martes, 16 de junio de 2026

Juan Manuel Macías Cercedilla POESÍAS Safo Traducción , presen tació n y notas d e J uan M anuel Macías E stu d io so bre Safo y la literatura españo la d e Manuel Sanz Morales

 


De lunas y lunáticos 

Los hábitos del tiempo y el abuso de los comentarios a pie de página, conjurados con las mareas del folklore, suelen ser causa suficiente para que un poeta entre en el reino de la leyenda. Homero, el primer poeta conocido de occidente, se ha convertido en alguien tan fabuloso como las sirenas. El nombre de Safo, la poetisa de Lesbos, tampoco ha logrado evitar este curioso destino. Ignoro si ella llegaría siquiera a entrever las dimensiones y consecuencias de su fama postuma. Al menos parece desprenderse de algunos de sus fragmentos cierta cla rividencia al respecto. El ejemplo más notorio son cuatro versos que toman la forma de un venenoso desquite contra una desconocida. 

 Esta —vendría a decir el poema— morirá anónima y se convertirá en una sombra vagando entre iguales por el antro de los muertos. Pero otro muy distinto será el destino que depara a la cantora, a la tocada por las Musas. Ante la jactancia de Safo diremos en su descargo que es un vicio deplorable juzgar la intención de un poeta por sus versos, porque los versos suelen tomar caminos que el poeta desconoce y no pocas veces optan por la traición a lo que el poeta se afana por decir. Y este poema, como todo poema de Safo (como todo buen poema), es capaz de ser inocente y pérfido según le dé la luz. Haya o no surgido el fragmento aludido de un arrebato de bisoña vanidad, lo cierto es que la música de esos cuatro versos parece haber asumido el compás de una sentencia de hierro, y el tiempo, el mismo tiempo que ha ensombrecido con un tono otoñal la piel de los papiros, también se ha encargado de ceñir el poema de un halo de amargura y trazar en él la condena del poeta. El poeta tiene el más extravagante de los oficios y en no pocas veces el más clandestino, pues a menudo tendrá que ponerse una máscara ante el mundo para apaciguar su conciencia o mitigar su vértigo, para II encontrar el sustento en muchos campos de batalla y numerosas mer caderías, y para buscar el sueño de su propia vida en ese algo parecido a un interminable y lúcido espejismo que es la poesía, arte tan antiguo, tal vez, como el hombre que es capaz de recordar. La poesía había tocado a Safo ineludiblemente y lícito es que así lo confesase ante ella misma y ante su posible auditorio. Una declaración de principios en toda regla. Pero los envidiados regalos de las Musas suelen llevar veneno, porque no sólo le dieron un ritmo para medir las íntimas zozobras y las mareas del corazón. El nombre de Safo ya nunca más sería un murmullo para el mundo, diluido en el tiempo y enterrado en una isla de Asia Menor. En el envío de las Musas venía incluido, sin derecho a devolución, el entramado de la gloria. Y así es como este nombre ha ido ya desde antiguo errando de boca en boca y de página en página dando lugar a toda una progenie de espectros multiplicada en progresión geométrica hasta nuestros días. La divisa de la plebe en armas parece ser ésta: acceder a la vida del poeta es in dispensable. Si no puedes hacerlo, tienes derecho a inventártela. Sabemos que los griegos eran firmes partidarios de tal divisa. 

Sa- cralizaban a sus poetas y les concedían una mitología e, incluso, una teogonia para ilustrar sus andanzas terrenales. De este modo fueron modelándose y enriqueciéndose las fábulas sáficas con más y más con tingencias. Pero se precisaba alguien que fuera capaz de refundir el acervo de los patios de vecindad, un espíritu capaz de darle un toque de refinamiento y elevación al magín de los buhoneros. Y es entonces cuando entra en escena una de las más asombrosas contribuciones del crepúsculo de aquellos viejos griegos, un personaje acaso tan singular como el propio poeta: el filólogo. Cierto es que el pueblo nunca dejó de practicar en los malabarismos con Safo obteniendo innegables re sultados, pero nunca esta historia, sin la ayuda del gabinete erudito, habría alcanzado tales grados de esperpento. El filólogo es una corrupción morbosa del bibliotecario, y también es una de las muchas pruebas de que no vivimos en el mejor de los mundos. Podríamos pensar en una utopía donde entre poema y audi torio nunca se interpusiesen mediadores ni ruido de fondo. Pero, por desgracia, a toda edad de los poetas sucede la edad de los filólogos, 12 y la música que fue propagada se convierte en el texto que ha de ser fijado. Y, sobre todo, interpretado. Interpretar es la palabra mágica y el salvoconducto del filólogo. Sobre el poema inerte ha de caer todo el engranaje de la exégesis, se ha de penetrar a toda costa en el tabernácu lo, es necesario interrogar a todos los testigos que salgan al paso. Una de las más conocidas supersticiones del filólogo es pensar que la realidad y la biografía son una ruta legítima para acotar los arcanos de la poesía. Otra bien podría ser esa enfermiza obsesión por erigirse en gendarme de las imágenes y las metáforas. Si el poeta está presente para ser sonsacado, mejor que mejor: sus palabras pueden dar una aparente sensación de seguridad en el camino, por más que el poeta no suela estar muy enterado de lo que se trae entre manos. 

Pero lo cierto es que la maquinaria filológica tiende a funcionar con mayor agilidad en ausencia del autor. Nada más esclarecedor que el caso de Safo, nombre seductoramente lejano incluso para el primero de los bibliotecarios que se interesó por ella en la antigüedad con un talante taxonómico. Desde entonces no han dejado de crecer y multiplicarse a su alrededor eso que el siempre lúcido Steiner dio en llamar los «textos parasitarios». Sin ánimo de simplificar las cosas excesivamente, podríamos redu cir el inagotable debate académico a dos principales obsesiones. Una de orden general, a saber: ¿quién era Safo? (extensión hecha a veci nos, amigos y allegados); la otra de orden particular: ¿con qué género gramatical se acostaba Safo? (a ser posible, con nombres). Sobre esta última, bautizada con el eufemismo alemán de Sapphofrage («cuestión sáfica»: las más celebres obsesiones filológicas tienen nombre alemán, curiosamente), y que es la enésima variación de la estulticia, no puedo dejar de citar las indignadas palabras de D. Manuel Fernández Galiano allá por 1958, que tan atinado solía escribir de nuestra autora: Y digo monstruosa [la Sapphofrage] por lo que de repugnante, de des agradable y hasta de ridículo tiene el presenciar cómo se diserta docta mente, a veces en latín, sobre si tal o cual fragmento demuestra que la poetisa llegó o no a ciertos extremos en sus devaneos amorosos1 'Manuel Fernández Galiano, Safo. Conferencia publicada en Cuadernos de la Fundación Pastor. Madrid, 1958. 13 Sería desbordar los límites de estas líneas, y ocioso por cierto, pasar revista a todos los avatares de la cuestión sáfica. Baste con citar uno de sus más bufonescos momentos, y que mejor ilustran las palabras de Fernández Galiano, cuando el hallazgo de un papiro disperso suscitó un acerado debate, transcendiendo la candidez de la lingüística, sobre si unas dudosas letras en la cobriza superficie podían delatar o no la pala bra griega ólisbos (cierto artificio consolador para el sexo femenino). Si las disquisiciones de la aristocracia académica se han perdido en semejantes vericuetos, si se han llenado aplastantes volúmenes e incontables artículos sobre los verdaderos sentidos del léxico sáfico, o sobre cuál era realmente la ocupación en vida de la poetisa (maestra de ceremonias de un club religioso, regidora de una suerte de internado femenino, educadora de vírgenes, directora de coro, propietaria de un burdel, etc), en resumen, si por los pasillos de las universidades y el silencio de las bibliotecas los versos lejanos se han convertido en una simple ofuscación historicista poco acostumbrada a las emociones fuertes, no es menos cierto que lejos de estos laberintos Safo seguía siendo un personaje popular que alimentaba una leyenda paralela. También sería demasiado prolijo para el presente texto referir la recepción de Safo en esa selva asfixiante que solemos llamar la «Cul tura». 

Pero lo cierto es que la luna de Safo ha mudado una y otra vez con las edades de occidente y nuestra autora se ha revestido con mil y un disfraces según apuntaban las veletas de las éticas y las estéticas. De este modo ha ido vagando, como Ulises, por los puertos más dispares y extraños de los hombres. El homenaje de su propio gremio, con varia fortuna y cambiantes intenciones, nunca le ha faltado desde esa antigüedad en que ella misma ya era sentida como lejana. Catulo parodió con seriedad su célebre phaínetai moi kénos en su despreocupado y juvenil poema de amor a Lesbia en estrofa sáfica (carmen lv ): lile mi par esse deo uidetur, ille, si fas est, superare diuos qui sedens aduersus identidem te spectat et audit Η dulce ridentem, misero quod omnis eripit sensus mihi: nam simul te, Lesbia, aspexi, nihil est super mi tum quoque uocis, (...) El múltiple Horacio encontró también buen acomodo en inolvida bles composiciones con la misma estrofa: Iam satis terris niuis atque dirae grandinis misit Pater et rubente dextera sacras iaculatus arces terruit Vrbem, terruit gentis, graue ne rediret saeculum Pyrrhae noua monstra questae, omne cum Proteus pecus egit altos uisere monti, (...) Estrofa que, por otra parte, con la evolución del latín de su antiguo acento tonal al acento de intensidad, acabó por adquirir inesperadas sonoridades en los primitivos himnos de la Iglesia: Vocis auditae novitae refulsit Regis adventum recinens superni; Det suos terra pariendo flores Jure coronis.2 (...) Y cuyo eco recogería en castellano nuestro Esteban Manuel de Villegas en ese delicado ejemplo de orfebrería verbal y paganismo de guardarropía que es su Oda al Céfiro·. Dulce vecino de la verde selva, huésped eterno del abril florido, 2Himno datado en el siglo v y atribuido a San Saturnino. 15 vital aliento de la madre Venus, céfiro blando; si de mis ansias el amor supiste, tú que las quejas de mi amor llevaste, oye, no temas, y a mi ninfa dile, dile que muero. Filis un tiempo mi dolor sabía; Filis un tiempo mi dolor lloraba; quísome un tiempo, mas agora temo, temo sus iras. Así los dioses con amor paterno, así los cielos con amor benigno, nieguen al tiempo que feliz volares nieve en la tierra. Jamás el peso de la nube parda, cuando amanece en la nevada cumbre, toque tus hombros, ni su mal granizo hiera tus alas. 

Estrofa que Swinburne también utilizó en su personal cumplido con la cantora de Lesbos (a quien, dicho sea de paso, tenía por «the greatest poet who ever was at all») titulado Sapphics·. Ah the singing, ah the delight, the passion! All the loves wept, listening; sick with anguish, Stood the crowned nine Muses about Apollo; Fear was upon them, While the tenth sang wonderful things they knew not. Ah the tenth, the Lesbian! the nine were silent, None endured the sound of her song for weeping; Laurel by laurel. 16 Faded all their crowns; but about her forehead, Round her woven tresses and ashen temples While as dead snow, paler than grass in summer, Ravaged with kisses, Shone a light of fire as a crown for ever. Yea, almost the implacable Aphrodite Paused, and almost weept; such a song that song, Yea, by her name too Called her saying, ‘Turn to me, O my Sappho;’ Yet she turned her face from the loves, she saw not Tears for laughter darken inmortal eyelids, Heard not about her. A modo de paréntesis, y sin dejar el ámbito anglosajón, no puedo prescindir de la cita de un curioso espécimen de Ezra Pound donde, más que a nuestra poetisa, a lo que parece homenajear es al propio tiempo que ha desgastando los papiros y mutilando caprichosamente sus versos. Lacónico poema titulado Papyrus: Spring................. Too long............ Gongula............ Pero, para terminar este breve repertorio de versos, y volviendo a nuestro país, una de las más bellas composiciones hacia la lesbia ha bría de partir de Jorge Guillén. A l margen de Safo por un lado asume el juego jocoso con un género literario al dedicar su última estrofa a Villegas; por otro, más allá de las estatuas griegas de cartón piedra, de las reivindicaciones militantes, de los intelectualismos espesos y de los descoloridos revivals bajo los cuales tan a menudo suelen quedar ahogados los versos sáficos, se limita a ser sólo poesía dentro de la poesía, un gozoso entendimiento entre poetas de verdad: Ya los pastores que el jacinto huellan, Vuelven en paz con sencillez de oscuros. 17 Atis ya implora su secreto a Safo, Noche lunada. «Mis labios buscan el mejor abismo Mientras las olas a las playas traen Ecos y flecos del abismo ignoto Que nos alienta.» Noble estatura, la cabeza altiva, ímpetu brusco y lentitud de celo, Tierna hasta el llanto, caprichosa, fuerte, Ávida humilde. Dulce Villegas que al presente ritmo Diste un acento de fervor con gracia: Te restituyo tu joyel de músico. ¡Sáfico Adónico! Porque, digámoslo de una vez, hablar de Safo es hablar, ni más ni menos, que de poesía, lo cual significa no sentirse en la obligación de hablar. Y el adjetivo sáfico no se puede entender sino como un sinóni mo más del misterio poético. Tales fueron los quehaceres de esta mujer hilvanadora de palabras en esa rueca secreta cuyos engranajes nadie está en posición de desentrañar ni comprender, afortunadamente para todos los que necesitan la poesía para llegar a levantarse cada mañana con algo de decencia. 

