PRÓLOGO
ePt|Topix.T| es un adjetivo que se refiere al sustantivo ts'xvt],
“arte”, y fue usado por Platón, para darle nombre a la
profesión a que Gorgias se dedicaba y enseñaba1. Este
término se tradujo al latín como oratoria, u oratrix, lo cual
equivaldría a elocutoria y elocutrix1.
Hoy en día, la palabra retórica vulgarmente indica, no la
provisión de los medios persuasivos, sino tan sólo un modo
de hablar: si se malentiende, con mentiras, con muchas
palabras, con palabras vanas; menos injustamente, con
elegancia, en sentido figurado. Ésta no es la antigua retóri
ca, la que, en palabras de Isidoro, “descubrieron los griegos
Gorgias, Aristóteles y Hermágoras, y que fue transladada al
latín por Cicerón y Quintiliano, pero tan abundante, tan
variadamente, que al lector le parece imposible admirarla,
comprenderla”3; es, más bien, “una retórica secundaria, una
teoría crítica o estética que no tiene que ver directamente
con la persuasión, y la técnica de las obras producidas bajo
la influencia de esos conceptos críticos”4.
La retórica, en el sentido más genuino del término5, es
aquella doctrina que nos enseñaron Córax y Tisias, Gorgias,
1 Cfr. Gorg., 449,a,5-6.
2 Cfr. Quint., II,xjv,1-2.
•’ Cfr. Isidoro, De rhet., 11,1, en RLM, 508, y Cíe., Parí, or., 1,1-3.
4 Cfr. G eorge Kennedy, The A rt qf Rhetoric in ¡he Román World. 300 b. C. -
ú.D 300, Princeton, Princeton University Press, 1972, p. 3.
5 Cfr. Richard V olkman, “Definition der Rhetorik” en Die Rhetorik der
Griechischen undRómerinsystematicher Übersicht, Hildesheim.GeorgOlms
Verlagsbuchhandlung, 1963 (1885), pp. 1-16; Antonio T ovar, “La retórica de
los griegos. Las primeras «artes»" en A ristóteles, Retórica, Madrid. Instituto
Platón, isócrates, Aristóteles, Hermágoras, Cicerón, Corni-
l'icio, Quintiliano y aun los rétores menores: C. Quirio
Fortunaciano, Aurelio Agustín, Victorino, Sulpicio Víctor,
Julio Severiano, Cayo Julio Víctor, MarcianoMinneo Félix
Capella, Casiodoro, Isidoro, Albino (o Alcuino) y Grilio,
los cuales no han de mezclarse con los escritores de tratados
acerca de figuras de dicción y de pensamiento, como son
Rutilio Lupo6, Aquila Romano7, Julio Rufiniano8 y el
Venerable Beda9, o aun el gramático Prisciano10 o el orador
de Esludios Políticos, 1971 ,pp. V-XXXII; también Helena Beristáin. Diccio
nario de retórica y poética, México, Porrúa, 1985, p. 421. George Kennedy,
en su artículo “The present State of the study of ancient rhetoric” (Classical
Philology, LXX, jan.-oct., 1975, pp. 278-282), enumera los trabajos más
amplios de Volkman, Lausberg, Martin, Norden, y otros particulares de A. D.
Leeman, Navarre, Radermacher, Eisenhut, Kustas, J. Murphy —entre los
cuales, con sumo reconocimiento, debiera estar Alfonso Reyes—, y hace ver
que para escribir una nueva historia del estilo, se necesita un equipo de
diferentes estudiosos que emprendan una investigación computanzada.
6 Publio Rutilio Lupo, orador romano del siglo i, a. C., tradujo en uno los
cuatro libros de su maestro Gorgias (éste había sido maestro del hijo de Cicerón
en Atenas). Escribió de modo especial acerca de figuras, precisamente De
figuris sententiarum et elocutionis, o Schemata lexeos (RLM, 3-21; cfr. Quin
tiliano, 9,11-111).
