Ninfa de la muerte, ninfa del deseo, ninfa del adios, mírate junto al sileno en abandono y embriaguéz. Ninfa de la muerte, ninfa de la serena mirada, ninfa de lo eterno. Eres la ninfa de todas las medidas del tiempo, en tí descansa el deseo y el límite de los placeres, en tu falda se esconde la voz de lo absoluto, lo inevitable y lo sublime. Apóyate en tu voz y canta, sopla la ceniza de tu mirada; eres el enigma de los otros, avanzas en el silencio de la ciudad. ¿Qué o quién eres en verdad? ¿Eres el sueño del invierno en tu pecho, el canto de la nieve que todo lo cubre a tu paso? Mírate ante ella, Sileno: hay un pulso de avaricia y deseo... Eres el destino de todo hombre, de toda carne, ninfa de la muerte, eres la voz de lo absoluto. A ti, no te importa ni la belleza, ni la juventud de los otros, tampoco el viejo que desconsolado llora en un rincón. Ninfa de la muerte, mírate con los vestidos del viento y del bosque, apresúrate a recoger las flores marchitas y mustias de ceniza.
Sileno, mírate en el espejo donde las identidades
pierden su "yo" y do
nde nada es... Ninfa de la Muerte, mírate en el
Espejo Escarlata en donde todo se distorsiona y los cuerpos son y no son.
Sileno, no eleves tu canto hacia lo vanal y profano en tu borrachera erótica.
Mira las jóvenes desnudas que bailan y cantan. Observa a la joven con su
máscara risible y enamorada del enano. Mírala con el duende de tu soledad, mira
el orgasmo de la muerte a tu lado. Sileno, eres el insaciable de tu propio
placer, baila y flagélate ante ella.

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