Las palabras son pozos sin fondo de sueños colectivos, en su legado acumulan innumerables estratos de vidas, ciudades, portentos y caminantes, y resuenan en cada labio, siempre distintas e iguales, desde un abismo inmenso donde la etimología y la gramática apenas logran asomarse sin un escalofrío de vértigo. No le faltaba razón a Jakobson cuando decía que era preciso, antes que estudiar la gramática de la poesía, indagar en la poesía de la gramática. Las palabras que los hombres se transmiten, verdadero Viento delpue blo, son la llana materia prima del poeta para que éste las reinvente, y su arte no podrá entenderse nunca sin lenguaje (o sin silencio, que es una de las formas más extrañas del lenguaje.) Hablar de Safo es hablar de las palabras y el resto, los mapas de su vida, sus odios y sus amores, 18 las casualidades de ser mujer y griega, de haber vivido en una isla de Asia Menor de afamadas sonoridades y pertenecer a ese colectivo que solemos llamar «los antiguos», todo eso no es más que materia del tiempo y de las nubes. Por lo cual no hay mejor manera de adentrarse en los versos sáficos que desde una saludable posición de ignorancia. Homero fue un gran fingidor de mundos. Le fue deparado el infinito e irracional asedio de Troya y las no menos irracionales e infinitas travesías de Odiseo. Safo, tan aventurada como el viejo cantor de la epopeya, también se entregó a esas invenciones y a edificar una mitología propia donde el principal protagonista, el paladín de la épica del corazón y de los desgarros, se llamaría Safo. El paisaje, plagado de flores y veneno a partes iguales, fatigado por la cambiante brújula de Afrodita, casi siempre desemboca en un ancho mar sereno o en un cielo estrellado llenos de preguntas sin respuestas, acertijos del tiempo, separaciones y añoranzas. Es un orbe en que detrás de cada guiño de la primavera se encuentra acechando la mano casta del otoño o, para ser más precisos, donde las desmesuradas flores no existen sino para justificar la hojarasca. Y donde el compás riguroso de las sílabas conduce al forastero a encontrarse no tanto con el rostro de Safo sino con el suyo propio. Así pues, Atis, Anactoria, Góngula y tantos otros nombres que en tretejieron los días de Safo se han convertido, gracias a la alquimia de la poetisa (siempre escondida tras las tramoyas de sus versos), en una palabra hechizadora y multiforme. 

Una palabra que abrirá la única puerta destinada a cada lector. La leyenda de Safo seguirá dando vueltas, qué duda cabe, y su nom bre rebotando en innumerables ecos. Pero la cantora siempre se guar dará un as en la manga, amargo triunfo. Porque para siempre se habrá puesto la luna y la noche será tierra de nadie en unos versos que mere cen en justicia la memoria, que brillan más allá de las vestiduras de la danza o el ámbito del ritual o el silencio de la tipografía; versos cuya bonanza consiste en no reflexionar ni dar respuestas y que parecen ha berse dicho por primera vez en ningún tiempo y en ningún lugar. 19 E sta traducción No voy a fatigar demasiado la superstición de la fidelidad en una traducción de poesía. Empezaré por sugerir que, ante un poema, la traducción es un fracaso consumado pero también un género literario al que no queda más remedio que resignarse. En el caso de Safo parece que las dificultades se multiplican: la anti güedad de la lengua y el exotismo de su dialecto, el que sus poemas se hayan transmitido mayormente en un estado de perpetua mutilación —con el entramado crítico y el inagotable repertorio de conjeturas que ello conlleva— y, sobre todo, la imposibilidad de hacer sentir a nuestros oídos la sonoridad de una poesía apoyada en unos hechos lingüísticos totalmente ajenos al castellano. Sin embargo, con la misma lejanía y parecidos fracasos se puede uno topar al traducir, por poner un ejemplo, versos del portugués moderno. La poesía seguirá cerrada a cal y canto. Puestas sobre la mesa las imposibilidades, no queda más remedio que aceptar que toda traducción de poesía ha de ser una recreación poética. Baste con este adjetivo. Sobre si ha de ser en verso o prosa no seré yo quien siente cátedra. Primero porque, en poesía, los linderos entre prosa y verso son muy imprecisos. Segundo, porque escribir versos convenientemente acentuados no conduce necesariamente al poema y, no lo olvidemos, los tratados de métrica son posteriores a los poetas. Sirva como ilustración a lo dicho que muchas de las más hermosas traducciones a Homero están en prosa y transmiten más emoción poética que tantas otras en verso. En lo que hace a esta traducción de la poesía de Safo, he optado por un verso castellano de corte más o menos tradicional, dentro de un paisaje vagamente de silva y una obsesión —que no juzgo rele vante— por conservar el número original de versos. En absoluto me he preocupado por intentar reproducir el ritmo de aquellos poemas, lo cual no quiere decir que condene otras traducciones de Safo por haber seguido estos caminos y cuyo juicio merece horizontes más amplios que el del verso elegido. Pensemos en Rubén Darío, que escribió admirables composiciones en unos pretendidos hexámetros 20 que eran deliciosamente inverosímiles. Tan cierto como que también encontramos en nuestra lengua delincuentes ejemplos de versificación «a la griega». 

En mi caso, desestimar estos artificios viene simplemente por no creer en la fidelidad de los mismos. Por otra parte, tampoco me he preocupado por traducir sistemá ticamente los poemas en estrofa sáfica con la llamada «estrofa sáfica castellana», tal y como hicieron en nuestro país los primeros traduc tores de nuestra poetisa. Como en el anterior caso, el ritmo de esta estrofa, resultado caprichoso de la evolución acentual del latín, sería ininteligible a oídos de Safo. El lector encontrará, no obstante, que el poema 6 está traducido en este tipo de estrofa. La elección obedece a un divertimento esporádico. Llegados a este punto, no estaría de más una aclaración a lo que se entiende por la poesía de Safo. Hoy día es inevitable la figura del lector que mantiene una relación tipográfica con la obra del poeta. Pensemos en el escenario habitual: el decurso de los caracteres se sigue en silencio con los ojos mientras el lector se dice a sí mismo los versos. Pero no es bueno olvidar que ya había poetas antes de la llegada de los hombres de letras y que la literatura no es más que uno de tantos atuendos tras los que se esconde la poesía. Safo vivió en una época que no conocía los libros3; sin embargo, nadie puede dudar de que sus poemas tuvieran otros canales igual de legítimos, tanto públicos como privados. Sobre los primeros algo sabemos, pues la poetisa solía componer epitalamios o canciones de boda por encargo. Apenas co nocemos la escenificación y las tramoyas de aquellos ritos, pero estas composiciones sáficas tendrían que ceñirse a unos esquemas tradicio nales y fijos, verdaderas cárceles a las cuales la lesbia pareció entregarse 3Pero sí la escritura, aunque con esto debemos movernos con delicadeza. Primero, porque el uso de la escritura alfabética, a pesar de llevar ya unos doscientos años des cubierta por los griegos en época de Safo, debía de tener aún un uso muy restringido. Segundo, porque la relación de un poeta con la escritura siempre ha sido en toda época, cuando menos, complicada. El tiempo y las costumbres han terminado por confundir los conceptos de poeta y escritor. Yo creo que con Safo es necesario dejar claro y autónomo el primero. Por otra parte sospecho que si Safo se valió de la escritura, hubo de tener esta herramienta como algo secundario, una especie de prótesis para la memoria, como probablemente también sucedió en el caso de Homero. 21 con entusiasmo, verificando el hecho de que no existe el verso libre sino el poeta libre.

 En cuanto a su poesía más de puertas adentro, aquí ya empezamos a pisar terreno resbaladizo si nos obsesionan demasiado los cómos y los dóndes, aunque no mentiríamos demasiado si nos atreviéramos a afirmar que la música, la danza o, incluso la mímica, no deberían de andar muy lejos: en todo caso, meros envoltorios como este libro que el lector tiene entre sus manos. La poesía de Safo es el resultado del auditorio que recuerda y en él tiene su razón de ser, porque la poesía es materia de lenguaje y el lenguaje materia de la memoria cambiante: versos para cantar en las fiestas, versos para reír con los cercanos, versos para susurrar al oído o, simplemente, versos para decirse en soledad, ya que el auditorio de Safo bien pudo ser muchas veces ella misma. Y luego vendría, inevitablemente, la literatura. Papiros desvencijados que conservan los ecos de las primeras —y artificiosas— compilaciones alejandrinas; citas dispersas en otros autores antiguos, las más con fines anodinamente gramaticales o ejemplificadores; versos hechos añicos sobre una vasija rota. Y, sobre todo, un inmenso repertorio de silencios. En eso ha quedado la poesía de Safo tras la marcha de su auditorio. Y de semejante escombrera se nutre esta traducción. He preferido conservar las lagunas de los originales, siempre que me ha sido posible hilvanar un vacío, generalmente atendiendo a criterios más emocionales que lógicos. Muchas páginas de las ediciones críticas están plagadas de pasajes ininteligibles y entreverados por palabras perdidas. Ni he intentado su traducción ni, honestamente, creo que se deba perder el tiempo en traducirlos o, mejor dicho, transcribirlos en una enumeración vana: bastante emotivo ya de por sí es ver ese laberinto tipográfico de hermosas voces griegas en los libros eruditos y en el aparataje crítico. La broma citada de Ezra Pound tiene su encanto una vez, pero he intentado evitar que se convierta en norma (empresa nada fácil) para esta traducción. 

En casos muy concretos he optado por los «rellenos» que ofrecen las ediciones críticas. Los puntos suspensivos notan una laguna en el texto original o un pasaje oscuro no traducido, todo lo cual puede estar dentro de un verso o abarcar un número variable de ellos. Aquellos 22 versos cuya fuente está en la cita de algún literato de la antigüedad tienen distinto tratamiento, como distinta —y más exquisita— es su forma de mutilación. Para advertir de su procedencia llevan un asterisco en su encabezado y los puntos suspensivos, en este caso, indican que nuestro informador ha dejado el verso sin una sintaxis más o menos cerrada o, sencillamente, que el traductor ha decidido prescindir de un pasaje corrupto dentro de la fuente. Repárese en que sólo el poema i de este volumen podría tenerse por íntegro dentro de este grupo de testimonios antiguos. De hecho, es el único poema completo de Safo (en el sentido filológico del término «completo») que conocemos hasta la fecha. Hay una serie de fragmentos que en un principio tenía desterrados. Finalmente, he optado por incluirlos en el pequeño apéndice llamado Retales. La edición seguida principalmente es la de Edgar Lobel y Denys Page (Poetarum lesbiorum fragmenta, Oxford, 1955.), que cito con la abreviatura L.-P., completada con las reconstrucciones que hace el propio Page de los fragmentos sáficos más célebres en su libro Sappho and Alcaeus (Oxford, 1955). En algunos casos he seguido también la edición de Eva Maria Voigt (Sappho et Alcaeus. Fragmenta, Amsterdam, 1968.), bien en el texto o en el aparato crítico. He aquí las lecturas divergentes que extraigo de Voigt: Poema v, verso 12: Κύπριο εραι]οαν (en aparato crítico). Poema vil, verso 2: λάβοιοαν αβ[ραν (en aparato crítico). Poema xxi, verso 8: καταΰτ[με]να. Poema xxxin, verso 1: κατά νυκτ’ óc (en aparato crítico). Para la traducción de alguna palabra problemática, he encontrado provechoso el libro El léxico de los poetas ksbios, de Helena Rodríguez Somolinos (C.S.I.C., 1998). He desechado un orden premeditado de los poemas, basado en crite rios de presunta antigüedad o temáticos (al fin y al cabo, el tema de un poema es el poema en sí). Y, ni mucho menos, he caído en la tentación de ponerles un título. Mejor hubiera sido preguntar a la propia Safo 23 sobre el particular. Así que los poemas llevan, con algunas variantes y teniendo en cuenta los fragmentos excluidos, el mismo orden de la edición Lobel-Page, lo cual es como dejarlos en manos del azar. 