’ Á quila Romano, retórico latino del siglo nt o iv, convencido de que el
orador debe (proprium oratoris munus est) adornar con figuras de dicción y de
pensamiento su discurso, porque no hay nada igual (nihil aequale est) para
conmover el ánimo del oyente o del juez, decidió escribir un libro De figuris
sententiarum et elocutionis (RLM, 22-37).
* Julio Rufiniano, de época incierta, en su libro De schematis lexeos, de
xchematis dianoeas, describe solamente figuras de dicción y figuras de
pensamiento (RLM, 38-62).
9 El santo benedictino Venerable Beda (672 o 673-735, d. C.)t además de
sus obras de mayor importancia de indudable indujo en la educaciónde la Edad
Media, es autor del libro De schematibuset tropis (RLM, 607-618).
Prisciano (s. vyfinalesdel vi,d.C.) nacióquizáenCesareadeMauritania,
o de Palestina, o en Roma. Sus Institutiones grammaticae fueron de gran
importancia durante la Edad Media, y sirvieron de base a las nuevas refundi
ciones de gramática de los humanistas. En esas Instituciones incluye unos
ejercicios de escritura traducidos de Hermógenes: Praeexercitamina (RLM,
551-560).
Emporio", o Rufino12, o Clodiano13, ya que el asunto que
éstos tratan es sólo un trozo de alguna de las partes del arte
retórica.
Como todos sabemos, Cicerón es algo así como el eje en
torno del cual giran los estudios de retórica. El explicó a
Aristóteles, quien, a su vez, había sido el gran explicador y
corrector de los anteriores profesores de esta arte. Asimis
mo, después de Cicerón la gran mayoría basará sus manua
les de retórica en Aristóteles y Quintiliano, pero fundamen
talmente en Cicerón, pues fue él quien dio vida indepen
diente a esta ciencia.
Ahora bien, aquí revisaré los conceptos sobresalientes en
torno de los límites de la retórica marcados por aquellos que
Cicerón, en el De inventione, menciona ya como simples
predecesores suyos, ya como fuente de sus artes, e intentaré
mostrar que los antiguos consideraban el campo de esta arte
más amplio que la sola expresión u ornamento de las
palabras, la cual es apenas parte de la elocutio, ya no
digamos de toda la retórica, de la cual ésa, a su vez, es parte;
también habrá de quedar claro que su objetivo es, no
persuadir, sino enseñar los medios para persuadir. La retó
rica no persuade; enseña a persuadir.
Cabe señalar que, entre nosotros, el excelente estudio que
sobre La antigua retórica firmara Alfonso Reyes en 194214,
es sobradamente suficiente para que pueda comprenderse el
pensamiento retórico de Aristóteles, de Cicerón y de Quin
11 Emporio (fines del siglo v) trata, en su obra, acerca de la etopeya, el lugar
común, y materia demostrativa y deliberativa (RLM, 561-574).
12 Del gramático Rufino (c. s. v, d. C.) conservamos unos versos acerca del
ritmo y metro de los oradores, así como unos extractos que, sobre la misma
materia, tomó de Cicerón, Quintiliano, Diomedes, la Retórica a Herenio,
Flavio Sosípater Carisio, Victorino, Terenciano, Pompeyo Mesalino, Donato
y Probo (RLM, 575-584; cfr. también ed. Keil, Gramm. Lat„ VI. 554-578).
13 C lodiano trata sobre los status, su definición y división (RLM, 590-592).
IJ Cfr. Reyes, A., Obras completas, pp. 462-555.
I iliano. Sin embargo, aquí abundaré algo más en lo poco que
aquél intencionalmente redujo; por ejemplo, en algunas
consideraciones léxicas,que, al parecer, hoy en día vuelven
a llamar la atención en el eterno intento por definir la
retórica.
Por otra parte, vale buscar el prístino concepto de retórica
incluso en rétores menores, en los cuales no se ocupó Reyes,
porque ellos, con sus enseñanzas orales o escritas, hicieron
posible que, no las propias, sino las teorías de los máximos
maestros de esta arte traspasaran la Edad Media, y aun
llegaran hasta nuestros días.
