Benítez Grobet y Luis Ramos-Alarcón Marcín
I ntroducción Laura Benítez Grobet Luis Ramos-Alarcón Marcín
La historia de la filosofía es una actividad intelectual que nuestro contexto académico latinoamericano debe valorar por su carácter hermenéutico no sólo acerca del pensamiento de individuos y sociedades, en ciertos tiempo y espacio, sino sobre todo por su capacidad de aclarar los presupuestos incluidos o excluidos en nuestro pensamiento actual. Por una parte, hoy en día no podemos pensar in genuamente que los historiadores pueden “reconstruir” el pasado tal y como fue. Los historiadores no son máquinas del tiempo que nos lleven a experimentar el pasado como si fuera un presente en toda su realidad. Tampoco son ar queólogos que saquen a la luz aquello que quedó sepultado por los sucesivos presentes. No son ocasionales ni gratuitas las discusiones entre los arqueólogos acerca de la destruc ción debajo de su pretendido descubrimiento del pasado. Si los historiadores reconstruyen el pasado, será sólo en cuanto que lo construyen tanto a partir de aquellas hue llas y vestigios con que cuentan, así como bajo la guía de las preguntas formuladas desde su presente. En cuanto a lo primero, los textos publicados, las cartas, los testimonios y las discusiones, entre otros, son huellas y vestigios que forman parte de una sociedad localizable en un tiempo y en un espacio, y, a la vez, muestran las crisis dentro de esa sociedad, las diferencias e incluso oposiciones entre indivi duos y grupos. No son meros grupos monolíticos que pien san al unísono. En cuanto a lo segundo, no es extraño que las preguntas que los historiadores formulan hacia el pa sado sean las mismas que se formulan en su presente, pre guntas compartidas por su propia sociedad o en las que se da esa misma crisis que mencionamos antes. Así, cuando preguntamos por los presupuestos metafísicos de los filó sofos racionalistas al apostar por pocos principios que den homogeneidad conceptual a la realidad, o por aquellos pre supuestos metafísicos de los filósofos empiristas al apostar por la experiencia como índice de todo conocimiento, o si los principios de fundamentar la moral competen sólo a la vo luntad o a otras instancias, estamos haciendo preguntas que pertenecen a nuestro propio presente.
En efecto, las categorías de “racionalista” y de “empirista” son categorías historiográ- ficas que funcionan sólo desde la epistemología, una disci plina que, como tal, es bastante reciente en una historia de la filosofía que cuenta con más de dos mil quinientos años. La epistemología surge como disciplina a partir del siglo XVIII bajo el interés de aclarar las mejores vías para adquirir conocimientos claros y distintos, útiles y efectivos, a la vez que para separarlos de aquellas ideas falsas, inadecuadas, equívocas. Con esto no pretendemos simplemente ser escépticos so bre el mismo quehacer de los historiadores de la filosofía, sino mostrar que es un quehacer filosófico que exige aclarar los supuestos desde los cuales hace sus preguntas y cons truye sus categorías. Los historiadores de la filosofía tene mos que hacer un trabajo triple: desde una primera arista, debemos conocer al pensamiento de las filósofas y filósofos para aclarar sus propias creencias, inquietudes, certezas, incertidumbres, razonamientos, argumentos, conclusiones y exclusiones. Desde una segunda arista, debemos evaluar la adecuación o inadecuación de lo primero, pues el his toriador de la filosofía no debe de hacer hagiografía, sino partir de que estudia a personas que, como seres finitos de carne y hueso, pudieran ser geniales en ciertas tareas, pero en otras se equivocaron, tuvieron errores, prejuicios, etcétera. Finalmente, desde una tercera arista, debemos entablar diálogos, entre las filósofas y los filósofos y, sobre todo, entre nosotros y ellos. Para realizar esta triple tarea de modo continuo, ayuda plantear una pregunta que res ponda a distintas filósofas y filósofos que abra la compren sión a sus obras y periodos. En este libro el lector encontrará nueve estudios espe cializados en los principales problemas filosóficos de la Filosofía Moderna y sus antecedentes, a modo de aquella pregunta que planteamos que guíe el triple trabajo de los historiadores de la filosofía. En cada artículo el lector en contrará una pregunta que articula parte de los intereses y problemas que se plantean distintas filósofas y filósofos, de modo que sirva de hilo conductor en una discusión real o hipotética entre ellos.
Así, el lector podrá acceder a una mejor comprensión de las filósofas y los filósofos modernos desde dentro y en relación con sus contextos, ya sea recono ciendo las particularidades históricas de la lengua en que se expresa; las del contexto político y social en que se desenvuel ve, así como algunos de los problemas filosóficos perennes. En el primer artículo de este libro, titulado “Libertad y conato de la multitud en Spinoza y Maquiavelo”, Luis Ra- mos-Alarcón Marcín realiza una lectura de Maquiavelo en clave spinoziana y estudia la interpretación republicana que el holandés hace de El príncipe y de los Discursos a partir de su realismo político, del rechazo de las utopías y de la enseñanza de Maquiavelo sobre la libertad. El au tor parte de la tesis maquiaveliana de que el conato de la multitud no debe depender de un príncipe sino de los fun damentos del Estado que forman, de modo que la vuelta a esos fundamentos es indispensable para conservarse. El segundo artículo, realizado por Ernesto Schettino, lleva por título “La categoría de ‘tinieblas’ en la filosofía natural de Giordano Bruno”. Aquí se estudia de qué modo, ante la ruptura con la física aristotélica y sus derivados es colásticos, Giordano Bruno tenía que cuestionar y susti tuir coherentemente la teoría consolidada por Aristóteles de los cuatro elementos sublunares (tierra-agua-aire-fue- go) y del supralunar (éter). El autor muestra cómo Bruno alcanza una solución teórica general para el tránsito de la Unidad absoluta hacia el despliegue pleno de la multipli cidad y el cambio, que es una adecuación de la tesis cusana de la complicatio-explicatio, la cual le permite establecer los diversos grados y escalas de la materia, del ser, de la naturaleza, de la realidad. ¿Hay consecuencias prácticas sobre las respuestas que demos a las discusiones acerca de la sustancialidad de Dios o de las almas? En el artículo “Vivir en consonancia con la sustancia única e infinita: propuesta práctica de Giorda- no Bruno”, Astrid Martín del Campo estudia la relevancia del aspecto práctico a lo largo de la obra de este filósofo. Se trata de lo que el nolano considera la máxima aspira ción humana, a saber, la unión con lo Uno. Bruno propone que esta unión es posible mediante la comprensión de la sustancia única e infinita, comprensión que implica teoría y práctica, razón y acción, donde el deseo desempeña un papel fundamental para que el ser humano se dirija hacia tal objetivo.
