martes, 9 de abril de 2013

César Vallejo (Perú, 1892-1938)


César Vallejo
(Perú, 1892-1938) 
 Sin discusión, el poeta peruano más grande de todos los tiempos, una figura capital de la poesía hispanoamericana del siglo XX -al lado de Neruda y Huidobro- y una de las voces más originales de la lengua española. Su complejo mundo poético se distingue por un profundo arraigo al ámbito familiar, las experiencias del dolor cotidiano y la muerte, la visión del mundo como un lugar penitencial sin certeza de salvación, la solidaridad con los pobres y desamparados del sistema capitalista, y la fe en la utopía revolucionaria prometida a los hombres por el marxismo. En diversas etapas de su obra se notan los influjos del modernismo, la vanguardia, el indigenismo, la poesía social y el impacto de acontecimientos históricos, como la Guerra Civil española. Nació en Santiago de Chuco, en la zona andina norte del Perú, en el seno de una familia con raíces españolas e indígenas. Desde niño conoció la miseria, pero también el calor del hogar, lejos del cual sentía una incurable orfandad. Estudió en la Universidad de Trujillo, ciudad donde recibió el estímulo de -la bohemia- local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes. Allí publicó sus primeros poemas antes de llegar a Lima a fines de 1917. 
En esta ciudad aparece su primer libro, Los heraldos negros (impreso en 1918), uno de los más representativos ejemplos del posmodernismo, tras las huellas de Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig. En 1920 hace una visita a su pueblo natal, donde se ve envuelto en unos disturbios que lo llevarán a la cárcel por unos tres meses, esta experiencia tendrá una crítica y permanente influencia en su vida y obra, y se refleja de modo muy directo en varios poemas de su siguiente libro, Trilce (1922). Se considera esta obra como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella vemos a Vallejo apartándose de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, incorporando algunas novedades de la vanguardia y realizando una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana que nunca antes habían sido explorados. 

Al año siguiente parte para París, donde permanecerá (con algunos viajes a la Unión Soviética, España y otros países europeos) hasta el fin de sus días. Los años parisinos fueron de extrema pobreza y de intenso sufrimiento físico y moral. Participa con amigos como Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y Juan Gris en actividades de sesgo vanguardista, pero pronto abjura de su propio Trilce y hacia 1927 aparece firmemente comprometido con el marxismo y su activismo intelectual y político. Escribe artículos para periódicos y revistas, piezas teatrales, relatos y ensayos de intención propagandística, como Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin (1931). Inscrito en el Partido Comunista de España (1931) y nombrado corresponsal, sigue de cerca las acciones de la Guerra Civil y escribe su poema más político: España, aparta de mí este cáliz, que aparece en 1939 impreso por soldados del ejército republicano. Toda la obra poética escrita en París, y que Vallejo publicó parcamente en diversas revistas, aparecería póstumamente en esa ciudad con el título Poemas humanos (1939). En esta producción es visible su esfuerzo por superar el vacío y el nihilismo de Trilce y por incorporar elementos históricos y de la realidad concreta (peruana, europea, universal) con los que pretende manifestar una apasionada fe en la lucha de los hombres por la justicia y la solidaridad social.
 fUENTE: nn.


Cesar Vallejo
Poesía 

LOS HERALDOS NEGROS 
Hay golpes en la vida, tan fuertes Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma Yo no sé!
Son pocos; pero son Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. 
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema
Y el hombre Pobre pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.
Hay golpes en la vida, tan fuertes Yo no sé!

PLAFONES AGILES

DESHOJACION SAGRADA
Luna! Corona de una testa inmensa,
que te vas deshojando en sombras gualdas!
Roja corona de un Jesús que piensa
trágicamente dulce de esmeraldas!
Luna! Alocado corazón celeste
¿por qué bogas así, dentro de copa
llena de vino azul, hacia el oeste,
cual derrotada y dolorida popa?
Luna! Y a fuerza de volar en vano,
te holocaustas en ópalos dispersos:
tú eres talvez mi corazón gitano
que vaga en el azul llorando versos!...

COMUNION
Linda Regia! Tus venas son fermentos
de mi no ser antiguo y del champaña
negro de mi vivir!
Tu cabello es la ignota raicilla
del árbol de mi vid.
Tu cabello es la hilacha de una mitra
de ensueño que perdí!
Tu cuerpo es la espumante escaramuza
de un rosado jordán;
y ondea, como un látigo beatifico
que humillara a la víbora del mal!
Tus brazos dan la sed de lo infinito,
con sus castas hespérides de luz,
cual dos blancos caminos redentores,
dos arranques murientes de una cruz.
Y están plasmados en la sangre invicta
de mi imposible azul! Tus pies son dos heráldicas alondras
que eternamente llegan de mi ayer!
Linda Regial Tus pies son las dos lágrimas
que al bajar del Espíritu ahogué,
un Domingo de Ramos que entré al Mundo,
ya lejos para siempre de Belén!

NERVAZON DE ANGUSTIA
Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla;
desclava mi tensión nerviosa y mi dolor...
Desclava, amada eterna, mi largo afán y los
dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor!
Regreso del desierto donde he caído mucho;
retira la cicuta y obséquiame tus vinos!:
espanta con un llanto de amor a mis sicarios,
cuyos gestos son férreas fieras de Longinos!
Desclávame mis clavos, oh nueva madre ,mía,
Sinfonía de olivos, escancia tu llorar!
Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta,
cuál cede la amenaza, y la alondra se va!
Pasas..., vuelves... Tus lutos trenzan mi gran cilicio
con gotas de curare, filos de humanidad,
la dignidad roquera que hay en tu castidad,
y el judithesco azogue de tu miel interior.
Son las ocho de la mañana de un crema brujo...
Hay frío... Un perro pasa royendo el hueso de otro
perro que fue... Y empieza a llorar en mis nervios
un fósforo que en cápsulas de silencio apaguél
Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática
un dionisiaco hastío de café...!

BORDAS DE HIELO
Vengo a verte pasar todos los días, 
vaporcito encantado siempre lejos... 
¡Tus ojos son dos rubios capitanes; 
tu labio es un brevísimo pañuelo 
rojo que ondea en un adiós de sangre!
Vengo a verte pasar; hasta que un día, 
embriagada de tiempo y de crueldad, 
vaporcito encantado siempre lejos, 
¡la estrella de la tarde partirá!
Las jarcias; vientos que traicionan; vientos 
¡de mujer que pasó! 
Tus fríos capitanes darán orden; 
¡y quien habrá partido seré yo...!

NOCHEBUENA
Al callar la orquesta, pasean veladas
sombras femeninas bajo los ramajes,
por cuya hojarasca se filtran heladas
quimeras de luna, pálidos celajes.
Hay labios que lloran arias olvidadas,
grandes lirios fingen los ebúrneos trajes.
Charlas y sonrisas en locas bandadas
perfuman de seda los rudos boscajes.
Espero que ría la luz de tu vuelta;
y en la epifanía de tu forma esbelta,
cantará la fiesta en oro mayor.
Balarán mis versos en tu predio entonces,
canturreando en todos sus místicos bronces
que ha nacido el niño-jesús de tu amor.

ASCUAS
Para Domingo Parra Del Riego
Luciré para Tilia, en la tragedia
mis estrofas en ópimos racimos;
sangrará cada fruta melodiosa,
como un sol funeral, lúgubres vinos,
Tilia tendrá la cruz
que en la hora final será de luz!
Prenderé para Tilia, en la tragedia,
la gota de fragor que hay en mis labios;
y el labio al encresparse para el beso,
se partirá en cien pétalos sagrados.
Tilia tendrá el puñal,
el puñal floricida y auroral!
Ya en la sombra, heroína, intacta y mártir,
tendrás bajo tus plantas a la Vida;
mientras veles, rezando mis estrofas,
mi testa, como una hostia en sangre tinta!
Y en un lirio, voraz,
mi sangre, como un virus, beberás!

MEDIALUZ
He soñado una fuga. Y he soñado
tus encajes en la alcoba.
A lo largo de un muelle, alguna madre;
y sus quince años dando el seno a una hora.
He soñado una fuga. Un "para siempre"
suspirado en la escala de una proa;
he soñado una madre;
unas frescas matitas de verdura,
y el ajuar constelado de una aurora.
A lo largo de un muelle...
Y a lo largo de un cuello que se ahoga!

SAUCE
Lirismo de invierno, rumor de crespones, 
cuando ya se acerca la pronta partida;
agoreras voces de tristes canciones 
que en la tarde rezan una despedida.
Visión del entierro de mis ilusiones 
en la propia tumba de mortal herida. 
Caridad verónica de ignotas regiones, 
donde a precio de éter se pierde la vida.
Cerca de la aurora partiré llorando; 
y mientras mis años se vayan curvando, 
curvará guadañas mi ruta veloz.
Y ante fríos óleos de luna muriente, 
con timbres de aceros en tierra indolente,
cavarán los perros, aullando, un adiós!

AUSENTE
Ausente! La mañana en que me vaya
más lejos de lo lejos al Misterio,
como siguiendo inevitable raya,
tus pies resbalarán al cementerio.
Ausente! La mañana en que a la playa
del mar de sombra y del callado imperio,
como un pájaro lúgubre me vaya,
será el blanco panteón tu cautiverio.
Se, habrá hecho de noche en tus miradas;
y sufrirás, y tomarás entonces
penitentes blancuras laceradas.
Ausente! Y en tus propios sufrimientos
ha de cruzar entre un llorar de bronces
una jauría de remordimientos!

AVESTRUZ
Melancolía, saca tu dulce pico ya;
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz.
Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales
la sangre que extrajera mi sanguijuela azul!
No acabes el maná de mujer que ha bajado;
yo quiero que de él nazca mañana alguna cruz,
mañana que no tenga yo a quien volver los ojos,
cuando abra su gran O de burla el ataúd.
Mi corazón es tiesto regado de amargura;
hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él. . .
Melancolía, deja de secarme la vida,
y desnuda tu labio de mujer...!

BAJO LOS ÁLAMOS
Para José Eulogio Garrido
Cual hieráticos bardos prisioneros,
los álamos de sangre se han dormido.
Rumian arias de yerba al sol caído,
las greyes de Belén en los oteros.
El anciano pastor, a los postreros
martirios de la luz, estremecido,
en sus pascuales ojos ha cogido
una casta manada de luceros.
Labrado en orfandad baja al instante
con rumores de entierro, al campo orante;
y se otoñan de sombra las esquilas.
Supervive el azul urdido en hierro,
y en él, amortajadas las pupilas,
traza su aullido pastoral un perro.

BUZOS

LA ARAÑA
Es una araña enorme que ya no anda;
una araña incolora, cuyo cuerpo,
una cabeza y un abdomen, sangra.
Hoy la he visto de cerca. Y con qué esfuerzo
hacia todos los flancos
sus pies innumerables alargaba.
Y he pensado en sus ojos invisibles,
los pilotos fatales de la araña.
Es una araña que temblaba fija
en un filo de piedra; .
el abdomen a un lado,
y al otro la cabeza.
Con tantos pies la pobre, y aún no puede
resolverse. Y, al verla
atónita en tal trance,
hoy me ha dado qué pena esa viajera.
Es una araña enorme, a quien impide
el abdomen seguir a la cabeza.
Y he pensado en sus ojos
y en sus pies numerosos ...
¡Y me ha dado qué pena esa viajera!

BABEL
Dulce hogar sin estilo, fabricado
de un solo golpe y de una sola pieza
de cera tornasol. Y en el hogar
ella daña y arregla; a veces dice:
"El hospicio es bonito; aquí no más!"
¡Y otras veces se pone a llorar!

ROMERÍA
Pasamos juntos. El sueño 
lame nuestros pies qué dulce; 
y todo se desplaza en pálidas
renunciaciones sin dulce.
Pasamos juntos. Las muertas 
almas, las que, cual nosotros, 
cruzaron por el amor, 
con enfermos pasos ópalos, 
salen en sus lutos rígidos 
y se ondulan en nosotros.
Amada, vamos al borde 
frágil de un montón de tierra. 
Va en aceite ungida el ala, 
y en pureza. Pero un golpe, 
al caer yo no sé dónde, 
afila de cada lágrima 
un diente hostil.
Y un soldado, un gran soldado, 
heridas por charreteras, 
se anima en la tarde heroica, 
y a sus pies muestra entre risas, 
como una gualdrapa horrenda, 
el cerebro de la Vida.
Pasamos juntos, muy juntos, 
invicta Luz, paso enfermo; 
pasamos juntos las lilas
mostazas de un cementerio.

