Y los hombres, cuánto más licor bebían, empezaron a mirar lo que en verdad eran mis acompañantes: demonios… Pero, como suele suceder, nadie lo comentaba con sus interlocutores, por miedo a quedar en ridículo o que se les dijera que se trataba de alta traición por comparar, a los emisarios políticos moscovitas con espíritus infernales. Esfria se pavoneaba de extremo a extremo por el salón. De impecable frac, con los gemelos de oro y su camisa de puño francés, hacía contraste con los obreros de Vorkuta. Adremelech, alias lord Ruthven, de chaqué, secundaba a Esfria, a quien interrumpía el paseillo por entre las mesas de ajedrez. “Ilustrísima, una noche fría, pero delirante acá en Vorkuta, no aguanto, no aguanto... Los deseos se desbordan, son inminentes... ¿Será posible mostrarnos para algunos obreros en nuestras representaciones pictóricas?”, pensé escuchar decir a Adremelech. Y los demás del séquito infernal estuvieron de acuerdo, por ser Adremelech quien presidía el senado demoníaco. Así que el primero en mostrarse tal cual era fue Bel fegor, con su ojo flamígero, quien, detrás de mí, no le quitaba la mirada a Taimanov y este se negaba a aceptar lo que veía: un ojo flamígero con un monóculo, un Arimán de smoking. Y entonces, Belfegor se retiró para mirar a 60 los jugadores de ajedrez, pero, cuanto más se empeñaban los jugadores en concentrarse en presencia de Belfegor, más la modorra los envolvía. Y Taimanov me dijo: —Camarada, ¿ha visto usted bien a su amigo, el camarada que está observando a un grupo de jugadores? ¿Lo ve? —¿A quién, camarada? ¿Acaso me pregunta usted por el camarada Belfegueroviech, el que está contemplando las partidas de ajedrez? —repuse, apresurándome a poner un nombre a Belfegor. —Sí, exacto. ¿No le observa algo extraño? —¿Extraño? Pues, ¡no! —repliqué. Andrei Taimanov no dijo más. Belfegor volvió a tomar su figura de ciudadano y camarada, pues, al preguntar lo mismo Taimanov a sus compañeros Bagirov y Maizelis, Belfegor regresó como el burócrata sencillo que representaba y me guiñó un ojo... Malfas, a mi lado derecho, conversaba con Elzbieta y ambos en retaguardia miraban de soslayo a Taimanov y a Bagirov. Y como todos estaban bebiendo licores en la barra y la cocina del bar se ponía un poco lenta con los pedidos, Malfas formuló la siguiente solicitud a Taimanov: —Señor y camarada Taimanov, solicito permiso para ir a preparar unos bocadillos y continuar con nuestra noche que recién empieza. —No tiene que pedir permiso, camarada. Y no se apresure, que Elzbieta queda a buen recaudo —baboseó Taimanov, en una presunción del buen trato a nosotros, los visitantes moscovitas, mientras le pasaba la mano por la espalda a la joven polaca, sopesando lascivia en el acto y olvidándose de la imagen demoníaca de Belfegor. Yo me alejé también de Taimanov, Elzbieta, Bagirov y Maizelis, a pocos metros de donde se encontraba Belfe gor. La música del fonógrafo se confundía con las risas y 61 el olor a tabaco se mezclaba con los olores de las viandas que minutos antes preparaba Malfas, en una especie de rito sacro. Escuchaba los ruidos de las piezas de ajedrez que, terminada alguna partida, eran acomodadas por los jugadores en los tableros para iniciar otro juego y así hasta el cansancio. Otros, en un rincón, hablaban y otros, ya con las bebidas, bailaban con la música escasamente percepti ble del fonógrafo. Regresé al bar improvisado: Taimanov ahora jugueteaba con las manos de Elzbieta y le hablaba al oído. Malfas salió de la cocina al barcillo, presentó a Bagirov y Maizelis unos canapés acompañados con unas sopas de pescado, y agregó: —Camaradas, estamos de acuerdo que no es hora para probar unas sopas, pero, vean, observen, observen… ¿Acaso no las apetecen? Vi a Malfas como lo había visto en muchas oportuni dades en el propio scriptorium: de levita, con un aspecto que tenía muy poco del camarada que se presentó al inicio de la noche. Taimanov no observó a Malfas, que estaba de espaldas a él, y los únicos que se daban por enterados de la transformación eran Maizelis y Bagirov. Luego de servir los platos soperos para el pescado, Malfas, con cara de cerdo, se me acercó y me dijo: —Su señor, su señor, no se preocupe; solo las personas que nosotros queremos nos miran como somos, digo, tal como somos en nuestras iconografías clásicas. Así que ahora, solo Taimanov, Maizelis y Bagirov nos observan como demonios; de los demás camaradas que se encuentran en el recinto, algunos tendrán esa posibilidad, pero nadie dirá nada, nada, nada, jejejeje.
