autor, Gonzalo Torrente Ballester, declaró que hace mucho tiempo que deseaba escribirlo. Su materia es nueva en la obra de Torrente: el mundo de su infancia, en su realidad y en la fantasía, lo que fue y lo que pudo ser, o no pudo y fue querido. En los versos de Pessoa (Álvaro de Campos) que preceden al texto, se afirma que la verdadera realidad de cada hombre no es tanto lo que fue como lo que pudo ser. Eso, lo que pudieron ser, lo aprovechan con frecuencia los escritores. Pero este libro no solo nos sugiere algo de lo que su autor quiso y no pudo ser, sino también alguno de los caminos por los que llegó a ser quien es. ¿Cómo no iba a acabar narrando quien vivió su infancia rodeado de relatos? ¿Y cómo no iba a mezclar la realidad a la fantasía quien vivió un mundo donde los límites no estaban muy claros? Un valle y una ciudad, contrapuestos, contradictorios, la Edad Media restante y la más avanzada modernidad. 

La fantasía y la matemática, Jorge Juan y los romances carolingios, marinos de uniforme y mendigos en tropel: todo eso, y mucho más, pasa por estas páginas, a veces sencillas, a veces barrocas; fuertemente líricas o fuertemente intelectuales, siempre irónicas y algo melancólicas: El estilo de Gonzalo Torrente Ballester, lo que le constituye como escritor desde la madurez, en su tiempo incomprendida, de Los gozos y las sombras. 

Después de perseguir a Dafne, como el autor, te preguntarás, lector, quién es Dafne, y, con Dafne y con el autor, acabarás ensoñando. Como en los mejores momentos de sus obras más logradas, en esta te advierte de nuevo Torrente Ballester que lo real no es solo lo que ves, lo que te descubren los sentidos, sino que, detrás de eso, hay otra cosa. No sabemos aún si lo que Torrente Ballester te propone es que navegues con él a bordo de un velero o escuches con él la descripción de la batalla de Cavite hecha por un testigo. Los prolegómenos de la de Trafalgar sí que es seguro que los encontrarás aquí, aunque de manera original. Tú verás.

 ¡Es tanta la gente a la que tengo que dedicar este libro! Ante todo, a Álvaro y a Jaime, que compartieron conmigo el mundo de las Torres Mochas. Con ellos, a Emilia, a Aurelia y a sus hijos. Después, a Laly y a Germán; a María Eugenia y a Jesús; a Lola y a Luis; a Pilar y a Antonio; al recuerdo de Nuria y Carlos. A los Núñez: a todos, como siempre. Blanca y Victorino me tienen muy cerca: también se lo dedico. A los nunca olvidados Manolo y José, y a la otra Pilar. Al que era Gennadio y es Manuel. A Guillermo y a Juan; a Basilio y a Mariano: andan por estas páginas, pero dos de ellos ya no están en el mundo. ¿Llegarán a conocer mi recuerdo? A Loló. ¿Qué pensará de todo esto, ella tan aguda? María del Carmen y Matilde, en compañía de Luz, ¡ida también…! Pero en este libro se dice que nadie muere hasta que lo olvidan, y yo recuerdo. Muchas cosas debo a Eduardo: gracias. Y a los demás, reales o soñados. GONZALO

miércoles, 22 de julio de 2026

Fragmento. En proceso. Poema en prosa. Opereta del Ciego o los 9 círculos de Eros



