COMENTARIO PRELIMINAR Mateo de Vendóm e y su Arte del Verso
El Arte del Verso de Mateo de Vendóme es un tratado de carácter preceptivo para enseñar a versificar, que se incluye dentro de las poéticas medievales. La obra, fechada en tor no a 1175, está escrita en latín, al igual que las demás artes de la versificación medievales o artes poetnae, a las que nos referiremos más adelante. Se conservan actualmente cinco manuscritos que reco gen, total o parcialmente, esta obra de Mateo de Vendóme: el de Viena, que se encuentra en la Biblioteca Palatina; los dos manuscritos de Oxford, en el Colegio de Balliol; el ma nuscrito de Glasgow, en el Hunterian Museum, y el manus crito fragmentario de Troyes, fechado en el año 1612- A éstos hay que agregar otros códices que contienen la obra casi completa: el Dunelmensis, el Londiniensis y el Roma- nus, todos ellos del siglo xill. Sin embargo, de todos los ma nuscritos citados, es el de Glasgow, fechado hacia 1225, el que se sitúa en una fecha más próxima a la escritura de la obra, y es también, claramente, el más importante de todos. Según Munari (1988: 31), el análisis de los otros códices revela diversas adiciones y manipulaciones del original, que podrían interpretarse como notas realizadas por profesores que utilizaban el manual de Mateo como libro de texto en sus clases. La primera edición impresa de este tratado fue realizada en 1789 por Bourgain, tomando como base el manuscrito fragmentario de 1612- Hay que esperar hasta el año 1924 para que Edmond Faral realice una edición del texto com pleto, a partir del manuscrito de Glasgow. Posteriormente, Franco Munari imprime, en 1988, una nueva edición del Arte del Verso, empleando también otros códices que no ha bían sido tenidos en cuenta por Faral. Los datos que se poseen actualmente sobre el autor del Arte del Verso son escasos. Se sabe que nació en la ciudad francesa de Vendóme, y que posteriormente se trasladó a Tours, donde, educado por un tío suyo, fue alumno de Ber nardo Silvestre. Más tarde se traslada a Orleáns, donde ejer ce como profesor de gramática. Faral (1958: 2) considera que su tratado de versificación fue escrito en Orleáns, poco antes de su partida a París. En esta ciudad residiría unos diez años, antes de regresar a Tours. El Arte del verso, cuyo título original es Ars Versificatona, no es la única obra del autor de Vendóme. Faral detalla y comenta toda su producción, incluyendo también las atri buciones falsas o dudosas. Tomando como referente un lis tado en verso, elaborado por el propio autor, Faral (1958: 7- ss.) llega a enumerar diecisiete textos originales. Junto a su tratado de poética, designado aquí como Summula. métrica, se incluyen un supuesto tratado de retórica, un epistolario y diversos textos literarios, muchos de ellos no conservados, entre los que se cuenta el poema Tobías, que proporcionó bastante éxito al autor. El Arte del Verso en e l c o n te x to de su época.