EL PALCO ESTRECHO
Más acá, más acá. Yo estoy muy bien.
Llueve; y hace una cruel limitación.
Avanza, avanza el pie.
Hasta qué hora no suben las cortinas
esas manos que fingen un zarzal?
Ves? Los otros, qué cómodos, qué efigies.
Más acá, más acá(
Llueve. Y hoy pasará otra nave
cargada de crespón;
será como un pezón negro y deforme
arrancado a la esfíngica Ilusión.
Más acá, más acá. Tú estás al borde
y la nave arrastrarte puede al mar.
Ah, cortinas inmóviles, simbólicas.. .
Mi aplauso es un festín de rosas negras:
cederte mi lugar!
Y en el fragor de mi renuncia,
un hilo de infinito sangrará.
Yo no debo estar tan bien;
avanza, avanza el piel

¿ …………….
-Si TE amara... qué sería?
-Una orgía!
-Y si él te amara?
Sería
todo rituario, pero menos dulce.
Y si tú quisieras?
La sombra sufriría
justos fracasos en tus niñas monjas.
Culebrean latigazos,
cuando el can ama a su dueño?
-No; pero la luz es nuestra.
Estás enfermo... Vete... Tengo sueño!
(Bajo la alameda vesperal
se quiebra un fragor de rosa.)
-Idos, pupilas, pronto...
Ya retoña la selva en mi cristal!

EL POETA A SU AMADA
Amada, en esta noche tú te has sacrificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.
En esta noche rara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.

VERANO
Verano, ya me voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.
Verano! y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.
Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.
Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.
Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho...

SETIEMBRE
Aquella noche de setiembre, fuiste
tan buena para mí... hasta dolerme!
Yo no sé lo demás; y para eso,
no debiste ser buena, no debiste.
Aquella noche sollozaste al verme
hermético y tirano, enfermo y triste.
Yo no sé lo demás.. . y para eso
yo no sé por qué fui triste. . . , tan triste...!
Sólo esa noche de setiembre dulce,
tuve a tus ojos de Magdala, toda
la distancia. de Dios... y te fui dulce!
Y también una tarde de setiembre
cuando sembré en tus brasas, desde un auto,
los charcos de esta noche de diciembre.

HECES
ESTA tarde llueve como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.
Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser?
Viste gracia y pena; viste de mujer.
Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así!"
Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con. óleos quemantes el punto final.
Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.
Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.
Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!

IMPÍA
Señor! Estabas tras los cristales
humano y triste de atardecer;
y cuál lloraba tus funerales
esa mujer!
Sus ojos eran el jueves santo,
dos negros granos de amarga luz!
Con duras gotas de sangre y llanto
clavó tu cruz!
Impía! Desde que tú partiste,
Señor, no ha ido nunca al Jordán,
en rojas aguas su piel desviste,
y al vil judío le vende pan!

LA COPA NEGRA
La noche es una copa de mal. Un silbo agudo
del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler.
Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste,
la onda aún es negra y me hace aún arder?
La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra.
Oye, tú, mujerzuela, no vayas a volver.
A carne nada, nada
en la copa de sombra que me hace aún doler;
mi carne nada en ella,
como en un pantanoso corazón de mujer.
Ascua astral... He sentido
secos roces de arcilla
sobre mi loto diáfano caer.
Ah, mujer! Por ti existe
la carne hecha de instinto. Ah mujer!
Por eso ¡oh, negro cáliz! aun cuando ya te fuiste,
me ahogo con el polvo;
y piafan en mis carnes más ganas de beber!

DESHORA
Pureza amada, que mis ojos nunca
llegaron a gozar. Pureza absurda!
Yo sé que estabas en la carne un día,
cuando yo hilaba aún mi embrión de vida.
Pureza en falda neutra de colegio;
y leche azul dentro del trigo tierno
a la tarde de lluvia, cuando el alma
ha roto su puñal en retirada,
cuando ha cuajado en no sé qué probeta
sin contenido una insolente piedra.
Cuando hay gente contenta; y cuando lloran
párpados ciegos en purpúreas bordas.
Oh, pureza que nunca ni un recado
me dejaste, al partir del triste barro
ni una migaja de tu voz; ni un nervio
de tu convite heroico de luceros.
Alejáos de mi, buenas maldades,
dulces bocas picantes...
Yo la recuerdo al veros oh, mujeres!
Pues de la vida en la perenne tarde,
nació muy poco pero mucho muere!

FRESCO
Llegué a confundirme con ella,
tanto ...! Por sus recodos
espirituales, yo me iba
jugando entre tiernos fresales,
entre sus griegas manos matinales.
Ella me acomodaba después los lazos negros
y bohemios de la corbata. Y yo
volvía a ver la piedra
absorta, desairados los bancos, y el reloj
que nos iba envolviendo en su carrete,
al dar su inacabable molinete.
Buenas noches aquellas,
que hoy la dan por reír
de mi extraño morir,
de mi modo de andar meditabundo.
Alfeñiques de oro,
joyas de azúcar
que al fin se quiebran en
el mortero de losa de este mundo.
Pero para las lágrimas de amor,
los luceros son lindos pañuelitos
lilas,
naranjas,
verdes,
que empapa el corazón.
Y si hay ya mucha hiel en esas sedas,
hay un cariño que no nace nunca,,,
que nunca muere, '
vuela otro gran pañuelo apocalíptico;
la mano azul, inédita de Dios!

YESO
Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche, 
ya tras del cementerio se fue el sol; 
aquí se está llorando a mil pupilas: 
no vuelvas; ya murió mi corazón. 
Silencio. Aquí ya todo está vestido 
de dolor riguroso; y arde apenas, 
como un mal kerosene, esta pasión.
Primavera vendrá. Cantarás «Eva» 
desde un minuto horizontal, desde un 
hornillo en que arderán los nardos de Eros. 
¡Forja allí tu perdón para el poeta, 
que ha de dolerme aún, 
como clavo que cierra un ataúd!
Mas... una noche de lirismo, tu 
buen seno, tu mar rojo 
se azotará con olas de quince años, 
al ver lejos, aviado con recuerdos 
mi corsario bajel, mi ingratitud.
Después, tu manzanar, tu labio dándose, 
y que se aja por mí por la vez última, 
y que muere sangriento de amar mucho, 
como un croquis pagano de Jesús.
¡Amada! Y cantarás; 
y ha de vibrar el femenino en mi alma, 
como en una enlutada catedral.

NOSTALGIAS IMPERIALES

NOSTALGIAS IMPERIALES
I
En Los paisajes de Mansiche labra
imperiales nostalgias el crepúsculo;
y lábrase la raza en mi palabra,
como estrella de sangre a flor de músculo.
El campanario dobla... No hay quien abra
.la capilla... Diríase un opúsculo
bíblico que muriera en la palabra
de asiática emoción de este crepúsculo.
Un poyo con tres patas, es retablo
en que acaban de alzar labios en coro
la eucaristía de una chicha de oro.
Más allá de los ranchos surge al viento
el humo oliendo a sueño y a establo,
como si se exhumara un firmamento. ~~
II
La anciana pensativa, cual relieve
de un bloque pre-incaico, hila que hila;
en sus dedos de Mama el huso leve
la lana gris de su vejez trasquila.
Sus ojos de esclerótica de nieve
un ciego sol sin luz guarda y mutila . . . !
Su boca está en desdén, y en calma aleve
su cansancio imperial tal vez vigila.
Hay ficus que meditan, melenudos
trovadores incaicos en derrota,
la rancia pena de esta cruz idiota,
en la hora en rubor que ya se escapa,
y que es lago que suelda espejos rudos
donde náufrago llora Manco-Cápac.
III
Como viejos curacas van los bueyes
camino de Trujillo, meditando...
Y al hierro de la tarde, fingen reyes
que por muertos dominios van llorando.
En el muro de pie, pienso en las leyes
que la dicha y la angustia van trocando:
ya en las viudas pupilas de los bueyes
se pudren sueños qué no tienen cuándo.
La aldea, ante su paso, se reviste
de un rudo gris, en que un mugir de vaca
se aceita en sueño y emoción de huaca.
Y en el festín del cielo azul yodado
gime en el cáliz de la esquila triste
un viejo corequenque desterrado.
[]IV
La Grama mustia, recogida, escueta
ahoga no sé qué protesta ignota:
parece el alma exhausta de un poeta,
arredrada en un gesto de derrota.
La Ramada ha tallado su silueta,
cadavérica jaula, sola y rota,
donde mi enfermo corazón se aquieta
en un tedio estatual de terracota.
Llega el canto sin sal del mar labrado
en su máscara bufa de canalla
que babea y da tumbos, ahorcado!
La niebla hila una venda al cerro lila
que en ensueños miliarios se enmuralla,
como un huaco gigante que vigila.

HOJAS DE EBANO
Fulge mi cigarrillo;
su luz se limpia en pólvoras de alerta.
Y a su guiño amarillo
entona un pastorcillo
el tamarindo de su sombra muerta.
Ahoga en una enérgica negrura , w
el caserón entero
la mustia distinción de su blancura.
Pena un frágil aroma de aguacero.
Están todas las puertas muy ancianas,
y se hastía en su habano carcomido
una insomne piedad de mil ojeras.
Yo las dejé lozanas;
y hoy las telarañas han zurcido
hasta en el corazón de sus maderas,
coágulos de sombra oliendo a olvido.
La del camino, el día
que me miró llegar, trémula y triste,
mientras que-sus dos brazos entreabría,
chilló como en un llanto de alegría.
Que en toda fibra existe
para el ojo que ama, una dormida
novia perla, una lágrima escondida.
Con no sé qué memoria secretea
mi corazón ansioso.
-Señora?... -Sí, señor; murió en la aldea;
aún la veo envueltita en su rebozo
Y la abuela amargura
de un cantar neurasténico de paria
¡oh, derrotada musa legendaria!
afila sus melódicos raudales
bajo la noche oscura:
como si abajo, abajo,
en la turbia pupila de cascajo
de abierta sepultura,
celebrando perpetuos funerales,
se quebrasen fantásticos puñales.
Llueve..., llueve... Sustancia el aguacero,
reduciéndolo a fúnebres olores,
el humor de los viejos alcanfores
que velan tahuashando en el sendero
con sus ponchos de hielo y sin sombrero.

TERCETO AUTÓCTONO
I
El puño labrador se aterciopela,
y en cruz en cada labio se aperfila.
Es fiesta! El ritmo del arado vuela;
y es un chantre de bronce cada esquila.
Afílase lo rudo. Habla escarcela . . .
En las venas indígenas rutila
un yaraví de sangre que se cuela
en nostalgias de sol por la pupila.
Las pallas, aquenando hondos suspiros,
como en raras estampas seculares,
enrosarian un símbolo en sus giros.
Luce él Apóstol en su trono, luego;
y es', entre inciensos, cirios y cantares,
el moderno dios-sol para el labriego.
II
Echa una cana al aire el indio triste.
Hacia el altar fulgente va el gentío.
El ojo del crepúsculo desiste
de ver quemado vivo el caserío. ,
La pastora de lana y llanque viste,
con pliegues de candor en su atavío;
y en su humildad de lana heroica y triste,
copo es su blanco corazón bravío.
Entre músicas, fuegos de bengala,
solfea un acordeónl Algún tendero
da su reclame al viento: "Nadie iguala!"
Las chispas al flotar lindas, graciosas,
son trigos de oro audaz que el chacarero
siembra en los cielos y en las nebulosas.
III
Madrugada. La chicha al fin revienta
en sollozos, lujurias, pugilatos;
entre olores de urea y de pimienta
traza un ebrio al andar mil garabatos.
"Mañana que me vaya..." se lamenta
un Romeo rural cantando a ratos.
Caldo madrugador hay ya de venta;
y brinca un ruido aperital de platos.
Van tres mujeres.. ., silba un golfo... Lejos
el río anda borracho y canta y llora
prehistorias de agua, tiempos viejos.
Y al sonar una caja de Tayanga,
como iniciando un huaino azul, remanga
sus pantorrillas de azafrán la Aurora.

