RAIMUNDO LIDA
Y LA ESTÉTICA DEL LENGUAJE
*
Raimundo Lida nació en 1908 en la ciudad austro-húngara de Lem
berg, entonces capital de la provincia de Galitzia, pocos meses antes
de que la familia emigrara a Buenos Aires. Allí, pese a las estreche
ces familiares, Lida pudo, al igual que su hermano mayor, Emilio,
y su hermana menor, María Rosa, cursar estudios primarios y se
cundarios, gracias a la educación pública argentina, gratuita, laica
y obligatoria. Al concluir el bachillerato Raimundo ya destacaba
por su inteligencia despierta y su pasión por las humanidades, de
modo que elegir estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras de la
Universidad de Buenos Aires (uba) fue una decisión natural.
Durante sus años universitarios, Lida se abrió a diversas disci
plinas y recibió influencias varias. Si bien en el bachillerato había
adquirido conocimientos de latín clásico, en la Facultad amplió sus
intereses a la lengua, la literatura y el pensamiento grecolatinos. Tam
bién entonces comenzó sus estudios sistemáticos de filosofía, dis
ciplina en la que se especializó. Conducido por la sabia mano de maes
tros como Francisco Romero, considerado entonces como el filósofo
argentino más importante, se sumergió en la ética y la tradición
* Este texto se apoya directamente en el estudio publicado por Clara E.
Lida y Fernando Lida-García, “Raimundo Lida, filólogo y humanista pe
regrino”, en Prismas. Revista de Historia Intelectual (Universidad Nacional
de Quilmes, Provincia de Buenos Aires), 13, 2009, pp. 115-131. Véase tam
bién de Miranda Lida, su nieta, Años dorados de la cultura argentina.
Los
hermanos María Rosa y Raimundo Lida y el Instituto de Filología antes del
peronismo, Buenos Aires, Eudeba, 2014, y José Luis Moure, “A cien años
del nacimiento de Raimundo Lida”, Boletín de la Academia Argentina de Le
tras, vol. 73, núm. 299-300, 2008, pp. 1109-1120.
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racionalista de Spinoza y en la epistemología crítica de Kant. Tam
bién por inspiración de Romero se acercó a la Sociedad Kantiana de
Buenos Aires, fundada en 1929 por Alejandro Korn, cuyas enseñan
zas seguiría muy de cerca durante algunos años y sobre quien dejaría
un testimonio de honda admiración.
1 A esto fue sumando por su
cuenta la lectura de pensadores europeos de los siglos xix y xx, como
los románticos alemanes —Hegel, Herder, Fichte, Schlegel—; los
historicistas e idealistas italianos —Croce y Gentile—, y la fenome
nología de Husserl; más tarde exploraría la lógica matemática de
Gottlob Frege y Bertrand Russell, entre otros. A medida que pro
fundizaba su formación filosófica fue desarrollando una postura
antimetafísica, pero también antipositivista, y se orientó decidida
mente hacia la lógica, la fenomenología y la estética. También en la
universidad se interesó por el intuicionismo de Henri Bergson, so
bre cuya filosofía del lenguaje publicaría estudios pioneros.
Ya avanzada su carrera universitaria, Lida entró en contacto con
las clases que dictaba Amado Alonso en la Facultad, quien desde el
recién fundado Instituto de Filología impulsaba el estudio de la
filología románica y las teorías lingüísticas europeas.
El contacto
con Alonso fue fundamental en la formación del joven Lida, pues
bajo su influencia se iniciaría en la estilística y la crítica literaria,
que sumadas a su preocupación filosófica marcarían su derrotero.
Al concluir los estudios en la Facultad, por invitación de su maes
tro, Raimundo pasó a ser, primero, su ayudante de cátedra (1931
1932) y luego, jefe de trabajos prácticos (1933-1947) en el curso
de Lingüística Romance. Casi al mismo tiempo, en 1931 se incor
poraba al Instituto de Filología para iniciar su formación como
investigador en lengua y literatura, trabajando hombro con hom
bro con Alonso, pero también muy cerca de Pedro Henríquez Ure
ña (1884-1946), el gran erudito dominicano a la sazón residente
en la Argentina.