Al lector que le interese el texto griego le diré que he simplificado el complejo aspecto de las ediciones críticas y sólo aparecen las partes traducidas. Los puntos suspensivos tienen el mismo objeto que el de los que aparecen en la traducción. Las letras, palabras o frases añadidas por los editores aparecen entre corchetes. En un par de casos (poema 3) he utilizado la letra arcaica llamada digamma, p (pronunciada como la semivocal u), en una posición, por otra parte, conjetural. Todas las sigmas que aparecen en los poemas asumen la variante tipográfica en forma de media luna, tanto mayúscula C como minúscula c. También he incluido una serie de notas a algunos fragmentos que no se deben entender como una guía de lectura para los versos sáficos, que se justifican por sí mismos, sino como una especie de cuaderno de bitácora del traductor. De vez en cuanto la arqueología le trae alguna que otra satisfacción a la poesía de la lesbia. Tal es el caso del hallazgo sáfico de última hora a fecha de publicación de este libro, una serie de fragmentos papi ráceos en poder de la Universidad de Colonia que formaban parte del ajuar de una momia egipcia, y que en 2004 fueron identificados como parte de un rollo de poemas de Safo. Los textos fueron copiados alrededor del siglo tercero a. C., por lo cual estaríamos ante uno de los dos testimonios más antiguos de la poesía sáfica. El otro lo constituiría el trozo de óstrakon del fragmento 2 L.-P., poema 2 de este volumen (cf. nota al poema). Entre estos fragmentos se ha encontrado uno que permite recons truir parte de otro poema, muy corrupto, descubierto en 1928 en uno de los papiros de Oxyrrinco, que en la edición Lobel-Page lleva el nú mero 58. De la magnífica labor de reconstrucción, obra de M. L. West y publicada en el n° 124 de la revista ZPE, se hace eco esta traducción, y el nuevo poema sáfico, cuya versión en español se publica por primera vez con este libro, lo encontrará el lector con el número 31. Por último, me satisface dar cuenta de que este pequeño volumen está enriquecido con la aportación de D. Manuel Sanz Morales, pro 24 fesor de la Universidad de Extremadura, que ha escrito un interesante apéndice sobre la tradición sáfica en nuestro país con palabras desde luego muchísimo más autorizadas que las mías. Continuando el capítulo de agradecimientos, no puedo dejar de citar a la profesora Araceli Striano de la Universidad Autónoma de Madrid por sus muchos comentarios, correcciones y sugerencias, y también sus incontables muestras de aliento. 

Lo mismo he de decir de Jesús de la Villa, también profesor de dicha universidad, magisterio inagotable de griego, esa lengua cuya belleza radica en que nunca se acaba de aprender. Cualquier error en esta traducción es únicamente imputable al traductor. Quería hacer mención aquí también al tipógrafo y profesor de len guas clásicas español Juan-José Marcos García por la gentileza de permitir usar en este libro su fuente Alphabetum Unicode, verdadera obra maestra reconocida internacionalmente, fruto de un largo estudio sobre la tipografía griega y sus laberintos. Poesía y filología están en las antípodas pero a veces, en las horas más canallas de la noche, suelen entablar extrañas alianzas. La presente traducción podría ser el resultado de las mismas, y desde su esmerado naufragio solo pide benevolencia por haber intentado ganarse al posible lector para el auditorio de Safo. 

Juan Manuel Macías Cercedilla, m m vii

domingo, 14 de junio de 2026

LA RESUCITADA Y OTROS CUENTOS DE IRREALIDAD EMILIA PARDO BAZÁN


 

LA RESUCITADA Y OTROS CUENTOS DE IRREALIDAD 

Colección Perséfone Luz América Viveros Anaya Directora Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios La resucitada y otros cuentos de irrealidad Emilia Pardo Bazán Selección, estudio preliminar y edición crítica Claudia Cabrera Espinosa Nombres: Pardo Bazán, Emilia, condesa de, 1852-1921, autora. 

Título: La resucitada y otros cuentos de irrealidad / Emilia Pardo Bazán ; selección, estudio preliminar y edición crítica, Claudia Cabrera Espinosa. Descripción: Primera edición electrónica. | Ciudad de México : El Colegio de México, Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios, 2025. | Colección Perséfone. Notas: Requisitos de sistema: programa lector de archivos PDF. | Versión en libro electrónico. Identificadores: ISBN 978-607-564-589-6 (obra completa) | ISBN 978-607-564-737-1 (volumen 9). Temas BDCV: Pardo Bazán, Emilia, condesa de, 1852-1921 – Colecciones literarias. | Cuentos españoles – Siglo XIX – Colecciones literarias. | Pardo Bazán, Emilia, condesa de, 1852-1921 – Historia y crítica. Clasificación DDC: 863.5/08 – dc23 D. R. © El Colegio de México, A. C. Carretera Picacho-Ajusco núm. 20 Ampliación Fuentes del Pedregal Alcaldía Tlalpan C. P. 14110 Ciudad de México, México www.colmex.mx ISBN 978-607-564-589-6 (obra completa) ISBN 978-607-564-737-1 (volumen 9) Hecho en México Perséfone

 La colección Perséfone se especializa en ediciones críticas o anotadas y en rescates editoriales de textos literarios en español. Sin restricciones de época o geografías, esta iniciativa propicia la reflexión ecdótica con proyectos editoriales que arrojan luz sobre obras conocidas o descubre textos hasta hoy ignorados. Cada volumen de la colección es resultado del seguimiento de una metodología que garantiza la lectura de un texto confiable para su disfrute y estudio. libros.colmex.mx 9 ÍNDICE Estudio preliminar 11 I. Breve historia de una condesa 11 II. La cuentística de Pardo Bazán en la prensa española 20 III. Los cuentos no miméticos de Pardo Bazán 28 a) Un cuento maravilloso de inspiración divina: “La sed de Cristo” 29 b) Una fantasía científica: “La operación” 33 c) Un relato fantástico divino: “Tiempo de ánimas” 35 d) Un cuento fantástico interior: “Eximente” 37 e) Un cuento extraño: “La resucitada” 39 f) Un cuento fantástico (supersticioso): “Atavismos” 41 11 10 ÍnDice LA RESUCITADA Y OTROS CUENTOS DE IRREALIDAD [45] Advertencia editorial 47 Descripción del corpus 47 Criterios editoriales 51 La sed de Cristo 53 La operación 61 Tiempo de ánimas 69 Eximente 76 La resucitada 84 Atavismos 91 Bibliografía 103 ESTUDIO PRELIMINAR I. Breve historia de una condesa La escritora Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1852-Ma drid, 1921) fue hija única del matrimonio liberal confor mado por José Pardo Bazán y Mosquera y Amalia de la Rúa Figueroa. Si bien no fue aristócrata de nacimiento, heredó de su padre el título de condesa, que él recibió en 1871, gracias a su defensa de la religión y de la Iglesia católica. Se trataba de un condesado pontificio otorgado por el Vaticano que Emilia prefirió no ostentar en aquel momento. Sin embargo, en 1908, cuando ella había publicado sus obras más relevantes y consolidado una destacada trayectoria en la vida cultural española, el rey Alfonso XIII emitió un real decreto en La Gaceta de Ma drid en el que se le hacía merced del título del reino, con la denominación de “Conde de Pardo Bazán”.1 De este modo, “la Pardo Bazán”, como se le llamaba en el medio literario de la época, se convirtió en condesa, título con el que firmó sus publicaciones a partir de dicho año. 1 Isabel Burdiel, Emilia Pardo Bazán, p. 554. 12 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 13 La carrera literaria de Emilia Pardo Bazán comienza en su adolescencia. 

En 1865, con apenas catorce años, publicó el relato “Un matrimonio del siglo xix” en el Almanaque de “La Soberanía Nacional” para 1866. Pa saron más de diez años antes de que vieran la luz sus siguientes producciones narrativas, “La evolución de una especie” y “El Cacique”, las cuales se publicaron en El Heraldo Gallego en 1877 y 1878, respectivamente. En 1876, sin embargo, había resultado ganadora del Certa men de Orense con el Ensayo crítico de las obras del padre Feijoo. Su primera obra de largo aliento, Pascual López: autobiografía de un estudiante de medicina, apareció en 1879. 

Llama la atención que, en un momento en que el mundo literario español se debatía entre el romanticis mo, cuya influencia iba menguando, y el aún incipiente realismo, Pardo Bazán cultivara una modalidad muy poco desarrollada en la península: la ciencia ficción, en aquel entonces denominada “ficción científica”. Tras esta incursión en lo no mimético,2 la escritora coru 2 La literatura no mimética o literatura de irrealidad —términos que se emplean aquí como equivalentes— es aquella que no consti tuye una imitación de la realidad y no sigue las reglas establecidas en el mundo que conocemos. 

Por ello, sus tramas y personajes son extraordinarios, chocantes y, en ocasiones, imposibles. Este tipo de literatura se opone a la de intencionalidad realista, la cual, de acuer do con Antón Risco, “trata de limitar la realidad empírica como se muestra a nuestros sentidos, al punto casi, a lo mejor, de poder ñesa no volvió a cultivar la literatura de irrealidad en sus obras de largo aliento, las cuales se inscriben en el realismo (Los pazos de Ulloa, 1886; La madre naturaleza, 1887; Memorias de un solterón, 1896) y el naturalismo (La Tribuna, 1883). A pesar de ello, y de que llegó a renegar de esta obra primeriza, la autora no excluyó la irreali dad de su producción literaria, sino que la reservó para sus cuentos y algunas novelas breves (Belcebú, 1908; En las cavernas, 1912; La última fada, 1916). En el panorama español, la década de 1870 fue tes tigo del surgimiento de las primeras novelas realistas, bajo la influencia de Honoré de Balzac, Charles Dickens y León Tolstoi, entre otros. La obra inaugural de este nuevo estilo en territorio ibérico fue La fontana de oro (1870), de Benito Pérez Galdós, a las que siguieron Doña Perfecta (1876) y Marianela (1878), del mismo autor. Esta visión objetiva de la realidad se desarrolló de dos maneras distintas: el realismo idealista, que retrataba confundirse con ella” (Literatura y fantasía, p. 13). 

Las diversas mo dalidades de lo no mimético se configuran a partir de la manera de articular la ficción —la intención del autor y sus estrategias narrati vas—, de la dialéctica interna de las narraciones —el paradigma de realidad intratextual— y de la forma en que lo sobrenatural irrumpe en el plano de lo real —si constituye o no una transgresión—. Las modalidades no miméticas que se abordan en esta edición son lo maravilloso, la fantasía científica, lo fantástico divino, lo fantástico interior, lo extraño y lo fantástico supersticioso. 14 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 15 la belleza del mundo y fue cultivada por escritores de ideología conservadora —como Juan Valera, quien pu blicó su novela más famosa, Pepita Jiménez, en 1874—, y un realismo más crítico que exponía los conflictos entre los distintos estratos de la sociedad, cuyo máximo exponente fue Pérez Galdós. Ya en la década de 1880, vieron la luz las obras cumbre de esta corriente literaria: La Regenta (1880), de Leopoldo Alas Clarín; Los pazos de Ulloa, de Pardo Bazán, y Fortunata y Jacinta (1887), de Galdós. 

La novela de la autora coruñesa, alabada por sus contemporáneos, se publicó acompañada de unos Apuntes autobiográficos en los que alude a sus primeras lecturas, anécdotas y recuerdos de juventud. Juan Valera, por ejemplo, se refirió a la escritora como “Toda una no velista”; José María de Pereda describió la obra como “la mejor novela de la Pardo”, y Galdós la calificó como una “obra maestra”.3 Los Apuntes, en cambio, fueron objeto de una mordaz opinión de Marcelino Menéndez Pe layo, quien escribió en una carta dirigida a Valera que “rayan en los últimos términos de la pedantería”, y, más adelante: “Parece increíble, y es para mí una mues tra patente de la inferioridad intelectual de las mujeres […] el que teniendo doña Emilia condiciones de estilo y tanta aptitud para estudiar y comprender las cosas, tenga al mismo tiempo un gusto tan rematado y una 3 Cristina Fernández Cubas, Emilia Pardo Bazán, pp. 42-43. total ausencia de tacto y discernimiento”.