 "Ahora escucha a las jóvenes dialogar... la joven le mira... ríe con las amigas... el Pintor observa en flash... la joven se levanta y llega hasta él... ¿bailan? Ella deja caer el peso de su cuerpo en su pecho y él siente una tibieza en su sueño invernal. Él la aprieta contra su pecho y la noche es una llaga, es una lámina insensible de placer rodando por el horizonte infinito. El artista siente la piel de la joven, siente su poro, el Universo estalla,... él desea decir “algo” pero, no atina a decir palabra; ella es una fina imagen pegada a su cuerpo, algo que se desliza tibio y perfumado. El siente los poderosos muslos al ritmo de la música... ella aprieta su mano... una sudoración como un fino deseo de memorias antiguas los envuelve. A cada giro, ritmo y movimiento puede sentir su pelo lacio en su cara como una cortina de alientos fríos, siente la respiración de ella, sus movimientos firmes y acompasados con la música pero, es un contoneo triste y malsano. Él se sabe en abandono como una daga tirada en la oscuridad! Flash! Las brumas de los dorados mojan el lugar... nadie lo entiende, solo el Pintor que mira por los grandes vitrales la noche caer en más noche. Un murmullo a modorra envuelve el lugar. El Pintor es un Sileno y un Ninfo, pero también es un ogro; y él lo sabe". 

Fragmento. Texto. Poema en prosa. La opereta del Ciego o los 9 círculos de Eros.

martes, 21 de julio de 2026

TEORÍA DEL PÉNDULO EN LA EDUCACIÓN ACTUAL. EN 10 PUNTOS. POR DR. ENRICO PUGLIATTI Y MÉNDEZ-LIMBRICK

 


1-Dialéctica del movimiento: El péndulo simboliza la tensión entre contrarios. En educación, se manifiesta como la oscilación entre apertura y restricción, abundancia y escasez, libertad y control.

2-Temporalidad cíclica: La metáfora rompe con la idea de progreso lineal. La educación no avanza siempre hacia “más” o “mejor”, sino que retorna, se repliega y se reinventa en ciclos históricos.

3-Historicidad del saber: Cada florecimiento educativo está condicionado por contextos políticos, económicos y culturales. El péndulo recuerda que el saber no es absoluto, sino situado en su tiempo.

4-Fragilidad del equilibrio: El punto medio del péndulo es ideal pero casi nunca alcanzado. La educación vive en el vaivén, en la tensión constante entre extremos que rara vez se estabilizan.

5-Oscilación ideológica: El péndulo revela la alternancia entre paradigmas: educación humanista versus educación tecnocrática, formación integral versus instrucción utilitaria.

6-Metáfora de la esperanza: El retorno del péndulo hacia la abundancia educativa sugiere que la decadencia nunca es definitiva. La pobreza educativa puede ser seguida por un renacimiento.

7-Dimensión ética: El movimiento pendular plantea la responsabilidad de los actores sociales: ¿se acepta el vaivén como destino inevitable o se busca intervenir para orientar el curso hacia la justicia y la equidad?

8-El péndulo como crítica: La imagen denuncia la falta de continuidad y de políticas sostenidas. La oscilación es síntoma de improvisación y de incapacidad de sostener un proyecto educativo estable.

9-El tiempo como maestro: El péndulo enseña que la educación es un proceso largo, que requiere paciencia. Los momentos de crisis no deben verse como fracaso absoluto, sino como parte de un ciclo mayor.

10-Horizonte trascendente: Filosóficamente, el péndulo nos recuerda que la educación es un reflejo de la condición humana: nunca fija, siempre en tránsito, siempre en búsqueda de sentido entre la abundancia y la carencia.

Hoy, el péndulo oscila entre la digitalización y la defensa de lo humano en la educación: entre la fascinación por la tecnología y la necesidad de preservar la dimensión crítica, ética y cultural.

En síntesis, la metáfora del péndulo permite comprender que la educación no avanza en línea recta, sino en ciclos de auge y declive, de apertura y restricción, de riqueza y pobreza. La clave está en reconocer esos movimientos para intentar que el péndulo no se convierta en un destino inevitable, sino en una fuerza que podamos orientar hacia un equilibrio más fecundo.

Estudios de Literatura Comparada 4 MISOGINIA Y FILOGINIA EN EL DISCURSO LITERARIO EUROPEO DE LA EDAD MEDIA, TEATRO Y LITERATURA, LITERATURA Y ANIMALES

 


Introducción General 

El volumen que aquí presentamos recoge aportaciones reelaboradas de participantes en el XXIV Simposio de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada (SELGyC), ce lebrado en Madrid los días 22, 23 y 24 de febrero de 2023. En esta ocasión se eligieron tres líneas temáticas que están representadas en este volumen: misoginia y filoginia en el discurso literario europeo de la Edad Media, teatro y literatura, y literatura y animales.

