CARTILLA ELECTRÓNICA DEL ESCRITOR J MÉNDEZ-LIMBRICK. Premio Nacional de Narrativa Alberto Cañas 2020. Premio Nacional Aquileo j. Echeverría novela 2010. Premio Editorial Costa Rica 2009. Premio UNA-Palabra 2004.
domingo, 8 de abril de 2012
ÁLVARO MUTIS: PREMIO CERVANTES. JUSTO RECONOCIMIENTO.
Premio Cervantes 2001
ÁLVARO MUTIS
Narrador y poeta colombiano
(Bogotá, 1923-2013).
Hijo del diplomático colombiano Santiago Mutis
Dávila y de Carolina Jaramillo. A los dos años lo
llevan a Bélgica con su padre, ministro consejero de
la Legación en Bruselas, ciudad donde vive hasta los
nueve años y donde nace su hermano. Tras la repentina muerte de su padre, regresa a
la hacienda Coello, en Colombia.
“Por periodos que, primero, fueron los de vacaciones y, luego, se extendieron más y
más, viví en una finca de café y caña de azúcar que había fundado mi abuelo
materno. Se llama "Coello" y se encuentra en las estribaciones de la Cordillera Central.
Todo lo que he escrito está destinado a celebrar, a perpetuar ese rincón de la tierra
caliente del que emana la substancia misma de mis sueños, mis nostalgias, mis terrores
y mis dichas. No hay una sola línea de mi obra que no esté referida, en forma secreta o
explícita, al mundo sin límites que es para mí ese rincón de la región de Tolima, en
Colombia”.
Los recuerdos de Bélgica, tan íntimamente ligados a su padre, y los de Coello, tan
cercanos a su madre, se transforman dentro de su mundo poético en dos paraísos
perdidos y el contraste entre Europa y América, en uno de los principales temas de su
obra.
En 1941 contrae matrimonio con Mireya Durán Solano, con quien tendrá tres hijos:
María Cristina, Santiago y Jorge Manuel.
En 1942, empieza a trabajar en la emisora Nuevo Mundo con temas literarios y en la
emisora nacional como locutor de noticias. En México es famosa la voz de Mutis en el
doblaje del programa de televisión “Los intocables”.
Por esos años compone su primer poema, del que sólo ha quedado un verso: "Un dios
olvidado mira crecer la hierba". Empieza su carrera literaria bajo una fuerte influencia
de los escritores surrealistas. A finales de la década de 1940, Mutis asiste a las sesiones
de los cafés El Molino, Asturias o El Automático, donde conoce a Luis Cardoza y
Aragón, Fernando Botero, Ernesto Volkening y Alejandro Obregón. En 1950 inicia su
amistad con Gabriel García Márquez.
En 1953 apareció en la colección "Poetas de España y América" de Losada, que
dirigían Rafael Alberti y Guillermo de Torre en Buenos Aires, su libro de poemas Los
elementos del desastre.
En 1954 se casa con María Luz Montané. De esta unión nacerá su hija María Teresa.
Debido al manejo caprichoso de unos dineros de la multinacional Esso, en la que era
jefe de relaciones públicas, Álvaro Mutis se ve obligado a dejar Colombia y, con la
ayuda de su hermano Leopoldo y unos amigos, llega a México en 1956, donde reside
hasta hoy, con dos cartas de recomendación: una dirigida a Luis Buñuel y otra a Luis
de Llano, gracias a las cuales consigue trabajo.
En el medio intelectual mexicano conoce a Octavio Paz -quien había escrito algunos
comentarios elogiosos de su poesía y le abre las puertas de los suplementos y revistas
literarias-, a Juan José Arreola, Carlos Fuentes y Elena Poniatowska, entre otros.
A los tres años de su llegada a México, Mutis es detenido por la Interpol e internado en
la cárcel preventiva de Lecumberri, más conocida como "El palacio negro", durante
15 meses. Allí devora la biblioteca del penal y monta una obra teatral llamada El
Cochambres, basada en la vida de uno de los internos. También escribe el Diario de
Lecumberri, que la Universidad Veracruzana publicará en 1960 en su colección
Ficción.
En 1964, Ediciones Era publica, también en México, Los trabajos perdidos, libro de
poemas escritos todos en ese país. En 1966 contrae matrimonio con Carmen Miracle
Feliú. En 1973 aparecen, simultáneamente, Summa de Maqroll el Gaviero, que recoge
toda su poesía hasta esa fecha, y La Mansión de Araucaíma, en donde se reúnen
todos su relatos.
El primer reconocimiento importante a la obra de Álvaro Mutis fue en 1974, con el
Premio Nacional de Letras de Colombia.
En México, colabora con los principales periódicos y revistas del país. En 1977 inicia su
columna semanal "Bitácora del reaccionario" en el periódico Uno más uno, que
después continuará en El Sol de México y Novedades. Colabora en las revistas Plural y
Vuelta, fundadas y dirigidas por Octavio Paz. Conduce "Encuentros", un programa de
la televisora Televisa dedicado a entrevistas con escritores.
Las editoriales mexicanas han editado gran parte de su obra. En 1981, el Fondo de
Cultura Económica de México edita el libro de poemas Caravansary. En 1984 la misma
editora publica en esa colección el libro, también de poesía, Los emisarios. En 1983, se
le otorga el Premio Nacional de Poesía de Colombia. En 1989, México le otorga el
Premio Xavier Villaurrutia y lo condecora con el Águila Azteca. Y en 1994 ingresa en el
Sistema Nacional de Creadores, becas para escritores creadas por el Consejo
Nacional de Cultura de México, uno de sus más altos reconocimientos.
