sábado, 8 de agosto de 2026

NOVALIS Hímmnos a la noche Enrique de Ofterdingen Edición de Eustaquio Barjau Traducción de Eustaquio Barjau




INTRODUCCIÓN 

1. NovALIS: ENTRE LA AUFKLARUNG Y EL ROMANTICISMO A figura de Friedrich von Hardenberg, que pasa por ser casi el representante más genuino del primer romanticismo alemán, el prototipo de un nuevo modo de pensar y de sentir, no está exenta de complejida- des y contradicciones. Unos cincuenta años más joven que Kant, Lessing, Klopstock y Wieland —a quienes leyó y que influyeron en su pensamiento y en su obra— y estric- to contemporáneo de románticos tempranos como Frie- drich Schlegel, Clemens Bretano y Ludwig Tieck, Novalis se encuentra entre dos movimientos culturales contra- puestos, y no siempre es fácil deslindar en este autor los ingredientes ilustrados de los románticos, así como ver de un modo objetivo a una figura que ha tendido a con- vertirse en un mito y a alejarse de su realidad histórica concreta. Algunas peculiaridades de la vida y de la obra escrita de Novalis pueden darnos idea de la dificultad de hacerse con la identidad espiritual de este autor. Partidario de la Revo- lución Francesa, una postura que no parecen haber modi- ficado los excesos de los jacobinos, Hardenberg es, no obs- tante, autor de un ensayo de carácter histórico-político, Fe y amor o el rey y la reina —contemporáneo casi del de Kant Para la paz perpetua—, en el que se propugna una especie de republicanismo monárquico; otro ensayo de este autor, La cristiandad o Europa, publicado en plena Restauración, pasó por ser un documento claramente reaccionario y oscuran- tista. Admirador de Goethe y estudioso del W2/helir Metster, Novalis es autor de una novela, Enrique de Ofterdingen, que [9] quiere ser la respuesta romántica a la del maestro de Wei- mar. Conocedor de la Física y la Ciencia Natural de su tiempo —unos conocimientos que traslada a veces a su obra poética—, ocupado él mismo en problemas técnicos —-la inspección de los trabajos de las salinas de Weissen- fels—, Friedrich von Hardenberg es considerado, con ra- zón, como el representante de una corriente de pensa- miento que se caracteriza fundamentalmente por su exa- cerbado espiritualismo. Lector, y amigo a veces, de los grandes filósofos de su tiempo, Novalis, poeta antes que nada, no renuncia a construir su propio sistema, un siste- ma, no obstante, que hay que descubrir detrás de su obra literaria —sobre todo de las dos que presentamos en este volumen— o reconstruir con los elementos de una amplia producción escrita de carácter asistemático y casi aforísti- co. Tampoco es fácil deslindar en Hardenberg lo que en su obra es la sublimación de elementos autobiográficos —uno de ellos sobre todo, del que hablaremos más ade- lante— de lo que constituye propiamente el cuerpo de su pensamiento. Además de todo esto, el hecho de que Nova- lis muriera en plena juventud, de que su obra más impor- tante, la novela que presentamos en este volumen, queda- ra incompleta —falta la segunda parte, «La consuma- ción», que debía contener lo fundamental del ideario de su autor—, así como el carácter inconexo, disperso y asiste- mático de muchas de sus páginas, son factores que dificul- tan aún más la lectura de este poeta y su cabal caracteriza- ción. En pocos autores como en el que vamos a presentar es tan fácil encontrar todo lo que uno busque: el románti- co y el ilustrado, el espiritualista y el cientifista, el progre- sista y el reaccionario... En pocos autores como en Novalis parece hacerse tan necesaria una lectura «gestáltica» y que busque la empatía con el poeta que se esconde detrás de las páginas de sus libros. Si bien parece recomendable proble- matizar y matizar la figura monolítica del Novalis román- tico por antonomasia que nos ha legado una historiografía quizás poco cuidadosa y poco atenta a los textos, también parece aconsejable no perder la cabeza en interpretaciones reactivas, cogiendo por los pelos algunos de sus fragmen- [10] tos y sacando a este autor del capítulo de la historia. del pensamiento europeo en el que, por algo, se le ha venido colocando tradicionalmente. 