Prefacio
La vocación de novelista yace en latente en un rincón del talento, como el arpa en la rima de Bécquer, a la espera de un toque de magia que despierte las notas, las palabras, las frases, las ideas… ¿Cómo hacer una novela’? La estética del arte no admi te normas. Todos los consejos son inútiles. Nadie sabe por qué nos gusta una y despreciamos otra. Los años y la experiencia como lector y como autor se acumulan. Ahora sé que nadie sabe hacer novelas, y tam bién que todos seríamos capaces de hacerlas. La primera vez que oí hablar de Fortunata y Jacinta me transmitió tanta gracia quien lo hacía, tanta bondad, tan equilibrada inteligencia… Y en cuanto tuve ocasión, que fue pronto, inicié la lectura y la leí sin reposo. Y nada más llegar a la última página, pasé de nuevo a la primera. Y cuando de nuevo llegué a la última redacté, para seguir con el encanto, las líneas que siguen a este prefacio.
Luego organicé aquellos apuntes desbaratados, aquellas citas re cogidas con pasión de lector entusiasta hasta ajustarlas a los principios generales de la teoría de la novela. ¿Cómo se hace una novela? ¿Cómo se hizo Fortunata y Jacinta? Lo que cuentan las siguientes páginas son los re sultados, los puntos argumentales, los temas, los espacios y el tempo que ha elegido un autor para una historia que se hubiera podido contar de otras muchas maneras... pero no sería la misma. Entienda el lector que la explicación que ofrece este es tudio es una interpretación. Si la historia admite varias redacciones, también la lectura permite modos. Lo real mente difícil es entender las razones. Como es sabido, el arte no admite esclarecimientos. Pues bien, he aquí la descripción de lo indescriptible, es decir, la sensación que como lector y crítico, y también como teorizador de un arte, el de la creación de novelas. 1 ELEMENTOS CONSTITUTIVOS Un narrador convierte materia narrable en expresión lin güística. El resultado es lo que llamamos relato o novela. 8 Lo que diferencia a unos escritores de otros es el estilo, es decir, esa capacidad de pintar con palabras conceptos que nacen sin ellas. Una tendencia evolutiva de las lenguas pretende aco modar el material lingüístico a la realidad circundante. La tendencia a contar se refugia en el espíritu de las perso nas. La novela viene a ser un modo singular de coloquio en el que una persona (el autor) toma la iniciativa de comu nicar a otra (el lector) una historia; con múltiples varian tes, pero historia al fin. Y el receptor no tiene posibilidad de réplica ni de intervención parcial, aunque sí de crítica. Una narración constituye la primera parte de un diálo go, el desarrollo de una de las intervenciones de dos hablantes. Lo específico de esta comunicación es la facul tad del hablante emisor para intervenir sin interrupcio nes, con toda libertad, contando a su gusto y desde la so ledad, las historias, los argumentos, las acciones que le pa recen oportunas, convincentes o sencillamente nacidas para dejarse llevar por la voluntad de su imaginación e in teligencia. Esa libertad le viene dada por constituir un ac to de comunicación que no se completa hasta que encuen tra la posibilidad de unirse con un lector que tenga igual mente la oportunidad, o que crea en la conveniencia, o que sencillamente se deje llevar por la voluntad de acer 9 carse al texto narrativo. Es el lector, en definitiva, quien decide, en la práctica, la culminación del hecho literario.
Un texto sin lectores no es comunicación o mensaje. Podrían serlo, pero no lo son si no llegan al lector. En este punto podríamos decir que el escritor desea comunicarse de la misma manera que el lector ansía ser receptor de palabras e historias. Independientemente de la renovación técnica del siglo XX, que puede alterar el orden tradicional del relato, el elemento esencial de toda narración es el contenido, es lo que se cuenta; es la historia, asunto o argumento. Y aun que novelas hayan aparecido sin argumento aparente o sin historia de fondo, se entiende la tolerancia de la crítica en su aceptación y la amplitud significativa del término. El argumento está referido a unos actores o actantes que llamamos personajes. El personaje responde a la pre gunta ¿quién…? o ¿a quién?, según la perspectiva. De en tre los personajes, la narración suele destacar un protago nista que no es más que el más tratado, usualmente el que recibe un mayor número de líneas narrativas.
El protagonismo colectivo de novelas como La colmena es el resultado de una intención social. La supresión de personajes aleja al texto del de género novelístico y lo acerca al ensayo. 10 El tiempo responde a la pregunta ¿cuándo?, y es algo necesariamente presente. La localización espacial respon de a la pregunta ¿dónde?, ¿dónde tiene lugar la acción?, ¿dónde se desarrollan los acontecimientos? Argumento, personajes, tiempo y espacio son los com ponentes esenciales de la narrativa, y responden a las cuestiones "qué, quién, cuándo y dónde". No es que los cuatro elementos se aíslen, o se añadan unos a otros. En su presentación forman un conjunto interrelacionado de manera que los unos completan a los otros. El argumento debe su estructura y avanza a través del texto erigido por los propios personajes, enredado a través del tiempo y emparejado con el espacio o en los espacios novelescos. Los personajes se configuran en su propia his toria, dependientes del tiempo de acción, y condicionados por el espacio circundante.