PREDECESORES DE CICERÓN
Córax y Tisias examinaron las partes y la disposición de la
materia de los discursos judiciales (7tpooí|iiov, o exordium;
xaxáaxaai^, o consíitutio; Sifiynou;, o narrado; htiXo-
yoq, o epilogiis), y dictaron modos y formas del decir a
través de una práctica mecánica y metódica de la elo
cuencia. Establecieron la e peot<;, o inventio, para la bús
queda de los argumentos.
Enseñaron que el objeto de la retórica no es la verdad,
sino lo verosímil, lo cual reducían a lugares comunes de tres
especies: 7tá9o<;, eBoq e idéai.
Según Platón, Tisias y Gorgias descubrieron que se
venera más la verosimilitud que la verdad; por la virtud de
la palabra, ellos hacían parecer grande lo pequeño; arcaico,
lo nuevo, y al contrario, y podían decir lo mismo con pocas
palabras que con muchas2.
1 La retórica tuvo origen en Sicilia, después de la caída del tirano Trasíbulo
en el siglo v, a. C., pues allí los asuntos privados se comenzaron a llevar ajuicio,
surgiendo así la necesidad de hacer eficaces los tribunales en las múltiples
acciones judiciales que se emprendían para la recuperación de los bienes
confiscados. Los iniciadores fueron los siracusanos Córax y Tisias. Sus
manuales no llegaron a nuestros días. Cfr. Inv. II,u,6; Bntt., XII,46: Quiñi.,
Il.xvn.7. Véase BenedcttoRiposati, 1973. p. 93.
2 Cfr. ?\.,Phdr„ 267.a-b.
Para Gorgias, la palabra es un gran potentado que, con muy
pequeño e imperceptible cuerpo, lleva a cabo obras divinas,
ya que puede tanto calmar el miedo como quitar la pena y
engendrar el gozo y acrecentar la misericordia. Los encan
tos inspirados por mediode las palabras, se hacen inductores
de placer, y deportadores de pena. Pero la palabra se ha de
valer de la verdad (<x^r|9eia), pues de lo contrario se en
gendra el desorden, como ocurre en una ciudad carente de
hombría (euav5pía), o en un cuerpo falto de hermosura
(x.á'k'koq), o en una alma necesitada de sabiduría (acxpta),
o en la acción sin virtud (ápexfiy.
3 Gorgias de Lcontini (c. 483-376, a. C.) fue maestro de retórica, según
Platón (Grg. 449a). Su visita a Atenas en 427, como embajador, es un hecho
muy importante parala historia de la retórica, pues con 61 se funde la tradición
ateniense de la oratoria política que había producido Pericles, con una nueva
técnica, basada en el estilo, en la explotación del ritmo griego, la asonancia y
el paralelismo. Su principal contribución a la literatura se encuentra en el
Encomio de Helena', xr]v noíeoiv dnaaav xa i vom'^o) xai óvo|aá^co Xóyov
é’xovta nsrpov, “considero y nombro a la poesía toda como un discurso que
tiene medida” (8ss). Se supone que escribió un Arte retórica, donde quizá
introdujo pequeños ensayos semejantes al Encomio citado. Cfr. Pedro Tapia
ZúÑIGa en Gorgias, Fragmentos..., pp. xxvii, lOss y pássim.
4Cfr. Gorg., Hel, 1: Xó-ycj 8é áXií9Eia... xa Sé évavxía xoúxojv áxoajua,
y 8-10.
En la polémica platónica sostenida en el Gorgias, Sócrates
ni siquiera considera la retórica como un arte. Dice que es
con relación al alma lo que la cocina con relación al cuerpo;
es parte de la adulación, cosa que no tiene nada de bello. En
esencia, no es necesaria la persuasión de los jueces, ya que
quien comete una injusticia debe sufrir el castigo que
merece, único camino de purgación real, que libera al
hombre de la maldad que está en su alma. De hecho, es
preferible sufrir injusticias a cometerlas6.