4 La escritora coruñesa recibió a lo largo de su vida una gran cantidad de comentarios de esta índole, pero supo defenderse de sus atacantes, muchas veces por escrito, en la prensa periódica, y otras tantas mediante sus participaciones en congresos, o bien, en las numerosas conferencias que dictó en torno a la pedagogía, el feminismo y diversos temas literarios. Asimismo, el Ateneo de Madrid fue el escenario de muchas de sus charlas literarias, recibidas con gran entusiasmo, lo que la llevó a convertirse en la primera mujer que formó parte de la Escuela de Estudios Superiores de dicho recinto, en donde, desde agosto de 1896, ocupó la cátedra de Literatura Contemporánea de Europa y América.5 En su época de formación, la educación universitaria era un privilegio de los hombres, por lo que la joven Emilia tuvo que educarse en su hogar. En sus Apuntes autobiográficos, refiere que de niña pasaba los inviernos en Madrid y asistía a clases en “cierto colegio francés”, gracias a lo cual pudo leer a Lafontaine en su idioma ori ginal y hablar con fluidez la lengua gala.6 En su casa de La Coruña —ahora sede de la Real Academia Gallega—, 4 Eduardo Ruiz-Ocaña Dueñas, “Emilia Pardo Bazán y las prue bas de amor”, en La Tribuna, 4, 2006, p. 185. 5 Ángeles Ezama Gil, “La vocación pedagógica de Emilia Pardo Bazán”, en Moenia, 18, 2012, p. 426. 6 Emilia Pardo Bazán, Apuntes autobiográficos. 16 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 17 sentía una gran atracción por la biblioteca familiar y leyó de muy joven libros como la Ilíada y el Quijote. 

Fue una voraz lectora y estudiosa de los textos clásicos, del Siglo de Oro español, de los románticos, de los realistas y de buena parte de sus contemporáneos. Su padre siguió demostrándole su apoyo cuando ella llegó a la mayoría de edad, pues, cuando Emilia cumplió dieciocho años, José Pardo Bazán solicitó una licencia eclesiástica para que ella pudiera leer libros considerados heterodoxos.7 Gracias a ello, la futura escritora conoció a profundidad otras literaturas europeas, como la francesa y la rusa, y, con el tiempo, pronunció la gran cantidad de charlas que la dieron a conocer como una de las intelectuales más destacadas de la segunda mitad del siglo xix. Esto le dio la oportunidad de conocer a otros renombrados escrito res, como Benito Pérez Galdós,8 con quien sostuvo una relación amorosa entre 1888 y 1890, tras su separación de José Quiroga, quien fuera su marido y padre de sus tres hijos: Jaime —a quien dedica el libro de poemas Jaime, en 1876—, Blanca y Carmen. La disolución legal de un matrimonio del siglo xix no fue la única extravagancia en la vida de la escritora. 

 Desde muy joven, su padre, además de fomentar su 7 Burdiel, op. cit., 185. 8 Las cartas de Pardo Bazán a Pérez Galdós se publicaron bajo el título de “Miquiño mío”. Cartas a Galdós. instrucción, sembró en ella la idea de la igualdad entre los sexos. Asimismo, el trato de la familia con Francisco Giner de los Ríos le permitió a Emilia un acercamiento a la Institución Libre de Enseñanza, iniciativa dirigida por el pedagogo andaluz que promovía la educación in tegral —moral, física y artística— de los jóvenes en una atmósfera de respeto. 

Todo ello rindió diversos frutos, entre ellos una sensibilidad ante la violencia de género percibida en su entorno que le llevó a la creación del término “mujericidio”,9 sobre el que escribió para La Ilustración Artística, y diversas intervenciones en foros en los que defendía la igualdad entre hombres y muje res. En 1892, por ejemplo, Pardo Bazán participó en el Congreso Pedagógico Hispano-portugués-americano, en Madrid, en donde expuso: Aspiro, señores, a que reconozcáis que la mujer tiene des tino propio; que sus primeros deberes naturales son para consigo misma […] que su felicidad y dignidad personal tienen que ser el fin esencial de su cultura, y que por con secuencia de este modo de ser de la mujer, está investida del mismo derecho a la educación que el hombre, enten 9 “El mujericidio siempre debiera reprobarse más que el homi cidio. ¿No son los hombres nuestros amos, nuestros protectores, los fuertes, los poderosos? El abuso de poder, ¿no es circunstancia agravante?”. 

En Emilia Pardo Bazán, “La vida contemporánea”, La Ilustración Artística, núm. 1021 (22 de julio de 1901), p. 474. 18 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 19 diéndose la palabra educación en el sentido más amplio de cuantos puedan atribuírsele.10 A pesar de que la escritora nunca pudo asistir a la universidad, que en España le estuvo vedada a la mujer hasta 1910, a partir de 1916 dictó clases en la Univer sidad Central de Madrid —ahora la Complutense—, tras haber sido nombrada catedrática del Claustro de la Facultad de Filosofía y Letras. Su nombramiento fue bastante polémico, e incluso la Real Academia Española se pronunció en su contra, lo cual no es de sorprender, dado el rechazo que la autora había sufrido por parte de los académicos de dicha institución —Juan Valera, Mar celino Menéndez Pelayo y José María de Pereda— en sus vanos intentos por ingresar en ella. En su defensa, en cambio, se manifestaron Pérez Galdós, Ramón de Campoamor, Miguel de Unamuno y el pintor Joaquín Sorolla. La gran polémica de su vida, sin embargo, tuvo lu gar en 1882, tras la publicación por entregas del ensayo La cuestión palpitante. Éste cuestiona y debate ciertos argumentos de La novela experimental (1880), de Émile Zola —a quien conoció personalmente—, en particular los concernientes al determinismo que el autor francés 10 María de los Ángeles Ayala, “Emilia Pardo Bazán y la educa ción femenina”. propone como regidor de la vida y del escaso albedrío del ser humano. No obstante, el libro de la coruñesa reflexiona en torno al naturalismo propuesto por Zola, y obras posteriores de la autora, como la novela La Tri buna, dan fe de la buena acogida que tuvo el texto —al menos parcialmente— y la novelística del escritor en su propia creación literaria. La controversia vino cuando la aristocracia coruñesa tildó su ensayo —y su actividad pública, en general— de blasfemo e inmoral. De acuer do con Burdiel, un conocido sacerdote “amenazó con denunciar La cuestión palpitante desde el púlpito y se habló incluso de excomunión”.11 Aunque esto no llegó a ocurrir, al poco tiempo Pardo Bazán se separó de su marido, quien resintió los rumores y acusaciones que caían sobre su esposa.

Además de estas polémicas puntuales, su manera de desenvolverse entre hombres, de asistir a restaurantes y tertulias y de enfrentar a sus colegas en las publicacio nes de la época, le valieron la crítica de la aristocracia española, por un lado, y, por otro, la animadversión del sector más conservador de la intelectualidad gallega y madrileña. Sin embargo, también cosechó la admiración y el respeto de un buen número de escritores y lectores en el ámbito nacional e internacional. Fue una de las primeras feministas en España y también fue pione 11 Burdiel, op. cit., p. 184. 20 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 21 ra en diversos géneros literarios: la fantasía científica (Pascual López) y la novela policial (La gota de sangre, 1911), por ejemplo, además de una de las más ilustres representantes del realismo, el naturalismo y diversas modalidades no miméticas de los albores del siglo xx en el mundo. 

II. La cuentística de Pardo Bazán en la prensa española Las Obras completas que Pardo Bazán preparó en vida incluyen catorce volúmenes de cuentos, que arrojan un total aproximado de cuatrocientos relatos, a los que se suman los incluidos en el libro Cuentos de la tierra, publi cado póstumamente, en 1922. A este total debe añadirse la gran cantidad de cuentos dispersos que vieron la luz en la prensa española e internacional, los cuales no for maron parte de ningún volumen hasta épocas recientes. Las recuperaciones de su cuentística durante la segunda mitad del siglo xx ofrecen cifras diversas: 568 relatos, según Nelly Clémessy;12 579, según Maurice Heming 12 Nelly Clémessy apud Darío Villanueva y José Manuel Gon zález, “Introducción”, en Emilia Pardo Bazán, Obras completas VII, pp. x-xi. way;13 582, según Juan Paredes Núñez.14 Ya en el siglo xxi, los estudiosos de la obra de Pardo Bazán coinciden en que escribió más de seiscientos cuentos, aunque no existe una cifra concluyente. Esto se debe a que se siguen descubriendo nuevos relatos en la prensa internacional, en particular la latinoamericana, y en distintos archivos. 

 Asimismo, se han desestimado como cuentos algunas narraciones más bien descriptivas y carentes de trama, que han sido catalogadas como estampas, tales como “La mujer gallega”. Con base en la información y en los relatos que he podido consultar hasta ahora, el total de cuentos escri tos por la autora es de 634. De éstos, 627 están incluidos en la edición de las Obras completas más reciente de la autora coruñesa, publicada por la Fundación José An tonio de Castro, cuyo último volumen se imprimió en 2011. A este total se suman los publicados por la revista La Tribuna, dentro de la sección “Documentación”: “El horno”, “La venganza de las flores”, “El retrato” y “Su perstición”. Asimismo, en 2013, Javier López Quintáns contribuyó al acervo narrativo de Pardo Bazán con tres cuentos más: “Anacronismo”, “El casamiento del diablo” 13 Maurice Hemingway, Emilia Pardo Bazán: The Making of a Novelist, p. 163. 14 Juan Paredes Núñez, “La producción cuentística de Emilia Pardo Bazán”, en Ana María Freire López (ed.), Estudios sobre la obra de Emilia Pardo Bazán, p. 50. 22 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 23 y “Profecía del año 1897”, los cuales se publicaron en Tonos Digital. Revista de Estudios Filológicos. De este total, cerca de quinientos relatos son de corte realista y alrededor de ciento cincuenta presentan elementos sobrenaturales.

15 Las temáticas son diversas y los títulos de los libros son ilustrativos de ello: Cuentos de Marineda (1892), Cuentos de amor (1898), Cuentos de Navidad y Reyes (1902) y Cuentos trágicos (1912), entre otros. Cabe aludir a la relevancia de los relatos de la escritora que abordan la violencia de género, los cuales han sido editados bajo el título de El encaje roto. Antolo gía de cuentos de violencia contra las mujeres (Contraseña, 2018). Esta selección de Cristina Patiño Eirín, incluye treinta y cinco cuentos de Pardo Bazán en torno al tema, los cuales narran historias de mujeres violentadas (“Sin pasión”, “Casi artista”, “Las medias rojas”) e incluso asesinadas por sus parejas o familiares (“Agravante”, 15 Algunos estudios críticos relevantes sobre los cuentos no miméticos de Pardo Bazán son Ermitas Penas, “Fantasía en al gunos cuentos de E. Pardo Bazán”; Juan Molina Porras, “Emilia Pardo Bazán, sus cuentos fantásticos y su aplicación educativa”, en José Manuel González, Cristina Patiño y Ermitas Penas (eds.), La literatura de Emilia Pardo Bazán, y Eva Soler Sasera, “Aproximación a los cuentos fantásticos de Pardo Bazán. Emilia Pardo Bazán y la dimensión interior de lo fantástico”, en Dolores Fernández López (coord.), Campus Stellae. “La puñalada”, “Santiago el mudo”), o bien, a causa de creencias populares (“Un destripador de antaño”). 

