Presentación
A setenta y cuatro años de la publicación de la Introducción a la Lógica
Moderna (1936), texto introductor de la lógica matemática en el mundo de
habla hispana, el nombre de Juan David García Bacca (1901-1992), no obs
tante estar ligado a una de las contribuciones más originales, poderosas y
significativas de la filosofía contemporánea, no acaba todavía de recibir la
atención crítica y el reconocimiento historiográfico que merece. Y sin em
bargo, como observa Carlos Beorlegui, . .nos encontramos ante una de las
obras filosóficas más importantes de nuestra historia cultural”, cimentada
sobre amplios y profundos conocimientos de teología, filología, física, geo
metría, matemáticas, arte, poesía, literatura, historia, biología, economía,
producción de un pensador que es -insiste Beorlegui- “...quizá la mente
filosófica más poderosa de todas las que tenemos en América y una de las
primeras figuras de la filosofía en lengua española de todos los tiempos”.
Paradójicamente, muchas de sus ideas fundamentales como contextura,
tecnema, suficiencia, taxeologíay transfinitud, aun no siempre y específicamente
bajo la misma compostura léxica, han tenido mayor fortuna y difusión críti
ca que el nombre y el pensamiento mismo de García Bacca por su empleo
ordinario en amplios campos del saber.
Tras un primer contacto y una lectura metafísica de corte existencialista
y antropológico de la obra garcíabacquiana, que contribuyeron tal vez
involuntariamente a aislarla del debate filosófico contemporáneo, los estu
dios críticos de los años ochenta en adelante, realizados especialmente en
Venezuela y España, estimulados y alentados desde la Universidad Central
de Venezuela y la Fundación Juan David Garda Bacca en el primero de los
países, además de la Editorial Anthropos en su país natal, han tenido el méri
to innegable de haber puesto en evidencia sus ricas y múltiples coordenadas
culturales y científicas. En particular, se ha claramente identificado los te
mas mayores y pivotales de tan impresionante trayectoria, entre los cuales
emergen las controvertidas relaciones entre ciencia y filosofía, entre técnica
y ciencia, entre epistemología e historia de la ciencia, entre el hombre y la
sociedad, la función de las matemáticas en la estructuración de las teorías
físicas, el continuismo y discontinuismo históricos, la apropiación
gnoseológica de la realidad física, la génesis y la estructura déla obra literaria
y artística.
Para comprender la filosofía garciabacquiana en su especificidad es me
nester ubicarla históricamente en los acontecimientos de la primera mitad
del siglo XX y en los dos grandes ejes aspersores de ideas filosóficas de su
juventud que marcaron decididamente su producción intelectual: la gran
tradición escolástica de la España de la época, por un lado; por el otro, el
clima posconvencionalista que se generó en la Francia de los años 30 con el
emerger de una rica y articulada literatura epistemológica sobre el status de la
investigación científica, centrada especialmente en el desarrollo de la mate
mática y de la física.
Formado ética y filosóficamente en la España de inicios de siglo XX y
ordenado sacerdote el 6 de junio de 1925, García Bacca reflexionó sobre la
filosofía, sobre los conflictos éticos que ofrecen los horrores de la Gran Gue
rra (1914 - 1918), sobre la Teología Dogmática (Universidad de Cervera,
1920 - 1923), sobre la Teología Moral y el Derecho Canónico (Colegio de
Solsona, Lérida, 1924). Quizá los ecos de las grotescas subversiones de los
valores espirituales y materiales propiciadas por la Primera Guerra Mundial
y los admirables adelantos de la ciencia y de la técnica, animan al joven
García Bacca a refugiarse en el seguro seno de los objetos abstractos de las
matemáticas, de la física teórica (Universidad de Munich, 1927 - 1929) y de
la lógica abstracta (Instituto Superior de Filosofía de Lovaina, Bélgica, y
Universidad de Friburgo, Suiza, 1930). Sí, ciertamente, un sacerdote lego en
física, pero que tiene la fortuna de cursar física atómica y relativista con
Arnold Sommerfeld, uno de los padres de la mecánica cuántica, cuyas con
tribuciones matemáticas a la teoría de la relatividad ayudaron a que los de
más científicos escépticos la aceptasen, tutor de Werner Heisenberg, quien
inventa la mecánica cuántica matricial y es reconocido por su famoso princi
pio de incertidumbre, y de Wolfgang Pauli, quien propuso la existencia del
neutrino.
Es notable la influencia de estos estudios en García Bacca cuando se
constatan dos grupos iniciales de escritos que claramente contrastan entre sí
en lo que corresponde al tema y al alcance que el propio autor les otorga.