2. NOTICIA BIOGRÁFICA. ÍNSPIRADORES DEL POETA Friedrich von Hardenberg —el nombre de Novalis, «el que gana tierras nuevas», que él y los más cercanos a su círculo acentuaban en la primera sílaba, lo tomó el poeta de un antepasado suyo del siglo x11i— nació el 2 de mayo de 1772 en Wiederstedt, en Sajonia, hijo de Heinrich Ul- rich Erasmus von Hardenberg, ingeniero de minas y luego oficial del ejército prusiano, y de su segunda esposa Augus- te Bernhardine von Bólzig. En 1785 la familia se traslada a Weissenfels, en Turingía, donde el padre ocupa el cargo de director de las salinas de aquella región. Después de una breve estancia en la escuela media de Eisleben —con ante- rioridad Friedrich había recibido enseñanzas en el palacio de Lucklum, junto al hermano de su padre, Gottlob Frie- drich Wilhelm von Hardenberg—, donde el futuro poeta leyó entre otros autores a Homero, Píndaro y Teócrito, el padre mandó a su hijo a estudiar Derecho a la Universidad de Jena. Allí conoce Novalis a Schiller, Fichte, Nietham- mer y Hoólderlin. Sobre la influencia que en él ejercieron los dos primeros autores mencionados deberemos ocupat- nos más adelante. El poeta se sintió siempre poco interesa- do por los estudios a los que le había destinado su padre y dedicó más atención a disciplinas como las Matemáticas y las Ciencias de la Naturaleza. Por sugerencia de Schiller, Novalis abandona Jena y se traslada a Leipzig, donde con- tinúa, igualmente sin entusiasmo, sus estudios de Derecho —una carrera que terminará luego en Wittenberg—, que compagina de nuevo con los de Matemáticas y Ciencias Naturales, así como con los de Filosofía e Historia. En Leipzig conoce Novalis a Friedrich Schlegel; entre ambos surge una amistad que, aunque no exenta de tensiones y crisis, resultará enriquecedora para los dos. Más adelante diremos algo sobre la influencia que el autor de Lucinde ejerció sobre Novalis. Terminados sus estudios de Dere- (u] cho, el poeta pasa a ocupar un puesto en la administración de las salinas de Tennstedt. El año 1794 tiene una especial importancia en la vida de nuestro autor, porque, en un viaje ocasional a Grúningen motivado por el cargo que Hardenberg ocupaba en Tennstedt, conoce a Sophie von Kiihn, de la que se enamora, con la que se prometerá luego en secreto y que tendrá un papel muy importante en la vida y en la obra de este poeta. La figura de la muchacha de doce años que el poeta conoció con ocasión de este via- je, una figura que centra el tercero de los Himnos a la Noche, que aparece retratada en Matilde, en el Enrique de Ofterdin- gen, y ala que el poeta dedica la primera parte de esta nove- la, ha sido objeto de un considerable proceso de mitifica- ción, tantos son en este caso los elementos biográficos que invitan a urdir una imagen tópica de la amada romántica. Sin embargo, tal estereotipo se encuentra en este caso no- tablemente alejado de la realidad de los hechos. Aunque Novalis escribió a su hermano diciendo que un cuarto de hora había decidido su vida entera —una frase que éste desmitificó observando que en un cuarto de hora no se puede conocer a una persona de tan altas cualidades, que si hubiera sido un cuarto de año sí estaría dispuesto a admi- rar res... sus talentos en punto al conocimiento de las muje- —, €s posible que Erasmus Hardenberg tuviera razón cuando le reprochaba a Friedrich un cierto cálculo y una cierta frialdad en la elección. Puede ser que en aquella