A partir de entonces Lida combinó sistemática
1Raimundo Lida, “Recuerdo de Korn”, Letras hispánicas. Estudios, esque
mas, México, Fondo de Cultura Económica, 1958, pp. 260-265 [2ª ed.,
México, Fondo de Cultura Económica–El Colegio de México, 1981].
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mente su interés por la filosofía con la filología, desarrollando una
novedosa línea de investigación propia sobre filosofía y estética del
lenguaje mientras se iba adentrando en el estudio minucioso de la
lingüística, la estilística, la teoría y la crítica literarias. A estas acti
vidades académicas —y hasta el inicio de su exilio en México, en
1947— Lida fue sumando nuevas y variadas obligaciones. Men
cionemos que en 1939 Alonso fundó la Revista de Filología Hispá
nica (RFH), y escogió a Raimundo como secretario de redacción, ta
rea a la que se le sumaría su hermana María Rosa, miembro también
del Instituto y ya reconocida clasicista y medievalista.
Como tantos jóvenes universitarios argentinos formados en la
efervescencia cultural y la intensa circulación de ideas, así como en
una tradición intelectual abierta a las más diversas corrientes del
pensamiento, Lida no ocultó su antipatía por quienes a partir del gol
pe militar de 1930 se estaban adueñando de la vida pública del país
e iniciaban la llamada “década infame”. Esto lo hizo persona non gra
ta a los ojos de las autoridades universitarias, mayormente ultrana
cionalistas católicos y conservadores, cuando no abiertamente fas
cistas, que procuraban alejar o reemplazar a los docentes que no les
eran afines.
Por ello, a pesar de su destacada trayectoria y del pres
tigio intelectual de que ya gozaba, no logró obtener más nombra
miento en la uba que una simple ayudantía en el Instituto, donde años
después sería secretario, por lo que hubo de recurrir a otras tareas
—pluriempleo común entre los intelectuales hispanoamericanos—
para mantenerse.
Así, mientras por las tardes cumplía su labor en el Instituto de
Filología, por las mañanas completaba sus ingresos con trabajos
diversos, alejados de sus intereses, restándole horas al día para
escribir y publicar.
En 1931, cuando Victoria Ocampo funda la
revista Sur, Lida envía el que sería primer eslabón en una larga
cadena de estudios sobre Quevedo, que muchos años después cul
minaría con su libro póstumo, Prosas de Quevedo,2 pero también
2Publicado por su viuda, Denah Lida, en Barcelona, Editorial Crítica, 1981.
Diversos estudios aparecen también en Letras hispánicas. Estudios, esquemas,
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en la cadena de reflexiones sobre teoría y crítica literarias. A partir
de esta colaboración, Lida publicaría en Sur artículos sobre temas
tan variados como la estética de Santayana, el pensamiento filosó
fico de Korn, la estilística de Vossler, entre otros.3 Además, inicia
ría una estrecha relación con Victoria Ocampo, quien no tardó en
darle en Sur una columna de crítica literario-cultural y humorís
tica, que luego lo llevaría a profundizar en el estudio de la risa y la
sonrisa en Sarmiento, en Antonio Machado, en Cervantes y en el
humor más ácido de Quevedo.
Por entonces Raimundo comenzó a enseñar en el Instituto Na
cional del Profesorado Secundario, donde se formaban los profe
sores de enseñanza media, con habilitación para dictar clases en los
colegios secundarios y donde por un tiempo se respiró un aire me
nos sectario que en la Facultad. También participó en el Colegio
Libre de Estudios Superiores, entidad privada que en 1930 fun
dó un grupo de intelectuales, científicos y humanistas, entre los
que figuraban Alejandro Korn, Francisco Romero, Amado Alon
so, Henríquez Ureña y quien en 1947 sería premio Nobel, el fisió
logo Bernardo Houssay, por citar solo algunos. Se trataba de un
centro de nivel universitario creado para una amplia labor cultural
mediante numerosos cursos, conferencias y seminarios vincula
dos con las ciencias y las humanidades.
Parte de las actividades del
Colegio Libre quedó registrada en su revista, Cursos y Conferencias,
que se editó a partir de 1931 y donde Lida publicó varios estudios
sobre estilística, literatura y sobre filosofía del lenguaje, en particu
lar sobre Croce, Gentile, Herder y Lessing.
