jueves, 16 de julio de 2026

Vicente Molina Foix: el creyente de todas las religiones FRAGMENTO

 


Vicente MOLINA FOIX Prólogo

 El creyente de todas las religiones, o Je est un autre (religieux) En Santander, en julio de 2017, oí hablar por primera vez de mi yo religioso a mitad de una cena ligada a un seminario de la UIMP. El descubrimiento me llegó por boca de Philippe Merlo-Morat y Marion Le Corre-Carrasco, sentados frente a mí en una mesa bien provista de pescaderías del mar Cantábrico. Se estaban concretando las fechas y las intervenciones de unas jornadas que la Universidad de Lyon 2, en colaboración con el Instituto Cervantes de esa ciudad, dedicaría en abril del año siguiente al cine de Manuel Gutiérrez Aragón y a mi obra literaria (extensa) y fílmica (muy corta); en ambos casos el contexto iba a ser el de la religión, que los dos organizadores de las jornadas habían juzgado pertinente o incluso definitorio. Fue una gran sorpresa inicial, siendo yo un ateo incorregible, ese vínculo establecido en el homenaje, aunque la sorpresa se iría tamizando en los meses siguientes, hasta llegar a abril de 2018, cuando las ponencias oídas en el precioso edificio racionalista que alberga en Lyon al Cervantes me abrieron las puertas (o al menos las ventanas) de una espiritualidad inconsciente, tal vez ahogada por mi materialismo, no siempre dialéctico. Reflexionando en los ratos perdidos, recapitulando mi vida, que en tantas cosas coincide con la del personaje narrador y narrado de mi última obra El joven sin alma.

 Novela romántica (aparecida en el último trimestre de 2017), había empezado a surgir de las brumas de mi descreimiento en Dios el fuego fatuo de la creencia. Una creencia sin fe, aunque con mandamientos. Se me hacía evidente que el molde de un catolicismo riguroso y los motivos cristianos permanecieron en mí cuando, todavía adolescente, me proclamé apóstata para mis adentros, como si en realidad, más que desaparecer, se hubieran solo agazapado a la espera de una reconversión o un arrepentimiento que el molde y los motivos estaban convencidos de lograr. Bien pensado, era lo natural para alguien nacido en una familia española practicante, que en esos años de mi infancia, los 50 del siglo XX, significaba en la clase media burguesa la educación de los hijos en colegios de curas y monjas, la primera comunión con uniforme alegórico, las misas de domingo y la Misa del Gallo en la parroquia, la visita a los Monumentos el Jueves Santo, y lo más sensacional de todo, la espera de los Reyes de Oriente en carne y hueso acarreando regalos a los niños buenos la noche del 5 de enero: un trío monárquico-mágico en el que creí, por asombroso que parezca, hasta mis 13 años. 

Para acentuar esa disposición a la obediencia ritual más que a la fe ciega, bastará con decir que además del vasto repertorio de funciones litúrgicas obligatorias en mi alicantino colegio Jesuita de la Inmaculada, 9 Vicente MOLINA FOIX fui desde los 12 hasta los 17 años cofrade de una hermandad que desfilaba por las calles de mi ciudad en las procesiones de Semana Santa. Vesta de penitente, capirote de seda con el hueco en los ojos para poder mirar mientras se desfila portando un cirio en la mano: el “voyeurismo” de un encapuchado aún tímido pero ya precoz en lo procaz. La inminencia del congreso de Lyon me llevó a dar un relieve no-anecdótico a ciertas incidencias que yo había plasmado en la primera parte de El joven sin alma. 