mu- chacha el poeta buscara el equilibrio que necesitaba para la inestabilidad sentimental y erótica de sus años mozos y que el amor entre Friedrich y Sophie no fuera el prototipo del amor romántico que a veces se ha querido ver; por otra parte, entre ambos no faltaron dudas, crisis y tensiones. Sophie enfermó muy pronto; Novalis vivió con aflicción dolor esta enfermedad. La muerte de Sophie en 1796, que supone ciertamente una profunda crisis en la vida del poe- ta, idealiza de un modo definitivo esta figura y convierte un amor dudoso y problemático en un hito de la vida y del sistema filosófico-poético de nuestro autor. Volveremos a encontrar a Sophie cuando nos ocupemos de los Himnos a la Noche. [12] A partir del otoño de 1797 Hardenberg estudia en la Bergakademie —algo así como la Escuela de Ingeniería de Montes— de Freiberg, cerca de Dresde. De esta época guardó el poeta un recuerdo entrañable de su maestro Abraham Gottlob Werner, a quien rendirá un homenaje especial en la novela que presentamos en este volumen, así como en Los aprendices de Sais. A este tiempo corresponde también el segundo amor de Novalis, Julie Charpentier, hija de un profesor de la Bergakademie. La interpretación de este segundo matrimonio en la vida de Novalis es una cuestión que en modo alguno está exenta de dificultades y que ha dado lugar a no pocos malentendidos. Por confe- siones explícitas a sus amigos sabemos que para el poeta esta segunda relación amorosa supuso un conflicto perso- nal; no implica en absoluto el olvido de su primera amada, O, más exactamente quizás, una infidelidad a la idealiza- ción que de ésta tuvo lugar en Novalis después de la muer- te de Sophie. El poeta siguió vinculado a la muchacha que conoció en Griningen y siguió esperando reunirse con ella en otro mundo. Desde la muerte de Sophie, y aún más desde su matrimonio con Julie, Novalis vive una doble vida —de la que, de algún modo, su sistema filosófico- poético viene a ser la expresión—, la centrada en los asun- tos de esta tierra y la que espera una elevación y reunifica- ción de todo más allá de la muerte. Dentro de esta óptica Julie es una compañera que va a ayudar al poeta a recorrer el trecho que le falta hasta unirse con Sophie. La figura de Cyane, que aparece en el primer capítulo de la segunda parte del Enrique de Ofterdingen —el único que el poeta llegó a escribir—, alude a Julie y al papel que ésta debía tener en la vida de Novalis. Como hemos dicho, en favor de esta interpretación de este segundo amor de Novalis hablan confesiones muy concretas de nuestro autor; a Friedrich Schlegel, por ejemplo, le dice que, si bien, con su nuevo proyecto, le espera una vida nueva, «con todo, hablando sinceramente, preferiría estar muerto»; pocas semanas más tarde, a la hermana de su amigo, Karoline, le confiesa que un reconfortante sueño terrenal le ha cerrado los ojos para un sol distinto del que le ilumina ahora, y que si antes en él [13] todo era «en estilo arquitectónico religioso», ahora todo lo ve «en estilo arquitectónico burgués». En 1799 Novalis vuelve a Weissenfels, donde se reinte- gra a su cargo de director de las salinas. Es éste un año de viajes y contactos con los representantes del primer Ro- manticismo. El poeta se traslada con frecuencia a Dresde y a Jena; en esta última ciudad, huésped de Wilhelm August Schlegel, renueva sus contactos con Schelling y conoce a Ludwig Tieck, con quien traba una sólida amistad, a la que debemos, por ejemplo, las noticias que nos han llega- do de las intenciones de Hardenberg en relación con la se- gunda parte de su Enrique de Ofterdingen. Huellas de su amis- tad con Novalis las encontramos, por ejemplo, en los rela- tos de Tieck Viaje de verano y El joven maestro carpintero. A éste le debe aquél el haberle llamado