En el Fedro Sócrates ensalza la invención sobre la
disposición .La retórica debe llevar a hacer el bien. Antes de
aprender a hablar, el hombre debe poseer la verdad. Quien
no ha filosofado suficientemente, no será capaz de hablar
jamás sobre nada. El arte retórica, o psicagogía, o arte de
guiar almas mediante razonesen juzgados y otros lugares de
reunión pública, versa en cosas grandes y pequeñas, sin
hacerse más o menos honorable a causa de la importancia
5 Platón (c. 429-347, a. C.). hijo de los atenienses Aristón y Perictione,
sostenía la paradoja de que no había esperanza para las ciudades mientras los
filósofos no llegaran a ser gobernantes, o los gobernantes, filósofos. Después
de su regreso de Sicilia comenzó a enseñar formal y continuamente, y ésta fue
su principa! ocupación por el resto de su vida, más de cuarenta años. De sus
Diálogos, conciernen más cercanamente a la retórica Gorgias y Fedro. Con
frecuencia se enseña, princi pálmente con fundamento en el primero, que Platón
es contrario a la retórica; pero el Fedro muestra lo contrario.
‘ Indudablemente, como ideal de conducta humana,es difícilmente refutable
la teoría socrática de la virtud, pero es un hecho que sólo contados personajes,
entre los cuales él, sufrieron injusticia antes que cometerla, o librarse de ella.
de los asuntos. El cuerpo de todo discurso ha de constituirse
a manera de ser viviente: cabeza, partes medias y extremi
dades, bien dispuestas, pues las divisiones y las reducciones
ayudan a pensar7.
Mediante la ciencia y el cuidadoso estudio, el orador
naturalmente llega a ser elocuente; necesita saber cuántas
especies de almas hay; cuándo es oportuno hablar, y cono
cerlos verosímiles, ya queéstos son losargumentosconvin-
centes, lo cual no se alcanza sin mucho ejercicio, no tanto
de hablar y tratar con hombres, cuanto de decir cosas gratas
y hacer obras agradables a los dioses8, lo cual hace pensar
que ya Platón consideraba la retórica como arte de vida.
1 Cl'r. Pl„ Phdr., 236,a, 260,c.d, 261,a-b, 264,c y 266,b.
* Cfr. PL Phdr.. 269.d, 271.d. 272,a.e y 273,e.
¡SÓCRATES
Isócrates9, según testimonio de Quintiliano10, define a la
retórica como fabricante de persuasión (jreiQouq Sajiioup-
yóq). En el discurso Contra los sofistas enseña lo que debe
ser el maestro y lo que debe ser el alumno. Muy elocuentes
son estas palabras del primer parágrafo: “Si los educadores
quisieran decir la verdad, y no prometieran más de lo que
pueden cumplir, no tendrían tan mala reputación entre los
simples ciudadanos”.
La educación en general y la enseñanza de discursos en
particular deben basarse en la verdad y en el ejemplo de los
9 Contemporáneo de Platón, y cuando ya eran ancianos los maestros de
retórica Gorgias de Leontini, Trasímaco de Calcedonia, Protágoras de Abdera,
Pródico de Ceos, Hipias de Elis, surge Isócrates, el gran orador y perfecto
maestro, cuya casa era como una oficina de retórica para toda Grecia (cuius
domus ... officina dicendi). Aunque en el foro no alcanzó gloria, sin embargo
ésta lo tocó tal como a nadie antes ni después de él. Escribió muchas cosas con
gran elegancia y enseñó a muchos a hacerlo. Descubrió que el discurso, a pesar
de que no se hace en verso, debe guardar cierto ritmo. Con todo, parece que en
el fondo no era tan espléndido con sus enseñanzas, pues, para vender discursos
a los abogados, decía que no existía un arte para componerlos, aunque pronto
se vio obligado a escribir sobre arte retórica, ya que a menudo era llamado a
juicio a causa de aquella práctica de vender discursos, por lo visto, considerada
ilícita. Desafortunadamente, como consta por Cicerón, ya en época de éste
mismo no se encontraban sus escritos de arte retórica, aunque sí se hallaban
muchos preceptos de sus discípulos. Sin embargo, se conserva Contra los
sofistas, uno de los discursos más técnicos que escribió Isócrates. Cfr. Brut., 32,
33,48,204, e ¡nv„ 11,7. Según Juan Manuel Guzmán Hermida, Isócrates es un
intelectual sin convicciones firmes, un oportunista político, con opinión tan
variable como las circunstancias (véase su introducción a Isócrates, Discur
sos, pássim).
