La filosofía ocupa un lugar insustituible a la hora de cuestionar los prejuicios y certezas impuestas por el sentido común, las creencias culturales y las costumbres. En lugar de ofrecer res puestas definitivas, expande horizontes y cultiva la duda crítica. Nos libera del dogmatismo y mantiene viva nuestra capacidad de asombro, al estar vinculada al mundo, a la vida, provocando sorpresa y enriqueciendo nuestras percepciones.
Además, revela aspectos inadvertidos de lo cotidiano, profundizando nuestra comprensión más allá de lo evidente o asumido como incuestionable. En un contexto generalizado de fragmentación, desinfor mación y agotamiento social, el pensamiento filosófico se con vierte en un acto de resistencia creativa, permitiendo concebir posibilidades más allá de los límites definidos por las estructu ras dominantes de la época. La filosofía, lejos de ser un artefacto puramente intelectual, es una práctica indispensable y transformadora. La COLEC CIÓN FILOSÓFICA ACTUAL surge como una apuesta crucial para impulsar la reflexión crítica desde Ecuador hacia América Latina y otras regiones del mundo. Esta colección busca conso lidar un espacio de diálogo interdisciplinario, convirtiendo la filosofía en un recurso activo ante las crisis contemporáneas. Así, la filosofía asume su tarea esencial: liberarnos de certezas que limitan nuestra comprensión, permitiéndonos no solo ha bitar el presente con mayor lucidez, sino también imaginar y construir futuros posibles de forma reflexiva.
COLECCIÓN FILOSÓFICA ACTUAL Facultad de Ciencias Sociales y Humanas Universidad Central del Ecuador Prof. Santiago M. Zarria Prof. Martín Aulestia Calero
INTRODUCCIÓN GENERAL
Martín Aulestia Calero* En el centro mismo del proyecto crítico de Immanuel Kant se en cuentra una fecunda conceptualización de la libertad, que no es concebida ni como libertad empírica ni como ausencia de restric ciones, sino como autonomía racional de la voluntad. Kant formula esta idea a partir de una distinción, esencial a todo su proyecto filo sófico, entre el ámbito de la razón teórica y el de la razón práctica. En la Crítica de la razón pura (1781, 1787), la cuestión de la libertad aparece en la “Dialéctica Trascendental”, donde es comprendida como una idea de la razón que no puede ser conocida empírica mente ni demostrada teóricamente, lo que la sitúa más allá de los límites de la experiencia sensible.
No obstante, esta imposibilidad no implica, para Kant, su nadificación, sino que su señalamiento tiene más bien la función de enfatizar su carácter regulativo en lo que respecta al uso práctico de la razón, en la medida en que, de esa manera, la libertad se convierte en un postulado necesario para que el ser racional pueda actuar moralmente en el mundo.
La tensión que abre la cuestión de la libertad en la filosofía de Kant, que consiste en la imposibilidad de conocerla fenoménica mente y, no obstante, ser un postulado necesario de la razón, se convierte en el problema central de la Crítica de la razón práctica (1788), donde la libertad es concebida como la ratio essendi de la ley moral, lo que convierte, al mismo tiempo, a la ley moral en la ratio cognoscendi de la libertad. Si bien la libertad no se puede cono cer del mismo modo en que se conocen los fenómenos sensibles, sí se la pueda presuponer, en la medida en que se constata la existen cia universal de la ley moral. Esta reciprocidad entre moralidad y * Universidad Central del Ecuador. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas 13 Martín Aulestia Calero libertad inaugura el espacio de la acción racional como autolegisla ción, idea en la que Kant continúa profundizando en obras como la Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785) y la Metafísica de las costumbres (1797), donde Kant articula los conceptos de de ber, voluntad, derecho y eticidad como derivaciones necesarias del principio de la autonomía.
Kant establece, así, un modelo (auto)nomológico que permite pensar a la libertad como un ejercicio racional que se ajusta a la ley moral. Y aunque, por esta exigencia de ajustar la acción a la ley como criterio de la moralidad, a Kant se le ha acusado repetida mente a de formalista (uno de los primeros acusadores fue Hegel), la verdad es que la filosofía de la libertad kantiana jamás renuncia a la exigencia de que esta se realice concretamente en el mundo. El derecho, en este contexto, es la condición para la coexistencia de las diversas libertades en un marco de legalidad universal.