ORACIÓN DEL CAMINO
Ni sé para quién es esta amargura!
Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo,
y cuelga, como un Cristo ensangrentado,
mi bohemio dolor sobre su pecho.
El valle es de oro amargo;
y el viaje es triste, es largo.
Oyes? Regaña una guitarra. Calla!
Es tu raza, la pobre viejecita
que al saber que eres huésped y que te odian,
se hinca la faz con una roncha lila.
El valle es de oro amargo,
y el trago es largo. . . , largo . . .
Azulea el camino, ladra el río...
Baja esa frente sudorosa y fría,
fiera y deforme. Cae el pomo roto
de una espada humanicida!
Y en el mómico valle de oro santo,
la brasa de sudor se apaga en llanto!
Queda un olor de tiempo abonado de versos,
para brotes de mármoles consagrados que hereden
la aurífera canción
de la alondra que se pudre en mi corazón¡

HUACO
Yo soy el coraquenque ciego
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está al Globo,
como a un huaco estupendo que girara.
Yo soy el llama, a quien tan sólo alcanza
la necedad hostil a trasquilar
volutas de clarín,
volutas de clarín brillantes de asco
y bronceadas de un viejo yaraví.
Soy el pichón de cóndor desplumado
por latino arcabuz;
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.
Yo soy la gracia incaica que se roe
en áureos coricanchas bautizados
de fosfatos de error y de cicuta.
A veces en mis piedras se encabritan
los nervios rotos de un extinto puma.
Un fermento de Sol;
levadura de sombra y corazón!

MAYO
Vierte el humo doméstico en la aurora 
su sabor a rastrojo; 
y canta, haciendo leña, la pastora 
un salvaje aleluya!
Sepia y rojo.
Humo de la cocina, aperitivo 
de gesta en este bravo amanecer. 
El último lucero fugitivo 
lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, 
¡oh celeste zagal trasnochador! 
se duerme entre un jirón de rosicler.
Hay ciertas ganas lindas de almorzar, 
y beber del arroyo, y chivatear! 
Aletear con el humo allá, en la altura; 
o entregarse a los vientos otoñales 
en pos de alguna Ruth sagrada, pura, 
que nos brinde una espiga de ternura 
bajo la hebraica unción de los trigales!
Hoz al hombro calmoso, 
acre el gesto brioso, 
va un joven labrador a Irichugo.
Y en cada brazo que parece yugo 
se encrespa el férreo jugo palpitante 
que en creador esfuerzo cuotidiano 
chispea, como trágico diamante, 
a través de los poros de la mano 
que no ha bizantinado aún el guante. 
Bajo un arco que forma verde aliso, 
¡oh cruzada fecunda del andrajo! 
La zagala que llora 
su yaraví a la aurora,
recoge ¡oh Venus pobre! 
frescos leños fragantes 
en sus desnudos brazos arrogantes
esculpidos en cobre. 
En tanto que un becerro, 
perseguido del perro, 
por la cuesta bravía
corre, ofrendando al floreciente día 
un himno de Virgilio en su cencerro!
Delante de la choza 
el indio abuelo fuma; 
y el serrano crepúsculo de rosa, 
el ara primitiva se sahúma 
en el gas del tabaco. 
Tal surge de la entraña fabulosa 
de epopéyico huaco, 
mítico aroma de broncíneos lotos, 
el hilo azul de los alientos rotos!

ALDEANA
Lejana vibración de esquilas mustias
en el aire derrama
la fragancia rural de sus angustias.
En el patio silente
sangra su despedida el sol poniente
El ámbar otoñal del panorama
toma un frío matiz de gris doliente!
Al portón de la casa
que el tiempo con sus garras torna ojosa,
asoma' silenciosa
y al establo cercano luego pasa,
la silueta calmosa
de un buey color de oro,
que añora con sus bíblicas pupilas,
oyendo la oración de las esquilas,
su edad viril de toro!
Al muro denla huerta
aleteando la pena de su canto,
salta un gallo gentil, y, en triste alerta,
cual dos gotas de llanto,
tiemblan sus ojos en la tarde muerta!
Lánguido se desgarra
en la vetusta aldea
el dulce yaraví de una guitarra,
en cuya eternidad de hondo quebranto
la triste voz de un indio dondonea,
como un viejo esquilón de camposanto.
De codos yo en el muro,
cuando triunfa en el alma el tinte oscuro
y el viento reza en los ramajes yertos
llantos de quenas, tímidos, inciertos,
suspiro una congoja,
al ver que la penumbra gualda y roja
llora un trágico azul de idilios muertos!
aleteando la pena de su canto,
salta un gallo gentil, y, en triste alerta,
cual dos gotas de llanto,
tiemblan sus ojos en la tarde muerta!
Lánguido se desgarra
en la vetusta aldea
el dulce yaraví de una guitarra,
en cuya eternidad de hondo quebranto
la triste voz de un indio dondonea,
como un viejo esquilón de camposanto.
De codos yo en el muro,
cuando triunfa en el alma el tinte oscuro
y el viento reza en los ramajes yertos
llantos de quenas, tímidos, inciertos,
suspiro una congoja,
al ver que la penumbra gualda y roja
llora un trágico azul de idilios muertos!

lunes, 8 de abril de 2013

Lorca y Dalí: el amor que no pudo ser



Lorca y Dalí: el amor que no pudo ser

Federico García Lorca y Eugenio Salvador Dalí vivieron su particular Brokeback Mountain en la España de los años 20. Es una de las historias más fascinantes y tristes entre dos de los personajes más relevantes de nuestra panorama cultural. Su relación trascendió la simple amistad. Se conocieron en 1922 en la Residencia de Estudiantes de Madrid (cuando tenían 24 y 18 años respectivamente). Fue una gran historia de amor aunque nunca llegara a consumarse. Lorca, menos temeroso al erotismo, fue mucho más consciente del amor que sentía hacia su amigo. En cuanto Lorca lo vio se enamoró perdidamente de Dalí, pero éste no aceptaba su homosexualidad, entre otras cosas por la influencia de un padre muy severo, el notario de Figueras. Mantuvieron, a pesar de todo, una estrechísima relación personal y artística primero; y un complejo debate estético después, hasta 1928 en que se produjo el alejamiento entre los dos.


Dalí había comenzado el servicio militar, pero tiene tres meses de permiso que va a pasar con su amigo Federico entre Figueras, Cadaqués y Barcelona. En este momento llevaban más de un año sin verse y pasaron unos meses en íntima amistad. Se sentían como almas gemelas. Trabajaron juntos en los decorados de una obra de teatro. La influencia era recíproca, la relación muy intensa, y ni ellos mismos imaginaban que ese viaje iba ser el preámbulo de un progresivo distanciamiento entre los dos. Según el pintor, en mayo de 1926 el poeta intentó "estar físicamente con él", quiso penetrarlo, y aunque Dalí se sentía halagado por el amor de Lorca, no accedió a sus deseos, ya que no se consideraba homosexual, lo que Lorca respetó siempre profundamente.
Este capítulo, que hasta hace bien poco era uno de los más oscuros de la vida de García Lorca, casi tanto como el de su muerte, ha visto la luz gracias al irlandés Ian Gibson, que ya había escrito sendas biografías de estos personajes, y ha empleado como base de este ensayo las cartas que Salvador Dalí remitió a García Lorca. Las otras, las que escribió el poeta, han desaparecido. Hay que recordar que la familia de Lorca no era muy partidaria de airear su vida sexual. Absurdo, si pensamos que el poeta nunca lo ocultó, ni en su vida ni en su obra. Para Gibson quizás alguien las haya robado, con lo que aún queda la esperanza de que algún día puedan aparecer. En esas cartas Dalí, poco dado a la ternura, le escribe cosas verdaderamente románticas a Federico.


Dalí en sucesivas cartas le comentó su idea de escribir un texto identificando la imagen de San Sebastián con la del poeta. En este dibujo se pude ver la imagen del poeta en la playa de Ampurias representado como el santo. Por un lado San Sebastián es el patrono de Cadaqués, por otro es el santo con mayores referencias homoeróticas. “Se ve claro que mi oficio es pintar, pero, en fin, creo que digo cosas. Deseo ¡mon cheri, una muy larga carta tuya!... En mi San Sebastián te recuerdo mucho y a veces me parece que eres tú… ¡A ver si resultara que San Sebastián eres tú!... Pero ahora déjame que use su nombre para firmar. Un gran abrazo de tu San Sebastián”. El texto tenía un mensaje oculto y estaba lleno de referencias a Lorca. Dalí veía pasividad en el santo donde Lorca veía martirio y sacrificio. Se considera que es una respuesta a la Oda a Salvador Dalí. Lorca lo entendió como una confirmación de que Dalí rechazaba mantener relaciones sexuales con él.

Aunque el amor jamás llegó a consumarse, sus respectivas obras salieron enriquecidas de esa relación. Las obras de ambos están llenas de referencias al otro, mantenían una extraordinaria fascinación por el otro. No puede decirse que Lorca influyera activamente en la obra de Dalí. Sin embargo, aunque no podamos hablar específicamente de una “etapa lorquiana de Dalí”, Federico está muy presente en los cuadros de aquella época; al menos en doce de sus obras aparece la cabeza de Lorca junto a él mismo. Recordemos uno donde aparecen sus cabezas fundidas, o ese otro donde la sombra de Dalí proyecta la cabeza de Lorca.


Este dibujo de Lorca se expuso con motivo del estreno en Barcelona en 1927 de la obra Mariana Pineda. Se titula El beso, y aunque su significado quedó oculto para quienes vieron la exposición, más tarde se supo que el dibujo reflejaba las cabezas de Dalí y de Lorca con-fundidas y con los labios juntos.

Dalí, por el contrario, sí propició un giro en la trayectoria literaria de Lorca. Dalí era muy crítico con la obra de García Lorca. Cuando se publicó el Romancero Gitano, Salvador le dijo a Federico, “Tú eres un genio y lo que se lleva ahora es la poesía surrealista. Así que no pierdas tu talento con pintoresquismos”. Y Federico le hizo caso; dio un golpe de timón a su obra. Si Lorca no hubiera conocido a Dalí hoy no tendríamos posiblemente Poeta en Nueva York.

…Canto tu corazón astronómico y tierno,
de baraja francesa y sin ninguna herida.

Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua
el miedo a la emoción que te aguarda en la calle.
Canto la sirenita de la mar que te canta
montada en bicicleta de corales y conchas.

Pero ante todo canto un común pensamiento
que nos une en las horas oscuras y doradas.

No es el Arte la luz que nos ciega los ojos.
Es primero el amor, la amistad o la esgrima…

Fragmento de Oda a Salvador Dalí de F.G.Lorca (1926)
Este poema es una alusión al amor imposible entre los dos. Supone el descubrimiento por Lorca de que Dalí lo consideraba en su solicitud amorosa, pero rechazaba su obra, su poesía. En algunas cartas Salvador Dalí le reprochó la "putrefacción" de Canciones y Romancero Gitano en un momento en el que lo que estaba de moda era el surrealismo. Muchos consideran Poeta en Nueva York como un acercamiento al surrealismo por parte del poeta andaluz debido a la influencia que ejerció el pintor sobre él. Se inicia así una “etapa daliniana de Lorca” que le llevará a acercarse al surrealismo y crear un lenguaje nuevo palpable en el teatro vanguardista de sus últimas obras: Así que pasen cinco años, Comedia sin título y El público. La Oda a Salvador Dalí caló profundamente en el pintor: le marcó en la manera de verse a sí mismo, es una manifestación clara de una amistad profunda, pero también de una fuerte rivalidad.


En el libro de Ian Gibson se explica cómo Luis Buñuel, tercer vértice de este triángulo, que despreciaba a Lorca, le llamaba "el asqueroso", y veía con desagrado su fuerte amistad, hizo todo lo posible para apartar al pintor de la influencia del poeta. En 1927, Buñuel, que había conseguido desbancar a Lorca en el corazón de Dalí, se lleva a éste a París para realizar juntos la obra cumbre del surrealismo cinematográfico Un perro andaluz. Cuenta la leyenda que por un perro dibujado en una carta a García Lorca de octubre-noviembre de 1927 se cree que el “perro andaluz” de la película hace referencia al poeta andaluz. Así lo debió entender Lorca que, a finales de 1929, y al parecer como respuesta a Un perro andaluz, escribió en Nueva York el guión cinematográfico de Viaje a la luna. Aunque entregó una copia del mismo al cineasta mejicano Emilio Amero para que lo rodara, finalmente no se convirtió en película, y hubo que esperar hasta 1998, año del centenario de su nacimiento, para que otro pintor, Frederic Amat, pudiera llevar a cabo este proyecto. Al igual que otros textos lorquianos que surgieron de aquella experiencia neoyorquina ha tardado mucho tiempo en poder realizarse. El libro Poeta en Nueva York se publica póstumamente en 1940 y la obra de teatro El público no llegó a representarse oficialmente hasta 1986.