10 Cfr. Quint., II,xv,3-6.
maestros. Para hacer un discurso no se puede dar una regla
fija, ya que lo que uno dice no es útil del mismo modo para
otro; para que los discursos sean hermosos han de guardar
relación con el momento propicio, variar oportunamente,
adornarse con entimemas, utilizar frases rítmicas y artísti
cas y ser convenientes y novedosos.
Hay muchos que sin haber frecuentado a un sofista se han
vuelto hábiles oradores y hombres públicos. La capacidad
de hacer discursos reside en los hombres de talento y en los
que se ejercitan, aunque puede suceder que haya quienes
ejercitándose con empeño, no logren ser buenos autores de
discursos, pero, en cambio, se superarán y serán más pru
dentes en muchas cosas, es decir, en el arte de la vida.
Los alumnos deben acudir con profesores que tengan
conocimiento sobre el tema, no con quienes les prometan la
felicidad mediante programas queencubren con sofismas la
verdad. También deben aprender los tipos de discurso y
ejercitarse en ellos.
Son censurables los que enseñan a litigar con palabras
repugnantes.
Finalmente, aunque la prudencia y el sentido de la
justicia no pueden ser infundidos mediante manuales, en
aquellos que, por naturaleza, no son propensos a la virtud,
sin embargo el estudio de los discursos para la vida pública
síestimula y ayuda aejercitarla. Quienes quieran seguirlos
preceptos de esta filosofía, pues, alcanzarán la probidad
antes que la elocuencia1
De este modo, Isócrates no sólo es, como se ha dicho12,
“el verdadero creador del estilo y de la prosa oratoria ática,
limpia y armoniosa, rica de colorido, amplia, perfectamen
te equilibrada en la disposición de las partes que componen
11 Cfr. Contra los sofistas, pássim.
” Cfr. Bcncdetto Riposati, “La retorica”, p. 96.
la arquitectura del período”, sino también precursor de una
retórica de contenido moral, llamada “arte del vivir y del
bello escribir”, con injerenciaenlaeducacióndelajuventud
de su época13.
19 ídem, p. 95.
La retórica, dice Aristóteles14, la cual existe por causa de los
juicios (¿Jiei 5é evexa xptasox; ¿otiv f) pTixopixií15), es la
fuerza (8úvafit<;) para observar con inteligencia (Ssrapfjcrai),
en cada caso, sobre cualquier cosa dada, lo posible persua
sivo (toü Sscopf|aai xó 8v5c/Ó(ícvov Tti&avóv), y todo su
trabajo (7tpayjj.aTsía, en latín ojficium) consiste en la
14 A ristóteles (384-322, a. C.), a la edad de 17 años ingresó en la escuela
de Platón en Atenas, y ahí permaneció hasta la muerte de su maestro en 348-
347, primero como alumno, después en relativa independencia. Cuando Platón
fue sucedido por EspeusijJb, Aristóteles abandonó la academia. Más tarde
negoció un tratado con Macedoniaen favor de Hennias, tirano de Alameo, con
cuya sobrina. Pitias, secasó (este tíoposeíaunaformidablefuerza naval, militar
y financiera, y era virlualmente independiente del Imperio Persa, a cuyo rey
más tarde fue entregado cautivo, y asesinado por no haber revelado los planes
de Filipo). En 343-342 fue invitado a Pella por Filipo de Macedonia para que
se convirtiera en el preceptor de Alejandro. En 335, a la muerte de Filipo,
regresa a Atenas. Entonces funda unaescuela en el perípatos, en las afueras de
la ciudad, de donde aquélla toma nombre. También muere su esposa Pitias, por
loque vivió con Herpilis, de quien tuvo a Nicómaco. Asimismo después de la
muerte de Alejandro, Ari stóteles es acusado de impiedad, pero para no permitir
que los atenienses “pecaran dos veces contra la filosofía”, deja la escuela en
manos deTeofrasto, y huye a Calcis, donde muere a causa de una enfermedad
en el aparato digestivo. Es quien dijera que la vida de lucro es antinatural,
aunque la riqueza es un bien útil que se desea por respecto de otro bien (Eth.