la atención sobre la obra de Jakob Búhme. Novalis muere el 27 de marzo de 1801, casi cuatro años justos después de la muerte de Sophie. En el curso de la breve noticia biográfica que precede han ido apareciendo nombres de personas que han tenido un papel en la vida y en el ideario de nuestro autor; algu- nos de ellos pueden considerarse de algún modo como ins- piradores de su obra. Conviene que nos detengamos unos momentos en ellos. Por orden de aparición en la escena de la vida de nuestro autor serían los siguientes: Fr. Schiller (1791), Fr. Schlegel (1792), Fichte (1795), Fr. W. Sche- lling (1797), A. G. Werner (1798), J. W. Ritter (1798), L. Tieck (1799) y J. Bóhme (1800). De entre esta nómina de autores que influyeron en No- valis los hay de muy diversos tipos, desde amigos que com- partieron las inquietudes del poeta y que le recomendaron lecturas que podían interesarle —éste sería el caso, por ejemplo, de Fr. Schlegel y de L. Tieck—, pasando por maestros de los que Novalis tomó elementos y sugerencias para su obra —Schiller, Fichte...— hasta autores que el poeta no conoció pero cuya lectura y meditación ha dejado huellas muy importantes en su obra. Desde el punto de vista profesional, entre estos nombres encontramos filóso- fos de campo, como Fichte, Schelling, Hemsterhuis y [14] Kant, literatos puros, como Tieck, literatos doblados de ensayista y filósofo, Schiller, Fr. Schlegel, y científicos como Werner y Ritter. A Schiller le debe Novalis el haberse apartado de los modelos poéticos de una época que ya no es propiamente la suya —Klopstock, Wieland, Biirger—, el conocimien- to de la Edad Media, que tiene un papel tan importante en Enrique de Ofterdingen y en el ensayo La Cristiandad o Europa, y sobre todo la vinculación de belleza y vida moral, que es uno de los ingredientes fundamentales del sistema filosófi- co-poético del que hablaremos después. A Friedrich Schlegel le debe Novalis el haberle afianza- do en su vocación filosófica y el haberle introducido en el pensamiento de Kant, que es uno de los contrapuntos so- bre los que el poeta define su pensamiento. Fichte, junto con Hemsterhuis, es uno de los principales inspiradores del ideario de Novalis. De él habla continua- mente este poeta en sus cartas; de su asistencia a los cursos que el autor de la Doctrina de la Ciencia daba en Jena se con- servan más de quinientas páginas de anotaciones y apuntes de Novalis. Cuando éste intenta superar el idealismo de Fichte —éste es el caso de sus esbozos del nuevo sistema del «idealismo mágico»— lo hace usando muchas veces el aparato conceptual y hasta la terminología de aquel filóso- fo. La idea de libertad, de aspiración a lo infinito, la dia- léctica sujeto-objeto, la concepción del arte y la acción hu- mana como victoria sobre la resistencia de la materia son elementos fundamentales del pensamiento de Novalis so- bre cuya filiación fichteana no parece que pueda haber duda alguna. En Schelling, cuyo ensayo /deas para una filosofía de la Na- turaleza (1797) leyó Novalis, encontraría este autor mu- chas de las ideas que luego leería en Hemsterhuis —la fuerza atracción-repulsión como lo que conforma la tota- lidad del cosmos, por ejemplo— y que aparecerán después en los fragmentos del Algemeines Bromillon —«borrado- res»—; la idea de que la Naturaleza es espíritu visible y el espíritu Naturaleza invisible puede haber sido una de las fuentes de inspiración de la teoría novaliana del hombre [xs] como microcosmos y el mundo como macroanthropos. En Frans Hemsterhuis, el filósofo holandés nacido de la Ilustración y enfrentado luego a ella, de inspiración plató- nica y simpatías pitagóricas, enemigo de los enciclopedis- tas franceses y continuador de la tradición inglesa de cuño moral —Shaftesbury, Fergusson...