Novela romántica, escrita mucho antes -a lo largo de 2016- de que Philippe Merlo me hablase de la conmemoración académica de mi yo religioso. Por encima de la increencia profana y volteriana flotaban lo que antes he llamado motivos de raíz religiosa arraigados en mí. Algunos son fugaces, como el cilicio de las penitencias de pecador inútil en los capítulos parisinos de El joven sin alma que tratan del peligro de ser arrastrado al Mal por Jean-Luc Godard y Anna Karina; ese singular instrumento de tortura aceptado por la Iglesia católica de la época recurre de manera sesgada en el personaje que interpretaba la actriz cubana Mirtha Ibarra en mi primera película Sagitario. Otros, relacionados con la liturgia y el dogma, hablan, me parece, de la necesidad de creer en una religión fuerte, laica, una vez que el relato sagrado del catolicismo quedó roto. 

Y así el Joven, el de esa novela y el que yo he sido desde la juventud hasta la vejez, se hizo feligrés de otras iglesias, sin dejar de visitar las verdaderas en tanto que turista y amateur. Cuatro episodios esenciales de mi obra narrativa trascurren, no por casualidad, en templos: el joven comunista de La quincena soviética refugiado, huyendo de una carga de la policía de Franco, en la iglesia barroca madrileña de San Antonio de los Alemanes, donde se produce su desactivación política a través del arte, aun siendo este teológico; la cantada misa eclesiástica del maestro Leopoldo Baroja en La misa de Baroja; el orgullo gay de compartir con un joven amante el vuelo asuncionista del Misterio de Elche en El invitado amargo, así como, en El joven sin alma, las peripecias en el interior de Saint-Sulpice con las pinturas religiosas del ateo Delacroix. Religiones del cuerpo licencioso y el arte aventurado. Religiones suplentes y, al contrario que la Vaticana, liberadoras y hasta me atrevo a decir que orgiásticas. Las que importan aquí son el festín de las artes y la bacanal de las letras. Una religión que consiste en oír la música sacra de Tomás Luis de Victoria, Monteverdi, Purcell, Couperin o Mozart sin dejar de tener los pies en la tierra. Apabullarse en las catedrales sin la obligación de ponerse de rodillas. Entender que los grandes narradores que sirvieron de ejemplo a los novelistas y los poetas fueron pintores de tema sacro como Uccello, Tintoretto, El Bosco, Caravaggio, Murillo, La Tour. Goces sensuales sin mala conciencia, entrando a saco el fiel en un panteón de divinidades individuales y disolutas, sustitutivas de la adoración mariana, el culto a los santos y la inmolación ante el altar. 

Quizá de ahí provenga mi devoción por autores que exigen sacrificios para alcanzar el cielo de su forma: Proust, Beckett, Thomas Bernhard, Mercè Rodoreda, Juan Benet. 10 Post Scriptum Prólogo No puedo dejar de añadir como apéndice a esta breve introducción mi agradecimiento profundo a quienes idearon, pusieron en marcha y lograron reunirnos en las ya evocadas y gratas jornadas lionesas, hasta configurar este libro para mí mismo instructivo, revelador e inteligente, que ha contado con la importante aportación, al lado del generoso e infatigable Merlo-Morat, del profesor Emilio Ramón en tanto que impulsor de una primera iniciativa fallida aquí rescatada y notablemente ampliada, así como contribuyente al volumen con su ensayo sobre mi libro de cuentos Con tal de no morir. A los convocados en aquella instancia anterior se suman claro está quienes leyeron sus ponencias en Lyon y otros profesores que, impedidos por causas ferroviarias de fuerza mayor, no pudieron llegar, aunque sí llegan sus voces ahora. Me resulta además gratificante el que, entreveradas entre los textos de análisis y comentario, haya también lugar para semblanzas y memorias personales, no menos elocuentes, de escritores y buenos amigos, catedráticos o no. 

