El sileno avanza en melancolía, en furia, en aventura. Le cae la lluvia contaminada y contaminante como el festín ante la Cornucopia. El agua le corroe la piel y el alma. Al sileno el paisaje urbanístico le produce vértigo y una excitación de un no sé qué… que lo embriaga, lo emborracha. Paisaje gris y melancólico de colores naranjas y ámbares, ciudad desolada cuando camina. El sileno mira el cielo ámbar donde no cruza ni un ave; solo observa esqueletos de árboles en los parques. El aire diurno y nocturno es un aire enfermo por siempre… ¿A dónde camina el sileno con sus manos metidas en las bolsas de unos vaqueros desteñidos? ¿Cuál es la historia a contar? ¿Quién juega en los parques de noche? El parque es gris y desolado de día y paisaje triste y frío por la noche. ¿Quién te corroe por dentro? ¿Quién te corroe por dentro como la larva el corazón de la fruta? ¿Quién escucha tu flauta cuando cae la tarde en el campus universitario? El sileno vuelve a observar los ámbares y naranjas de un sol cayendo… y delante los edificios deshabitados. El sileno atisba otras luces que titilan muy lejos y repara en los detalles: siente una gran soledad, la oscuridad de la noche que amenaza tragarlo como el ojo del cíclope. Tampoco nadie sabe cuántos años tiene el Sileno porque es una gruta enferma. Aunque tampoco tiene importancia la edad del Sileno porque sus metamorfosis en el bosque son continuas. Sileno, ¿quién escucha tu flauta en el ruido y tráfico de la ciudad?

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