En noviembre de 1927 Salvador Dalí publicó una prosa, "Mi amiga y la playa", en la que aparecen manos cortadas y un ojo cortado por un bisturí, y que lleva como cita inicial "La miel es más dulce que la sangre", título del célebre cuadro que Dalí pintó ese año, y que alude a la inclinación amorosa de Lorca hacia él. Se ha sugerido la posibilidad de que, en la oposición que plantea el título de ese cuadro, "la miel" designe a Lorca y "la sangre" a Buñuel, partiendo del enfrentamiento entre ambos en términos personales y de poética.
Mientras Salvador Dalí estaba en París, Federico García Lorca se consagró como poeta tras su periplo por Cuba y Nueva York. Cuando se reencontraron en Barcelona, en el año 1934, ni el tiempo ni la distancia habían borrado esa relación.

“Somos dos espíritus gemelos. Aquí está la prueba: siete años sin vernos y hemos coincidido en todo como si hubiéramos estado hablando diariamente...”
En 1936, fecha del asesinato de Federico García Lorca, ya se habían distanciado. ¿Qué habría pasado si no hubiera muerto Lorca tan pronto? ¿Hubiera tenido este amor una segunda oportunidad? Ian Gibson sospecha que no, porque a la Guerra Civil debemos añadir la irrupción de Gala en la vida de Salvador Dalí.


La muerte de Federico García Lorca le causó una gran impresión. En varios de los cuadros de 1938 aparece el rostro "invisible" de García Lorca: Afgano invisible, Aparición de rostro y frutero (en la imagen), y El enigma sin fin, donde el fantasma del poeta está configurado por el cuerpo de un afgano, un mastín y un galgo, respectivamente. Lo que vuelve a recordarnos la alusión a "un perro andaluz" de la que ya hemos hablado.
"Adios te quiero mucho, algún día volveremos a vernos, ¡qué bien lo pasaremos!"
Dalí a Lorca en una carta.

Bibliografía esencial sobre las relaciones personales de estos tres genios:
Lorca-Dalí: El amor que no pudo ser. Ian Gibson.
Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin. Agustín Sánchez-Vidal.
y la magnífica autobiografía de Luis Buñuel, Mi úlimo suspiro.

domingo, 7 de abril de 2013

Edgar Allan Poe (EEUU, 1809-1849)


Edgar Allan Poe (EEUU, 1809-1849)

Escritor, poeta y crítico estadounidense, más conocido como el primer maestro del relato corto, en especial de terror y misterio. Nació en Boston el 19 de enero de 1809. Sus padres, actores de teatro itinerantes, murieron siendo él niño, y fue criado por John Allan, un hombre de negocios rico de Richmond (Virginia), que probablemente fue su padrino. A los seis años viajó con la familia Allan a Inglaterra donde ingresó en un internado privado. Después de regresar a Estados Unidos en 1820 siguió estudiando en centros privados y asistió a la universidad de Virginia durante un año, pero en 1827 su padre adoptivo, disgustado por la afición del joven a la bebida y al juego, se negó a pagar sus deudas y le obligó a trabajar como empleado. Contrariando la voluntad de Allan, Poe abandonó su nuevo trabajo, que detestaba, y viajó a Boston donde publicó anónimamente su primer libro, Tamerlán y otros poemas (1827). Poco después se alistó en el ejército, en el que permaneció dos años. En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraf, y se reconcilió con Allan, que le consiguió un cargo en la Academia militar, pero a los pocos meses fue despedido por negligencia en el deber, su padre adoptivo le repudió para siempre. Al año siguiente de publicar su tercer libro, Poemas (1831), se trasladó a Baltimore, donde vivió con su tía y una sobrina de 11 años, Virginia Clemm. En 1832, su cuento `Manuscrito encontrado en una botella` ganó un concurso patrocinado por el Baltimore Saturday Visitor. De 1835 a 1837 fue redactor de Southern Baltimore Messenger. En 1836 se casó con su joven sobrina y durante la década siguiente, gran parte de la cual fue desgraciada a causa de la larga enfermedad de Virginia, Poe trabajó como redactor para varias revistas en Filadelfia y Nueva York. 

Entre la producción poética de Poe destacan una docena de poemas por su impecable construcción literaria y por sus ritmos y temas obsesivos. En `El cuervo` (1845), por ejemplo, el autor se siente abrumado por la melancolía y los augurios de la muerte. Su dominio extraordinario del ritmo y el sonido es particularmente evidente en `Las campanas` (1849), un poema que evoca el repique de los instrumentos metálicos, y `El durmiente` (1831), que produce un estado de somnolencia. `Lenore` (1831) y `Annabel Lee` (1849) son elegías a la muerte de una hermosa joven. Su obra poética refleja la influencia de poetas ingleses como Milton, Keats, Shelley y Coleridge, y su interés romántico por lo oculto y lo diabólico, al estilo del español Gustavo Adolfo Bécquer. Su trabajo como redactor consistió en buena parte en reseñar libros, escribiendo un significativo número de críticas. Sus ensayos se hicieron famosos por su sarcasmo, ingenio y exposición de pretensiones literarias, son valoraciones que han resistido el paso del tiempo situándole entre los mejores críticos literarios estadounidenses. Sus teorías sobre la naturaleza de la ficción y, en particular, sus ensayos sobre el cuento, han tenido una influencia duradera en escritores americanos y europeos.

Poe quiso ser poeta, pero la necesidad económica le obligó a abordar el relativamente beneficioso género de la prosa. Cierto o no que inventase el cuento, fue quien inició la novela policiaca. Quizá su relato más famoso en este género sea `El escarabajo de oro` (1843), que trata de la búsqueda de un tesoro enterrado. `Los crímenes de la calle Morgue` (1841), `El misterio de Marie Rogêt` (1842-1843) y `La carta robada` (1844) están considerados como los predecesores de la moderna novela de misterio o policiaca. Además de su soberbia construcción argumental, la mayoría de sus cuentos sobresalen por la morbidez de su inventiva. Destacan `La caída de la casa Usher` (1839), en el que tanto el argumento como los personajes acentúan la penetrante melancolía de su atmósfera, `El pozo y el péndulo` (1842) es un escalofriante relato de crueldad y tortura, en `El corazón delator` (1843) un maníaco asesino es impelido por su inconsciente a confesar su culpa, y `El barril del amontillado` (1846), es un relato estremecedor de venganza. En 1847 falleció su mujer y él mismo cayó enfermo, su desastrosa adicción al alcohol y su supuesto consumo de drogas, atestiguado por sus contemporáneos, pudo contribuir a su temprana muerte en Baltimore, el 7 de octubre de 1849.

Fuente: NN.

 Edgar Allan Poe 
El Cuervo y otros poemas 
Recopilación de 
http://rinconesoscuros.orgfree.com

EL VALLE DE LA INQUIETUD 
¡Hubo aquí, antaño, un valle callado y sonriente 
donde nadie habitaba. 
Partiéronse las gentes a la guerra, 
dejando a los luceros de ojos dulces, 
que velaran, de noche, desde azuladas torres 
las flores y en el centro del valle cada día 
la roja luz del sol yacía indolente. 
Mas ya quien lo visite advertiría 
la inquietud de ese valle melancólico. 
No hay en él nada quieto 
sino el aire que ampara 
aquella soledad de maravilla. 
¡Ah! Ningún viento mece aquellos árboles 
que palpitan al modo de los helados mares 
en torno de las Hébridas brumosas. 
¡Ah! Ningún viento arrastra aquellas nubes, 
que crujen levemente por el cielo intranquilo, 
turbadas desde el alba hasta la noche 
sobre las violetas que allí yacen, 
como ojos humanos de mil suertes, 
sobre ondulantes lirios, 
que lloran en las tumbas ignoradas. 
Ondulan, y de sus fragantes cimas 
cae eterno rocío, gota a gota. 
Lloran, y por sus tallos delicados, 
como aljofar, van lágrimas perennes. 

EL DÍA MÁS FELIZ 
El día más feliz, la hora más dichosa 
Que mi triste y marchito corazón vivió 
Y esa esperanza de poder y orgullo que vanidosa 
Presta voló. 
¿Dije poder? Pues sí, tal yo pensaba, 
Pero ¡ay!, ha tiempo que se desvanecieron 
Las visiones que en mi juventud guardaba 
Y al final murieron. 
¿Y el orgullo? ¿Qué tengo yo que ver contigo? 
Aún es posible que otra infausta alma 
Reciba el veneno que me diste enemigo 
El día más feliz, la hora más dichosa 
Que mis ojos verán o han visto enardecidos, 
Del orgullo y poder la visión majestuosa , 
¡Son sueños idos! 
Mas si aquella esperanza de poder y de orgullo 
Se me ofreciera hoy con su dolor y su melancolía 
Pienso que aun así el vano orgullo 
Una vez más no viviría. 
Porque en sus alas hubo un polvo oscuro 
Que al aletear cayó en lluvia dispersa 
Esencia poderosa y malhadada 
Que mata al alma con su roce impuro. 

EL PALACIO EMBRUJADO 
De nuestros valles el más lozano 
Un gran palacio muy elevado 
Radiante y bello guardaba antaño 
De ángeles santos fuera poblado. 
Era el dominio del buen Monarca 
Del Pensamiento. 
Ningún querube con su ala abarca 
Tal monumento. 
Las oriflamas flotan gloriosas 
Áureas al viento desde el tejado, 
(Esto en el viejo tiempo pasado 
De antiguas cosas) 
Toda voluta de aire retoza 
En la dulzura de un día tal. 
Hay un perfume alado ideal 
Que las almenas apenas roza. 
Del feliz valle los visitantes 
Por dos ventanas solían ver 
Danza de espíritus, al ofrecer 
Laúd templado notas vibrantes, 
Mientras que en trono alto y sereno, 
(¡Porfirogeno!) 
Ver se podía al soberano del reino arcano. 
Perlas, rubíes, grato dechado 
la perla augusta resplandecía 
Allí fluía... allí fluía... 
El eco cuyo deber alado 
Era cantar 
Al genio ilustre, genio dorado 
Del Rey sin par. 
Viles villanos que el luto emboza 
Se apoderaron del alto Estado 
(¡Nunca hay mañana para el cuidado!) 
¡Duelo que el tiempo jamás desbroza! 
Hoy en su casa ya no es la gloria 
La flor ambigua 
Pues sólo queda dormida historia 
Leyenda antigua. 
Y los viajeros que al valle bajan 
Por dos ventanas de fatuo fuego 
Ven vastas formas que se barajan 
A un son discorde en raro juego 
Y un río horrendo que se desliza 
Bajo el portón pálido y seco, 
Torrente horrible, eterno eco 
De carcajada ya sin sonrisa. 

AL SILENCIO 
Hay cualidades, incorpóreos seres 
que tienen doble vida y son espejo 
de esa entidad gemela que dimana . 
de materia y de luz, sólido y sombra. 
Hay un doble silencio -mar y costa- 
cuerpo y alma. Uno mora en sitios solos 
con nuevas hierbas; una grave gracia, 
algún recuerdo humano, algunas lágrimas, 
Quítanle horror, su nombre es «ya no más» 
es el silencio corporal: ¡No temas! 
Carece del poder de hacer el mal. 
Mas, si el hado veloz (¡suerte imprevista!) 
te presenta su sombra (elfo su nombre 
que vaga en soledades, que no ha hollado 
el pie del hombre), encomiéndate a Dios. 