El tiempo viene señalado por la necesidad narrativa y trascurre en un espacio preciso. Y el espacio, como com ponente básico de la narración, se relaciona con los demás elementos en los límites y métodos que se comentarán en la tercera parte de este curso. 11 2 CONTENIDOS Y TEMAS 2.1. Las funciones Fortunata y Jacinta es la novela de una mujer del pueblo que le toca convivir con la burguesía. Algunas de estas co incidencias pertenecen al azar de la vida, mientras otras son parte de la personalidad, y todas crean un ambiente en el que lo narrado, sin dejar de pertenecer a la historia de Fortunata, es al mismo tiempo la crónica de dos o tres familias madrileñas y algunas personas allegadas contada en cuatro partes que desarrollan sus propios ambientes, sus propias intrigas. 2.2. La novela de la burguesía Lo que vienen a contar las casi trescientas páginas de esta primera parte de la novela gira alrededor del comporta miento y sentimientos de Juanito Santa Cruz entre dos momentos de su vida, el fortuito encuentro con Fortunata y, unos años después, los intentos por volver a localizarla. El día que conoce a Fortunata, perdido en el pasado (diciembre de 1869), Santa Cruz va a visitar a Estupiñá, aquejado en su lecho de su casa de la Cava Baja: "Al pasar junto a la puerta de una de las habitaciones del entresuelo Juanito la vio abierta y, lo que es natural, miró hacia dentro, pues todos los accidentes de aquel re cinto despertaban en sumo grado su curiosidad."1 Hasta aquí nada de anormal. Pero le va a suceder, cuando menos lo espera, lo más importante de la historia: "Pensó no ver nada, y vio algo que de pronto le impre sionó: una mujer bonita, joven, alta... Parecía estar en acecho, movida por una curiosidad semejante a la de San ta Cruz, deseando saber quien demonios subía a tales horas por aquella endiablada escalera."
El motivo inicial es una simple curiosidad por parte de los dos. Y como sucede en Ana Karenina, en Romeo y Ju lieta o en La Celestina, la simple mirada es suficiente para atraer la llama amorosa: "La moza tenía pañuelo azul claro por la cabeza, y un mantón sobre los hombros, y en el momento de ver al Delfín, se infló con él, quiero decir, que hizo ese carac 1 La paginación señalada al final de las citas corresponde a: Pérez Galdós, Benito, Fortunata y Jacinta, Madrid, Hernando, 1987. 13 terístico arqueo de brazos y alzamiento de hombros que las madrileñas del pueblo se agasajan dentro del mantón, movimiento que les da cierta semejanza con una gallina que se esponja su plumaje y se ahueca para volver luego a su volumen natural." (Pág. 62) Unas páginas antes, la narración había justificado la importancia que tuvo el coincidente encuentro: "...si Juanito Santa Cruz no hubiera hecho aquella visi ta, esta historia no se habría escrito." (Pág. 38) Y Galdós, que siempre tiene algo que decir, añade: "Se hubiera escrito otra, eso sí, porque por donde quie ra que el hombre vaya lleva consigo su novela; pero ésta no." (Pág. 39) Con lo que deja clara su intención. El momento final de esta primera parte es el día de Re yes de 1874, fecha en que Villalonga visita a Juanito Santa Cruz para contarle que ha visto a Fortunata bien vestida en la cafetería Praga: "Tendrías que verla por tus propios ojos.
Está de re chupete. De fijo que ha estado en París porque sin pasar por allí no se hacen ciertas transformaciones." Y al mismo tiempo, en las entradas de Jacinta y Barba rita a la habitación donde hablan, Villalonga cambia de tema para narrar el golpe de estado del general Pavía. 14 Galdós antepone el reencuentro de Fortunata al propio acontecimiento histórico, con lo que el argumento realza su valor. El hecho novelable es, en resumidas cuentas, la relación Juanito-Fortunata. Sin esta relación la historia sería la de cualquier familia burguesa del siglo XIX madri leño, ya de por si interesante, pero sin el atractivo nove lesco. Pero si nos fijamos, parece existir más extensión en el relato de los hechos que se deducen del tema principal que en la propia relación de los enamorados. Las pocas pa labras, las únicas que cruzan en esta primera parte perte necen a ese primer encuentro: "— ¿Qué come usted, criatura? — ¿No lo ve usted? - replicó mostrándoselo - Un huevo. ¡Un huevo crudo! Con mucho donaire, la muchacha se llevó a la boca por segunda vez el huevo roto y se atizó otro sorbo. — No sé como puede usted comer esas babas crudas - dijo Santa Cruz, no hallando mejor modo de entablar conver sación. — Mejor que guisadas. ¿Quiere usted? - replicó ella ofre ciendo al Delfín lo que en el cascarón quedaba. Por entre los dedos de la chica se escurrían aquellas babas gelatinosas y transparentes. Tuvo tentaciones Juani 15 to de aceptar la oferta, pero no; le repugnaban los huevos crudos. — No, gracias." (Pág. 62) Alrededor de este tema central merodean otras histo rias, la mayoría de ellas resueltas en la propia narración, pero esencialmente relacionadas de alguna manera con Fortunata.