 La primera línea proponía analizar dos perspectivas antagónicas de la mujer coexisten tes en el discurso literario europeo de la Edad Media, y presentes a veces incluso en un mismo texto. Se sugería estudiar un amplio abanico de formatos estéticos y conceptuales, abarcando desde el sermón y el tratado moral contra las mujeres hasta los textos que encierran una de fensa militante de estas, pasando por la sátira misógina o, incluso, determinada literatura de vocional de rotundo componente filógino, entre otros moldes. Cuatro de los capítulos que aquí encontrará el lector aceptaron este desafío. El primero, escrito por Rafael Alemany Ferrer, se centra en dos obras valencianas coe táneas: el Espill de Jaume Roig y la Vita Christi de sor Isabel de Villena. El profesor Alemany, uno de los grandes estudiosos de la literatura medieval en nuestro país, lleva a cabo una intere sante doble tarea para con la exploración del tropo misoginia-filoginia. Por un lado, nos encon tramos ante la comparativa de dos obras escritas de forma más o menos contemporánea y en un ámbito geográfico-cultural similar (la Valencia de finales del siglo xv), pudiendo apreciarse cómo una misma generación de intelectuales concebía las diferentes representaciones de la mujer, desde la misógina de Roig a la filógina de Isabel de Villena. Por otro lado, como viene siendo habitual en las aportaciones de Alemany, pone al lector en contacto con una tradición literaria diferente a la castellana, permitiendo así un nuevo contraste entre diferentes órbitas ideológico-culturales. A continuación, el capítulo de Emma Bahíllo nos retrotrae a un momento histórico ante rior incluso, y nos confronta con textos concebidos para la enseñanza: Le Mesnagier de Paris (1393) y Le Livre des trois vertus à l’enseignement des dames (1405). 

Se muestra que la socie dad francesa de finales del siglo xiv a principios del xv entendía a la mujer como un ser cargado de vicios, heredera de la Eva bíblica, y concebible solo desde la misoginia. Si bien los dos textos son pues claramente misóginos, la comparativa de Bahíllo confronta la visión de un varón (un caballero anónimo) y de una mujer (Christine de Pizan), haciendo ver que la idea que se pretendía transmitir a las potenciales lectoras de los manuales para instruirlas en su futura vida marital era muy similar, consolidando una ideología cristiano-eclesial de las relaciones hombre-mujer ajena a los conflictos de género. Al mismo período histórico hace referencia el capítulo de Beatriz Hernández titulado “Del libro quemado al libro olvidado: cuerpo y escritura para la comadre de Bath y Margery Kempe”. Se analizan en él obras con un marcado carácter estético, en la estela que lleva hasta el Renacimiento. Hernández, gran estudiosa de la mujer en la literatura inglesa medieval, permi te ver cómo cuestiones similares, relativas a la representación de lo corpóreo y a su aceptación, son proyectadas tanto en textos ficcionales como en textos que buscan ser una representación fidedigna de la realidad. Así, el conocido relato de la comadre de Bath en The Cantebury Tales es comparado con el relato autobiográfico de Margery Kempe, la controvertida religiosa que ha sido tradicionalmente asociada a las enseñanzas mundanas y “sectarias” del personaje de Geoffrey Chaucer. El viaje como conformador de identidad es crucial en ambos textos, conce bidos en torno a la peregrinación (real o ficticia), por lo que el estudio de Hernández es una ilustrativa guía acerca de cómo el concepto de “mujer en movimiento” se desarrolló en la In glaterra de principios del siglo xv. Finalmente, Alfonso Lombana revisita globalmente la obra del diplomático y eclesiástico húngaro Janus Pannonius, escrita a mediados del siglo xv, explicando su visión trascendente 7 introducción general sobre la mujer. 