La gran mayoría de los cuentos de la autora fueron publicados en la prensa periódica, entre 1865 y 1921, año de su muerte, en los periódicos y revistas más prestigio sos de la época: los diarios El Imparcial —en particular en el suplemento Los Lunes de El Imparcial— y El Sol, y las revistas Blanco y Negro, La Ilustración Española y America na y La Esfera, principalmente. Algunos de ellos vieron la luz en la revista Nuevo Teatro Crítico —fundada y editada por ella misma—, en publicaciones periódicas locales —El Noroeste (Gijón), Álbum Salón (Barcelona), El Li beral (Bilbao)— y fuera de España, en la revista Caras y Caretas y el periódico La Nación, ambos de Buenos Aires. La revista ilustrada Blanco y Negro fue fundada en Madrid, en 1891, por Torcuato Luca de Tena. Su primera época va de 1891 a 1939; la segunda, de 1957 a 1980, y, la tercera, de 1988 a 2000. Las páginas de Blanco y Ne gro fueron un referente de noticias sobre los años de la independencia de Cuba y Filipinas, de la moda de prin cipios de siglo y de la publicidad en la prensa ilustrada. Además, fue una importante promotora de la literatura en España, y, en particular, de los relatos de irrealidad. La publicación organizó, en 1903, un concurso de cuen tos fantásticos, lo cual es un indicador de la amplia producción de este tipo de literatura en la época. Se trataba de una convocatoria permanente en la que era 24 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 25 bienvenida “toda obra imaginativa que por su asunto, por sus personajes o por las condiciones en que se de sarrollen los hechos que formen su argumento, no se ajuste a la marcha ordinaria de la vida y a los caracteres y cualidades generales de la realidad ordinaria”.16 Estas características, que no se apegan a la definición actual de la literatura fantástica —una narración de corte realista transgredida por un elemento sobrenatural—, nos ha blan de la ambigüedad existente en cuanto a los límites del género de la época, la cual permitía incluir en él a lo maravilloso o a la literatura de terror carente de hechos estrictamente sobrenaturales. Los relatos publicados en la revista a partir de dicho año contribuyen a confor mar un panorama de lo que se consideraba entonces un cuento fantástico y a definir sus rasgos esenciales. 

 Algunos de los cuentos de irrealidad que Pardo Bazán publicó en esta revista son “Vidrio de colores”, “Los zapatos viejos”, “La lima”, “El esqueleto”, “El rival”, “El llanto”, “La turquesa” y “Eximente”, este último incluido en esta edición. La Ilustración Española y Americana. Revista de Bellas Artes, Literatura y Actualidades (1869-1921), por su parte, fue fundada por Abelardo J. de Carlos, quien la dirigió hasta 1898. Sus cinco décadas de existencia dan cuenta 16 Torcuato Luca de Tena, “Certamen literario de Blanco y Ne gro”, en Blanco y Negro (24 de octubre de 1903), p. 12. de su éxito y la convierten en la más longeva de su época. 

 Las ilustraciones eran parte fundamental de la publica ción e incluían grabados, litografías y dibujos. Se trataba de un semanario de alta calidad que, de acuerdo con Antonio Ayuso, debido a su alto costo estaba reservado para los escritores consagrados, más que a los jóvenes, aunque no se descartaba su colaboración. El investiga dor agrega que “estaba destinada a la clase dominante”, por lo que “el patriotismo y el poder están siempre pre sentes desde un enfoque positivista que obliga a tratar los temas desde la historia diacrónica y a otorgar priori dad a las glorias del pasado”.17 Tuvo, además, una amplia influencia en el mundo hispánico. Al respecto, Marta Palenque expresa: Sin duda, la más representativa de las revistas de este corte durante la Restauración fue La Ilustración Española y Americana, prototipo de la cultura y el gusto estético de la clase burguesa, y por ello, exponente del “buen gusto” oficial que luego rechazarán los modernistas. Tanto por su indiscutible calidad y belleza tipográfica como por su carácter ecléctico y su independencia política (aunque siempre en una línea conservadora), la revista logró al 17 Antonio Ayuso, “La Ilustración Española y Americana ante el Tercer Centenario del Quijote”, en Espéculo. Revista de Estudios Literarios, 2007, p. 5. 26 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 27 canzar una gran difusión y muy amplio alcance (tiraba entre 25.000 y 35.000 ejemplares a la semana), conocida tanto en España como en Europa y América, todo lo cual determinó que se siguiera editando hasta 1921.18 Emilia Pardo Bazán, colaboradora activa de La Ilus tración Española y Americana, publicó en ella más de medio centenar de cuentos, entre ellos varios de irreali dad: “El error de las hadas”, “Hijo del alma”, “Los años rojos”, “El brasileño”, “Cuento de Navidad”, “Come taria”, “Comadre y compadre”, “Cháchara de horas” y “Atavismos”, este último, incluido en esta edición. Finalmente, el periódico El Imparcial fue fundado en 1867 por Eduardo Gasset y Artime, pocos meses antes del comienzo de la revolución de 1868, llamada la Glo riosa, la cual puso fin al reinado de Isabel II. Haciendo honor a su nombre, el diario tenía el objetivo de infor mar sin perseguir fines partidistas y, en palabras de Juan Carlos Sánchez, “dio la nota más intelectual de toda la prensa madrileña”.19 El 27 de abril de 1874, el diario in trodujo Los Lunes de El Imparcial, suplemento literario 18 Marta Palenque, “Prensa y creación literaria durante la Res tauración (1874-1902)”, en Leonardo Romero Tobar (coord.), His toria de la literatura española. Siglo xix (II), p. 64. 19 Juan Carlos Sánchez Illán, “Los Gasset y los orígenes del periodismo moderno en España, ‘El Imparcial’, 1867-1906”, en Historia y Comunicación Social, 1, pp. 261. Disponible en: https:// semanal cuyo primer director fue el escritor y periodista Isidoro Fernández Flórez, quien firmaba con el seudóni mo de Fernanflor.

A partir de 1879, comenzó a dirigirlo José Ortega Munilla, futuro yerno de Gasset y Artime y padre del filósofo madrileño José Ortega y Gasset. Este suplemento literario, el más célebre y duradero de la prensa española, se publicó con asiduidad a lo largo de sesenta años, hasta 1933. Su publicación significó un estímulo de la sociedad intelectual y “un orientador del gusto literario de varias generaciones de españoles”.

20 Se trató, además, del primer suplemento en España, y en tre sus colaboradores contaba con Emilia Pardo Bazán, Leopoldo Alas Clarín y Ramón de Campoamor. A co mienzos del siglo xx, se sumaron Miguel de Unamu no, Jacinto Benavente, Azorín y Ramón Pérez de Ayala. Además de crítica literaria y cuento corto, se publicaron en él novelas por entregas, entre ellas Juanita la larga, de Juan Valera, en 1895.21 En Los Lunes de El Imparcial aparecieron alrededor de sesenta relatos de Pardo Bazán, tres de los cuales se incluyen en la presente edición: “La operación”, “Tiempo de ánimas” y “La resucitada”. El polémico cuento “La sed de Cristo”, del que se hablará revistas.ucm.es/index.php/HICS/article/view/HICS9696110259A (con acceso el 7 de septiembre de 2024). 20 María Jesús Fraga, “Los textos dialogados en la prensa espa ñola de finales del siglo xix”, AnMal Electrónica, 41, 2016, p. 276. 21 Sánchez Illán, op. cit., p. 264. 28 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 29 más adelante, se publicó en el Número extraordinario de Semana Santa del periódico, en 1895. III. Los cuentos no miméticos de Pardo Bazán La producción literaria de irrealidad de Emilia Pardo Bazán abarca todas las categorías de lo no mimético, con base en las teorías más recientes:22 lo extraño, lo mara villoso, lo maravilloso divino, lo fantástico, lo fantástico divino, lo milagroso, lo alegórico y la ciencia ficción, además de algunas de sus variantes, como lo legendario y lo supersticioso. Para esta edición, se procuró que los cuentos pertenecieran a distintas categorías de irreali dad, con el fin de ilustrar la diversa producción de la autora. 

A continuación, se describen las modalidades a las que pertenecen los cuentos aquí incluidos, a partir de los hechos prodigiosos o insólitos que tienen lugar en los seis relatos, así como el tratamiento que se ofrece de cada uno de ellos; es decir, si lo imposible resulta 22 Vid. Flora Botton Burlá, Los juegos fantásticos; Rosalba Cam pra, Territorios de la ficción. Lo fantástico; Remo Ceserani, Lo fantásti co; Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, Historia y antología de la ciencia ficción española; Ana María Morales y José Miguel Sardiñas (eds.), Odiseas de lo fantástico, y David Roas (ed.), Teorías de lo fan tástico, entre otros. transgresor en el paradigma de realidad23 intratextual o es aceptado de manera natural por los personajes, y si obedece a la intervención divina, a los avances científi cos o a las supersticiones, por ejemplo. a) Un cuento maravilloso de inspiración divina: “La sed de Cristo” Los relatos maravillosos crean mundos regulados por sus propias leyes, en donde los hechos sobrenaturales no representan ilegalidades y, por consiguiente, no re sultan sorprendentes ni para los personajes ni para el lector. Roger Caillois señala que, en este tipo de univer sos, los fenómenos prodigiosos no afectan ni destruyen su coherencia, al contrario de lo fantástico, modalidad 23 El paradigma de realidad no es la realidad misma, sino la idea que tenemos de ella, el conjunto de percepciones de los individuos sobre el mundo que los rodea, el cual cambia según las culturas y las épocas.

 Ana María Morales lo define como “un conjunto de valores y presupuestos dominantes y a veces hegemónicos que explican la noción de mundo que una sociedad determinada acepta como existente al ser compartida por una comunidad culturalmente afín e inscrita en un contexto histórico específico”. Ana María Morales, “El mundo es una biblioteca. Esther Díaz Llanillo y los alrededores de lo fantástico”, en Mara García (ed.), Esther Díaz Llanillo: Una mujer fantástica, p. 16. 30 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 31 en la que significan un escándalo, una desgarradura, una irrupción insólita casi insoportable en el mundo real.24 Por su parte, David Roas apunta que, en la lite ratura maravillosa, “lo sobrenatural es mostrado como natural, en un espacio que suele ser muy diferente del lugar en el que vive el lector y en una época muy dis tinta a la suya”.25 Una subcategoría de lo maravilloso es lo maravilloso divino, que se presenta cuando los hechos sobrenaturales provienen del ámbito religioso y no transgreden el paradigma de realidad. Estos relatos recrean universos basados en los libros sagrados o en determinados sistemas de creencias. En los relatos es pañoles e hispanoamericanos, la divinidad suele estar representada por el Dios católico o los santos, sin em bargo, esta submodalidad también incluye escenarios de otras religiones y prodigios originados por otras deida des. La narrativa breve de Pardo Bazán ofrece ejemplos de este tipo como “El velo”, basado en el hinduismo, y “El pecado de Yamsid”, en el zoroastrismo persa. La mayoría de sus cuentos, sin embargo, pertenecen a la tradición católica.

 El cuento “La sed de Cristo” emplea el recurso del manuscrito encontrado y narra una historia supuesta 24 Roger Caillois, Anthologie du fantastique, p. 8. 25 David Roas, La recepción de la literatura fantástica en la España del siglo xix, p. 22. mente hallada entre los papeles de un rabino converso. Mientras Jesús yace en la cruz, Magdalena busca la ma nera de saciar su sed hasta darse cuenta de que solo su llanto podrá satisfacerlo. Lo maravilloso radica en la recreación del pasaje bíblico que funciona como hipo texto;26 en los hechos sobrenaturales descritos, como la manera en que la mujer se transporta “con veloci dad increíble en alas del viento”, y en la aparición de personajes como Herodoto y Ganímedes, este último proveniente de la mitología griega.

 No obstante, nada de ello resulta transgresor, puesto que desde el principio se describe un mundo con leyes distintas a las del lector. La publicación de este cuento en el diario El Impar cial, el 12 de abril de 1895, en el marco de la Semana Santa, provocó duras críticas a la autora gallega.27 Una pluma anónima de La Correspondencia de España calificó el texto de “leyenda intemerata, de lo más atrevido y 26 Dentro de su conceptualización de la hipertextualidad (toda relación que une un texto B a un texto anterior A), Gérard Genette llama “hipotexto” al texto A, es decir, el texto preexistente a partir del cual se escribe un texto derivado de éste, al que denomina “hi pertexto” (Palimpsestos. La literatura en segundo grado, p. 14). 27 La respuesta de la prensa ante la publicación de este relato constituye un caso excepcional en la recepción de los cuentos pu blicados en prensa de Pardo Bazán, por lo que se alude aquí a la discusión que suscitó. El resto de las narraciones incluidas en esta edición no generaron este tipo de polémicas. 32 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 33 desatinado que se ha escrito en el género religioso sen timental”, y señaló que “presenta a Cristo en la cruz y a Santa María Magdalena cerca, casi como dos enamora dos”.28 La escritora respondió a esta nota con una carta publicada en El Globo el 17 de abril de dicho año, en la que defendía la ortodoxia del argumento “apelando a los Evangelios, al padre Scío, y hasta sometiendo esa orto doxia a la autoridad de la Iglesia”.