Las artes POETRIAE Durante la Edad Media, la retórica clásica se orienta, con un enfoque práctico, a la elaboración de diferentes tipos de textos, dando lugar a las denominadas ars praedicandi, ars poetriae y ars dictaminis. Mientras que en el ars praedicandi la retórica se aplicaba a la predicación eclesiástica y en el ars dictaminis a la escritura de cartas, el ars poetriae es una retórica de la versificación. Se desarrollan así una serie de tratados de carácter preceptivo en los que, partiendo de la retórica y la gramática, se pretende enseñar a escribir poe mas. Las artes poetriae constituyen un movimiento relativa mente breve, ya que todas estas obras se escriben entre los siglos x n y xm. La primera de estas poéticas es El Arte del Verso de Mateo de Vendóme, a la que siguen la Poetria Nova (escrita entre 1208-1216) y el Documentiim de modo et arte dictandi et ver sificaran, de Godofredo de Vinsauf; el Ars versificatoria, de Gervasio de Melkley (hacia 1215); De arte prosaica, métrica et rítmica, de Juan de Garlande (posterior a 1229) y Laborintus, de Eberardo el Alemán (hacia 1250). Todos los autores eran profesores de gramática vincula dos a las ciudades de Orleáns o París y las artes poetriae que escribieron eran manuales de versificación, elaborados con un propósito didáctico y basados en la retórica latina. Pur- cell señala (1996: 54) cómo estos tratados aglutinan doctri nas diversas procedentes de la retórica clásica, la gramática y los comentarios medievales. Las principales fuentes teóri cas son el De inventione de Cicerón, la Rhetonca ad Herennium y el Arte Poético de Horacio, aunque también influyen otros autores clásicos como Donato y Prisciano. Las artes poetriae tratan, fundamentalmente, cuestiones relativas a la disposi ción o estructura del poema, a los procedimientos de am plificación y abreviación y a las propiedades y el ornato del estilo. C ara cte rístic a s y c o n te n id o d el A rte del Verso (Ars Versifica- toria) d e M ateo de Vendóm e El tratado de Mateo de Vendóme es, como se ha indi cado, la primera de las artes poetriae, y responde, en térmi nos generales, a las características de este tipo de tratados, que tendrían su continuación en los años sucesivos, con el desarrollo de la teoría sobre la versificación. El texto se es cribió, como ya se ha señalado, poco antes de la partida de Orleáns, y fue elaborado, según dice el propio Mateo, en un periodo de dos meses.
El Arte del Verso, que el mismo autor designa como “obra” y “obrita” (apusculum), posee un carácter preceptivo y cla ramente didáctico, pues se trata de un “compendio” que “instruye a los jóvenes en la versificación” y que busca “la formación de los que están menos preparados”. A lo largo del texto se encuentran reiteradas apelaciones al alumno, designado como “auditor” (oyente) y a las tareas que le co rresponden para completar satisfactoriamente su aprendi zaje. La obra está escrita en prosa, aunque incluye numero sos pasajes en verso, que el autor justifica como medio para facilitar el aprendizaje. La preceptiva que se recoge en las artes poetriae se basa no sólo en fuentes teóricas, sino tam bién en el estudio de modelos clásicos, cuya imitación era fundamental para el aprendizaje. Como indica Faral (1958: 101), “...la base de la enseñanza era la lectura de los au tores. Era el maestro quien hacía esta lectura, proporcio nando las explicaciones necesarias. El comentario (....) se extendía también a la técnica de la obra, a los principios de composición y estilo de los que proporcionaba ejemplos”. Entre los autores a los que recurre Mateo para apoyar sus explicaciones teóricas están, fundamentalmente, Virgilio, Horacio, Ovidio, Lucano y Estacio, aunque también, en me nor medida, Juvenal y Claudiano. Ahora bien, el autor de esta poética agrega a estas fuentes literarias textos poéticos propios, en ocasiones de bastante extensión, que le sirven para completar el muestrario de ejemplos en verso. De he cho, Mateo utiliza ejemplos tomados de sus propios poemas Milo, Pyramiis et Thisbe y Tobías. Mateo de Vendóme cita también numerosos pasajes del Arte Poético de Horacio, que es una de las fuentes doctrinales de la obra, y hace referencia a Cicerón, cuyo tratado De In- ventione es la base para la teoría de los atributos de persona y de acción. A estas dos obras, fundamentales para todas las artes poetriae, hay que agregar a Isidoro de Sevilla, que utiliza y cita el autor en alguna ocasión; a Donato, en quien se basa Mateo para clasificar y definir los tropos, y probablemente también al autor de la Rhetoriai aclHerennium. Purcell (1996: 61) apunta además la influencia de gramáticas medievales, aunque no exista ninguna referencia explícita a ellas en la obra.