El
primer grupo de escritos se encuadra dentro de la tradición escolástica, cen
trando su interés en la ontología y la teoría del conocimiento, pero insistien
do en una crítica al escolasticismo; el segundo grupo de escritos lo constitu
ye el estudio y reflexión sobre las ciencias formales, cuyo análisis discurre
paralelamente a sus trabajos escolásticos, pero que, contrario a éstos, conti
nuará cultivando y empleando a través de toda su vida. Así, a partir de 1930,
se distinguen en uno el sacerdote, el filósofo de la ciencia y el maestro de
Metafísica, Cosmología y Psicología (Colegio de Solsona, Lérida). 1930,
año de los teoremas de Gódel, del descubrimiento del planeta Plutón, del
primer mundial de fútbol y en el que otro hombre de gran alma, Mahatma
Gandhi, inicia la histórica Marcha de la Sal, una acción más en la campaña
de desobediencia civil en contra de la ocupación inglesa de la India.
En aquellos años una pléyade de autores surgió en el panorama cultural
español: la llamada generación del 27. Escritores, dramaturgos, humoristas
y cineastas como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego,
Enrique Jardiel Poncela, Antonio Lara, Luis Buñuel, el futuro premio Nobel
de literatura en el año 1977 Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, entre
otros; pintores y escultores como Salvador Dalí, Oscar Domínguez, el por
entonces surrealista Pablo Picasso y Maruja Mallo; compositores y
musicólogos como Rodolfo Halffter, quien musicalizó varios versos de Alberti,
y Jesús Bal y Gay; otros que además de escritores fueron catedráticos como
Jorge Guillén, Pedro Salinas, ambos maestros de filología hispánica y, por
supuesto, García Bacca, profesor de filosofía. Internacionalmente se destaca
la poesía impura del chileno, y futuro premio Nobel en el año 1971, Pablo
Neruda en contraste simultáneo con la poesía pura del francés Paul Valéry;
el escritor argentino Jorge Luis Borges, quien por esos tiempos reivindica sus
raíces argentinas en poemarios como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de
enfrente (1925) y Cuaderno de San Martín (1929); el pintor francés Francis
Picabia y los grupos surrealista liderados por el escritor francés André Bretón.
En Venezuela, Teresa de la Parra crea Ifigenia (1927), Arturo Úslar Pietri
publica el cuento Barrabás y otros relatos (1928) y la novela Las Lanzas Colo
radas (1931); mientras tanto, en 1928, Walt Disney estrena en Nueva York el
dibujo animado El héroe del Río, protagonizada por una nueva estrella de
Cine: Mickey Mouse.
Tal clímax cultural es precedido, en el cruel teatro de la historia, por el
correspondiente anticlímax: el comienzo de la Guerra Civil Española (1933),
preámbulo de la Segunda Guerra Mundial. García Bacca ya no es el mucha
cho que afronta los ecos de las grotescas subversiones de los valores; es el
hombre que enfrenta directamente la guerra, el exilio y la separación de la
iglesia. En 1934 obtiene una licencia en filosofía en la Universidad Autóno
ma de Barcelona, doctorándose un año después con la tesis Ensayo sobre la
estructura lógico-genética de las ciencias físicas. En la Universidad Autónoma
de Barcelona enseña lógica matemática y filosofía de la ciencia entre 1933 y
1937. En el ínterin, publica el libro Introducción a la lógica moderna (Barce
lona: Labor, 1936), reseñado imparcialmente por W.V.O Quine en el pri
mer volumen del The Journal of Symbolic Logic. (1.3 (1936): 112 - 113).
Aunque la reseña no es del todo positiva -y es muy probable que el joven
García Bacca no conociera lo que escribió el aún más joven Quine-, marca
el inicio de su reconocimiento internacional. En ese mismo año, febrero de
1936, García Bacca gana por oposición la cátedra de Introducción a la Filo
sofía de la Universidad de Santiago de Compostela, cátedra que no ocupa
por sus críticas al alzamiento franquista y que lo obligan a abandonar Espa
ña al arreciar el vigor de la guerra (Federico García Lo rea es fusilado; es
bombardeada la villa de Guernica el 26 de abril de 1937 por los alemanes
junto con el ejército “nacional” de Franco) y la intolerancia de las dos Españas.