ULALUME 
Los cielos cenicientos y sombríos, 
crespas las hojas, lívidas y mustias, 
y era una noche del doliente octubre 
del tiempo inmemorial entre las brumas, 
era en las tristes márgenes del Auber, 
el lago tenebroso de aguas mudas, 
ante los bosques tétricos del Weir, 
la región espectral de la pavura. 
A solas con mi alma recorría 
avenida titánica y oscura 
de fúnebres cipreses, o con mi alma, 
con Psiquis, alma que el misterio turba... 
Era la edad del corazón volcánico 
como las llamas del Yaanek sulfúreas, 
como las lavas del Yaanek que brotan 
allá del polo en la región nocturna. 
Pocas palabras nos dijimos, era 
como una confidencia íntima y muda; 
palabras serias, pensamientos graves 
que la memoria para siempre turban; 
no recordamos que era el triste octubre, 
que era la noche, ¡noche infausta y única! 
no recordamos la región del Auber 
que tanto conoció mi desventura, 
ni el bosque fantasmagórico del Weir, 
la región espectral de la pavura. 
Y cuando la noche avanza 
de estrellas al vago temblor 
al fin de la oscura avenida 
un lánguido rayo se ve, 
fulgor diamantino que anuncia 
de fúnebre velo al través, 
que emerge de nube fantástica 
la Luna, la blanca Astarté. 
Y yo dije a mi alma: «Más que Diana 
ardiente aquella misteriosa Luna 
rueda al través de un éter de suspiros; 
lágrimas de su faz una por una 
caen donde el gusano nunca muere. 
Para mostrarnos la celeste ruta 
y el alma imperio de la paz letea 
atrás deja a Leo en las alturas, 
sus estrellas traspasando, 
de Leo a su despecho, ora nos busca 
y sus miradas límpidas y dulces 
son las miradas que el amor anuncian.» 
Mas, Psiquis dijo señalando al cielo: 
«La palidez de ese astro me conturba; 
pronto, huyamos de aquí pronto, es preciso». 
Y de sus alas recogió las plumas 
con intenso terror, y sollozando, 
presa de pronto de invencible angustia 
plegó las alas hasta el polvo frío 
lentas dejando descender las plumas. 
Y yo le dije: «Tu terror es vano, 
sigamos esa luz trémula y pura, 
que nos bañen sus rayos cristalinos, 
sus rayos sibilinos que ya auguran 
e irradian la belleza y la esperanza. 
Mira: la senda de los cielos busca: 
Sigamos sin temor sus limpias rayas 
Que ellos a playa llevarán seguro, 
sigamos esa luz limpia y tranquila 
a través de la bóveda cerúlea». 
Tranquilicé a mi Psiquis y besándola 
de su mente aparté las inquietudes 
y sus zozobras disipé profundas, 
y convencerla que siguiera pude. 
Llegamos hasta el fin; ¡ojalá nunca 
llegara! Al fin de la avenida lúgubre 
nos detuvo la puerta de una tumba 
¡oh triste noche del lejano octubre! 
nos detuvo la losa de una tumba, 
de legendario monumento fúnebre. 
¡Oh, hermana! -dije- ¿Qué inscripción confusa 
en la sellada losa se descubre? 
Respondióme: «Ulalume», ésta es su tumba, 
¡la tumba de tu pálida Ulalume! 
Quedó mi corazón como ese cielo 
ceniciento, como esas hojas mustias, 
como esas hojas yertas y crispadas. 
¡Ay!, pensé: el mismo octubre fue sin duda 
fue en esa misma noche cuando vine 
al través del horror y de la bruma 
aquí trayendo mi doliente carga. 
¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna! 
¡Oh!, ¿qué infernal espíritu me trajo 
a esta región fatal de la tristura? 
Bien conozco el mudo lago del Auber, 
y esta comarca que el horror anubla, 
y el bosque fantástico de Weir, 
¡la región espectral de la pavura! 

EL LAGO 
De mi vida en la distante primavera, jubilosa primavera, 
Dirigí mi paso errante a una mágica ribera. 
La ribera solitaria, la ribera silenciosa 
De un salvaje lago ignoto que circundan y oscurecen 
Negra cinta rocallosa 
Y copudos altos Dinos que las auras estremecen 
Pero cuando allí la noche su fúnebre manto arroja 
Y el místico y gemebundo viento de su melodía, 
Entonces, ¡oh!, entonces quiere despertar de su congoja 
Del terror del lago triste, despertar el alma mía. 
Mas ese terror que dejaba en mi espíritu contento; 
Hoy, ni las joyas ni el afán de la riqueza, 
Como antes, a contemplarlo llevarán mi pensamiento, 
Ni el amor por más que fuese el amor de tu belleza. 
La muerte estaba en el fondo de la ola envenenada, 
Y una tumba en lo más hondo, pérfidamente adornada 
Para quien a su amargura breve tregua hubiera dado 
Un solaz, a los dolores de su espíritu afligido, 
Y en un Edén transformado 
El salvaje lago ignoto, lago triste y escondido. 

LOS ESPÍRITUS DE LA MUERTE 

Tu alma, con sus sombríos pensamientos, 
Se hallará sola en la siniestra tumba. 
Nadie querrá saber lo que en secreto 
Tu corazón y tu conciencia ocultan. 

II 
Sé silencioso en soledad tan grande, 
Que no es tal soledad, pues te circundan, 
Los espíritus todos de la muerte, 
Que ya en vida rondaban en tu busca. 
Ellos querrán ensombrecerte el alma 
Con sus negros arcanos y sus dudas. 
Sé silencioso en soledad tan grande; 
Cierra los labios cual la misma tumba. 

III 
Y la noche, aunque clara y luminosa, 
Se tornará de pronto en cueva oscura; 
Desde sus altos tronos las estrellas 
No alumbrarán tu soledad adusta. 
Mas sus rojizos globos sin fulgores 
Han de ser a tu tedio y a tu angustia 
Como incendio voraz, cual una fiebre 
De los que libre no has de verte nunca. 

IV 
No podrás desechar los pensamientos 
Ni las visiones que tu mente turban, 
Y que antes en tu espíritu dejaban 
La huella del rocío en la llanura. 


La brisa, que es de Dios el puro aliento, 
Soplará en torno de la helada tumba, 
Y en la colina tenderá su velo 
La niebla vaporosa y taciturna. 
Las tinieblas, las sombras invioladas 
Símbolo y prenda son; hablan y auguran. 
Sobre las altas copas de los árboles 
Tiende el misterio su cerrada túnica. 

EL CUERVO 
Una hosca medianoche, cuando en tristes reflexiones 
sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones 
inclinaba somnoliento la cabeza, de repente a mi puerta oí llamar, 
como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta mano tímida a tocar. 
«Es -me dije- una visita que llamando está a mi puerta, ¡eso es todo, y nada más!» 
¡Ah! bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo, 
y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo. 
¡Cuán ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura 
procurando en vano hallar tregua a la honda desventura de la muerta 
Leonora, la radiante, la sin par 
virgen rara a quien Leonora los querubes llaman 
-ahora ya sin nombre... nunca más! 
Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras 
me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras, 
de tal modo que el latido de mi pecho palpitante 
procurando dominar: 
«Es, sin duda, un visitante -repetía con instancia- 
que a mi alcoba quiere entrar, un tardío visitante a las puertas de mi estancia... 
¡eso es todo, y nada más!» 
Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando: 
«Caballero -dije- o dama, mil perdones os demando; 
mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza 
me vinisteis a llamar, y con tal delicadeza 
y tan tímida constancia os pusisteis a tocar, 
que no oí» -dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia: 
¡sombras sólo y... nada más! 
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo 
empeños, quedé allí -cual antes nadie 
los soñé forjando sueños, 
mas profundo era el silencio, y la calma no 
acusaba ruido alguno... resonar 
sólo un nombre se escuchaba que en voz baja 
a aquella hora yo me puse a murmurar, 
y que el eco repetía como un soplo: 
« ¡Leonora! ». 
¡Esto apenas, nada más! 
La ventana abrí, con rítmico aleteo y garbo extraño, 
entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño. 
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto, con aspecto señorial, 
fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta de mi puerta el cabezal, 
sobre el busto que de Palas la figura representa 
¡fue y posóse, y nada más! 
Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza 
con su grave, torva y seria, decorosa gentileza 
y le dije: «Aunque la cresta calva llevas, de 
seguro no eres cuervo nocturnal, 
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla! 
Díme ¿cuál tu nombre, cuál, en el reino plutoniano de la noche y de la niebla?» 
Dijo el cuervo «¡Nunca más!» 
Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho, 
si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho, 
pues preciso es convengamos en que nunca 
hubo criatura que lograse contemplar 
ave alguna en la moldura de su puerta 
encaramada, ave o bruto reposar 
sobre efigie en la cornisa de su puerta, 
cincelada, 
con tal nombre: «¡Nunca más!» 
Mas el cuervo, fijo, inmóvil, en la grave efigie aquella 
solo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella 
vinculada; ni una pluma sacudía, ni un acento 
se le oía pronunciar... 
Dije entonces al momento: «Ya otros antes se 
han marchado, y la aurora al despuntar, 
él también se irá volando cual mis sueños han 
volado.» 
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!» 
Por respuesta tan abrupta como justa 
sorprendido, 
«No hay ya duda alguna -dije- lo que dice 
es aprendido, 
aprendido de algún amo desdichado a quien la 
suerte persiguiera sin cesar, persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, 
en su duelo, sus canciones terminar y el clamor de su esperanza con el triste 
ritornelo de "¡Jamás, y nunca más!"» 
Mas el cuervo provocando mi alma triste 
a la sonrisa, 
mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y 
de cornisa 
luego, hundiéndome en la seda, fantasía y 
fantasía dime entonces a juntar, por saber qué pretendía aquel pájaro ominoso 
de un pasado inmemorial 
aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y /odioso 
al graznar « ¡Nunca jamás! » 
Quedé yo esto investigando frente al cuervo, 
en honda calma, 
cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y 
alma. 
Esto y más -sobre cojines reclinado- con 
anhelo me empeñaba en descifrar, en el rojo terciopelo donde imprimía viva 
huella luminosa mi fanal, 
terciopelo cuya púrpura ¡ay jamás volverá ella 
a oprimir ¡ah! ¡nunca más! 
Parecióme el aire, entonces, por incógnito 
incensario 
que un querube columpiase de mi alcoba en el 
santuario, 
perfumado. «¡Miserable ser! -me dije 
Dios te ha oído, y por medio angelical, 
tregua, tregua y el olvido del recuerdo de 
Leonora te ha venido hoy a brindar: 
¡Bebe! ¡Bebe ese nepente, y así todo olvida 
ahora! » 
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!» 
«¡Oh profeta! -dije- o duende, más profeta al 
fin, ya seas 
ave o diablo, ya te envíe la tormenta, ya te veas 
por los vientos barrido a esta playa, desolado 
pero intrépido, a este hogar por los males devastado, dime, dime, te lo 
imploro: 
¿Llegaré jamás a hallar algún bálsamo para el 
mal que triste lloro?» Dijo el cuervo: «¡Nunca más!» 
«¡Oh profeta -dije- o diablo! Por ese ancho, 
combo velo 
de zafiro que nos cobija, por el sumo Dios del 
cielo a quien ambos adoramos, 
dile a esta alma dolorida, presa infausta del 
pesar 
si jamás en otra vida la doncella arrobadora a 
mi seno he de estrechar, 
¡el alma virgen a quien llaman los arcángeles 
Leonora! » 
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!» 
«¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida 
-grité alzándome-, retorna, vuelve a tu 
hórrida guarida, 
la plutónica ribera de la noche y de la 
bruma!... ¡De tu horrenda falsedad 
en memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El 
busto deja! ¡Deja en paz mi soledad! 
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu 
forma aleja!» 
Dijo el cuervo: «¡Nunca más!» 
Y aún el cuervo inmóvil, fijo, sigue fijo en la 
escultura 
sobre el busto que ornamenta de mi puerta la 
moldura... 
y sus ojos son los ojos de un demonio que, 
durmiendo, las visiones ve del mal 
y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo arroja 
trunca su ancha forma funeral 
y mi alma de esa sombra que en el suelo 
flota... nunca se alzará... ¡nunca jamás! 

A MI MADRE 
¡Porque sé que los ángeles que viven en el 
cielo 
Y que entre ellos entonan sus más hermosos 
cantos, 
No han hallado palabra que tenga los encantos 
Que aquel de «madre», del amor gemelo. 
Yo te doy ese nombre porque así lo ha querido 
Mi corazón: Tú has sido más que la madre mía, 
Cuando nuestra Virginia dejó la tierra un día 
Y tu amor llenó entonces mi corazón dolido. 
Mi pobrecita madre -que se fue tan 
temprano 
Era mi propia madre, mas tú lo eres de aquella 
Que me fue tan querida en la vida, y por ella, 
Te amo más que a la madre que fue la mía 
Con ese amor intenso de mi esposa querida 
Que era, para mi alma, más que su propia 
vida. 

SONETO A LA CIENCIA 
¡Ciencia! del tiempo viejo la hija eres. 
Todo lo cambias con tus ojos vagos 
¿Por qué en mi corazón saciarte quieres, 
¡Oh cuervo!, cuyas alas son estragos? 
¿Te amaré yo, ni el sabio en sus anhelos, 
Si explayar no dejas sus quimeras 
Cuando busca tesoros en los cielos 
Dejándose llevar de alas ligeras? 
¿No supiste arrancar del carro a Diana, 
Y echar las hamadríadas de sus lares 
Para acogerse a estrella más lejana? 
¿No quitaste a las náyades los mares 
Y al elfo el prado? ¿Acaso no prescindo 
Por ti del sueño al pie del tamarindo? 