Algunos ejemplos son los siguientes: 1° Los motivos de inquietud por parte de Barbarita, que, consciente de lo que puede pasarle a su hijo si seguía viéndose con Fortunata, le proponía a Jacinta como espo sa: "¡Y qué casualidad! Al día siguiente de la conferencia citada llegaban a Plencia y se instalaban en una casita modesta Gumersindo e Isabel Cordero con toda su caterva menuda" (Pág. 69) Son los padres de Jacinta y allí está ella. 2° El extenso relato que se inicia cuando José Izquierdo cuenta a Jacinta que Fortunata está embarazada: "la Pitusa estaba canbrí de cinco meses" (Pág. 101) Para abrir una serie escenas que tienen como soporte argumental la duda sobre el éxito de la pretensión de Ja cinta de hacerse con la tutela del hijo de su marido y Fo tunata. Ambas historias terminan pronto porque Jacinta se ca sa con Santa Cruz y don Baldomero resuelve el problema 16 del niño con la sagacidad propia de la burguesía: proteger lo, pero no en el domicilio familiar. Todas las demás referencias a Fortunata están puestas en boca de otro personaje, de manera que lo que sabemos ella no sea de fuente directa. De nuevo la técnica consiste en rodear de misterio a la protagonista (Mientras cuenta escenas íntimas de Juan y Jacinta) e interesar más al lector por lo que puede ser For tunata que por lo que realmente es.
De hecho numerosos interrogantes se presentan acerca de su persona y lo que la rodea: Su verdadero origen contrasta con los datos tan preci sos acerca de los progenitores de Santa Cruz. Su actividad y familia son también interrogantes. El lector está interesado en conocer el motivo de sus viajes. Y también cuál es el verdadero destino de aquel hijo tenido con Santa Cruz. Todo el misterio que encierra la repentina nueva apari ción en Madrid, etc. Galdós narra sin prisas. La acción argumental es esca sos y repetidas veces se recrea en anécdotas secundarias o en personajes precisos. Estos capítulos nos dan cuenta de cómo Juanito Santa Cruz, joven heredero de una fortuna procedente del co 17 mercio de paños, que no necesita trabajar, ha conocido accidentalmente a Fortunata y tiene un hijo con ella. Su madre, Barbarita, que sospecha lo que sucede, facilita un matrimonio rápido con Jacinta. Fortunata parece olvida da. Jacinta, también al azar, descubre un día que su mari do ha tenido un hijo, y ella, que desearía tenerlo, intenta apadrinarlo como propio.
Cuando parece haberlo conse guido, su marido le explica que el hijo que él tuvo murió. Jacinta ha sido engañada. Todo parece volver a la calma en esta juiciosa familia, pero un día, también inesperada mente (tercera coincidencia azarosa) Villalonga ha visto a Fortunata en las calles de Madrid, y Galdós, como hizo también en los Episodios Nacionales, termina la primera parte con una incierta intriga que, además, ha presidido el resto del relato. Queda claro que el novelista no ha pretendido única mente contarnos la historia, sino bastantes cosas más. La historia es, en el fondo, lo que mantiene al lector, pero Galdós, que disponía de toda una gama de posibilidades para la construcción de su obra, ha elegido una que, en líneas generales, respeta los principios realistas, ajusta perfectamente las tres coincidencias de que hablábamos anteriormente, y además no prescinde de las característi cas de la vida misma. Describir los ambientes aunque es tos solo tengan una influencia secundaria en los protago 18 nistas. Cuenta con la propia ciudad como espacio concre to, con los nombras propios de calles, lugares, etc. Cuenta igualmente con un tiempo preciso en que los propios acontecimientos históricos condicionan el relato. Descri be en profundidad la personalidad de los personajes se cundarios con el fin de crear todo un universo ciudadano. Hacer participar a todos los personajes en un amplio gru po de sentimientos y vivencias humanas sin omitir todo aquello que crea la vida diaria del individuo y observar a sus criaturas como un autor omnisciente y desde diversos puntos de vista. Como consecuencia de todo lo anterior, el sentido de la obra depende, más que de la historia, de la forma de pre sentarla. 2.3.
