martes, 14 de febrero de 2012

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Catedrático ruso muestra a los habaneros un Dostoievski intertextual
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La Habana, 12 feb (PL) El catedrático ruso Andrei Fedorovich Kofman compartió hoy aquí sus interpretaciones acerca del contenido simbólico y la intertextualidad religiosa presente en un clásico de la literatura universal, Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski.

  Doctor en Filología y académico del Instituto de Literatura Mundial de la Academia de Ciencias de Rusia, Kofman presentó -en conferencia programada dentro de la Feria Internacional del Libro Cuba 2012- su modelo de la contraposición entre los espacios abiertos y cerrados en esta obra, paradigma de la novelística filosófica y psicológica.

El argumento, en su mayoría ambientado en la ciudad de San Petersburgo, se desarrolla en una atmósfera de enclaustramiento, donde el bochorno, la asfixia, el polvo y los hedores mefíticos resultan motivos recurrentes que remiten a la decadencia moral del protagonista (Raskolnikov), por extensión, de toda la urbe, explicó el investigador.

Solo al final del relato -indicó-, el lector encuentra espacios abiertos, alusivos a la libertad y los valores humanos más genuinos y pletóricos de aire puro: es el momento en que ocurre la resurrección moral -tras el crimen- del antihéroe de Dostoievski, apuntó.

Para el literato, la lluvia y las lágrimas constituyen los fluidos purificadores que exteriorizan simbólicamente el mejoramiento que acontece finalmente en el alma del protagonista.

Esta estructuración metafórica que discurre subterránea o entreverada en la urdimbre novelesca manifiesta, según Kofman, la dicotomía ciudad-naturaleza o entre lo artificial y lo primordial, una yunta paradójica inherente a la época moderna.

Sin embargo, el erudito ruso develó al público cubano un elemento más que constituye una hipótesis realmente excitante: Crimen y castigo es una paráfrasis -como el Ulises, de James Joyce, lo es de la Odisea- de otro texto: la alegoría evangélica de Lázaro, quien resucitó cuatro días después de su muerte gracias a la intervención de Jesucristo, afirmó Kofman.

Así, Raskolnikov vivió una muerte moral en su hediondo claustro -¿sepulcro?- peterburgués hasta que, por vía del sincero arrepentimiento -valor cardinal en la ética cristiana del autor de Los hermanos Karamazov-, llega a regenerarse en las estepas siberianas, justo como si hubiese emergido de una tumba moderna: la ciudad.

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