Después de publicar algunos libros como Crónica Regia y Alabanza del Reino (1985) y
Un homenaje y siete nocturnos, en los que explora lo que según confesión propia le
interesa más: “los fantasmas que, desde mis ávidas y desordenadas lecturas de
adolescente en Coello, me visitan con asiduidad inflexible. Fantasmas nacidos en
buena parte en rincones de la historia de Occidente y en la dorada decadencia de
Bizancio, envueltos, siempre, por el tibio vaho de los cafetales”. Decide entonces
intentar en el relato algunas prosas dedicadas a Maqroll el Gaviero: Empresa y
tribulaciones de Maqroll el Gaviero, que incluye las novelas La nieve del almirante,
Ilona llega con la lluvia, Un bel morir, La última escala del Stramp Teamer, Amirbar,
Abdul Bashur¸ El soñador de navíos y Tríptico de mar y tierra.
El Fondo de Cultura Económica de México ha editado sus cuentos y ensayos bajo el
título La muerte del estratega (1988) y, con el título de Summa de Maqroll el Gaviero
(1990), su poesía escrita hasta esa fecha.
En 1997 es galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y el Premio
Reina Sofía de poesía. Y en 2001 se le concede el Premio Cervantes.
“Nunca he participado en política, no he votado jamás y el último hecho que en
verdad me preocupa en el campo de la política y que me concierne y atañe en
forma plena y sincera, es la caída de Constantinopla en manos de los turcos el 29 de
mayo de 1453. Sin dejar de reconocer que no me repongo todavía del viaje a
Canossa del emperador sálico Enrique IV, en enero del año 1077, para rendir pleitesía
al soberbio pontífice Gregorio VII, viaje de tan funestas consecuencias para el
Occidente Cristiano. Por ende soy gibelino, monárquico y legitimista”.
SEGUNDA NOTA BIOGRÁFICA:
En la ciudad Colombiana de Bogotá, nació Álvaro Mutis el 25 de agosto de 1923. Hijo del diplomático colombiano Santiago Mutis Dávila y de Carolina Jaramillo. Su padre graduado en derecho internacional, fue secretario de la Presidencia de la República y siguió la carrera diplomática, en 1925 viajó a Bélgica con su familia, como ministro consejero de la Legación en Bruselas. Álvaro tenía solo 2 años y allí vivió hasta los nueve, cuando su padre murió repentinamente, a los 33 años.
Esto determina que su madre decida abandonar Europa, junto a sus dos hijos Álvaro y Leopoldo que había nacido en 1928 para permanecer en Colombia y dedicarse al manejo de la hacienda Coello, que acababa de heredar. Los recuerdos de Bélgica, tan íntimamente ligados a su padre, y los de Coello, mas cercanos a su madre. Estos contrastes entre Europa y América, en uno de los principales temas de su obra.
En la vida de Álvaro su madre Carolina Jaramillo, tiene una gran influencia, fue una mujer de gran independencia, a quien poco le importaron las convenciones sociales, su hijo Álvaro y los personajes creados por él heredaron esta actitud ante la vida.
Álvaro Mutis no terminó sus estudios colegiales, iniciados en Bruselas en el colegio jesuita de San Michel, ya desde entonces devoraba libros de historia, de viajeros de siglos pasados y de literatura. En 1940 asiste al colegio de Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá en ultimo intento por terminar el bachillerato. Su profesor de Literatura Española fue el notable poeta colombiano Eduardo Carranza y a dos cuadras del Colegio estaban los billares del Café Europa y los del Café París. Las clases de Carranza fueron para él una inolvidable y fervorosa iniciación a la poesía, pero como él mismo lo dice, el billar y la poesía, enseñada por Eduardo Carranza en el Rosario, le impidieron terminar el colegio.
A los dieciocho años Mutis contrajo matrimonio con Mireya Durán, con quien tuvo tres hijos, y empezó a trabajar en los oficios más disímiles. Desde entonces se dio cuenta que no iba a vivir de la literatura, pero, al mismo tiempo, fue consciente de su vocación por las letras.
Su primer trabajo fue como director de la Radio Nacional de Colombia, donde fue locutor de noticias, y actor de radionovelas. Siendo locutor de dicha emisora, compuso su primer poema, del que sólo queda este verso: «Un dios olvidado mira crecer la hierba», ahí empezó su carrera literaria, en la que había una fuerte influencia de los escritores surrealistas. Sus primeros escritos, que significaron su ingreso a la vida literaria del país.
En 1948 publica doscientos ejemplares de un cuaderno de poesía `La balanza`, en compañía de Carlos Patiño Roselli, con ilustraciones de Hernando Tejada. Por esos años dirige la publicidad de la Compañía Colombiana de Seguros y trabaja como jefe de relaciones públicas de la empresa de aviación LANSA e inicia su amistad con Gabriel García Márquez.
En 1954 se casa con María Luz Montané. De esta unión nacerá su hija María Teresa.
Debido al manejo caprichoso de unos dineros de la multinacional Esso, en la que era jefe de relaciones públicas, Álvaro Mutis se ve obligado a dejar Colombia y, con la ayuda de su hermano Leopoldo y unos amigos viaja a México en 1956, donde reside hasta nuestros días. Allí Octavio Paz, quien había escrito algunos elogiosos comentarios sobre su poesía, le abre las puertas de suplementos y revistas literarias. A México también llegó con dos con dos cartas de recomendación: una dirigida a Luis Buñuel y otra a Luis de Llano, gracias a las cuales consigue trabajo como ejecutivo en una empresa de publicidad y luego como promotor y vendedor de publicidad para televisión. A los tres años de su llegada a México, se hicieron efectivas las demandas en su contra y Mutis fue detenido en la cárcel de Lecumberri, durante 15 meses. Su experiencia en la cárcel cambió del todo su visión del dolor y el sufrimiento humanos, le hizo comprender que hasta en las peores condiciones hay posibilidad de gozar la vida y entró en contacto con personas que antes, en el medio frívolo en el que se moví, pasaban desapercibidas, además, se dio cuenta que la bondad y la crueldad se manifiestan en igual medida dentro y fuera de la cárcel.
