Comentario crítico objetivo del Canto III de La Divina Comedia
Resumen breve
Canto III abre el Infierno con la famosa inscripción sobre la puerta y la primera visión de las almas condenadas: los neutrales, el tumulto de los que vivieron sin decisión, la llegada de Caronte y la orilla del Aqueronte. El canto establece de inmediato el tono moral y cosmológico del poema: justicia divina, orden jerárquico del castigo y la experiencia sensorial del sufrimiento.
Temas principales
Justicia y castigo: el letrero inicial y la explicación del maestro subrayan que el castigo es consecuencia de una justicia ordenada; la condena no es caprichosa sino proporcional.
Cobardía y neutralidad moral: la primera categoría de condenados son los que no tomaron partido; Dante los presenta como peores que los rebeldes porque su inacción no merece ni el recuerdo humano.
Memoria y anonimato: la pérdida de memoria social y la invisibilidad de estas almas funcionan como castigo simbólico: la vida sin decisión conduce al olvido.
Ritual y tránsito: la figura de Caronte y la travesía del río introducen la idea del paso ritual hacia el castigo definitivo.
Estructura y técnica poética
Verso y ritmo: el canto mantiene el terceto encadenado (terza rima) que organiza la progresión argumental y crea un impulso rítmico que empuja al lector hacia adelante, reflejando el movimiento inexorable hacia el castigo.
Economía narrativa: Dante combina descripción, diálogo y comentario moral con gran concisión; la escena avanza por imágenes acumulativas (suspiros, blasfemias, moscones) que construyen la atmósfera.
Voz y perspectiva: la alternancia entre la mirada del peregrino y la autoridad del maestro permite simultáneamente empatía y distancia crítica; el narrador se muestra impresionable pero guiado por la razón teológica de Virgilio.
Imágenes y símbolos destacados
La inscripción sobre la puerta: funciona como programa temático y advertencia ética; su tono imperativo marca la seriedad del tránsito.
El torbellino de voces: metáfora del desorden moral; el movimiento circular sugiere estancamiento y repetición sin sentido.
Moscones y gusanos: imágenes sensoriales que traducen la degradación física y moral; la mezcla de llanto y sangre intensifica la repulsión.
Caronte: figura arquetípica del barquero que, además de su función mitológica, encarna la justicia impersonal y la violencia administrativa del castigo.
Función narrativa y teológica
Introducción del sistema ético: el canto no solo muestra castigo sino que explica su lógica: ni el cielo ni el infierno aceptan a los tibios porque perturbarían el orden moral.
Preparación del viaje: establece reglas y símbolos que se repetirán (marcas, ríos, guardianes), creando una gramática del más allá que permite lecturas alegóricas y políticas.
Dimensión pedagógica: Virgilio actúa como guía racional; el canto enseña al lector a leer el castigo como lección moral y a reconocer la gravedad de la inacción.
Relevancia crítica e interpretaciones
Lectura moralista: tradicionalmente se ha leído como condena de la mediocridad ética y elogio de la decisión virtuosa.
Lectura política: el rechazo a los neutrales puede leerse como crítica a quienes no se comprometen en la vida pública; el canto tiene resonancias cívicas.
Lectura literaria: la eficacia de las imágenes y la economía del terceto hacen del canto un modelo de cómo la forma poética puede encarnar doctrina sin didactismo pesado.
Ambigüedad interpretativa: la dureza hacia los neutrales plantea preguntas éticas modernas sobre tolerancia y juicio, lo que mantiene el canto vivo para la crítica contemporánea.
Conclusión breve
El Canto III funciona como puerta de entrada conceptual y estética al Infierno: fija la lógica de la justicia dantesca, presenta imágenes poderosas que traducen castigo en sensación y establece la tensión moral central del poema —la exigencia de decisión—. Su fuerza radica en la unión de forma poética, economía narrativa y carga simbólica, que convierten una escena inaugural en un manifiesto ético y estético.
CANTO III
POR
MÍ SE VA HASTA LA CIUDAD DOLIENTE,
POR
MÍ SE VA AL ETERNO SUFRIMIENTO,
POR
MÍ SE VA A LA GENTE CONDENADA. 3
LA
JUSTICIA MOVIÓ A MI ALTO ARQUITECTO.