El Arte del Verso se divide en cuatro bloques precedidos por un prólogo. Éste contiene una autojustificación y una defensa frente a las probables críticas de sus detractores. Ma teo de Vendóme arremete contra sus enemigos y en particu lar contra uno de ellos, designado con el nombre ficticio de Rufo o Rufino. El ataque furibundo contra éste es una cons tante a lo largo de todo el tratado, pues Rufino es utilizado como blanco de las burlas y vejaciones del autor en diversos poemas y reaparece una vez más al final del texto, al tiempo que se revela su verdadera identidad. Mateo lo identifica con Arnulfo, personaje que, según la crítica, corresponde a Arnulfo de Orleáns, profesor y estudioso de la literatura, conocido por sus glosas a autores clásicos como Ovidio y Lucano. Faral llega a considerar (1958: 2) que el conflicto con Arnulfo habría sido, precisamente, uno de los motivos de la partida de Mateo de Vendóme a París. En cualquier caso, éste justifica sus críticas apelando a los ataques previos de su colega y enemigo, al que atribuye todo tipo de vicios, y en especial la envidia. A ello se agregan las descalificacio nes que definen a Arnulfo como un profesor incompetente e ignorante y como un mal escritor, caracterizado por “la iniquidad del estilo”. Aunque es difícil conocer las verdade ras circunstancias que rodearon esta polémica, Parr (1981: 9-ss) considera que el origen de esta controversia entre pro fesores se hallaba probablemente en las divergencias de sus métodos pedagógicos y en la forma de concebir el arte lite rario. Según Parr, Arnulfo era, a pesar de sus enemigos, un profesor de gran éxito entre el alumnado, con una visión de la literatura diferente a la imperante en aquel momento, lo que lo distanciaría de sus colegas y generaría discrepancias por sus posturas más innovadoras. Aparte de los ya comentados ataques contra Arnulfo, la justificación y defensa de su propio trabajo es también una constante a lo largo de la obra de Mateo. En varias ocasio nes, considera necesario explicar el porqué de la organiza ción del contenido del tratado, la inclusión de digresiones, el cambio de tema o la utilización de ejemplos, anticipándo se a las posibles críticas o apelando a la necesidad de mante ner el interés del alumno y al propósito didáctico del texto. Para exponer la doctrina sobre el arte de la versificación, Mateo de Vendóme divide su tratado en cuatro partes, en las que examina diferentes cuestiones relativas fundamen talmente a la invención, la disposición y la elocución. Pues to que se trata de un libro sobre la versificación, el autor co mienza con una definición del objeto de su estudio, esto es, del verso, que define como “un enunciado métrico que se desarrolla ágilmente en forma de cláusulas, con una hermo sa combinación de palabras y embellecido con el adorno de las ideas, donde no falta ni sobra nada”.
Añade Mateo que “ni la adición de vocablos, ni el cómputo de los pies, ni el conocimiento de los tiempos hace el verso, sino la elegante disposición de las palabras, la expresión de las propiedades y el epíteto observado de cada cosa”. Vemos, pues, cómo las propiedades rítmicas y musicales del verso quedan relega das a un segundo plano, mientras que es en el significado, en la belleza externa de las palabras y en su disposición don de parecen residir las cualidades poéticas del texto. La con cepción de la poesía queda expuesta con más claridad en la segunda parte del libro, donde el tratadista explica exacta mente dónde reside la belleza del poema. Mateo enumera tres aspectos que el poeta debe tener en cuenta: la belleza del significado (venustas intenons sententiae, interiorfavus), la elegancia de las palabras elegidas (siipeiftcialis ornatiis ver borum, verba- polita) y la forma de expresarse o cualidad de la expresión ( modas dicenci, dicendi colot). Las cualidades ar tísticas del poema dependerían, pues, en primer lugar, de la organización del significado, esto es, de la invención y estructuración del contenido del texto, cuestiones que se examinan fundamentalmente en la primera parte. Mateo concede también una gran importancia al léxico elegido por el poeta, proporcionando en la segunda parte amplios listados de términos elegantes que proporcionarían belleza al verso. Por último, es fundamental la forma de expresarse, en la que se incluye el uso de tropos y figuras retóricas, que el autor examina detalladamente en la tercera parte de la obra. Una vez más, queda claro que el valor artístico reside fundamentalmente en la organización del contenido, así como en el léxico empleado y en la forma de expresarse. Estos tres aspectos pueden combinarse entre sí en el verso, y el efecto es más grato si efectivamente se reúnen simultá neamente las tres dimensiones indicadas. En la primera parte se tratan, como hemos indicado, cuestiones relativas a la invención y estructuración del con tenido del poema, esto es, a la inventioy dispositio de la retóri ca clásica. Tras definir el verso y comentar el uso del epíteto, Mateo se ocupa de las formas de comenzar, tema que exami nan también los otros tratados de versificación medievales. En este caso, no se hace referencia a la distinción clásica entre orden natural y artificial -que sí recogerán otros tra tados de la versificación posteriores-, sino que se comentan simplemente distintos procedimientos que puede emplear el poeta al comienzo del texto y que en algún caso son com binables entre sí: el zeugma, la hipozeuxis, la metonimia y la sentencia o proverbio general. A este último procedimiento le dedica especial atención, proporcionando un abundante repertorio de sentencias sobre temas diversos, que podrían ser utilizadas para insertar en el poema propio.