En Lecumberri, Mutis dio forma a los relatos `Saraya`, `El último rostro`, `Antes de que cante el gallo` y `La muerte del estratega` (recopilados en Cuatro relatos, 1978), a algunos de los poemas de Los trabajos perdidos (1965) y al Diario de Lecumberri (1960), también montó, en colaboración con los presos de su crujía, una obra teatral llamada El Cochambres, basada en la vida de uno de los internados.
A los pocos años de salir de la cárcel, se convirtió en gerente de ventas para América Latina de la Twentieth Century Fox, y luego de la Columbia Pictures, y continuó durante 23 años con su rutina interminable de viajes, hasta que en el año 1988 cumplió con el tiempo requerido para el retiro y pudo dedicarse a leer y a escribir. Desde entonces, publica un libro cada año.
Su obra ha sido muy reconocida y una muestra de ello han sido los muchos premios que le ha recibido: en 1974 el Premio Nacional de Letras de Colombia, en México ganó en 1985 el premio de la crítica de Los Abriles, por su libro Los emisarios (1984), en 1988 La Universidad del Valle le concedió el grado de doctor Honoris causa en Letras, y lo mismo hizo la Universidad de Antioquia en 1993, en 1988 recibió el premio Xavier Villaurrutia y fue condecorado con el Aguila Azteca por su libro Ilona llega con la lluvia (1987), en 1989 ganó en Francia el premio Médicis Étranger con La Nieve del Almirante (1986), considerado el mejor libro traducido al francés ese año, y recibió la Orden de las Artes y las Letras en el grado de Caballero de parte del gobierno de ese país, en 1990 le otorgaron en Italia el premio Nonino y el premio literario lila, y en 1993, como parte de la semana de homenaje al escritor con motivo de sus 70 años de vida, el gobierno colombiano le concedió la Cruz de Boyacá. Ha sido galardonado también con el Premio Cervantes en el 2001.
Mutis se ha convertido en uno de los escritores latinoamericanos que ha recorrido el mundo durante 50 años. Mutis, quien escribe un libro promedio por año, ha sido traducido a los idiomas francés, alemán, italiano, portugués, inglés, holandés, sueco, al alemán, al rumano, al inglés, al italiano, al francés y hasta al turco
CEREMONIA DE ENTREGA DEL PREMIO CERVANTES 2001
Discurso de ALVARO MUTIS
Majestades
Este premio que me otorga España ha venido a despertar en dos
sentidos las más antiguas y entrañables vetas de mi conciencia. Debo
explicar, en primer término, que mi relación con lo que he escrito ha
estado siempre señalada por el rigor de una autocrítica implacable y la
angustia de no haber alcanzado la plenitud y claridad de lo que he
querido decir. Abrir un libro mío, ya sea de poesía o de narrativa, es
una prueba que trato de evitar las más de las veces. Como jamás he
vivido de mi vocación literaria y me he ganado el pan en oficios muy
distantes de las letras, he tenido siempre la sensación de que mi obra
caminaba desamparada por sendas ajenas a mi diaria rutina. Hoy,
España, al concederme este Premio, otorga a mi obra un lugar y un
porvenir que, a tiempo de llenarme de felicidad, me la entrega
identificada con mi propio destino. Que sea España quien lo haya
hecho, es algo que viene a confirmar la relación esencial que he tenido
toda la vida con la patria de mis antepasados gaditanos, siempre
presentes en la diaria rutina de la vida. España, los españoles, las
letras y las artes, la historia de esta nación, conforman las
circunstancias de mi existencia, la materia siempre esencial de mis
sueños y el apoyo que me rescata en los días de angustia y
desconcierto. Creo que debo pedir aquí indulgencia por esta incursión
en las confesiones personales, que corren el riesgo de caer en la cándida
impertinencia. Pero debo reconocer que es para mí muy importante
ponerme en orden frente a tan generosa y obligante distinción como ha
sido este Premio Cervantes y quiero hacerlo ante tan egregios como
calificados testigos.
También hay otro aspecto sobre el cual quiero dar fe por tratarse
de algo que me ha marcado desde mi más temprana juventud. Se trata
de mi veneración indeclinable y cada día más cálida por la persona y la
obra de Don Miguel de Cervantes. Creo que es difícil encontrar en la
historia de las letras de Occidente, un destino más adverso, más
sembrado de injusticias, olvidos y amargos altibajos, que el que tuvo
que padecer el entrañable autor de una obra literaria incomparable y
luminosa. Recuerdo muy bien cuando leí en mi adolescencia una nota
biográfica de Cervantes en una edición escolar de El Quijote, tan
expurgada y trunca que muy pobre idea podía tenerse de lo que sería el
original. En cambio, ese parco resumen de su vida me dejó una
CEREMONIA DE ENTREGA DEL PREMIO CERVANTES 2001
Discurso de ALVARO MUTIS
impresión inolvidable. Al paso de los años la obra cervantina ha llegado
a ser para mí un ejercicio y una compañía siempre lista a despertarme
sorpresas y lecciones inagotables. Son varias las vidas de Cervantes que
he leído, siempre con el mismo acongojado sentimiento de
compasión y asombro. Cuando vuelvo a recorrer las páginas de El
Quijote, de las Novelas ejemplares –por las que confieso tener una
predilección muy particular-, de los Entremeses –que disfruto con gozo
siempre intacto- y del Persiles y Segismunda –que sigue inquietándome
como el primer día-, me intriga, y así será hasta el fin de mis días, que
este hombre que he llegado a querer con afecto que me atrevo a llamar
familiar, haya logrado una obra en donde el genio está presente en cada
línea para mostrar, con lúcida evidencia, nuestro precario paso sobre la
tierra.
Imposible no traer aquí este soneto de Borges, retrato absoluto de
Don Miguel:
Un soldado de Urbina
Sospechándose indigno de otra hazaña
como aquella en el mar, este soldado,
A sórdidos oficios resignado,
Erraba oscuro por su dura España.