Agreguemos que de ese
decenio y parte del siguiente datan también sus diversas traduccio
nes, varias de ellas anotadas, del alemán, francés e inglés, así como
muchos artículos de crítica literaria, lenguaje y estética que apare
cieron en distintas publicaciones periódicas, como la Revista de la
Universidad de Buenos Aires y el Boletín del Colegio de Graduados de
pp. 45-99, y en Estudios his pánicos, edición de Antonio Alatorre, con prólo
go de Carlos Blanco Aguinaga, México, El Colegio de México, 1988.
3Aunque incompleta, véase la bibliografía que publicó Antonio Alato
rre en el número de homenaje de la NRFH, xxiv, 1: 1975, pp. v-x.
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la Facultad de Filosofía y Letras de la misma Universidad, y las re
vistas Verbum, Megáfono y Nosotros, entre otras.
De reunirse en un
volumen todo este cúmulo de publicaciones sobre estilística, filo
sofía y estética del lenguaje, que se mantiene disperso por hemero
tecas y bibliotecas públicas y privadas, mostraría la preocupación
pionera, pero sostenida de Lida por la filosofía, la teoría lingüísti
ca, la estilística y la creación estética como un todo para desentra
ñar la obra y el pensamiento literarios.
En 1936, Lida obtuvo por fin su primer nombramiento univer
sitario como profesor suplente en la cátedra de Estética, de la Uni
versidad Nacional de La Plata. Este puesto, que era ad honorem, es
decir, sin retribución salarial, le permitió durante una década, has
ta 1947 cuando se exilió en México, ejercer en forma sistemática
la docencia universitaria. Los viajes semanales en tren a esa ciudad
también le ofrecían la oportunidad de departir con su maestro y
amigo, Henríquez Ureña, que para Raimundo significaba el privi
legio de disfrutarlo como profesor exclusivo.
El contacto con don
Pedro acentuó en Lida el interés creciente por las letras hispano
americanas, que habría de traducirse más tarde en varios artículos
sobre autores tan diversos como Lugones, Mansilla, Güiraldes, Mar
tí, Borges, Alfonso Reyes y Gabriela Mistral, entre otros, y que a lo
largo de los años profundizaría en estudios más extensos sobre Da
río y Sarmiento.
El año 1939 marcó un hito en el desarrollo académico de Rai
mundo Lida, cuando recibió una beca Guggenheim (la volvería a
recibir en 1960) para investigar en la Universidad de Harvard las
ideas de George Santayana sobre lenguaje y literatura; Santayana
había enseñado en esa universidad, a la que legó sus papeles.
El
año que pasó en los Estados Unidos, con su mujer, Leonor Gar
cía, y su pequeño hijo Fernando, le permitió conocer y saborear
las grandes bibliotecas universitarias y públicas de ese país. Pero
sobre todo, la beca le otorgó el tiempo necesario para avanzar sin
distracciones en la preparación de la que sería en 1943 su tesis
doctoral para la Universidad de Buenos Aires. Este mismo año, la
Universidad de Tucumán —donde poco antes se había fundado
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una dinámica Facultad de Filosofía y Letras— publicó el manus
crito revisado con el título Belleza, arte y poesía en la estética de
Santayana.4
Este libro que ahora reedita El Colegio de México incorporando
algunas modificaciones manuscritas hechas por el autor, junto con
cuatro artículos suyos sobre el tema que añaden nuevos matices y
puntualizaciones, fue acogido como un trabajo original y novedo
so. No solo lo era por su significado para el estudio de las ideas
estéticas del filósofo español —probablemente el primero en desa
rrollar en los Estados Unidos la estética como línea de investiga
ción filosófica vinculada con la sensibilidad artística en The Sense
of Beauty (1896) y en otros de sus textos tempranos—, sino, ade
más, porque el enfoque de Lida permite examinar la influencia del
sentimiento y la reflexión estética en la creación, el estilo y el len
guaje literarios, especialmente el poético.