Partiendo de la tradición clásica, Pannonius se aproxima a la representación de la feminidad desde un punto de vista fluctuante entre la imagenería positiva del espejo de virtudes y la visión negativa de la mujer como fuente de todos los vicios. Todo ello pasado por el tamiz cristiano de una sociedad, la húngara, que se enfrentaba a su propia desaparición tras la conquista turca de los Balcanes. Esta primera línea está compuesta por tanto de aportaciones que contribuyen a que el lector del volumen se pueda construir una visión global acerca de cómo la intelectualidad eu ropea, en diferentes contextos geográfico-culturales, se enfrentó al dilema de la representación de personajes femeninos, o a la concepción dialéctica del género femenino. 

Variando desde la obra instructiva a la meramente ficcional, se puede apreciar que existe un continuo más o menos asentado que tiende a acentuar la concepción negativa de lo femenino. Sin embargo, la reevaluación de estos textos sigue resultando interesante como testimonio de un intento de responder a cuestiones de plena actualidad. La segunda de las líneas planteaba la reflexión en torno a las fórmulas “narrativas” sobre las que el teatro se ha sustentado desde sus orígenes, y que cuestionan los mecanismos enuncia tivos y los límites entre ficción y realidad. Recogía así un ámbito de investigación que establece paralelismos entre las dinámicas y evoluciones de las escrituras dramática y narrativa, y que implica muchas variantes: incorporación en la escritura dramática tanto de géneros narrativos como el biográfico, el autobiográfico o el epistolar, como de elementos pertenecientes al ámbito narrativo (representación del pasado, punto de vista subjetivo, sujeto narrador), adaptación a los escenarios de novelas o de relatos breves, o inclusión en la escritura narrativa de fragmentos dramatizados, y desarrollo de géneros y formatos como el Diálogo o el Coloquio. Posibilita ba asimismo profundizar en la relación entre escritura dramática y lírica, estudiando obras de teatro poético y, en especial, los fragmentos susceptibles de funcionar como textos líricos autó nomos (el caso del monólogo, por ejemplo), o la importante presencia en la poesía moderna (a partir del Romanticismo) del monólogo dramático. En fin, las traducciones de textos teatrales, las versiones cinematográficas o televisivas de los mismos, el guión cinematográfico o los guio nes para dramatizaciones televisivas eran materia posible de estudio también para esta línea. Seis capítulos de este libro desarrollan la investigación a partir de estas sugerencias. Se abre la sección con el capítulo de con el capítulo de José-Luis García Barrientos, quien, sobre la relación entre teatro y literatura, propone, en primer lugar, una extensa y profunda reflexión sobre las enfrentadas posiciones textocentristas y escenocentristas. 

Para ello repasa brevemente la historia de las dos teorías, citando tanto obras clave tanto del logo o texto centrismo (v. gr. Poética de Aristóteles o Jiřý Veltruský) como del escenocentrismo (Artaud, Otakar Zich), e igualmente posturas intermedias (Ortega y Gasset, Jean-Marie Schaeffer), como la suya. García Barrientos repasa a continuación sus propios modelos teóricos, exami nando presupuestos y limitaciones tanto de la distinción conceptual entre “Texto dramático” y “Obra dramática”, en toda su complejidad, cuanto de la que diferencia, siguiendo un segundo modelo, estas tres dimensiones del “texto dramático”: como obra literaria editada bajo el ró tulo genérico de “teatro”, pero también como libreto, publicado o no, puesto en escena por una compañía, y además como documento posterior a la representación en el que a veces esta se fija. Dos consideraciones de actualidad terminan el capítulo: la centrada en lo que el autor de nomina “falacia del teatro narrativo (o poético)”, y la imposibilidad del teatro autobiográfico, que viene a resolver la autoficción dramática. Por su parte, el capítulo firmado por Enrique Banús, Herbert Bernilla y Renato Guizado está volcado en el estudio de la concepción del espacio escénico, y particularmente la materiali zación de las acotaciones del drama Ollantay a través de las decoraciones pictóricas del artista Francisco González Gamarra. 