29 Cuando el relato se publicó como parte del volumen Cuentos sacro-profanos, en 1899, la autora incluyó un prólogo en el que se de fendía de los lectores conservadores que observaban en sus cuentos temas sacrílegos: He dado a la presente colección el título de Cuentos sa cro-profanos, porque lo de profano corrija lo de sacro, y nadie suponga que tales historietas y poemillas tienen pretensiones de enseñar o edificar. La precaución es, más que oportuna, indispensable, en país donde la escasa cultura y el propio encubierto pero general indiferentismo han engendrado una vidriosa e hipócrita suspicacia, que en toda manifestación artística del sentimiento religioso 28 Anónimo, “Una judiada”, en La Correspondencia de España (13 de abril de 1895), p. 1. 29 Ana María Fernández Freire, “Emilia Pardo Bazán en El Globo”, en María del Pilar Palomo, Pilar Vega y Concepción Núñez (coords.), Emilia Pardo Bazán, periodista, p. 45. ve impiedad tremenda, algo que estremece las columnas del templo.30 Con ello, Pardo Bazán dio por zanjado el asunto y continuó con la producción ocasional de cuentos prota gonizados por ángeles, santos e incluso demonios. b) Una fantasía científica: “La operación” El cuento “La operación” fue publicado en el suplemen to Los Lunes de El Imparcial en 1897 y, posteriormente, en el volumen Cuentos sacro-profanos. Se trata de un relato de ciencia ficción, aunque en la época de su escritura se le consideraba una “fantasía científica”, pues el término estadounidense aún no estaba en uso.

31 También como fantasía científica califica la autora a la novela Pascual López, por ejemplo, en el prólogo a la tercera edición. Con base en esta terminología, podría pensarse que es tos relatos tienen una relación directa con los adelantos científicos, no obstante, Darko Suvin apunta que el ele 30 Emilia Pardo Bazán, Obras completas VIII, p. 611. 31 El término ciencia ficción, proveniente del inglés science fic tion, fue acuñado por Hugo Gernsback, quien en la década de 1920 comenzó a emplearlo para referirse a esta literatura, primero como scientific fiction, y más adelante como science fiction. Yuli Kagarlitsky, ¿Qué es la ciencia-ficción?, p. 5. 34 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 35 mento imprescindible para la inclusión en esta categoría es el “nóvum”, el cual resume como un “extrañamiento cognoscitivo”,32 por lo que no necesariamente deben ambientarse en el futuro ni basarse en inventos o des cubrimientos científicos; de hecho, pueden situarse en el pasado y muestra de ello es la novela breve En las ca vernas, también de la autora coruñesa. La ciencia ficción propone marcos imaginativos que ofrecen posibilidades y nuevos caminos al ser humano, y se distingue de otros géneros no miméticos porque lo imposible está basado (con mayor o menor rigor) en el conocimiento (científi co, tecnológico o histórico). Pablo Capanna, por su parte, señala que la ciencia ficción se caracteriza por la predicción, pues una teoría científica no sólo debe “explicar los fenómenos sino predecir hechos eventuales que habrán de producirse de acuerdo con ella”.33 Lo que es determinante, agrega, es la actitud metódica y “cierta lógica consecuente, de corte científico, para tratar aun las hipótesis más des cabelladas o agotar las posibilidades implícitas en una situación dada”.

 Esto es lo que ocurre en el cuento “La operación”, en el que un hombre adinerado refiere a un pequeño público las anécdotas de su época de soñador, 32 Darko Suvin, Metamorfosis de la ciencia ficción. Sobre la poética y la historia de un género literario, p. 28. 33 Pablo Capanna, El sentido de la ciencia ficción, p. 20. cuando deseaba convertirse en un gran artista, un héroe o un mártir. Atormentado por sus deseos, el protagonis ta acude al médico, quien, mediante una operación qui rúrgica realizada con un berbiquí, extrae el humo que le nubla la mente. Gracias a ello, logra enfocarse en el lado pragmático de la vida y transformarse en el opulento personaje descrito en el presente diegético. 

A pesar de la falta de rigor científico, el cuento no carece de la “cierta lógica consecuente” aludida por Ca panna. La autora se basa en una expresión metafórica para sacarle el humo de la cabeza a su personaje, de ma nera literal, y convertirlo en un hombre productivo. En nuestros días es una hipótesis descabellada, sin duda, pero no tanto si tomamos en cuenta que, como ha de mostrado la ciencia, cada parte del cerebro cumple una función distinta. No resulta imposible, entonces, que, modificando ciertos elementos, se altere la personalidad del ser humano, sobre todo considerando la informa ción disponible sobre los avances científicos a finales del siglo xix. c) Un cuento fantástico divino: “Tiempo de ánimas” Esta categoría parte de un plano realista transgredido por un hecho sobrenatural originado por la intervención 36 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 37 divina proveniente de alguna de las diversas religiones. La aceptación o la negación de la incidencia de fuerzas superiores en el prodigio dependerá del paradigma de realidad del relato, de las creencias de los personajes y, en última instancia, del lector implícito.34 Estas na rraciones propician la reflexión de los personajes y/o del lector acerca de las causas de lo acontecido, y lo sobrenatural no se acepta sin cuestionamientos, como ocurre en lo milagroso o en lo maravilloso divino. En la narrativa breve de Pardo Bazán, los cuentos “Recom pensa”, inspirado en la mitología griega, y “Esperanza y Ventura”, basado en el catolicismo, son ejemplos de lo fantástico divino. “Tiempo de ánimas” narra de la historia de Simón, alias Gaviota, quien se dedica a hurgar entre los restos de los naufragios en busca de objetos de valor. Se tra ta de una narración que, desde el comienzo, ofrece indi cios de la aparición de lo sobrenatural.

 Se ambienta en una brumosa aldea gallega durante el “mes de los muer tos”. Tras uno de los hurtos del protagonista, cometido 34 El lector implícito es el papel que desempeña el receptor al momento de la lectura. De acuerdo con Wolfang Iser, se trata de un modelo por medio del cual “se pueden describir estructuras gene rales del efecto de los textos fictivos” (“El acto de la lectura. Consi deraciones previas sobre una teoría del efecto estético”, en Dietrich Rall, En busca del texto, p. 14). El “rol del lector” se realiza histórica e individualmente, de acuerdo con su experiencia y su comprensión. al cadáver de un pescador, una de las extremidades del difunto se moviliza abruptamente generando pánico en el personaje y en el lector. Gaviota permanece unos días en cama y, finalmente, muere. Es el narrador quien in troduce la duda de la causa del movimiento del cadáver, y se cuestiona si el hecho se debió a un acto de justicia divina o al peso de Simón sobre el cuerpo en busca de sus pertenencias. Asimismo, se incluye la opinión de los pobladores de la aldea al respecto: “A la gente de L… la explicación no la satisface; es más, no la comprende siquiera. ¿Quién mueve el brazo de un difunto para abofetear a un criminal empedernido sino esa misma fuerza que alza en el mar la ola y agrupa en el cielo las nubes: la fuerza de la eterna Justicia?”. 

De este modo, se presenta la ambigüedad, uno de los rasgos distintivos de lo fantástico, de acuerdo con Todorov. d) Un cuento fantástico interior: “Eximente” Los cuentos de esta modalidad están relacionados con las patologías mentales. Lo sobrenatural, por tanto, ya no proviene del exterior —monstruos o seres sobrena turales— sino de la psique de los individuos. Se trata de una categoría propuesta por Louis Vax, en 1979, cuyas características habían sido esbozadas por Todorov en 38 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 39 su Introducción a la literatura fantástica, dentro del apar tado intitulado “Los temas del yo”. Igualmente, Otto Rank estudia el desdoblamiento de la personalidad en la literatura desde 1925 (El doble), y Sigmund Freud, desde 1919 (“Lo siniestro”). De acuerdo con Vax, los cuentos fantásticos clásicos se organizan alrededor de una acción; los pertenecientes a lo fantástico interior, en torno a un personaje. Agrega que en los primeros la víctima suele ser una persona convencional ante quien se presenta un prodigio, mientras que en los segundos existe una perturbación interior del personaje, lo que suele reducirse a “desarreglos del espíritu”.

35 Una de las manifestaciones más recurrentes de esta modalidad es el desdoblamiento de la personalidad, como ocurre en el relato “Eximente”. Este cuento se publicó el 7 de enero de 1905 en la revista Blanco y Negro y, posteriormente, formó parte del libro El fondo del alma, de 1907. Federico Molina, su pro tagonista, deja tras su muerte un diario que el narrador transcribe. En éste, leemos la angustia que vivió durante sus últimos días, producida por una voz que le repite: “¡No dormirás!”. Posteriormente, además de la voz, per cibe una presencia, una respiración, un “hálito maldito”. En su desesperación, dispara con un revólver hacia el sitio en donde intuye la voz; finalmente, el narrador 35 Louis Vax, Las obras maestras de la literatura fantástica, p. 59. sugiere que un segundo disparo terminó con su propia vida. El aparente suicidio, sin embargo, no sería tal, sino el probable asesinato cometido por aquella presencia, lo que eximiría al personaje de la culpa del suicida y daría origen al título. e) Un cuento extraño: “La resucitada” “La resucitada” es una de las narraciones más célebres de la condesa de Pardo Bazán y se publicó en la prensa, en el suplemento Los Lunes del Imparcial, el 29 de junio de 1908, precisamente el año en que la autora recibió el condesado y agregó el título nobiliario a su firma, como consta en la edición de Cuentos trágicos, en donde fue incluido el relato, en 1912. El cuento se inscribe dentro de lo no mimético porque no es, en definitiva, un cuento realista; no presenta, sin embargo, ningún hecho im posible. 

Narra la historia de Dorotea de Guevara, una mujer que sufre catalepsia y a quien su familia da por muerta. Las descripciones de los ambientes crean una atmósfera lúgubre en la que un murciélago describe torpes curvas en el interior de una iglesia: “No era pesa dilla, sino realidad. Allí el féretro, allí los cirios…, y ella misma envuelta en el blanco sudario, al pecho el escapu lario de la Merced”. Una vez despierta, consigue regresar a casa, pero la reacción de su marido y de sus hijos no 40 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 41 es la esperada; no quieren tocarla, la miran con recelo. Parecen decirle: “De donde tú has vuelto no se vuelve”. En el cuento destaca la focalización en la prota gonista y en su percepción del entorno, pues, como apunta Clúa Ginés, la autora se centra en el personaje femenino, a diferencia, por ejemplo, de Edgar Allan Poe, cuyas “damas muertas […] siempre son silenciosas”.36 La extrañeza de la historia va en dos direcciones: la que siente la protagonista ante su nueva condición de “resu citada”, y la de la familia, que se enfrenta a su regreso del más allá, aunque en realidad no haya muerto. El relato se inscribe dentro de lo extraño porque los aconteci mientos son insólitos, aunque puedan explicarse por las leyes de la razón y, de acuerdo con Todorov, provoquen una reacción similar a la causada por los relatos fantás ticos.37 Flora Botton, por su parte, prefiere el término de “lo extraordinario” para este tipo de cuentos, en los que “el fenómeno extraño se explica, al final, por medio de las leyes del mundo conocido”.38 En el paradigma de realidad diegético, un entierro prematuro no era algo 36 Isabel Clúa Ginés, “Los secretos de las damas muertas: Dos reelaboraciones de lo fantástico en la obra de Emilia Pardo Bazán”, en Cuadernos de Investigación Filológica, 26, p. 129. Disponible en: https://publicaciones.unirioja.es/ojs/index.php/cif/article/view/ 2223 (con acceso el 27 de agosto de 2024). 37 Tzvetan Todorov, Introducción a la literatura fantástica, p. 41. 38 Botton Burlá, Los juegos fantásticos, p. 18. extraordinario, como sí lo es en nuestros días, pero no dejaba de ser excepcional que una mujer dada por muer ta volviera a su casa por su propio pie después de los servicios fúnebres. Uno de los mayores aciertos del rela to es la ambientación, pues se sugiere que Dorotea, tras su regreso, presenta características un tanto espectrales. Debajo de su colorete se transparenta una “amarillez cérea”, y entre los perfumes sobresale “el vaho húmedo de los panteones”.