Intolerancia que es manifiesta cuando estando en París en 1938, mientras
Adolf Hitler se autoproclama comandante supremo de las fuerzas armadas
alemanas, recibe una carta del Padre General de los Claretianos que le orde
na regresar a España y que le prohíbe publicar artículos sin el permiso de las
autoridades eclesiásticas. Mediante una carta al Superior General de la Con
gregación, fechada en París el 26 de noviembre de 1938, García Bacca re
nuncia a la iglesia, ignorante del proceso de expulsión y exclaustración en su
contra que el 13 de noviembre de 1938 ya estaba en marcha por decisión del
Consejo General de la Congregación.
Escribe a propósito:
“Subí a mi celda, me despojé de la sotana, la colgué en el armario; me
vestí íntegramente de seglar, cogí mi maleta, bajé; pero en vez de pasar por la
portería, salí por la iglesia. Me hallé en la calle. Me sentí libre, por primera
vez en mi vida” (Confesiones, p. 20)
Para García Bacca tal suceso constituye el fin del secuestro: “...había
estado secuestrado progresivamente desde 1911 a 1938. Secuestrado
psicosomáticamente: de cuerpo y alma; de entendimiento, secuestrado por
dogmas; la voluntad por normas, preceptos, votos; secuestrado literalmente,
por tener que estudiar y hablar en latín mediocre, soso, como he dicho”
{Confesiones, p.20).
A partir de ahí el proyecto filosófico garcíabacquiano deja de ser un
proceso corrector de superación mística y ética personal para convertirse en
un proceso dialéctico constitutivo de la filosofía del hombre moderno, el
cual involucra y afecta la posición cognoscitiva y técnica del hombre frente
al mundo físico-natural. Conceptos como “suficiencia” o “técnema”, la pro
puesta de una diferencia fenomenológica entre el conocimiento común y el
conocimiento científico, la idea del discontinuidad histórica entre el pasado
y el presente en la ciencia, nacen precisamente sobre este terreno: la tarea
fundamental que García Bacca asume a plenitud es la de extraer sus conse
cuencias epistemológicas y fenomenológicas, sin preconceptos de índole fi
losófica que pueden obstaculizar la comprensión de las teorías científicas.
En relación con la dramática dificultad de una problemática compleja como
aquella vivida en los años de la posguerra, la obra de García Bacca, a pesar de
sus ideas innovadoras, parecía extraña y alejada de las exigencias intelectua
les más inmediatas. En verdad, recién comenzaba a hacer luz en aquella rea
lidad mediante un trabajo en profundidad.
Eran tiempos de desasosiego y
desconcierto intelectual. A una voz robusta y autorizada como la de Bachelard
se le consideraba a duras penas elevada retórica, mientras Jean Wahl recla
maba el reconocimiento de las múltiples y sutiles relaciones entre el punto
de vista fenomenológico y los sistemas puramente formales de la lógica y la
dialéctica, a la vez que alertaba sobre aquel “malheur de la conscience dans la
philosophie de Hegel” que, a su juicio, parecía invadir buena parte de la
conciencia crítica del conocimiento científico, condenada ahora al purgato
rio aporético de la promesa perenne de una Mathesis Universalis de inspira
ción leibniziana, capaz de proporcionar una representación satisfactoria de
la realidad física, intervenida no obstante por una filosofía existencial que se
negaba abiertamente a cualquier esprit degéométrie. En realidad, pese a com
partir con Husserl y Hartmann un mismo enfoque fenomenológico general,
García Bacca tiene su propia visión del asunto que se aleja lo suficientemen
te de Husserl, por ejemplo, en la medida en que reafirma una clara diferencia
entre el método de construcción y exposición de los sistemas nomológicos,
y el proceso fenomenológico a través del cual el individuo se apropia
cognitivamente de éstas. Compartía ciertamente con Husserl no sólo el re
chazo al ideal de un sistema filosófico absoluto, sino principalmente la con
vicción del estado crítico en que se encontraban las “ciencias europeas”.
