Sr. Dr. D. Enrique de Arrascaeta.
Mi respetable amigo: La intrepidez editorial de D. Andrés Ríus — á quien quedo muy grato por su piadosa tarea, — toma de mi colaboración en los Anales del Ateneo, seis artículos que versan sobre el mismo asunto, y con los cuales, convertidos en otros tantos capítulos, resulta lo que llamaré un libro, desde que por libro tiene el diccionario de la lengua, á una reunión de pliegos cosidos y en cuadernados. Siquiera sea, pues, materialmente, las páginas si guientes constituyen un librito, que he de ofrecer á usted por dos razones: es la primera, que sus me recimientos literarios, sin contar los demás que á usted exornan, le hacen acreedor, no ya á este po bre homenaje de mi aprecio y buena voluntad, sino á otro do mayor valía que rendirle pudiera quien rayase á más altura que yo; es la segunda, quo obligó usted mi gratitud cuando gentilmente quiso vincular con fina dedicatoria mi nombre humilde, á la suerte propicia de su «Colección de poesías americanas ¡>. « Las mujeres de Shakespeare » llamo á la obri ta que dedico á usted, mediante cuyo título á pri mera vista pomposo, no otra cosa, absolutamente ninguna otra, quiero significar, sino con pocas pala bras, la materia sobre qué versan las ligeras páginas que he escrito. Y al osado que me tilde de inmodesto, aun con la advertencia que precede, afírmele usted que los se sos me he devanado por hallar inscripción que me jor cuadrara á la sencillez de mi intento; agréguele asimismo que he procurado con empeño alejar toda sospecha de tiesura que explicarse pudiera sola mente en autores inflamados por auras populares, que no van á henchir mis pulmones, al soplo de la voga de este libro; dígale usted también todo lo que se le ocurra, y como argumento decisivo, que le invente un título para la próxima edición. Atienda usted ahora la historia de mis inquietu des y zozobras: Estudios /. . . me decía yo á solas; eso es, de signaré mi trabajo así: « Estudios sobre Shakes peare. » Pero. . . imposible!; no han sido á fe muy extensos los que recuerde haber practicado, y enga ñaría al público : 110 sé mentir. Además, hace ya mucho tiempo que ha dejado de ser rasgo de plau sible modestia, ponerle á un libro en su primer ho ja, lo de qua se trata de un estudio; que como quien dice nada, Bernardino de Saint-Pierre, Cha teaubriand, Balzac, Renán, y otros estudiantes por el estilo, muy serios han llamado Etudes á algunas de sus peregrinas producciones. Tongo por fuerza, pues, quo renunciar á mis Estudios Shakespearia- nos. A renglón seguido de este fracaso, un momento hubo en que la palabra ensayo se presentó á la mente como tabla salvadora en el naufragio de los títulos de un libro. Ensayo sobre las mujeres de Shakespeare, — lo confieso ingenuamente, — fuó manera de designación que me sonó al oído sin pretensiones, y me sedujo; por cuyo motivo, pres cindiendo con desdén de que Yelisla, en apuro al mío semejante, temió escuchar cerca de sí « que se ensayo ese caballero en su casa», prescindiendo de eso, repito, iba ya á dar aquel título á la imprenta, cuando de pronto me sentí iluminado, y recordó que Essais, sencillamente es una travesura como la de Etudes, practicada, eso sí, por niños de gran talla; como que Montaigne, Macaulay, De Sanctis, para no citar más escritores ilustres, les llaman Essais, ó Essays, ó Saggi, según su res pectivo idioma, á muchas de sus obras inmortales ! ... Bocetos, Esbozos, viniéronme también á la me moria, y Bosquejos qué sé yo ! .... y siempre quedé en la misma!! P e ro .... ¿á qué preocuparme de secundario detalle en el bautizo de este libro ? ¿ No es verdad que usted lo acepta, sea cual fuere el nombre que llevo ? Con esta seguridad, tranquilo siéntome ya, y dejo bajo el amparo y protección de usted á Las Mujeres de Shakespeare. Luis Melián Lafinur. Julio de 1884.

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