Nic., 1096a, 5ss). A pesar de que en algúrt momento compartió el así llamado
desprecio de Platón por la retórica, sin embargo luego se convenció de que ésta
merecía incorporarse al sistema de conocimientos. Así, invitado por los
isocrateos, todavía en vida de Platón, se dedica al estudio de la tradición escolar
retórica, de donde surge precisamente su Retórica, con “un implacable radica
lismo ético”, orientado directamente hacia la verdad. Cfr. Tovar, pp. XXVss.
Su Retórica es uno de los pilares de la ciencia que lleva ese nombre.
15 Rh.. 1377,b,22.
opinión (5ó^a). Ese posible persuasivo son los argumentos
retóricos (níanq,fides según Cicerón), los cuales pueden
ser intrínsecos al arte misma, o extrínsecos (ate/voi y
evxexvot). Los extrínsecos pueden ser los testigos, las
confesiones, los documentos (nápxopsq, páaavoi, aúy-
•ypatpai) y cosas semejantes, y el orador simplemente los
usa; pero los intrínsecos al arte, es decir, los propios del
razonamiento, del discurso (xoü Xóyoo), deben ser encontra
dos por el que pretenda persuadir mediante razonamiento16.
(La palabra Xóyoq de Rh., 1356,a,l, por lo común se ha
traducido como “discurso”; pero esto contradice a ladefini-
ción que precede inmediatamente, donde Aristóteles dice
que los argumentos extrínsecos están ahí, a la disposición
del orador, en tanto que éste debe encontrar los intrínsecos
(coctte Seí xoúxcdv TOÍq (iev xpvpcxa&ai, tá 8é eópeiv17);
es decir, los que necesitan de una labor del pensamiento, no
del discurso, que es ya la expresión de aquél. Así, supongo
que este kóyoc, es no el simple discurso, sino laactividad de
la mente que lo precede y lo forja; es decir, el razonamiento.
El Xóyoc, no es una combinación de sustantivos con verbos,
sino que en éstos se basa para expresarse: ovxov S’óvoná-
xtüv xai prináxcov é£, a>v ó Xóyoq aovEax'r|xsv,8).
De entrada, Aristóteles pone la retórica en corresponden
cia (ctvtÍCTxpoípoq) con la dialéctica; es decir, en paralelo
con ella (7rapa<poé<;) y con la ética (xfjq nspi xá Tj&r|
npay^axEÍaq), que bien podría considerarse como lo rela
tivo a los “ciudadanos” (710X.mx.riv; en latín, ciuilis’9).
Pero, en otro lugar la hace consistir en la ciencia analítica y
en la civil, y la asemeja a la dialéctica y a los razonamientos
Rh., 1355,b,25-40.
17 Rh., 1355,b,39-40.
18 Rh., 1404,b,27-28.
19 Cic., Aiv.. V.6.
sofísticos (n pr|Topixr| aúyxsixai |iév sx xs xrjc; ávaXv-
xixf|c; e7uaTr||iTic; xai xfíq raspi xá r¡9r| 7toX.ixixfj<;, ó(ioía 5 ’
éaxiv xá (iév xrj 8iaA,£Xxixf|, xá 5é xoíc; aocpiaxixoíq
Xóyoiq). De hecho, la retórica y la dialéctica giran en
derredor de cosas que, no perteneciendo a ninguna ciencia
determinada y siendo comunes de alguna manera, pueden
llegar a ser conocidas por todos. De un modo u otro, todos
los hombres son retóricos o dialécticos, pues todos alguna
vez han intentado acusar o defenderse, y en este intento han
examinado alguna palabra o razón, y la han presentadocon
aquel propósito. Algunos lo hacen espontáneamente; otros,
por la costumbre de un hábito. Como sea, y puesto que es
posible observar la causa por la cual en ambas formas a
menudo se logra el objetivo deseado, es evidente que se
podría hacer un camino (óSo7toi£Ív), y todos están de
acuerdo en que tal estudio es trabajo propio de un arte
(xéxvriq spyov). El resultado tendrá que ser el arte retórica,
y es arte porque no mira a lo individual, sino aúna determi
nada clase de seres20.