Tras
los grandes descubrimientos de la física, la química, la astrofísica, que pene
traban ahí donde sólo una intuición fantástica podía predecir, mientras la
técnica conquistaba la capacidad de convertir fines teóricos en medios tec
nológicos para manipular cantidades inmensas de energía, no sólo la ratio
cognoscendi sino la misma ratio judicandi vacilaban, arrastradas en el derrumbe
de todos los principios clásicos del saber, reduciéndolo todo a un estado de
angustiosa incertidumbre. Son los tiempos de Fibsofia de las ciencias: teoría
de la relatividad (1941) y Sobre el conocimiento físico (1957). Ahí García
Bacca planteaba de manera explícita y clara la cuestión de la construcción de
una doctrina gnoseológica capaz de justificar el orden racional (ésta es la
expresión que usa) de las teorías físicas a partir de distintos niveles de apro
piación fenomenológica. El mismo problema se planteaba Férdinand Gonseth
en 1941, en el marco del coloquio de la AcacUmie Internationale de Phibsophie
des Sciences. A diferencia de García Bacca, que postulaba una solución pro
pia, a medio camino entre un realismo naturalista y un realismo crítico con
incrustaciones fenomenológicas, Gonseth en su idoneismo abogaba por un
realismo de raigambre experimental que conjuntase nivel experimental y ni
vel teórico, modelo que en verdad nunca llegó a construir. Sin embargo, el
desafío había sido recogido por Jean Piaget, quien con los tres volúmenes de
la Introducción a la epistemología genética, impresos entre 1949 y 1950, fun
daba la epistemología genética como ciencia experimental con objeto pro
pio bien definido: la formación “de los conocimientos en función de su
construcción real o psicológica”. Aunque queda claro que García Bacca com
partía con Piaget el punto de vista de que “todo conocimiento implica una
estructura y un funcionamiento”, por lo que dejando de lado las corrientes
meramente logicistas o puramente lingüísticas optaba por “construir desde
abajo”, nunca llegó a imaginar tal construcción como simple maniobra
operacionalista. Puede que aceptara la máxima piagetiana de que “todo co
nocimiento ha de considerarse relativo a un determinado nivel del mecanis
mo de la construcción”, pero la construcción desde abajo no podía, a su
juicio, ser puramente psicológica, sino más bien un proceso abierto de
inferencias posibles presidido por el principio del “ascenso en niveles”, don
de evidentemente no encontraban cabida los bachelardianos “saltos
epistemológicos”.
La posición de García Bacca puede claramente apreciarse si se la relacio
na con la polémica entre deterministas e indeterministas desatada, primero,
en torno a las consecuencias de la teoría de la relatividad y, luego, mucho
más visiblemente, alrededor del significado del principio de indetermina
ción de Heisenberg, disputa que acaparó la atención de los filósofos en casi
todos los coloquios de la Academia Internacional de la Filosofía de las Cien
cias realizados entre 1961 y 1981. En verdad, aun confesándose einsteniano
durante toda su existencia, García Bacca observó con cierta curiosidad y
notable interés los desarrollos de la mecánica cuántica, siguiendo la interpre
tación adoptada en el Congreso de Bruselas de 1927 bajo la influencia de
Heisenberg. Llamaba su atención especialmente el peso de las vicisitudes de
la mecánica cuántica con su complejo aparato físico-matemático, indispen
sable para asimilar el principio de indeterminación de Heisenberg, la teoría
ondulatoria de Scródinger, la contribución de De Broglie y la teoría del
electrón de Dirac, interés por demás nada extraño si se considera que, en su
opinión, “todas las ciencias tienden a saber al único sabor de la lógica for
mal”. En 1950 Scródinger publica su libro Space-Time Structure\ García Bacca
queda gratamente impresionado por la reconstrucción topológica de la físi
ca emprendida por Scródinger y se aboca a examinarla y exponerla
críticamente en el artículo Fibsoflay Teoría de la Relatividad (1956). Como
bien subrayan Sánchez y Baceta (2005): “La discusión filosófica la plantea,
una vez expuesto el aparataje teórico, como un conjunto de consideraciones
fenomenológicas. En estas consideraciones la preocupación fundamental del
autor se centra en la pregunta ¿Cómo se me da la teoría relativista?, ¿Cómo es
posible y de qué maneras que lo que una cosa es en sí misma se me dé (aparezca)
a mí dotado de tales y tantos medios (sentidos, formas a priori) en que puedo
recibirlas? Antes de plantear estas preguntas lo que había estudiado era parte
de lo que es la teoría de la relatividad; su pregunta ahora es otra: ¿Cómopuedo
observar, experimentar la teoría relativista, lo que el universo esF Apremiado
por la inquietud publica de inmediato, en 1957, el opúsculo Sobre el conoci
miento del mundo físico, donde se da a la tarea de levantar el sistema de
conceptos que, a su juicio, son más elementales y anteriores a la reconstruc
ción de Scródinger.
El punto es que, más allá de la corrección o validez
formal de esta última propuesta, García Bacca evidencia ahí la ausencia de
eslabón entre vida y teoría; Scródinger nos da, a lo sumo, lo que la ciencia
física formalmente es, mas no la forma como “las cosas físicas se dan al cono
cedor”. Se trata, por así decirlo, de una reconstrucción incompleta o parcial.
Eran los años de la posguerra, los años inmediatamente posteriores a la
muerte de Einstein, acontecida en 1955, años marcados por la crudeza de
los problemas que comprometían a científicos y filósofos en duras disputas.