Para borrar o mitigar la saña
De lo real, buscaba lo soñado
Y le dieron un mágico pasado
Los ciclos de Rolando y de Bretaña.
Contemplaría, hundido el sol, el ancho
Campo en que dura un resplandor de cobre;
Se creía acabado, solo y pobre.
Sin saber de qué música era dueño;
Atravesando el fondo de algún sueño,
Por él ya andaban Don Quijote y Sancho.
Hoy, España, de mano de Su Majestad el Rey Nuestro Señor y por
intermedio de Don Miguel de Cervantes Saavedra, reconoce mi obra y
me honra con un galardón que no puede ser más precioso para mí y
viene a poner orden y armonía en el discurrir tan a menudo ajeno e
indescifrable de mi vida. Pienso en que mis ancestros gaditanos estarán
ahora, donde quiera que Dios los tenga, atónitos y regocijados como yo
lo estoy.
Muchas gracias.
sábado, 7 de abril de 2012
Opinión: Ernesto Sábato.
Las vulgaridades de la novela
Cuenta Gide en su Journal que Valéry no se decidía a escribir una
frase como "La marquise sortit a cinq heures". ¿Y qué prueba eso? Una
novela, y hasta una gran novela, está llena de frases tan triviales como ésa,
como la vida misma: Hegel también se desayunaba. Además, una ficción es como un
continente, en que para llegar a lugares que han de fascinarnos deben
atravesarse estúpidas llanuras sin otros atributos que el polvo, el cansancio y
la monotonía.
Muchas veces me he preguntado si Valéry no consideró sus impotencias como virtudes. Apuesto a que habría querido escribir el Quijote, que está plagado de marquesas que salen a las cinco. Se pasó la vida hablando de las matemáticas y usando giros de su idioma, que los profanos admiran tanto más cuanto más los ignoran; y sin embargo no pudo aprobar el ingreso a no sé qué escuela por culpa de esas matemáticas. Pascal abandonó a los trece años a esa mujer por la que Valéry suspiró sin poder poseerla. Como para que no escribiera aquella frase rencorosa: "Pascal perdió la oportunidad de darle a Francia la gloria del cálculo infinitesimal".
Muchas veces me he preguntado si Valéry no consideró sus impotencias como virtudes. Apuesto a que habría querido escribir el Quijote, que está plagado de marquesas que salen a las cinco. Se pasó la vida hablando de las matemáticas y usando giros de su idioma, que los profanos admiran tanto más cuanto más los ignoran; y sin embargo no pudo aprobar el ingreso a no sé qué escuela por culpa de esas matemáticas. Pascal abandonó a los trece años a esa mujer por la que Valéry suspiró sin poder poseerla. Como para que no escribiera aquella frase rencorosa: "Pascal perdió la oportunidad de darle a Francia la gloria del cálculo infinitesimal".
Ernesto Sábato.
(“EL PINCEL DEL ASESINO”. Saint Hack.)
ASESINOS SERIALES
por Lidia Alegre y Erica Maidana
“Su
sangre corre lentamente, deja un pequeño hilillo bermellón que
lleva a un gran círculo color escarlata. Es joven y bella, a muerto con honor y
sin sufrimiento, consciente de cual iba a ser su fin, su rostro no se ha visto
perturbado ni por la lágrima ni por el miedo, en cierta manera me siento
orgulloso de aquella joven que postrada a mis pies, desnuda y sobria camina con irrevocables pasos
para no volver. Un preciso corte hecho por mi mano ha sesgado su vida. Los ojos
verdes como el agua de un profunda mar aún están abiertos mirándome y quizá
maldiciendo que gente como yo habitase la tierra. Siento un profundo gozo
viendo aquella silueta recortada en el suelo y gozo aún más sabiendo que mi
obra ha sido un trabajo perfecto. Ahora llega hasta mi ese cúmulo de
sensaciones que hacen que me pueda olvidar de cualquier remordimiento, llega el
éxtasis, comparable a lo
que sienten los que el polvo les siega el cerebro penetrando poco a poco pero
con fuerza. Siento que voy a morir ante tal gozo, siento que me tiembla todo el
cuerpo, me siento Dios, todo el mundo está a mis pies, la luz se proyecta, y se
refleja, la tiniebla se disipa, el cielo y el infierno se juntan en uno, Dios
le da la mano a la Bestia y ésta ríe ante Dios. Estos son los momento que me
hacen que mi vida se haga llevadera, momentos efímeros que merecen ser inmortalizados como obras de
arte. Ni el más caro de los cuadros, ni el mejor de los libros, ni el más
sublime acorde se puede comparar a la belleza del asesinato. La alevosía es la
mejor de todas las drogas y el pintar a la muerte la mejor de todas lar
recompensas.-”
(“EL
PINCEL DEL ASESINO”. Saint Hack.)
ESOPO: FÁBULAS.
11 – La zorra y la serpiente.
Se encontraba una higuera a la orilla de
un camino,
y una zorra vio junto a ella una serpiente dormida.
y una zorra vio junto a ella una serpiente dormida.
Envidiando aquel cuerpo tan largo, y pensando
en que podría igualarlo, se echó la zorra a tierra
al lado de la serpiente e intentó estirarse cuanto pudo.
Tanto esfuerzo hizo, hasta que al fin, por vanidosa, se reventó.
en que podría igualarlo, se echó la zorra a tierra
al lado de la serpiente e intentó estirarse cuanto pudo.
Tanto esfuerzo hizo, hasta que al fin, por vanidosa, se reventó.
No
imites a los más grandes, si aún no tienes las condiciones para hacerlo.
PROBLEMAS DE DIRECCIONES ELECTRÓNICAS
Hemos estado experimentando problemas con las direcciones de este blog. Mis más sinceras disculpas a los lectores de este sitio.
J.Méndez-Limbrick.