 La familia la percibe, en suma, como si fuera alguien venido “del otro mundo”. f) Un cuento fantástico (supersticioso): “Atavismos” “Atavismos” es un relato en el que la duda todoroviana39 se hace presente. Si bien la vacilación ha dejado de ser la piedra angular de lo fantástico, como señalan la mayoría de los teóricos que sucedieron a Todorov, en ocasiones el lector no tiene manera de saber a ciencia cierta si está ante un fenómeno imposible, como es el caso de este relato. En esta misma línea, Paredes Núñez apunta: “lo fantástico ocupa el espacio de la duda, mientras el lector 39 “Lo fantástico es la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente a un conocimiento aparentemente sobrenatural”. Todorov, op. cit, p. 24. 42 esTuDio PreLiminar esTuDio PreLiminar 43 se interroga sobre la posible interpretación del extraño fenómeno”.40 El cuento narra —en la metadiégesis— la historia de Antona, una mujer gallega cuya vecina, llamada Juliana, la envidiaba por tener una pareja de hijos sanos, pues el suyo había fallecido. Según cuenta, un “mal querere” fue el culpable de la desgracia que cayó sobre su casa y provocó la muerte de ambos, hija e hijo. La vecina los miraba con recelo y ellos se vengaron robándole maíz, costillas de cerdo y algunas cosas más. Antona asegura que ellos eran honrados, pero la Juliana, una bruja, les echó el mal de ojo causando su infortunio. Con base en el paradigma de realidad intratextual, podría afirmarse que los hijos de Antona fueron víctimas de un hechizo que provocó que la hija se consumiera hasta morir y su hermano muriera en América, a donde huyó para evitar ir a la cárcel por hurto. Como apunta Risco: “lo primero que hemos de tener en cuenta es el pacto que nos propone la situación comunicativa de la obra conforme a cómo se manifiesta en el texto mis mo”.41 En este sentido, debe considerarse que la aldea 40 Juan Paredes Núñez, “Paralelos de lo fantástico decadentista. Un caso de proyección de Maupassant en España”, 1616: Anua rio de la Sociedad Española de Literatura General y Comparada, V, p. 117. Disponible en: https://www.cervantesvirtual.com/obra/para lelos-de-lo-fantstico-decadentista-un-caso-de-proyeccin-de-mau passant-en-espaa-0/ (con acceso el 23 de julio de 2024). 41 Risco, Literatura y fantasía, p. 21. descrita está fuertemente influida por creencias popula res. 

En el diálogo inicial, la narradora —una condesa— le pregunta a un párroco: “¿De modo […], que aquí se cree firmemente en brujas?”, a lo que su interlocutor responde con un movimiento afirmativo de la cabeza. Más adelante, el religioso explica sobre sus parroquia nos: “Aunque reconozcan causas muy naturales, si los al deanos les pueden encontrar otra clave, es la que más les gusta”. Él se muestra contrariado ante dicha situación, por lo que puede hablarse de un paradigma de realidad heterogéneo: los aldeanos creen en las supersticiones, pero el párroco no, característica que se observa en cuen tos de Pardo Bazán, tales como “La santa de Karnar” o “Un destripador de antaño”. En otras ocasiones, a la voz del pueblo y de la Iglesia se suma la de la ciencia, encarnada en un médico. Si creemos la versión de Anto na, nos encontramos en el terreno de lo fantástico, pues se trataría de un caso de brujería que trastoca el plano realista de la diégesis. En palabras de Molina Porras: “En una narración fantástica un hecho sobrenatural irrumpe, provocando dudas, miedos o estupor, en un medio cotidiano y real”,42 reacciones apreciables en el 42 Juan Molina Porras, “Emilia Pardo Bazán, sus cuentos fan tásticos y su aplicación educativa”, en José Manuel González, Cris tina Patiño y Ermitas Peñas (eds.), La literatura de Emilia Pardo Bazán, p. 477. 44 esTuDio PreLiminar relato. Si le creemos al párroco, es simplemente un caso de superstición y malas coincidencias; sin embargo, hay algunos hechos que inclinan la balanza hacia lo fantásti co, como el misterioso decaimiento de la hija de Antona, a quien, según el propio abad, parecía que “le derretían la carne al fuego”. El lector tendrá la última palabra. 

Claudia Cabrera Espinosa Profesora uam-Iztapalapa

sábado, 13 de junio de 2026

Al-Hamadání Venturas y desventuras del picaro Abü l-Fath de Alejandría (Maqamái) Alianza Editorial




 Abü 1-Fath Ahmad ibn al-Husayn al-Hamadani, también 

conocido por el apelativo de Badi‘ az-Zaman (La maravilla 

del tiempo) nació en la ciudad de Hamadán (la antigua 

Exbatana) en Persia, en torno al año 968 de J.C. Conoce

mos pocos detalles de su vida, pero sí los suficientes para 

poder trazar un esquema mínimo que nos ayude a situar al 

autor en su contexto histórico y social. Su familia debía de 

ser de orígenes modestos —dado el silencio a que el 

escritor la somete—, si bien él mismo se vanagloria de su 

ascendencia árabe.

La infancia y juventud de al-Hamadanl transcurrieron en 

su ciudad y parece que en sus primeros años —al igual que 

su familia— perteneció a la $ ?a, aunque en los últimos 

tiempos de su vida pudo haberse hecho sunní. Sus estudios 

se vieron favorecidos por una memoria y capacidad de 

trabajo sorprendentes, lo que le permitió andando el 

tiempo realizar ejercicios brillantes y preciosistas que 

pasmaban a los contemporáneos, pese al escaso valor

literario que - con justicia— hoy día les otorgamos, a 

saber: escribir una carta cuya lectura al revés lleve ya la 

respuesta, o componer un texto sin utilizar ciertas letras o 

grupos de ellas, o servirse de la ambigüedad semántica para 

que tenga significados contradictorios, etc. En definitiva, 

constituía la cima del rebuscamiento estilista según los 

cánones admitidos y proclamados de su época, por lo cual 

es coherente que él mismo viniera a censurar —y menos

preciar— acremente el estilo de al-Yáhi?, el ^gran prosista 

de la centuria anterior (véase Cuadro de al-Yáhi? en esta 

obra) por estimarlo desnudo, en exceso conciso y escaso de 

ampulosidades retóricas.

Su principal maestro fue el filólogo Ibn Faris, autor de 

un tratado gramatical y de un diccionario de gran trascen

dencia. Maestro y discípulo sostuvieron a lo largo de su 

vida una estrecha relación. Buen conocedor del persa, su 

fuerte, sin embargo, fue un excelente y profundísimo 

dominio de la lengua árabe, llave inevitable entonces para 

desempeñar un destacado papel cultural, literario, adminis

trativo o de relevancia social. Su finura, elegancia y buen 

aspecto físico coadyuvaban igualmente —conjuntando las. 

«virtudes» cardinales que se esperaban de un hombre 

distinguido— a facilitarle la entrada en los salones y en las 

reuniones refinadas.

Así pues, aunque Hamadan era una ciudad de cierta 

importancia, a los veinte años las ambiciones de Bad7‘az- 

Zamán le inducen a trasladarse a Rayy, capital del sultanato 

Buyí del norte de Persia. En Rayy la literatura y las artes 

florecían, en especial los estudios sobre las tradiciones del 

Profeta (l]adit_); la vida intelectual desempeñaba un impor

tante papel en las manifestaciones sociales y se acogía con 

los brazos abiertos a los literatos. Al-HamadánT se acogió al 

mecenazgo del visir Ibn ‘Abbád —también escritor de 

cierto talento— y se introdujo de lleno en la vida literaria.

No obstante, durante su estancia en Rayy no sólo se 

dedicó a frecuentar salones de nobles o cenáculos exquisi

tos: aprovechó la ocasión para entrar en contacto con los 

truhanes locales y con el poeta bohemio Abu Dulaf. Es 

significativo resaltar esta faceta lúdica en la biografía de al- 

Hamadanl, porque seguramente determinó en gran medida 

la concepción y desarrollo posterior de su gran obra, las' 

Maqamat. Porque estos contactos, quizá profundos, con los 

bajos fondos o con gentes que bordeaban el hampa, habrían 

de conformar una visión pesimista y escéptica de su obra 

impregnando las maqamat de ironía, desesperanza y —¿por 

qué no?— de un tono utópico de deseo de regeneración, 

punto sobre el que volveremos. En ese ambiente pudo 

nacer, tal vez, la misma idea de componer las primeras 

maqamat.

Se ignoran las razones por las cuales al-Hamadanl 

abandonó Rayy. Blachére, muy plausiblemente, supone más 

que sugiere que unas eventuales diferencias con el visir Ibn 

‘Abbad pudieron forzar la marcha del escritor de una corte 

en la cual, por otros motivos, debía encontrarse a sus 

anchas. Desde Rayy se traslada a Yuryan, a orillas del Mar 

Caspio, donde se relaciona con los ismailíes (secta extremis

ta de la S7a predominante en la región), pero finalmente en 

992 marcha a Nisapur, en el Jurasán, atraído por el brillo 

intelectual y la fama que la ciudad expandía, sumida por otro 

lado en un proceso de decadencia política, paradójico 

fenómeno varias veces repetido en la historia del Islam: 

pensemos en que la mayor brillantez cultural de al-Andalus 

cuaja en paralelo (a partir del siglo XI) con su declive 

militar y político.

En la época (siglo X, recordémoslo) Nisapur, junto con 

Balj y Herat, constituía uno de los principales focos 

culturales del mundo islámico y atraía a innumerables 

gentes mitad literatos, mitad buscones que en ella espera

ban alcanzar fama y riqueza. Una base social adecuada 

propiciaba que allí acudieran: una burguesía opulenta, 

tibios sentimientos religiosos y, como en otras grandes 

ciudades islámicas coetáneas, un populacho 

inducido por

la necesidad— pronto a la rebelión y a pescar en río 

revuelto. Buen caldo de cultivo todo ello para un escritor 

sin excesivos escrúpulos, con excelente conocimiento del 

árabe (vehículo incomparable para que se le abrieran las 

puertas distinguidas y elegantes) y genio capaz de recrear el 

mundo que le circundaba.

En Nisapur establece relación con varios personajes 

locales (el poeta Ibn al-Marzubán, el muftí $u‘lük! y con la 

familia Mikáll) que le serán de gran utilidad. Allí surge 

enseguida una rivalidad literaria con al-Juwárizm!, sólo 

truncada por la muerte de éste. Y es quizá la victoria moral 

en las justas literarias contra al-Juwarizml (que estaba en su 

cénit) el punto de arranque de la fama de al-Hamadán!. Y es 

también el momento en que se engolfa en una serie de 

viajes en los que recogería ideas y materiales y que vinieron 

a constituir otros tantos triunfos para su fama. No es fácil 

seguir sus itinerarios en esa ocasión, pero sí sabemos que se 

aposenta en Zarany, capital del Seistán (o Siyistán), donde 

ejerce como panegirista del emir Jalaf hasta la caída de éste, 

para —quizá— trasladarse a continuación al servicio del 

emir Mahmüd de Gazna. Por último, se instala en Herat, 

donde contrae matrimonio con una mujer rica, adquiere 

tierras y cimenta una considerable fortuna personal, vivien

do una vida tranquila y feliz (aja cual no faltan alusiones 

subterráneas en las Maqamát: ‘Isá ibn Hisam en algunas 

compra tierras, establece negocios, sienta la cabeza, en 

suma), cuyos detalles y decurso ignoramos. Fallece el 

viernes 11 de yumádá II del año 398 H. (22 de febrero de 

1008).

A mediados del siglo X Bagdad conserva su prestigio 

como capital espiritual (a la sazón sede del Califato) y 

cultural, pero en buena medida debe compartir su papel

con Nisapur, Balj, Alcpo, Rayy, Hamadan, I$fahan, Siraz, 

El Cairo o, incluso, en el Occidente, con la Córdoba 

esplendorosa de ‘Abd ar-Rahman III y al-Hakam II. La 

fragmentación política del Islam es un hecho aceptado 

desde hace tiempo y los príncipes independientes establecen 

cortes literarias y gustan de ejercer como mecenas, atrayén

dose a una pléyade de escritores y buscones que deambulan 

entre los centros de poder. El mecenazgo llega a convertir

se en moda al imitar las gentes acomodadas a los emires. 

Poetas y sabios se someten al servicio de estos personajes a 

cambio del sustento y de alcanzar protagonismo social. En 

el siglo X, consiguientemente, se afianza y desarrolla toda 

una corriente literaria centrada en temas profanos, una vez 

establecidas las bases de la literatura religiosa que la so

ciedad islámica precisara en sus comienzos. En ese siglo X 

las reuniones de gentes cultivadas favorecen el brillo de 

individualidades destacadas y espíritus bien dotados para la 

creación. Discutir, recitar, sorprender con los propios 

conocimientos es un ejercicio socialmente remunerador. 