Como explican los autores, estas reinterpretaciones sirven para conectar un texto concebido en una época pretérita indeterminada (en el Perú colonial) con la modernidad del siglo xx, en el que la identidad nacional experimentó un intenso auge, en rasgos generales, y un constante cuestionamiento desde la intelectualidad y el mundo artístico. 8 pilar andrade - josé manuel correoso Héctor Clemente opta por profundizar en la representación y consolidación de la ima gen de Felipe II, tema que ha hecho correr ríos de tinta desde el siglo xvi (con la cuestión del sebastianismo, por ejemplo) hasta nuestros días (v.gr. con su inclusión en la serie televisiva El Ministerio del Tiempo). Clemente ofrece una visión diacrónica de la tematización teatral del rey y analiza la fluctuación de su figura, intrínsecamente ligada a la imagen de España, desde la mitificación como monarca universal hasta la demonización del fanático criminal. Por otra parte, la prueba de que el teatro es un género más vivo que nunca la aporta el capítulo de María Goicoechea, quien, al igual que Banús, Bernilla y Guizado, aborda la cuestión de la materialidad extra-textual de la representación dramática. Su aportación se cuestiona so bre adónde se dirige el género teatral y, en consecuencia, cuál va a ser su futuro. Los textos y los novedosos formatos explorados por Goicoechea abren el canon de los textos dramáticos hacia creaciones de naturaleza híbrida o fluida; el juego de la adaptación a los nuevos medios digita les tiene en el teatro una de sus principales fuentes de inspiración, dada la maleabilidad que, indefectiblemente, ha caracterizado al género. No obstante, y esto también queda manifiesto en este capítulo, existen siempre puntos de anclaje, “universales dramáticos” que sirven al creador contemporáneo para ligarse a la tradición, y entre los cuales sobresaldría Shakespeare.

 Por su parte, Garbiñe Iztueta Goizueta aplica los postulados teóricos de Genette a la obra Blutorangen (2015) de Verena Boos, indagando en la funcionalidad estructural de sus elemen tos dramáticos, a medio camino entre la narración y la escenificación. Iztueta hace ver cómo mediante el juego de conformación de formatos híbridos se consigue recrear con efectismo la memoria de la Guerra Civil Española. La investigación de Iztueta analiza y explica cómo los distintos tonos de los personajes construyen el ambiente dramático, partiendo de la utilización del monólogo para culminar en el diálogo, y rompiendo así con la linealidad narrativa que también forma parte de Blutorangen. Continúa lo explorado por Iztueta y al mismo tiempo contrasta con los anteriores capí tulos el de Émilie Lumière, último de la sección. Aquí se analiza también una obra centrada en la memoria, Moje holka, moje holka (Mi niña, niña mía) de Amaranta Osorio e Itziar Pascual, diacrónicamente y centrándose en las víctimas. Se explora asimismo cómo dos gé neros, el teatro y la poesía, complementarios pero diferentes, conviven dentro del mismo texto y contribuyen a darle uniformidad y consistencia. Por otro lado, la obra de Osorio y Pascual, partiendo de referentes más universales que la de Boos, amplía la hermenéutica del texto dramático de los anteriores capítulos y su intrínseca relación con la noción general de Literatura. El trabajo de Lumière invita, en fin, a ver teatro y literatura como entes no parti culares, sino universales. A tenor de lo expuesto en los capítulos que forman parte de esta sección, quizá es per tinente recordar la noción wildeana de teatralidad como expresión de lo literario. Si la esce nificación dramática es la materialización de lo oral, base de la literatura, el binomio teatro literatura no es sino la representación de dos caras de la misma moneda. Aunque con el cambio diacrónico o diatópico los referentes y la intencionalidad han podido encontrar modificacio nes, subversiones, etc., la idea permanece, haciendo que el teatro sea una proyección de las angustias, las aspiraciones, los miedos y las glorias de las generaciones que lo crean y que constituyen su audiencia. 