 11 Philippe MERLO MORAT y Emilio RAMÓN Introducción: ¿Por qué una monografía sobre Vicente Molina Foix? De Emilio Ramón… Todo comenzó cuando, en 2006, coincidí en una conferencia en una universidad estadounidense con Vicente Molina Foix. Yo presentaba una ponencia y Vicente era el conferenciante invitado. A la salida de la misma se inició una feliz relación. Por aquellos momentos Vicente estaba finiquitando El abrecartas, y yo me puse a trabajar con su novela en cuanto salió a la luz. De aquello salió una entrevista, algún que otro artículo, y la invitación para que el escritor ilicitano, que había sido galardonado con el Premio Nacional de Narrativa, estuviese presente en la Sexta Semana Cultural de la Universidad de Alicante (2008). Resultó, además, que un académico español afincado en Suiza al que yo conocía, José Manuel López de Abiada, me metió el gusanillo de editar un libro sobre Vicente Molina-Foix. Y en ello me embarqué. La idea del mismo era proporcionar no sólo una visión académica de algunas de las obras de Molina Foix más conocidas, sino también un lado más humano del novelista, poeta, ensayista, guionista y director ilicitano. Unas “viñetas”, como las calificó uno de los colaboradores, que nos acercaran a Vicente a nivel profesional y humano. En el plano humano, la relación de éste con Fernando Savater, con quien coincidió en la época universitaria, se remonta a más de cincuenta años. Desde sus comienzos, ya se vislumbraba que eran como el agua y el aceite pues, mientras que a Vicente le ha gustado siempre “lo experimental, lo abierto, lo informe y lo cacofónico” al filósofo, siempre empeñado en buscar coherencia lógica, sentido racional y armonía más o menos clásica en lo que le rodea, todo eso le aburre, o le aburría, pues, como todos sabemos, ha dejado de escribir.

 Pese a ello, la viñeta que hizo Savater, ubicada en el Londres de 1978, narra cómo se siente respecto a su amigo desde el estreno de Los abrazos del pulpo, la cual impactó en más de un sentido al filósofo. Una sentida y precisa viñeta de amistad y admiración a la par. No menos curiosa resultaba la doble anécdota de Félix de Azúa respecto a cómo se conocieron ambos. La primera versa sobre un casi imposible de ganar concurso cinéfilo y literario, “La Peseta Cultural”, que tenía lugar durante los largos desayunos en la facultad y que normalmente daba para pagar el desayuno con el bote tras quedar desierto el concurso. O quizás fuera con motivo de una manifestación de universitarios con carga policial incluida en la que dos despistados Félix y Vicente departían sobre un recién salido libro de un tal Pedro, Pere, Gimferrer y de otros “contactos catalanes”, como Ana María Moix o Guillermo Carnero. Tan absortos ambos que, mientras a su “alrededor los estudiantes caían como moscas”, los grises les respetaban. 13 Philippe MERLO-MORAT & Emilio RAMÓN En esta línea de amistad, Guillermo Carnero escribía acerca de uno de sus “más antiguos amigos, en lo personal y en lo literario”, y no dudaba en evocar a un elenco de figuras en torno al círculo de Vicente Aleixandre que recuerda sin duda a “aquel redil velintónico” de El abrecartas, como es el caso del “propio maestro Vicente, Carlos Bousoño, Félix Grande, Francisco Brines, Claudio Rodríguez, Antonio Martínez Sarrión, Félix de Azúa, Gloria Fuertes y Gabino Alejandro Carriedo, y donde viene un insólito álbum de fotos fijas de Pedro Gimferrer, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Gabriel Ferrater y él mismo fumando en pipa” junto a Molina Foix. Luisgé Martín preparó una disección detallada de la obra total del escritor ilicitano comparándola con los vestidos recortables de papel que se podían poner y quitar sobre las muñecas del mismo material, comparando el “armario interminable” que podía tener una muñeca con la propia producción de quien “ha tocado todos los palos de la escritura”. Para el escritor madrileño, “el vestido de poeta […] un vestido que ha usado poco desde su juventud” es de “alta costura”. 