PARA ANNIE 
¡Alabemos al Eterno! 
el mal ha cesado ya 
y la fiebre del vivir 
ahora vencida está. 
Sumido en honda tristeza 
y carente de energías 
tendido todo a lo largo 
van transcurriendo mis días. 
Ni un solo músculo muevo 
pero muy poco me importa; 
pues mejoro lentamente 
y esto ya me reconforta. 
Tan sosegado y tranquilo 
hoy en mi tálamo duermo que al verme se creería 
que estoy más muerto que enfermo. 
Ayes, quejas y gemidos, 
lamentaciones y llanto, 
aquieta el latido horrible 
de mi corazón un tanto. 
Con la fiebre por la vida 
que enloquecía mi mente, 
penas e incomodidades 
se alejaron prestamente. 
Lo que más me torturaba, 
sed de una pasión impía, 
bebiendo en cierta fontana 
tranquilicé el alma mía. 
De no lejana caverna 
brota un manantial riente 
en el que presto mis labios 
saciaron su sed ardiente. 
Que nadie tilde de oscura 
a la pieza en que reposo, 
ni de pequeño a este tálamo 
donde yazgo venturoso. 
Nadie durmió en lecho igual y, 
para en verdad dormir, 
otro semejante al mío 
es preciso conseguir. 
¡Cuán dulcemente reposa 
mi alma tantalizada! 
Su aspiración por las rosas 
y mirtas ya fue olvidada. 
Junto a su lecho imagina 
otra más suave fragancia de 
romero y pensamientos 
que embellecen su prestancia. 
Extasiada en el recuerdo 
de mi Annie y su belleza, 
es como duerme mi alma 
inebriada en su pureza. 
De mi Annie la constancia 
admira con embeleso 
y recuerda que en su trenza 
depositó un tierno beso. 
Enlázame con ternura, 
con gran pasión me acaricia; 
y yo, adormido en su seno, 
descanso en plena delicia. 
Esta es la causa real 
de mi sereno reposo; 
y, aunque muerto me creáis 
vivo tranquilo y gozoso. 
Fulge más mi corazón 
que las celestes estrellas; 
pues brilla para mi Annie, 
la de las miradas bellas. 
En el amor de mi Annie 
está mi ser abrasado; 
y en sus ojos tan ardientes 
siempre pienso extasiado. 

EL REINO DE LAS HADAS 
¡Valles privados de luz, 
fieros y umbríos torrentes, 
cuyos contornos las gentes nunca 
pueden descubrir! 
Gota a gota allí las lágrimas 
sin cesar van deslizando 
y las lunas aguardando 
vense doquiera lucir. 
Cada instante de la noche crecen, 
y luego se achican; 
al punto se modifican 
y se cambian de lugar. 
De sus faces siempre pálidas 
emiten vapores ellas, 
que a las tremantes estrellas 
hacen su brillo ocultar. 
Cerca de la medianoche, 
otra más opaca luna, 
que las hadas por su bruma, 
no encontraron superior, 
llega bajo el horizonte 
y asiéntase en las montañas 
circunferencias extrañas 
esparciendo en derredor. 
Sus vestiduras flotantes 
circuyen los caseríos, 
los distantes señoríos, 
los bosques y el mismo mar. 
Los espíritus danzantes 
y los seres adormidos 
en laberintos henchidos 
de luz se ven sepultar. 
¡Cuán profundo hállase entonces 
el éxtasis de su sueño 
mientras con pálido ceño 
las vemos presto venir! 
Levántase de mañana 
y con sus lunares velos 
cual albatros, por los cielos, 
vénse, al viento, sacudir. 
Mas las hadas, una vez 
que se hubieron refugiado 
cabe esa luna, y dejado 
lo que sirvióles de abrigo, 
Ya nunca logran hallar 
por aquellos mil lugares 
ningunas lunas lunares 
que sean refugio amigo. 
Las moléculas del astro 
pronto se volatilizan 
y en fina lluvia deslizan 
aquella materia astral. 
Por eso, las mariposas 
que en vano buscan los cielos, 
insatisfechas, sus vuelos 
escrutan lo sideral. 
Y al descender ya cansadas, 
en sus alas temblorosas 
nos traen las mariposas 
partículas desgajadas 
de aquellas lunas hermosas. 

LA CIUDAD EN EL MAR 
Una ciudad exótica se yergue solitaria 
donde la Parca pálida implantó sus reales; 
allá en el Occidente, la tumba funeraria 
a pérfidos y nobles liberó de sus males. 
Sus templos, sus palacios y torres carcomidas 
que ni oscilan ni tiemblan al impulso del viento, 
difieren de los nuestros; y sus aguas dormidas 
reposan melancólicas en singular concento. 
En la velada noche de esa ciudad callada, 
ningún rayo desciende desde el empíreo cielo. 
Sólo un resplandor ígneo de la mar alejada 
cruza las largas noches de aquel inmenso 
suelo. 
Por torres, por almenas, por cúpulas y alturas, 
por templos, por palacios y muros babilónicos, 
por macizos de hiedra sobre las esculturas, 
los resplandores lívidos circulan melancólicos. 
Ni siquiera respeta la soledad umbría 
las florecillas pétreas de los valiosos frisos 
que adornan de sus templos en fúnebre armonía 
los claveles, violetas, pámpanos y narcisos. 
Bajo el azul del cielo, sumidas en tristeza, 
las linfas no agitadas duermen en la ciudad; 
y las sombras y flores de aquella fortaleza 
parecen suspendidas del aire, en igualdad. 
De un torreón, la Parca, cual fantasma gigante, 
contempla con orgullo el país señorial 
y a sus pies yace inerte... y sonríe triunfante 
dueña omnímoda y grave de aquel suelo letal. 
Ábrense muchos templos y tumbas sin sus losas 
al nivel de las aguas tranquilas y brillantes, 
Sin que a dejar sus lechos las induzcan 
premiosas 
las joyas de los muertos e ídolos de diamantes. 
Aquel amplio desierto que al cristal se asemeja 
carece en absoluto de toda ondulación. 
Ni una ola siquiera por allí ver se deja... 
nada indica si hay vientos en mar de otra 
región. 
Mas ahora en el aire nótase un movimiento 
que estremece allá abajo aquesta soledad; 
en el piélago oscuro el agua en ronco acento 
saca de su marasmo a esta triste ciudad. 
Sus altos capiteles bambolear parecen 
y hundirse entre las ondas que calmas eran 
antes. 
Los picos que en la bruma del cielo ya se 
mecen 
abrirse parecieran en huecos, oscilantes. 
Entonces ya las ondas tienen luz más rojiza... 
deslízanse las horas lánguidas y silentes; 
quizá sea engullida la ciudad quebradiza 
entre ayes y gemidos que no son de vivientes. 
Cuando desaparezca y quede sepultada 
bajo la mar profunda con todo su oleaje, 
vendrá de los mil tronos de Luzbel la mesnada 
y entonces el Infierno le rendirá homenaje. 

BALADA NUPCIAL 
En mi dedo está el anillo, 
ciñe corona mi frente; 
mil joyas de hermoso brillo 
adornan mi ser fulgente. 
¡Soy feliz eEn el presente! 
¡CuáEn bien me ama mi señor 
mas en el primer instante 
que me declaró su amor 
estremeció su dolor 
mi espíritu y fiel amante. 
Pues sus palabras sonaban 
como toque de agonía 
y al que murió recordaban 
junto al valle eEn lucha impía 
Mas hoy, ríe noche y día. 
Al querer tranquilizarme 
besó mi pálida frente 
y en delirio vi patente 
al muerto Elormie abrazarme. 
¡Hoy sólo debo alegrarme! 
En esa hora solemne 
empeñé mi juramento... 
y si mi fe no es perenne 
ni mi espíritu está indemne, 
éste vive muy contento. 
El anillo está en mi dedo; 
prueba de que soy dichosa. 
y, aunque tiemblo y tengo miedo, 
quiera que despierte quedo 
de esta idea fatigosa. 
¿Con alguien mal procedí? 
El muerto que abandoné, 
a quien triste sorprendí, 
¿no goza con frenesí 
sabiendo que lo cuidé? 

EULALIA 
Desterrado del mundo voluntario, 
entre quejas y lágrimas vivía; 
era mi alma tristísimo calvario 
sin amores ni dulce compañía. 
Mas Eulalia, gentil y pudorosa 
llegó a ser mi agradable compañera, 
y en sus bucles auríferos, la hermosa 
recibió mi caricia placentera. 
En la noche el fulgor de las estrellas 
no iguala sus miradas tan radiantes, 
ni en el mínimo crepúsculo hay en ellas 
que irise cual sus ojos tan brillantes. 
Los bucles que ella ostenta en sus cabellos 
inculcan en mi ser la poesía, 
y Astarté lanza cálidos destellos 
contemplando a mi Eulalia noche y día. 
Suspiro por suspiro su alma entera 
Eulalia me dedica con amor; 
no me invade ya más la duda artera, 
ni yazgo en el abismo del dolor. 

UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO 
¡Toma en la frente este beso! 
Y partiendo, te confieso 
Que no fue errado tu empeño 
En creer mis días un sueño. 
Que si la esperanza mía 
Se fue una noche o un día, 
En una visión o en nada, 
¿Por eso es menos pasada? 
Cuanto hay de grande o pequeño, 
Sólo es un sueño en un sueño. 
Me encueEntro en la costa fría 
Que agita la mar bravía, 
Oprimiendo entre mis manos, 
Como arenas, oro en granos. 
¡Qué pocos son! 
Y allí mismo, 
De mis dedos al abismo 
Se desliza mi tesoro 
Mientras lloro, ¡mientras lloro! 
¿Evitaré ¡oh Dios! su suerte 
Oprimiéndolos más fuerte? 
¿Del vacío despiadado 
Ni uno solo habré salvado? 
¿Cuánto hay de grande o pequeño, 
Sólo es un sueño en en sueño? 

EL DORADO 
Arrogante 
y altanero 
Un armado caballero, 
Por la luz y por la sombra, alucinado, 
Y cantando 
Sus canciones, fue vagando 
En procura de la tierra de Eldorado. 
Pero vano fue su esmero 
Y ya viejo el caballero, 
Por la sombra el corazón sintió apresado, 
Al pensar que nunca el día Llegaría 
El que hallara aquella tierra de Eldorado. 
Ya sin fuerzas, vacilante, 
encontró una sombra errante. 
«Sombra» -díjole febril y esperanzado- 
A mi súplica responde: 
«¿Sabes dónde 
Hallaré, de Eldorado la tierra ignota?» 
-En la luna, tras de extrañas 
Y fatídicas montañas, 
En el valle por las sombras habitado- 
Respondióle: -Ve adelante, 
Caminante, 
Si es que buscas esa tierra de Eldorado. 

ANNABEL LEE 
Hace muchos, muchos años, en un reino 
junto al mar, 
Habitaba una doncella cuyo nombre os he de 
dar, 
Y el nombre que daros puedo es el de 
Annabel Lee, 
Quien vivía para amarme y ser amada por mí. 
Yo era un niño y era ella una niña junto al 
mar, 
En el reino prodigioso que os acabo de evocar. 
Mas nuestro amor fue tan grande cual jamás 
yo presentí, 
Más que el amor compartimos con mi bella 
Annabel Lee, 
Y los nobles de su estirpe de abolengo señorial 
Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor, 
Los alados serafines nos miraban con rencor. 
Aquél fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo 
ya!, 
por el cual, de los confines del océano y más 
allá, 
Un gélido viento vino de una nube y yo sentí 
Congelarse entre mis brazos a mi bella 
Annabel Lee. 
La llevaron de mi lado en solemne funeral. 
A encerrarla la llevaron por la orilla de la mar 
A un sepulcro en ese reino que se alza junto al 
mar, 
Los arcángeles que no eran tan felices cual los 
dos, 
Con envidia nos miraban desde el reino que es 
de Dios. Ese fue el solo motivo, bien lo podéis 
preguntar, 
Pues lo saben los hidalgos de aquel reino 
junto al mar, 
Por el cual un viento vino de una nube carmesí 
Congelando una noche a mi bella Annabel Lee. 
Nuestro amor era tan grande y aún más firme 
en su candor 
Que aquel de nuestros mayores, más sabios en 
el amor. 
Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar, Ni los demonios que habitan negros abismos 
del mar 
Podrán apartarme nunca del alma que mora en 
mí, 
Espíritu luminoso de mi hermosa Annabel Lee. 
Pues los astros no se elevan sin traerme la 
mirada 
Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi 
amada. 
Y la luna vaporosa jamás brilla baladí 
Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel 
Lee. Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien 
amada, Mientras retumba en la playa la nocturna 
marejada, 
Yazgo en su tumba labrada cerca del mar 
rumoroso, 
En su sepulcro a la orilla del océano proceloso. 

ISRAFEL 
Y el ángel Israfel, en quien las fibras del 
corazón son un salterio, y que tiene la voz 
más dulce entre todas las criaturas de 
Dios. 