La libertad individual no es concebida como facultad absoluta de au todeterminación, sino como la capacidad para autolegislarse según principios universales. La reflexión kantiana sobre la libertad dio lugar a nuevas articu laciones del concepto dentro de la tradición del idealismo alemán. Fichte, partiendo del Yo como actividad originaria (Tathandlung), propuso una concepción de la libertad como poder de proyección causal. No obstante, esta libertad debía necesariamente limitarse por la libertad de los otros: la comunidad jurídica es el espacio en que la libertad se convierte en ley. En este sentido, Fichte combina una defensa enérgica de la espontaneidad con la exigencia ética de la coexistencia intersubjetiva. Si bien distingue entre moral y dere cho, admite que la ley moral sanciona internamente la aceptación del principio jurídico, operando así una primera fisura en la estric ta separación kantiana. En esta fisura interviene Hegel, quien, ahondando en ella, de sarrolla una síntesis especulativa entre moralidad y derecho. En su crítica a Kant, señala que el formalismo del deber por el de ber impide la determinación concreta del contenido moral. La li bertad no puede reducirse, sostiene Hegel, a la mera ausencia de 14 Introducción contradicción, sino que debe realizarse efectivamente en la historia y como historia. Hegel concibe al derecho, a la moralidad y a la eticidad como momentos del despliegue de la libertad en el espí ritu objetivo.
En opinión de Hegel, el Estado de derecho, en tanto realización de la voluntad universal, es el lugar donde la libertad alcanzara su verdad. Así, la libertad no se define ni como mera au tolegislación ni menos como futil independencia de todo condicio namiento, sino como la reconciliación entre la voluntad individual y la razón universal.
En contraste con la idea de libertad que se encuentra en la tradición de pensamiento inaugurada por Kant, nuestro presente parece dominado por lo que algunos autores contemporáneos han denominado tecnolibertarismo: una ideología que promueve una au tonomía individual absoluta apoyada en la delegación de decisiones a los sistemas algorítmicos.
Esta lógica, que aparenta liberar al su jeto del peso de la decisión, parecería más bien despojarlo de su responsabilidad ética, debilitando su autonomía y su juicio, y dan do lugar a una forma radical de heteronomía técnica. Pensada desde una perspectiva kantiana, esta mutación del con cepto de libertad no puede representar otra cosa que una regre sión. En lugar de una autonomía gobernada por principios racio nales, asistimos a la expansión de una pseudoautonomía funcional, en la que la ley ya no es dada por la razón sino por una forma tec nocientífica de poder. La promesa de perfección algorítmica, enar bolada por los así llamados transhumanistas, anula las condiciones de posibilidad del ideal kantiano del sujeto autónomo y transforma la acción en una mera gestión de datos e información. Así las cosas, problematizar el concepto de libertad a partir de una asunción crítica y reflexiva de la idea kantiana del ser humano como racional y autolegislador se vuelve hoy una tarea indispen sable. Frente a la tentación de disolver la política en programa ción algorítmica y la moral en cálculo que optimiza la utilidad y el beneficio, la filosofía tiene hoy, como siempre, la responsabilidad de postular la libertad, no como una posibilidad técnica, ni como ausencia de arraigo o determinación, sino como una exigencia ra 15 Martín Aulestia Calero cional y ética. La posibilidad de llevar a cabo este empeño es, sin duda, uno de los más importantes legados de Kant para el pensa miento contemporáneo.
El proyecto colectivo Immanuel Kant, presentado en dos tomos (Immanuel Kant. Fundamentos y horizontes de la filosofía trascendental e Immanuel Kant. Moralidad, política y formas de la historia) reúne un conjunto de estudios que, desde distintas perspectivas y tradiciones filosóficas, continúan y enriquecen el legado kantiano. No se trata de una lectura canónica ni uniforme, sino de un esfuerzo plural y heterogéneo por resituar la obra de Kant en los desafíos teóricos del presente. Así, los distintos capítulos de los dos volúmenes abordan problemas que se inscriben tanto en el núcleo del proyecto crítico —la libertad, la ley moral, la razón, el juicio, el derecho— como en los márgenes productivos de su influencia, donde Kant dialoga con tradiciones que lo preceden y lo continúan, con temáticas veci nas como la antropología o la cosmología, y con autores y problemas que exceden sus consagradas preocupaciones.