Pero este acceso no se da sin relación con el mundo, sino por medio del apoyo en referentes sensibles concretos que simbolicen e impulsen el deseo hacia la Uni dad; es decir, considera los sucesos concretos y los seres particulares como representaciones de dicha Unidad. La transformación de la idea de espacio realizada du rante la revolución copernicana se basa en la refutación del concepto de topos y en la postulación positiva de una entidad que pudiera soportar la expresión de fuerzas inma teriales y el tránsito de los cuerpos materiales. El artículo de Francisco Javier Luna Leal, titulado “Espacio geomé trico, materia y sustancia en Johannes Kepler”, estudia el caso particular de Johannes Kepler que, a las exigencias anteriores, suma la necesidad de que el espacio permitiera una medición precisa de los fenómenos celestes. Entre las palabras que Kepler usó para tratar de describir el espacio como una entidad diferente de los cuerpos materiales y las fuerzas residentes en él, estaban: aer, anima, auram aethe- ream y oxéoig, las cuales denotan la dificultad conceptual para describir una idea nueva que fuera consecuente con el resto de su cosmología. Sin embargo, la visión de conjunto es la de cuerpo o continente inmaterial, relacionado de for ma directa con la noción de espíritu divino. En su artículo “Un diálogo sostenido entre Descartes y Poincaré. (Consideraciones en torno al concepto de método y sus implicaciones en el desarrollo del conocimiento filo- sófico-científico)”, Verónica Díaz de León Bermúdez realiza un discurso análogo en torno a dos personajes tan prolijos en la historia de la ciencia que genera la exigencia de cono cer profundamente la obra de ambos autores. No obstante, la claridad y precisión expositiva que caracterizan el discu rrir científico-filosófico de los pensadores que se enuncian en el título de este artículo nos da la posibilidad de realizar un conversatorio entre ambos genios, aún basándonos úni camente en algunos de sus escritos. Continúa el artículo de Rogelio Laguna, titulado “Las objeciones de Hobbes a las Meditaciones cartesianas.
Una discusión sobre la sustancialidad del pensamiento”, en don de el autor presenta un estudio de los argumentos y con- trargumentos entre Hobbes y Descartes respecto a la sus tancialidad del pensamiento. Se trata de un intercambio que se realizó en 1641 con motivo de la publicación de las Meditaciones metafísicas. El debate sobre el dualismo alma-cuerpo y la nueva ciencia mecánica de su tiempo no se reduce a la filosofía cartesiana. En el artículo “El materialismo organicista de Margaret Cavendish”, Viridiana Platas Benítez presenta y discute el concepto de sustancia en la filosofía natural de la Duquesa de Newcastle. Para ello, considera el diálogo en tre el vitalismo y el materialismo organicista que Caven dish desarrolla para cuestionar y refrendar su teoría. El materialismo organicista estratifica la materia en grados y tipos de movimiento, determinados por la velocidad, el grosor y sutileza de las partes. Asimismo, la propuesta vitalista de la materia evita confundir materia animada e inanimada. Por su parte, el artículo titulado “Apuntes sobre la no ción de scientia intuitiva en Spinoza”, de Antonio Rocha Buendía, muestra que la ciencia intuitiva no está limitada a un tipo de objetos. Más bien, un mismo objeto puede ser conocido de manera muy distinta por la imaginación, por la razón o por la ciencia intuitiva, esto es, los tres grados de conocimiento que Spinoza acepta.
El artículo “Inmanencia y sustancialización de la natu raleza en la filosofía de Spinoza”, de José Ezcurdia, continúa con el estudio de las consecuencias éticas de la inmanencia de la única sustancia. Este artículo defiende que, para Spi noza, la naturaleza se vertebra en una causalidad inmanen te, que le otorga una densidad ontológica efectiva, que hace de ella el fundamento de la determinación tanto de los pla nos del ser y el conocer, como de la génesis y la forma del valor moral. En este sentido, el artículo busca dar cuenta de las implicaciones metafísicas, epistemológicas y éticas de la noción de inmanencia, en el marco del spinoziano pro yecto de la sustancialización de la naturaleza. Por último, el lector encontrará al final del volumen tres herramientas de trabajo muy útiles: una amplia bibliogra fía especializada sobre los autores y temas tratados en el libro; un índice de los autores mencionados en el libro y un índice de los principales conceptos también tratados en el li bro, de manera que el lector podrá ubicar fácilmente libros, artículos, autores y conceptos de su interés. Agradecemos nuevamente a la Dirección General de Asun tos del Personal Académico de la Universidad Nacional Autó noma de México por su apoyo a la publicación de este libro.
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