El análisis de las formas de empezar se completa, al final de la obra, con una breve referencia a los procedimientos para concluir. Aunque examinadas de forma menos siste mática, se citan algunas formas habituales de terminar el poema: un epílogo que resume el sentido de la obra, una enmienda de la obra, una súplica o petición de indulgen cia, una manifestación de orgullo sobre el texto ya termi nado, un final abrupto debido a la muerte del autor, una expresión de agradecimiento y una alabanza a Dios, que es la solución por la que opta Mateo de Vendóme para cerrar su tratado. La primera parte del tratado contiene, además de las indicaciones sobre la forma de empezar, algunas considera ciones sobre fallos comunes que deben ser evitados por el versificador y que podemos considerar que corresponden al terreno de la elocutio, pues se refieren a las cualidades del discurso. Mateo enumera tres defectos discursivos: el len guaje descuidado unido a la incoherencia de las partes, el lenguaje enfático e hinchado, que conduce fácilmente a la oscuridad y a la vacuidad, y el lenguaje árido, con un voca bulario excesivamente modesto y desprovisto de elegancia. Aunque el tratadista no hace referencia a la teoría retórica de los tres estilos, Faral (1958: 88) considera que los fallos citados se pueden relacionar con el estilo medio, sublime y humilde, respectivamente.
De hecho, se trataría de varian tes incorrectas del lenguaje propio de cada una de estas mo dalidades estilísticas. El resto de la primera parte del Arte del Verso se centra en el tema de la descripción, aspecto que ocupa un lugar especialmente importante dentro de este tratado y que, por lo general, será también objeto de estudio en las retóricas de la versificación posteriores. Mateo comienza indicando que se debe tener en cuenta la conveniencia o no de la des cripción: los pasajes descriptivos se introducirán solamente cuando estén justificados, esto es, cuando sirvan a una fina lidad determinada dentro de la obra. De entre los textos descriptivos, el autor sitúa en un lu gar preeminente los que representan personas, acudiendo para ello a la teoría de los atributos de persona, que toma de Cicerón. La descripción de un personaje se ha de ela borar teniendo en cuenta una serie de atributos o rasgos clasificados en once categorías diferentes. Conforme al con cepto de “decoro” horaciano, Mateo de Vendóme recuerda que los rasgos deben, en cualquier caso, ser apropiados al personaje del que se trate, y han de responder también al principio de verosimilitud, pues el versificador debe buscar “la credibilidad en la expresión de la descripción, de modo que se digan cosas verdaderas o semejantes a la verdad”. Por otra parte, se distingue entre descripción externa e inter na, referida la primera a la apariencia física y la segunda a las características psicológicas del personaje. Asimismo, la descripción puede tener como objeto la alabanza o el vitu perio, aunque Mateo recomienda que, en lo que se refiere a la instrucción teórica, se otorgue más importancia a la des cripción laudatoria. La teoría sobre la descripción de personas se comple ta con un amplio repertorio de ejemplos que ilustran los diferentes atributos de personas y con varios poemas des criptivos, elaborados por el autor, que presentan diferentes tipos de personajes. Mateo incluye cuatro descripciones de hombres -un papa, César, Ulises y Davo- y tres de mujeres -Marcia, Helena y Beroe. De todas ellas, dos -las de Davo y Beroe- son ejemplos de textos elaborados para el vituperio, con una acumulación de cualidades negativas bien físicas, bien psíquicas, destacadas hasta