JUSTO JORGE PADRÓN, LOS CÍRCULOS DEL INFIERNO
EL LLANTO
Porque no hay más que llanto, sólo llanto en el mundo, vértigo de dolor, pérdida, decadencia, y llanto, muchedumbres condenadas, vacío y llanto, rostros de impávida amargura, desolados, perdidos sin saber, y el estremecimiento que crece como un fondo del abismo, llanto, llanto llenando el mundo, trenes, bodegas, llanto, cárceles, cementerios y llanto, ruinas, llanto, igual que una invasión constante y ciega, como una plaga incontenible el llanto, siempre el llanto en la playa solitaria, tras el silencio turbio de la tarde, tras cristales mojados, desconchadas paredes, en coches negros, siempre el llanto, el llanto, monótono, terrible, inconsolable, hermético, el llanto, letanías, hospitales, órdenes, llanto, botas y fusiles, llanto, miseria, llanto, llanto por las aceras, en las casas cerradas llanto, entre uñas y dedos y cabellos, mojando el pecho, trasminando el mundo, ahogando al hombre, sólo el llanto, el llanto, “Los círculos del infierno”. 1976) |
NINGÚN RUIDO, NINGÚN SILENCIO Y de pronto cortando vertiginoso el aire, oscuro frío en mi cerrado cuerpo. Un golpe atroz estalla. Con cortantes añicos me violenta la espuma, mi mudo cuerpo insomne sumergiéndose insomne, sumergiéndose como un tren sin rieles y sin faros, reducidos a burbujas en el mar de los hielos. Ya soy este espesor que nunca se ha de abrir, hundiéndome en lo negro inextinguible, hundiéndome, hundiéndome. Como la lluvia o los torrentes caen, van cayendo los muertos desde ríos y tumbas, desde noches y crímenes y siglos olvidados, girantes torres de ojos, rostros rígidos como columnas, gélido museo de gestos, vaho turbio entre venas de piedra, toda la eternidad encerrada en el agua, pálidas ondas casi vidrio, oscilante torpeza de inertes manos, bocas abiertas, máscaras fueron vejez y dolor y este humo inmóvil que ya todo lo ocupa. Huecos y sombras que laceran desaparecen en lo oscuro, sueños entrevistos y fríos remolinos de un círculo de olvido y desamparo, apariciones, súbito centellear de huesos en lomos de corceles invisibles, rompiéndose entre sí, disgregándose, sordas explosiones, naufragios y cráneos que descienden y maromas sonámbulas y pelos extensos cortando témpanos, ocultando inmensos bosques, fósiles, espejos de lo exangüe, larguísimos descensos de la muerte, atravesando corredores, angostas galerías, sumideros, sentinas, cavernas, desplomándose a los abismos, órbitas y racimos de manos, cadenas macilentas de las que emergen dedos que los relámpagos encienden, mas ningún ruido, ningún signo, ninguna voz, ningún silencio. Busco el grito en mi corazón, lo estoy buscando en vano, Los círculos del infiernos”. 1976) |

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