 El de novelista, “quizás […] el más conocido de los suyos” le trae no pocos recuerdos y tiene “tres de sus novelas por obras maestras”, obras que, como el sedal del pescador, se enganchan en el paladar para arrastrar al lector sin remedio. Son “vestidos narrativos hechos para reconstruir su alma, si se me permite decirlo de un modo afectado y enfático”. En cuanto a las películas, las percibe como “disfraces” usados en el sentido del carnaval, para mostrar lo que normalmente está oculto. Pero quizás sea en su faceta de articulista, añade, en donde mejor se muestra Vicente tal cómo es, sin tapujos, sin vestidos y sin disfraces. El escritor Javier Montes desgranaba el porqué de su admiración desde que Vicente le dedicase un libro en 1997. Desde entonces su amistad le ha supuesto “una especie de lujosísima masterclass, llena de teoría y rica en prácticas, trabajos compartidos y diálogos paseados” que dirige nuestra atención a lo que podemos aprender de la literatura y del pasado. Ve a Vicente como “la presencia en la propia voz de las voces adultas que nos han precedido. La necesidad (o el placer, simplemente) de saber escucharlas y de preservar la memoria de sus experiencias vividas. La noción de pertenencia a esa Gran cadena del ser que Lovejoy trató de definir en su estudio de la Historia del pensamiento”. Vicente le dedicó El abrecartas, “A Javier Montes, fellow traveller”- a modo de resumen del camino recorrido por ambos hasta ese momento. El proyecto aspiraba a presentar al lector un coro de voces escritas de diversos aspectos de la producción de Vicente Molina Foix y constaba con una segunda parte más académica, escrita por profesores universitarios a ambos lados del Atlántico. Candelas Gala analiza la producción de Vicente desde que éste fuera incluido en la antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles (1970) y continúa con su producción poética de los noventa hasta concluir en 2007 con Paisajes con figura. 

Gala analiza si sus libros son o no continuación de la línea de autonomía estética de los novísimos al tiempo que pretende desgranar si su escritura responde a un mero placer de inutilidad. Para ella, la clave de todo está en la “conciencia irónica” con que Molina Foix se acerca a lo convencional y a lo establecido, en un afán de ponerlo todo en tela de juicio. 14 Introducción – ¿Por qué una monografía sobre Vicente Molina Foix? Las expectativas humanas y, en concreto, las que se tienen acerca del amor, son las que se propuso estudiar Philippe Merlo-Morat en su análisis de la película de Vicente Molina Foix, Sagitario, 2000. Según Merlo-Morat, las numerosas alusiones directas o indirectas a las prácticas religiosas o a las mitologías clásicas están directamente relacionadas con las dificultades propias de las relaciones amorosas así como con lo complicado que resulta encontrar a la pareja idónea. Lo peculiar de la escritura cinematográfica de Molina Foix, que se nutre de muchos elementos tanto de las religiones conocidas y establecidas como de la santería, de religiones de la Antigüedad e incluso de la astrología o de la nigromancia, está en relacionar lo religioso con el amor. Para él, la película propone un acercamiento y una definición de lo que implicaría una vía de acceso al amor que todos los personajes desean, aunque les cueste mucho encontrarla, y para quienes el destino juega un papel importante. El mismo filme despertó también la curiosidad de Claude Murcia para quien su estructura de mosaico substituye a la jerarquía y a la lógica de la causalidad por un modelo epistemológico totalmente aleatorio, próximo al análisis de Gala. 