alcanzar extremos hiperbó licos. Por el contrario, los textos restantes son claramente laudatorios, sin que parezcan contemplarse descripciones que no se ajusten a ninguna de estas dos modalidades. En todos los poemas, se agrupan diferentes rasgos, positivos o negativos según el carácter e intención del texto, aunque se perciben algunas notas dominantes en cada uno de los personajes. Así, del papa se ensalza su santidad y su virtud, de César se destacan cualidades relacionadas con la autori dad y con el ejercicio militar, de Ulises la inteligencia y las habilidades verbales, Davo se presenta como la encarnación de todos los vicios, Marcia se caracteriza por su honestidad, virtud y modestia, Helena por su belleza física y Beroe por su fealdad extrema. Sólo estos dos últimos poemas ofrecen descripciones físicas de los personajes, contrapuestas clara mente entre sí. Aunque Mateo no desarrolla ninguna teoría sobre las características de la descripción externa, los ejem plos aducidos revelan claramente una determinada organi zación espacial de esta descripción, que, tras una introduc ción general, sigue en ambos casos un movimiento vertical descendente, desde la cabeza a los pies. Tanto los ejemplos elaborados por el autor como sus co mentarios teóricos muestran cómo la teoría de la descrip ción de personas dio lugar a modelos estereotipados, que serían imitados por el alumno en sus composiciones. Faral señala al respecto (1958: 79) cómo las observaciones de los autores clásicos sobre la conveniencia de tener en cuenta la tradición o de respetar el decoro conducen en los preceptis tas medievales a planteamientos excesivamente rígidos, ba sados en la repetición de personajes fijados.
Así, Mateo llega al extremo de citar, por ejemplo, las propiedades concretas que corresponden a un príncipe, a un sacerdote o a una mujer casada, o a señalar que el rasgo de la belleza física debe destacarse en los personajes femeninos y raramente en los masculinos. También es interesante constatar cómo la descripción de personas se enfoca bien hacia el elogio o laudatio, bien hacia el vituperio o vituperatio, sin que se contemple en nin gún momento la posibilidad de una descripción realista que combine rasgos positivos, negativos y neutros. Faral (1958: 76) explica esta forma de concebir la descripción relacio nándola, en el marco de la retórica clásica, con el género demostrativo o epidíctico, cuyo propósito era la alabanza o la reprobación de alguien. Además de este posible influjo en la concepción de la descripción del personaje, explicable por el influjo de la re tórica clásica en las mies poetriae, se observa una coincidencia con las teorías desarrolladas en la Edad Media por los filóso fos árabes a partir de su lectura de la Poética, de Aristóteles. La definición de la tragedia -mimesis de los mejores-y de la comedia -mimesis de los peores- que se recoge en la Poética fue interpretada erróneamente por los comentaristas ára bes, y en especial por Averroes, como alabanza y vituperio (AA. W , 1998: 200-ss). Aunque los comentarios de Averroes no fueron traducidos al latín hasta 1256 -fecha claramente posterior a la datación aproximada del tratado de Mateo- es indudable la coincidencia en la forma de concebir la repre sentación de los personajes en el texto literario, concepción que, por otra parte, está en consonancia con los usos habi tuales de la descripción en las obras medievales, raramente orientada a una mera representación objetiva de personas o cosas (Faral, 1958: 76). De hecho, este propósito -elogio o vituperio- es la fun ción principal otorgada a la descripción y justifica la selec ción