HÍZOME
LA DIVINA POTESTAD,
EL
SABER SUMO Y EL AMOR PRIMERO. 6[L1]
ANTES
DE MÍ NO FUE COSA CREADA
SINO
LO ETERNO Y DURO ETERNAMENTE.
DEJAD,
LOS QUE AQUÍ ENTRÁIS, TODA ESPERANZA. 9
Estas
palabras de color oscuro
vi
escritas en lo alto de una puerta;
y
yo: «Maestro, es grave su sentido.» 12
Y,
cual persona cauta, él me repuso:
«Debes
aquí dejar todo recelo;
debes
dar muerte aquí a tu cobardía. 15
Hemos
llegado al sitio que te he dicho
en
que verás las gentes doloridas,
que
perdieron el bien del intelecto.» 18
Luego
tomó mi mano con la suya
con
gesto alegre, que me confortó,
y
en las cosas secretas me introdujo. 21
Allí
suspiros, llantos y altos ayes
resonaban
al aiire sin estrellas,
y
yo me eché a llorar al escucharlo. 24
Diversas
lenguas, hórridas blasfemias,
palabras
de dolor, acentos de ira,
roncos
gritos al son de manotazos, 27
un
tumulto formaban, el cual gira
siempre
en el aiire eternamente oscuro,
como
arena al soplar el torbellino. 30
Con
el terror ciñendo mi cabeza
dije:
«Maestro, qué es lo que yo escucho,
y
quién son éstos que el dolor abate?» 33
Y
él me repuso: «Esta mísera suerte
tienen
las tristes almas de esas gentes
que
vivieron sin gloria y sin infamia. 36[L2]
Están
mezcladas con el coro infame
de
ángeles que no se rebelaron,
no
por lealtad a Dios, sino a ellos mismos. 39
Los
echa el cielo, porque menos bello
no
sea, y el infierno los rechaza,
pues
podrían dar gloria a los caídos.» 42
Y
yo: «Maestro, ¿qué les pesa tanto
y
provoca lamentos tan amargos?»
Respondió:
«Brevemente he de decirlo. 45
No
tienen éstos de muerte esperanza,
y
su vida obcecada es tan rastrera,
que
envidiosos están de cualquier suerte. 48
Ya
no tiene memoria el mundo de ellos,
compasión
y justicia les desdeña;
de
ellos no hablemos, sino mira y pasa.» 51
Y
entonces pude ver un estandarte,
que
corría girando tan ligero,
que
parecía indigno de reposo. 54
Y
venía detrás tan larga fila
de
gente, que creído nunca hubiera
que
hubiese a tantos la muerte deshecho. 57
Y
tras haber reconocido a alguno,
vi
y conocí la sombra del que hizo
por
cobardía aquella gran renuncia. 60[L3]
Al
punto comprendí, y estuve cierto,
que
ésta era la secta de los reos
a
Dios y a sus contrarios displacientes. 63[L4]
Los
desgraciados, que nunca vivieron,
iban
desnudos y azuzados siempre
de
moscones y avispas que allí había. 66
Éstos
de sangre el rostro les bañaban,
que,
mezclada con llanto, repugnantes
gusanos
a sus pies la recogían. 69
Y
luego que a mirar me puse a otros,
vi
gentes en la orilla de un gran río
y
yo dije: «Maestro, te suplico 72
que
me digas quién son, y qué designio
les
hace tan ansiosos de cruzar
como
discierno entre la luz escasa.» 75
Y
él repuso: «La cosa he de contarte
cuando
hayamos parado nuestros pasos
en
la triste ribera de Aqueronte.» 78[L5]
Con
los ojos ya bajos de vergüenza,
temiendo
molestarle con preguntas
dejé
de hablar hasta llegar al río. 81
Y
he aquí que viene en bote hacia nosotros
un
viejo cano de cabello antiguo, 83[L6]
gritando:
«¡Ay de vosotras, almas pravas! 84
No
esperéis nunca contemplar el cielo;
vengo
a llevaros hasta la otra orilla,
a
la eterna tiniebla, al hielo, al fuego. 87
Y
tú que aquí te encuentras, alma viva,
aparta
de éstos otros ya difuntos.»
