sábado, 31 de enero de 2026

MAGIA TEÜRGICA. QUINTÍN LÓPEZ GÓMEZ


 

INTRODUCCIÓN 

Hablar de Magia al espirar el siglo décimo-nono, 'es, para la inmensa mayoría, aspirar á una celda de manicomio, ó, por lo menos, hacerce acreedor á la conmiseración pública, por haber pasado el que tal hace á la categoría de cretino. Sabemos esto y no nos arredra; antes por el contrario, nos infunde, valor. Escribimos un libro de Magia como lo escribiríamos sobre otra cualquiera materia en la que nos •creyéramos capaces, siempre y cuando al mojar la pluma para emborronar las cuartillas, no hubiéramos de dejar en el fondo del tintero nuestras propias convicciones y amoldarnos al pensamiento ó exigencias de un extraño. En este caso no escribiríamos de Magia ni de ninguna otra cosa, y si escribiéramos, no patrocinaríamos con nuestro nombre aquello que brotara de nuestra pluma.

 Nos debemos á la convicción, y nuestra firma, aunque modesta, jamás ha salido garante de lo que no haya mos pensado, sentido y anhelado. Queremos significar, con esta especie de profesión de fe, que el contenido de este tomo dista mucho de ser el fárrago de cosas publicadas por otros autores con títulos similares. Magias semejan tes son las que han cubierto á la verdadera Magia con sambenito y coroza. Atendiendo los que las han escrito á lo que entra por los ojos y no á lo que se infiere de un concienzudo análisis, han dado como manjares suculentos lo que ni siquiera puede ingerirse como lijero refrijerio. Quizás no pudiera tachársenos de ladinos si agregáramos que las obras de referencia han sido inspiradas solamente por Mer curio, el dios del comercio. Nuestra Magia Teürgica, por el contrario, pre séntase en el mercado desprovista de toda gala fascinadora. 

Ha sido inspirada por Minerva, la diosa de la razón; y aunque nos consta que nuestra incapacidad perceptiva habrá motivado que las inspiraciones emanadas de la diosa hayan perdido la mejor parte de su esplendor, sin hipócritas alardes de modestia, nos permitimos suplicar que se nos lea. Fraccionamos en dos partes el trabajo: en la pri mera, con todo el esmero que nos ha sido posible, procuramos dar cabal idea de la Magia en la antigüedad; en la segunda, excediéndonos á nosotros mismos, presentamos el estado de la Magia en la época presente. Ignoramos si nuestra labor responderá al impulso que nos indujo á emprenderla: sabemos solamente que hemos vinculado en ella el es caso caudal de nuestros conocimientos, y que es legítimo engendro de nuestras sinceras convicciones. Amamos mucho á la justicia para que implore mos gracia de ningún género. 

Nos presentamos ante el inapelable tribunal de la opinión, erguida la frente y con la paz del justo en la conciencia. He mos hecho lo más y mejor que podíamos hacer en el presente momento histórico. Quizás dentro de un año, antes de un mes ó mañana mismo, advirtamos nuestro yerro en uno ó más puntos de los tratados, y en ese caso, no necesitaremos excitación de na die para reconocerlo y divulgarlo. Ya lo hemos di cho: nos debemos sola y exclusivamente á la convicción, que es, en cada ser, la parte de verdad que ha logrado asimilarse. 

¡Luz, más luz!, pidió Goethe; ¡luz, más luz!, pedi- ,mos nosotros. A disipar en algo las tinieblas que aún se extienden por los campos de la Metafísica, de la Filosofía y de las Ciencias naturales, es á lo que tienden las presentes páginas. Que sirvan, si quiera, para rarificar un poco la bruma' y nps- da remos por satisfechos. El autor.

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