La riqueza de estos dos libros, si se me permite decirlo, radi ca precisamente en su anchura de miras. En sus páginas conviven estudios centrados en la deducción de la libertad moral, la crítica de la teodicea, el papel de la gratitud en la ética, la transnaturali zación de la razón o la cosmicidad del mundo, junto con lecturas que confrontan a Kant con temas y pensadores contemporáneos, desde la bioética animal hasta la teoría política de Rawls, la esté tica de Kandinsky, la antropología foucaultiana o los desafíos del constructivismo. Esta pluralidad no diluye la unidad del proyecto, sino que, antes bien, expresa fielmente la potencia expansiva del pensamiento kantiano, capaz de generar sentidos reflexivos incluso en ámbitos insospechados. Por esa razón, el eje articulador de los dos tomos no es temá tico ni metodológico, sino crítico. Todos los textos, cada uno a su manera, operan bajo la inspiración de lo que Kant entendía como la tarea propia de la filosofía: examinar los límites y alcances de nuestras facultades, clarificar los conceptos fundamentales que orientan la vida práctica, y sostener -sin ingenuidad, pero con con 16 Introducción vicción- que la libertad y la racionalidad no son ficciones metafísi cas, sino exigencias normativas que articulan la posibilidad de una vida humana a la altura de la dignidad del ser racional que somos.
Esta es, en definitiva, la promesa del legado kantiano, y también la apuesta común de los libros Immanuel Kant. Fundamentos y horizontes de la filosofía trascendental e Immanuel Kant. Moralidad, política y for mas de la historia. Para terminar, quiero agradecer a la Facultad de Ciencias So ciales y Humanas de la Universidad Central del Ecuador por ser el espacio en el cual se ha podido llevar a cabo este proyecto y la Colección Filosófica Actual en su conjunto. En igualdad de impor tancia se merece un reconocimiento la Fundación Filosófica, por su empeño incansable y tantas veces ingrato para crear una institu ción rigurosa y fecunda para la filosofía en el Ecuador, y por ser la primera impulsora de la Colección. Agradezco también a Gustavo Leyva, por los magníficos prólogos que ha escrito para cada una de estas obras. Se merecen también toda mi gratitud Renata Aulestia Calero, por su apoyo en el trabajo de edición de este libro, y Este ban Flores, estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales y Huma nas, por su ayuda dándole forma final a alguno de los capítulos. Todos y cada uno de los autores de ambos volúmenes se me recen también un enorme reconocimiento.
Quiero destacar espe cialmente a José Luis Villacañas (cuyo magnífico texto forma parte del Tomo I), quien, con enorme generosidad, nos ha acompañado en varios proyectos organizados en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas; también a Mònica Carbó Ribugent (cuyo texto sobre Kant y Foucault aparece en el segundo volumen), quien hace unos meses dio una maravillosa conferencia sobre la Antropología en sen tido pragmático ante los docentes y estudiantes de nuestra Universi dad; gracias asimismo a Graham Harman (su texto “Transcendence and the transcendental” aparece en el primer volumen), quien en 2024 tuvo la gentileza de exponer las líneas maestras de su Onto logía Orientada a los Objetos ante un público como el ecuatoriano, para el cual esta propuesta sigue siendo, lastimosamente, bastan te desconocida; y finalmente, mi mayor gratitud a Salvi Turró, mi 17 Martín Aulestia Calero maestro —su bellísima contribución forma parte del Tomo I—, quien generosamente me abrió las puertas de su oficina y su casa en Barcelona, para, desde ahí, comenzar a explorar con seriedad la filosofía de Kant. Este libro es, en buena medida, resultado de ese trabajo realizado bajo el cobijo de aquella brisa mediterránea.
Quito-Ecuador, 2 de septiembre de 2025

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