—, encontró Novalis lo que no encontraba ni en Kant ni en Fichte, y, por otra parte, vio desarrollados algunos de los pensamientos que se hallan en las /deas para una filosofía de la Naturalez de Sche- lling. De un modo esquemático, éstas podrían ser las intui- ciones de Hemsterhuis que más llamaran la atención de Novalis: el Universo como unidad armónica, una armonía que una fuerza espiritual ha impreso en la materia y a la que sólo la corriente moral que circula por los seres huma- nos puede descubrir; el Universo como algo constituido únicamente por dos fuerzas, la atracción y la inercia —transposición al mundo de la vida de las ideas de New- ton—; la indisociabilidad de materia, movimiento y pen- samiento; la concepción del cuerpo como instrumento del alma, que aspira a unirse con el objeto deseado, una unión que no es otra cosa que recomposición de lo disperso; la idea de Dios como la instancia suprema que fragmenta la realidad y dirige su recomposición; la identificación entre sentimiento de unidad y placer estético... Un cuerpo de doctrinas emparentado con éste, formula- do en el caso de Schelling y Hemsterhuis en clave filosófi- ca, lo encontró Novalis corroborado, ahora desde la pers- pectiva física y biológica, en las enseñanzas de Abraham Gottlob Werner, en la Bergakademie de Freiberg, y luego en la lectura de Johann Wilhelm Ritter, a quien el poeta conoció después en 1798. El primero, que enseñaba Geog- nosia, Oritognosia, Mineralogía y Estructura de los Cuer- pos Sólidos en aquel centro, intentaba, al igual como lo había hecho Lineo con las plantas, establecer una sistemá- tica coherente en el reino mineral; fue el defensor del nep- tunismo, una teoría que atribuía la totalidad de las formas de la superficie terrestre a la acción del agua y al depósito de materiales transportados por ella. J. W. Ritter, autor de un ensayo titulado Prueba de que el proceso vital que se da en el [:6] reino de los animales va acompañado de un constante galvanismo, proclama la unidad de todo el Universo, al que ve como una especie de macroanimal por el que circula una co- rriente única; para este autor las partes de los distintos ani- males y las distintas plantas son partes de este ser vivo úni- co. Cuando nos adentremos más en la obra de Novalis ve- remos aparecer, de distintos modos —en forma de aforis- mos o de obras literarias trabadas—, las ideas que acaba- mos de esbozar. Como señala Kluckhohn, en el caso de Novalis no siempre hay que hablar de influencias, muchas veces se trata sólo de un fenómeno de ósmosis cultural o de coinci- dencias entre el modo de pensar del poeta y sus lecturas o las ensañanzas que recibió en Freiberg. Este es el caso de la lectura de Jokob Búhme. Novalis había escrito ya lo fundamental de su obra cuando leyó a aquel autor. Del entusiasmo que sus doctrinas causaron en el poeta son buen testimonio un poema que éste le dedicó y en el que —aludiendo al título de uno de los libros del fi- lósofo místico alemán— habla de aquél como de «el anun- ciador de la aurora», y su intención de escribir un ensayo sobre él. Para Bóhme Dios no es una realidad estática, ac- tual, sino una energía, algo que se va haciendo en un ritmo que recuerda el de la dialéctica hegeliana y en el que la ne- gación— que es lo que hace progresar tal dinámica— tie- ne un papel fundamental. En realidad, tanto en Hemster- huis, en el Schelling de /deas para una filosofía de la Naturale- za, como en Werner, Ritter y Bóhme, se trata de una vieja corriente de pensamiento de raíz mística y platónica que floreció a finales de la Edad Media y que llega hasta el si- glo xvr11. Es difícil, pues, en este inventario de influencias que acabamos de hacer, distinguir filiaciones de afinidades o simplemente de influjos osmóticos del clima espiritual en el que se desenvuelve la obra de nuestro autor. 