La novela de la clase media Galdós abandona definitivamente a los Santa Cruz en la segunda parte, para centrarse en los Rubín y no perder la perspectiva hasta el final de la novela. Lo narrado en esta segunda novela, y por establecer un paralelismo con la anterior, va desde que Maxi conoce a Fortunata hasta que esta se dispone a abandonar su re ciente domicilio familiar una vez casada.
19 Este final viene a coincidir con el de la primera parte, en el que dejábamos a Santa Cruz buscando desesperada mente a Fortunata por toda la ciudad. Unos epígrafes, más breves que los anteriores, están dedicados al pasado de la familia de Maxi para contarnos a continuación cómo conoce a Fortunata en la casa de Ol medo, cómo empieza a protegerla, cómo debe de ocultar el secreto a su tía, cómo prepara la boda, y cómo su her mano Nicolás interviene para que Fortunata, antes de ac ceder al matrimonio, mejore su formas en una institución, las Micaelas. La aceptación de esta vida enclaustrada por parte de Fortunata, que no está enamorada de Maxi, dice mucho acerca de la fragilidad de su voluntad e intenciones. Y una vez libre, y casada, su endeble propósito vuelve a que brarse atizada por Santa Cruz desde la misma noche de bodas. Fortunata abandona su domicilio familiar cuando el escándalo propicia una pelea callejera entre Maxi Rubín y el propio Santa Cruz. Algunos contenidos de este segundo bloque argumen tal limitan con el folletín, y sólo puede aceptarlos el lector si aparecen, como aquí sucede, envueltos en otras páginas de indudable estética narrativa. Es verdad que podrían ser 20 perfectamente justificables, pero no cabe duda de que se trata de situaciones forzadas: Que con solo el dinero de sus parcos ahorros, no de su trabajo, Maxi mantenga en un piso a Fortunata. Que en las Micaelas coincida con personas que cono cen historias de los Santa Cruz. Que Juanito ronde a Fortunata precisamente en la misma noche de bodas y con una habitación alquilada justo enfrente de su domicilio. Si en la primera parte habían aparecido una serie de personajes que rodeaban a los Santa Cruz como Estupiñá, Guillermina, don Ido del Sagrario…, aparecen ahora Juan Pablo, Nicolás, la propia Doña Lupe, Mauricia….
Alrede dor de los cuales se novela un pequeño mundo, hasta el punto de que doña Lupe sea objeto de tantas líneas como el propio Maxi Rubín, el teórico protagonista. El autor sigue narrando sin prisas, entrando en detalles aparentemente secundarios, o en largas conversaciones entre ellos. El novelista diseña un nuevo ambiente vinculado con la primera parte con un personaje del que allí se decía muy poco, Fortunata, y ya al final por otro del que ahora se cuenta algo: Santa Cruz. 21 Este cambio de ambientes convierte a las narraciones en dos novelas levemente relacionadas por un personaje y un espacio, el de la ciudad de Madrid. Los Rubín y los Santa Cruz, dos familias madrileñas del siglo XIX, man tienen las siguientes diferencias: Patrimonio: Los Santa Cruz disponen de mayores recursos. No necesitan trabajar, Maxi está pendiente de su herencia y de su trabajo. Los hábitos de los Rubín son más vulgares. Los Santa Cruz pasan sus vacaciones en San Sebas tián. Los Rubín no veranean. El lenguaje y las relaciones sociales de los Santa Cruz son más distinguidos.
Todo esto hace que la novela crezca en dos ambientes: uno muy sólido, bien organizado, coherente, indestructi ble, el de los Santa Cruz; y otro frágil, de complejos cam bios, algo artificial y abierto al escándalo. Y se empieza a adivinar un tercer mundo, el de Fortu nata, que ni siquiera tiene apartado en la novela, que está diseminado en otros capítulos, que no tiene su espacio si no en función del que los otros quieren dejarle. A este mundo pertenecen Mauricia, don Ido, don José Izquierdo, Segunda… Es un ambiente sin orden, sin iniciativa, sin hogar… tan irracional como carente de formalismo o de principios. Es el mundo que le hubiera tocado vivir a For 22 tunata de no ser por un atributo personal que le sacó de su clase: la belleza. La belleza de Fortunata, como la belleza de Ana Ozores en La Regenta son, en la sociedad del siglo XIX, suficien tes para hacer vivir a la persona que la posee. Lo particu lar son las situaciones que debe aceptar. Fortunata se adapta con dificultad a las tertulias, le cuesta corregir sus errores de lenguaje, comprende con dificultad las relacio nes sociales y choca con los hábitos de la clase a la que no pertenece.

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