Hay tres clases de argumentos retóricos: los que atañen
a la índole del que hace el razonamiento (év xw rjOsi xou
te'yovxoc;); los que, de algún modo, están en la disposición
del oyente (év xcp tóv áxpoaxfjv SiaOsvvcu 7icoq), y los que
se encuentran en el mismo razonamiento (év ctúxcp xcp
A.óyc(>)21.
El fin del arte retórica no consiste en persuadir, sino en
enseñar los medios para persuadir en cada caso particular22,
así como los lugares de donde el orador pueda aprender a
hacerse hábil; o bien en entimemas, es decir, en demostra
ción retórica, la cual es una especie de silogismo, y la prueba
20 Rh., 1354,a,l-9, 1355,b,22-28, 1356,a,26-28 y b,30-35, 1359,b,10-12 y
1404,a,l-2.
2lRh., 1356,a,1-3.
22 Rh., 1355,b,9ss.
de más valor, o bien en la refutación correspondiente. Y,
como el silogismo es propio de la dialéctica, es evidente que
quien mejor conozca las premisas del silogismo y su forma
ción, ése será el más hábil en el manejo de losentimemas23.
La argumentación, sin duda, debe hacerse por hombres de
reconocida probidad. En efecto, Aristóteles reprueba a los
jueces que no actúan conforme a la verdad y a la justicia, y
al mismo tiempo señala que no se debe persuadir a lo malo
(oú yáp Set xa <paüA.a 7reí$£tv), aunque es preciso persua
dir con los argumentos contrarios, para deshacer razones
injustas. Enseña, además, que solamente la retórica y la
dialéctica se valen de los contrarios para argumentar24.
Un razonamiento (Xóyoq; puede pensarse, pues, en “dis
curso”) tiene que ver, como ya se dijo, con tres circunstan
cias: el que razona, aquello acerca de lo cual se razona, y
aquel para quien se razona, es decir, el oyente. De acuerdo
con este último, como puede ser espectador (9eo>pó<;) ojuez
de lo pasado (xpixíiq xóov yeyevTiiiévGov) ojuez de lo futuro
(xpixí|<; xóov (ieA-Xóvxcov), los razonamientos retóricos se
dividen en tres géneros: deliberativo, judicial y demostrati
vo (xpía yevr| xcov A-óycov xa>v prjxopixc&v' aujiPouXexxi-
xóv, Sixavixóv, sTtiSetxxixóv)25. A cada uno de estos tres
géneros corresponden asuntos, tiempos, fines y proposicio
nes diferentes, que pueden apreciarse en el esquema de la
página siguiente, que, dicho sea de paso, no es la primera
vez que se hace.
Para los géneros judicial y deliberativo son muy impor
tantes la índole del orador y la disposición del oyente26. Para
que el orador sea digno de fe, es necesario que posea
inteligencia (<ppóvr|aiq), virtud (ápexri) y simpatía (eo-
voia)27, es decir, que sea modelo de vida.
n Rh„ 1355,a,4ss.
24 Rh„ 1355,a,20ss.
15 Rh„ 1358,a,37-39 hasta b,l-8.
2hRh., 1377,b,25-29.
»Rh.. 1378,a,7-10.
deliberativo
asunto
tiempo
fin
persuasión o
disuasión
futuro
lo útil 0
lo nocivo
y lo accesorio
judicial
acusación o
defensa
pasado
lo justo 0
lo injusto
y lo accesorio
demostrativo
alabanza o
vituperio
presente
lo honroso
lo feo
yloaccesorio
Las pasiones son aquello por lo que los hombres, al
cambiar de ánimo, se distinguen para juzgar. Al respecto,
es muy importante que el oradorconozcaen qué disposición
se encuentran las personas para cualquier cambio de estado
de ánimo, hacia quiénes pueden cambiar y en qué ocasiones
suelen hacerlo28. Aquéllas son, por ejemplo: ira, serenidad;
amor, odio; temor, valor; vergüenza, compasión, indigna
ción, envidia, emulación.