J.Méndez-Limbrick.
viernes, 6 de abril de 2012
ANNE RICE
Hablar de Anne Rice es hablar de vampiros.
Nacida bajo el nombre de Howard Allen O`Brien, desde pequeña cambió su nombre a `Anne`. Se casó con el difunto poeta y pintor Stan Rice en 1961, con quien tuvo dos hijos, Michele en 1966 y que murió de leucemia a los 5 años de edad y el famoso escritor gay Christopher Rice (que nació en 1978).
Desde pequeña estuvo interesada en temas de vampiros y brujas. En su carrera como escritora, también ha publicado con los pseudónimos Anne Rampling y A.N. Roquelaure, este último en sus primeros años y para temas más orientados a adultos, sus libros contienen constantemente mezclas de lo horroroso con lo lujurioso, destacándose en sus historias de ficción los sentimientos homoeróticos que sienten sus personajes. Sus más importantes obras bajo estos pseudónimos son la `Trilogía de la Bella Durmiente`, donde Rice dejó volar su imaginación portentosa situando la acción en sitios lejanos y palacios.
Su primer libro, Interview With The Vampire (Entrevista con el vampiro en español) fue escrito en 1973 y publicado en 1976. En 1994 Neil Jordan realizó una película basada en su libro y protagonizada por Tom Cruise y Brad Pitt y años más tarde se realizó otra película sobre el tercer libro de la serie Crónicas Vampíricas, llamada Queen Of The Damned(`La reina de los condenados`) La película fue criticada por su falta de coherencia respecto al libro original. El segundo libro de la saga, Lestat, The Vampire` se convirtió en un musical de Broadway.
En diciembre 1998 a Rice se le diagnosticó Diabetes Mellitus cuando entró en un coma diabético. Desde que empezó a tratar su condición con insulina, Rice ha sido una activista para que la gente se haga exámenes para diagnosticar la diabetes.
Por su eterna batalla contra el sobrepeso, así como la depresión por la enfermedad y consecuente muerte de su esposo en diciembre de 2002, Rice llegó a pesar 254 libras. Cansada de la apnea al dormir, la movilidad limitada y otros problemas de la obesidad, se sometió a una cirugía de bypass gástrico el 15 de enero de 2003.
El 30 de enero de 2004, Anne Rice anunció que dejaría Nueva Orleans para mudarse al suburbio de Jefferson Parish, Louisiana. Ya puso la más grande de sus tres casas en venta y planea vender las otras dos. Ella vive sola desde la muerte de su esposo y la mudanza de su hijo a otro estado. Aunque algunos aseguran que desea más privacidad de los fanáticos que acampan días en las afueras de su casa, hasta 200 personas han sido contadas esperándola luego del servicio dominical de la iglesia. También es muy requerida en las firmas de libros para los fanáticos de la ciencia ficción.
Últimamente la popularidad de Anne Rice ha decrecido bastante, en parte por las malas acogidas de las críticas literarias a sus últimas obras. Las obras más recientes, como `Sangre y Oro`, la biografía de uno de sus personajes más queridos por ella y por los lectores, Marius, no ha cuajado muy bien en las ventas, en parte debido al reciclaje intelectual que la propia autora ha hecho de
sus libros, que se parecen demasiado los unos a los otros y no alcanzan el esplendor, la novedad, y la maestría de otros títulos anteriores.
Voltaire
ABUSO DE LAS PALABRAS. Las conversaciones y los libros raras veces nos proporcionan ideas
precisas. Se suele leer en demasía y conversar inútilmente. Es, pues, oportuno
recordar lo que Locke recomienda: Definid los términos.
miércoles, 4 de abril de 2012
Maupassant: maestro del cuento.
Todos los cuentos de Maupassant son de una construcción perfecta, sin embargo, existe uno en particular que cada vez que lo leo, me causa risa, y admiro el fino humor de este genio de las Letras Universales. "El bigote", no es solo un cuento más sino que en "El bigote" Maupassant hace uso de una jocosidad pocas veces encontrada y vista a niveles tan grandes entre gigantes literarios.
MAESTRO DEL CUENTO.
Guy de Maupassant (1850-1893), autor francés considerado como uno de los grandes maestros del cuento de la literatura universal. Nació en el Château de Miromesnil, en Normandía, y estudió en Yvetot y Ruán. Durante su juventud fue miembro de un grupo literario surgido en torno al célebre novelista Gustave Flaubert, que era íntimo amigo de la familia. Fue el propio Flaubert quien formó a Maupassant en el arte de la creación literaria. La primera obra importante de Maupassant fue el cuento `Bola de sebo` (1880), incluido en el volumen Las veladas de Médan y considerado su obra maestra en ese género. En los 13 años siguientes escribió más de doscientos relatos, entre los que destacan Mademoiselle Fifi (1882) y el famoso La Parure (1884). La obra de Maupassant se caracteriza por sus variaciones sobre el tema de la crueldad humana, su realismo y su estilo sencillo. Maupassant es también autor de tres colecciones de recuerdos de viajes y seis novelas: Una vida (1883), que narra la enternecedora historia de las desventuras de una mujer casada, Bel Ami (1885), basada en el personaje de un periodista sin escrúpulos, Los dos hermanos (1888), La mano izquierda (1889) y Nuestro corazón (1890).
MAESTRO DEL CUENTO.