 Ella hace énfasis en la arbitrariedad que presenta el celuloide para dar al espectador una sensación de discontinuidad e inconstancia en un mundo cambiante y de múltiples variantes que se encamina hacia una melancolía inherente. Las diferentes estrategias seguidas por el director, como las “digresiones” de la cámara, que salta de un personaje a otro de manera aparentemente caprichosa, tienden a deshacer cualquier intento de ver la realidad con una lente lógica y convencional. Para Murcia, el modelo epistemológico y cultural del mosaico parece encajar bien con la estructura fílmica, y su arbitrariedad espacial y temporal ayuda a crear una poética y una estética de la diversidad. La tonalidad agridulce y melancólica viene así a sustituir la ilusión hueca de un final feliz que hace pensar en un orden y una continuidad. Agustín Martínez-Samos se adentró en una de las novelas más comentadas de Vicente Molina Foix, La quincena soviética (1988), indagando en la formación de la compleja identidad del narrador-protagonista, Ramiro/Simón, a través del análisis de los conflictos entre la identidad individual y la identidad colectiva, entre los deseos personales y las obligaciones de grupo y lo que esto supone al protagonista. Constreñido por las normas sociales de su época, éste se ve atrapado en la disyuntiva de seguir a sus sentimientos o a su sentido de la responsabilidad auspiciado por el colectivo intransigente; por lo que se encuentra dividido en dos yos, con el consiguiente problema de identidad, e imposibilitado para encontrar el amor. 

Para Martínez-Samos, la complejidad del narrador protagonista surge a partir de un duelo existencial en donde la identidad individual, marcada por el florecimiento y posterior caída de la vida personal, se debate con la identidad colectiva, simbolizada por el dogmatismo de los activistas políticos por encontrar un espacio dominador. Jacinto Fombona se centró en las edificaciones narrativas que construye Vicente en El abrecartas exponiendo una serie de posicionamientos de lectura y escritura que la novela plantea, proponiendo una representación del mundo que llama escritural: un mundo centrado en el acto de la escritura y la lectura. Fombona estima que al optar por la forma epistolar la narración da lugar a una mayor participación del lector que tiene que reconstruir las historias de los personajes de El abrecartas como edificaciones narrativas relativamente frágiles, 15 Philippe MERLO-MORAT & Emilio RAMÓN tenues, ya que todas apuntan al papel, el de las cartas y el de la memoria. En este proceso de reconstrucción la narrativa coquetea e intenta, si no fijar, al menos brevemente capturar una fantasmagoría mientras “abre” las cartas de sus personajes y recrea sus vidas. Siguiendo la idea de aquellos viejos tebeos de la Rue 13 del Percebe que permitían ver a todos sus “inquilinos”, cuyas vidas se van relacionando directa o indirectamente, yo mismo me propuse trabajar Con tal de no morir, (2009). Esta colección ofrece al lector doce mundos aparentemente distintos, pero con los miedos y las preocupaciones contemporáneas como punto de unión y con una serie de intertextos que, cual reflejos de los personajes, van literalmente dirigiendo sus historias. En este estudio exploro la manera en que estos intertextos, ya sea algún tipo de expresión artística, una filosofía, una corriente psicológica o una serie de noticias relativas a una guerra, afectan al modo en que los personajes experimentan su entorno con una subjetividad marcada por las analogías que ellos mismos establecen con su realidad y con los mencionados elementos. 

Al igual que con El Abrecartas, Con tal de no morir se podría calificar de “crónica de un naufragio”, sólo que en este caso no contamos con un edificio sino, más bien, con “una pequeña cabaña en el bosque” puesto que la elección de una narración breve en prosa obliga a Vicente Molina a condensar la historia y someterla a una alta presión de forma y de contenido. Con ello busca provocar “en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va mucho más allá de la anécdota”. De esta manera, los relatos nos exigen fijarnos en la elección de intertextos hecha por el escritor para, así “irradiar algo más allá de sí mismo(s)”. Desde el mito de Fausto hasta la música clásica de Bach, Dvořák y Mozart, pasando por la literatura shakesperiana, la filosofía de Berlín, la psicología de la Gestalt, la pintura de Julio Romero de Torres, el teatro español del siglo de oro y el arte del romanticismo, todos ellos se disponen como las diferentes partes de una composición musical, como una ópera que aúna música, actuación y los grandes temas que preocupan a la humanidad. El proyecto contaba también con un análisis de El abrecartas (2006) realizado por Vance Holloway en tres vertientes: como un tratamiento de la historia social española del siglo veinte, como homenaje a la cultura artística, entendido como un aspecto vital de la experiencia cultural, a los artistas y su experiencia social, y como una aportación enriquecedora al género de la novela epistolar; todo ello con un espíritu optimista y una ejemplaridad ilustrados. Candelas Gala analizó la producción de Vicente desde que éste fuera incluido en la antología de José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles (1970), hasta concluir en 2007 con Paisajes con figura. Para ella, la clave de toda la producción de Vicente está en la “conciencia irónica” con que el escritor se acerca a lo convencional y a lo establecido, en un afán de ponerlo todo en tela de juicio. 

