sábado, 6 de junio de 2026

Literatura en el laboratorio Franco Moretti (coord.)

 



La medida de la literatura

Franco Moretti

Nuestro primer panfleto . En 2010, ninguna délas cinco 

autores del «Formalismo cuantitativo a tenía la menor jdea de 

que estaba escnbiendo un o<panfleto». Una conocida revista aca

démica nos habia pedido un artículo sobre nuevos enfoques cri- 

ticos, así que enviamos el texto a los editores; pero nos lo devol- 

vieron con tantas peticiones de cambio que nos lo tomamos como 

un rechazo total. Fue decepcionante; entonces la crítica compu

tación al estaba mal vista en el mundo académico, no podíamos 

dejar de pensar que su negativa no sólo se dirigía a nuestro ar

ticulo, sino que iba dirigida a toda una perspectiva crítica. Pues

to que seguíamos defendiendo la calidad del ensayo, en vez de 

probar suerte con otra revista o - -Dios no lo quiera— en vez 

de introducir las modificaciones requeridas, decidimos publicar 

el texto por nuestra cuenta como un documento del Literary Lab. 

No puedo recordar cómo surgió el término «panfleto* y, franca

mente. ni siquiera resulta apropiado: los panfletos tienen una 

vocación pública; en cambio, nuestro traba|o carecía de tal di

mensión y, además, incorporaba muchos aspectos técnicos. Peno 

la palabra capturó la euforia que nuestra independencia nos 

procuraba, así como la libertad de publicar lo que queríamos, 

cuándo y como queríamos. Üe extensión corta, larga e incluso 

muy larga, nuestros panfletos se han publicado siempre en el 

momento exacto en que considerábamos que estaban listos —ni 

un minuto antes ni un minuto después—;y sin tener que pasar 

por el molinillo de un ^estilo» editorial concreto. V todo esto por 

que el trabaio titulado «Formalismo cuantitativo» fue rechaza

do por... No importa el título de la revista; de hecho., nos hicieron 

un favor.

Meandros y tanteos . «Nada es tan rano como un plan» son 

palabras atribuidas a Napoleón; ciertamente, hemos llegado a la 

conclusión de que tenia razón. Nunca saben os por dónde saldrá 

et siguiente panfleto: algunos han sido realizados por un solo 

autor como parte de un trabajo de final de grado («Loudnessin 

the Novel») o de una tesis doctoral {«Becoming Yourselí: the Aí- 

terlife of Reception*): otros son el resultado de la afinidad elec

tiva de una pareja de investigadores que suelen trabajar bien 

juntos {«AQuantitative Literary Hislory of 2.958 Nineteenth No

véis: the Semantic Cohort Method»; aBetween Canon and Cor

pus: Six Perspectíves on 20th-Cenlury Novéis»; « Banks pea ks: the 

Language of Morid Bank Reports, 1&4É'2Ü12*}. y otros lantos han 

surgido de la comple|a polifonía derivada de un grupo de inves

tigadores más numeroso {«Formalismo cuantitativo», cap. 2; vh\ 

eslío a la escala de la frase», cap. 3; «Sóbreles párrafos. Escala, 

temas y forma narrativa», cap. 5; « Canon/archivo. Dinámicas de 

largo alcance y campo (i te rano», cap. 6).1 Con el tiempo, sin em

bargo. un equipo de cinco o seis investigadores se ha convertido 

en la formación más frecuente y la que mejor encarna la nove

dad del trabajo de laboratorio. Por eiemplo, en «El estilo ala es

cala de la frase», empezamos dividiendo las tareas iniciales en 

tre cada uno de los integrantes del equipo; no tardamos mucho 

en ponemos en desacuerdo sobre el camino que debíamos seguir 

más larde se abrieron algunas posibilidades que investigar y lue

go se abandonaron; durante el primer año hubo dos o tres pre

sentaciones colectivas en el laboratono; mientras tanto, algunos 

paréntesis detraüajo solitario, discusiones en grupos pequeños 

y ríos de correos electrónicos: más tarde, una larga coda de bo

rradores, discusiones y reformulaciones, etc. Los li ümos meses 

fueron cruciales para Ja sección final del panfleto en donde con

vertimos dos anos de hallazgos empíricos en conjeturas teóricas. 