Guy de Maupassant (1850-1893), autor francés considerado como uno de los grandes maestros del cuento de la literatura universal. Nació en el Château de Miromesnil, en Normandía, y estudió en Yvetot y Ruán. Durante su juventud fue miembro de un grupo literario surgido en torno al célebre novelista Gustave Flaubert, que era íntimo amigo de la familia. Fue el propio Flaubert quien formó a Maupassant en el arte de la creación literaria. La primera obra importante de Maupassant fue el cuento `Bola de sebo` (1880), incluido en el volumen Las veladas de Médan y considerado su obra maestra en ese género. En los 13 años siguientes escribió más de doscientos relatos, entre los que destacan Mademoiselle Fifi (1882) y el famoso La Parure (1884). La obra de Maupassant se caracteriza por sus variaciones sobre el tema de la crueldad humana, su realismo y su estilo sencillo. Maupassant es también autor de tres colecciones de recuerdos de viajes y seis novelas: Una vida (1883), que narra la enternecedora historia de las desventuras de una mujer casada, Bel Ami (1885), basada en el personaje de un periodista sin escrúpulos, Los dos hermanos (1888), La mano izquierda (1889) y Nuestro corazón (1890).
| El bigote[Cuento. Texto completo] Guy de Maupassant | |
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martes, 3 de abril de 2012
ESOPO. FÁBULAS.
(S.VI a.C.) Fabulista griego. Pocos
datos existen sobre la biografía de Esopo, y ya en la época clásica su figura
real se vio rodeada de elementos legendarios.
06 - El águila y los gallos.
Dos gallos reñían por la preferencia de las gallinas;
y al fin uno puso en fuga al otro.
y al fin uno puso en fuga al otro.
Resignadamente se retiró el vencido a un matorral,
ocultándose allí. En cambio el vencedor orgulloso se subió a una tapia alta dándose a cantar con gran estruendo.
ocultándose allí. En cambio el vencedor orgulloso se subió a una tapia alta dándose a cantar con gran estruendo.
Mas
no tardó un águila en caerle y raptarlo. Desde entonces el gallo que había
perdido la riña se quedó con todo el gallinero.
A
quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle quien se los
arrebate.
07 - Las zorras a orillas del río Meandro.
Se reunieron un día las zorras a orillas
del río Meandro con el fin de calmar su sed; pero el río estaba muy turbulento,
y aunque se estimulaban unas a otras, ninguna se atrevía a ingresar al río de
primera.
Al fin una de ellas habló, y queriendo
humillar a las demás, se burlaba de su cobardía presumiendo ser ella la más
valiente. Así que saltó al agua atrevida e imprudentemente. Pero la fuerte
corriente la arrastró al centro del río, y las compañeras, siguiéndola desde la
orilla le gritaban:
- ¡ No nos dejes compañera, vuelve y dinos cómo
podremos beber agua sin peligro!
podremos beber agua sin peligro!
Pero la imprudente, arrastrada sin
remedio alguno,
y tratando de ocultar su cercana muerte, contestó:
y tratando de ocultar su cercana muerte, contestó:
- Ahora llevo
un mensaje para Mileto; cuando vuelva les enseñaré cómo pueden hacerlo.
Por
lo general, los fanfarrones siempre están al alcance del peligro.
08 - La zorra a la que se le llenó su vientre.
Una zorra hambrienta encontró en el
tronco de una encina unos pedazos de carne y de pan que unos pastores habían
dejado escondidos en una cavidad. Y entrando en dicha cavidad, se los comió
todos.
Pero tanto comió y se le agrandó tanto el
vientre que no pudo salir. Empezó a gemir y a lamentarse del problema en que
había caído.
Por casualidad pasó por allí otra zorra, y oyendo sus
quejidos se le acercó y le preguntó que le ocurría. Cuando se enteró de lo
acaecido, le dijo:
-¡ Pues quédate tranquila hermana hasta que vuelvas
a tener la forma en que estabas, entonces de seguro
podrás salir fácilmente sin problema!
a tener la forma en que estabas, entonces de seguro
podrás salir fácilmente sin problema!
Con
paciencia se resuelven muchas dificultades.
09 - La zorra y el espino
Una zorra saltaba sobre unos montículos, y estuvo de
pronto a punto de caerse. Y para evitar la caída,
se agarró a un espino, pero sus púas le hirieron
las patas, y sintiendo el dolor que ellas le producían,
le dijo al espino
pronto a punto de caerse. Y para evitar la caída,
se agarró a un espino, pero sus púas le hirieron
las patas, y sintiendo el dolor que ellas le producían,
le dijo al espino
-- ¡ Acudí a ti por tu ayuda, y más bien me has
herido. !
A
lo que respondió el espino:
--
¡Tú tienes la culpa, amiga, por agarrarte a mí, bien sabes lo bueno que soy
para enganchar y herir a todo el mundo, y tú no eres la excepción!
Nunca pidas ayuda a quien acostumbra a hacer el daño.
10 - La zorra y el leñador.
Una
zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un
leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a
su cabaña.
Casi
de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto
a la zorra.
El leñador, con la voz les dijo que no,
pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido.
Los
cazadores no comprendieron las señas de la mano y se confiaron únicamente en lo
dicho con la palabra.
La
zorra al verlos marcharse, salió silenciosa, sin decirle
nada al leñador.
nada al leñador.
Le
reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias,
a lo que la zorra respondió:
--Te
hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca
hubieran dicho lo mismo.
hubieran dicho lo mismo.
No niegues con tus actos, lo que pregonas
con tus palabras.
lunes, 2 de abril de 2012
DE LOS CAFÉS LITERARIOS A LAS REDES SOCIALES.
Hoy por hoy siento y no siento nostalgia por los "desaparecidos" cafés literarios en el ámbito universitario y algunos centros de la capital. ¿La razón? Las redes sociales han ocupado ese espacio y lo han ocupado con creces. Es cierto, que ya no se puede oler el café del vecino de al lado en la tertulia de las 4 pm, ni estar envuelto en un humo constante de los cigarros que nos fumábamos, ni escuchar como una música de fondo a los demás comensales pero, es innegable que la inmediatez de las redes sociales han encontrado un campo fértil para los escritores y los amantes de la LITERATURA.
¿Razones? Muchos escritores o amigos literarios por múltiples ocupaciones no pueden sentarse con nosotros a platicar sobre la LITERATURA pero, con las Redes Sociales lo hacen a distancia.