Los temas abordados son tanto poéticos como filológicos, 

de Gramática como de Filosofía, sin faltar narraciones de 

visos moral i/adores o picantes. En ocasiones, surge el 

debate entre los presentes: se analiza, despieza, critica, 

elogia un determinado poema, así como las buenas o malas 

condiciones de su autor, siendo indispensable para tales 

lucimientos una excelente memoria —entonces muy poten

ciada y utilizada por la precariedad de los medios de 

conservación del pensamiento—, una erudición a toda 

prueba y un espíritu vivaz para improvisar o repentizar las 

contestaciones. Escenario éste sin cesar reiterado en las 

maqámát, como veremos. A la par que se favorece esta 

«literatura de salón», sigue su camino independiente, pero 

no aislada, la literatura «de la plaza pública»: los sermones, 

discursos, relatos, refranes, que en esa época van a confluir 

en alguna medida con las letras cultas. Y serán las rnaqámat 

a través de sus temas, personajes, lengua y autores uno de

los principales nexos de contacto entre ambas manifesta

ciones.

Régis Blachére avanza la hipótesis de que desde el último 

cuarto del siglo IX, en Iraq y especialmente en Bagdad, los 

cenáculos refinados habrían aceptado una nueva forma 

literaria, especie de relato, cuyas líneas maestras serían la 

preocupación por el estilo y la atención al marco literario, 

constituyendo esta Jorma el preludio de la aparición de la 

maqáma, que vendría a configurarse, a través de una 

evolución ulterior, en los términos en que la plasmó al- 

Hamadanl. Sin embargo, respecto al origen de la maqáma 

—como suele ocurrir con la mayor parte de los géneros—, 

sólo podemos movemos entre conjeturas e intentos de 

aproximación, a partir de la información fragmentaria de 

que disponemos. Sabemos, sí, que a fines del siglo X (tal 

vez en 992-3) al-Hamadánl alumbra las Maqamat, cuentos 

cortos que, bajo la apariencia del preciosismo literario y la 

fabulación, exponen un problema social o retórico; mas una 

vez descartada la creación ex-nihilo, es decir la «invención», 

pocas seguridades más nos ayudan a esclarecer el problema, 

porque si es plausible esbozar los medios sociales e 

intelectuales que posibilitaron el nacimiento de la maqama, 

su caldo de cultivo, no lo es tanto desentrañar los datos 

correspondientes al nacimiento mismo del género.

Margoliouth primero1 y Z. Mubárak2 después extrapo

lando un texto de al-Hu§rí (siglo XI) pretendieron que el 

creador del género habría sido Ibn Durayd, autor de un 

Libro de los cuarenta cuentos, en el cual se habría inspirado al- 

HamadánT. La crítica de Blachére3 sobre el particular parece

1 Ya Prendergast en la Introducción (15) a su traducción menciona la

adjudicación de la «invención» a Ibn Durayd a través de al-f.lujn.

1 Mubárak establece taxativamente la para él indudable relación genéti

ca entre Ibn Durayd y las Maqamat de al-l lamacjani (La prose arabe au

quatneme nicle de /'I légtre, 86 y ss.). En cierto grado, pero sin comprome

terse mucho, la tesis de Mubárak viene avalada por A. kilito (ll)76, *13).

5 Blacherc-Ma¿nou, 14 15; también Bosworth (I, %) acepta la refutación 

de Blachere a propósito de la paternidad de Ibn Durayd.

restar visos de verosimilitud a tal adjudicación, pero —de 

todos modos sea cual sea la relación de esos hipotéticos 

Jjadit de Ibn Durayd con las maqámát, siguen sin establecer

se los orígenes del género; por ejemplo, fijando los puntos 

de contacto o contradicción de la maqania con el género 

adab4 de la centuria anterior, en especial en al-Yahi? e Ibn 

Qutayba; o —como ya señalábamos— profundizando, si es 

posible, en la «influencia» de los mimos griegos que 

Bosworth apuntaba.

Sin embargo, quizá sea un camino más útil emprender el 

que propone Blachére5: analizar y comparar las arengas, las 

piezas oratorias, que aparecen en las Maqamát con sus 

equivalentes recogidas en la Literatura de adab en boca de 

una figura histórica o legendaria y cuyo principal objetivo 

era mostrar la capacidad estilística de su autor. La construc

ción de estos discursos sugiere una elaboración consciente, 

en verso a veces, empedrado el texto de vocablos inusuales 

cuya finalidad era desconcertar al oyente por su rareza y en 

ocasiones en prosa rimada, como recientemente ha demos

trado J. N. Mattock:

«His statement (de Bees ton) that saj‘ (prosa rimada) 

was not extensively employed in anecdotal writing before 

B’s (al-Hamadáni) time, however, can be disputed»b.

Y a continuación, ofrece una serie de ejemplos del Kitáb 

al-ma^ásin wa-l-addád (Libro de los méritos y los contrarios)

4 Prosa miscelánea, sin principio ni fin, cuyo objetivo es instruir y 

agradar al lector proporcionándole conocimientos y entreteniéndole. No se 

construye una ficción, sino que se seleccionan, arreglan y presentan unos 

materiales variadísimos en obras con frecuencia rmstodónncas. El móvil 

didáctico en ellas es determinante (víase Ch. Pellat, Vartations sur le tbíme 

<¡r /'adab, ( orrespotulonce d'Oritnt, 5-6, 1964, bruselas).

' lilachére Masnou, 16 y sh.

'* J. N. Matn»ck, «The early history of the Xtaqáwtr», /ournal of \r<tb¡( 

I j/era/urr, XV, I9K4, I 15.

atribuido a al-Yálji? (fallecido en 869 de J.C.). Pese a que 

dicha atribución puede considerarse equivocada, el autor de 

la obra no sería muy posterior a al-Yahi?.

Otros puntos de contacto de adab y maqáma son —resalta 

Blachére— la coincidencia en el tema común del pobre que 

exhorta a renunciar a los bienes mundanos o la utilización 

por Ibn Qutayba del término maqám para designar esas 

peroratas edificantes, y, a fortiori —agrega Blachére— el 

mismo tema y con el mismo vocablo será retomado en al- 

Andalus por un autor de adab, Ibn ‘Abd Rabbih (fallecido 

en 940).

Hasta nosotros han Llegado algunas muestras, en el plano 

temático o en el estructural, equiparables a las maqámát de 

al-Hamadani, obra de contemporáneos suyos o de escritores 

ligeramente anteriores. Esas muestras son: 1 / Una maqáma 

de Ibn Nubata, contemporáneo de al-Hamadání, conserva

da en manuscrito en Berlín, escrita en prosa rimada y 

ritmada; 2 / La historia de Abü 1-Qásim7, de acusados 

rasgos picarescos y compuesta a fines del X o principios del 

XI, refiere una francachela corrida en Bagdad por el 

protagonista (Abü 1-Qásim), un bohemio habitual de cenas, 

parrandas y borracheras que acaba arrepintiéndose al oír al 

alba la voz del almuédano, la cual le induce a recobrar el 

sentido y la dignidad pronunciando ante sus compadres un 

discurso moral pleno de contricción; 3 / A. F. L. Beeston 8 

apunta nuevas ideas sobre el origen de las Maqámát, 

recordando el modelo de al-Hamadání, que posiblemente 

fuera Abü ‘Ali al-Muljassin ibn ‘Alí at-Tanüjl (327-384 H.), 

que en su Faraj ba'd as-sidda9 también se vale de materiales

7 «Cette oeuvre, ¡solée dan f la producíion littéraire du temps, pose une serie de 

problema. lJar son réalisme, elle implique l'observa!ion et ¡a no/ation minutieuse 

des fatts quolidiens; par sa structure, /’encha'mement el I’equilibre des parlies, 

elle revé te en revanche une nette mtention d'art» (Blachére-Masnou, 12-13).

8 A. F. L. Beeston, «The genesis of the Mat|¿mát genre», J. A. L., 11, 

1971, 1-12,

" Ed. El Cairo, 1955.

anecdóticos utilizados por al-Hamadanl (en la tnaqáma 

XXXIV, por ejemplo: ofrecer y ofrecer excelentes manjares 

y vituallas para terminar sacando un mendrugo), siendo la 

difusión del Faray algo anterior a la posible composición de 

las Maqamat, por lo cual bien pudo constituir una fuente de 

inspiración de al-Hamadánl.

No obstante, aunque nuestro autor conociera (cosa muy 

probable) estas producciones y otras perdidas, no hay por 

qué pensar que copiara sin más. En todo caso queda por 

dilucidar el irresuelto problema del tronco común de que 

procedían unas y otras y del momento y la manera con que 

se independizaron de él, pues constancia sólo tenemos de 

elementos sueltos: temáticos (alguna anécdota repetida o la 

ambientación general) o estilísticos (el empleo de la prosa 

rimada). Cuestiones hoy por hoy difíciles de desentrañar en 

su totalidad.

El desarrollo de la vida urbana, del comercio y de una 

mentalidad mercantilista no podían por menos que incidir 

en el sistema de valores de la sociedad islámica, estabilizada 

ya, con la consiguiente aparición del individualismo y de 

una crisis de las convicciones y comportamientos sociales 

tradicionales, dando lugar a la exaltación de «vicios», 

antihéroes y, en general, a la negación o puesta en duda de 

los valores anteriores. La aportación persa y las masas de 

desarraigados no eran, sin duda, ajenos al fenómeno. Y 

sobre la base social de una gran mezcolanza étnica (naba- 

teos, persas, kurdos, árabes, negros, etc.) y de sorprenden

tes oficios y protagonismos populares (predicadores, asce

tas, ladrones, picaros y pobres «pico de oro») ya en el 

siglo IX surge el interés por las capas más desposeídas de la 

población, al menos como pretexto literario. A partir de 

esos momentos las virtudes tópicas de la beduinidad se

ponen en entredicho (generosidad, hospitalidad, honor, 

valentía y apego al grupo familiar) y se buscan otros 

motivos más sugerentes, o menos gastados. Por tanto, las 

principales muestras representativas de la ideología domi

nante puesta en cuestión (las tradiciones del profeta, las 

producciones épicas y la poesía heroica) sufren los embates 

de la subversión de valores. Las Maqamat, en tal sentido, 

vienen a constituir —y es una de sus mayores aportaciones, 

aunque no sea una novedad— un venero de argumentos en 

torno, si no a favor, del antihéroe, pues eso es su 

protagonista Abu 1-Fath al-IskandarT. Y se marca la inver

sión frente al fjadit_ (las tradiciones del Profeta) ya desde el 

propio mecanismo de transmisión: si la veracidad de un 

badil se dirimía según el prestigio de todos y cada uno de 

los miembros de la cadena de transmisores, en las Maqamat 

un sospechoso maestro (el picaro al-Iskandari) alecciona e 

«instruye» a un no menos sospechoso discípulo (‘Isa ibn 

Hisám).

Las fuentes de al-Hamadanl son exclusivamente musul

manas, tanto comparaciones entre poetas (rama del género 

adab) como anécdotas de vates de otros tiempos (Dü 

r-Rumma y al-Farazdaq) o cuestiones como el carácter 

increado del Corán, el vidrioso problema de la corriente de 

pensamiento mu‘ta%ifi o el no menos espinoso del libre 

albedrío. Por cierto que al abordar estos temas filosófico- 

teológicos (cuadros de Hulwan y del Manicomio) el autor 

los presenta en boca de un loco «que dice las verdades». Y 

si la locura es un recurso de Ficción para plantear temas por 

otra vía conflictivos, ironía y sátira no faltan tampoco 

cuando se trata de poner en evidencia la hipocresía y mañas 

de un imán sermoneador y cínico (cuadro báquico).

En un cuadro palpitante se mesturan la proverbial 

generosidad del emir Jalaf o de Sayf ad-Dawla con supersti

ciones, hechizos, ensalmos, sermones, riesgos del desierto, 

dichos populares, hábitos nómadas, insolencias de sirviente, 

lisonjas y sus autores, hipocresías de falso beato, historia y

leyenda, teología y jurisprudencia, elocuencia, retórica de 

pulpito, citas coránicas, proverbios..., lo peregrino y lo 

recóndito, rebuscamiento y llaneza de simples. Un vasto 

mundo de soltura y desvergüenza en el cual el descaro es el 

rey, la credulidad el siervo y la máxima «cuanto mayor sea 

una mentira, mejor pasará» la ley que rige las relaciones 

entre ambos; vuelto el desparpajo industria, el engaño base 

económica y la fuga del picaro única salvación para el 

infeliz escarnecido y timado.

Serafín FANJUL

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