3. EsBozO DE UN SISTEMA: «EL IDEALISMO MÁGICO». LA MORALIZACIÓN DEL COSMOS. PROYECTO DE UNA ENCICLOPEDIA La palabra «esbozo», para introducir el tema del «idea- lismo mágico» de Novalis, parece inexcusable. En efecto, en una carta que el poeta escribe a Friedrich Schlegel el 11 de mayo de 1798, Novalis anuncia a su amigo un gran plan —«una idea muy grande, muy fecunda, que lanza un rayo de la máxima intensidad sobre el sistema de Fichte, una idea práctica» —, pero a la vez se excusa por haber des- pertado en el destinatario de la carta una curiosidad que él mismo no está aún en situación de satisfacer, porque no ha desarrollado todavía su pensamiento de un modo cabal; sin embargo puede comunicarle al amigo su alegría por- que tal proyecto concierne nada menos que a la realiza- ción de los deseos y los presentimientos más atrevidos del hombre de todos los tiempos. Conviene, pues, ser cautos en la exposición del conteni- do del plan novaliano del «idealismo mágico», toda vez que tal proyecto no se encuentra desarrollado ¿a extenso en ninguna obra de este autor y sólo es rastreable en las notas sueltas de su Allgemeines Browillon, que ronda las 350 pági- nas, y en los entresijos de una obra tan llena de ideas, de in- tenciones y de dificultades como es la novela Enrique de Of- terdingen. El examen de las dos palabras que constituyen este rótu- lo puede ayudarnos a entender cuáles fueron las intencio- nes de Novalis al excogitar esta «idea fecunda» que debía lanzar un rayo de luz sobre el pensamiento de Fichte. El «idealismo mágico» es un proyecto que tiene que ver fun- damentalmente con la relación del hombre con el cosmos; una relación que podemos caracterizar globalmente como intuición intelectual; sin embargo, lo que caracteriza la in- tuición intelectual novaliana del Universo es lo siguiente: en el poeta esta visión es además un éxtasis —ec-stasis—, una salida del hombre de sí mismo y una proyección acti- [18] va del sujeto sobre el objeto que conoce, una acción del ser humano sobre las cosas. Una analogía, planteada explícita- mente por Novalis, puede orientarnos en la dilucidación de este problema: la analogía que existe entre el alma indi- vidual y el cuerpo humano, por una parte, y la que se da entre el alma del Universo y éste, por otra; es la doctrina del microcosmos y el macroanthropos a la que ya hemos hecho alusión hace unos momentos: del mismo modo que el alma del hombre gobierna su cuerpo, el alma del Uni- verso gobierna a éste. Pero entre el ser humano y el Uni- verso existe una analogía, porque llevamos el Universo dentro de nosotros, pues éste tiene nuestra forma, y «el mundo tiene una capacidad originaria para ser animado por mí», de modo que el proyecto que tenemos del mundo coincide con el que tenemos de nosotros mismos. La in- tuición intelectual no es, pues, una aprehensión pasiva de lo que está fuera de nosotros sino una actuación de noso- tros sobre lo exterior al yo, donde tal distinción entre lo que somos nosotros y lo que es el cosmos ya se apartaría del sentido estrictamente novaliano de esta curiosa forma de idealismo, porque nosotros somos una réplica del mun- do y el mundo es una imagen del hombre: «el hombre tan- to puede ser el Yo como el No-Yo», dice nuestro autor dialogando con Fichte. Este es el sentido del adjetivo «má- gico» que acompaña al rótulo del idealismo de Novalis: la magia es el arte de actuar sobre las cosas, a voluntad del mago, de transformar la realidad; a la actuación del alma individual sobre el cuerpo no la consideramos mágica, sí en cambio a la actuación del hombre sobre las cosas; pues bien, ésta es la vocación del hombre —concretamente, del poeta—, imponer la idea, el espíritu sobre la materia, con- vertir lo