También es innegable que las Redes Sociales han hecho un acercamiento posible de generaciones nuevas y viejas de escritores que se dá con la red. Antes lo anterior era imposible.
Y esa interacción necesaria hace que nuestra literatura sea más viva, más lúcida. El intercambio de información de noticias literarias actualmente nos enriquece a todos.
Lo acepto: la nostalgia del pasado por momentos me abruma - digo por momentos- porque si no fuera por las redes sociales la vida de muchos escritores- y me incluyo- fuera más lineal, monocromática y sin discusiones como las que enfrentamos en ocasiones en la Red. Además, así es la vida: un continuo cambio, un renovar constante, nada está quieto, todo gira en la realidad, la literatura también.
Es por tal razón que deseo compartir este artículo que me encontré en la red. Es un artículo sobre los cafés literarios ya hoy prácticamente desaparecidos. Es un artículo interesante, ojalá que lo disfruten como lo he disfrutado yo.
J.Méndez-Limbrick.
Literatura y decadencia del café
Los establecimientos que antaño albergaban tertulias literarias y artísticas se han visto sustituidos por bares donde lo que interesa son transeúntes desleídos que ocupen el menor tiempo posible las mesas
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George Steiner escribió en su obra 'La idea de Europa' que "Europa está hecha de cafés. Dibujad un mapa de los cafés y tendréis uno de los indicadores esenciales de lo que es Europa. La idea de Europa tendrá contenido mientras haya cafés". Estos locales donde se cultivó la mejor literatura en los siglos pasados han languidecido con el paso del tiempo y finalmente han ido desapareciendo, víctimas de la aceleración de la vida moderna. Los cafés de hoy solo quieren transeúntes desleídos y ambulantes, aves de paso: ya no hay tiempo para hacer estancia en el local y se han impuesto esos bares con una larguísima barra donde pasar el menos tiempo posible
MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ | A CORUÑA El café ha sido uno de los temas más fértiles que ha tenido la literatura moderna. De la relación del café con la ciudad, con la bohemia y, por supuesto, con la literatura, se podrían escribir cientos de páginas y el asunto no se agotaría. Si me perdonan la redundancia, diría que no pocas páginas sobre el café, se han escrito en el café tomándose el escritor una taza de café. La homofonía no debería confundirnos porque se trata de tres cafés absolutamente distintos. El arranque de la saga cafetera estuvo naturalmente en el brebaje, en la negra infusión oriental que se extendió por todo nuestro continente a lo largo del siglo XVII, pero aquel café-infusión -y esto es lo que aquí nos importa- dio luego paso a todo el fantástico universo del café-lugar que, haciéndose cultura y civilidad, nos deja después magníficas páginas en ensayos, poesías y novelas.
El viejo café ha sido un magnífico paisaje literario, posiblemente por su inequívoca condición metafórica. El café era un lugar de sedimentación. Y como un espejo que reproducía -en ocasiones distorsionado, pero se contaba con ello- todo lo que sucedía de puertas afuera.
El pago de una modesta consumición legitima la ocupación de una mesa que casi siempre será la misma y que así deviene despacho precario pero propio o, más precisamente, apropiado, estimulante, un lugar que a determinadas horas puede ser luminoso, tranquilo y caldeado. También es cierto que para escribir en el café es imprescindible mantener una cierta complicidad con el dueño del local, para que no nos desalojen por la permanente ocupación de la mesa como hace doña Rosa en La Colmena celiana, novela que tiene su epicentro en el café. Autores como Pla, Sender, Baroja, Larra, Umbral, Benet, Camba, Cunqueiro, Ridruejo, Delibes, Perucho, Gil de Biedma y Gómez de la Serna, entre muchos otros, han confesado su inveterada costumbre de apalancarse en un café para escribir. Y también lo hicieron personajes más sesudos como Roland Barthes, Zweig, Walter Benjamin, Habermas o George Steiner. La relación sería interminable.
El viejo café era de los pocos sitios en los que se podía estar a solas y, sin embargo, sentirse acompañado. Era un lugar privativo y compartido, un ámbito intersticial entre lo público y lo privado. El café era un escenario de rituales y tipologías humanas, en el que cada parroquiano interpretaba su papel que, aunque no tenía guión, era absolutamente predecible en sus apariciones, en sus gestos, en lo que decía y dejaba de decir. En el viejo café todos o casi todos se conocían, circunstancia que creaba una cálida familiaridad y camaradería. Y el café era, también, un mundo de continuas paradojas: en el café pasaba de todo, pero, por otra parte, nunca pasaba nada. En el café todo cambiaba para seguir igual. Estaba siempre en movimiento y, sin embargo, daba la impresión de una absoluta calma. Los rostros cambiaban según las horas, pero se mantenían los corrillos alrededor de las mismas mesas y persistía una base fija de parroquianos que eran como el común denominador, el nexo que daba continuidad y ligadura a una pluralidad siempre necesaria, porque nada era peor que el café endogámico y exclusivo, el casino de una sola tribu. El viejo café era, en fin, como un puerto de mar: mientras unos llegaban, otros se iban.
