jueves, 2 de julio de 2026

CARLOS vossizn LOPE DE VEGA Y SU TIEMPO fragmento

 


PREAMBULO 

Nuevamente se ha despertado el anhelo de una creación poética fortificada en el estilo, arraigada en la comunión religiosa y no cional, afirmadora de la vida por encima de toda diferencia de clases. Vemos manifestarse este afan en trabajos múltiples, impacientes y pre maturos, de nuestros jóvenes poetas alemanes, le remos patente en toda la esfera cultural europeo-americana. 

El mismo anhelo me ha acercado a Lope de Vega en el sexto decenio de mi vida y me hace arriesgar una exposición histórico-literaria que sé perfectamente cuan prematura ha de parecer desde el punto de vista técnico. Pero mi sentido de nuestro tiem po no me ha permitido encubrir ya más ni abstenerme, en cuanto se re fiere al conocimiento de un poeta que con tan segura capacidad hizo en su obra lo que nosotros hoy, en distintas condiciones, creemos nece sitar y desear nuevamente. Que no omita su efecto en los lectores de esta introducción a un mundo remoto, y a la vez tan cercano, el arresto vital del gran poeta español. Carlos Vossler. Munich, julio de 1932.

 LOPE Y SU CAUDAL Lope de Vega no es una personalidad de contorno preciso, como Goethe, ni tampoco como Shakespeare, con quien tan a menudo se le compara. Con facilidad y presteza inauditas produjo una inmensa multitud de obras, cuya demarcación es hoy de todo punto imposible. Ya sus contemporáneos ignoraban, y hasta ignoraba él mismo—no siempre quería saberlo acaso—lo que era suyo y lo que era de sus pre decesores, de sus amigos, colaboradores, explotadores, e imitadores. Su caudal literario fluye de tal manera confundido con el de los demás, que la determinación de su peculiaridad espiritual sufre con ello/De sus obras teatrales en verso nos son conocidas, por el título, más de 770, y por el texto, 470. El mismo pretende haber escrito 1.500. Su amigo y biógrafo Juan Pérez de Montalbán habla de 1.800 comedias y 400 autos sacramentales, lo que sin duda es hiperbólico. Han de añadirse tres novelas y cuatro novelas cortas en prosa, cinco poemas épicos y cuatro poemas épicos menores, tres poemas didácticos y una frondosa opu lencia de poesías líricasy escritos de ocasión. Se estimaban la rapidez y la cantidad más que la peculiaridad y el esmero. Lo que Lope hizo con otros, se hizo con él en mayor medida; se le copió, se le trastrocó y se le saqueó y aun se le atribuyó más de lo que se tomó de él. 

Dice, en chanza, el poeta: Es adagio provincial que todas las cosas son de Lope extraño caudal. López de Aguilar Coutiño, uno de sus más cálidos admiradores, es cribe en 1618: «Lupus rebus ómnibus, quae meliores esse probantur, Digitized by nomen imposuit suum», y lo mismo afirma de Lope el hermano Fran cisco de Peralta en su oración fúnebre: «Proverbio hizo el lenguaje castellano del nombre de Lope para encarecimiento de lo mejor; la tela más rica y vistosa, para venderla por tal, de Lope llama el mercader; la más bien acabada pintura, no de Apeles, de Lope la llama el pintor J» Dice otro: «Lope llega en esta monarquía a merecer la antonomasia de excelente, calificando lo bueno poc de Lope.» Y otro canta: Que si lo bueno es de Lope, Lope, por bueno, es de Dios. De un cierto hermano Serafín son estos versos: Todos solían decir: Esto es de Lope; pero desde hoy dirán: Lope es de todos. Del célebre Quevedo son estas palabras, escritas un año antes de la muerte del poeta: «Lope, cuyo nombre ha sido universalmente pro verbio de todo lo bueno, prerrogativa que no ha concedido la (ama a otro hombre» (l). Hasta en el Credo parece que se introdujo su nombre: «Creo en Lope Todopoderoso, Poeta del cielo y de la tierra.» En una palabra: llegó a ser, en vida, una figura fabulosa y un símbolo casi de la grandeza de su pueblo. A ello no sólo contribuyó el imperio de su capacidad y el esplen dor de su obra poética, sino el notable concepto de la personalidad, vi gente entre los españoles de su tiempo, y con el que nos hemos de fami liarizar en el curso de esta consideración. 

Digamos sólo, de momento, que en un pueblo que había mantenido ochocientos años por la fe cristiana la guardia de frontera contra el Islam, toda disgregación de la comunidad por parte del individuo era recelada como un principio de herejía. La singularidad espiritual, el caudal espiritual de cada uno, el individualismo crítico, no encontraban medio vital propicio en esta tierra antiprotestante. Para ser algo había que arraigar hondo en la co (i) Compruébese en Vida de L. de V., por H. A. Rennert y A. Cas tro. Madrid, 1919, pág. 380 y ss. munidad, en el núcleo del sentimiento y el gusto populares; y de tal vinculación obtuvo Lope, de hecho, su (ama inmensa. Se sintió rodea do, cada vez más, por la niebla luminosa de la admiración sin crítica que le embriagaba, envuelto en milagrería. Sus obras, escritas apresu radamente, se llenaron, tanto en lo que se refiere al pensamiento como al lenguaje, de elementos del patrimonio vulgar y se hincharon, fron dosas, allende el límite de su peculiar carácter, adquiriendo proporcio nes colosales que nada tienen que ver con la grandeza humana y antes, por el contrario, la velan y ocultan. Diferenciar lo colosal en Lope de su genialidad verdadera y librar a ésta, digámoslo así, de su propio desbordamiento y vulgaridad, es una tarea espinosa, en la que críticos y filólogos han de trabajar aún dilatadamente. Por lo pronto, y ciertamente con razón, se ha investigado la hechura* literaria de Lope, sus fuentes y la tradición de sus escritos. 

Y aunque se está muy lejos de poder considerar ultimada esta labor, se advierte ya tal* dosis de arbitrariedad, de incuria y de confusión, y por otra parte tanta diligencia, tanta cicunspección y conciencia artística en la géne sis, en el cuidado y en el logro de las innumerables obras, que apenas puede esperarse que se llegue sólo con la investigación filológica a des cifrar el enigma. Como el panorama de la obra inmensa se nos ofrece de tal manera informe y desigual, atengámonos de momento al carácter personal de su creador, consideremos la conducta vital en que el modo de querer y de sentir de un hombre han de revelarse.

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