Pero
viendo que yo no me marchaba, 90
dijo:
«Por otra via y otros puertos
a
la playa has de ir, no por aquí;
más
leve leño tendrá que llevarte». 93[L7]
Y
el guía a él: «Caronte, no te irrites:
así
se quiere allí donde se puede
lo
que se quiere, y más no me preguntes.» 96
Las
peludas mejillas del barquero
del
lívido pantano, cuyos ojos
rodeaban
las llamas, se calmaron. 99
Mas
las almas desnudas y contritas,
cambiaron
el color y rechinaban,
cuando
escucharon las palabras crudas. 102
Blasfemaban
de Dios y de sus padres,
del
hombre, el sitio, el tiempo y la simiente
que
los sembrara, y de su nacimiento. 105
Luego
se recogieron todas juntas,
llorando
fuerte en la orilla malvada
que
aguarda a todos los que a Dios no temen. 108
Carón,
demonio, con ojos de fuego,
llamándolos
a todos recogía;
da
con el remo si alguno se atrasa. 111
Como
en otoño se vuelan las hojas
unas
tras otras, hasta que la rama
ve
ya en la tierra todos sus despojos, 114
de
este modo de Adán las malas siembras
se
arrojan de la orilla de una en una,
a
la señal, cual pájaro al reclamo. 117
Así
se fueron por el agua oscura,
y
aún antes de que hubieran descendido
ya
un nuevo grupo se había formado. 120
«Hijo
mío ‑cortés dijo el maestro
los
que en ira de Dios hallan la muerte
llegan
aquí de todos los países: 123
y
están ansiosos de cruzar el río,
pues
la justicia santa les empuja,
y
así el temor se transforma en deseo. 126
Aquí
no cruza nunca un alma justa,
por
lo cual si Carón de ti se enoja,
comprenderás
qué cosa significa.» 129
Y
dicho esto, la región oscura
tembló
con fuerza tal, que del espanto
la
frente de sudor aún se me baña. 132
La
tierra lagrimosa lanzó un viento
que
hizo brillar un relámpago rojo
y,
venciéndome todos los sentidos, 135
me
caí como el hombre que se duerme.
[L1]El poder, la sabiduría y el amor, son las tres personas de la Trinidad cristiana.
[L2]Se trata de los indiferentes, y de los ángeles que en la lucha suscitada por Lucifer, permanecieron neutrales. Se comprende que Dante que vivió toda su vida en la necesidad de tomar partido en una Italia desgarrada, condene en el Infierno a los que no se comprometen con causa alguna. ¿Qué pensaría, por ejemplo, de los florentinos que intentaron permanecer ajenos a la lucha entre gibelinos y güelfos, o entre güelfos negros y blancos, corno única manera de encontrarla paz?
[L3]Es posible que se trate del papa Celestino V, llamado en la vida Pietro da Morrone. Fue este un eremita con gran fama de santo, que fue elegido papa a los setenta y nueve años de edad y que abdicó seis meses más tarde por considerarse indigno de la tarea, dando así lugar a la elección del cardenal Caetani ‑a quien las malas lenguas hacían culpable de haber provocado la renuncia del anciano, asustándole con voces nocturnas‑ que tomaría el nombre de Bonifacio VIII, y que tan fatal había de ser para el poeta.
Un fragmento del verso original «Chi fece... il gran rifiutto» sirve de título a un célebre poema de Cavafis.
[L4]Más que la de los indiferentes se trata ahora de los pusilánimes.
[L5]El Aqueronte es el primero y más grande de los rios infernales; nace, como el resto de ellos, en la estatua del viejo de Creta (Infíerno, XIV) y desemboca en la Estigia (Infierno, VII).
[L6]Caronte, hijo de Erebo y de la Noche, estaba según la mitologla encargado de cruzar las almas de los muertos a través de la laguna Estigia, que separaba la vida de la muerte.
[L7]Cuando muera Dante no vendrá a montar en la barca de Caronte que le lleve al Infierno, sino en otra que le llevará desde la desembocadura del Tiber hasta el Purgatorio (Purgatorio, II).

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