involuntario y azaroso en voluntario y planeado, espiritualizar el cosmos; en el postulado del «idealismo mágico» de «hacer de las cosas ideas y de las ideas cosas» se expresan de un modo pregnante los dos términos que defi- nen este esbozo de sistema. El «idealismo mágico» no es, con todo, la última meta del ser humano; ésta debe ser la moralización de la Natura- leza. Esta transformación del Universo, cuyo sentido es la [19] victoria del espíritu sobre la inercia y sobre la tendencia a la disgregación, debe acercar a aquél a Dios, que es el fin de este dinamismo. De ahí que para Novalis el poeta, que es el agente de esta glorificación del cosmos, sea a la vez un «vidente» —idealismo—, un «mago» —mágico— y un sacerdote, porque su actuación está referida al ámbito de lo divino. No es de extrañar que, por la misma época en la que Novalis prometía a Friedrich Schlegel una idea fecunda —que el poeta todavía no podía concretar— que iba a ilu- minar el sistema de Fichte, Hardenberg se ocupara de un proyecto de grandes proporciones, y que tampoco llegó a realizar: la Enciclopedia. El término, teniendo en cuenta el ensayo del mismo tí- tulo que había tenido lugar en Francia pocos años antes, puede inducir a error. En efecto, el proyecto novaliano de una «introducción a un auténtico saber enciclopédico» se halla a leguas de distancia del plan compilatorio del saber humano llevado a cabo por los ilustrados franceses. Con su Enciclopedia Novalis quiere derribar las fronteras que separan las ciencias y las artes y reducir la totalidad del sa- ber y el hacer humanos a una unidad última de la que, en un despliegue múltiple, saliera la totalidad de cuanto el hombre ha excogitado y llevado a cabo a lo largo de la his- toria. Un proyecto de altos vuelos que asustó al mismo Novalis, sobre el que bromeó Friedrich Schlegel —«Har- denberg se dispone a hacer una masa con la religión y la Física. Va a resultar un revuelto curioso», dice aquél en una carta a Schleiermacher— y del que han quedado sola- mente fragmentos dispersos en el A/lgemeines Brouillon. En ellos, y en consonancia con el magno plan que el poeta se había trazado, encontramos expresiones tan peregrinas como «Física espiritual», «música química», «Fisiología poética» o «Historia física»... Después del recorrido que hemos hecho por el pensa- miento y la obra de algunos de los principales inspiradores del sistema filosófico-poético de Novalis, no cabe abrigar duda alguna sobre la progenie de este ambicioso plan: en- tre los ancestros de la Enciclopedia de nuestro autor se en- [20] contrarían no sólo Leibniz, con su proyecto de una Cien- cia Universal, sino también Fichte, para quien la Doctrina de la Ciencia quiere ser una ciencia de las ciencias, así como Hemsterhuis, con su teoría de la armonía del Universo y de la reunificación de lo disperso por obra del alma del hombre; no en último lugar tampoco las ideas geológicas de Werner, que en la época en la que Novalis concebía su gran proyecto profesaba un curso en Freiberg con el título de «Enciclopedia de la ciencia de la minería», o el galva- nismo universal de Ritter. El parentesco entre el proyecto de una «introducción al auténtico saber enciclopédico» y los esbozos del sistema del «idealismo mágico» de los que hemos hablado hace un momento es también claro. Del mismo modo como la es- piritualización del cosmos que debía llevar a cabo el hom- bre —el poeta— debía culminar en la moralización del Universo, la Enciclopedia de Novalis tenía también una finalidad ética, porque dentro de la óptica novaliana —y ahí aparece de nuevo la figura de Hemsterhuis, quien, al modo socrático, une el saber con la felicidad— la inteli- gencia y el bien obrar están vinculados mutuamente.

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