 Cada una de esas colaboraciones pretendía, a modo de mosaico o de collage, proyectar un poco de luz sobre la obra y la figura de Vicente Molina Foix de manera que el lector pueda tener una visión más compleja, que no completa, de los temas, las filias y las fobias del autor ilicitano. Hombre de letras y de cine, escritor de todos los géneros (ensayo, teatro, guion, poesía, novela y cuento), amigo de sus amigos y muy versado, la imagen que pretendíamos ofrecer buscaba, aun siendo incompleta, abrir la puerta a posteriores estudios que 16 Introducción – ¿Por qué una monografía sobre Vicente Molina Foix? abarquen otros aspectos de una figura tan versátil. Lo que no teníamos previsto fue la imposibilidad de contar con unos fondos con los que, en un principio, contábamos para su publicación, ni la posterior negativa de una editorial universitaria a sacarlo adelante. Pero, cosas del destino, como ocurrió con el email que enlaza las cartas de El abrecartas un email de uno de aquellos colaboradores originales, Philippe Merlo-Morat, ha posibilitado abrir ese diálogo que pretendíamos. Gracias a un congreso que se celebró en Lyon hace unos meses y al empeño de Philippe, podremos disfrutar de un proyecto comprehensivo que aúna lo anterior y lo más reciente acerca de la obra, y la figura de Vicente Molina Foix. … a Philippe Merlo-Morat y Marion Le Corre-Carrasco Más que congreso, lo que se llevó a cabo en Lyon, y en particular en el Instituto Cervantes de Lyon, fue el 8° encuentro internacional de “creadores y críticos” que inicié hace ya unos diez años y que permite que creadores contemporáneos encuentren a sus “críticos”, esencialmente universitarios, estudiosos de las obras de los creadores invitados. Los dos creadores que fueron invitados para esta primavera de 2018 fueron Vicente Molina Foix y Manuel Gutiérrez Aragón ya que siempre tuve la idea de cruzar las artes y, tanto el primero como el segundo creador de este año, se dedican por lo menos a dos artes: Vicente Molina Foix se interesa tanto por la literatura como por el cine y Manuel Gutiérrez Aragón pasó de muchos años de cine al mundo de la literatura. El 8° encuentro internacional “creadores y críticos” permitió que muchos especialistas pudieran intervenir en presencia de su “creador”. 

Así que hemos decidido publicar todas las intervenciones en dos volúmenes separados: uno dedicado a la obra tanto visual como literaria de Manuel Gutiérrez Aragón en la colección “ZOOM” del GRIMH (Groupe de Réflexion sur l’Image dans le Monde Hispanique), una verdadera monografía de estudios sobre la obra completa –o casi completa- del director de cine pasado a literato. El otro volumen –el que tiene entre las manos el lector- dedicado a la obra de Vicente Molina Foix será el n°8 de la colección “El creador y su crítica” del GRIMH que, de la misma manera, es monografía que reúne a los más importantes especialistas de la obra del novelista tanto en España como en Francia. Además el tema elegido desde hace unos años para abordar la obra de los creadores es lo religioso en su sentido más amplio, lo que explica el título de este libro. ¿Por qué esta temática? Como profesor investigador, siempre fue muy importante para mí el vaivén incesante entre la investigación y la enseñanza o entre la enseñanza y la investigación que se nutren mutua y constantemente. 