de rasgos positivos o negativos según sea necesario. Ma teo tiene también en cuenta aspectos pragmáticos, relativos al efecto buscado en los receptores de la obra, pues agre ga, en la última parte del tratado, una observación sobre la conveniencia de que los personajes inventados por el poeta sean descritos en el texto de modo que se logre en el lector la impresión deseada, ya sea de aceptación y agrado, ya de rechazo y horror. A la teoría de los atributos de persona se agrega la de los atributos de acción, que se emplean para la presentación de acciones dentro del poema. Él autor enumera nueve atri butos que recorren las diferentes partes y aspectos que ro dean a cualquier acontecimiento, basándose, una vez más, en Cicerón, y explica el significado de cada uno de ellos, apoyándose en numerosos ejemplos. De todos los atributos citados, los dos últimos son el tiempo y el lugar, que Ma teo considera inseparables, puesto que “todo lo que suce de sucede en un lugar y un tiempo”. Sin embargo, sólo se incluirán las descripciones espaciales o temporales cuando sean necesarias, esto es, cuando aporten una información relevante al lector. Aunque la atención dedicada al espacio y tiempo es mucho menor que la prestada a la construcción de los personajes, Mateo incluye algún ejemplo centrado en la representación de lo temporal e inserta también una topografía o descripción espacial relativamente amplia, en la que se representa un marco natural que responde clara mente al tópico del locus amoenus. Para concluir, los atributos de persona y acción quedan sintetizados en un verso: Qiiis, quid, ubi, quibus auxiliis, cur, quomodo, quando (quién, qué, dónde, por qué medios, por qué, cómo, cuándo). De este modo se pretenden resumir esquemáticamente todos los aspectos que el versificador de bería tener en cuenta en el proceso de la inventio, esto es, al elaborar el material que va a constituir el contenido de su poema. Si toda esta primera parte se centra, como hemos indi cado, en aspectos relativos a la estructuración del poema y, sobre todo, en la creación del contenido, el segundo blo que del libro se ocupa de cuestiones relativas a la eloclitio, pues detalla las palabras elegantes que puede emplear el versificador para proporcionar belleza al texto. Mateo com para estos términos con piedras preciosas que, incrustadas en un tejido, le otorgan más belleza. Del mismo modo, la introducción de tales términos en el poema ayudaría a pro porcionar ornato al texto. Estos vocablos se clasifican, según criterios morfológicos, atendiendo a la clase de palabras y a las terminaciones, y se presentan como largos repertorios completados con abundantes ejemplos. También entra dentro de la eloc,litio el contenido de la parte tercera, que versa sobre la utilización de tropos y figu ras, esto es, sobre el ornatus, aspecto que en la retórica clá sica ocupa un lugar central dentro del estudio de las cuali dades del discurso. Mateo de Vendóme relaciona el empleo de estos recursos retóricos con la belleza de la expresión, y recuerda que a menudo importa más la forma de expresar se que la sustancia de lo dicho. El autor no estudia todos los tropos y figuras de la re tórica clásica, sino sólo los que juzga más importantes para el ejercicio de la versificación. Así, enumera y explica trece figuras y nueve tropos, proporcionando en cada caso una definición y diversos ejemplos. Las figuras explicadas en el tratado son el zeugma, la hipozeuxis, la anáfora, la epana- lepsis, la anadiplosis, la epizeuxis, la paronomasia, el para nomeon, el esquesisonómatos, el homeoteleuton, el polip toton, el polisíndeton y el asíndeton.