En ese sentido, como pantalla de la literatura, el teatro es una culmi nación dialógica de lo que la creación artística verbal puede llegar a ser. Por último, la tercera línea abría la reflexión a una temática novedosa en la crítica li teraria: el punto de vista animal, la interacción entre humano y no humano o la animalidad humana. Esta línea se apoyaba en las investigaciones de los Estudios Animales, que desde finales del pasado siglo han dado un fuerte impulso a estas cuestiones. Autores como Jacques Derrida, Giorgio Agamben, Alain Damasio, J. M. Coetzee, J.-M. Schaeffer, Nigel Rothfelds o Donna Haraway y, en el ámbito de la crítica literaria, Anne Simon, David Herman, J.-C. Bailly, Marion Copeland, Bruce Boehrer, Karla Armbruster, Lucile Desblache y otros, han ampliado las fronteras de la investigación académica al dirigir la atención hacia los animales y nuestra 9 introducción general relación con ellos. Se invitaba particularmente a indagar sobre la aportación específica de los Estudios Literarios a la temática animal, a partir de las posibilidades del lenguaje literario para expresar emociones y perspectivas no humanas, desarrollar la idea de excepcionalidad huma na y su recusación, integrar discursos relativos al diálogo interespecie o al compromiso con la causa animal, y adoptar una perspectiva transdisciplinar. El presente volumen compendia ocho trabajos que tratan estos temas y problemáticas. Varios de ellos se centran en cuestiones temáticas y conceptuales, y especialmente en la puesta en cuestión de la perspectiva antropocéntrica.

 Así, el trabajo de Miguel Rodríguez Gar cía descubre textos que la desarrollan ya en la fabulística española de los siglos xviii y xix, par tiendo de la figura del zorro. En ellos se confronta dialécticamente a este animal con el hombre y los animales que lo simbolizan, poniendo de manifiesto la violencia, soberbia e hipocresía humanas, pero también la naturaleza poco dúctil del zorro, que no puede, particularmente, hacerse vegetariano - posibilidad con amplia resonancia religiosa y filosófica en la época. Otro ejemplo temprano de perspectiva “zoocéntrica” es el que María Custodia Sánchez Luque pone en valor a través de su relectura de la novela La Débâcle de Émile Zola. Esta in vestigación examina la representación del caballo de guerra por parte del escritor francés y explica su descosificación mediante la mención reiterada de su muerte en batalla, la idea de contigüidad entre soldado y montura, y la desmitificación del humano combinada con la exal tación del caballo. Por otra parte, un animal especialmente icónico en nuestra época por la fuerza reivindi cativa y activista que ha generado, la ballena, ha despertado la atención de otro de los capítu los, el escrito por Justine Skarlaken. Tras un recordatorio de la presencia secular del animal en la literatura, su texto detalla cómo la figuración de este cetáceo en la literatura contemporánea se engarza en la problemática ambiental y ecofeminista, pero también refuerza su dimensión astrológico-mítica y su simbolismo como detonador de la búsqueda existencial humana. 

Los enfoques temáticos se conjugan con los formales e incluso visuales en uno de los trabajos, escrito por Mario Alonso, quien los incorpora en el análisis. Alonso examina la coin cidencia icónica de las semiosis animal y poética en dos caligramas y en un ejemplo de poesía visual de, respectivamente, Guillaume Apollinaire, Jorge Eduardo Eielson y Edwin Morgan. Como propedéutica al análisis desarrolla las características básicas de la teoría multimodal, que aplica al análisis zoopoético; seguidamente muestra que sólo en uno de los casos (y parcial mente en otro) la corporalidad animal participa en la construcción del significado y determina una agencialidad sustantiva para las aves y gatos protagonistas. La agencia animal es explorada asimismo en dos trabajos más. Uno es el de Daniel Arrieta, quien muestra de qué modo la novela La gata, Shozo, y sus dos mujeres (1936) de Junichiro Tanizaki permite atribuir al animal una verdadera condición de sujeto, que va más allá de la condición tradicional de objeto –y particularmente en este caso, de la condición de mujer-objeto deseada por el hombre–. La posibilidad de acción de la gata desaparece no obstante, según explica el texto de Arrieta, en la adaptación cinematográfica de la novela rodada por Shiro Toyoda. El otro trabajo que analiza la agencia animal es el de Laura Castillo y Enrique Pérez-Plá. Tras repasar varios argumentarios teóricos (Schaeffer, Derrida, Simon…), los autores analizan la simbología y la representación literaria de la rata en dos novelas contemporáneas de Nicola Lagioia y Andrej Zaniewski para analizar contrastivamente las respectivas miradas antropo centrista y antiantropocentrista. Muestran, así, cómo la segunda mirada se logra mediante un descentramiento narrativo que incorpora diferentes estrategias narrativas: la focalización interna situada en una rata junto con la primera persona, especialmente del plural, el futuro verbal que sugiere la autoconciencia animal, mitemas para favorecer la empatía del lector, o una profusión de datos de sentidos no visuales. Todo ello permite la identificación del lector con la rata y, por consiguiente, la percepción del desprecio y maltrato que recibe en las socie dades occidentales. 10 pilar andrade - josé manuel correoso Aunque quizá hubiese convenido organizar los diferentes capítulos de esta sección a par tir de la estructura y abundancia del propio reino animal. 