«Sin los conceptos de la segunda parte -escribimos entonces 

los resultados de la primera permanecerán ciegos; y sin el con 

temdc empírico de la primera parte, iat categorías empleadas

1 Tsdc-s toe panfletos pueden descargarse en ingdés desde la web del Lite

rary Lab: hdSpsifllitlab.&tanfbrd.ed^pamphiets/.

hacia el final de este capitula estarían vaciase. En ese momento 

no lo sabíamos. peno acabábamos de poner en palabras el conti 

nuo vaivén enlre lo empírico y !o conceptual que caracterizarla 

(oda nuestra mvesíigación futura.

Trabajo . Labaratorium , laborare, labor. Ta\ es la definición 

de un aboratono: un lugar en donde trabajar, en grupo casi sienv 

pre. Ahora que tengo la experiencia en una variedad de formas 

(grupos pequeños y grandes, estudiantes y profesores, de la mis- 

ma disciplina y universidad o de diferentes), diria que casi iodos 

los proyectos pasan por doseíapas muy diferentes. En la fase ¡ni’ 

cial, el grupo funciona como un solo organismo, donde cada indi

viduo lleva a cabo una tarea especifica. La primera tarea consis

te en programar; Matt Jockers sentó las bases incluso antes de 

que se inaugurara oficialmente el laboratorio y Ryan Heuser sos

tuvo el trabajo de programación a lo largo de los arios con un ta

lento imaginativo excepcional y con unas implicaciones materna 

ticas que sólo nos han sido aclaradas hace poco gracias a Mark 

Algee-Hewitt. Sobre la base de la programación, se puede lograr 

mucho más: desde el perfeccionamiento del corpus hasta el aná

lisis de los resultados iniciales: desde la revisión de la literatu

ra critica hasta el diseño de experimentos de seguimiento. Esta 

división funcional del trabaio, cuyos resultados ningún erudito 

podría lograr deforma aislada, es claramente indispensable para 

la investigación moderna. Pero la segunda etapa del trabajo en 

grupo es. si cabe, mejor incluso. Ahora, el equipo se sienta aJre- 

dedor de una mesa la mesa de laboratono es una herramien

ta tan esencial como el equipamiento más costosa— y discute 

cómo dar sentido a los resultados. Aqui. la integración eficiente 

de la primera etapa da paso a un torbellino de asociaciones dis

pares: C reflexiona sobre el lenguaje de un extracto especifico 

y A sobre las categorías históncas que podrían explicarlo: F re

cuerda algo que 0 había dicho unos meses antes (y que habia ol

vidado); E reconoce un patrón gramatical, para el cual B sugie

re una explicación evoiutiva... Todos los investigadores traen en 

esta fase sus intereses e incluso sus fijaciones. A veces, hay mu

cho ruido. Pero en algunos momentos mágicos, el grupo secón- 

vierte en algo más que la suma de sus partes y «ve* cosas que 

un par de ojo sen solitario no podría ver. Si en los panfletos que si

guen hay descubrimientos genumos, son fruto de estos momen

tos mágicos.

Adagíetta . Un en sayo científico compuesto como una sinfo

nía de Mahler: registros discordantes que apenas logran coexistir; 

un movimiento hacia delante interminablemente desviado; las 

melodías más sencillas, seguidas de saltos hacia lo desconoce 

do. A menudo he intentado escnbir asi, y siempre he fracasado. 

Ahora buen, con los panfletos, la forma ha surgido sin buscarla. Se 

despliega a lo largo de cuatro niveles distintos, cas* equivalen

tes: imágenes, pies de foto, texto y notas a pie de página. Imáge

nes, en pnmer lugar: gráficos temporales, histogramas. árboles, 

redes, diagramas, gráficos de dispersión... En nuestros panfletos, 

las imágenes son lo pnmero porque, al visualizar los hallazgos 

empíricos, constituyen el objeto de estudio de la crítica compu- 

tacional: son nuestro «textor,la contraparte del análisis textual. 