El naturalismo filosófico
de Santayana se alejaba del positivismo y se insertaba en la tradi
ción de Spinoza y Kant; Lida, conocedor de las ideas filosóficas y
estéticas, también vincula el análisis de la imaginación poética con
la fenomenología trascendental de Husserl, la filosofía del lengua
je en Bergson y el historicismo de Croce, que también estudiaba.
Un crítico contemporáneo observa que este libro amplía el análisis
estético de Santayana al proponer que la comprensión de la obra
de arte se enriquecería si se estudiara dentro del devenir histórico,
no como un fenómeno rectilíneo, sino como desarrollo irregular y
complejo de la realidad. En otras palabras, estudiar “la experiencia
estética [en el] ámbito en que ha nacido y a partir del cual se ha
desarrollado y diferenciado”, pues ella no se origina en una esfera
autónoma sino “dentro del marco de la totalidad de las actividades
humanas”, en lo subjetivo e individual, no en la universalidad y la
abstracción.
5 Es decir, el conocimiento teórico de la estilística y el
4Por sugerencia de Francisco Romero, escribió un prólogo a los Diálogos
en el Limbo, de Santayana, que Losada publicó en 1941, en la colección La
Pajarita de Papel, que dirigía Guillermo de Torre.
5 Alfredo Grieco y Bavio, “Raimundo Lida y Santayana: estética y esti
lística”, en Luis Martínez Cuitiño y Élida Lois (coords.), Actas del III
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historicismo, aplicados a la estética y al análisis literario es lo que
da originalidad a la obra de Raimundo Lida y a su teoría de la crea
ción estética:
Nunca ha habido arte digno de conocerse que no tuviera algún sen
tido práctico, o intelectual, o religioso. El goce de la percepción no es
pleno goce artístico si no se enlaza a nada racionalmente importante,
a nada que tenga pleno derecho de ciudadanía en el mundo natural
o en el moral” (Belleza, arte y poesía…, en esta edición, p. 83).
A partir de un nuevo golpe militar a mediados de 1943, el dete
rioro de la vida académica argentina se manifestó incontenible. El
ascenso de Perón, acompañado en el ámbito cultural por elemen
tos ultranacionalistas integristas y siempre autoritarios, se refle
jó en una nueva intervención gubernamental en las universidades
nacionales y en la cesantía de la mayoría de los docentes oposito
res, entre quienes se contaban Amado Alonso y otros prestigiosos
profesores. Hacia fines de 1946 el futuro se presentaba incierto,
con el Instituto de Filología desmantelado, con Henríquez Ureña
prematuramente muerto en mayo, con la Revista de Filología de
finitivamente suspendida y con Alonso cesado y autoexiliado en
Harvard. Lida comprendió que su futuro en la Argentina estaba
seriamente amenazado y que la Universidad quedaría sometida a
los dictados de la extrema derecha amparada por Oscar Ivanisse
vich, flamante ministro peronista de Educación de claras simpa
tías fascistas.
Así, a mediados de 1947, aceptando la providencial
invitación que unos meses antes le había cursado Alfonso Reyes,
entonces presidente de El Colegio de México, para continuar allí
sus labores, volver a publicar la revista y formar un núcleo de es
tudios filológicos, Lida también optó por exiliarse.6
Congreso Argentino de Hispanistas “España en América y América en España”,
vol. 2, Buenos Aires, 1993, pp. 602-609.
6 Tulio Halperín Donghi, Historia de la Universidad de Buenos Aires,
Buenos Aires, Eudeba, 1962, cap. iv. Entre los papeles de Raimundo Lida
donados por sus hijos a El Colegio de México hay un recorte de La Vanguardia
16 RAIMUNDO LIDA Y LA ESTÉTICA DEL LENGUAJE
No nos detendremos ya en los años posteriores a este exilio, solo
resumiremos brevemente el giro que se dio en los intereses acadé
micos del filólogo argentino. En México pasaba a asumir como su
yas funciones muy similares, mutatis mutandis, a las cumplidas por
Alonso en Buenos Aires, al convertirse en fundador del Centro de
Estudios Filológicos,7 en maestro de sucesivas generaciones de alum
nos latinoamericanos y en creador, a su vez, de la Nueva Revista de
Filología Hispánica (NRFH), continuadora en México de sus antece
sora argentina (suspendida definitivamente en 1946).