Aquel viejo café, sin embargo, a pesar de sus méritos, fue languideciendo y finalmente desapareció, víctima de la aceleración que nos ha impuesto la vida de hoy. El café sufrió las mismas transformaciones que la ciudad de la que era parte sustantiva. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el café degeneró en bar y cafetería. Walter Benjamin, asiduo del café Prinzess de Berlín, donde escribió buena parte del Origen del drama del barroco alemán, comenta que su trabajo se vio abortado cuando el Prinzess se convirtió en una cervecería-restaurante. Confiesa que vivió aquel cambio como un desahucio. En toda Europa, el café se fue convirtiendo en algo meramente atópico y epilogal, en un ámbito anacrónico. El café quedó demodé. Resulta curioso, sin embargo, que aunque el viejo café no ha encontrado sustitución, a los lugares en los que chateamos les llamamos cibercafés y reproducen virtualmente la función socializadora del viejo café. También hemos intentado reproducir la atmósfera del viejo café o rehabilitar los que quedaban en pie -el Florián en Venecia, el Central en Viena o el Zúrich en Barcelona-, pero sólo hemos conseguido una penosa museización, una fetichización caricaturesca, un escenario para turistas. Burdas copias. Cafés sin alma porque les falta lo esencial, la atmósfera que creaban sus parroquianos, los asiduos personajes del café. Y nada es ya lo mismo. Los cafés de hoy sólo quieren transeúntes desleídos y ambulantes, aves de paso. Hoy no tenemos tiempo para hacer estancia en el café y ésta es la razón de que se haya impuesto ese bar tubular que apenas tiene mesas y en los que todo se reduce a una larguísima barra con taburetes para que la incomodidad nos haga levantar las posaderas. Tampoco se trata de lamentar la desaparición del viejo café que, por lo que decimos, resulta inviable. Al fin y al cabo, es algo que ya predijo Gómez de la Serna con su tajante afirmación: "Los cafés son humanos, demasiado humanos, así que mueren porque son mortales".
El viejo café ha sido un magnífico paisaje literario, posiblemente por su inequívoca condición metafórica. El café era un lugar de sedimentación. Y como un espejo que reproducía -en ocasiones distorsionado, pero se contaba con ello- todo lo que sucedía de puertas afuera.
El pago de una modesta consumición legitima la ocupación de una mesa que casi siempre será la misma y que así deviene despacho precario pero propio o, más precisamente, apropiado, estimulante, un lugar que a determinadas horas puede ser luminoso, tranquilo y caldeado. También es cierto que para escribir en el café es imprescindible mantener una cierta complicidad con el dueño del local, para que no nos desalojen por la permanente ocupación de la mesa como hace doña Rosa en La Colmena celiana, novela que tiene su epicentro en el café. Autores como Pla, Sender, Baroja, Larra, Umbral, Benet, Camba, Cunqueiro, Ridruejo, Delibes, Perucho, Gil de Biedma y Gómez de la Serna, entre muchos otros, han confesado su inveterada costumbre de apalancarse en un café para escribir. Y también lo hicieron personajes más sesudos como Roland Barthes, Zweig, Walter Benjamin, Habermas o George Steiner. La relación sería interminable.
El viejo café era de los pocos sitios en los que se podía estar a solas y, sin embargo, sentirse acompañado. Era un lugar privativo y compartido, un ámbito intersticial entre lo público y lo privado. El café era un escenario de rituales y tipologías humanas, en el que cada parroquiano interpretaba su papel que, aunque no tenía guión, era absolutamente predecible en sus apariciones, en sus gestos, en lo que decía y dejaba de decir. En el viejo café todos o casi todos se conocían, circunstancia que creaba una cálida familiaridad y camaradería. Y el café era, también, un mundo de continuas paradojas: en el café pasaba de todo, pero, por otra parte, nunca pasaba nada. En el café todo cambiaba para seguir igual. Estaba siempre en movimiento y, sin embargo, daba la impresión de una absoluta calma. Los rostros cambiaban según las horas, pero se mantenían los corrillos alrededor de las mismas mesas y persistía una base fija de parroquianos que eran como el común denominador, el nexo que daba continuidad y ligadura a una pluralidad siempre necesaria, porque nada era peor que el café endogámico y exclusivo, el casino de una sola tribu. El viejo café era, en fin, como un puerto de mar: mientras unos llegaban, otros se iban.
Aquel viejo café, sin embargo, a pesar de sus méritos, fue languideciendo y finalmente desapareció, víctima de la aceleración que nos ha impuesto la vida de hoy. El café sufrió las mismas transformaciones que la ciudad de la que era parte sustantiva. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el café degeneró en bar y cafetería. Walter Benjamin, asiduo del café Prinzess de Berlín, donde escribió buena parte del Origen del drama del barroco alemán, comenta que su trabajo se vio abortado cuando el Prinzess se convirtió en una cervecería-restaurante. Confiesa que vivió aquel cambio como un desahucio. En toda Europa, el café se fue convirtiendo en algo meramente atópico y epilogal, en un ámbito anacrónico. El café quedó demodé. Resulta curioso, sin embargo, que aunque el viejo café no ha encontrado sustitución, a los lugares en los que chateamos les llamamos cibercafés y reproducen virtualmente la función socializadora del viejo café. También hemos intentado reproducir la atmósfera del viejo café o rehabilitar los que quedaban en pie -el Florián en Venecia, el Central en Viena o el Zúrich en Barcelona-, pero sólo hemos conseguido una penosa museización, una fetichización caricaturesca, un escenario para turistas. Burdas copias. Cafés sin alma porque les falta lo esencial, la atmósfera que creaban sus parroquianos, los asiduos personajes del café. Y nada es ya lo mismo. Los cafés de hoy sólo quieren transeúntes desleídos y ambulantes, aves de paso. Hoy no tenemos tiempo para hacer estancia en el café y ésta es la razón de que se haya impuesto ese bar tubular que apenas tiene mesas y en los que todo se reduce a una larguísima barra con taburetes para que la incomodidad nos haga levantar las posaderas. Tampoco se trata de lamentar la desaparición del viejo café que, por lo que decimos, resulta inviable. Al fin y al cabo, es algo que ya predijo Gómez de la Serna con su tajante afirmación: "Los cafés son humanos, demasiado humanos, así que mueren porque son mortales".
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QUÉ SE ENTIENDE EN LITERATURA COMO: LÍRICA OSCURA? POR ENRICO GIOVANNI PUGLIATTI Y J. MÉNDEZ-LIMBRICK
QUÉ SE ENTIENDE EN LITERATURA COMO: LÍRICA OSCURA? En literatura, la “lírica oscura” se entiende como una vertiente poética caracterizada ...