Junto a las figuras., e igualmente de naturaleza nueva, hallamos 

los pies que ilustran las figuras: casi ausentes en los primeros 

panfletos, se han convertido desde entonces en algo tan esencia: 

para nuestro ira bajo como las descripciones en la historia del 

arte o las observaciones en tos informes científicos; escribidos 

nos ha enseñado a observar más atentamente y a declarar lo 

que óHvemosuen todas las figuras, anunciando asi cuáles serán 

los primeros pasos del análisis. Después de las imágenes y los 

pies de las figuras, hay que destacar el cuerpo pnncipal del tex' 

to: en parte amenazado y comprimido por los dos recién llega

dos, el texto se ve obligado a ser más a|ustado y preciso: debe te

jer los cuatro registros en un solo argumento sin privarlos de su 

nueva autonomía: debe ser narrativo y teórico: debe tomar una 

secuencia de eventos aislados y transformarlos en una cuadrícu

la conceptual: y todo esto ¡en menos páginas que la mayoría de 

artículos académicos! Es difícil, pero resulta necesario para la 

claridad déla argumentación. V luego, si realmente se necesita 

más espacio, siempre están las notas a pie de página: el espa

cio donde ponemos sobre la me5a nuestras fichas bibliográficas, 

examinamos alternativas teóricas y fantaseamos con estudios 

futuros; Lina mezcla de tareas, polémicas y especulaciones gue 

añade un giro subterráneo a la complejidad del conjunto. Para 

hacer justicia a esta arquitectura heterogénea -para hacerla 

visible— nuestro diseñador Jake Coolidge ha inventado un mo- 

délo de «página* compuesta por tres grandes columnas, donde 

los cuatro registros se turnan en combinaciones impredecibles. 

Tiene algo de extraño, maravilloso y un poco de perturbador, ver 

tu pensamiento reflejado de manera tan nitida en la forma déla

página. A veces, más que Mahler nos sentimos comoTristram 

Shandy.

Pasada y presente .A principias délos nóvenla, cuando iri' 

tentaba crear de manera colectiva un ¿Mas de la Literatura Mun

dial , Fred Jameson sugirió que registrar en un ¡ibna íoda la em

presa seria un documento valioso en sí misma. Puesto que las 

agencias de financia miento rechazaron el Atlas , ese cuaderno de 

bitácora original nunca se materializó: pero la ¡dea de Ja mesón 

resurgió, veinte anos después, en el informe detallado que carac

teriza nuestros panfletos. El reportaje es la forma adecuada para 

exponer la dimensión «exploratorias de las humanidades digita

les porque nos ayuda a rastrear las incursiones en la inmensi

dad del nuevo archivo digital, anclándolas a hechos sólidos: se 

han encontrado tales datos, aqu- están, negro sobre blanco. De 

esta manera, más tarde, al registrar las dudas y las decisiones 

del proceso de investigación, se comprende perfectamente logue 

se ha hecho. No es por casualidad que muchas de nuestras pág; 

ñas se redactaron inicial mente en tiempo pasado y luego, duran - 

le la fase de revisión, pasamos a utilizar el presente: de hecho, 

no está del todo claro si el cometido principal consiste en rela

cionar un momento especifico en el desarrollo déla investigación 

pasada o bien en presentar una tesis relevante para la discusión 

que está sucediendo en el presente. V no está claro, porque la ma

yor parte del tiempo ambas cosas son importantes. Asi, una sec

ción de «El estilo a la escala de la frase* comienza explicando 

cómo se correlacionaron formas vertíales y géneros novelísticos: 

ahora bien, en el espacio de cuatro o cinco párrafos el texto se 

convierte en una discusión sobre cómo la novela deformación dio 

forma ala idea de la juventud moderna {véase capitulo 3, sec

ción 6). Una vez más esíamos ante la combinación de unos resul

tados empíneos y de un trabajo conceptual. Pero, como veremos 

a continuación, el proceso no siempre están modélico.