Algunos trabajos abordan en efecto todo el conjunto en un autor o autora, como el capítulo de Raquel Conde, que examina la pre sencia de los animales en la obra de Concha Castroviejo. Conde expone el papel benéfico de estos, salvajes y domésticos, en el orden natural, detalla el paralelismo que se establece entre muertes de humanos y de animales, y pone en valor el alegato de Castroviejo en favor del dere cho a la vida, a transcendencia y a la seguridad de los animales, fundamentados en el asombro y emoción que suscitan. Por su parte, el trabajo de Adriana Lastičová se interroga sobre el simbolismo de los ani males en varias novelas de la escritora francesa contemporánea Sylvie Germain, describiendo su poder sanador y su papel como psicopompos o mensajeros de lo invisible y de lo absoluto, poder que cuestiona simultáneamente el antropocentrismo y del especismo. Finalmente, en el texto que sigue al anterior, Alberto Martínez propone una contribución a los estudios del bestiario completo del autor francés Lautréamont. Para ello traza un deta llado estado de la cuestión sobre el tema, amplía y precisa el léxico teriomórfico del bestiario, ofrece un cómputo analítico exhaustivo, y muestra que la importancia cuantitativa del léxico teriomórfico en el escritor es mayor de lo afirmado en los estudios previos citados. Los capítulos de esta línea nos descubren por tanto aspectos de los textos literarios in advertidos en su mayor parte. Rastrear la presencia y, cuando existía, la agencia de zorros, caballos, ballenas, gatos, aves, ratas y muchos más ejemplares del reino animal en la ficción permite un descentramiento de la mirada crítica que no sólo amplía nuestra comprensión de un mundo no humano y su situación (de subordinación, de esclavitud, de emancipación, de superioridad, de extinción…) respecto a los hombres, sino que genera reflexiones propiamen te literarias referentes al corpus, canon y géneros narrativos, innovaciones formales, temas, motivos, símbolos e imaginarios. Esta es la vía que propiamente nuestra investigación futura sobre el tema recorrerá plausiblemente, sin olvidar, por supuesto, la faceta de concienciación incluida en la tarea de la zoopoética. 

No queremos terminar esta presentación sin agradecer a los miembros de la Junta di rectiva de la SELGyC su ayuda y buen hacer, y en especial a su presidente Dámaso López, su secretaria Ana González-Rivas y su tesorera Ángeles Ciprés. Nuestra gratitud va también diri gida hacia todos los autores que colaboran en el volumen por su trabajo y la calidad de su in vestigación, los miembros del Comité Científico, la maquetadora, Sara Olmos, y la gestora de la Asociación, Raquel Maspoch. Y agradecemos finalmente la presencia de quienes participaron en el vigésimo cuarto Simposio de la SELGyC e hicieron posibles los momentos de intercambio de ideas y enriquecimiento intelectual, así como de convivialidad en las actividades comunes organizadas. Esperamos que los lectores encuentren en este libro un registro de algunos de esos momentos. Pilar Andrade José Manuel Correoso

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