(EL CORÁN) 
Un ángel «lleva en las fibras 
Del corazón un salterio»; 
De extraña belleza inunda 
Tu canto, Israfel, los cielos. 
Y las estrellas, deudosas, 
(Lo cuentan antiguos cuentos) 
Naciente el divino cántico, 
Sus himnos enmudecieron. 
Allá en lo alto, vacilante 
En la cumbre de su vuelo, 
Enamorada la luna Enrojeció a sus acentos; 
Y para escuchar, su lumbre . 
Purpúrea -y al mismo tiempo 
Las siete rápidas Pléyades 
Hizo una pausa en el cielo. 
Y dice el coro estelar- 
Dicen los seres suspensos- 
Que su arrebato, Israfel 
Debe a esa lira de fuego 
Con que reclinado, canta; 
Al metal vívido y trémulo 
Del encordado inaudito 
Que puso en ella el Eterno. 
Pero mora el Ángel, donde 
Los más hondos pensamientos 
Son un deber; donde siempre 
Fue el amor un dios perfecto, 
Y arden cerca ojos de huríes, Si aquí estrellas brillan lejos. 
¡Oh Israfel! no yerras cuando 
Tu voz áurea tiene a menos 
Cantar cantos no sublimes: 
A ti el laurel, bardo excelso; 
A ti -el mejor ¡por más sabio! 
¡Vive alegre y largo tiempo! 
Al éxtasis del empíreo 
Se hermana tu ritmo angélico- 
Tu amor, dolor y alegría 
Al fervor de tu salterio, 
¡Pueden callar las estrellas! 
Sí, Israfel: tuyo es el Cielo. 
Mas nuestro mundo es un mundo 
De dulzuras y de duelos; 
Nuestras flores, sólo flores. 
Y la sombra del perpetuo 
Bienestar de que allá gozas, 
Claro sol es para el nuestro. 
De habitar yo donde él vive 
E Israfel donde yo muero 
Tal vez él no cantaría 
Con hechizo tan supremo 
Terrestre cántico, mientras 
Quizá un himno más intenso, 
Alzándose de mi lira Colmara el triunfo los Cielos. 

LA TIERRA DEL ENSUEÑO 
En una senda abandonada y negra 
que recorren tan sólo ángeles malos, 
donde un Eidolon llamado Noche, 
ha erigido su trono solitario; 
llegué una vez; cruel atrevido 
de Tule ignota los contornos vagos 
y al reino entré que extiende sus confines 
fuera del Tiempo y fuera del Espacio. 
Valles sin lindes, mares sin riberas, 
cavernas, bosques densos y titánicos, 
Con formas que el humano no descubre 
tras el denso rocío que las cubre 
montañas que a los cielos desafían 
y hunden la base en insondables 
mares mares que calmos, agitados luego, 
surgen de cielos de color de fuego; 
lagos que arrastran, frías y desiertas 
sus aguas solitarias, aguas muertas 
sus aguas quietas, inmutables, quietas 
como corolas de nevados lirios. 
Por esos lagos que reflejan sus solitarias 
y desiertas aguas, aguas muertas 
sus aguas tristes, inmutables, tristes 
como corolas de nevados lirios 
cerca de aquellos bosques gigantescos, 
enfrente de esos negros océanos, 
al pie de aquellos montes formidables, 
de esas cavernas en los hondos antros, 
vénse, a veces, fantasmas silenciosos 
que pasan a lo lejos sollozando, 
fúnebres y dolientes ¡son aquellos 
amigos que por siempre nos dejaron, 
caros amigos para siempre idos, 
fuera del Tiempo y fuera del Espacio! 
Para el alma nutrida de pesares 
para el transido corazón, acaso 
es el asilo de la paz suprema, 
del reposo y la calma en Eldorado. 
Pero el viajero que azorado cruza 
la región no contempla sin espantos 
que a los mortales ojos sus misterios 
perennemente seguirán sellados 
así lo quiere la Deidad sombría 
que tiene allí su imperio incontrastado. 
Por esa senda desolada y triste 
que recorren tan sólo ángeles malos, 
senda fatal donde la Diosa Noche 
ha erigido su trono solitario, 
donde la inexplorada, última Tule 
esfuma en sombras sus contornos vagos, 
con el alma abrumada de pesares, 
transido el corazón, he paseado... 
¡He paseado en pos de los que huyeron 
fuera del Tiempo y fuera del Espacio! 

PARA ALGUIEN, EN EL CIELO 
Para mi alma, fuiste, amor, 
Cuanto en el mundo sonreía 
La isla verde en el mar, amor, 
Y la fuente y el ara pía. 
Flores brotaban en redor, 
Y cada flor, fue sólo mía. 
¡Sueño fugaz, de tan brillante! 
¡Ampo estelar que de tan puro, 
Lució un instante! 
En vano a mi alma lo Futuro 
Clama: -¡Adelante! 
Vuelta al pasado, abismo oscuro, 
Persigue, muda, el Sueño amante. 
Pues, ¡ay de mí!, la luz de Vida 
Se me ha extinguido por jamás. 
«Ya nunca más -no más- no más-» 
(Así a la playa combatida, 
Mar solemne, diciendo vas) 
¡Tenderás vuelo, águila herida, 
Árbol seco florecerás! 
Y éxtasis son mis noches hondas; 
Y estoy contigo -alma fraterna 
Donde el mirar celeste ahondas, 
Donde el flotante andar gobiernas 
Al ritmo de qué etéreas rondas, 
Ante cuáles ondas eternas. 

CANCIÓN 
En tu día nupcial, te vi encendida 
Por ardiente rubor, 
Aunque era un cielo para ti la vida, 
Y el mundo, en tu presencia, todo amor. 
En resplandor que en tu miraba había, 
(¿Por qué se avivó tanto?) 
Fue cuanto el alma dolorosa mía 
Gozó en el mundo, de amoroso Encanto. 
«Sólo un pudor de virgen es motivo 
De tal rubor», pudo decirse ante él. 
Pero ¡ay! reanimó fuego más vivo 
En el pecho de aquél. 
Que te miró de novia, cuando quiso 
Lucir aquel rubor, 
Aunque te fuera el mundo un paraíso, 
Y en derredor, la vida, toda amor. 

EL GUSANO VENCEDOR 
¡Mirad! Noche de fiesta, 
Solemne, es del futuro 
En los postreros años de la vida. 
Un coro de querubes, 
Alados y con tules encubiertos, 
Ajando con sus lágrimas los tules, 
A un drama de terror y de esperanzas 
Asisten en grandioso coliseo 
Mientras exhala sobrehumana orquesta 
La música sublime de los cielos. 
Mimos, de Dios imagen, 
Moviéndose veloces, con cautela 
Murmuran: ¡meros títeres que impulsa 
La voluntad de inmensos y disformes 
Seres que van mudando 
La escena y arrojando de sus alas 
De cóndor, agitadas en la sombra, 
La invisible desgracia! 
¡Oh, nunca este confuso 
Drama será olvidado! 
Nunca con Fantasma, eternamente 
Por un tropel en vano perseguido, 
De círculo a través, que siempre gira. 
Y torna al mismo sitio; 
Siendo la esencia de la oscura trama 
El horror, la locura y el delito. 
¡Mas ved! Entre la turba 
Mímica se introdujo una rastrera 
Figura, ¡ser inmundo! 
Cuerpo color de sangre que acechaba 
Allá en la soledad del escenario, 
¡Se tuerce! ¡Se retuerce! 
Con mortales 
Tormentos en su pasto se convierten 
Los mimos; y los ángeles gimieron 
Cuando sus viles uñas 
Manchó con sangre humana el vil insecto. 
¡Las luces se extinguieron! 
¡Y todo yace extinto! 
Y, por cubrir las formas 
Trémulas, el telón, fúnebre manto, 
Cae con la rapidez de una tormenta. 
Y pálidos y mustios los querubes, 
Irguiéndose, arrancándose sus velos, 
Afirman que la mísera comedia 
Es la tragedia "Hombre" 
Y el inmundo gusano 
¡El Héroe vencedor de esta tragedia! 

SONETO A ZANTE 
¡Isla hermosa, la hermosa entre las flores 
te dio de nombres bellos el más bello! 
¡Qué recuerdos me traen halagadores 
las tuyas y tu mágico destello! 
¡Cuánta escena pasó de dicha ciega! 
¡Cuánta ilusión de anhelos enterrados! 
¡Visiones de una niña que no llega jamás, 
jamás, a tus risueños prados! 
¡Jamás! Todo lo cambia este sonido. 
Jamás tu antiguo encanto resucita; 
tu recuerdo, jamás. Siendo florido, 
me vas a parecer tierra maldita. 
¡Jacintito país! ¡Purpúreo Zante! 
¡Isola d'oro! ¡Fior di Levante! 

LA DURMIENTE 
Era la medianoche, en junio, tibia, bruna. 
Yo estaba bajo un rayo de la mística luna, 
Que de su blanco disco como un encantamiento 
Vertía sobre el valle un vapor somnoliento. 
Dormitaba en las tumbas el romero fragante, 
Y al lago se inclinaba el lirio agonizante, 
Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso, 
Las ruinas descansaban en vetusto reposo. 
¡Mirad! también el lago semejante al Leteo, 
Dormita entre las sombras con lento cabeceo, 
Y del sopor consciente despertarse no quiere 
Para el mundo que en tomo lánguidamente 
muere 
Duerme toda belleza y ved dónde reposa 
Irene, dulcemente, en calma deleitosa. 
Con la ventana abierta a los cielos serenos, 
De claros laminares y de misterios llenos. 
Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto? 
¿Por qué está tu ventana, así, en la noche 
abierta? 
Los aires juguetones desde el bosque frondoso, 
Risueños y lascivos en tropel rumoroso 
Inundan tu aposento y agitan la cortina 
Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina, 
Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas, 
Tras los que el alma duerme en regiones 
extrañas, 
Como fantasmas tétricos, por el sueño y los 
muros 
Se deslizan las sombras de perfiles oscuros. 
Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto? 
¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto? 
Debes de haber venido de los lejanos mares 
A este jardín hermoso de troncos seculares. 
Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje, 
Y de tus largas trenzas el flotante homenaje; 
Pero aún es más extraño el silencio solemne 
En que envuelves tu sueño misterioso y 
perenne. 
La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el 
mundo! 
Todo lo que es eterno tiene que ser profundo. 
El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto, 
Trocando este aposento por otro que es más 
santo, 
Y por otro más triste, el lecho en que reposa. 
Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa, 
La deje descansar con sueño no turbado, 
Mientras que los difuntos desfilan por su lado. 
Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea 
Que así como es eterno, profundo el sueño sea; 
Que los viles gusanos se arrastren suavemente 
En torno de sus manos y en torno de su frente; 
Que en la lejana selva, sombría y centenaria, 
Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria 
Donde flotan al viento, altivos y triunfales, 
De su ilustre familia los paños funerales; 
Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte 
Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte, 
Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones, 
Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones 
¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado 
Que el sonido fatídico a la puerta arrancado, 
Y que quizá con gozo resonara en tu oído, 
de la muerte terrífica era el triste gemido! 