«Hasta que un hombre está seguro de que es infali

ble,.^ Los fracasos desempeñan un papel muy especial ene! paso 

del informe a la reflexión. Como escribieron Shapin y Shaffer, 

Robert Boyle consideraba que «en los orígenes de la ciencia ex

perimental era necesario [,..] ofrecer a los lectores las circuns

tancias de los experimentos fallidos^, porque demostraban que 

el «no estaba ocultando deliberadamente las pruebas que no le

convenían»; de esta manera, aseguraba a sus lectores «que era 

un hombre de palabra en el que se podía creer».2 Sin duda, la 

exposición de los fracasos tiene que ver con la persuasión por 

que las errores contribuyen a hacer la narración entretenida: 

asimismo, la autocrítica es siempre una buena manera deanti 

ciparse a los ataques de los demas. Con todo, la pnncipal razón 

para exponer los fracasos no es Intentar captar la benevoíencia 

de los lectores sino el hecho de que tos experimentos fallidos amo ■ 

¡an luz sobre ei proceso de investigación en su totalidad . Los fra

casos nos llevan de vuelta a nuestro punto de partida, a los pre

supuestos no expresados, implícitos, que escapan a menudo del 

juicio critico. Por ejemplo, la búsqueda del núcleo semántico de 

la forma trágica en los momentos de máximo conflicto se aaoya 

ba en la suposición de que, en el drama, las palabras y los he

chos están en sincronía unos con otros: al descubrir que esto no 

era cierto en los casos analizados, demostramos que la teoría de 

la tragedia necesitaba ser replanteada desde la raíz. Asimis 

mo, la búsqueda del estilo a la escala del párrafo —y, de nuevo, 

la imposibilidad de encontrarlo— nos convenció de que una teoría 

jerárquica del texto literario ícomola déla estilística) no podía ser 

correcta y abrió el camino a nuevas hipótesis acerca de la esca’ 

la textual. Como escribió Karl Pop per en J_a lógica déla investi

gación científica , «lo que puede producir un avance decisivo [es 

a menudo} la modificación de lo que nos inclinamos a considerar 

como evidentemente inocuo [debido a que concuerda con nuestra 

forma habitual de pensar]».11 Exactamente. Al frustrar nuestras 

expectativas, los experimentos fallidos «enajenan» nuestros pen

samientos habituales, ofreciéndonos la oportunidad de transfor 

marlos. O comoBoyle dijo hace cuatro siglos de manera memo

rable: «I-fasta que un hombre esté seguro de que es infalible, no 

conviene que su naturaleza sea inalterable». +

2. Sfeven Shapin y Simón Shaffeí, Levi'aJiíían snd the Air-Pump. Hodbes. 

Boyle. and ¡fie Experimenta! Life. Princelon UP 19S5, págs. G4-65. Traducción es

pañola: EJ lewar.haft y Ib bomba de vacio: Hobbes. Boyfe y ia vid* experim ental, 

Buanot Airea: Universidad Nacional da Ouünnas Editcr-al. 2ÜÜ5.

3. Kan Pcpper, 7ñe Lo-grc of Scientific Discoven/. 1934. Haper and Rcw, fJue- 

va Ybrfc, 19C5. pág.7G. Traducción española: La tógíca deia inÜütigBciñh cientí

fica Madnd, Tecnos, 200G.

4. Ro’oarl GoyJa. 

Proa-mal Essay. wherein. with some Conoidera1ion& 

tauch:ng Experimental Es&a/s in general Is in:er*oven such an Introducios to 

ají frióse wrrtten by the Aulhor. as is nacassarv to Da pernsed for 1he bel-er un

¿Entonces'? En todas las conferencias sobre las humam 

dades digitales siempre hay un momento en que aJguien levan- 

la la mano y dice: flOk, interesante. Pero ¿esrealmente nuevo?#. 