En cuanto a los tropos, que eran procedimientos retóricos propios del denomina do ornato difícil, el tratadista comienza con la metáfora, que clasifica en diferentes subtipos y que sitúa en un lugar destacado sobre el resto. Mateo recomienda especialmen te el uso de este tropo en el verso, puesto que “posee una excepcional preeminencia sobre el resto” y “proporciona una especial belleza” al poema. Tras la metáfora, se expli can la antítesis, la metonimia, la sinécdoque, el epíteto, la metalepsis, la alegoría y el enigma, y se hace referencia a la perífrasis, que será comentada en el apartado cuarto del libro. Para concluir la tercera parte, Mateo hace una breve referencia a los colores retóricos -propios del ornato fácil-, aunque se limita a enumerarlos, dejando al alumno la tarea de estudiarlos por su cuenta. La última parte del tratado aborda cuestiones relativas al tratamiento del asunto, junto con observaciones sobre la revisión y corrección del texto. El autor distingue entre poemas elaborados sobre un tema original y poemas que utilizan asuntos tratados anteriormente por otros autores, examinando en este caso diversas variaciones y modificacio nes a las que se puede someter el material previo. Además de advertir sobre posibles errores, Mateo destaca tres accio nes que se pueden realizar sobre la materia empleada: com pletar lo que no está suficientemente desarrollado, mejorar lo inarmónico y suprimir lo superfluo. El autor se refiere, pues, a procesos de ampliación y reducción por un lado y a correcciones de tipo estilístico por otro. En cuanto al tratamiento de asuntos nuevos, el tratadista no le dedica especial atención, limitándose a recomendar que se busque un efecto de verosimilitud, “de modo que las acciones se representen, a través de las palabras, de un modo semejante a como tienen lugar habitualmente”. Las observaciones sobre la creación de material nue vo y sobre la transformación del material preexistente se completan a continuación con una explicación sobre los procedimientos de transformación de un texto ya escrito, pasando revista a diversas modificaciones de las palabras ais ladas o las expresiones manteniendo el sentido. Esta parte incluye cuestiones de índole semántica, como el empleo de sinónimos y la necesidad de tener en cuenta el “significado secundario de las palabras” (consignificatió), que impide la total equivalencia de determinados términos. El autor exa mina también el uso de la perífrasis y su función, que puede ser embellecedora o eufemística según los casos. A estos dos procedimientos se agregan algunos otros mecanismos de transformación del texto manteniendo el sentido, como la transformación de estructuras activas en pasivas y viceversa. Para finalizar, el tratadista agrega una parte donde se percibe, mejor que en ninguna otra, el enfoque didáctico de la obra, pues se detiene a examinar los fallos más habi tuales y el proceso de corrección del poema. Es interesante constatar la importancia que Mateo concede a la revisión y corrección del texto, tarea que atañe tanto al profesor como al alumno. En primer lugar, se recuerdan diez fallos habituales y se recomienda seguir en cualquier caso la nor ma dictada por el uso común de las palabras. En la tarea de revisión del texto, lo primero es detectar los errores, para poder subsanarlos a continuación. El pro fesor debe revisar el poema verso a verso, señalar los fallos y proponer soluciones. Por su parte, el alumno ha de tener una buena disposición para ser corregido, reconociendo y aceptando sus propios errores. Por último, recuerda Mateo la necesidad de hacer hincapié en los fallos en que el alum no incurre con más insistencia y destaca la conveniencia de la práctica diaria para mejorar en el aprendizaje de la ver sificación. La traducción Hemos realizado la traducción tomando como base la edición de Faral, que a su vez se basa, como ya se ha in dicado, en el manuscrito de Glasgow, considerado el más importante de todos los que se conocen. La numeración de los diferentes apartados es la que aparece en el texto de Fa ral. Hemos mantenido, tal como se recogía en esta edición, las indicaciones añadidas sobre la procedencia de los textos latinos, y hemos traducido también los títulos en francés agregados por Faral a cada uno de los bloques, dado que los hemos considerado útiles y aclaratorios para el lector. Las rúbricas originales que contenía el texto latino, que en la edición manejada figuraban como notas a pie de página, se han introducido, en negrita, al comienzo de cada apartado, puesto que nos ha parecido más cómodo para su lectura. En cualquier caso, se ha escrito entre corchetes todo lo que no pertenece a Mateo de Vendóme -indicaciones de las fuentes literarias, títulos de bloques o de apartados y algunas otras referencias insertas en el propio texto-, para diferenciarlo claramente del tratado latino original. La edición de Faral contiene también un resumen en francés en el que se detallan los diversos apartados del tra tado poético, indicando el párrafo que corresponde a cada uno. Dada la utilidad de este texto para realizar búsquedas rápidas de algún pasaje del Arte del Verso, lo hemos traducido también, incluyéndolo antes del texto de Mateo. Por último, hemos agregado, cuando lo hemos conside rado necesario, notas a pie de página para aclarar o comen tar algunos elementos del texto. María del Rosario N eira PiÑEIRO