A HELENA 
Sólo una vez te he visto 
Sólo una vez- en tiempo ya lejano. 
Sé que no muy lejano -pero velan 
Brumas de lo pasado su distancia. 
Era una medianoche 
Del dulce mes de julio; y de la luna – 
Que, en ascensión feliz como tu vida 
Buscaba, entre los cielos, á más alta 
Región, rápida senda-Un velo descendía con reposo, 
Con pesadez, con sueño 
-Un velo indefinido 
De plata y seda y luz- que se extendía 
De los erguidos rostros de mil rosas 
De un encantado Edén, lleno de calma, 
Por el que blandamente o con sigilo 
Tan sólo a deslizarse se atreviera 
El viento -se extendía 
En los erguidos rostros de esas rosas 
Que, cual desvanecidas de ternura, 
Soltaban en retomo 
A la amorosa luz que las besaba. 
Sus perfumadas almas -se extendían 
En los erguidos rostros de las rosas, 
Que sonreían con feliz deliquio en ese paraíso que hechizaba 
De tu presencia en él la poesía. 
Te vi, como los ángeles, vestida 
De blanco, en muelle alfombra de violetas 
El cuerpo dulcemente reclinado, 
Mientras que, de la luna, 
La plateada luz se reflejaba 
En los rostros erguidos de las rosas 
Y en tu bello semblante 
Al cielo alzado con profunda pena. 
¿No fue el mismo Destino 
Quien en la dulce medianoche -en julio 
No fue el mismo destino (cuyo nombre 
También es sentimiento) quien detuvo 
Mi paso en el dintel del paraíso 
Para aspirar el delicado incienso 
De esas dormidas rosas? 
Todo era soledad, silencio, en torno. 
Y, mientras daba a su ruindad olvido, 
El mundo que aborrece el alma mía, 
Del impalpable sueño en los misterios, 
Dos seres angustiados 
Velábamos a solas: tú conmigo. 
(¡Oh, Cielos! ¡Oh, Señor! ¡Cómo se agita 
Mi corazón uniendo estas palabras!) 
¡A solas tú conmigo!... El pie detuve... . 
La pálida hermosura 
Del cielo descendido a tu existencia, 
Miré con devoción; y, al encontrarse 
Mi vista con la tuya, 
Todo dejó de ser, formas y vida, 
En ese Edén que tú, maga sublime, 
Con tus divinos ojos encantabas. 
Perdió la luna su fulgor de perlas 
Y huyeron a mis ojos fascinados, 
Los ya musgosos bancos, los senderos, 
Los árboles, las flores; 
Y las puras esencias 
De las dormidas rosas fallecieron 
En los amantes brazos de los aires. 
Todo -todo expiró menos tu imagen; 
y aún ella, con la lumbre de la luna 
Aún ella se extinguió para mi vista, 
Que sólo vi el fulgor de tu mirada 
Y el alma de tus ojos 
Alzados con pesar a las alturas. 
Los vi -y el mundo fueron 
Para mi ser tus ojos imantados. 
Los vi más breves horas 
-Los vi hasta que la luna huyó del cielo. 
¡Qué tormentosas luchas 
Del corazón! 
¡Qué impíos infortunios! 
¡Qué lúgubres historias! descubrían, 
En misteriosa unión esas esferas 
De pura luz celeste!... ¡Y qué brillantes, 
Sublimes esperanzas! ¡Qué apacible 
Mar de engrandecimiento! ¡Qué osadas ambiciones! 
¡Y para amar, qué inmenso poderío! 
Ya la amorosa diana 
Al mundo se ocultó bajo una densa 
Nube de tempestad de occidente; 
Y tú, pálida sombra, 
Entre la sepulcral y hosca arboleda, 
Te deslizaste huyendo taciturna. 
Mas sólo la figura de tu cuerpo 
-Sólo ella- del jardín y de mi vida 
Por siempre se alejó: como dos astros 
Quedaron ante mí tus bellos ojos. 
Tus ojos que dejarme no quisieron 
Y en esa noche, oscura ya, alumbraron 
La triste senda de mi hogar sombrío. 
Tus ojos, que jamás, cual la esperanza, 
Mi ser abandonaron; y me siguen, 
Me guían, me seducen 
En el largo transcurso de los años. 
Ellos mis dueños son y yo su esclavo 
Su misión es dar lumbre 
Con nobles entusiasmos a mi alma, 
Cual mi deber salvarme 
De su guiadora luz a los destellos, 
Y ser purificado por su llama, 
Y ser santificado 
De su fuego celeste en los fulgores. 
Ellos mi alma llenan de hermosura 
(Que es la esperanza), y lejos 
Allá en el cielo, brillan: dos estrellas 
Ante las que, en el triste y silencioso 
Desvelo de mi noche me arrodillo. 
Y luego, cuando el día 
De alegre claridad la tierra inunda, 
Los veo aún: ¡dos dulces 
Y centelleantes vésperos, que el rayo 
Del mismo sol no extingue! 

EL COLISEO 
¡Eres símbolo constante de la fiel y antigua 
Roma! 
¡Excelente relicario de sublime admiración, que a esta época legaron aquellos tiempos ya 
[idos cuya pompa y poderío parecen ensoñación! 
Tras largo peregrinaje y ardiente ser de tu ciencia, 
me humillo con reverencia en las sombras de 
tu historia, 
y transformada mi alma sacia su sed de belleza 
contemplando tus grandezas, tus tristezas y tu 
gloria. 
¡Oh profunda inmensidad, tiempo y recuerdo 
de antaño desolación y silencio, noche grandiosa; 
admirable! 
Al percibiros comprendo vuestra mágica 
pureza en la perenne realeza de vuestra fuerza 
indomable. 
Vuestros dulces sortilegios son mejores para mí 
que los que el rey de Judea hiciera en 
Gethsemamí. 
Ni la encantada Caldea jamás consiguió 
arrancar 
a las estrellas prodigios cual vense en este 
lugar. 
Donde un héroe cayera, hoy vese una columna... 
y, donde el águila escénica envuelta en oro 
brilló 
hoy el vampiro revuela al llegar la medianoche 
y el fantástico aquelarre este lugar convirtió. 
Aquí do las cabelleras de las matronas romanas 
balanceaban al viento el rubio de sus colores, 
hoy sólo se balancean el cardo y la débil caña... 
han cesado aquellos días de sublimes 
esplendores. 
Y, donde el rey poderoso su trono de oro tenía, 
ágil y oscuro lagarto viene siempre a recorrer; 
y hacia su casa marmórea cual espectro se 
desliza 
a los pálidos reflejos de la luna en su crecer. 
Mas yo pregunto: esos muros, esas inertes 
arcadas junto a zócalos de musgo hoy en hiedra 
revestidas 
esos relieves tan vagos, esos frisos tan ruinosos 
esas cornisas tronchadas y piedras enmohecidas, 
¿es esto cuanto dejaron las horas y tiempos 
idos? 
¿es lo único que resta de su fama colosal? 
¿es cuanto a mí y al destino aquella época ha 
llegado de su firme poderío y su obra escultural? 
«Eso no es todo» -responden en aquel lugar 
los ecos«voces graves y proféticas hay en nuestro 
corazón... 
y toda ruina recuerda las ideas de los sabios 
semejantes a los himnos que al sol dedicó /Memnón. 
Aún reinamos poderosas en los más grandes 
señores; asentamos nuestro imperio en las almas 
gigantescas... 
no; no somos impotentes...; queda nuestro 
poderío, 
nuestra gloria y nuestro nombre, aunque pálidas 
nos veas. 
Las mil y una maravillas que extáticas nos 
circundan. 
y recuerdan nuestra estirpe, nuestra gala y 
nuestra historia 
se han prendido a nuestros flancos... y su 
admirable vestido 
nos envuelve entre su manto más fulgente que la gloria».

sábado, 6 de abril de 2013

Stieg Larsson y la trilogía “Millenium”






La novela negra: Stieg Larsson y la trilogía “Millenium”
El género literario de novela negra ha sido objeto de controversias, debates acerca de su calidad literaria y estética, ha tenido cientos de representantes a lo largo de su existencia y diferentes estilos y tendencias dentro del mismo género. Hablar sobre la novela negra sería explayarme mucho más allá de un solo post, es por eso que prefiero enfocarme en su último representante exitoso.

Antes que nada, eso sí, quiero poner un poco de contexto: La característica esencial de la novela negra es que siempre trata sobre el mundo profesional del hampa, del crimen y está marcada, en casi todos los casos, por la violencia. La novela policiaca clásica (Agatha Christie, Arthur Conan Doyle) estableció las bases para el desarrollo de este nuevo género, en el que la búsqueda de la verdad es el fin último y lo más importante. Los libros de Stieg Larsson calzan perfecto dentro de la definición de novela negra pero tiene un algo especial que atrapa al lector y no lo suelta más.

Como ya he mencionado en posts anteriores, uno de los puntos más importantes de cualquier novela para mí, sin importar su género, es el desarrollo de personajes, su evolución y crecimiento. En el caso de Larsson, el personaje de Lisbeth Salander es el logro más importante de la novela. Esta chica, la indiscutible heroína de la historia, que parece ser una Pippi Longstockings con matices góticos, se lleva de encuentro el resto de personajes y de repente quizás, hasta el mismo argumento de la historia (en el primer libro). Su estado mental, consecuencia de los diferentes traumas sufridos en su niñez e incluso durante la misma historia de la trilogía, la presenta como una chica retraída pero segura y aguerrida, que le gusta experimentar sexualmente y posee una inteligencia muy por encima del promedio, además de unas habilidades tecnológicas absolutamente fuera de lo común. Y a pesar de todas estas características extraordinarias, uno se identifica con el personaje pues posee muchísimas facetas y es definitivamente, el más vulnerable de la historia.

Es a través de los ojos de este personaje que el lector de verdad espera que se haga justicia o incluso se lleva a cabo la venganza de todas las víctimas que los villanos de la historia van dejando por el camino. Es el personaje más memorable de la novela y creo que cada novela de este género tiene alguno que resalta de esta manera, ya sea positiva o negativamente. Así por ejemplo, está el legendario Dr. Hannibal Lecter de las novelas de Thomas Harris o incluso el mismo Poirot de las novelas de Agatha Christie.

Sin embargo, un problema que encuentro es el contraste que hay entre el bien construido personaje de Lisbeth con el mediocre y bastante estereotipado Mikael Blomkvist. Aparte de una o dos excepciones, Blomkvist es el único personaje masculino de la historia que no es un violento misógino con antecedentes criminales. A pesar de ser descrito como un mujeriego y encantador periodista que disfruta dándole la contra a la extrema derecha de su país, llega a volverse tedioso por su complejo de príncipe azul que tiene que salvar a todas las mujeres que lo rodean. La relación que tiene con su hija deja muchísimos cables sueltos, así como también esa relación abierta que tiene con su compañera de trabajo Erika Berger. En el primer libro, el personaje de Erika es dejado un poco sin acabar, pero felizmente se desarrolla bastante mejor en los dos siguientes, dándole la profundidad que carecía. Mikael Blomkvist es el conductor de la historia, a través de sus pasos se resuelve el misterio, con ayuda de Lisbeth, pero me parece que Larsson pudo haberlo desarrollado mejor, dándole más características humanas, más defectos de personalidad incluso. A veces parece (incluso dentro de su faceta de mujeriego), demasiado parcializado en su tarea de héroe de la historia.

Otro punto importante es la construcción del argumento de la historia. En eso no me queda más que admitir que Larsson pensó en absolutamente todo (qué, cómo, dónde, cuándo y por qué) encajando todos los eventos en la única conclusión lógica, pero al mismo tiempo sorprendente, que nos hace pensar más de una vez “eso no lo veía venir”. Me gustó muchísimo como los eventos mueven a los personajes hacia una carrera por la búsqueda de la verdad, sin que parezca que están dentro de una película de Indiana Jones. Lo que Blomkvist y Salander buscan es la simple y pura justicia, la mejora de la sociedad en la que viven.

La trilogía Millenium es un claro ejemplo de un thriller A1, que engancha al lector y nos deja queriendo más. Pero si hay alguna crítica de importancia que hacer a los libros es la descripción del mundo en el que los personajes se desarrollan. Si bien es obvio que una novela negra trata sobre el lado decadente de una sociedad y los villanos abundan por aquí y por allá, Larsson pinta a la sociedad sueca como un pueblo misógino, violento y cruel, donde la policía casi no funciona y la corrupción es pan de cada día. Al terminar de leer los libros uno se pregunta que nos queda al resto del mundo (especialmente en Latinoamérica) si en un país del primer mundo, progresista y liberal, todavía existe ese machismo y esa podredumbre, obstáculo número uno del desarrollo de un país. Y es que yo creo que aquí Larsson se tomó la ficción muy en serio. Es lo único que no llega a ser convincente. Mario Vargas Llosa dijo al respecto: “el país al que nos habíamos acostumbrado a situar, entre todos los que pueblan el planeta, como el que ha llegado a estar más cerca del ideal democrático de progreso, justicia e igualdad de oportunidades" aparece "como una sucursal del infierno, donde los jueces prevarican, los psiquiatras torturan, los policías y espías delinquen, los políticos mienten, los empresarios estafan, y tanto las instituciones y el establishment en general parecen presa de una pandemia de corrupción de proporciones priístas o fujimoristas”.

Y es que esa es la sensación que deja el libro en ese aspecto. Suecia parece estar peor que el Perú en época de Odría, Velasco o Fujimori y se me hace difícil creérmelo dentro del contexto ficcional de la historia. Pero la genialidad del argumento es tal que el lector perdona al autor esa exageración. Los logros de la obra compensan sus errores o deslices.

Mi conclusión es que Larsson nos brinda un thriller que se disfruta hasta la última página, pero que al ser un escritor amateur, deja sin pulir una que otra cosa que afectan a la historia hasta cierto punto. Pero eso no le quita el mérito, pues es desde ya uno de los mejores representantes de este género. Es una pena que tan talentoso escritor muriera joven y no desarrollara todas sus habilidades más allá, ya que ciertamente hubiera llegado a ser el maestro de la novela negra.

Posted by Melissa Vizcarra at 21:42
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