Buena pregunta... conviene dejar de lado algunas lineas de deferí 

sa demasiado obvias, como «¡perola disciplina sigue estando en 

pañales!*, o bjen «¿acasoia críhca literaria tradicional siempre 

ofrece conocimiento nuevo?*, lodo esto es verdad y al mismo tient" 

po resulta irrelevante; dado que las humanidades digitales se han 

presentado como una ruptura radical con el pasado es lógico que 

se esperen pruebas fehacientes de tal ruptura. Pero las pruebas, 

seamos francos, no son concluyentes y pueden presentarse bajo 

múltiples formas. Para empezar hay que lener en cuenta un he

cho en parte paradó|ico: en un nuevo enfoque no todo debe ser 

innovador. Asi, cuando demostramos, en ei panfleto «Networi? 

Theory, Plol Analysis*, que la red de Hamlet tema como centro 

a Hamlet {panfleto 4), el New York Times señaló el pasa|e como 

un signo inequívoco de estupidez. Quizás lo sea; pero lo impor

tante no era presentar la centralidad de Hamlet comosj fuera 

un resultado inesperado, sino precisamente lo contrario: si el 

nuevo enfoque no hubiera encongado a Hamlet en el centro de 

la obra, su credibilidad se habría desintegrado. /Iníes de usar la 

teoria de redes para e! análisis dramático, tuve que probarla 

y probar que confirmaba los resultados pnn cipa les obtenidos en 

investigaciones previas. Por desgracia, la corroboración de este 

tipo de fenómenos es a menudo aburrida para los humanistas 

(y para los periodistas inteligentes); pero durante mucho tiem

po ira desempeñado un papel muy relevante en la investigación 

científica y su introducción en nuestro campo es un logro, no 

una debilidad celas humanidades digitaies. Además, rara vez 

la corroboración es sólo una mera corroboración. A grandes ras

gos,-«Sobre los párrafos* valida un enfoque temático de la lite

ratura; pero al hacerlo, también descubrimos que ios temas tie- 

nen una afinidad electiva en la escaia del párrafo {capitulo 5); 

que el párrafo típico tiene, no uno. sino entre dos y cuatro temas 

distintos: que la conexión entre la lematologia y la narratoiogia 

descansa precisamente en este número plural, aunque iimitado.

V así sucesivamente... La tematologia no ha experimentado una

derstanding of WiEmt, 

IVortía of the Hanourable Robar: Bjyls, ed. Tram as 

Bircfi, 2. ed.. Londres: J.&F. Rivungton. 1772. Vd. I pág. 311.

revolución, pero ciertamente ha cambiado y, por qué no, lam

bí én se ha visto mejorada. En (¡El estilo a la escala de la frase» 

(capítulo 3) fue el rencuentro entre conceptos y medida 5 » y, unos 

meses más larde, constelamos que dicho encuentro habia aradi- 

calizado nuestra relación con los conceptos»;radJcalización. por" 

que cuando hay que convertir un conceptoen una sene de opera

ciones, éste se percibe de forma analítica, lo que abre el camino 

a su critica. Por ejemplo, pienso en cómo cambió el concepto de 

(¡escalaba lo largo de tres de investigaciones: en «Formalismo 

cuantitativo» era todavía una metáfora del (¡mortero, los ladri

llos y la arquitecturas; en kEI estilo a la escala de la frasea en 

contró un sólido anclaje textual en la oración: y luego, en ntSobre 

os párrafos», se generalizó mediante la fórmula ((diferentes es

calas, diferentes rasgos». Es fascinante observar cómo una sene 

de mediciones cuantitativas entran en diálogo con los conceptos 

y los transforman lentamente. En este sentido, la computación 

no vuelve nuestro trabajo más rápido. Es cierto que los datos 

son recopi ados y analizados a Lina velocidad asombrosa, pero la 

explicación de esos resultados —a menos que te contentes con el 

primer lugar común que te pase por la cabeza es una historia 

diferente; sólo la patencia sirve. Para la rapidez, nada es mejor 

gue la interpretación tradicional: el «Nautilus» deVeme simbo

liza la infancia: el conde LJ rácula es un símbolo déla acumula

ción de capital. En un segundo todo cambia. Por el contrario, en 

et laboratono la investigación conlleva mesesde trabaio.