CARTILLA ELECTRÓNICA DEL ESCRITOR J MÉNDEZ-LIMBRICK. Premio Nacional de Narrativa Alberto Cañas 2020. Premio Nacional Aquileo j. Echeverría novela 2010. Premio Editorial Costa Rica 2009. Premio UNA-Palabra 2004.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Archivo del blog
- enero (5)
- febrero (2)
- marzo (1)
- julio (2)
- agosto (2)
- septiembre (2)
- octubre (4)
- febrero (5)
- marzo (5)
- abril (4)
- mayo (4)
- junio (5)
- julio (3)
- agosto (4)
- septiembre (4)
- octubre (4)
- noviembre (4)
- diciembre (4)
- enero (14)
- febrero (41)
- marzo (25)
- abril (32)
- mayo (22)
- junio (6)
- julio (2)
- agosto (1)
- septiembre (2)
- octubre (18)
- noviembre (28)
- diciembre (18)
- enero (30)
- febrero (17)
- marzo (22)
- abril (26)
- mayo (30)
- junio (20)
- julio (7)
- agosto (21)
- septiembre (26)
- octubre (34)
- noviembre (19)
- diciembre (9)
- enero (22)
- febrero (16)
- marzo (27)
- abril (27)
- mayo (31)
- junio (16)
- julio (9)
- agosto (24)
- septiembre (27)
- octubre (28)
- noviembre (18)
- diciembre (17)
- enero (20)
- febrero (17)
- marzo (23)
- abril (31)
- mayo (36)
- junio (40)
- julio (27)
- agosto (33)
- septiembre (27)
- octubre (31)
- noviembre (28)
- diciembre (27)
- enero (31)
- febrero (25)
- marzo (25)
- abril (12)
- mayo (24)
- junio (39)
- julio (38)
- agosto (32)
- septiembre (26)
- octubre (26)
- noviembre (27)
- diciembre (20)
- enero (18)
- febrero (26)
- marzo (22)
- abril (23)
- mayo (26)
- junio (18)
- julio (18)
- agosto (21)
- septiembre (4)
- abril (18)
- mayo (25)
- junio (19)
- julio (24)
- agosto (19)
- septiembre (28)
- octubre (15)
- noviembre (22)
- enero (15)
- febrero (21)
- marzo (29)
- abril (23)
- mayo (24)
- junio (17)
- julio (8)
- agosto (20)
- septiembre (11)
- octubre (19)
- noviembre (18)
- diciembre (19)
- enero (13)
- febrero (2)
- marzo (8)
- abril (23)
- mayo (30)
- junio (21)
- julio (18)
- agosto (32)
- septiembre (26)
- octubre (30)
- noviembre (8)
- diciembre (13)
- enero (16)
- febrero (17)
- marzo (13)
- abril (10)
- mayo (21)
- junio (9)
- julio (1)
- agosto (8)
- septiembre (21)
- octubre (23)
- noviembre (11)
- diciembre (6)
- enero (5)
- febrero (15)
- marzo (11)
- abril (22)
- mayo (12)
- junio (23)
- julio (9)
- agosto (12)
- septiembre (17)
- octubre (17)
- noviembre (22)
- diciembre (12)
- enero (16)
- febrero (14)
- marzo (9)
- abril (16)
- mayo (14)
- junio (20)
- julio (18)
- agosto (13)
- septiembre (22)
- octubre (25)
- noviembre (13)
- diciembre (20)
- enero (24)
- febrero (15)
- marzo (7)
- abril (16)
- mayo (2)
- junio (9)
- julio (18)
- agosto (24)
- septiembre (7)
- octubre (1)
- noviembre (12)
- diciembre (14)
- enero (18)
- febrero (25)
- marzo (26)
- abril (18)
- mayo (27)
- junio (11)
- julio (36)
- agosto (39)
- septiembre (23)
- octubre (23)
- noviembre (31)
- diciembre (33)
- enero (25)
FRAGMENTO. NOVELA. PRINCIPIOS NOCTURNOS. III PREMIO ALBERTO CAÑAS NACIONAL DE NARRATIVA 2020.
Y los hombres, cuánto más licor bebían, empezaron a mirar lo que en verdad eran mis acompañantes: demonios… Pero, como suele suceder, nad...

No hay comentarios:
Publicar un comentario