En Italia, Federico Enriques había sostenido que “el valor objetivo de la
racionalidad del saber consiste en que el proceso de la ciencia es un proceso
de aproximaciones sucesivas ilimitadamente proseguibles”. No obstante, las
relaciones de indeterminación de Heisenberg imponían un límite insupera
ble al proceso de aproximación y corrección progresiva, y ahí estaban para
demostrarlo los problemas de la teoría de la medida, de los límites de la
aproximación y del error, de la estadística y de la probabilidad. No era ya
suficiente, como clamaba Bachelard, instalarse en el corazón de la práctica
científica real; era necesario correr el riesgo de enfrentar ex novo el problema
de la formación de las teorías científicas, en su contenido real y su desarrollo
histórico, y adentrarse en el análisis de las relaciones entre las teorías mate
máticas y la realidad.
Ahí estaba justamente el problema: el enfrentamiento
entre los dos sistemas paradigmáticos últimos, el determinista y el
indeterminista, no podía resolverse ni en el nivel histórico ni el nivel fisico
matemático, pues era sencillamente un problema epistemológico. Era el pro
blema que García Bacca había advertido magistralmente en el libro de
Scródinger y que condujo, años más tarde, al célebre best-seller de Monod,
Le hasard et la nécessité (1970). Al libro de Monod respondió de inmediato
García Bacca con el artículo “Un saque de dados jamás abolirá el Azar”.
Había en aquel problema algo verdaderamente enigmático que el libro de
Monod, lejos de resolver, acentuaba: ¿Hay alguna cosa que sea realmente
necesaria?, ¿Hay algo que no sea sólo físico?, ¿Qué hay de determinado e
indeterminado en la vida del hombre? En verdad, no se trataba, a juicio de
García Bacca, de un problema epistemológico sino de un problema en
fenomenología, a saber: ¿Cómo puede el hombre ser verdaderamente libre
más allá de las condiciones que le impone la estructura orgánica del cuerpo?
Aquello que en Monod podía parecer primordialmente una réverie sobre la
idea de la vida como ineluctablemente presa del azar, tomaba cuerpo en
García Bacca con el desarrollo de una doble pesquisa: por un lado, el perfec
cionamiento de la idea de que la construcción de la realidad física sólo puede
darse delante y frente al sujeto conocedor, idea que preside la magistral recons
trucción emprendida primero en Líneas generales de una reconstrucción racio
nal de los conceptos físicos fundamentales (1974), y materializada más tarde en
Teoría y Metateoria de la Ciencia (1999); empero, por el otro lado, cobraba
cada vez más fuerza en García Bacca la figura del historiador epistemólogo
en función radicalmente antifilosófica que ha de seguir el fenómeno “cien
cia” en todas sus articulaciones teórico-experimentales y humanas.
Y no es
que García Bacca abjure ahora de la filosofía, sino que la trastoca en faena de
transfinitación pregonando en De magia a técnica (1989) una estrecha cola
boración entre científicos y filósofos a través de una clara y doble dirección:
que la filosofía “.. .deje de ser coto, dominio de propiedad privada de filóso
fos, y pase a ser dominio común de literatos, músicos, poetas, matemáticos,
físicos y técnicos, quienes puedan ayudar a los filósofos de profesión y voca
ción a solventar -o cuando menos a plantear de manera nueva, a la altura de
los tiempos- problemas, cuestiones, teorías filosóficas, sacándolas [...] de la
fase mágica:
E inversamente: que la filosofía (de los temas de la
obra) se aventure -valiente, decididamente, humildemente- a ser enseñada,
refutada, reformada -o confirmada (¡oh dichosa aventura!)- por música,
literatura, física, matemática, técnica”.