Como hispanista, especialista de las artes (literatura española contemporánea y arte-historia del arte en el mundo hispánico), desde hace más de veinte años, propongo a los estudiantes un seminario de máster sobre la pintura española en el que las temáticas religiosas dominan tanto en las obras maestras de Velázquez, Goya o incluso Picasso. Mi sorpresa fue muy grande cuando me di cuenta de que algunos –para no decir la gran mayoría- de los estudiantes ya habían perdido este fondo de cultura general que es la cultura religiosa sin la cual no podemos entender gran parte de las obras de arte… y más si se tratan de obras de arte hispánicas. 17 Philippe MERLO-MORAT & Emilio RAMÓN Tenía que enfrentarme a una evidencia: nuestros estudiantes actuales nos tenían las armas para poder descodificar, interpretar y explicar las referencias religiosas que nos rodean, que forman parte de nuestro cotidiano y que tendría que formar parte de nuestra cultura general… común. La cuestión no era por qué hemos llegado a tal extremo sino cómo hacer para que los estudiantes y, antes de ellos, los alumnos de las enseñanzas primaria y segundaria puedan tener las herramientas para comprender los mensajes religiosos y de esta manera hacerse ciudadanos activos, autónomos y no pasivos dependientes de los discursos de otros. Fue entonces cuando, con un grupo de colegas, decidimos que la temática de investigación de nuestros encuentros entre creadores y críticos iba a ser “lo religioso” en su sentido más amplio. Así que todas las intervenciones que pudimos oír que se pueden leer en este libro giran alrededor de esta temática en la obra de Vicente Molina Foix, desde el estudio de Caroline Bouhacein sobre La mujer sin cabeza hasta el trabajo de Jacques Soubeyroux que tituló “Búsqueda identitaria y crisis de las creencias dogmáticas en La Quincena Soviética y El joven sin alma”, pasando por los estudios de Xavier Escudero que habla de “la farsa de lo religioso en La misa de Baroja”. Virginie Giuliana se focaliza en “el cine, “esta nueva religión”: la introspección artística y religiosa en El joven sin alma” mientras que Anne Lenquette centra su trabajo sobre “la presencia de lo religioso en la narrativa de Vicente Molina Foix: entre catolicismo, ateísmo y religión del arte”. Claude Murcia da otra visión de “El joven sin alma: el arte como religión” y Natalie Noyaret demuestra que pasamos “Del catolicismo extremo a otras devociones en El joven sin alma y El invitado amargo”.

 Gregoria Palomar Asenjo analiza las “Expresiones de los religioso en El abrecartas” y finalmente Eugénie Romon pone de realce las “Apariencias engañosas de La mujer sin cabeza: una simulación de búsqueda de la verdad”. No quiero terminar esta introducción sin dar las gracias a la directora del Instituto Cervantes de Lyon, Juana Gil, y a la responsable de las acciones culturales, Nadia Mansouri. También, muchas gracias a Marion Le Corre-Carrasco co-directora de este libro, gracias por su ayuda infalible, antes, durante y después de este coloquio; gracias a la universidad Lumière-Lyon 2, nuestro centro de investigación, Passages XX-XXI, con sus directores Bérénice Hamidi Kim y Daniel Urrutiaguer y sus directores actuales Julie Sermon y Jacques Gerstenkorn así como la responsable administrativa Marina Randriamiarisoa; a la universidad Jean-Monnet de Saint-Étienne, su laboratorio de investigación, el CELEC y a su director, Emmanuel Marigno; al GRIMH (Groupe de Réflexion sur l’Image dans le Monde Hispanique), a su presidente Jean-Paul Aubert y su presidente de honor presente en este encuentro, Jean-Claude Seguin; a la NEC + (Narrativa Española Contemporánea +) y a su presidenta, Natalie Noyaret; a la BP AURA, Banque Populaire Auvergne Rhône Alpes y la CASDEN, a sus delegadas para la enseñanza superior, Nadia Bourgin y para la enseñanza segundaria, Muriel Chandanson y Brigitte Rivière.

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