viernes, 28 de agosto de 2026

Novela negra y cine noir I Una introducción para zombis Carlos Reyes Velasco

 



Introducción. 

Introducción La llamada “noir manía”, que satura las no vedades literarias y las pantallas (cine, te levisión), la misma que llena nuestro ocio, no es una moda: es una obsesión, pues ha llegado al punto de nutrir no sólo a la novela negra, sino también al cine negro. Pero dejemos de lado si lo negro-criminal es un género, un subgénero, una tendencia u otra forma de ca talogarlo. Sus contenidos tratan del crimen, punto; de sus perpetradores, víctimas, maqui naciones y consecuencias; de entretenernos con pistas, investigaciones imposibles; de la banalidad del mal, incluso de nosotros: per sonas con deseos y pasiones que nos llevan al pecado, a la redención o al infierno creados por nosotros mismos en nuestros sueños cotidianos. A medida que las sociedades incre mentan su nivel de violencia –a la par de su modernización y desarrollo económico–, las audiencias demandan productos culturales afines a la realidad que los rodea, ya sea para es capar de ella o, al contrario, poder identificarse. Queremos ser santos, pero nos fascina lo prohi bido, el lado oscuro de nuestra propia sombra. Si te gusta Sherlock Holmes, Lisbeth Salander, Kay Scarpetta, Fantômas, Auguste Dupin, don Corleone, Hannibal Lecter, Sunny Pascal o Filiberto García; si encuentras tipos de cuidado, hampones, chicas peligrosas y tra mas donde nada sale como se espera, este libro es para ti: detective de sillón o criminal de pc, seguidor de pistas falsas o lector de la sección policiaca. Nos fascina la noche, lo prohibido, los rostros tras las máscaras de complacencia y las personas que habitan detrás de las pare des, quienes esconden sus deseos de poder y ambiciones más inconfesables. Este texto no intenta ser totalizador del tema en cuestión, sino un libro de mano para el viajero que gusta de las sendas retorcidas de las que disponemos todos los días en la nota roja, las cuales escuchamos en los chismes de 13 Novela negra y cine noir pasillos y en los contenidos difundidos por medios electrónicos y redes sociales. En el siglo xxi lo único que nos mantiene cuerdos es nuestra razón frente a lo inasible de la ba nalidad del mal, sin duda un aspecto que nos recuerda el hecho de que seguimos siendo animales rapaces, dispuestos a devorar al otro para sobrevivir. Sin algo de luz, sólo quedan las sombras sin forma. Te invito, entonces, a seguir los sende ros tenebrosos del género criminal, donde el rojo más profundo se hace negro, como café carga do, para estar alerta de los depredadores noc turnos. Quizá el lobo esté dentro de nosotros. En el principio fue el crimen: antecedentes Los teóricos profesionales o aficionados señalan que el crimen es parte del ser humano y de sus tradiciones orales o escritas desde que se tiene memoria. Los instintos animales de superviven cia y lucha llevaron a los hombres a condenar las acciones que violentaban la vida en sociedad, por lo que los códigos de conducta en cual 14 Introducción quier grupo determinaban las primeras obras literarias, principalmente las de origen míti co-religioso, de ahí que la Biblia, el Corán, el Ramayana, las tragedias griegas o el Popol Vuh tengan en común la lírica del drama humano a causa de las pasiones o del destino imprevisible. Seguramente, antes de la palabra escrita, los primeros homínidos se regodeaban contando historias de combates entre ellos y la natu raleza, ajenos al hecho de que asesinar a sus semejantes con una quijada de burro, perpe trar abusos entre los miembros de sus tribus o vengarse cegados por sus emociones, serían las fuentes de las narraciones que más se dis frutarían por contar en el futuro. Podríamos abordar largo y tendido sobre cuándo apareció la primera muerte li teraria en la poética o la épica, pero la mis ma naturaleza del tema nos lleva a eliminar las partes innecesarias y agilizar la trama. Diversas fuentes identifican los balbuceos de la narrativa criminal alrededor del siglo xix, cuando la impresión industrial de libros ali mentó a un público masivo y ansioso de en tretenerse en su tiempo libre. No había radio, televisión o tiras cómicas como tal, por lo que 15 Novela negra y cine noir la palabra escrita, ya fuesen noticias o ficción por entregas, hacía la vida más llevadera en el contexto de la revolución capitalista. Para este tiempo, dos literatos respetados ofrecían obras con temática criminal: • Thomas de Quincey: Del asesinato con siderado como una de las bellas artes (1827). Ensayo satírico donde aborda sonados casos de su tiempo. • Fiódor Dostoyevski: Crimen y castigo (1866). Novela seminal para el futuro de narrativas de corte psicológico y existencialista del siglo xx. Entre los primeros textos policiales se encuentran Richmond, o historias de un ofi cial de la calle Bow, publicado en Inglaterra de forma anónima en 1827, considerada la primera recopilación de cuentos detectives cos. El origen inglés de nuestro amado género policial sería un determinante en los años y libros venideros. No es casualidad que Gran Bretaña fuera una nación industrializada en la época victoriana, repleta de neblina y clima caprichoso, donde el crimen se consideraba 16 Introducción ajeno a los miembros de la nobleza y la bur guesía, pese a que sus dirigentes impulsaran la guerra del Opio contra China. Se trata de una nación criminal y cul ta, no la única, pero quizá la más influyente a nivel cultural en diversas partes del mundo, cuyas clases menos favorecidas alimentaban el morbo de los lectores con narraciones de asesinatos y robos reales o ficticios. No es ca sualidad que Londres engendrara en ese entor no al asesino mediático más famoso: “Jack el Destripador”, quien asoló los barrios bajos de Londres en 1888, estableciendo la fascinación pública por el misterio y el morbo de lo que le sucedía a los demás. La literatura policial será un pasatiempo con gran tradición entre los an gloparlantes a partir de entonces, aunque no sin la virulencia que vendría en el siglo xx. Como sucederá con otros produc tos culturales –como la comida o la música (blues, rock & roll, punk o heavy metal)–, el intercambio comercial con Estados Unidos y otras naciones mejoró la literatura criminal, la cual se establecería como un género acepta do, quizá no del todo respetado, pero que ge neraría cada vez más seguidores y ganancias.

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