Como ya en Popper y en Ludwick Fléck, que reaccionaron oportuna
mente frente al movimiento neoempirista y avanzaron en los años ’30 pro
puestas alternativas, también en García Bacca puede identificarse una orien
tación de pensamiento que ha extendido notablemente la reflexión filosófica
a otros aspectos allende los planteos neoempiristas, aspectos que hoy ocupan
el núcleo de la reflexión teórica. De ahí la necesidad de un balance crítico de
la filosofía garciabacquiana indispensable para asignarle su justo lugar en la
filosofía del siglo XX, a la luz de una lectura antineopositivista de sus pro
puestas, algunas claramente anticipadoras de muchas de las tesis de las ac-
tuales “epistemologías históricas”, en especial por lo que atañe al tema fun
damental de las relaciones entre epistemología e historia de la ciencia. Se
expresa claramente en el proyectar filosófico garciabacquiano, en efecto, un
concepto que Imre Lakatos pondría en boga años más tarde, en la década de
los setenta: “La filosofía de la ciencia es vacía sin la historia de la ciencia; la
historia de la ciencia es ciega sin la filosofía de la ciencia”. Afirmaba muy
oportunamente García Bacca en 1944( “Las flores y la Flor: la Filosofía y las
filosofías”) que las doctrinas filosóficas y las teorías científicas siempre han
de ser, en tanto productos históricos, punto de partida para quien desee
hacer legítimamente filosofía y comprender el reto que la ciencia plantea a la
filosofía; de otro modo ocurriría como con el “Frutero loco que buscase k
Fruta como algo superior, único y eterno fuera de las frutas reales, jugosas y
perecederas de cada estación ...”. Que esto es así lo demuestran sin más el
volumen de trabajos de García Bacca centrado en torno a la historia de las
ciencias físicas, junto a los ensayos sobre la historia de la lógica y de las
matemáticas, por no hablar de la inmensa mole de sus traducciones, buena
parte de éstas dedicadas a los clásicos griegos de la ciencia, a la obra de Newton
y de los lógicos y físicos contemporáneos.
No es atrevimiento afirmar que el
trabajo de historiar la ciencia es para García Bacca una faena prioritaria e
indispensable para la reflexión filosófica; más que una pasión teórica perso
nal, se trata de la reivindicación de la historia como elemento metodológico
indispensable para el ejercicio de la filosofía.
Aunque hoy la reflexión en epistemología y filosofía de la ciencia ataca
otras líneas de investigación que García Bacca no profundizó ni consideró,
era necesario intentar un balance crítico del proyecto garciabacquiano en
filosofía de la ciencia -a cuya consideración no siempre se le ha prestado la
atención debida- en contacto directo con sus interlocutores históricos y en
presencia de sus referentes más inmediatos, justamente para reconocer en su
obra los elementos más originales y perdurables, para valuar las contribucio
nes realizadas al debate teórico contemporáneo, para poner de manifiesto
convergencias y disidencias en relación con otras orientaciones de pensa
miento ubicadas en sectores contiguos y periféricos. Una simple muestra de
gratitud, admiración y respeto hacia la ingente obra de un filósofo a la vez
grande y modesto, cuya vida discurre paralela al relato de la sociedad, ciencia
y técnica del siglo XX.
Vincenzo Piero Lo Monaco
Jesús Baceta V.
Sobre los ensayos de esta antología y sus orígenes
1.
Ficciones científicas
El primer ensayo que comprende este libro se llama “Ficciones científi
cas” y fue escrito por García Bacca en las postrimerías de su vida (Quito,
mayo de 1992). Es una curiosa metáfora cromática - musical; una inven
ción literaria que intenta aproximarnos desde el reverso de la filosofía al
mundo concreto de las posibilidades físicas.
Aunque la clonación sea una
ficción científica, los otros yo, dados por los espejos, están ahí. Si bien he
mos de resignarnos a escuchar las combinaciones de apenas cuatro escalas,
no por ello dejan de existir las ficticias escalas que la ciencia muestra que
vibran independientes de nuestros umbrales auditivos. Recrea la concreta
ficción científica de una ingeniería genética que nos permita tener la vista de
un águila, para luego preguntarse por el ser que pudiera extender tal visión
para crear una cronología ficticia que se remonte a la eternidad: Dios. Y,
como de Dios se trata, juega con las palabras y lo contrasta con el desafiante
demonio de Descartes, el calculador demonio de Laplace y el demonio de
Maxwell que ilustra la segunda ley de la termodinámica.
El texto es una tormenta de ideas que enfrenta la ciencia con la ciencia
teológica. “¿Ficción científica o ciencia ficcional?” se pregunta constante
mente, con lo cual retoma a Santo Tomás de Aquino. Dedica “Los cuentos
de nunca acabar”, a una de las más agotadoras ficciones: las paradojas. Idea
un dúo entre Longo y Machado para sugerir el valor estético de la ciencia.
Retorna a Heráclito y con él a la necesidad y el azar. Recibe clases del Juan de
Mairena de Antonio Machado simplemente cambiando lo que se debe cam
biar. Y, jugando ese juego, concluye haciendo lo propio con un pequeño
diálogo de Fernando de Rojas para probar la veracidad de lo que explicaba el
criado de Celestina sobre el acto y la potencia. Sugerente, ¿no?
Los textos que siguen se agrupan según la temática y el año:
2.