Con todo, los razonamientos debieran limitarse a la mera
demostración de los hechos, pues lo justo sería no buscar
cómo experimenten cualquier tipo de pena o placer los
oyentes (énei tó ys Síxaiov |i^5év7iXetco ^-reív rcspi tóv
Xóyov í] óx; filáis Xvneív |ir|T£ só<ppaívsiv). Sin embargo,
Aristóteles enseña cómo cambiar los estados de ánimo: en
qué disposición se encuentran las personas, hacia quiénes y
cuánto, pero no aprueba el uso de toda la gran fuerza del
razonamiento fuera de la demostración de los hechos, a no
tcov
ser cuando los oyentes son unos miserables (Siá xr)v toü
áxpoaraO |iox3r|píav)29.
Así, en la enseñanza de la retórica se necesita hablar un
poco de la palabra (ti jiixpóv ... xrjq /Vs^ecoq30; en latín,
elocutio, y dictio), ya que en nombres y verbos descansa el
razonamiento o discurso (ovtcov 5’ óvo|í (ztcov xai pr)|iá-
° X,óyo<; auv¿axr|xev31); para lo cual, aborda
temas como la claridad en la dicción, la selección de las
palabras, la metáfora, los epítetos, la frialdad en el estilo,
la imagen, la pureza del lenguaje, los vicios contra ésta, la
propiedad, el patetismo, el ritmo en la prosa, el período, la
antítesis, la parisosis, los dichos ingeniosos, el estilo y las
partes de un discurso32, las cuales son cuatro; dos, propias,
necesarias, y otras dos posibles; las primeras son la exposi
ción y la argumentación (rcpóSecnq y 7iíaTiq), y las segun
das, el proemio y el epílogo33.
29 Rh., 1404,a,3-8.
10 Rh., 1404,a,8.
51 Rh., 1404,b,27-28.
32 La síntesis de los temas de la elocutio se tomó de Antonio Tovar.
33 Rh., 1414,b,8-9.
(Hermágoras es el autor de un elaborado sistema de arte
retórica, dividido en tesis (argumento no definido por
lugares ni tiempos ni personas) e hipótesis (causa en la que
intervienen lugares, tiempos y personas), obra perdida, que
nosotros conocemos gracias a Cicerón, Quintiliano y
Hermógenes, así como otros rétores menores, como Quirio
Fortunaciano3s. Es recordado especial mente por su comple
ja y sutil clasificación de los otáoste status, y porque
reclamaba para la retórica el derecho de discutir cuestiones
morales y filosóficas de interés general, y excluía cuestio
nes técnicas que requerían conocimientos especializados
sobre un campo científico. Su disciplina es pobre en cuanto
a los ornamentos, pero muy útil para la invención. Da
razones y preceptos fijos, ordenados y que no permiten
equivocarse. Cicerón, en Inv., 1,8,12,13,16 y 97, se ocupa
ampliamente de Hermágoras, especialmente para censurar
lo.)
w Nada sobre su patria, fecha de nacimiento oalgunaotracircunstancia, nos
transmitieron los antiguos, aunque se ha dicho que nació en Temnos, Eolia, y
que floreció en la segunda mitad del siglo u, a. C., o aproximadamente en la
época de Cicerón. Cfr. Brtil., 263 y 271; también Curcio, Le opere retoriche..
pp. 21-41.
35 Las obras ciertamente auténticas de Hermógenes (s. n, d. C.) son riepi t<bv
OTóaecov y Flepi ¡Secóv. Esta última tiene que ver con las siete cualidades de]
estilo, como ingredientes en la perfección de Demóstenes; claridad (oaipiíveia),
grandeza (nsvefloq), belleza (tcáXXoq), terriblez (Topyoniq), carácter (^floq),
verdad (ákrjfleia), rigor (5eivórr|<;).

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