A partir de entonces, iba a centrar sus propios trabajos en temas
menos abarcadores que los de su etapa argentina y los orientaría a
la estilística, enfocando la literatura hispanoamericana con impor
tantes estudios sobre Darío y Sarmiento, y sobre sus admirados
amigos Gabriela Mistral y Alfonso Reyes. También iba a abordar a
autores españoles contemporáneos, como Machado y otros a quie
nes llegó a tratar personalmente: Juan Ramón Jiménez, Jorge Gui
llén y Pedro Salinas. Pero, sobre todo, concentraría su pasión y
energía en el estudio de los poetas y prosistas de los siglos de oro,
especialmente en Quevedo.
En cambio, con excepción de su largo
(año lii, núm. 13 431, p. 2) que le envió su esposa, titulado “Desmantela
miento de una Facultad”, publicado en 1947; aunque ella no lo fechó, por
una inscripción manuscrita parecería ser de junio o julio. En él se hace un
recuento de los muchos docentes “forzados a jubilarse”, los “declarados ce
santes” y los “obligados a renunciar” en la Facultad de Filosofía y Letras,
entonces a cargo del interventor, Enrique François. Y se menciona a Ángel
Rosenblat y a Lida como ya emigrados a Venezuela y México, respectiva
mente, por la atmósfera “ya irrespirable” en la Facultad.
7El nombre de este Centro varía según las fuentes: “Centro de Estudios
Literarios”, “Seminario de Filología”, “Centro” o “Seminario de Literatura”,
“Centro de Estudios Literarios y Filológicos”, “Seminario de Estudios Lin
güísticos”, etc. Lo cierto es que en la correspondencia, Lida siempre se refie
re a él como “Centro de Estudios Filológicos” (cef), e incluso señala, en
carta a don Alfonso, que sus iniciales le eran caras por ser las mismas de sus
hijos, Clara Eugenia y Fernando. Sobre este Centro véase Clara E. Lida y
José Antonio Matesanz, El Colegio de México: una hazaña cultural: 1940
1962, México, El Colegio de México, 1990, cap. 5.
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estudio sobre Bergson,8 poco volvería a publicar sobre filosofía y
estética del lenguaje, como si el ímpetu filosófico y teórico que
había desplegado en Buenos Aires se hubiera ido apagando en Mé
xico, tal vez por la ausencia de intercambios favorables a su desa
rrollo, o quizá porque tomaba distancia de lo meramente teórico
para centrarse en el estudio del texto y su entorno, afirmando una
independencia crítica, creadora y de goce estético por la obra lite
raria, sin olvidar los contextos intelectuales, culturales e históricos.
La muerte de Amado Alonso en 1952 significó un nuevo giro
académico y geográfico para Lida. La Universidad de Harvard lo
designó Full Professor en su Departamento de Lenguas y Literaturas
Romances, cargo que asumió a partir de septiembre de 1953.
Con
este nombramiento, Raimundo cerraba un ciclo intelectual y vital
y comenzaba otro centrado en sus propios quehaceres como estu
dioso de la literatura española desde los siglos de oro y de las letras
hispanoamericanas modernas, pero también como profesor en las
aulas de Harvard de varias generaciones de hispanistas estadouni
denses y de otros países. El Raimundo Lida que en 1953 hizo de los
Estados Unidos su hogar definitivo concluía su variado e intenso
aprendizaje como filósofo y como filólogo, y hasta su muerte, en
junio de 1979, dedicaría los más de sus desvelos a Quevedo, sin por
ello descuidar en sus escritos y desde la cátedra a diversos autores
clásicos y modernos, peninsulares e hispanoamericanos.
* * *
Agradecemos muy especialmente a Javier Garciadiego, presidente
de El Colegio de México, y a Francisco Rico, distinguido hispanista,
su apoyo e interés por ofrecer nuevamente a los lectores esta obra, a
setenta años de su publicación original. También queremos expresar
nuestro reconocimiento a Antonio Bolívar por su esmerado trabajo
de edición.
Clara E. Lida y Fernando Lida-García
8 Raimundo Lida, “Bergson, filósofo del lenguaje”, Letras hispánicas, pp.
45-99.