Antropología fibsófica y fenomenología
«Actitud del hombre moderno frente a ciencia y técnica». Cultura Universitaria
(Caracas) n° 30 (1952): 15-23.
Este artículo es el primero dedicado plenamente a una reflexión sobre la
técnica. Fue escrito cuando se desarrollaba la tecnología nuclear en el con
texto de la guerra fría. Por ello parece ser mucho más moderado que en otros
textos en los que elogia a la técnica.
«Ensayo de planteamiento fenomenológico-simbólico del conocimiento». Separata
deAnais do Congreso Internacional de Filosofía de Sao Paulo. Instituto Brasileiro
de Filosofía (Sao Paulo) (1956): 825-832.
En este texto García Bacca admite plenamente el método
fenomenológico: acepta el principio de que lo que podemos o no pensar es
indicio de interconexiones conceptuales y de los objetos referidos por tales
conceptos. Intenta formalizar esta suposición para llegar a una definición
trascendental de cuerpo.
«Sobre el fondo filosófico de algunas teorías de biología matemática».
Acta
CientíficaVenezolana (Caracas) 3.3 ( 1952): 39-45. (Conferencia pronunciada
en la Sesión Inaugural de la II Convención de la Asociación Venezolana para el
Avance de la Ciencia). Theoria (Madrid) n° 3-4 (1952-53): 1 13-120.
El artículo trata sobre las teorías matemáticas que podrían subyacer,
según su criterio, a ciertas teorías de la biología. Examina las propuestas de
físicos y filósofos metidos o entrometidos a biólogos. Entre ellos Schródinger,
quien define la vida como “alimentarse de entropía negativa”.
3.
Filosofía de la física
«Tipos del filosofar físico sobre el espacio». Filosofía y Letras (México) 1.1 (1941)
11-44; 1.2 (1941): 181-215
Una reflexión, desde los helénicos hasta Kant, de los distintos «tipos de
vida» y de la ontología supuesta por los que han filosofado sobre el espacio
físico.
Fibsofía y teoría de la relatividad. Quito: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1956.
Valencia: Cuadernos Teorema, 1979.
Un ensayo donde García Bacca tiene la “oportunidad de meditar filosó
ficamente sobre la teoría de la Relatividad”. Medita fenomenológicamente,
con disimulado aire heidegeriano, evidenciando su conocimiento sobre la
base matemática de la teoría.
«Einstein y la ciencia del siglo XX». Revista Nacional de Cultura (Caracas) n° 124
(1957): 184-188.
Un homenaje que rinde García Bacca a uno de los científicos más admi
rado por él: Albert Einstein “sabio como Newton, justa y precisamente por
saber desatar avalanchas de ideas, y no simple científico por saber sacar con
secuencias”
• Lincas generales de una reconstrucción racional de los conceptos físicos
fundamentales», Teorema (Valencia) IV.3 (1974): 319-334. Anthropos
(Barcelona) n° 9, nueva ed. (1991): 138-143.
En este ensayo de 1974 García Bacca emprende, como indica su título,
una reconstrucción racional de ciertos conceptos físicos, en contraposición
a la reconstrucción racional propuesta por Schródinger en su libro Space—
Time Structure (Cambridge 1950).
«Einstein. Homenaje al filósofo de la ciencia». Arbor (Madrid) CVII.419 (1980):
7-22. Anthropos (Barcelona) n° 9, nueva edición (1991): 133-138.
Otro homenaje al admiradísimo físico.
4.
Filosofía general de la ciencia
«Estructuras características de un modelo principal de ciencia». Ideas y Valores (Bogotá)
3-11-12 (1954): 60-87.
Elementos de fdosofia de las ciencias. Caracas: Universidad Central de Venezuela
(Manuales universitarios, n° 1), 1967
Los dos ensayos son una sucesión rápida de asertos, de no muy fácil
lectura, y con un número muy limitado de ejemplos.
La exposición, como
en la mayoría de sus obras, no deslinda el punto de vista histórico: hace
notar que en la historia de la ciencia han habido determinados equilibrios,
dominaciones y predominios con respecto a los tipos de ciencia que él plan
«Ciencia y Técnica actuales (con un poco de política y otro poco de pedagogía)». La
Palabra y el Hombre (Xalapa, México) n° 45 (1968): 43-54. Revista Nacional
de Cultura (Caracas) n° 184 (1968): 24-31.