Triangulaciones. A medida que los conceptos cobraban 

más importancia, también lo hizo nuestro compromiso con las 

teorías existentes. Tres áreas intelectuales distintas han sido 

particularmente significativas en este sentido. La primera esla 

gran tradición formalista —desde los formalistas rusos hasta 

la estilística de Spitzer y Auerbach -, algunos aspectos del es^ 

tructuralismo y el trabaio reciente de la lingüistica de corpus. 

Este linaje es el más cercano al que nos sentimos al hablar de 

objetos y categorías como « morfología w, «género »,(¡ registra», a sis

tema* o «estilo». Puesto que la forma es el elemento repetible de 

la literatura, es también el lugar hacia el cual nos Cirigirnos para 

poner en marcha el proceso de cuan tificación. Asi, por ejemplo, 

en <c Canon/archivo a quisimos operacionalizar la diferencia entre 

el canon y el archivo no a través del contenido semántico, sino en 

términos formales como la redundancia y la variedad léxica (ca

pitulo 5). Después de este primer linaje, claramente hieran o, 

viene uno que no lo es en absoluto: la epistemología de las cien

cias naturales, tomada en un sentido amplio. En esta fuente he

mos encontrado inspiración al azar: por ejemplo, hemos tomado 

prestado el análisis de los componentes principales de la gené

tica. la teoria de re-des de las matemáticas y la íisica, y e. con" 

cepto de entropía de la teoria de la información ■ -sin mencio^ 

n a r nociones es pectfica s co no « m edición** {Kuh n), «instrum e nto » 

(Koyré) o «normai/patológico* (Canguilbem), que han jugado un 

rol destacable en más de un proyecto -. La necesidad de tradu

cir por partida doble -de los objetos naturales a los ob|etos li

terarios y de los conceptos a los algoritmos- pasó a formar par

te de nuestro trabajo y definió nuestra visión de las humanidades 

digitales entendidas cómate forma que adquiere una cienoa ex

plicativa en ia era digiía! . Tnangular a Canguilhem con gráficos 

con información sobre la ratio type-token y novelas olvidadas de 

la época vi clona na o bien triangular a Koyré con estadísticas 

obtenidas mediante un análisis de redes junto con el papel juga

do por los personajes secundarios en las obras teatrales: he aquí 

nuestra manera de entender la novedad de las humanidades di" 

g¡¡ales. Finalmente, la tercera presencia importante esBourdieu. 

Por una razón u otra, la obra de Bourdieu se evoca en (¡Formalis

mo cuantitativo!) y en «El estilo a la escala de la frases y forma 

parte délas premisas desarrolladas en & Canon/archivo d. Como es 

sabido, Bourdieu representa un estudio literario queesempiri- 

coy sociológico.Ahora bien, también representa algo menos evi 

dente y desconcertante: la casi ausencia en las humanidades di

gitales y en el trabajo realizado en el Literary Lab de ese otro 

enfoque sociológico que es la crítica marxiste. Esta disyunción 

—mutua porque !a indiferencia de la crítica marxista hacia las 

humanidades digitales sólo ha dado iugar a textos acusatorios de 

complicidad con la mercantilización de la universidad— es des

concertante si tenemos en cuenta el vasto horizonte social que 

Io5 archivos digitales podrían abrir al materialismo histórico, asi 

como la profundidad crítica que éste último puede aportar ala 

«imaginación computación al*. Es una situación extraña y no sa

be mos cómo con tri buir a ca m bi a rl a. Por a ho ra. reconozca mosqu e 

asi es como están las cosas y que ■ al menos para quien escribe 

estas lineas-- hay que hacer algo para que cambien: seria estu 

pendo que. algún dia. el Big data propiciara la formulación de 

Biq quesíions.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog

Literatura en el laboratorio Franco Moretti (coord.)

  La medida de la literatura Franco Moretti Nuestro primer panfleto . En 2010, ninguna délas cinco  autores del «Formalismo cuantitativo a t...

Páginas