Uno de los tantos elogios a la técnica que García Bacca escribiera en su
vida. Para García Bacca la técnica adquiere rango de ciencia, pero la delimita
muy precisamente de la práctica, con la cual se la tiende a confundir. La
diferencia entre técnica y práctica se mide por la distancia que media entre
plan racional y simple receta. Además, los artefactos o constructos de la cien
cia técnica tienen que ver con la matemática misma: así, los números negati
vos resultan artefactos o constructos -a la manera de una pala mecánica-, al
quitar la restricción de que la diferencia ‘a - b' sea realizable sólo dentro del
dominio de los números naturales, es decir, al quitar la restricción de que ‘a’
sea mayor que ‘b\
Estructura y contextura relacional de cinco modelos científicos. Teoríay Metateoria
de la. Ciencia, Vol. 1, capítulo 3, (Caracas) (1977): 107-142. Autobiografía
intelectual y otros ensayos (colección Obra Abierta) Fondo Editorial de
Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela (Caracas)
(1983):267-310.
Para García Bacca, en la estructuración de la ciencia es de notar tanto
una estructura como una contextura. Frente al entramado puramente
relacional ‘y = ax2\ que hace de esta fórmula una de tantas en la matemática,
cabe entender íy por espacio, V por tiempo y ‘a por un medio de la acelera
ción gravitatoria; con ello, la fórmula puramente matemática adquiere una
peculiar individualización: frente a un sinnúmero es capaz de establecer la
cuantificación del espacio que recorre un cuerpo en caída libre en un tiempo
determinado. Además de su estructura matemática, la fórmula individualizada
posee contextura. Así, podemos decir que a la fórmula puramente matemá
tica ly = ax2 + bx + c (la clásica ecuación de segundo grado) le podemos
asignar significado físico mediante la siguiente regla de correspondencia:
asignamos a ly el espacio recorrido por el objeto (distancia), a V un medio
de la gravedad, a 'x 2 el tiempo al cuadrado ya 'bx la velocidad inicial por el
tiempo, obteniendo así la clásica fórmula de caída libre:
e = ( } s ) '2+Vot+0
y =ax2 +bx + c
5.
Filosofía de la matemática
«La posición histórica de Leibniz en la fundamentación filosófica y científica del cálculo
infinitesimal».Filosofía y Letras (México) XI1.23 (1946): 11-44.
En el trabajo expone “las ideas filosóficas que en cada época histórica
ayudaron, estorbaron, o dirigieron, implícita o explícitamente, la
fundamentación correcta del cálculo infinitesimal, hasta llegar a Leibniz”.
«Sobre una Interpretación de los Números Complejos por medio de la Propiedad
Asociativa». Acta Científica Venezolana (Caracas) 1.2 (1950): 47-48.
Al realizar lo que anuncia en el título del artículo, García Bacca muestra
la invariancia de las operaciones matemáticas frente al cambio de sistemas de
conceptos empleados para aclararlas. Sostiene la tesis platónica de que los
objetos matemáticos son independientes de los conceptos.
«Simbólica (Lógica)». Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana. T. IX
(apéndice). Bilbao-Madrid: Espasa-Calpe.Z.l .201, 1933: 1326-1339.
«Introducción» de Introducción a la lógica moderna. Barcelona: Labor, 1936.
«Lógica modal» en Introducción a la lógica moderna. Barcelona: Labor, 1936.
Los tres textos recogen las tempranas exposiciones de lógica simbólica
del joven García Bacca. Notablemente influenciado por Husserl, Cassirer,
hereda los supuestos de sus filosofías y de Hilbert y Ackermann sus deficien
cias.
«Lógica dialéctica (L. D.) y lógica formal (L. F.)». Diánoia (México) n° 16 (1970):
144-156.
En el artículo García Bacca contrapone estos dos tipos de lógica. Co
mienza este ensayo distinguiendo entre la proposición formal y la proposi
ción dialéctica. Ambas lógicas parten de la misma base, pero mantienen di
ferencias fundamentales. La forma típica “A es B” (donde ‘A* es el sujeto y ‘B’
el predicado) se encuentran, según el tipo de lógica, en estados diferentes.
En la Lógica Formal la forma típica “A es B” se encuentra en estado de unión
“indicada” de tal forma que se mantiene la estructura relacional de la misma.
En la Lógica Dialéctica se encuentra en estado de unión “verificada”, de
manera tal que se fundan en un bloque, en lo que GB denomina un concreto.
La diferencia entre ambas es notoria: no es lo mismo considerar la proposi
ción “El hombre es racionar que “El hombre es (humanamente) racional”. En
la primera de estas proposiciones simplemente se “indica” el atributo racio
nal. En la segunda se pide la “verificación” del atributo racional mediante su
concreción con lo humano. He ahí la diferencia sustancial entre una y otra.